CAPITULO 38
SAMADHI
Un pitido ensordecedor se adentró en mis oídos. Me sentía aturdida ante la noticia. ¿Embarazada? Sentía que me ahogaba ante sus palabras, y unas enormes ganas de vomitar aparecieron de nuevo. La doctora anunció que nos dejaría por un momento a solas, y antes de que saliera de la habitación Sara le preguntó:
—¿Cuántos meses tiene Sam, doctora Flores? —ella sonrió.
—Según el historial, está por aproximarse al primer trimestre del embarazo.
Sara asintió, y la doctora salió.
Tres meses, ¿pero, los síntomas? Los había sentido, no todos claro, pero las náuseas apenas si habían aparecido. Siempre fui una persona irregular en mi periodo, y no me extrañó que no llegara estos meses.
La respiración se iba de mi ¿Qué voy hacer? Apenas si cumplí los veintiún años y ya estaba en cinta. ¿Qué pasaría con mis sueños? Sabía que lo mío eran los negocios, y que mi madre me incluiría en ellos gracias a su marca de ropa, se suponía apoyaría con ello, haciendo marketing en la publicidad de los atuendos, haciendo muchas cosas, quería hacer tanto, me había decidido dejar California en cuanto me graduase, pero ahora... ahora ¿también haría eso?
—No sé qué decir —argumenta Sara tomándome de las manos —No sé si felicitarte o... ¿Cómo se lo dirás a Clar?
Clarence. Ni si quiera había pensado en Clar. ¿Cómo va a reaccionar? Si Clar ya no me quiere.
Me recuesto de nuevo en la cama. Me lastimo un poco al jalonear mi brazo donde yace una intravenosa que me inyecta suero. Niego y llevo ambas manos a mi rosto. ¿Qué voy hacer? ¿Qué le diré a mi mamá?
¡Joder! ¡¿Qué le diré a mi mamá?!
—No sé, no sé qué haré Sara —la miro con nostalgia.
¿Pero cómo sucedió? Un vago recuerdo surge de la nada, y sabía que no había sido así. Clarence no utilizó protección en más de una ocasión. Y mucho menos en aquella ocasión cuando estuvimos juntos por última vez.
Pongo ambas manos sobre mi vientre. ¡Dios mío! ¿Cómo es posible que ahora lleve cargando un bebé adentro? Sigo en shock, y Sara decide dejarme a solas, no sin antes comunicarme que no dejará pasar a nadie, ya que por mi expresión, lo mejor es dejarme sola. Se lo agradezco, y se marcha. La doctora Flores regresa después de un rato indicándome que en unas horas ya cuando amanezca podrán darme de alta y que lo preferible es ir con un ginecólogo para darle seguimiento a la pequeña semillita que llevo dentro. Me da el número de un buen especialista, Magda Flores, su hermana. Lo tomo y le agradezco.
¿Cómo se lo diré a mi madre? Es lo único que vuelvo a preguntarme. ¿Cómo se lo diré a Clarence sin que trate de mandarme a la mierda como en muchas otras ocasiones en las que lo estuve buscando?
Miles de pensamientos me estresaron. Quería irme a casa. Con miles y miles de pensamientos me quedé dormida por un rato.
Las yemas de unos dedos me acarician con ternura la frente. La mano de esa persona estaba congelada. Abrí los ojos lentamente para recibir a un par de pupilas oscuras y azuladas.
—Me has asustado —susurra. Mi corazón se estruja al escucharlo hablar. Me tomó de las manos y beso mis nudillos con delicadeza.
Lo miré a los ojos, los de él llenos de preocupación, y la imagen de un pequeño niño o niña de ojos azules apareció en mi mente. Suspiré, porque a pesar de mi jodida traición, y el haber dañado a Clar de la peor manera, ésta semillita que llevaba en mi vientre, se había creado con amor. Quería decírselo, pero no podía aún. No hasta que lo asimilara yo.
—Te amo Clar —le dije tomándolo de las manos dejando castos besos en los nudillos. Pero él solo suspiró, clavó la mirada en mis ojos, me soltó y huyo, no sin antes responderme.
—No puedo sentir lo mismo que tú.
Y ahí me encontraba yo, destrozada hasta el alma. Pero ya nada de eso me importó, pues llevaba a un pequeño creciendo en mi interior. Él no crecería solo, me tenía a mí y sería suficiente porque yo le daría amor por los dos si Clarence no lo quisiese.
Un par de horas más tarde, la doctora Flores entró de nuevo y me dio de alta. Me dio algunos consejos sobre el embarazo pero recalcando que fuera cuanto antes al consultorio de la Dra. Magda, su hermana. Asentí y Salí a la recepción donde me esperaban Sara y Lucas. Pregunté por Will pero solo dijeron que lo habían llevado a descansar a su apartamento. Al parecer obligándolo, pues primero quería verme y ellos no lo habían dejado.
Insistí a Sara y Lucas que solo me dejaran en la entrada del edificio. Me tomó una eternidad lograrlo pero ya me encontraba por salir del ascensor a mi piso. Al salir de él, un sonriente Brad me recibió.
—Espero no hayas dicho nada a mi madre —lo escruté con la mirada.
—Que gruñona eres Samadhi —me miró con ternura. A pesar de todo era mi hermanastro, y aunque no quería tener contacto con él, aparecía a cada rato —, por supuesto que no lo he hecho. Fui a verte pero tu querido Johnson me corrió.
—No me sorprende —le respondo y Brad se pone sonriente —. Ya sabe que fuiste tú quien mandó el video a mi móvil.
Levanta una bolsa que desprende un aroma a sushi. Al momento mi apetito llegó. Si bien no lo quería ver, pero el hambre y las ganas que tenia de no hacer nada, me hicieron declinar por dejarlo entrar.
Los dos nos adentramos a mi apartamento y en el pequeño comedor para cuatro personas, tomamos asiento. Hablamos de trivialidades y de cómo iba en el bufete de abogados de su padre Falco. No me interesaba mucho su plática. Mis pensamientos estaban en una personita que ya estaba creciendo dentro de mí, y aunque sabía que aún era demasiado joven para tener un hijo, de alguna manera tenía que asimilarlo.
—No lo sabes, pero... Sony y yo hemos arreglado nuestras diferencias, y decidimos no estar juntos —anunció.
Mi sonrisa de felicidad por él se agrandó. Y fue ahí donde comenzó a contarme sobre Hanna. El cómo se llevaba ambos y la buena compañía que se hacían al vivir con sentimientos encontrados. No quiso hablar del todo, por un momento hasta sentí que omitió partes de él y Hanna, pero tampoco quise preguntar, pues sentía que lo incomodaría con ello. Y lo que menos quería, era incomodar.
—Hanna me ayudó mucho, ambos nos ayudábamos en realidad —dio un suspiro —. Pero bueno, el caso es que Sony y yo hemos decidido dejar todo por la paz, así que...
Al terminar de cenar vimos una película en la televisión, y después de un rato Brad volvió a su departamento. Su comportamiento era diferente. Sentía que quería apegarse más a mi y eso no me gustó. Eramos hermanastros y de ahí no pasaría a más, mucho menos ahora que yo estaba embarazada de Clar.
Embarazada.
En cuanto se fue, volví a quedarme sola, y no solo quedarme, si no a sentirme sola. Decido ir a la habitación y dormir, el golpe en la cabeza y las puntadas que me tuvieron que poner en la frente, hacen que mi sueño aparezca cada cierto tiempo. Miro al techo y me quedo pensando ¿Cómo rayos le diré a Clar?
No tenía ni la más mínima idea sobre ello. Aún me encontraba en shock y no quería creer que estuviese embarazada de él. Quería que fuera un sueño, no quería que él pensara que lo había hecho a propósito para quedarme con él.
(***)
Estaba soñando. Un sueño tan real, que por un momento al entreabrir los ojos, logré ver la silueta de alguien más frente a mi cama. Me cubrí la cara hasta el rostro, pero después de unos minutos cuando volví a quitar las sabanas de mi cara, la silueta ya no estaba.
Comencé a hiperventilar. Sentía un calor horrible en mis mejillas y lo siguiente que hice fue salir de mi habitación para dirigirme al baño de mi piso. Me miré al espejo y quité la venda que llevaba puesta en la frente. Limpié con cuidado el área donde yacían las puntadas y después, me metí a bañar.
En algún momento tenía que agendar esa cita con la doctora Flores, y para ser honesta no quería hacerlo sin Clar.
Después de salir de la ducha, llamé a Sara, quería pedirle su opinión.
—Tienes que decírselo Sam, en algún momento se te notará —contesta al otro lado de la línea.
—Tengo miedo de su reacción, no quiero que nos rechace Sara —respondo con pesadez.
—Dudo mucho que lo haga, ¡Por Dios! él todavía te ama. Tienes que decírselo Sam, por favor no le des vueltas porque si no se lo dices tú, se lo diré a Lucas y te aseguro a que él irá de niñita chismosa.
Me causa gracia su último comentario. Le digo que lo pensaré. Todavía ni siquiera lo he asimilado. Tenía que aclarar mi mente para poder soltarle algo como eso a Clar, así que llamé a la doctora Flores y agendé la cita.
Afortunadamente tenia disponible el lunes después de mediodía, así que saliendo de la universidad es cuando iría. Faltaría al trabajo, pero dejándole un mensaje a Magenta quizás lo arreglaría.
Estaba sentada esperando en una sala amplia de paredes blancas. Los muebles y la recepción eran modernos y del mismo color. Estaba nerviosa. Sara se encontraba a mi lado tomándome de la mano y se quejaba a cada rato diciéndome que estaba sudorosa.
—Me siento más nerviosa que tú —argumenta Sara mirando al pasillo de donde salía una enfermera indicando quien era el siguiente.
Se me hizo un nudo en la garganta al ver a las mujeres embarazadas con sus parejas, y me arrepentí.
—Vámonos —ordené.
Sara me miró desconcertada por mi acción. La tomé de la mano y la arrastré al estacionamiento donde se encontraba aparcado su coche.
—Sam, faltaba poco para que siguieras tú.
Los ojos se me llenaron de agua. Quería llorar, no quería visitar al médico sin Clar.
—No puedo Sara, lo necesito a él conmigo, quiero que veamos juntos a nuestro bebé en el ultrasonido — sollozo.
Sara me mira con ternura y me estrecha a su pecho en un abrazo fraternal. Comienzo a sollozar y estoy decidida a decírselo a Clar. En algún momento se enteraría. Que más daba si se enterase ya.
—Vayamos Sam, aunque sea para un chequeo de rutina, ¿Vale?
A duras penas asentí. .
La doctora Flores nos pasó al consultorio, era una señora parecida a su hermana, alta y castaña. Le comentamos que aún no queríamos un ultrasonido, que para ello lo haríamos la próxima cita y solo se limitó a revisarme a mí. Mi peso y demás estaban bien, sólo me ordenó que no dejara de alimentarme bien para la próxima revisión.
El siguiente chequeo sería dentro de una semana, y lo tomé como tiempo límite para darle la noticia a Clar.
(***)
Ya estaba decidido. Mi madre ya estaba de regreso. Le había dicho que estaría ocupada con tareas pendientes y que necesitaba tiempo para hacerlas. En la universidad, era mi último año ya, así que tenía que planear como sobrellevar mi vida después de que la semillita creciera.
Pronto cumpliría tres meses de embarazo, y seguramente la barriga se comenzaría a notar después. Los nervios me mataban. Y es que a pesar de que éste último mes ha sido un caos, las llaves de la pequeña casita en la playa seguían en mi posesión, y era ahí donde había decidido soltarle la noticia.
Clar y yo no habíamos vuelto hablar después del accidente. Lo cual agradecía, ya que necesitaba pensar en cómo se lo diría. Encontrar la manera de decirle que dentro de mí crecía una pequeña semillita creada por los dos.
Lo había citado aquí. Hace una semana había visitado a la doctora Flores y me había entregado los resultados de nuevo. Y ahora, ahora me encontraba aquí para decírselo a la persona que me odiaba con el alma. A la persona que había traicionado. No sólo su amor por mí, sino su confianza. Recordar todo aquello me asqueaba. Sobre todo hacia mí misma por haberlo hecho. Por haber dejado que alguien a quien no quería, tocara mi cuerpo como si nada.
El reloj marcaba las ocho en punto. Lo había citado a las nueve. Había traído algo para cenar, pero sabía que cuando él llegara, mi apetito y el de la semillita se esfumarían así nada más.
Escuché el rugir de un motor. Al momento me paré del sofá y por la ventana visualicé a Clar. Se veía tan bien con un pantalón en color beige y camisa blanca desabotonada. El viento cálido le removía su cabello ondulado y alborotado. Lucía sexy hasta por la forma en la que caminaba.
Me puse nerviosa. Él no sabía que había terminado mi relación con Álvaro. La única que estaba al tanto de todo era Sara, pero sabía de sobra que ella no diría nada.
Abrió la puerta, y al entrar me vio parada a un lado de la ventana. La mirada se le oscureció con sólo verme. Me miró por un breve instante, después de eso tomó asiento en el sofá.
—¿Y bien? —pregunta con un tono de voz neutro. Tratando de controlar seguramente las emociones que lleva dentro.
Me acerco a él sentándome a su lado, y éste se remueve en su asiento mirándome extraño.
—Tengo algo que decirte —anuncio. Hace un gesto de desagrado y asiente.
—Si, por eso es que estoy aquí Sam.
Su tono seco me oprime el pecho, y me aguanto las ganas de querer abalanzarme hacia él para plantarle miles de besos. El cabello le cae con sensualidad en la frente, su piel bronceada luce radiante y sus labios hacen que quiera besarle. Respiro profundo y trago duro.
—Primero que nada, Álvaro y yo hemos dejado de salir.
—Ve al grano, ¿quieres? Tengo pendien...
—¡Estoy embarazada! —exclamo.
Cubro mis ojos con ambas manos sin esperar la respuesta de Clar. Quito una y estiro la mano para darle la hoja de laboratorio donde indica que lo estoy. La toma, y cuando lo hace vuelvo a cubrir mis ojos con ambas manos.
Le doy un tiempo. Un tiempo que me sabe infinito porque no dice nada. Ni siquiera dice palabra alguna. Mis nervios vuelven aflorar y quiero salir corriendo. Quiero subir a mi coche y huir si es posible del país para no ver su rostro que seguramente está inexpresivo en estos momentos.
—¿Desde cuándo lo sabes Sam? —pregunta con voz grave haciendo que me sobresalte por lo cerca que está. Pues siento su aliento fresco en mi cara.
—El día del accidente fue que me enteré.
—¿Y apenas se te ocurre decírmelo ahora? —espeta molesto.
Quita mis manos de los ojos, haciendo que lo mire. Y lo hago, pero lo que vi en su mirada me asustó y me enfureció al mismo tiempo. ¿Cómo quería que se lo dijera si apenas podía mirarme? Además, ni siquiera lo había asimilado yo. Aun no asimilaba el hecho que estaba embarazada de alguien que ya no me quería. Que mis sueños estaban rotos y que posiblemente tardaría en recuperarlos. Nueve meses o más para ser exactos.
—¡Pues yo no soy la que anda de negada Clar! —le contesto.
Se levanta del sofá. Da algunos pasos mientras masajea sus sienes. Algo que había notado hacia cuando algo no le gustaba o le molestaba tanto.
No decía nada. Dejó la hoja de laboratorio en el sofá y después, recargó los brazos en el respaldo del mismo.
—El que vayamos a tener un hijo, no quiere decir que regresaré contigo Sam —comenzó hablar, y mi corazón se partió en mil pedazos —, es... es algo inesperado. Y tengo mucho que pensar.
Se acercó a mí. Me besó la frente, para después de unos segundos retirarse del lugar. Minutos después escuché el rugir del motor nuevamente, solo para darme cuenta que estaba sola.
Me recosté en el cómodo sofá, y gracias a las hormonas, o por lo que me había dicho Clar, fue que comencé a llorar.
¡No puedo creer que estemos a nada de llegar al final! 😭😭😭
Gracias mis Perfeccionistas, por dale la oportunidad a esta novela :')
LES AMO MILLONES ♥
PD: ¿Qué les parecería Perfección en físico? Porque créanme que me ando moviendo para lograrlo. USTEDES MERECEN ESO Y MUCHISIMO MÁS ♥
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