Capítulo 3


Narra Mercedes:

Este día se está yendo en picada y no puedo controlar lo que me está pasando. La sola idea de volver a apostar por el amor y que este se me cague de risa en la cara me descontrola, ni siquiera me deja respirar.

Y el estudiante llego en mal momento, la furia y la tristeza estaban en mi cuerpo cuando se me acerco y ahora me siento tan mal por haberlo alejado.

No se que me paso, solo perdí el control de mi psiquis y sin quererlo maltraté a un alumno que solo me quiso ayudar. Me encierro en el baño de la institución para lavarme el rostro y calmarme un poco, me miro en el espejo, mirando por dentro el desastre que se convirtió y mi vida.

No se como corregirlo, solo se que me convertí en la persona que nunca quise ser y que nunca pensé que sería. Cierro los ojos y respiro hondo, me seco el rostro y mis ojos siguen rojos... seguro que el estudiante Guzmán se preocupo mucho al ver como están mis ojos.

– Que tonta. – Me recrimino.

Como mínimo merece una disculpa después de haber sido tan grosera con él. Dejo de mirarme al espejo y mi mirada se pierde mientras pienso en que debo hacer.

Más tarde, salgo del conservatorio y conduzco hasta mi casa, solo tardo unos minutos de más debido al trafico de la ciudad y estaciono el auto en el garaje.

Entro a mi casa con un cansancio psicológico increíble, aunque no puedo evitar sentir culpa por haber largado mi furia en un chico que no tiene nada que ver.

Tengo preparado su regalo para el... no se si le gustara, espero que le guste porque realmente lo elegí para Leandro.

Dejo el regalo sobre la mesa y camino despacio hacia mi habitación, voy sacándome la ropa y me dirijo hacia el baño, abro la llave de la ducha y espero a que salga tibia.

Entro rápidamente y cierro los ojos al sentir el agua inundando mi cuerpo. El agua caliente empieza a relajar mi cuerpo y me quedo pensando por un tiempo considerable.

Más tarde, salgo de la habitación con otra ropa y el timbre de la casa empieza a sonar. Bajo las escaleras enseguida y abro la puerta, Barbara se acerca para besar mi mejilla y la hago pasar.

– Vine para saber como estabas.

– Estoy bien.

– No se te nota. -Arquea una ceja.

– Solo estoy cansada... ¿quieres tomar algo?

– Un poco de té.

– Ya te lo preparo, espérame en el living.

Camino hasta la cocina y pongo el agua a calentar, saco dos saquitos de té. Me preparo un té para ver si así calmo los nervios del día y llevo los tés al living. Le entrego uno a mi hermana y me agradece.

– ¿Mucho trabajo?

– No tanto pero si tuve un problema con alguien. – Resoplo. – Espero resolverlo mañana.

– ¿Es grave?

Me quede en silencio, en cualquier momento si un alumno se sentiría ofendido conmigo no me hubiese afectado tanto y ahora me siento tan culpable por haberle hecho eso.

¿Sera mi vulnerabilidad? No tengo ni idea pero no me gusta sentirme asi.

– No pero me preocupa. – Tomo mi té.

– A veces no me gusta cuando te pones así de misteriosa. – Sonríe. – Mi hermanita es tan reservada en todo.

Suelto una risa al escuchar el tono de voz que utiliza Barbara para burlarse de mi personalidad, la golpeo suavemente y por suerte cambia de tema.

– ¿Cómo va todo con la empresa? – Le pregunto.

– Muy bien. – Animada. – Mañana tengo una reunión para hacer una cena con una famosa muy importante para que haga la propaganda de cosméticos, si todo va bien será muy bien recibido.

– Me alegra que sea así. – Feliz. – Te lo mereces.

Mi hermana sonríe aún más y termina de tomar su té. Barbara se quedo hasta la noche y cenamos juntas, ella me ayuda a lavar todo y ve el regalo.

– ¿Y esto?

– Nada... es un regalo. – Seria.

– Es que me di cuenta. – Se rie. – ¿A quién?

– Con el que tuve el problema.

Ella entrecierra los ojos y lo deja sobre la mesa.

– ¿Es un hombre?

– No es lo que estás pensando. – Hago una mueca.

Ella se cruza de brazos y la escucho resoplar.

– Bueno, me voy a ir. – Me da un beso en la mejilla. – Mañana me espera un día largo y quiero descansar.

Asiento y la acompaño hasta la puerta.

– Mucha suerte. – Le doy ánimos.

– Y espero que puedas resolver tu problema.

– Eso espero.

Barbara sale de la casa y cierro la puerta, la cierro con llave y camino lentamente hasta la cocina, observo el regalo para Leandro y lo agarro.

Narra Barbara:

La vi un poco rara a mi hermana, está más estúpida que de costumbre y ese regalo es para un hombre.

¿Qué me estará ocultando?

Me detengo a pensar en eso mientras estoy en el auto y apoyo las manos en el volante. No creo que esté enamorada, Mercedes se encerró completamente después de las mentiras de ese imbécil y me parece excelente que mi hermana no sea capaz de ser feliz.

Pero tengo que averiguar que está pasando... ¿o solo es idea mía?

Conduzco hasta mi casa y cuando dejo las llaves en la mesa, entrecierro los ojos al encontrar las luces encendidas en el piso de arriba. A medida que me voy acercando a las escaleras empieza a sonar una música suave y me apuro en subir.

La música viene de mi habitación y al abrir la puerta, me encuentro con mi amante.

– ¿No te había dicho que te iba a llamar?

– Si. – Sonrie y me da un vaso con whisky. – Pero supuse que me necesitarías.

– En eso tienes razón. – Sonrió y alzo una ceja. – Necesito algo para alejar la pena que me da estar con mi hermana.

Nos reímos al mismo tiempo y me llevo el vaso a los labios. 

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