CAPITULO 39
CLARENCE
Me adentré a la desolada carretera tratando de digerir la cruda noticia que me había dicho así nada más Sam. Cuando me dijo que estaba embarazada quise largarme de ese lugar para ir a darle la paliza de su vida a Álvaro. Pero mi semblante cambió cuando me mostró la prueba de laboratorio y visualicé con mis propios ojos el tiempo que llevaba en cinta, y las palabras de mi boca salieron por si solas. No lo negaba, estaba cabreado por la noticia.
¿En qué momento? Joder.
Justo cuando estaba dispuesto a olvidarme de ella, a largarme de California para siempre, llegaba de nuevo a mi vida y poner mi mundo de cabeza, me obligaba a quedarme. Las frías palabras que le dije me hicieron un revoltijo en el estómago, y lo único que quería era regresar a esa pequeña casa donde le hice el amor infinidad de veces, donde se había entregado a mí sin pena algunos años atrás. Donde la conocí por primera vez en cuerpo y alma, donde ahora me daba cuenta sería ella la única persona a la que querría en mi vida.
Frené en seco y aproveché que no venía ningún vehículo tras de mí. Di la vuelta y regresé a la casa playera esperando con todas mis fuerzas que Samadhi no se hubiese marchado de ahí.
No estaba preparado para un bebé, no era lo que esperaba, no era lo que tenía pensado tener, pero es que a estas alturas ¿Quién está preparado para tenerlo? Había logrado todo lo que me había propuesto en su momento, no era un secreto que quisiese tener hijos con una mujer, y enterarme así de la nada que Samadhi llevaba dentro de ella un pequeño creciendo, me ponía tenso, me ponía nervioso por ello.
¿Seré un buen padre para él? Y si... ¿Y si es ella? ¿Aguantaré dos Samadhi en mi vida?
Eran míos. Ambos eran míos. Así me escuchara posesivo, pero Samadhi y ese bebé solamente me pertenecían a mí.
Bajo del coche agradeciendo que ella aún estuviera ahí. Entro y la encuentro acurrucada en el sillón. Se veía tierna con un pijama que seguramente apenas se había puesto, porque hace apenas unos minutos llevaba un vestido pegado a su cuerpo. No volvió la mirada, la tenía fija a la chimenea eléctrica que había frente a ella, la televisión prendida me puso los nervios de punta, que lo único que hice fue apagarla para tratar de aclarar mi mente.
¿Qué iba hacer? Sería difícil tenerla a mi lado a pesar de que la deseaba como un puto loco. Me senté en la orilla del sofá, y Sam me miró con sus hermosos ojos enrojecidos. Lloraba por mi culpa, y odiaba ser el causante de sus lágrimas.
—No estás sola Sam —comencé hablar. No quería que pensara que no la quería a ella y a mi hijo, o hija, no sé. Decirlo era extraño —Sólo, me sorprendí, no sabía cómo reaccionar, perdón.
Acaricio con delicadeza las pecas que habitan en ella. Esas pecas que me vuelven loco porque la hacen lucir divinamente única y bella.
—Vayamos a casa ¿De acuerdo? —lo piensa por instante, pero después de vacilar asiente.
Espero a que se pare del sofá y coloque sus zapatillas deportivas.
Me sentía frustrado, enfadado y con un montón de sentimientos encontrados. No sabía cómo reaccionar, ni siquiera sé que decir frente a Sam.
Al tomar sus partencias, salimos de la casa.
—Iremos en mi coche —anuncio —. Mañana mando recoger el tuyo.
Abro la puerta del copiloto esperando a que suba. Rodeo el coche y tomo asiento en el lado del piloto. No sé qué decir. No sé qué espera Sam que yo diga. La miro de reojo y el ambiente se tensa. Tal vez no está segura de querer irse conmigo, pero después de esta noticia lo que menos quiero es mantenerla lejos de mí. La quiero cerca para poder cuidar a ambos.
Aun no sopesaba el hecho de que fuésemos a tener un bebé. No estaba alegre, pero tampoco enfadado. No sabía cuáles eran mis sentimientos en este momento, solo eran sentimientos encontrados por tanto que analizar en mi mente.
Al llegar, subimos al apartamento y el aroma a Sam se impregna. La siento distante, insegura tal vez de estar aquí, y sé a la perfección lo que cruza por su pensamiento cuando mira a su alrededor.
—No he traído a nadie aquí Sam.
No dice nada. Deja sus pertenencias en el sofá y le ordeno que lo mejor es descansar. Asiente dirigiéndose a la habitación, y la sigo. Después se recuesta en la cama metiéndose entre las sabanas.
—Yo iré a mi despacho, ¿vale?
—Si —susurra.
Estaba inquieto. No sabía cómo sentirme ante esta situación. No sabía si debía dormir con Samadhi en la misma habitación o no.
El sonido del móvil interrumpe mis pensamientos, y diviso la llamada entrante de Steph. Habíamos quedado en salir a cenar el día de hoy, pero lo rechacé. Colgué la llamada, ni siquiera contesté. Ya había decidido que viviría con ella. Que nos iríamos en unas semanas a Londres, y ahora tenía que darle una explicación por ello. Pero eso sería en otro momento.
De alguna manera quería esto, muy en el fondo quería que pasara algo que me uniera a Sam de nuevo. Pero mi orgullo no me permitía aceptarlo. Sufría por su engaño, pero ya ni siquiera importaba, tal vez se escuche mierda, pero la persona con la que Sam me había engañado, ya no estaba.
Decidí sumergirme en trabajo. Últimamente la empresa estaba a flote y tenía una carga bastante pesada con mi equipo de trabajo.
Después de unas horas volví a la habitación. Samadhi estaba dormida con una almohada enredada entre sus piernas largas. Había dejado un espacio a su lado. Sin dudarlo, me quite la ropa y me recosté en calzoncillos junto a ella.
A espaldas de ella, la abrazo y aspiro su aroma embriagador. Comienzo a acariciar su cuerpo y siento por un momento que quiero perder el control. Mi amigo reacciona y Sam suelta un suspiro por lo bajo. Con cuidado, toco su vientre y me detengo. No sé cuánto más podré aguantar estar así. Que ambos estemos juntos y después de todo lo sucedido, ambos podamos vivir.
Samadhi se remueve en la cama y se acomoda de nuevo soltándose de mi abrazo. Le doy la espalda y cierro los ojos para adentrarme al sueño aunque sea por un rato.
(***)
La luz de la ventana comenzó a calarme en los ojos. Rodé por la cama, y la mujer que se suponía debería estar a mi lado, no se encontraba ahí. Era sábado, y escuché la regadera del baño.
Volví a recostarme boca abajo cerrando los ojos para quedarme otra vez dormido.
Después de unos minutos, sentí unas gotitas de agua cayendo sobre mi rostro. Abrí con lentitud los ojos y visualicé a Samadhi sentada en la orilla de la cama cepillando su cabello. Por un momento quise interrumpir aquello que hacía y tomarla desprevenida para plantarle un beso en su delicado y delicioso cuello, pero no lo hice.
—¿A dónde vas? —pregunto.
Sam se sobresalta y voltea hacia mí.
—Tengo cita con la ginecóloga —anuncia.
Sin pensarlo me paro de la cama.
—Bien, yo iré contigo —respondo firme metiéndome a la ducha.
Estaba liado. Ya no me importaba nada más que ella y ese bebé. Si alguien me hubiese dicho que mis sentimientos cambiarían de la noche a la mañana, los hubiera tomado sin remordimientos. Ahora había dos seres que dependían de mí. Por un lado tenía miedo, y por el otro no sabía que decir, como reaccionar, o que hacer.
Al salir de la ducha, la mirada lasciva de Sam al verme con solo una toalla rodeando mis caderas, me fascinó. La electricidad siempre nos recorría el cuerpo a los dos.
—Te espero en la sala —anuncia, y sale huyendo. Sonrío ante su expresión.
Trato de cambiarme tan pronto como puedo.
Mi móvil vuelve a sonar, y en la pantalla aparece otra vez Steph. Samadhi aún no sabía que estaba planeando vivir con ella, y no quería que lo supiera, mucho menos en su estado. Así que no respondí. En algún otro momento hablaría con ella, pero no hoy. Salí a la estancia y le indique que nos podíamos ir.
Y ahí nos encontrábamos. Estaba nervioso, y noté que ella también.
—¿Ya habías venido? —pregunté. En el lugar había parejas seguramente de esposos esperando el turno para ver a su bebé.
—Sí, pero me negué al ultrasonido —contesta y me mira —. Quise esperarme.
—¿Es buena doctora? Porque puedo preguntarle a Rachel...
—Con ella quiero tratar mi embarazo Clar.
La tomé de la mano y besé con delicadeza sus nudillos asintiendo, porque cuando Samadhi tomaba una decisión, era la definitiva y no había discusión para ello.
—¿Samadhi Stone? —anunció una de las enfermeras del lugar.
Ambos nos miramos y Samadhi se levantó de su lugar. Hice lo mismo y la tomé de la mano para encaminarnos al consultorio.
Al entrar, una doctora, no más de cuarenta años, nos recibió. Comenzó a hacerle preguntas a Samadhi sobre cómo se había sentido estos días y sobre su alimentación. Después, preguntó que si yo era el padre, a lo cual asentí.
—Bien, ¿listos para el ultrasonido? —nos pregunta con una sonrisa.
Me le quedo mirando a Sam, y ella asiente sin siquiera mirarme a mí. La noto segura, algo temerosa, pero sin duda alguna segura.
Nos encaminamos a la camilla donde se recuesta ella. La ayudo a subirse y la doctora le da indicaciones de cómo es que se realizará el ultrasonido. Me quedo expectante al ver como Sam levanta la remera de lana que lleva puesta sobrepasando el ombligo. La doctora le pone un líquido frío, y ambos volvemos la mirada a la pantalla del ultrasonido.
El corazón se me acelera al ver dos pequeñas manchas oscuras
¿Dos?
—Como se cumplirán tres meses, apenas si se ve en el ultrasonido —dice la doctora —, pero puedo asegurar que son mellizos por la forma que están tomando.
Samadhi y yo nos miramos. Sus ojos se le llenaron de lágrimas y lo siguiente que hago por instinto es besarla. La tomé de las mejillas y le besé la cara, los labios...
Joder, en este momento lo único que sentía era felicidad, tal vez no éramos perfectos juntos, quizás hasta éramos los peores siendo nosotros, pero saber que Samadhi en algunos meses daría a luz a dos pequeños nuestros, me llenaba de felicidad.
—Si, son mellizos. Aun así registraremos una cita para el próximo mes. Apenas se cumplirá el primer trimestre y por lo que veo, todo marcha bien.
Asentimos.
La doctora le dio otras indicaciones más a Sam. Afortunadamente los bebés se estaban desarrollando bien gracias a la buena alimentación de ella. Le recetó las pastillas diarias para una mujer embarazada, y después de ello salimos del lugar.
Si trabajaba duro, ahora trabajaría el doble. Esperaba olvidar algún día todo lo sucedido en ambos y tratar de ser feliz no sólo por mí, sino por ellos tres.
Saliendo del hospital, fuimos a un restaurant a tomar el almuerzo. Hablamos y bromeamos como lo hacíamos en algún momento. Verla de nuevo y sentir todo lo que siento por ella era horrible, y temía por nuestra felicidad. Quería darle la oportunidad y no solo por mi bienestar mental y sentimental.
En ocasiones se ponía seria, y me mataba que dejara de hablar porque me hacía pensar que quizás no estaba del todo segura de quererme de nuevo en su vida. Cosa que para nada permitiría, porque yo los quería a ellos tres en la mía.
La mañana se pasó volando con Sam, hasta que noté el cansancio en su mirada. Propuse irnos al departamento para descansar un rato, y si era posible dormir toda la tarde a su lado.
—Aún no sé cómo se lo diré a mi madre —argumenta. Yo ni siquiera la había tomado en cuenta. Y para ser honesto no me importaba.
—Ya hallaremos la forma, por lo pronto solo a descansar.
Aparco en el estacionamiento y ella baja primero mencionándome que no aguanta las ganas de hacer pis. Niego con la cabeza sonriendo y le digo que se adelante al apartamento. Cinco minutos después ya me encuentro saliendo del ascensor, y para mi jodida suerte Stephany se encuentra saliendo de ahí.
—Por lo menos hubieras levantado el puto móvil Clar. —Espeta molesta mirándome. —Ahora hasta hijos tendrán, que felicidad —responde con sarcasmo.
Me quedo pasmado y callado. Me pasa por un lado después de decir aquello y escucho cuando se cierran las puertas del ascensor. No me esfuerzo por tener que darle una explicación, porque para ser honesto a estas alturas lo que Steph piense de mi es lo que menos me importa.
Entro al apartamento buscando a Sam, y la visualizo mirando por el ventanal preguntándome en lo que habrán hablado. Ella vuelve la mirada hacia mí, una mirada dolida y temo por su respuesta.
—Yo no quiero interponerme en tus planes y en los de Steph.
¿Qué? ¡Joder!
—No es así... —me acerco a ella, pero me detiene.
—Se iban a ir Clar, ambos lo harían, formalizarían su relación viviendo juntos y yo no quiero ser un mal tercio en eso, si has decidido hacer tu vida con ella, adelante, cuando nazcan nuestros hijos los puedes ver cuando quieras.
Dicho eso último se encaminó al sofá tomando su bolso. Estaba loca si creía que yo la iba a dejar irse así nada más. La tomé del antebrazo y me miró furiosa.
—No te vas a ir —espeté molesto —esos bebés son tan míos como tuyos y no pienso dejar que vivan así. En todo caso cuando nazcan te los puedo quitar.
¡Joder, cállate Clar!
Me miró furiosa. Las pupilas se le oscurecieron y yo quería retractarme por la estupidez que había dicho.
—¡Pues entonces jamás los veras! —gritoneó.
Se soltó con brusquedad encaminándose a la puerta pero no le permití salir de ella.
—Si no te lo dije fue porque no quería que te enteraras aún.
—Pues gracias, siempre término enterándome por alguien más de tus estupideces. Y déjame salir, me quiero ir de aquí.
¿Estupideces? Por alguna razón el que Samadhi se pusiera de aquella forma me resultaba divertido. Pero en este momento no era el caso.
—No te vas a ir ¡Joder! Te quiero aquí —la tomo de las mejillas —, perdóname ¿vale? No volveré a ocultarte nada, te lo prometo. Sólo... démonos otra oportunidad, no solo por nosotros, sino por ellos.
Resistirme estaba de más. Besé sus labios. Un beso donde solo movíamos nuestros labios. La odiaba por querer irse de mi lado y llevarse consigo misma lo que ambos habíamos creado. La rodeé de la cintura y la encaminé al sofá recostándola en el mismo y me lo permitió. Comencé a tocarla y la dureza de mi entrepierna reaccionaba. Deseaba sentirla, sentir que sólo a mí me pertenecía, que solamente era mía porque yo solamente era suyo. Se había clavado en mi corazón y tenerla lejos sería imposible después de esto. Dejarla ir sabiendo que está embarazada y que en algún momento dará a luz a dos pequeños, me hacía imposible dejarla ir. Porque eran míos. Los tres eran míos y no los dejaría ir.
—No quiero sentir que te estoy forzando a estar conmigo. —Susurra con los ojos cerrados.
¿Forzarme? ¿A mí? ¡Jamás!
Paso mi lengua con delicadeza por su cuello y suelta un gemido. Miles de emociones pasaban por mis pensamientos, mi corazón y mi cuerpo.
—No lo haces, yo también quiero estar contigo —susurro besándole el cuello.
Quería perderme en ella como un loco. Quería olvidarme de todo y concentrarme solo en nosotros.
—Te amo Clar —dice con la voz entrecortada.
Y es que a pesar de toda esta mierda, yo también la amaba.
—Te amo Sol...
Estaba dispuesto a olvidarme de todo. De todo lo que haya pasado para que no afectara nuestro futuro. Estaba dispuesto a entregarme a ella de nuevo depositando hasta mi corazón con el suyo. La amaba. Joder, la amaba como un puto loco.
No lo pensé más. La levanté del sofá haciendo que me rodeara las caderas con sus piernas y la llevé a nuestra habitación. Nos perdimos uno con el otro haciendo el amor.
Sigo sentimental, porque Perfectos está por terminar 😥
GRACIAS por su apoyo incondicional ♥
PD: Perfección ya está totalmente escrito con capítulos extra de Clarence desde el principio que pronto subiré ♥.♥
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