CAPITULO 18


SAMADHI





Abro los ojos lentamente, dejando entrar a mis pupilas la luz de la mañana que entra por la ventana. Los brazos de Clarence rodean mi cintura y me abrazan pegándome más a él. Me da gracia que, cada vez que despierto a lado de Clar, una de sus piernas se enreda con las mías, como si no me quisiera soltar de él. En ocasiones despierto por las noches sólo para contemplarlo y verlo dormir plácidamente, y me doy cuenta que no puedo vivir sin él.

No quiero despertarlo, así que decido levantarme de la cama sigilosamente para tomar una ducha antes de regresar a casa. Aún tengo una plática pendiente con mi madre sobre su futuro matrimonio con Falco, y el hablar con ella sobre vivir con Clar. Aún no puedo creer que le haya dado la noticia así nada más, y enfrente de los demás. Estaba más que claro que la perfeccionista que un día se encontraba en mi había desaparecido. Me había convertido en una persona más realista.

Me meto a la ducha dejando salir el agua tibia. El día de hoy está mucho más fresco que los demás, y las ganas que tengo de quedarme con Clar todo el día en la cama aparecen de lleno. Sin embargo, tengo cosas que aclarar con mi madre antes de que empaque mis cosas y venga a mudarme con Clarence. Siento que la manera de decírselo a mi madre no fue la mejor, de hecho hasta cierto punto siento que fue inmaduro de mi parte haberle soltado tal noticia nada más por haber estado molesta con ella por su futuro matrimonio, pero lo hecho, hecho estaba.

Salgo de la ducha y lo primero que hago es buscar ropa interior de Clar. Como aún no he traído mi ropa, no me queda de otra que vestirme con la suya. Tomo unos pantalones de chándal y una remera en color negro. Lo que no pensé por ningún momento fue haber traído mis zapatillas deportivas, así que sólo andaría en las pantuflas cómodas de Clar. Me miré al espejo completo que yacía frente al vestidor y me comencé a reír por lo que llevaba puesto.

—Te verías hermosa hasta con ropa de vagabundo — suelto una carcajada ante su comentario. Me giro y lo abrazo.

—No diría lo mismo de ti.

Me alzo sobre él y me toma de las sentaderas mientras enrosco mis piernas a sus caderas. Toma asiento en la orilla de la cama conmigo sobre él. Estar de esa manera me provoca un cosquilleo en el vientre, y lo único que quiero es volver a sentir la sensación placentera de ayer al estar él dentro de mí. Recordarlo hace que me muerda el labio inferior inconscientemente.

—¿En qué piensas? — pregunta Clar esbozando una sonrisa picarona. Pero entonces me cae el veinte como un balde de agua fría.

—No usamos protección — le digo con un tono preocupado.

—¡Joder! — exclama.

Los dos enlazamos miradas y después nos recostamos en la cama nuevamente pensando en las consecuencias que pudiese traer nuestra irresponsabilidad, y me veo en la necesidad de mandarle a Sara un mensaje de texto para decirle que me dé una pastilla del día después. Éste día iría a mi casa por la tarde. Si bien esas pastillas no son un cien por ciento efectivas, pero en estos momentos no le veía otra manera para tratar de reparar antes de tiempo nuestra irresponsabilidad.

—No estaría mal una Mini Sam, o un Mini Yo — lo escrudiño con la mirada ante su comentario. —Está bien, retiro lo dicho. — se carcajea por mi expresión y sigue hablando —Todo estará bien Sam.

Acaricia mi mejilla y me deja un beso en la frente. Suspiro y me levanto de la cama para dirigirme a la cocina. Escucho cuando Clar abre el grifo de la ducha, mientras yo visualizo que puedo preparar de desayuno. Me quedo pensando, y sólo espero que no haya consecuencias. Si mi madre ya estaba por matarme al irme así nada más de la casa, ahora que había sucedido esto sería lo peor. Clarence ya tenía prácticamente todo lo que había deseado. ¿Pero yo? ¡Mierda, yo no!

—Ya deja de atormentarte Sam, todo estará bien — el aroma fresco de la fragancia de Clar me despierta de mis pensamientos negativos.

Yo no era una persona negativa, y ésta no sería una excepción. Asiento y me giro hacia él para darle un casto beso. Clarence me ayuda a terminar de hacer el desayuno, y nos disponemos a comer los dos en el pequeño comedor. Hablamos de lo que haremos durante el día. Por ser sábado decidimos que hoy en la noche pasará por mí para traer algo de mi ropa al apartamento. Pero después de hablarlo con mejor claridad, decidimos que lo mejor es instalarme aquí hoy por completo.

Al terminar cepillo mis dientes y los dos, después de recoger el desastre en la cocina nos encaminamos al estacionamiento. Al llegar al mismo nos adentramos al coche y el cosquilleo de las escenas placenteras de la madrugada vuelve a mí y siento la electricidad que emanan nuestros cuerpos, pues las ganas y el deseo permanecen en Clar y en mí.

En menos de una hora ya estamos en la acera de mi casa. Los nervios que siento hacen que me olvide de todo.

—¿Segura que no quieres que te haga compañía? — pregunta Clar.

—Segura. Esto es algo que tengo que hablar primero con mi madre. — Clar asiente y baja del coche para abrirme la puerta del mismo —Y sí, sé que todo estará bien.

Me toma de la cintura y yo rodeo mis brazos a su cuello para darle un beso. El sentimiento de amor que siento por Clar me oprime el pecho, y me vuelvo hacer la misma pregunta una, y otra, y otra vez... ¿Es posible amar de ésta manera a alguien?

—En la noche paso por ti — anuncia con la respiración entre cortada.

—Te estaré esperando.

Me suelta de su agarre y yo me encamino a la puerta principal. Clar espera a que entre a casa y después de unos segundos se va.

Estoy frente a la puerta de la que muy pronto ya no será mi casa y abro la perilla de la misma. Entro y mi madre se encuentra en la estancia sentada en el sofá blanco. Trago duro al verla en una posición seria. Me intimida con la mirada, pero mi acción ya estaba hecha y no podía echarme para atrás.

—Toma asiento Sam — dice mi madre con un tono seco en su voz, y al momento, sin pensarlo, tomo asiento.

La mirada verde se le ve cansada seguramente por haberse desvelado el día de ayer. Pero para ser honesta, también desprende un brillo de felicidad en ella.

—¿Por qué no quieres que me case con Falco, hija? — articula su primer pregunta. La primera seguramente de tantas.

—Discúlpame madre, pero me tomaste por sorpresa — respondo.

—Creí que Falco te caía bien Sam.

—¡Por supuesto que me cae bien! — exclamo. —Solo, sólo fue algo inesperado y ya.

—Entonces... ¿lo aceptas?

—Si madre, si es lo que te hace feliz yo estoy contigo — le hago saber. Ella asiente y esboza una sonrisa.

—Hija, no puedo permitir que te vayas a vivir con Clar así nada más.

Estoy segura que mi rostro en este momento es un poema.

—Creo que tengo la edad suficiente para decidir por mí misma madre.

—Hija, no cometas mis errores de vivir en unión libre...

—¡Madre! — exclamo —Respeta mi decisión así como yo he respetado la tuya.

Me levanto del sofá dirigiéndome a las escaleras, y cuando estoy por subir la primera mi madre vuelve hablar.

—¡Estas despedida!

Me paro es seco. ¿De verdad lo ha hecho? ¿De verdad me ha despedido? Mi sangre hierve justo en este momento que lo único que quiero es salir corriendo de éste lugar. Doy media vuelta para mirarla a los ojos.

—Si es lo que quieres madre — suspira resignada y niega.

—No, no es lo que quiero pero no me dejas otra opción. Yo viví en unión libre con tu padre por un buen de tiempo hasta casarnos y mira como hemos terminado. Deberías de tomarte un tiempo hija, de conocer mucho mejor a Clar. La vida de ya sea en unión libre o juntos te hace conocer más a fondo a las personas, inclusive ves hasta el más mínimo defecto en ellas y muchas veces al final, buscas la más mínima excusa por terminar.

Sé que lo que dice es por mi bien. Sin embargo, es algo que yo ya decidí hacer.

—Madre, eso no quiere decir que voy a terminar igual que tú y papá. —Da un suspiro, y reasignada responde.

—Bien, tal vez no, sólo te quiero advertir de cualquier cosa hija.

—Yo me sé cuidar sola madre, y si ya no me quieres en la ofic...

—Olvida eso que dije, obviamente quiero que estés ahí, es sólo que... quería tenerte un poco más de tiempo conmigo.

—Y me tendrás, a su momento.

Ella asiente y subo por las escaleras para empacar algo de ropa en algunas maletas. Después de un rato que no calculo, Sara llega. Me ayuda a empacar algunas cosas y me recrimina mi falta de responsabilidad. Culpa a Clar. Pero la verdad es que la culpa es de los dos.

—Menos mal que ya la tomaste, no es un cien por cierto efectiva pero esperemos te ayude — argumenta Sara quien dobla algunos atuendos —Deberías optar por la píldora Sam, es la que yo usualmente uso.

Sara, como era de esperarse, tiene razón. Ella es algunos años mayor que yo, y debido a su experiencia con lo que respecta a esos temas, es que sé que tengo que ser mucho más precavida con ello. Por otro lado, no descarto el visitar algún ginecólogo para tratar ese tema.


(***)


Las horas se habían pasado volando. La mayor parte de mi armario estaba vacío y sólo había dejado algunos atuendos a la vista para los días en los que aún estaría aquí. Mi madre había subido hace una hora para decirme que ella y Falco saldrían por un momento para comenzar los detalles de la boda, y con un deje dubitativo en su voz, nos pidió ayuda a Sara y a mí. Asentí a la brevedad. Sin siquiera reprochar algo con lo que respecta a su boda, pues viéndolo desde otra perspectiva, me alegraba que mi madre fuese feliz con alguien el resto de su vida.

Volví a ducharme con agua tibia para quitarme el bochorno que sentía por estar empacando caja tras caja y maletas.

—¡Estoy exhausta! — exclama Sara recostándose a espaldas en la cama mirando su reloj de mano —Bueno, menos mal ya vendrán por nosotras, odio que Lucas ahora deba tener contacto con la serpiente venenosa de Stephany.

Vuelvo la mirada hacia Sara sorprendida por lo que ha dicho.

—¿Por qué tendría contacto con ella? —pregunto.

—Si, Lucas y Clarence han firmado un proyecto con Stephany y su padre para la construcción de un hotel en no sé dónde.

Miles de pensamientos pasan por mi mente. Pero el principal es por qué Clar no me ha comentado nada de eso. Sabía que en ocasiones ambos separábamos lo laboral con nuestra vida personal, sin embargo, sentía que yo le contaba hasta las veces que había ido al baño durante mi día.

—¿Crees que sea buena idea Sara? —ella me mira con asombro a la pregunta que había redactado.

—¿De vivir con Clar? — asiento con un movimiento —Sam, muchas veces es mejor tropezar que nunca haberlo hecho ¿no crees?

—Ni siquiera sabía lo de Stephany —confirmo.

—Bueno, pues es algo de lo que apenas si me acabo de enterar ayer, no culpes a Clar, seguramente no quiso arruinar la noche contándote algo como eso.

Bueno, Sara tenía razón. Esperaría a que él me lo dijera. Le digo que tiene razón y seguimos con lo nuestro.

Miro el reloj en mi muñeca marcando las siete más treinta de la noche. Clar me manda un mensaje donde me dice se retrasará un poco, pero no lo respondo. Sara ya se ha ido hace media hora cuando Lucas pasó por ella, y yo me dispuse a bajar a la primera planta para esperar a Clar. Camino al patio trasero y un escalofrío recorre mi espina dorsal. Sé que está ahí. Miro entre los arbustos traseros, pero prefiero volver dentro de la casa y no exponerme del todo mientras llega Clar.

Escucho llegar un coche fuera de la casa, y espero a que alguien toque la puerta principal de afuera, y para mi sorpresa, lo hacen. Sin embargo, estoy segura que no es Clar, él suele llamarme o mandarme un mensaje muchísimo antes. Dubitativa me dirijo al frente mirando hacia exterior, y para mi sorpresa es Christopher Ladera. Por un momento dudo en salir para recibirlo, pero sin pensarlo más lo hago.

—Chris. — Digo su nombre. Trae consigo una pequeña caja color verde limón, y a la brevedad sé lo que es.

—Qué bueno encontrarte aquí Sam, pensé que ya te habrías ido de paseo con tú novio Clar.

Suelto una risilla, mientras él esboza una de sus seductoras sonrisas.

—Te traje un obsequio — estrecha su brazo. Le sonrío —. Ya sabes, tú favorito.

—Gracias Christopher, pero... no puedes estar haciendo esto, sabes que estoy con Clar y...

—Lo sé, estoy consciente de ello — responde al instante —, yo sólo quiero ser tú amigo Sam, de verdad.

Hago un gesto gracioso y tomo el postre entre mis manos.

—Gracias Chris.

Iniciamos una conversación donde comenzó a contarme sobre como la había pasado el día de ayer con su familia. Sobre todo con ese hermano que nunca conocí, pues era el mayor y viajaba a menudo. Seguíamos afuera conversando. Cada vez se hacía más tarde y ya no había recibido ningún mensaje de Clar. Comenzaba a preocuparme. Christopher insistía en que fuésemos a cenar algo por lo tarde que ya era pero me negué. No quería enfadar a Clar.

—Qué tal si mejor comemos éste delicioso postre adentro — anuncio, y Christopher asiente.

Los dos nos adentramos a la casa y tomamos asiento en los taburetes de la pequeña isla en la cocina. Hablamos de trivialidades y por un momento me sentí a gusto con Chris. Sin duda alguna lo gracioso no se le había quitado. Continuamos así hasta que nos terminamos el postre de limón de cucharada en cucharada los dos.

—Bien, mmm ahora juguemos a "verdad o beso" — anuncia Chris.

—Ese juego no existe Christopher, y si existiera, es obvio que no lo jugaría.

Comencé a reírme a carcajadas por su juego inventado. Después de unos segundos contesté.

—Elijo verdad.

—Bien, ¿Qué tan cierto es que disfrutaste el beso que te di?

Enarco una ceja sorprendida a su pregunta.

—Si Samadhi, ¿Qué tan cierto es eso?

¡Mierda! La voz de Clarence molesta retumba por todo el lugar. Chris esboza una sonrisa, y dando media vuelta queda de frente a Clar. Estrecha su mano para saludarlo, pero Clar no reacciona, sólo me mira a mí y yo a él sorprendida.

—Johnson, vine hacerle compañía a Sam mientras salías de la cena con Stephany.

Miro a Chris al escucharlo decir eso, y después volteo la mirada hacia Clar.

—Bien Sam, un gusto hacerte compañía, no quise mencionarlo porque pensé que ya lo sabias, y por lo que veo en tu expresión, es obvio que aún no lo sabías.

—Gracias Chris — respondo mirando a Clar. Éste hace lo mismo, pero con la mirada seria. – ¡Chris! Acepto tú invitación, en unos minutos salgo.

La sonrisa triunfal de Christopher es un poema para Clarence cuando se gira hacia él. Sé que está mal hacer ésta maldita estupidez, pero la furia que siento en estos momentos puede más. Tomo el abrigo que yace sobre el respaldo del sofá y tomo las llaves de mi casa.

—¡Tú no vas a ninguna parte Samadhi! — exclama tomándome del antebrazo izquierdo para detenerme al momento de caminar. —¡Y menos con ese imbécil!

—Al menos tú si sabes con quien voy Clar, ¡Yo te estuve esperando horas y estabas con esa zorra!

Mis palabras lo dejan boquiabierto y aprieta los labios para no reírse al haber llamado zorra a Stephany. Escupí esas palabras como si fuese una víbora venenosa.

—Te lo iba a comentar Sam...

—¿Cuándo? ¿Cuándo volvieran a reunirse? — espeto —Yo no me meto con tu trabajo Clar, lo respeto, pero tampoco es justo que te calles lo que también debo saber si no... ¿Qué tipo de pareja somos? ¡Dios! Me iré a vivir contigo ¡¿Qué no ves?! — señalo las maletas junto al sofá.

—Sam... — se acerca a mí tomándome de la barbilla. Sé que mi comportamiento es inmaduro, pero de alguna manera Clar tiene que comprender que no podemos estar así. —Vayámonos ya y...

—¿Y después qué? Tal vez mi madre tenga razón, debería pensarlo más, no quisiera cometer los mismos errores que ella...

—¡No! Ya habíamos quedado en algo Samadhi, viviríamos juntos y...

—Dime, ¿me lo dirías Clar? ¿Me dirías que mantendrías una relación de trabajo con ella Clar?

Se queda callado, su expresión se ablanda y estoy segura que no. No me lo diría. Y es que, a pesar de todo el problema no sería el que ella tuviese que estar a diario con Clarence y Lucas, si no el hecho que él no me lo haya si quiera mencionado cuando hemos estado hablando sobre cosas de trabajo.

Me solté de su agarre y me encaminé a la puerta indicándole que saliéramos los dos. Me recargué sobre el marco de la puerta esperando a que Clar saliera. Sin embargo, comencé a sentir una presión en el pecho. No quería dejarlo así.

—Te amo Clar — le dije mirándolo a los ojos. Dio un suspiro y me acorraló a la puerta —No pasará nada Clar, tenme una pizca de confianza.

—En ti confío, en él no — acaricia mi mejilla —No vayas con él Sam, me muero de celos y me hierve la maldita sangre con tan sólo ver cómo te mira — junta su frente con la mía. Su aliento y el aroma que desprende su colonia, es embriagador. Aspiro profundo, y sé que he caído de nuevo en él. Sin embargo, la actitud de él es diferente a la de años atrás, pues si hubiese hecho ese numerito seguramente Chris estaría colgado ya.

—Lo siento — susurro mirando hacia abajo —. Pero también he sentido lo mismo que tú al saber que estabas son Stephany.

—No volverá a pasar. Lo prometo Sam.

Vuelvo la mirada y la clavo en sus ojos azul oscuro. Dejo un casto beso en sus labios y le digo que aguarde un momento. Apenada salgo afuera y veo a Christopher recargado en el capó de su coche. Me mira, y como si supiera lo que pasa por mi mente en estos momentos asiente con una sonrisa y yo me disculpo.

—No hay nada de que disculparse Sam — menciona —, aquí tienes un amigo para hablar si es posible las 24 horas del día cada que me necesites — esboza una sonrisa que me contagia, y me vuelvo a sentir culpable por mi estupidez.

—Gracias Chris, tal vez sea yo quien no te merezca como amiga.

—Para nada. — se acerca para acariciar mi mejilla izquierda. Deja un casto beso en ella y sube a su coche —Nos vemos pronto Sam.

Asiento, y lo que dice hace que lo sienta una promesa. Como si de verdad supiera que nos volveríamos a ver de nuevo. Un hormigueo aparece en mi estómago, pero lo ignoro por completo. Espero a que arranque el coche, y después vuelvo adentrarme a la casa. Clarence se encuentra mirando hacia el patio trasero recargado en el umbral de la puerta. Va vestido formal, un pantalón negro, zapatos a juego y una gabardina del mismo color. La espalda ancha y más que comprobado trabajada, hace que quiera tocarla, y sin dudarlo ni un segundo me acerco a él y lo hago.

—No quiero sofocarte Samadhi — comienza a decir mientras rodeo su cintura con mis brazos por detrás de su espalda.

—No lo haces — respondo.

Recargo la mejilla derecha sobre su perfecta espalda y aspiro el aroma que desprende la su atuendo. Odio amarlo tanto porque cuando algo sale mal, siempre caigo de nuevo. Sé que no miente, sé que Clarence en sincero conmigo, pero los celos que siento por el saber que tenga que mantener una relación con Stephany hace que reviente por ello. Sin embargo, lo mejor era tomar las cosas lo más madura posible.

—Sólo, sólo hay que tenernos confianza, ¿vale?

Se gira hacia mí para tomarme de las mejillas. Me besa, me besa apasionadamente, y por un momento me siento volando y brincando entre las nubes. Su lengua juega con la mía, y un cosquilleo en mi vientre aparece. Lo tomo del cuello y enredo mis dedos con una de mis manos en su cabello. Él hace lo mismo y me junta más hacia sí mismo pegándome a la pared y separando mis piernas con una de las suyas.

—¿Por qué me retas de esa manera Sam? — pregunta inaudible sobre mis labios. —Juro que no quiero ser un hombre posesivo contigo, pero la manera en la que te comportas me enfada...

Apenas si le pongo atención. Me concentro en él y en sus caricias recorriendo mi piel. Quiero responderle y decirle que yo estoy igual de cabreada que él, pero me dejo llevar por el momento siempre cuando estoy a su lado. Soy débil cuando estoy con él. Me olvido de lo que pasa a mí alrededor y me concentro sólo en nosotros dos. Levanta el dobladillo de la ramera que llevo puesta y comienza acariciar mi abdomen. Ambos caminamos hasta recostarme sobre la espalda en el sofá. Deja un reguero de besos húmedos en mi cuello y yo quiero seguir sintiendo esa sensación de cosquilleo en mi interior.

—Te deseo — susurra en mi cuello —, eres solo mía Sam...

Los murmullos de dos personas se escuchan fuera, y al momento nos levantamos del sillón alarmados por dicha presencia. Ambos soltamos una carcajada por nuestras expresiones, y después de unos segundos mi madre entra por la puerta.

—Charlize — saluda Clar. Mi madre le deja un casto beso en la mejilla y mi buen humor llega otra vez.

—Ya... — carraspea mi mamá —¿Ya se van?

—Si, prometo cuidar a Sam — responde Clar. Mi madre sonríe y asiente a lo que anuncia.

—Clar, ¿podemos hablar? — lo llama Falco.

Sospechoso.

Los dos se dirigen al patio trasero y apenas si se escuchan murmullos de lo que sea que estén hablando. Volteo la mirada hacia mi madre quien veo suspirar. Me resulta difícil dejarla así nada más.

—¿Estas consciente que tú padre no ha conocido a Clar? — ¡Joder! Creo que se me ha escapado ese detalle, pero mi padre aún se encontraba de viaje con Camila y pronto regresarán —Además de que tampoco sabe que te iras a vivir con él.

—Lo sé madre, yo misma se lo diré... bueno, los dos se lo diremos — le hago saber.

Después de unos minutos Falco y Clar se vuelven adentrar a la estancia y yo me limito a preguntarle a él que es lo que había hablado con Falco, después lo haré. Los dos hombres frente a nosotros se encargan de cargar las maletas al coche de Clar y después de ello, ya me estoy despidiendo de mi mamá. Sé que no es una despedida definitiva, pues nos veremos a diario en el trabajo, más bien es una despedida a que ya no viva más en éste lugar. El lugar dónde crecí, el lugar a donde, si algún día algo sale mal, no regresaré porque estará solo, como lo estuve la mayoría del tiempo. No se lo reprochaba a mi madre, pero si estaba consciente de ello.

Los dos subimos al coche, y en menos de unos minutos ya nos habíamos adentrado a la carretera. El nerviosismo apareció, y lo que mejor preferí hacer fue cerrar mis ojos y tratar de dormir un poco hasta que llegáramos al apartamento, pero no sucedió así. ¿De verdad había accedido a vivir con Clar? Apenas tenía veinte años y ya me estaba mudando con él. Las dudas comenzaron aparecer ahora que ya estaba en camino al apartamento y traté de alejarlas de mí. No quería problemas después. Sin embargo, muy en el fondo de mi sabía que lo quería así. Vivir y estar solamente con él.





¡Estoy de vuelta mis prefeccionistas bellas! 

Como siempre y sin falta, cada semana ♥ Les amo infinito.

A quienes me leen, comentan y votan, les agradezco tanto el apoyo, las llevo en mi corazón ALWAYS como en Harry Potter ♥ 

A mis lectoras fantasma, díganme ¡POR DIOS DE DÓNDE SOOOON! Que me muero por saberlo.

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