CAPITULO 10
SAMADHI
Toda la semana había estado volando de un lugar a otro. De la universidad al trabajo, del trabajo a casa... manteniendo el tiempo contado. Como siempre, la puntualidad era lo que más afectó. Pues no contemplaba el tráfico que en ocasiones había al trasladarme de un lugar a otro.
Era viernes, y la insistencia de Christopher para salir seguía presente. Dude por un momento el invitarlo a la "Neon Party". Sin embargo, lo hice. Insistió en pasar por mí, pero me negué, pues había quedado con Sara y Lucas que me iría con ellos. Así que lo siguiente que hice fue decirle a Christopher que me esperase allá.
Al llegar, lo vi recargado sobre la acera. Le sonreí al verlo, y él hizo lo mismo, dejando ver unos pequeños hoyuelos en sus mejillas. Era demasiado atractivo, pero aún tenía la duda de quién le había pasado mi número telefónico.
— Hola hermosa. — me saludó, estrechándome en sus brazos y dejando un casto beso en mi mejilla derecha.
— Hola Chris. — respondí.
— ¡A divertirnos! — exclamó. Su entusiasmo me gustó.
Los dos caminamos a la entrada, donde pude divisar el letrero con la leyenda de años atrás. Me causó gracia, pues Christopher y yo no veníamos descubiertos.
— ¡Alto ahí guapos! — exclamó una chica de piel morena y con unas bellas rastas de cabellera. Se le veían increíbles. — Ambos deben entrar con traje de baño.
Nos miró a cada uno, dándonos un repaso de arriba para abajo. Volteé hacia donde estaba Christopher, quien estaba sonriendo. Los dos nos quedamos mirando a los ojos, y como si supiésemos lo que pensábamos, le quité la playera blanca que traía puesta, dejando a la vista su musculoso cuerpo bronceado. La aventé hacia la multitud, y todos comenzaron a reír y a gritarnos a los dos. Acto seguido y con la mirada, me pidió permiso para él hacer exactamente lo mismo, pues mi traje de baño en color anaranjado, estaba cubierto por un pareo playero color blanco.
La multitud de universitarios exclamaban de obscenidades, y no dejaban de gritarnos que nos besáramos. Por alguna razón, me puse nerviosa por ello. Christopher me miró de nuevo, y con una de sus hábiles manos me atrajo hacia él para plantarme un beso. Beso, que sin dudarlo, correspondí. Me perdí por unos segundos en sus labios, suaves y carnosos. La barba creciente de unos cuantos días me picaba cerca de mis mejillas. Apenas si accedí al beso, pues mis sentimientos no eran para él. Sin embargo, un ligero hormigueo apareció de la nada en mi estómago. Me sorprendí de mi misma, y lo que hice fue parar y alejarme disimuladamente de él.
Christopher me sonrió. Enlazamos nuestras manos y nos adentramos a la playa. La decoración era fascinante, sin duda Sara se había lucido con ello. El escenario donde se encontraba el DJ era de fantasía iluminado en colores neón, como lo era la temática de la fiesta. A los alrededores había luces parpadeantes por todos lados y coches, unos cilindros clavados en la arena, de donde supongo, saldría en cualquier momento la pintura de ellas. La música estaba a reventar mis tímpanos. Hace tanto tiempo que no sentía la sensación de diversión en mí... y justamente hoy la estaba disfrutando. No con la persona que me hubiese gustado, pero al fin y al cabo lo estaba disfrutando.
Busqué a Sara y a Lucas con la mirada, pero se encontraban enfrascados en una conversación con algunos chicos que eran amigos de Sara. William no había llegado aún. Me había comentado que tenía mucho trabajo, y que posiblemente no vendría, así que no lo quise presionar más por ello.
Nos acercamos a una barra de tragos que se encontraba a lado del escenario. Tomamos algunos. Christopher sin duda alguna era una persona divertida. A pesar del semblante serio, cuando sonreía era todo lo contrario. Me tomó de la mano y los dos nos dirigimos en medio de la multitud bailando. No parábamos, la compañía de Chris era agradable. Saltábamos y bailábamos al ritmo agradable de la música electrónica a nuestro alrededor.
Los coches deportivos que se encontraban alrededor de la playa expulsaban humo de colores azules, amarillos, morados y rojos. Mirábamos embelesados y bailábamos entusiasmados como si dependiéramos de ello. No me había divertido así con Chris, pues apenas lo volvía a ver después de años. Se acercó a mí, tomándome de las mejillas y mirándome a los ojos. La sensación permanecía ahí. Contuve por un momento la respiración, y ese ligero hormigueo me molestaba a momentos cuando lo miraba a sus orbes color verde.
Pero todo cambió y se transformó cuando lo vi a él. Clarence Johnson se encontraba parado a lo lejos de donde yo estaba, viendo como disfrutaba de la compañía de Chris. Éste último se me acercó después de haber recibido una llamada a su móvil.
— Samadhi, discúlpame pequeña, pero tengo que irme... — musitaba inaudible Christopher en mi oído. Asentí solamente, pues justo frente a nosotros se encontraba Sara y Lucas.
Depositó un casto beso en mi mejilla, y después de eso se fue.
Mi corazón latía a mil por hora. ¿Por qué? ¿Por qué no podía sentir ésto que siento por Clarence en alguien más? Lo amaba y le odiaba al mismo tiempo por haberme enamorado así de él. Por aparecerse a donde sea que me dirigiera. Por no dejarme pasar página y seguir mi camino. Sin embargo, yo misma me contradecía. Pues le había dicho que se esforzase más, y eso era lo que Clarence hacía. Me fui acercando a él, cuando él comenzó a dirigirse hacia mí.
Vi su mirada, y esos gestos que hacia cuando algo o alguien le molestaba. Así que me retracté diciéndole que Christopher ya se había ido. Y justo cuando comenzó la cuenta regresiva y la música comenzó a sonar, hice exactamente lo mismo que años atrás. Enlazar mis dedos con los suyos, para arrastrarlo hacia la multitud, llenándonos por completo de pintura azul neón...
El revoloteo de libélulas se apoderó de mi justo en el momento que Clarence me alzó. Le rodeé la cintura con mis piernas y me tomó atrayéndome hacia sus labios. Le extrañaba demasiado. Éste momento, como muchos otros permanecerían en mi mente por siempre como un buen recuerdo. La emoción me invadió cuando la música comenzó a sonar con tal intensidad. De alguna manera congelé el momento en el que nos encontrábamos unidos y besándonos.
Se me hizo un nudo en la garganta recordando todas las veces que estuvimos juntos en mi casa, en su apartamento y en la playa disfrutando. Una película vívida de todas esas imágenes que reproducía sin parar mi mente. Quería dejar todo atrás, volver a él como lo hacía cada vez que peleábamos años atrás.
— Te amo Samadhi...
Escucharlo decir eso me llenó de amor el corazón por Clar. Estaba jodida. Jodida de verdad. Clarence me había atrapado ya, y soltarme de él no sería fácil ya...
(***)
Estábamos de camino a la pequeña casa donde alguna vez estuvimos juntos. Quería ir de nuevo, estar ahí aunque sea por un momento.
¿Tan insegura me sentía como para pensar que Clar pudiese haber traído a alguien más a éste lugar? Tal vez. La cara que puse cuando abrió la puerta me delató. Pues el lugar estaba limpio, como si hubiesen estado aquí a diario. Los sofás ya no estaban cubiertos con las sábanas blancas de aquel entonces, ni siquiera sé si eran los mismos sofás de años atrás. Éstos eran modernos, de piel y en color negro. La estructura de la pequeña casa era diferente. Era el mismo espacio, pero su entorno no era el mismo de hace años. Las paredes eran blancas, una cocina y una pequeña isla en color negro de mármol.
Después de haberlo detenido, tenía que contarle sobre el beso que Christopher y yo nos habíamos dado horas atrás. Mejor que se enterase de mí, que por alguien más.
— ¿Te gusta? — preguntó Clar. Y sabía con exactitud a que se refería. Me giré hacia donde se encontraba él, cruzado de brazos y recargado en la pared. Lucia tan sexy. Suspiré.
— No Clar, lo que Christopher y yo tuvimos fue hace mucho tiempo. — Le respondí. Sabía que él pensaba que me gustaba Chris, pero... No me gustaba ¿cierto? El beso que nos habíamos dado horas atrás no significaban nada ¿cierto?
Apretó ligeramente los puños, y comenzó acercarse sigilosamente hacia mí.
— Me fascina éste lugar. — le dije. Bien, llegó la hora de decirle la verdad.
Me acerqué a él. Me sonrió de lado tomando mi mejilla derecha con una de sus manos, y antes de que me besara. Hablé.
— Me besé con Christopher...
Sentía el corazón desbocado. Le di una explicación breve del cómo y por qué lo hice. Los ojos se le oscurecieron y me soltó. Con su mano izquierda masajeo sus sienes, y después me miró. Su respuesta, fue la que más me mortificó, pues no había recibido alguna.
— Ese imbécil... — susurró más para sí mismo que para mí. Se tomó un tiempo para calmarse. — ¿Y qué puedo hacer Samadhi? ¿Reclamarte? — preguntaba, sabía de sobra que mi confesión le estaba hirviendo la sangre. Se lo pensó por un momento, y dubitativo habló: — ¿Sería mucho pedir, que no lo vuelvas hacer? — preguntó. Y yo negué.
Me tomó de la cintura, y me besó. Un beso brusco, pues estaba molesto por mí no grata confesión, pero no me importó. Rodeé mis brazos a su cuello y le estiré con delicadeza el cabello, metí mi lengua en su boca sintiendo su delicioso sabor. La electricidad y el calor comenzaban a emanar de los dos. Estábamos húmedos aún por habernos metido al agua, pero nada de eso nos importó. Era mucho más el deseo que sentíamos el uno por el otro, el hirviente deseo que sentíamos los dos.
— Te deseo Sam... — susurraba con la voz entre cortada por la falta de aire. Me seguía besando los labios, las mejillas y la mandíbula hasta llegar a mi cuello.
— Hazme tuya Clar... — susurré inaudible. Pero me escuchó.
Me alzó sobre él y lo rodee con mis piernas. Me tomó de las sentaderas con sus manos y las masajeó. Lo siguiente que hizo fue sentarse en uno de los sofás que había en el lugar. Me separé de él por un momento. Me miraba expectante, esperando lo que quería hacer. Sentada a horcajadas sobre él, comencé a tocar con delicadeza su abdomen plano que ya se encontraba desnudo. Lo recorrí con mis dedos hasta llegar a sus pectorales firmes. Me mordí inconscientemente el labio, y Clarence soltó una risa.
— ¿Ansiosa Sol? — susurró mientras comenzaba a dejar un reguero de besos en mi cuello descubierto.
Me volvía loca. ¡Claro que estaba ansiosa! Aunque por otro lado también me sentía temerosa. Pues el no haber tenido sexo en un periodo de tiempo largo, me ponía nerviosa.
— Un poco... — respondí titubeante y con la voz temblorosa.
— Me vuelves loco...
Desabrochó la parte de arriba del traje de baño. Mi excitación estaba a punto y quería seguir disfrutando. Clarence lamió sus labios y yo comencé a temblar... pero de la emoción. Tragué al notar el creciente bulto de su masculinidad por debajo de mí, y descaradamente me abalancé sobre él, frotándolo y rosándolo con mi sexo. Solté un gemido al sentir los labios de Clar en uno de mis botones erguidos. Lamía y chupaba con delicadeza, pero en ocasiones los mordía con fiereza. Arqueé mi espalda para darle un mejor acceso a mi cuerpo. La sensación era increíble, pues con la otra mano frotaba uno de mis pechos. Los gemidos aparecieron en mí y en Clar, que ya era imposible contenerlos. Eso a él le gustaba, pues su cara de excitación lo delataba. No me quise quedar atrás, quería que disfrutara aún más. Me levanté y baje sigilosamente el short playero que traía puesto como atuendo, dejando a mi expectativa su amigo fiel... Lo tomé con delicadeza rodeando suavemente su grosor con mi mano derecha. Lo masajeaba de arriba hacia abajo mirando la expresión de excitación que emanaba Clarence. Le gustaba lo que le hacía...
— Eres solo mía Samadhi... — dijo.
Me apretó después las mejillas con ambas manos acercándome más a su rostro. Me quitó el resto del traje de baño y me sentó nuevamente a horcajadas sobre él. Nuestras partes íntimas se rosaban una con otra cada determinado tiempo. Colocó un preservativo sobre su miembro. La tortura era continua, y para hacerla más amena, comenzó a trazar círculos en el punto latente de mi intimidad. Una sensación exquisita me invadió el cuerpo entero, y no pude evitar recargarme sobre su hombro y morderlo mientras él seguía torturándome con sus movimientos. Tomé con descares su masculinidad y sin pensarlo la hundí dentro de mí. Al principio dolió, pues hice una mueca por el dolor, pero después de las embestidas suaves y torturantes que me dejaba Clarence, el dolor se esfumó.
Sin apenas salir dentro de mí, me recostó en el amplio sofá. Las embestidas eran rápidas, rodee mis piernas con sus caderas y hundí más su intimidad. La explosión de sensaciones no tardó en llegar, y justo en el momento exacto, el orgasmo se apoderó de ambos. Escuchar los gemidos de Clarence en mi oído era una sensación exquisita...
Nuestras respiraciones seguían agitadas. Nuestros cuerpos unidos y nuestras miradas se enlazaban.
— Te amo Clarence Johnson. — le dije, mirándolo a los ojos.
Clar dio un suspiro profundo. Salió de mí quitándose el preservativo y dejándolo en el cesto de basura que se encontraba a lado del sofá. Tragué duro al verlo desnudo frente a mí. Depositó un casto beso sobre mis labios. Me paré del sofá y coloqué de nuevo el traje de baño que tenía puesto. Clar hizo lo mismo con su atuendo.
Los dos tomamos asiento. Me tomó de las manos y lo miré de nuevo a los ojos. Me perdí en ellos, y él en los míos. Quería decirle un millón de cosas, pero ninguna salía de mi boca. Las palabras se habían esfumado.
— Intentémoslo Sam... — comenzó hablar, pegando su frente con la mía. — Te necesito cerca de mi amor...
¡Joder! ¿Y qué podía decir? Si ya me había hecho suya otra vez. Lo abracé, y con las yemas de mis dedos acaricié su espalda. Di un suspiro. Amaba a Clarence, y esperaba con el alma que la decisión que estaba por tomar, no afectara después.
— Una oportunidad Clar — le dije, separándome de él y mirándolo fijamente al rostro. Su hermoso y perfecto rostro. — La segunda, tercera no hay.
Esbozó una sonrisa. Me tomó de las mejillas y comenzó a dejar un reguero de besos sobre el puente de mi nariz. Amaba que hiciera aquello, y lo amé mucho más cuando dejo un casto beso en la libélula que llevaba tatuada en mi piel.
— Sabes... — comenzó hablar — , ésta pequeña libélula representa a Hanna por el significado de la misma. Por su armonía y su libertad por la vida, — prosiguió diciendo, mientras yo lo miraba embelesada... — y sin darme cuenta, te representa a ti. Eres mi fuerza y mi armonía, eres pureza y libertad para mi vida...
Derramé una lágrima por sus palabras. Si nos hubiésemos escuchado los dos hace dos años, el sufrimiento no hubiera existido. Nos odiaba a ambos por ello. Porque ninguno de los dos puso de su parte, él no quiso escucharme y yo huí del problema como una cobarde. Pero... ¿Qué podría hacer? Si a Clarence Johnson lo llevaba tatuado en mi piel, y esperaba con el alma que no se desmoronase lo nuestro así de fácil. Pues me había dado cuenta que nuestro amor, era un amor frágil.
¡Muero de amor!
Gracias por leer Perfectos ♥.♥ lo agradezco un millón mis Perfeccionistas,
¿Que les ha parecido? Dejen sus votos y comentarios. Les amo infinito...
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top