Capítulo X

     Laura se había dormido en el sofá con la tele encendida en un programa de compras. Me escuchó entrar y me miró somnolienta; pero rápidamente se despejó, al percatarse de mi estado de alteración. El resto de la noche la pasamos tomando el café que preparó y consolándome por mi descubrimiento. ¿Gonzalo, realmente había cambiado o yo nunca lo conocí? Cierto era que no le preocupó mucho dejarme, pero siempre lo justifiqué por el amor que le tenía. Esta noche, sin embargo,  descubrí una faceta ni siquiera insinuada. Su comportamiento agresivo y violento llegó como un ingrediente adicional, a nuestra nueva realidad. Dudaba  que cumpliera con las amenazas de litigio, pero yo recién estaba terminando de pagar el préstamo de mi departamento y  a pesar de que tenía mucho trabajo, invertí todos mis ahorros en la remodelación del estudio. Era verdad que no me podía dar el lujo de enfrentar un problema judicial; así,que opté por distanciarme lo más posible de Gonzalo y me dedicaría a trabajar con Ignacio. Me preguntaba, si él estaría al tanto del temperamento de su socio o eran de la misma calaña.

Salimos temprano de la casa. Laura tenía un gran pedido de rosas para un casamiento y yo me encontraría con Ignacio, para visitar una exhibición de amoblamientos urbanos funcionales, que se estaban lanzando al mercado. La oficina de Ignacio enfrentaba la de Gonzalo, pero con la excusa de la falta de tiempo, evité pasar a saludarlo. Ignacio siempre parecía estar de buen humor y tener implantadas las manos en los bolsillos del pantalón; llegué a pensar que temía sacarlas por miedo a que éste le le cayese. Sonreía todavía  al salir del ascensor pero en el taxi reparó en mi seriedad.

—Estás rara Lucía ¿Te pasa algo?

Lo miré dubitativa, no sabía si confiar en él y preferí disimular.

—Mucho trabajo...No dormí bien.

—¿Y cómo terminó la fiesta? ¿Seguiste bailando?

No me gusta mentir pero ¿Qué le podía contar? Si me despedí del Doctor Jekyll y reencontré a Mister Hyde.

—Nos fuimos temprano, no hay demasiado tiempo y las obras avanzan rápidamente.

—¡Oh! ¡Profesional!—-rió divertido— ¿Vamos?

El dueño de la empresa, nos recibió personalmente encantado.

—Estoy feliz de hacer negocios con usted señorita Falcón, Señor Ferrara. ¡Bienvenidos!

La mañana transcurrió placentera, estábamos muy satisfechos, mi estado de ánimo había mejorado. Ignacio me invitó a almorzar y temiendo una negativa se atajó:

—-Pasamos por Laura y vamos los tres ¿Qué te parece?

Bajé las defensas y le contesté que sí, que comeríamos, pero solos porque Laura estaba abocada a la tarea de adornar un casamiento.

—Bueno, si no hay otra opción ¡me resigno a comer con vos!

Me causó gracia su salida y me reí sinceramente.


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