CAPITULO 16
SAMADHI
No quise abrir la carta que se encontraba sobre el escritorio de Clar. No se me hacía para nada grato andar husmeando en sus documentos. Así que decidí dejarlo tal y como estaba, esperando con todas mis fuerzas que él me dijera algo por sí mismo y no por andar yo buscando.
Cuando llegamos a la casa de su abuelo, sentí un estrujón en el pecho justo cuando vi a Sony bajar del coche con Brad. No me lo esperaba, y no eran celos ni nada parecido a eso, era culpa. Una culpa que, si alguna vez la dejé atrás, volvía otra vez a mí. Lo había olvidado gracias a que no la veía. Pero el que volviera a cruzarme con ella después de dos años hacia la culpa un poco más amena. Clar me tomó de la mano mientras veíamos como Brad y Sony se acercaban.
—¡Hermanitos! — exclamó el sin vergüenza. Quise reírme por su impertinencia pero me aguanté.
—Que grata sorpresa — responde Clar con sarcasmo en su voz. En ocasiones me intimidaba la manera en la que Clar hablaba cuando algo le molestaba.
Sony toma de la mano a Brad y le insiste que se calme. Algo extraño en realidad, y lo noto, noto a Sony cambiada después de estos años, y no físicamente, si no por su actitud. Pues su mirada ya no muestra ser alguien superior.
Clarence y yo damos media vuelta y nos adentramos a la mansión donde ya nos esperan Rachel, el abuelo y padre de Clar. Al abrirse las puertas, diviso una estancia completamente diferente a como la había conocido años atrás.
—¡Han venido! — exclama Rachel dirigiéndose a Brad y después a Clar dejándoles un rojo beso en sus mejillas.
—Hijo — dice el padre de Clar —Samadhi, mucho gusto volver a verte — estrecha su mano a la mía para saludarle y yo respondo sonriendo.
Brad y Sony se sientan en uno de los sofá que se encuentran frente a una chimenea encendida, mientras Clark y Rachel hacen lo mismo frente a esos dos. Nosotros dos nos sentamos cerca de la chimenea y después, vemos como el abuelo de Clar baja por las escaleras. Se le ve la mirada cansada, y a pesar de haber sido seguramente un hombre guapo en su tiempo, las ojeras no le hacen justicia por ello. Se le ve decaído y un revoltijo me da en el estómago al verlo de esa manera, pues de lejos se nota lo mal que la pasa.
—Vayamos a cenar hijos míos — anuncia, y en cuanto lo hace Clar y yo nos paramos de nuestros asientos para ir tras él al gran comedor.
Todos tomamos asiento, quedando frente a Brad, Sony, Racher y Clark. Una señora de edad avanzada nos sirve la cena y todos comemos en silencio. El ambiente se torna tenso, y para ser honesta incómodo. Hasta cierto punto siento que solo los Johnson deberían estar ahí, pero no, también estamos nosotras y el inoportuno de Brad.
—Gracias por la invitación — decido romper el hielo que hay entre todos. Clar suelta una risilla después de abrir mi bocaza.
—El gusto es mío hija — responde el abuelo de Clar —, hace mucho tiempo que los pocos que quedamos en la familia no estábamos así reunidos – doy un suspiro y me entra la nostalgia. Pues tengo poco más de tres años sin ver a mis abuelos maternos.
—Siempre es bueno visitar a la familia — comento, y Clar me mira de manera diferente esbozando una sonrisa tierna.
La cena estaba deliciosa, macarrones, lasaña y seguramente ternera. Sólo conocía alguno de los platillos que habían preparado, más no la mayoría. Sin embargo, sabían increíble. Al poco rato de terminar la cena, el postre apareció. Reí como estúpida al ver el postre de limón sobre la mesa. Miré a Clarence y solté una risilla ante aquello.
—¿Se lo has dicho? — le pregunto curiosa.
—Tal vez, no pensé que lo fuese a recordar.
—¿Qué tanto murmuran par de enamorados? — nos recrimina el abuelo Clark. Clar y yo negamos —Espero que sea algo sobre un bisnieto he.
Me atraganto con el postre mientras Clarence da pequeñas palmadas en mi espalda soltando una carcajada.
—No creo que eso esté en los planes de Clar — menciona Brad con su voz gruesa. Lo noto extraño ante su respuesta. Sony lo mira de reojo acariciándole ligeramente los nudillos. Brad suelta la respiración.
—¿Y por qué no Brad? — responde Clar. Le parece divertida la situación, pues esboza una sonrisa ante aquello.
—Vamos hermano, ambos sabemos que tú y Sam, no duraran.
Estoy por abrir la boca para responder ante aquello, pero Rachel me interrumpe diciéndole a Brad que a donde se fueron sus modales, que se disculpe y no vuelva a decir esa barbaridad. El ambiente se torna tenso y el abuelo Clark pide que Clar y su papá lo acompañen al despacho. Clar asiente y me da un casto beso en los labios. No sin antes decirme que no me acerque a Brad.
—No prometo nada — respondo a broma, y lo que hace es apretarme un poco de la cintura —No lo haré, Clar.
—Te amo.
Doy un suspiro mientras Clar desaparece por un pasillo. Escuchar a Clarence decir te amo hace que me sienta plena, hace que me sienta viva y completa.
Rachel se dirige a la cocina, y yo me quedo sentada en un sofá frente a la chimenea entre Sony y Brad.
—¿De qué hablaran? — le pregunta Sony a Brad.
—No sé, y la verdad no me interesa — responde con una sonrisa en su rostro mostrando algo de malicia.
Me incomoda estar entre ellos dos. Las miradas lascivas de Brad no me gustan, y a pesar de que lo he perdonado por su mentira de hace dos años, tenerlo aquí no es para nada bueno.
—Es una lástima que ya no hables más con William — habla Brad. Al principio pensé que le decía a Sony, pero estaba equivocada, pues su mirada se dirigía a la mía.
—¿De qué hablas? — ¿Cómo sabía él eso?
—Sí, he visto a William y se le ha escapado comentarme que tiene estrictamente prohibido hablarte.
—¿Prohibido? ¡Qué estupidez! — exclamo.
—Lo mismo digo, pero bueno, dile eso a Clarence. Él mismo le ha dicho a Will que no lo quiere cerca de ti.
Lo miro incrédula, pero sin duda sé que Brad no está mintiendo. A pesar de las miles de dudas hacia él, y las pruebas de que es una persona doble cara, sin duda sé que por esta ocasión está diciendo la verdad. Me da una furia horrible, porque ahora sé la razón por la que William ni siquiera se ha acercado por mi casa. Ni siquiera una llamada.
Ni siquiera espero a que Clarence salga del despacho de su abuelo. Tomo la americana de Clar y me la pongo sobre los hombros y me encamino hacia la salida. Ni de loca me iría sola, pero tenía que aclarar mi mente antes de soltarle una bomba a Clar.
Me encamino por uno de los caminos que me dirigen al lugar donde le mostré el tatuaje a Clar. Me quedo ahí, parada pensando en esa estupidez. Clarence no puede estar prohibiéndome cosas así nada más porque sí. Somos pareja, inclusive si fuésemos esposos o algo, el que haya hecho eso es de cuidado. Sabía que Clar seguramente ocultaba algo que aún no me quería revelar, y me cabreaba, tanto que decidí mandarle un mensaje a William diciéndole que lo invitaba a la cena del día de gracias que mi madre organizaba. Sólo esperaba que él accediera a ir.
—Aquí estas — escucho la voz de Sony tras de mi —Supongo que después de todo el mal trago que pasaste gracias a Brad, el amor que se tienen tú y Clar puede mucho más.
Doy media vuelta y la miro a los ojos. Sigue igual de bella como la recordaba. El sentimiento de que alguna vez fuimos buenas amigas vuelve y me resulta difícil aún el mirarla a los ojos.
—Supongo que si — respondo. Ella sonríe.
—Me alegro, de verdad me alegro por ti.
Su mirada mostraba sinceridad, o al menos eso pensé. Le sonreí.
—Y yo por ti, por lo que veo, has regresado con Brad — argumento.
—No exactamente, hace apenas unos días regresé del curso que había tomado en Londres y lo vi en el centro comercial y... me invito a salir.
—Pues, me alegro por ti.
Asintió a mi respuesta. La verdad es que no sabía que más podía decirle ante aquello. Volteé la mirada chocando con la de Clar, y Sony decidió irse. Ella misma se había dado cuenta que todo lo que había dicho Brad era verdad y yo ni siquiera estaba enterada.
—Cariño, hace frío aquí...
—¿Por qué no me habías dicho que tú le prohibiste a William acercarse a mí? — espeto molesta. Estaba cabreada por su estupidez.
—¿Quién te ha dicho eso Sam? — pregunta como si nada.
—Dime, ¿es verdad? — pregunto asombrada, y Clarence se tarda en contestar —Por supuesto que es verdad, que más me podría esperar.
Caminé para dirigirme a la entrada de la mansión. No quería ni escuchar su versión. ¡¿Quién rayos se cree para prohibirle eso a alguien?! ¡Ni que fuera Dios! Sentí como me tomó del brazo girándome hacia él. Pero bruscamente me solté.
—Sam, todo tiene una razón...
—¿Cuál es Clar? Porque ni siquiera me has mencionado lo que decía ese documento con el nombre de Brad Labello que se encontraba sobre el escritorio de tu despacho — lo escruto con la mirada. De verdad que estoy molesta ¿Y cómo no estarlo? Si sólo me la he pasado esperando a que me dijera algo.
Su rostro es un poema. Seguramente pensó que yo no me había dado cuenta.
—Eso no podemos hablarlo aquí, y mucho menos si está precisamente él aquí Samadhi — dice entre dientes mirándome mal. Como si yo fuera la que está provocando todo éste espectáculo.
Doy un suspiro y miro a sus ojos. Odio estar enamorada de Clar porque con la mirada me derrite y siempre accedo a lo que él dice. Lo peor es que es obvio que lo sabe, sabe que hasta cierto punto puede decirme lo que quiera y yo siempre voy acceder a ello.
—Te odio — musito entre dientes y le doy la espalda.
—Yo te amo.
Me rodea con sus brazos sobre el cuello y aspiro su aroma fresco. Al llegar a la estancia, su papá, el abuelo Clark y Rachel están ahí discutiendo sobre algo.
—¡Ya estarás contento! —exclama el papá de Clar, y éste último simplemente esboza una sonrisa que disimula colocando su dedo índice en el labio inferior. Me derrite justo cuando hace eso que no aguanto las ganas de sonreírle, pero me aguanto las de darle un beso.
Rachel y el padre de Clar salen por la puerta, mientras que Sony y Brad se despiden del abuelo Clark. Después Brad se acercó a nosotros tomando de la mano a Sony.
—Nos vemos hermanitos.
Me solté de Clar y tomé asiento en uno de los sofás.
—Por fin se fueron las víboras ponzoñosas —comentó el abuelo, y me fue imposible no reírme —Entonces hijo, espero estés preparado para lo que se avecina con tu padre —comenzó a decirle. Quise preguntar, pero sentía que no estaba en mi derecho de saber u opinar.
—Más que preparado abuelo, pero, tú tienes que irte a descansar — lo regaña Clar.
—Esta bien, solo me despido de ésta belleza — se acercó a mi, y yo me paré para despedirme de él.
—Fue un gusto verlo de nuevo abuelo — dije con entusiasmo. La verdad es que, a pesar de lo incomodo que fue, me había dado gusto verlo por un rato.
—Ya saben que se pueden quedar hijo — iba diciéndole a Clarence mientras lo acompañaba por las escaleras —, y era enserio lo del bisnieto, imagínate que saliera una mini Hanna...
Sonreí ante aquello. Después su voz se hizo inaudible conforme iba subiendo. Un bisnieto. Vaya, el abuelo Clark sí que estaba loco por ello. Me daba ternura con tan solo pensarlo, sin embargo, mis planes no eran esos. Al menos no aún. Unos minutos después vi a Clar bajar por las escaleras.
—Podríamos ir tomando practica con lo del bisnieto ¿no crees? — dice juguetonamente rodeándome la cintura y besándome el cuello.
Por un momento me hubiese gustado que me llevara a la cama de nuestro apartamento, pero había dos grandes razones. La primera y principal, el periodo había llegado, y la segunda, teníamos una charla pendiente con temas delicados. Me suelto de su agarre y me mira desconcertado.
—Tenemos una charla pendiente Clarence, y es obvio que no tendría sexo contigo en la casa de tú abuelo.
—Siempre hay una primera vez — responde. Lo miro mal y me encamino a la salida para subirme al auto.
Lo siento caminar atrás de mí, y escucho cuando se despide de la señora que nos ha servido hoy la comida y al instante me arrepiento de no haberme despedido de ella. ¡Qué mal educada!
Subo al coche y él hace lo mismo. Todo el camino fue un silencio total, y es que mis ganas de querer reclamarle su impertinencia eran infinitas.
—Llévame a casa Clar — le digo. Me mira de reojo y sólo se limita a suspirar.
Al aparcar fuera de la casa de mi madre, es cuando Clarence vuelve hablar.
—Si no te dije es porque no te quiero preocupar. Pero me di cuenta que Hanna tenía una muy buena relación con Brad, tanto que ella sabía cuándo a él lo internaban en un centro de rehabilitación Samadhi — quedo inexpresiva ante aquello. Pues desde que conocí a Brad, jamás me había enterado de ello.
—¿Y qué pasa con William? — pregunto.
—Si bueno, lo de él ha sido un malentendido.
Me toma de las manos y me besa con suavidad los nudillos mirándome a los ojos. ¡Odio que haga eso! Me debilita.
—Perdóname Samadhi.
¿Y cómo no hacerlo? ¡Joder!
—Eres un odioso Clarence — le digo y sonríe —, te perdono, pero que quede claro que ya lo he invitado para acción de gracias.
Enarco una ceja y lo miro altanera. Pues sé perfectamente que eso no le ha agradó como respuesta.
—¡Está bien!
Sonrío y me abalanzo sobre él rodeándole el cuello y dándole un beso. Tenía tantas ganas de hacer eso.
—¿De verdad quisieras hijos? — pregunto de golpe. Clar me mira con ternura y sonríe.
—Si es contigo, quiero todo.
Suspiro ante su respuesta y lo vuelvo a besar.
(***)
Los días han pasado y hoy es la cena que organiza mi madre por acción de gracias. Y por lo que me pude dar cuenta, quiere tirar toda la casa por la ventana. Hoy es viernes y aún me encuentro en la oficina. Definitivamente las compras de atuendos para antes de que llegue navidad son exageradas. El trabajo y la publicidad que hemos tenido que darle a "Stone Dresse's" ha sido muy buena. Y agradezco infinitamente que Magenta sea mi compañera. Yo sigo como aprendiz, ya que ella es prácticamente mi jefa directa.
—¡Por fin! Hemos terminado — exclama Magenta, quien se encuentra en su escritorio.
Me recargo en la silla giratoria sintiéndome exhausta. De verdad que ésta semana ha sido pesada. Miro el reloj en mi muñeca, y éste marca las seis más quince.
—Hemos terminado por hoy — respondo con un deje de cansancio en mi voz.
—Aguafiestas —dice Magenta haciéndome un gesto gracioso. Solamente me rio —. Vayámonos ya, que una deliciosa cena nos espera en casa.
Asiento mientras recojo mis cosas. Magenta se adelanta y yo me quedo ahí acomodando mi escritorio tratando de dejarlo lo más ordenado posible. Al hacerlo, tomo el bolso negro y me dirijo al primer piso pasando por el gran almacén donde nos llega el material para las telas de la ropa. Específicamente en ésta sucursal es donde se diseña y se hacen los atuendos. Miro a mi alrededor, y me quedo sorprendida en como mi madre gracias a sus enormes esfuerzos a logrado todo esto, y es ahí donde comprendo una cosa muy importante: No importa a que edad o tiempo comiences a realizar tus sueños, lo importante siempre será alcanzarlos y volverlos realidad.
Doy un suspiro y salgo del lugar que ya está por cerrar. Al salir, visualizo a una persona no muy grata para mí, con unos jeans ajustados a su cuerpo, una remera formal en color gris bien ajustada a sus musculosos bíceps, el cabello alborotado y unos ojos color verde brillante. Se suponía que mi madre pasaría a recogerme ya que Clar estaba ocupado en reuniones con Ladera y no se quien más. Pero que equivocada estaba.
—Brad. — Digo su nombre con un tono seco en mi voz.
—A mi también me da gusto verte hermanita — responde con sarcasmo y una sonrisa socarrona que al final me contagia.
Brad abre la puerta del copiloto de su coche deportivo en color negro, y me subo. Si se enterase Clarence de que precisamente nuestro querido hermanastro ha venido a recogerme, seguramente le saldrían canas verdes. Brad rodea el auto y sube en él, para después de unos minutos arrancar el motor.
—Y... ¿Cómo te ha ido Sam? — pregunta. Enarco una ceja y le respondo.
—Supongo que bien.
—Vamos Sam, ya habíamos hecho las paces, y desde que estas con Clar te has olvidado de mí. ¿Acaso también te prohíbe hablar conmigo? — pregunta eso ultimo con tono burlesco, pero yo simplemente me quedo callada mirando hacia la ventana —Sabes, no es bueno eso en las relaciones de pareja Sam, ya ves como terminaron nuestros papás. Separados de la persona que decían amar, y todo por la desconfianza. ¿O es que Clar no te tiene confianza Sam?
Su conversación me irrita, porque sé con facilidad que hasta cierto punto el maldito de Brad tiene razón. Pero no le doy por su lado, no le daré la satisfacción. Sin embargo, hace que me quede pensando en ello y me pongo a dudar. ¿Así será cuando viva con Clar? Siempre he sido una persona independiente, y que Clarence quiera interrumpir eso en mí no me causa gracia. Doy otro suspiro y en lo que resta del camino me quedo callada hasta que llegamos a casa. Veo el coche de Falco estacionado afuera de mi casa. Últimamente mi coche permanece en la cochera sin darle algún uso, y es por eso que ahora he decidido soltarme de ellos.
Bajo del coche enseguida, y me adentro a la casa con Brad siguiéndome el paso. El lugar está tranquilo y el aroma que desprende a mí alrededor, sin duda es delicioso.
—Que bien huele — argumenta Brad y yo asiento.
—¡Hija! Anda a cambiarte —aparece mi madre con un vestido en color vino. Se ve preciosa, y por alguna razón me extraña toda ésta organización.
Subo a mi habitación y cierro la puerta con seguro mientras me voy quitando la ropa para darme una ducha con agua tibia. Al salir, me envuelvo en la toalla y busco el atuendo que me pondré. Un vestido negro de manga larga dejando mi cuello al descubierto. He invitado a Sara y Lucas, y por supuesto a William, quienes espero se aparezcan.
Termino de arreglarme y antes de abrir la puerta de mi habitación, recibo un mensaje de Clar diciéndome que se va a retrasar. Hago una mueca, pues obviamente me molesta la impuntualidad, sin embargo comprendo al momento que él tiene una empresa a la que también le debe dar prioridad. Bajo al primer piso y ahí se encuentra mi madre, Brad, Falco y algunos amigos cercanos de él con sus esposas.
—Te ves preciosa Sam — musita Brad dándome un repaso. Le sonrío.
—Yo no diría lo mismo de ti.
Suelta una carcajada y extiende su mano para ayudarme a bajar con cautela por las escaleras que ahora están iluminadas con pequeñas lucecitas. Llegamos a la estancia y mi madre me presenta con algunos conocidos de ella y Falco, pero para ser sincera, al momento olvido sus nombres. Música tranquila suena de fondo. Mi estómago está rugiendo que lo alimente porque no he comido desde las dos de la tarde y decido dirigirme a la cocina para ver que tanto ha hecho mi madre y la persona que le estuvo ayudando, un chico de algunos veintidós años. Cuando estoy por llegar, escucho la voz de Clar en la entrada. Doy media vuelta y me regreso para recibirlo. Al verlo, me derrito. Lleva puesta una americana informal color negra combinando con sus pantalones. El cabello lo lleva un poco alborotado y sus orbes azules me miran de arriba hacia abajo. Le sonrío y me acerco a él rodeándole el cuello con mis brazos.
—Te ves jodidamente sexy, Sol. —Gruñe, y eso me basta para darle un beso.
Afortunadamente nadie se encuentra cerca, y una de las personas que mi madre contrató para abrir la puerta desapareció de nuestra visión. Juego con su lengua enroscada a la mia, y deseo ahora más que nunca estar con él.
—El postre va después Sam — vuelve a gruñir y suelto un gemido inconscientemente.
El carraspeo de alguien detrás de mi nos interrumpe, y Clarence aprieta mi cintura. Nos volvemos hacia la persona que está junto a nosotros, y me doy cuenta que es mi madre.
— Clarence — ¡Mierda! Su tono de voz es desaprobatorio, y yo le sonrío.
—Señora Charlize, un gusto verla.
Mi madre niega y nos pide que caminemos a la estancia. Los dos lo hacemos mientras voy tomada del brazo de Clar. Miro a los presentes, quienes ahora ponen toda su atención a mi madre, y por supuesto, a Falco. Mi corazón comienza a palpitar. Y es que la sensación que siento en éste preciso momento no esta de más porque sé perfectamente lo que revelaran.
—Son nuestros familiares y amigos más cercanos —comienza hablar Falco —, y es por eso que hemos decidido darles la noticia a todos ustedes juntos —mi nerviosismo crece, y aprieto mucho más del brazo a Clar.
—Falco y yo, nos vamos a casar.
¡Joder!
¡Quiero gritar y decirle a mi madre que está loca! Pero controlo mis emociones. La sonrisa de Brad se ensancha y lo escucho hablar.
— ¡En hora buena! — exclama Brad. Y los demás se acercan para darles un abrazo.
Me encuentro nerviosa, no es que no quiera que mi madre sea feliz a lado de alguien a quien ella ame, si no que sea precisamente él. Falco, el padre de Brad. Miro a Clarence a los ojos, azules y profundos, y siento un gran apoyo en él. Vuelvo la mirada hacia mi madre, y hablo.
—¡Felicidades para ambos! —exclamo sin emoción alguna —Ya que estamos dando sorpresas madre, déjame decirte que me iré a vivir con Clar.
Siento las miradas a mi alrededor, sobre todo la de mi madre que me escrudiña. Brad suelta una carcajada y nos felicita con simplicidad. Después de ello Falco rompe la tensión indicando que podemos pasar a la mesa para cenar.
¡Yo de nuevo!
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Les amo infinito ♥ Gracias por su apoyo mis Perfeccionistas bellas.
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