17 | La Endoscopia

Sofía

Estoy sentada en la sala de espera, lista para que la enfermera me llame para acabar con esto. Ya hice todas las actividades de registro así que estoy lista. Adrián está sentado a mi izquierda y Nico a mi derecha. Los dos están en completo silencio y la tensión que sale de ellos me está volviendo loca.

Nico sigue mirando el brazalete de hospital alrededor de mi muñeca y frunciendo el ceño, aunque la única información que tiene es mi nombre, edad, y un código de barra. Sólo muestra cómo todos somos una serie de números al final. O tal vez estoy siendo morbosa.

Adrián sigue golpeteando su pie en el piso y moviendo sus manos inquietamente sobre sus piernas. De vez en cuando trata alcanzar mi mano, pero luego recuerda dónde estamos y retrocede. Termina metiendo sus manos dentro de los bolsillos de su abrigo y suspirando profundamente. Creo que está teniendo dificultad en contener sus acciones enfrente de Nico hoy.

"¿Los dos se pueden calmar? No es como si fuera una cirugía coronaria," finalmente digo.

Nico suelta un sonido desconfiado y Adrián murmura algo inaudible debajo de su aliento. Entiendo que ni siquiera son las 7:45am pero sí que están gruñones.

"¿Por qué no van a desayunar? Ya habré salido cuando terminen," sugiero. Con suerte algo de comida les mejorará el humor. Debí haber sabido que esto iba a pasar cuando decidieron no comer nada esta mañana por solidaridad.

"No nos vamos a ir, Sofía," Nico dice con firmeza.

Miro hacia Adrián y sacude la cabeza fuertemente. Creo que no ha dicho más de dos palabras hoy y me estoy empezando a dar cuenta que está mucho más nervioso que yo.

"¿Sofía Durant?" una enfermera finalmente llama.

Nico y Adrián saltan de sus asientos antes de que haga un solo movimiento. Nico me da la mano para levantarme y me envuelve en un abrazo.

"Te quiero, hermanita," dice emocionalmente.

¿Qué está pasando? "Te quiero también," respondo.

Volteo hacia Adrián y su cara se ha vuelto completamente pálida. Sus ojos se ven angustiados y trae una expresión que nunca había visto antes. Se inclina para abrazarme y envuelve sus brazos alrededor de mí tan fuerte que apenas puedo respirar.

Cuando nos separamos, parece que me quiere decir algo pero no salen palabras de su boca. Su vista baja a mi cuello y puedo notar que está pensando sobre el procedimiento que están por hacerme.

Alcanzo mi collar y me lo quito, acordándome que me dijo la enfermera que sacara todas mis joyas antes de entrar. Lo coloco en su mano. "¿Me lo detienes?"

Él asiente con la cabeza y creo que nunca lo he visto así de triste. Me tengo que ir antes de que me arrepienta.

"Oye, ¿por qué le toca a Adrián guardarlo? Yo te lo di," Nico se queja detrás de mí.

"Porque tú lo perderás, Nico," le digo torciendo mis ojos. "Los veo pronto, ¿de acuerdo?"

Camino hacia la enfermera, no queriendo hacerla esperar más tiempo. Volteo para despedirme con la mano antes de dar la vuelta y sigo a la enfermera por el pasillo quién me dirige hacia una sala de espera privada.

"Vaya, esos chicos realmente no te querían dejar ir," me dice.

"Sí, no sé qué se les metió. Están exagerando."

"¿Son tu familia?" me pregunta con curiosidad.

"Sí, bueno mi hermano y mi ... amigo," acabo diciendo.

"Qué lindo. Obviamente significas mucho para los dos."

"Con suerte no causarán mucha molestia en la sala de espera," le digo haciendo una mueca.

"Honestamente esto será muy rápido, así que no van a tener que preocuparse tanto por ti. Ni siquiera vas a tener que cambiarte la ropa o sacarte los zapatos entonces podrás salir caminando de aquí después tal cual. Sólo necesito administrarte una prueba de embarazo y luego mandaré al anestesiólogo."

Dios, ¿qué hay con el tema de embarazo? "Está bien, aunque no soy sexualmente activa," le informo. Siento que debería escribirlo sobre mi frente a este punto.

"En ese caso, necesitarás firmar un permiso médico. Ya regreso."

Después de firmar el permiso y contestar algunas otras preguntas, el anestesiólogo llega para explicarme cómo va a funcionar la sedación. Me dice que va a ser una dosis muy baja que durará aproximadamente 20 minutos y me hace unas preguntas sencillas sobre mi peso y alergias antes de irse.

Antes que me dé cuenta, la enfermera regresa y me dice que ya están listos en el quirófano.

La sigo a un área por otro pasillo y me escolta dentro de una sala. Lo primero que noto es que están tocando música de rock y reconozco que es una canción de Metallica. Hay un par de enfermeras moviéndose alrededor de la sala y localizo al anestesiólogo también.

De repente el Dr. Kim camina rápidamente dentro de la sala y me sonríe para tranquilizarme. Tiene mucha energía y sofisticación y se ve más joven de lo que recuerdo la última vez.

"Hola, Sofía. ¿Lista para el procedimiento?" pregunta, señalando que me acueste sobre la cama.

"Sí," le contesto. Por alguna razón, no estoy nerviosa. No sé si es la música de rock, el Dr. Kim, o todo moviéndose a la velocidad de la luz, pero me siento completamente tranquila.

"No tardaré mucho, lo prometo. Voy a revisar unas cosas en tu estómago así que será como si tomaras una pequeña siesta. ¿De acuerdo?"

Asiento con la cabeza. "Suena bien."

"Déjame quitarte estos y ya empezamos," dice sacándome los lentes. Cierto, casi se me olvida. "Si te puedes posicionar de lado, mirándome de frente, como si estuvieras durmiendo," instruye.

Me volteo, enderezando mi cuerpo lo más posible. Arreglo mi trenza detrás de mí para que no estorbe y descanso mi cabeza sobre la almohada.

"Perfecto," el Dr. Kim dice.

El anestesiólogo se me acerca y revisa mi brazo. Mantengo mi vista fijada al frente, pues no quiero ver ninguna aguja o lo que está haciendo. Siento un pellizco y mis ojos se vuelven pesados.

Me despierto al sonido de un hombre gimiendo. Lo puedo escuchar quejándose de dolor.

Abro los ojos y me doy cuenta que estoy en una sala de recuperación. ¡Dios, eso fue rápido! Mi cabeza se siente adormecida, pero estoy completamente consciente de mis alrededores.

Una enfermera se aproxima pero se ve un poco borrosa. "Hola, cariño. ¿Quieres agua o jugo de manzana?"

"Eh ... ¿manzana?"

"Claro. Ya vuelvo."

Asiento con la cabeza y me enderezo sobre la cama. Siento cólicos en mi estómago y tengo frío, pero además de eso, me siento completamente bien. Mis lentes están puestos sobre una bandeja junto a la cama, así que los agarro y me los pongo de vuelta.

La enfermera regresa con un vaso y me lo entrega. Esta vez la puedo ver más claramente. "El Dr. Kim ya estará contigo. ¿Quieres que llame a tu hermano?"

"No, gracias. Lo veré ya que salga."

"De acuerdo, les diré que saldrás pronto. Están muy ansiosos por verte," se ríe.

"Está bien, gracias," respondo, internamente gimiendo. Espero que no hayan hecho nada muy vergonzoso.

El Dr. Kim de repente se aparece alegremente en mi habitación. Lo juro que nunca he conocido a un doctor tan llevadero como él.

"Hola, Sofía. ¿Cómo te estás sintiendo?" dice al sentarse casualmente sobre mi cama, justo enfrente de mí. Está cargando un tablero pero lo pone detrás de él y fuera de la vista. Me conmociona un poco al principio que se acerque tanto en vez de jalar una silla, pero pronto me doy cuenta que me hace sentir como si estuviera teniendo una conversación con un amigo en vez de un doctor.

"Bien, tengo un poco de cólicos pero nada muy severo," le digo.

"Probablemente es la biopsia lo que estás sintiendo. Tomé un pequeño tejido por si acaso, pero todo salió bien. De inmediato podemos descartar la enfermedad celíaca y de crohn. Tomé la biopsia sólo para revisar por alguna infección bacterial pero todo apareció normal y debería regresar limpio. ¿Has estado bajo estrés últimamente?"

"Eh, sí," le digo, sin saber bien si debería elaborar más.

"Bueno, estrés puede causar muchos de los síntomas que has estado teniendo. Te puedo recetar un antidepresivo si quieres. Sería una dosis muy baja que esencialmente te ayudará a relajarte. Si no, también podrías tomar probióticos que ayuda a regular tu sistema digestivo. Te puedo dar unas recomendaciones de marcas si quieres. Además de eso, ejercicio y comer saludable es lo mejor que puedes hacer."

"De acuerdo, los probióticos suenan muy bien para empezar," le digo. Lo último que quiero es un antidepresivo que interfiera con mi sistema o cause efectos secundarios, aunque sea una dosis baja.

El Dr. Kim trae su tablero al frente y da vuelta a la página para escribirlos. Cuando termina, desprende unos papeles y me los entrega. "Estos son tus papeles de alta. Básicamente explica el procedimiento de hoy, instrucciones de recuperación, y qué hacer en el caso de efectos secundarios y cosas así. ¿Alguna pregunta?"

Miro los papeles y veo que hay hasta unas fotos que tomaron de mi estómago, incluyendo la biopsia. Atrás están los nombres de los probióticos que me recomendó. Todo se ve muy experto y profesional.

Mi cerebro todavía se siente un poco adormecido y me es difícil pensar claro. "Creo que no."

Él se ríe. "Bueno, le expliqué lo básico a tu hermano y a su amigo, así que ya saben sobre tu situación. Normalmente me hubiese esperado a decirte primero, pero los dos estaban por ponerse histéricos. Espero que esté bien."

Mi boca cae abierta. "Espero que no hayan causado muchos problemas," le digo disculpándome.

"Para nada, son buenos chicos esos dos. Definitivamente avivaron el lugar y tenían a todas las enfermeras casi desmayándose. Creo que no he visto eso en años," se ríe.

Alcanzo a sonreírle. "Gracias, Dr. Kim."

"Cuídate, Sofía. Eres muy joven, tienes toda la vida por delante. Con suerte no tendrás que verme de nuevo en mucho tiempo. Deberías estar asegurada por al menos los siguientes diez años."

Sonrío ampliamente al verlo retirarse. La misma enfermera de antes viene a recogerme y me lleva afuera a la sala de espera.

Inmediatamente localizo a Nico y a Adrián. Ya no tienen sus expresiones preocupadas de antes y me alivia al instante. No es difícil encontrarlos ya que están parados junto a la recepción y Nico está cargando un globo azul que dice, ¡Es un niño! en letras grandes.

Me río mientras Nico me abraza y me entrega el globo. "Lo siento, no tenían el de Que te mejores en la tienda de regalos," me dice.

"Supongo que es la intención lo que cuenta," respondo aún riéndome.

Volteo hacia Adrián y lo veo tan guapo. Sé que todavía ando un poco atontada, pero lo puedo decir con absoluta certeza. Más importante, ya no se ve triste y eso en turno me hace feliz. Señala hacia algo en sus brazos y me doy cuenta que está sosteniendo un osito de peluche. "Para ti," dice sonriendo.

"Ay, qué lindo está," digo inmediatamente trayéndolo a mi pecho y abrazándolo. "Gracias."

"¿Al peluche le toca un abrazo y a mí no?" Adrián me sonríe.

"¡Ah perdón!" contesto, inclinándome para darle un abrazo. "Bueno, tengo que decir que Osito es mucho más acolchonado."

"Caray, no puedo competir con eso," responde, fingiendo dolor. "¿Cómo te sientes?"

"Bien. Les contaría, pero aparentemente obligaron al Dr. Kim que les dijera todo."

"El Dr. Kim es increíble. Quiero ir a tomarme unas cervezas con él," Nico dice.

"Sí. Es genial. Estaban tocando Metallica en el quirófano."

"Definitivamente voy a ir por unas cervezas con él," Nico bromea.

"Bueno, tengo su teléfono así que lo puedes llamar después. ¿Nos podemos ir de aquí ahora?" me quejo.

Los dos se ríen y empezamos a caminar hacia el elevador. Adrián agarra mis papeles de alta y el globo, pero me quedo con mi nuevo oso favorito. "¿Puedes caminar bien?" me pregunta.

"Sí, estoy completamente bien."

Asiente con la cabeza pero igual camina cuidadosamente detrás de mí, como si me fuera a caer en cualquier segundo.

"¡Adiós Nancy!" escucho a Nico decirle a la recepcionista al irnos. Me siento mal por la pobre mujer, la deben haber vuelto loca.

Una vez que llegamos al piso del estacionamiento, Nico nos dice que nos quedemos cerca de los elevadores mientras que va por el coche. Una vez que sale de la vista, Adrián se inclina cuidadosamente para abrazarme.

Besa mi frente y corre una mano bajo mi trenza. "¿Estás segura que estás bien? Estaba tan preocupado," dice suavemente.

"Sí, sólo tengo un poco de cólicos pero eso es todo," le digo.

"¿Y tu garganta? ¿Te duele?"

"No. Supongo que el tubo es muy delgado."

Me mira haciendo una mueca y me acerca para darme otro abrazo.

"Para de preocuparte, Adrián. Te juro que estoy bien."

"Lo sé. Sólo es que no he podido abrazarte desde anoche. Me haces falta," susurra en mi oído.

"¡Felicidades!" de repente escucho una mujer mayor decir al pasar al lado de nosotros.

"Gracias," Adrián responde sonriendo.

Lo miro confundida. "¿De qué está hablando?"

Se ríe y apunta hacia el globo. "Parece que acabamos de tener un bebé ... peluche."

"Dios, ¿pensó que estaba cargando un bebé?"

"Aparentemente," se ríe, dándole una palmadita a Osito sobre la cabeza. "Tengo que decir que se parece un poco a ti."

Le doy una palmada en el hombro mientras que Nico se detiene enfrente de nosotros en la camioneta.

"Bueno, vamos mamá osa. Hay que llevarte a casa. Debes estar cansada después de todas esas horas intensas de parto," él bromea, guiándome hacia el coche.

Antes que pueda pensar en una buena respuesta, él abre la puerta del pasajero y me ayuda a subirme en el asiento. Agarra el cinturón para abrocharme pero de repente para. "¿Te va a lastimar el estómago?"

"No, está bien," le digo.

"Espera, ¿te duele el estómago?" Nico pregunta.

"No, sólo son cólicos. No es nada en verdad."

"Tal vez deberíamos conseguirte una almohada," contesta. "Adrián, ¿le puedes ir a conseguir una? Tenían unas en la tienda."

"No necesito una almohada," les informo. Adrián todavía me está mirando dudosamente, así que agarro el cinturón y lo abrocho con Osito delante de mí. "Listo, ¿nos podemos ir ahora? No quiero que lleguen tarde a la universidad."

Cuando llegamos a la casa, los dos siguen preocupándose en exceso al llevarme a mi habitación. Peor aún es Carmen quién me sigue mirando como si en verdad me voy a morir en cualquier segundo.

"¿Qué quieres de desayuno, niña?" me pregunta.

"Sólo pan tostado," respondo. Sé que probablemente debería comer más, pero creo que mi estómago todavía no lo puede manejar.

Me echa una mirada que me dice que va a preparar mucho más que pan tostado antes de dirigirse hacia la cocina.

"¿Quieres la cortinas abiertas o cerradas?" Nico me pregunta mientras me siento sobre mi cama.

"Las puedes dejar abiertas."

"¿Quieres ver una película? Te la pongo," dice caminando hacia la tele.

Empiezo a quitarme los tenis cuando Adrián se pone a mi lado, sin dejarme hacerlo.

"¿Quieres cambiarte a pijamas?" me pregunta.

"No, me quedaré en mis pants. Todavía tengo un poco de frío."

"¿Tienes frío? ¿Quieres que prenda la calefacción?" me pregunta al taparme con las sábanas.

"No, gracias."

"Bueno princesa, te puse la de Hunger Games. ¿La querías ver, cierto?" Nico me pregunta.

"Sí, gracias."

"¿Necesitas algo más?" Adrián me pregunta.

"No, se deberían ir yendo. Ya es después de las 9am," les digo, revisando mi teléfono sobre la mesa de noche.

"¿Estás segura que no quieres que nos quedemos?" Nico pregunta.

"Positiva. Sólo voy a comer algo y dormirme. Además, tienen su partido de fútbol hoy más tarde."

"Ah, mierda. Todavía no he armado mi bolso. ¿Déjame ir por él y nos vamos?" Nico le dice a Adrián.

"Sí, te veo en el coche," Adrián responde.

Nico viene hacia mí y me da un abrazo. "Adiós, hermanita. Llámame si necesitas algo."

Una vez que se va, Adrián se sienta en la cama junto a mí y me besa tiernamente en los labios. "Realmente no te quiero dejar," susurra.

"Estaré bien, honestamente. Si te quedas literalmente me verás dormir así que no puede ser muy divertido."

Él sacude la cabeza. "Prométeme que vas a descansar. Tus papeles de alta decían que no hicieras actividades arduas o tomaras decisiones importantes o legales."

"Lo prometo. No iré a hacerme un tatuaje en mi trasero si eso es lo que estás pensando."

"Sólo si es mi nombre," se ríe.

"Trato hecho."

Se inclina a besar mi frente, aunque todavía duda en irse.

"¿No te vas a despedir de tu hijo?" decido bromear, sosteniendo a Osito.

"Ah verdad. Lo siento. Adiós Osito," él dice sonriendo.

"Necesita un beso también, sabes," digo riéndome.

Me mira como si estuviera loca y casi pienso que no lo va a hacer cuando se inclina para besar a mi osito de peluche justo en la cabeza.

"Cuida a tu mamá por mí, ¿de acuerdo? Sabes lo especial que ella es para mí," le dice a Osito y siento mi corazón derretirse. "Pero no lo digas sobre nuestra sorpresa. Acuérdate que es una sorpresa para más tarde," susurra en su oído.

"¿Qué sorpresa?" pregunto, sonriendo de oreja a oreja.

"Eso es entre mi hijo y yo," me dice guiñando el ojo.

"Ah, ¿así va a ser entonces?"

"Sí," sonríe y me da otro beso. "Adiós, chiquita. Te mando un texto en caso que estés durmiendo."

"Está bien. Adiós, papá oso."

Se ríe al salir de mi habitación y cerrar la puerta.

Una hora después, estoy acurrucada con Osito viendo la película cuando la puerta abre de nuevo, sorprendiéndome.

"Lo siento, bebé. Realmente traté pero no pude," Adrián dice, cerrando la puerta detrás de él.

"Adrián, deberías estar en la universidad," me quejo, pausando la película y quitándome los lentes.

"Lo sé, pero era inútil estar allí. Ni siquiera podía concentrarme sabiendo que te tenía a ti y a Osito en casa."

Dios, aunque sea broma, cuando dice cosas así, simplemente no tengo argumentos para él.

Viene a mi cama y después de acomodar su mochila en el piso, se acuesta cuidadosamente junto a mí sobre las sábanas. "Tengo algo para ti y luego tengo una pregunta muy importante que hacerte. Por eso era esencial que regresara, ves."

"Está bien, pero no puedes perder el partido Adrián," le digo con firmeza.

"No lo haré. Ya puse una alarma en mi teléfono para cuando necesite regresar," me dice. "¿Cómo está tu estómago?"

"Todavía siento unos cólicos."

"Bueno, te conseguí una almohadilla térmica. Se supone que ayuda," dice, sacando un paquete de su mochila. "Es eléctrica y sólo se necesita enchufar," explica.

Lo observo prepararla en silencio, sin poder creer que haya pensado en esto. La coloca sobre mi estómago y es sorprendentemente suave ya que tiene un cobertor. Dentro de minutos mi estómago se siente increíblemente caliente y los cólicos disminuyen.

"Vaya, Adrián. Gracias," le digo.

"¿Mejor?"

"Sí, mucho mejor." Mi cuerpo entero se siente caliente y empiezo a sentirme adormilada.

"También me olvidé de regresarte esto," dice, sacando mi collar de su bolsillo y envolviéndolo alrededor de mi cuello otra vez.

"Gracias por cuidármelo," digo descansando mi cabeza sobre la almohada.

"De nada, chiquita." Me mira por un momento antes de preguntar, "¿Está bien si me meto contigo?"

Me encanta cómo siempre me pide permiso por cosas, aunque sea algo inocente. Por otro lado, me está preguntando si se puede meter a mi cama y me doy cuenta que es algo que sorprendentemente nunca hemos hecho antes ya que siempre hemos dormido en el sofá de abajo. De cualquier forma, me hace sentir como si estuviera en control, que la decisión siempre es mía. Sólo por eso confío en él más que nada.

"Claro," le contesto.

Adrián se quita rápidamente los tenis y se mete debajo de las sábanas conmigo. Envuelve su brazo cuidadosamente alrededor de mi cintura, y deja espacio entre nosotros para Osito. Finalmente descansa su cabeza sobre la almohada junto a mí.

"Vas a hacer muy feliz a tu esposa algún día," le digo. No sé por qué acabo de pensar en eso, pero verlo de esta manera es tan fácil imaginar.

Él me sonríe y sus ojos cafés están llenos de afecto. "Con suerte eso significará que tú vas a ser muy feliz," dice trazando mi cara con sus dedos.

Siento mi corazón saltar en mi pecho. "Me vas a matar con todo este verbo."

"En realidad eso me lleva a mi pregunta muy importante," dice, ligeramente tragando saliva. "Viendo que hemos empezado una familia inesperada con un bebé peluche, ¿me harás un hombre feliz al ser mi novia?"

Estoy demasiado impactada para contestar y lo miro estupefacta.

"Sé que puedas pensar que es una decisión impulsiva, pero este tipo de cosas pasan todo el tiempo y quiero hacerlo bien por ti," él bromea. Agarra mi mano y besa mis nudillos, poniéndose serio. "Con toda honestidad Sofía, he querido que fueras mi novia desde que te conocí y no podía dejar otro día pasar sin preguntarte oficialmente que fueras mía."

Traigo su mano a mis labios y beso su palma. Está loco que piense que necesita justificar su pregunta. Pero decido divertirme primero con él. "Pensé que dijiste que no debería tomar decisiones importantes hoy."

"Maldición, estaba esperando que no te acordaras de eso."

"Siempre me puedes preguntar mañana," sugiero.

"Está bien, tienes razón," dice poniendo cara de cachorro triste.

Me río porque es demasiado adorable a veces. "Bueno, te aviso que la respuesta de mañana será un ."

"¿En serio?" sus ojos se iluminan.

"Sí. Y para el record, la respuesta de hoy también es un ."

Se inclina para besarme y es la sensación más dulce y lo mejor que he sentido en mi vida. Nunca supe que podría ser así de feliz y es todo por él. Pasamos el resto de la mañana sumergidos en una charla íntima y sonriendo hasta quedarnos dormidos.


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