CAPITULO 19
CLARENCE
Las palabras de Stephany retumbaban una, y otra, y otra vez en mi mente. Me lo había confesado. Me había confesado eso que en algún momento le había dejado en claro no podía sentir. Ella se había enamorado de mí...
Me encontraba en la oficina a punto de salir. Ya estábamos a sábado y tenía que ir a recoger a Samadhi a casa de su madre para llevar sus cosas al apartamento. Estaba entusiasmado por ello. Lucas y yo habíamos terminado las reuniones y él había decidido irse primero. Sin embargo, lo que no esperaba era ver entrar a Stephany por esa puerta.
—¿Qué haces aquí Steph?
—Te invito a cenar Clar — anunció sonriente. Hice una mueca cuando agaché la mirada para recoger mis pertenencias —¡Vamos! Una cena y ya, no creo que se enoje Sam, es por negocios, ya lo verás.
Lo pensé una eternidad, y gracias a ese sentimiento de culpa que sentía hacia ella fue que accedí. Le pregunté si traía su coche y respondió con un sí. Los dos quedamos en un restaurante cerca de la oficina, y para mi mala suerte Ladera se encontraba ahí.
—¡Johnson, vaya sorpresa! — saludó sonriente —Hola belleza. — Stephany lo saludó. Y yo apenas si le respondí articulando su apellido —Vaya, que bueno que estas aquí, sabes, he pasado a comprar uno de los postres que tanto le gustan a Sam.
La sangre me hirvió. Sabía que el estar aquí con Steph no traería consigo nada bueno. Después de eso Christopher se fue, y una inquietud se adentró en mí. Seguramente se aprovecharía de la situación, y fue así. Traté que la cena con Steph fuese rápida, pero su confesión al decirme que estaba enamorada de mí, la puso en tensión. Y como era de esperarse, mi rechazo hacia ella no pudo faltar. Le dejé en claro que estaba por vivir con Sam.
—Ella te va a lastimar Clar, apenas si tiene veinte años, seguramente las dudas de querer vivir contigo no van a faltar.
Negué con la mirada, y traté de terminar tan rápido la cena antes de que soltara más veneno hacia mi...
Samadhi miraba por la ventana, y después de un rato cerró los ojos quedándose dormida. Se le veía preocupada, o tal vez pensativa. Y esperaba con el alma que no estuviese dudando de vivir conmigo. Pues las palabras crudas de hace un momento mencionándome que no estaba del todo segura me oprimieron el pecho. Yo estaba seguro de lo que quería. Quería tenerla a mi lado, de eso no me cabía la menor duda, pero... ¿Y si ella, ya no quería? Stephany tendría toda la razón.
—Siento tú mirada Clar.
Suelto una carcajada cuando vuelvo la mirada a la carretera.
—Me has atrapado — respondo, y miro de reojo como Sam abre los ojos.
Me desvío del camino.
—¿A dónde vamos? — pregunta asombrada.
—A nuestra pequeña casa.
— Y... ¿por qué fuiste a cenar con Stephany — pregunta. No quería mentirle, pero no podía decirle eso, no aún cuando apenas estaba yendo conmigo a vivir. Así que me limité a decirle que sólo habíamos hablado del proyecto hotelero que Deep Constructions Inc. tendría con la empresa de su padre.
Ella enarca una ceja y se vuelve a recostar en el asiento sin preguntar más. Me quedo divagando en mis pensamientos. No he hablado con William en todo el día, y no porque estuviese yo ocupado, si no que él no responde mis llamadas. Cojo el camino corto a la casita frente a la playa y repaso mi día. Después de que fui a dejar a Samadhi a casa me dirigí al lugar donde le había comprado el dije de una libélula, pues días atrás había llamado para ordenar otro, pero completamente diferente. Este sería nuestro, sería de ambos y significaría muchísimo más que el dije que le habían robado.
Recordé a Falco, y mi mente repasó lo que me había contado hace apenas un rato. Aún no encontraban rastro de las personas que se habían metido a robar aquel día en casa de Sam. Lo que me sorprendió fue que me lo hubiese contado a mí, y no a Charlize o a Sam. Sin embargo, se lo agradecía.
Al llegar, estacioné el deportivo sobre la arena y bajándome del mismo me dirigí a la puerta del copiloto donde yacía Sam. Abrí la misma y la brisa fresca nos calaba profundo.
—Despierta bella durmiente, hemos llegado — Acaricié su mejilla e hizo ese gesto gracioso que hace cuando la estoy molestando. Solté una risa.
A duras penas bajó y nos encaminamos a la entrada. La llave no la dejaba más en la ventana, ahora la llevaba conmigo. Abrí la puerta y nos adentramos.
—Primero las damas, después tú Sam.
Me lanzó una mirada juguetona pero de pocos amigos, y no pude evitar reírme.
—Eres un imbécil.
Nos adentramos a la casa. Encendí las luces y saqué de mi abrigo una pequeña caja roja. La abrí, y al girarse Samadhi me miró enarcando una ceja. Vio el contenido y esbozó una sonrisa radiante. Mi corazón palpito tanto que comencé a sentirme sofocado.
—Date la vuelta — le ordeno. Y al momento, obedeció.
Se giró dándome la espalda. Hizo el cabello a un lado y como si yo fuese un drogadicto, aspiré su aroma embriagador. Me volvía loco. Siempre hermosa, siempre oliendo fresco y a rosas. Le acaricié el cuello antes de ponerle el dije de una delicada libélula bañada en oro con un pequeño diamante color azul. Ese color era nuestro, era de los dos. Representaba lo que éramos estando juntos, representaba lo que nos unía aquella noche en la playa donde mis sentimientos por ella comenzaron aflorar. Ahora lo podía ver con más claridad, y es que el haber aceptado a Samadhi como el amor de mi vida, no lo podía dejar pasar. Era la perfección que le hacía falta a mi corazón.
—Esta hermoso Clar.
Se giró hacia mí alzando sus brazos a mi cuello y plantándome un delicioso beso. Suspiré. ¡Joder! ¿Así se sentía? ¿Así se sentía amar con el alma? ¿Estar enamorado? La alcé a mis brazos y la recosté en el sofá dejándome llevar por sus caricias. Estaba dispuesto a entregarme a ella en cuerpo y alma, mi corazón le pertenecía, ella tenía el poder de hacer feliz e infeliz mi vida...
(***)
Sentí los dedos de Sam jugueteando con mi cabello. En ocasiones lo estiraba, y otras veces simplemente me masajeaba. La tenía rodeada por uno de mis brazos, y una de mis piernas enlazadas a las de ella. Me fascinaba tenerla cerca, aspirar su aroma y saber que su cuerpo me pertenecía solamente a mí. Di un suspiro aún con los ojos cerrados. El masaje que Samadhi me estaba dando en la cabeza era delicioso y relajado. Sabía que lo hacía solamente para despertarme, seguramente Samadhi tenía hambre.
—¡Clar! Ya despierta, me muero de hambre — esbocé una sonrisa y a duras penas abrí los ojos.
Los dos estábamos recostados en el sofá cama que yacía en la estancia de la pequeña casa. Sin pensarlo la tomé de la cintura y la coloqué encima de mi amigo que ya se encontraba atento y despierto. Samadhi mordió su labio con toda la intención de provocarme, y sin duda lo logró.
—Alguien está contento — proclamó. La mirada lasciva de Sam provocó en mi las ganas de querer volver hacerle el amor tal y como lo habíamos hecho el día de ayer.
—¿Me estas provocando? — pregunto.
Sin pensármelo dos veces tiro de su cabello cerrándolo en mi puño izquierdo, abalanzo su cabeza hasta mí para posicionar mis labios en su cuello. Dejo un reguero de ellos sobre el mismo hasta llegar a la superficie de sus senos. Me trae como un jodido loco que no puede saciar su adicción con sólo un poco. Sam comienza a reírse y me saca del trance de placer que es para mí su cuerpo.
—¡Me haces cosquillas Clar!
—Inoportuna como siempre Sam — le hago saber dejándole un casto beso en los labios.
Los dos nos levantamos. Cambiamos nuestra ropa, tomamos nuestras partencias y nos vamos. Antes de subir al coche estrecho mi mano a la de Samadhi poniendo la llave en la palma de su mano.
—Toma — una sonrisa radiante salió de sus labios —puedes venir aquí cuantas veces quieras. Es nuestra.
Se abalanza sobre mí dándome un beso. Después, nos adentramos al coche para ir de regreso a nuestro apartamento. Mi cuerpo irradiaba felicidad hasta por los poros. No quería sofocar a Sam siendo con ella una persona posesiva, pero me jodía la idea que alguien más le rondase encima.
—¿En qué piensas? — pregunta y siento su mirada dulce sobre mi rostro. La tomo de la mano y beso sus nudillos con delicadeza, que por el frío, están congelados.
—En lo bien que nos vemos juntos — respondo —Sobre todo yo, por lo guapo que soy.
Suelta una carcajada que me contagia.
—Un día se va a poner de moda el ser imbécil — argumenta con gracia en sus palabras sarcásticas.
—¿A sí?
—Si, y no creo que estés listo para un Oscar, Clarence.
¡Joder! Me ha pillado y me deja callado. Con la mirada fija al frente me burlo de su sarcasmo. De reojo miro su cara de satisfacción por haberme ganado, pero en algún momento me las cobraría. Lo que resta del camino siento su mirada y me pongo nervioso. Samadhi me pone nervioso con tan sólo mirarme, como si tuviese el poder sobre mí.
Decidimos parar en una cafetería para desayunar. Nos adentramos a ella y al pedir la orden Samadhi comienza hablar. Nos dedicamos a conversar sobre donde la pasaremos en navidad, cómo y con quienes. También, me pide que por favor vayamos a casa de su padre para decirle que habíamos comenzado a vivir juntos. Los nervios que siento ante aquello, nunca los había sentido. Es como si le estuviese pidiendo permiso a su padre de que Samadhi viva conmigo. Lo cual no es problema, pero para ser sincero, el conocer al padre de Sam, me daba un poquito de miedo. Y sin dudarlo, se lo hago saber.
—¡Por Dios Clar! — exclama burlándose de mí. —Mi padre es un amor de persona, créeme, creo que la intensa es mi madre. – le da un sorbo al jugo de naranja que yace en su mano derecha.
—Aun así, que nervios. Sabes, Lucas está por pedirle matrimonio a Sara.
Su mirada de sorpresa me da gracia y hace que le dé un casto beso sobre la comisura de sus labios. ¡Dios mío! Su expresión es adorable.
—Vaya eso es... es...
—¿Una locura? — inquiero —Pienso igual, pero son nuestros amigos, así que no nos queda de otra más que apoyar.
Por un momento Samadhi se pone seria, pero prosigue a desayunar.
(***)
Nuestra rutina era la misma. De lunes a viernes Samadhi iba a la universidad, después al trabajo y al final, a casa conmigo. Habíamos regresado al día siguiente de que se marchara a casa de su madre por el coche, pues ella seguía negándose a que yo la llevara a todas las vueltas que tuviese que hacer durante el día. Sabía que era independiente, por lo mismo decidí no interponerme ante aquello. Sin embargo, a cada hora le estaba llamando, eso sí no me lo podía impedir.
Vivir con Samadhi era perfecto. Nosotros somos Perfectos juntos. Me fascina abrir los ojos al despertar, y darme cuenta que lo primero que los mismos ven, es a ella. Relajada, dormida y como siempre bella. Siempre sería la perfección andante en mi cabeza...
Estábamos a mediados de diciembre, a una semana de llegar a navidad, y la nostalgia en la que estábamos sumidos comenzó aparecer, pero después de la noticia que me brindaba Samadhi...
—¿Estás listo Clar? — pregunta Sam estrechando una pequeña caja entre mis manos. Tomo asiento en la cama y le pregunto.
—¿Qué es...
—¡Ábrelo! — exclama con seriedad en su voz.
Abro la caja con lentitud y diviso una tira de plástico en color blanco y azul. Sé lo que es, y el nerviosismo comienza aparecer. Es una prueba de embarazo. Lo había olvidado. Por un momento había olvidado la sensación de ese sentimiento extraño si me enterase que sería padre. En algún momento me gustaría, claro, pero en estos momentos no era para nada grato. Con nerviosismo diviso la pequeña pantalla donde dice...
—Clar, no estamos embarazados.
Interrumpe. Samadhi se abalanza sobre mí rodeándome el cuello con sus brazos. Toma con fiereza mis labios y el deseo que siento por ella me hace gruñir. Me tira del pelo enredado entre sus manos.
—Vaya susto que me has dado — susurro en sus labios con la voz entre cortada y los ojos cerrados disfrutando de su apasionado beso. Me gusta cuando ella está al mando.
—No deberíamos aún...
Me importa una mierda lo que me dice y tiro de ella colocándome entre sus piernas frotando mi intimidad con la suya. Deseo darle todo mi amor. Le beso el cuello que desprende ese delicioso aroma a rosas frescas, suelta un gemido cuando lo hago, me había dado cuenta que ese era su punto débil, el punto que le provocaba el deseo de querer hacer el amor. Pero desafortunadamente mi móvil sonó. Trato de dejarlo pasar sumido y perdido en el cuerpo de Sam, pero ella se niega.
—Puede ser algo importante Clar —masculla.
A duras penas me separo de ella. Trato de controlar la respiración agitada, y en cuanto me recupero un poco, estiro el brazo tomando el móvil y respondo sin saber quién llama.
—Johnson — digo tajante. Incluso mucho más de cómo debía responder.
—Clarence, habla Stephany...
¡Joder!
Me levanto de la cama y con una seña le indico a Samadhi que regreso en un momento. Salgo de nuestra habitación y me dirijo hasta mi despacho dejando la puerta entre abierta.
—¿Si, dime Stephany, en que te puedo ayudar?
—Mi padre ha organizado un evento benéfico y quería invitarte.
—¿Y era necesario llamar a esta hora Steph? — pregunto mirando el reloj marcando las diez de la noche.
—No seas aguafiestas Clar, si quieres trae a tu novia Sam.
—Ya me lo había comentado tú padre Stephany, no era necesario que me llamaras — respondo tajante —, pero claro, ahí estaré con mi novia.
—Perfecto.
Dicho eso último, ni siquiera me tomo el tiempo de despedirme y cuelgo la llamada.
Me quedo un rato revisando correos pendientes para deshacerme de ellos y evitar a toda costa alguna interrupción en éste fin de semana, y cuando por fin termino me encamino a la habitación con Samadhi. Entro a ella y veo que se ha quedado dormida como acostumbra, boca abajo y abrazada a una almohada. Trae puesta un pijama de conejitos que la hace ver adorable ante mí mirada lasciva por ella, y vuelve a mí cada vez más intenso ese sentimiento de perderla, de perder a Samadhi. De que alguien más venga y se la quiera llevar a la fuerza.
Me acerco a ella con cautela y me recuesto a un lado. La estrecho en mis brazos y se acomoda a mi agarre dándome las espaldas. Aspiro el aroma de su pelo y lo único que quiero es tenerla aquí conmigo, es ésta burbuja donde sólo nosotros dos existimos.
¡Hola hola mis perfeccionistas!
¿Les ha gustado? Un capitulo tranquilo... por el momento 👀.
Clarence Johnson en la imagen 🤤
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