CAPITULO 9
CLARENCE
Tenía que hacerlo, tenía que irme de ahí si la quería de vuelta a mí. Estaba loco por ella, me volvía loco solo con verla. Su piel hermosa y semidesnuda ante mi desataba mi perversidad. Cuando salió de la ducha tuve que poner de todo mi auto control corporal para no abalanzarme sobre ella. Pues se veía divina con el cabello humedecido y esa toalla puesta.
Sin embargo, ella ignoraba algo. Christopher Ladera, estaba estacionado en la esquina con su auto. Lo divisé desde la ventana de la habitación de Sam. No me quería ir, pero tampoco quería presionarla más. No quería que pensara que solamente la quería hostigar, porque evidentemente, era cierto. Pero no lo iba aceptar.
Salí de su habitación luego de pensármelo lo que creí una eternidad. Saliendo de la casa de Sam, me subí a la motocicleta, no sin antes llamar a William y decirle que la llamara y viniera hacerle compañía. Opté por Sara, pero nunca respondió mi llamada. Y de Lucas, ¡Ja! Ni hablar. Ese par no estaba.
Esperé hasta que llegara William, quien me dijo que Samadhi ya le había llamado con anterioridad. Sentí como si una daga se clavase en mi pecho, pues ella había corrido a él y no a mí. ¿Por qué Samadhi? Sabía que no sería fácil. Pero me dolía saber que ella lo prefiriese a él antes que a mí.
El coche del imbécil de Christopher se fue en cuanto llegó William. No le quise mencionar del todo porque quería que se quedara con ella. Simplemente me limité a decirle que no la quería ver más sola en esa casa cuando su madre no estaba.
Después de haberme escondido para que Samadhi no me viera al momento en el que llegó Will, lo siguiente que hice fue dirigirme al apartamento. Me quedaba un tanto retirado, pero en algún momento llegaría.
Los recuerdos de lo que quería olvidar venían a mí en ocasiones. Y las dudas existentes por la insistencia de Hanna para que conociera a Samadhi se adentraban más a mi cerebro. ¿Por qué Hanna querría eso? ¿Para protegerla? ¿Para cuidarla? ¿Para amarla? Eso lo haría sin que nadie más me lo pidiera.
Tenía que ir. En algún momento tenía que hacerlo. Ir a la casa de mi padre y revisar la habitación de mi hermana. ¿Después de cuatro años quiero revisar una habitación llena de polvo? Tal vez estaba loco, pero si nadie lo hizo en su momento, lo haría yo.
Iba llegando a mi departamento. Me adentré al estacionamiento y puse la motocicleta a lado de mi coche. Pasaban de las diez, y el sueño comenzaba a pesarme. Al llegar a la recepción para adentrarme al ascensor, vi a una Estephany caminando hacia mí. Se adentró también en la caja de acero gris.
— Estephany. —dije su nombre con una simples. —¿Qué haces aquí? —pregunté.
— Necesitamos hablar. — me miró por un momento y después desvió la mirada frente al ascensor.
Lucía un vestido en color azul. A ella no le va ese color. Su piel bronceada lo opacaba.
Al llegar a mi piso nos adentramos los dos al apartamento. Estaba por invitarle una copa de vino, pero me di una cachetada antes de hacerlo. ¿Por qué mierda lo haría? Ella y yo no éramos nada, y no la quería ver más en mi cama.
— Bien, — musité — ¿A qué has venido? — lo pensó por un momento. No muy segura de lo que quería decir.
— No hemos hablado de lo ocurrido el viernes Clarence... — comenzó hablar. Y para ser sincero yo solamente la quería callar.
Le indiqué que tomara asiento.
— No hay nada que aclarar Estephany, lo nuestro quedó claro desde un principio. Nada serio, en eso habíamos quedado...
— Pero Clar, yo... yo...
Di un suspiro exasperado. No quería portarme mal con ella, pero con Samadhi de vuelta mi mundo ahora solo giraba en torno a ella. Y eso Estephany lo tenía que comprender.
Musité un "lo siento" y me dirigí a la puerta de la entrada indicándole la salida. Me miró mal, y después habló.
— Samadhi te fallará Clar, dime, ¿Le crees que no haya sido ella quien se acostó con tu hermanastro Brad? — habló.
Volteé la mirada a otro lugar, para que se sintiera ignorada y se marchara. Lo cual hizo. Cerré la puerta, y me dirigí a la habitación. No sin antes mandarle un mensaje de texto a William indicándole que lo quería a primera hora en mi oficina el día de mañana.
(***)
La semana había pasado volando. Era viernes por la noche y no había visto a Samadhi en todos estos días. No porque yo quisiese, pero la carga de trabajo que Lucas y yo teníamos era demasiada. Agradecía que ya fuese viernes. Tenía la noche libre, así que decidí ir al departamento de Lucas. En todo el día no lo había visto y ahora sería buena idea ir por unos tragos después de una semana ajetreada de trabajo. Así que lo llamé.
— ¡Clarence! — exclamó mi nombre al otro lado de la línea. Al fondo de la llamada se escuchaba la música de algún DJ a reventar. Me sentí excluido por su salida sin mí.
— ¿Dónde mierda están Lucas? — le pregunté.
— En la Neon Party que organizó Sara. — respondió.
Efectivamente, me habían excluido. Y no evité el sarcasmo, pues lo que hice fue reclamarle.
— ¡Hermano, te invitamos! — gritó. La música se fue alejando poco a poco. — Pero dijiste que no tenías tiempo para estupideces de niños, así que... — claro, lo había olvidado.
— Si, si como sea... pásame la ubicación al móvil. — respondí tajante. Sabía que mi perfeccionista estaría con ellos. — Voy para allá.
— Te tardas Clarence — respondió. — No te imaginas con quien está Samadhi.
Me hirvió la sangre. Seguramente era Ladera quien se encontraba en compañía con ella. Me dirigí a la habitación y me coloque un short playero en color anaranjado. No lo olvidaba, sabía que Samadhi y yo íbamos vestidos iguales aquel día en la playa.
Bajé al estacionamiento y me subí al coche. Después de un rato me encontraba en la carretera dirigiéndome a la playa donde se llevaría a cabo la "Neon Party" que organizaba la fastidiosa de Sara. Me causaba tanta gracia el cómo arrastraba a Lucas con sus locuras. Lucas, una persona centrada, divertido claramente, pero serio, dejándose llevar por las locuras de Sara. Me agradaban ellos como pareja.
Aparqué el coche en la acera que se encontraba cerca de los restaurantes que había frente a la playa. La música estaba a retumbar. No presté mucha atención a la decoración del lugar, pero lo que si me pude percatar fue el enorme escenario fantasioso que había cerca de la playa. Ahora todos se encontraban bailando en el agua, y unos cuantos en la arena.
Me gustaba, no tenía una elección favorita de música, pero sin duda éste tipo de música era buena. Me adentré en la multitud, donde pasaba desapercibido por los demás. Todos semidesnudos y chicas en diminutos bikinis se encontraba alrededor.
El letrero que había colocado Gerard hace dos años, lo habían vuelto a poner. Me causó tanta gracia, pues yo si llevaba playera puesta.
— ¡Alto ahí guapo! — exclamó una chica morena con rastas como cabellera. Sonreí, sabía lo que seguía. — Quítate la camiseta.
Esbocé una sonrisa, y miré a mi alrededor donde la multitud de universitarios gritaban y miraban hacia mí. Me causó una gracia profunda, pues hace tiempo que no me divertía en alguna fiesta.
Al estar al otro lado de la playa, ahora si comencé a buscar a mi chica con la mirada. Mi corazón dio un vuelco al ver a Samadhi bailando alegremente con el imbécil de Christopher. Verla sonriente ante su mirada me derrumbo. Quería que solo a mí me mirara así.
La divise de lejos solamente, quería acercarme y hacerle una escena, pero me contuve. No lo haría, sabía que ella me amaba aún, al igual que yo a ella y ese sentimiento no se iría de un día para otro, tal y como ha sucedido éstos últimos años. Clavé la mirada solamente en ella, y como si lo supiese, como si supiese que yo estaba ahí, volteó a verme. Christopher le dijo algo al oído, y Samadhi simplemente se limitó a sentir sin apenas verle. Éste último se alejó de ella, y lo agradecí infinitamente que se largara de ahí.
Me fui acercando. Y sonreímos al darnos cuenta que los dos íbamos vestidos del mismo color. Me paré frente a ella, y deposité un casto beso en su mejilla. Me fascinó su reacción, pues después del beso, contuvo la respiración.
— ¿Acompañada Samadhi? — le pregunté. Mordió su labio inferior.
— Un poco... — respondió — . Se ha ido.
La música comenzaba a sonar, y un cosquilleo apareció al escuchar a alguien con la cuenta regresiva por el micrófono. Recordar ese momento en el que posiblemente todo empezó con la perfeccionista andante me causó una presión en el pecho o... ¿en el corazón?
Tres...
Dos...
Uno...
Me tomó de la mano, como lo hizo aquel día. Los dos nos adentramos en medio de la multitud, saltando y bailando como locos tomados de las manos. La pintura en color azul, blanco y morado comenzó a brillar y salpicarse por todos lados. En nuestros cuerpos, en nuestro rosto, en nuestra ropa y por todos lados. Tomé a Samadhi de la cintura, y la alcé a mis brazos. Rodeó sus largas piernas a mis caderas o mi cintura y comencé a besarla en sus carnosos labios. La música seguía sonando, pero yo estaba tan concentrado en ella, perdiéndome en sus labios. Me rodeó el cuello con sus brazos y profundizamos el apasionado beso. Era un beso intenso, placentero y necesitado. Los dos nos habíamos extrañado tanto.
— Te amo Samadhi... — susurré inaudible en sus labios, recargando mi frente con la suya.
¿Alguna vez han congelado un momento, para no olvidarlo y siempre recordarlo? Éste momento para mí, había llegado. No quería olvidarlo, y quería siempre recordarlo. Congelar momentos. Así me sentía cuando estaba con ella. Congelado y hechizado.
— Te amo Clar...
Esbocé una sonrisa cuando escuche esas palabras que me llenaban el corazón. Seguia cargándola, y vaya sensación la que sentía cuando sentía su piel pegada a la mia. Deseaba todo de ella justo en éste momento. Y no solo hacerle el amor, si no, entrar de nuevo a su corazón.
Sola se bajó al suelo y tomados de las manos nos dirigimos al agua fría de la playa alejándonos de la multitud. Los dos estábamos bañados en pintura de color azul. Nos adentramos en el agua para quitarnos la pintura de nuestros cuerpos.
— No deberíamos hacer eso aquí — le dije.
— ¿Crees que nos denuncien por contaminar un poquito el agua? — preguntó.
Me era inevitable no verla. Me acerqué a ella y con mis brazos le rodee la cintura.
— Repíteme lo que has dicho hace un momento... — jugueteé con sus labios, y después le deje un reguero de besos sobre su lóbulo derecho, dirigiéndome a la clavícula y a su cuello.
— Te amo... — volvió a susurrar en mi oído.
La extrañaba. Extrañaba todo de ella, sus besos, su sinceridad, su cuerpo, su sarcasmo... ¡Todo!
— Te extraño tanto... — la miré a los ojos. Sus ojos color miel, sinceros y hermosos.
— Vayámonos de aquí Clar... — susurró.
Sus palabras me sonaron a una promesa. No queria llevarla a mi apartamento, no a ella. No donde estaba el jodido recuerdo cuando no estaba ella. No donde había estado Estephany en lugar de ella.
— ¿Tú casa?
Asintió. Tal vez de alguna manera comprendía que tampoco la quería llevar a ese jodido lugar. La tomé de la mano para dirigirnos al coche. Al llegar a la puerta del copiloto esbozó una sonrisa con cierta picardía.
— Ya me acostumbré. — Le hice saber.
Rodee el auto y me subí sin importar que los dos estuviésemos mojados. Arranqué el motor y nos adentramos a la fresca noche en la carretera.
— Llévame a la pequeña casa... — habló. ¿A cuál casa? — Si, a la pequeña casa donde me hiciste tuya por primera vez Clarence. — y como si me hubiese leído la mente, respondió.
— A donde tú quiera amor.
¡Maldita sea!
Ésta mujer me robaba suspiros de a montón. Me sentía en un jodido sueño. Pero en uno de los buenos.
Cambié la ruta, y maneje hasta llegar a ese lugar que a partir de hoy seria especial. Había venido aquí en diferentes ocasiones después de que Samadhi se fue de la ciudad. La única diferencia es que en ese entonces lo veía con un atisbo de odio hacia ella. Pero hoy, al día de hoy era diferente...
El lugar quedaba cerca de donde nos encontrábamos. Me estacioné cerca de la entrada. Abrí la puerta de Samadhi y la tomé de la mano para después besar sus delicados nudillos. Esbozó una sonrisa que me contagió. Nos encaminamos a la entrada, y rebusqué la llave donde siempre la colocaba. En la ventana.
Al abrir la puerta el aroma a limpio nos inundó de lleno. Vi la reacción de Samadhi, y leí su pensamiento.
— No he traído a nadie más, si es lo que piensas Sam. — le hice saber.
Me miró a los ojos. Nuestras respiraciones se agitaron, y lo siguiente que hice fue abalanzarme sobre ella, para tomarla de los labios. Los besé. Samadhi soltó un gemido placentero para mis oídos.
— Primero tenemos que hablar Clar...
Susurraba despacio con la voz entre cortada sobre mis labios, pero no le hice caso. Seguí tocándola y acariciando su fascinante cuerpo despacio...
¡He vuelto!
Espero les haya gustado ¡Las amo! ♥
Gracias por el apoyo ¿Sam o Clar?
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