Capítulo Seis: Abrazos de Guerra
Jackson temblaba mientras sollozaba en mi hombro. Algo confundida, llevé mis brazos alrededor de su torso y lo acerqué un poco hacia mí. Froté mi mano en su espalda intentando aliviar su llanto, pero solo lo empeoraba.
— ¿Pasa algo, Jackie? —pregunté.
Al parecer mi comentario le hizo peor. Soltó un sollozo desgarrador y se pegó más a mi hombro, donde la tela ya me pesaba por la humedad en ella. Siguió así por lo que fueron a mí parecer tres o cuatro minutos, y se fue calmando de a poco, suspendiendo sus sollozos y soltando menos lágrimas. Cuando se separó de mí, acaricié su rostro a la par que removía un par de lágrimas que seguían deslizándose por sus mejillas.
— Lo siento, Alette —dijo entre hipos. Acercó su mano a mi mejilla y la acarició con suavidad, él aun temblando a causa de su llanto—. Me recordaste a mí... A mi hermana —tragó saliva con dureza, en un intento de no volver a formar un lago de lágrimas—, y luego a mi mamá. Ella me llamaba Jackie en todo momento, ¿y sabes qué? Escuchar aquello solo me recuerda a ella, la extraño demasiado. La necesito de vuelta, Ale. En serio la necesito.
Con la manga de su buzo limpió las lágrimas que se le habían escapado al hablar, y luego me miró con atención. Aproveché para hacer lo mismo. Su cabello estaba más despeinado que por la mañana, de todo lo que lo frotó contra mi hombro, supuse. Sus ojos verdes estaban vidriosos y aguados, sus labios entreabiertos, sus mejillas algo sonrojadas. Se acercó y, por algún motivo, posó su cabeza en mi hombro, mirándome con una sonrisa ladeada.
— Hueles a frutilla, ¿por qué hueles a frutilla? —preguntó. Solté una risita, aunque fue más como un resoplido nasal similar al que hace un caballo cuando está molesto.
— Me gustan los perfumes con fragancia de frutilla —comenté y me encogí de hombros restándole importancia.
— ¿Quieres algo para tomar? —preguntó mientras se separaba de mí, agarraba dos vasos de un estante y abría la heladera en busca de bebidas.
— No voy a decir que no —contesté y lo vi sonreír mientras sacaba de la heladera una caja de jugo de naranja Citric. Mientras que él servía, caminé hasta la especie de barra que tenía en la cocina y me senté en una de esas sillas que se suben y bajan con las que casi nadie juega. Aunque claro, yo soy la excepción, por lo que comencé a girar en ella. Jackson terminó de servir y me miró divertido, rió y dejó en la mesa uno de los vasos. Dejé de girar y lo agarré para luego empezar a tomar. Mis ojos se toparon con un periódico que había sobre la mesa, que tomé con curiosidad.
"Charles y Chloè Magné, el abogado y la diseñadora de famosas marcas como 'Tommy Hilfiger', 'Rapsodia' y 'Legacy'; quedan bajo la tenencia de su sobrino Jackson luego de que el resto de su familia fuera asesinada en uno de los atentados a París."
Leí aquello y sentí como mi corazón daba un vuelco. Aún recordaba el atentado en París, pero no supe cuáles fueron sus consecuencias. Y, aunque no se compare con la desdicha en Siria, esto tuvo repercusiones en la vida de muchos ciudadanos parisinos. Miré a Jackson, que no se había percatado de que leía ese diario, y lo dejé donde estaba.
— ¿Prefieres almorzar pizza o pastas? —preguntó. Sacudí mi cabeza intentando dejar de lado lo que leí y me concentré en mirarle. Tenía tres lunares en el cuello del lado izquierdo, formando un triángulo.
— Pizza, es más rápido —respondí.
— Pues entonces te paras y me ayudas a cocinar —dijo divertido. Alcé una ceja y solté una risilla para luego ir hacia dónde Jackson me indicó.
— No sé mucho sobre cocina, mi mamá cocinaba siempre y nunca necesité aprender —comenté y reí.
— Yo sé cocinar, pero no soy el mejor, necesito algo de ayuda. Abrí la alacena que está a mi derecha y saca de ahí harina, está en un recipiente que dice "farine" —me pidió. Yo asentí y abrí la pequeña puerta. Miré alrededor hasta encontrar el tarro que decía aquello, que agarré al verlo. Lo apoyé en la mesa y miré a Jackson.
— Ya tengo hecha la masa, estaba levando. Está en aquel... —empezó a explicar, pero lo corté.
— ¡Eureka! La tengo, Jackson, no te preocupes —dije agarrando el bowl que estaba cubierto por una bolsa plástica. La apoyé y, recordando lo que hacía mamá (cosa que me costó, yo acostumbraba a observar fijo la comida esperando a que se cocinara), saqué la bolsa y tiré la masa sobre la harina que había regado Jackson por la mesa.
— ¿Palo de amasar? —le pregunté. Jackson se agachó y sacó de una gaveta inferior el palo de amasar. Chocó su cadera con la mía y comenzó a amasar él. Rodé los ojos y fui por salsa a la heladera.
— Si buscas la salsa —dijo Jackson, sin necesidad de girarse—, está en el fuego, Ale. Búscala ahí —recomendó mientras amasaba.
— Claro, sargento —dije y fui hasta donde se encontraban las hornallas. Agarré una especie de sartén y encontré una salsa allí, calentándose. La revolví en ochos ("no se revuelve en círculos, es salsa y hay que tratarla como se debe, hija. En ochos o infinitos, bebé", decía mi madre) y saqué por un segundo la cuchara. Guiada por la curiosidad, probé un poco de la salsa. Solté un gemido por la delicia que era aquello al ser saboreado por mi boca, y después empecé a notar un pequeño ardor en mi lengua. Mi madre sin duda hubiera dicho lo que dijo Jackson a continuación.
— Cielo, te va a quemar hasta la garganta. Está caliente, en serio. Deberías tener más —dijo, pero se cortó al ver que me había lanzado entre sus brazos. Me apoyé en su pecho y solté un sollozo— cuidado —finalizó en un tono más bajo. Sacó las manos del palo y lo apoyó sobre la mesa, para luego posar sus manos con cuidado en mi cintura. Después de un minuto o dos, lo solté y me alejé unos cinco centímetros de él.
— Perdón. Eso es justo lo que hubiera dicho mi mamá —justifiqué y lo miré algo avergonzada. Sonrió y, con un gesto que no logré prever, agarró un puñado de harina y me la lanzó. Comenzó a reír al ver mi expresión de asombro y, seguramente, mi cara de color blanco. Apreté los labios y se la devolví, indignada. Ahora él tenía las cejas alzadas y los ojos bien abiertos.
— Oh, Alette, esto es la guerra —advirtió y tomó más harina. Y así fue como terminamos jugando una guerra de harina en medio de la cocina.
Y, al final, tuvimos que pedir una Pizza por Delivery.
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¿Qué este es un capítulo relleno? ¡Claro que no! Hay un par de indirectas, un poco de Foreshadowing, y la escena de la foto me ha quedado de lujo. Ok no, no alardeo jajaja. Era broma, que conste. Aunque sí que me gusta cómo ha quedado... Pero tanto como las otras. Si una escena me gusta más que el resto, es porque esa escena no encaja. La cruel realidad.
No es un capítulo relleno, lo prometo. El capítulo que viene es muchísimo más interesante, eso sí. Inicia la acción, dulzuras. Acomódense las gafas que lo que viene los va a impactar. Y recuerden mi política: No Spoilers.
¡Creen Teorías! Y podrían ayudarse entre ustedes, ¿no creen? Me ha gustado cuando lo vi por ahí.
¡He inscripto la historia a los Premios Wattys 2016! Me gustaría su apoyo :P.
Sin más, me despido. ¡Poderosa me encanta! Y Jackson es tan digiscnwkckwkckwkfkskcwkcjwjfjwkdku.
Recuerden: NO SPOILERS... Pero he dejado un par de códigos en la nota de autor. Y sé que todos quieren ver a Gem (ups, lo tiro) en acción. ¡Dorada fuera!
-Mechitas
PD: ¿¡170 lecturas!? ¡LOS ADORO!
Actualización: error en el adelanto arreglado...
Actualización [06/09/2016]: Cambio del nombre Ainhoa por Alette.
Actualización [15/10/2016]: Cambio del título, del trabajo de los tíos de Jackson y errores arreglados.
Actualización [17/11/2016]: Edición.
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