CAPITULO 15
CLARENCE
Sabía que estaba mal decirle a William que no lo quería ver cerca de Samadhi, pero por el momento así lo dejaría, había algo molesto que no me dejaba en paz hacia Will. Le había hablado para que fuese a mi departamento mientras Sam se encontraba en el centro comercial con Sara.
—Guárdalo muy bien Johnson, que nadie lo vea y mucho menos Samadhi — ordena Will al entregarme el sobre con los datos del lugar al que iba Brad de "vacaciones".
Lo sabía gracias a William, quien había investigado a fondo eso de Brad gracias a Hanna. Todo ese tiempo siendo "amigos" ellos dos y por fin le había confiado su secreto bien guardado. Sin embargo, lo que más me sorprendía era saber que Hanna mantenía ese tipo de confianza con Brad. El lugar al que iba Brad estaba en otro estado fuera de California. No me sorprendía en realidad, pues ahora comprendía por qué Brad había desaparecido así nada más después de que Samadhi se había ido a vivir con su padre. Lo que me preguntaba ahora era el ¿Por qué se internaba en aquel lugar? Seguía sin comprenderlo aún ¿Por drogas, será?
Dejé el sobre intacto, pues sabía que iría por Sam para que se quedase en nuestro apartamento aunque fuese por un rato, y su curiosa naturaleza por merodear en el apartamento no la dejaría pasar.
Me pesaba levantarme de la cama. Por la mañana, como todas, había hecho ejercicio y eso me mantenía exhausto, sumándole el fabuloso sexo que Samadhi me había regalado hace un rato. Afuera aún estaba oscuro, y desde hace un buen de rato que no sentía a Sam entre mis brazos. Me removí en la cama con pereza, pues no quería levantarme. Sin embargo, quería que el pedazo de gente que seguramente andaba paseando por la estancia, regresara a mis brazos y me abrazara por un rato.
A duras penas me levanté y me dirigí a la sala. Ahí se encontraba sentada en un sofá mirando un programa de comedia en la televisión. Le rodeé el cuerpo con los brazos, aspiré el delicioso aroma embriagador de su cabello, y con delicadeza le besé el cuello. Me dio acceso a su clavícula y sentí una sonrisa divertida desprender de sus labios.
—Me haces cosquillas — habló, y después suspiró.
—Lo sé — seguí con la tortura.
Rodee el sofá y me senté a su lado estrechándola en mis brazos. Permanecimos un rato en esa posición, hasta que su móvil sonó. Éste se encontraba en la mesa de noche. Sin dudarlo estiré mi mano hacia él y pude ver el mensaje que le había llegado. La sangre me hirvió como nunca cuando divisé su nombre. Samadhi desbloqueo el móvil y después lo guardo.
—¿Qué decía? — espeté molesto. De verdad que lo estaba —"La confianza y la comunicación es lo primordial" — imité una de las frases que hace algunos años me había mencionado Sam.
—Te lo iba a decir — responde mirándome a los ojos.
—¿Cuándo? ¡¿Cuándo volvieran a salir?! — irradiaba de furia. No quería gritarle a Samadhi, así que me levanté bruscamente del sofá y me dirigí a la pequeña oficina. Las horas en las que Christopher le mandaba mensajes a Sam no me parecían adecuadas. ¡Me molestaba!
Ni siquiera dejé que me diera una explicación razonable. Primero tenía que calmarme antes de escucharla, pues si lo hacía en éste momento las palabras que mi boca expulsaría no serían para nada agradables.
El escritorio estaba hecho un desorden. Papeles y bocetos se encontraban por todos lados regados. Me senté en la cómoda silla recostándome en ella. Necesitaba tranquilizarme con Samadhi, me estaba comportando de una manera irreconocible con ella. Pero es que el saber que Christopher en algún momento mantuvo algún tipo de relación con ella antes que yo, me hacía reventar de celos. Confiaba en ella, pero en Ladera no.
Me dispuse a ordenar el desastre, y después de media hora todo volvió a la normalidad. Revise los correos del ordenador que tenía en el escritorio. Divisé la hora marcada, tres en punto. Ya era tarde y Samadhi no se había escuchado desde hace un buen de rato. Decidí levantarme, y al salir a la estancia ella no estaba ahí, pues el lugar se encontraba oscuro. Me dirigí a la habitación y ahí estaba, recostada boca abajo. El pantalón de chándal que traía puesto hacía que se le notara aún más su delicioso trasero. Di un suspiro. Estaba enfadado por no haberme contado lo que sea que hubiese pasado, pero la vista que tenía en este momento frente a mis ojos, hacía que se me olvidara por un rato. Me recosté a su lado y la envolví entre mis brazos.
—Llegó solo — comenzó a explicar, aún estaba despierta —, dimos un paseo por el centro comercial y tomamos un café, fue todo lo que pasó — se giró hacia mí para mirarme a los ojos —. Sé que estuvo mal no haberte comentado al respecto pero...
No me contuve. La tomé de las mejillas y planté un beso en sus labios. Un ligero sabor a cereza se adentró en una mezcla de sabores cuando introduje mi lengua en su boca. El beso era embriagador. Miles de emociones había en aquel beso liberador. Quería sentirla solo mía. Fui dejando un reguero de besos sobre su cuello mientras metía mis manos por debajo de la remera que llevaba puesta. Tomé uno de sus pechos libres de sostén masajeando el punto que ya se encontraba erguido ante mis caricias. Después, me dirigí al dobladillo del pantalón de chándal que llevaba puesto sobre sus caderas.
Me dio un manotazo al hacerlo. Me separé sorprendido por su acción que abrí los ojos al momento. Las mejillas se le tiñeron a un color mucho más rosado del habitual dejando entre ver esas pecas que me volvían loco. Enarqué una ceja y me sonrió.
—Es que... estoy... — se detuvo. Sabía lo que quería decirme, pero me hice el desentendido para provocarla.
—¿Ya no quieres que te toque Sam? — le preguntaba, tratando de excitarla besando su cuello y rosando mi masculinidad creciente con su cuerpo. Soltó un gemido.
—No me hagas decirlo — susurró. Pero no me importó, pues yo seguía tocándola, frotándola y besando su delicado cuello —¡Detente! — espetó. No molesta, si no con un atisbo de frustración.
—Está bien.
Me giré hacia el otro lado dándole la espalda, era yo quien en realidad se estaba aguantando las ganas. Me encontraba demasiado caliente ante la situación, que ignorar a Samadhi por unos minutos sería lo mejor. Pero unas delicadas y tibias manos me rodearon el torso desnudo.
—Te amo — susurró dejando castos y tibios besos en mi espalda. La sensación era increíble.
¡Joder! La deseaba como un loco. Tomé sus manos y le besé los nudillos. Escuchar un te amo de Samadhi siempre sería música para mis oídos. Volvió acariciar mi espalda y la sensación relajante apareció para quedarme dormido.
(***)
Un aroma delicioso hizo que me despertara, o tal vez fue mi estómago hambriento. Me levanté a duras penas de la cama y Samadhi, como lo suponía, no se encontraba. Me metí a la ducha, cepillé mis dientes y salí en búsqueda de Sam. Al llegar a la cocina que se encontraba a unos cuantos metros de la estancia, la figura de Samadhi apareció. Traía puesta la misma ropa de ayer, el cabello se le veía húmedo y decidí acercarme para aspirar su aroma. Mi pecho se infló de alegría con tan solo verla ahí en la cocina. Estaba más que decido si era posible a pasar el resto de mi vida a su lado.
—Deberíamos ir empacando tus cosas ¿no crees? — se sobresalta al escuchar mi voz.
Se encontraba frente a la estufa cocinando. Recordé el mensaje y su confesión al haber tomado un café con Ladera. Los celos aparecieron de nuevo, eran unos celos tan intensos, que solo pensar en ello me hervía la jodida sangre. No quería que nadie más tocara ni se le acercara a Sam, era egoísta. Sabía que pensar eso estaba mal, pero era inevitable. No confiaba en los demás.
—Tal vez si, tal vez no — esbozando una sonrisa se giró hacia mí —. Por lo que veo has sido precavido con todo Johnson.
¡Pues claro! Vivir tantos años con Hanna me hizo una persona que no dejaba nada a medias, siempre tan... tan precavida. Le sonreí a Sam.
—Bien, toma asiento — entrelazó sus dedos con los míos y me encaminó a una de las sillas del comedor —. Hoy he preparado el almuerzo, y no cabe duda que me ha quedado delicioso.
—No lo dudo, espero no enfermar — me lanzó una mirada de pocos amigos, pero como nunca se quedaba callada me respondió.
—Si, espero que el veneno para ratas haga efecto.
Me reí a carcajadas salpicando café que apenas si le había dado un sorbo, sin embargo Sam no se rio.
—Lo dices ens...
— ¡Por supuesto que no! — exclamó riendo.
Se sentó a mi lado y coloco los cubiertos y platos sobre la mesa. En la misma había un desayuno exquisito hecho por Sam. La tomé de la mano y con delicadeza besé sus nudillos.
—Te quiero sólo a mi lado Sam — dio un suspiro.
—Y yo quiero estar sólo a tu lado Clar.
Los dos desayunamos en silencio. La compañía que tenía a mi lado era lo más placentera del mundo, que desechar un momento sería una estupidez. Al terminar, recibí la llamada de mi abuelo que últimamente se encontraba mal de salud. Éste nos había invitado a cenar a "toda la familia". Lo que quería decir que seguramente mi padre estaría ahí. No le quise decir que no a la invitación del abuelo, así que acepté. No sin antes confirmar que Samadhi también estaría ahí conmigo.
Aún era temprano y fui a dejar a Samadhi. No me gustaba para nada la idea de dejarla. Su compañía en el apartamento en el que viviríamos era placentera. Me fascinaba su compañía en ella. El día de gracias se acercaba, y tenía muy presente el entusiasmo de la madre de Sam por acompañarlas ese día en la cena, algo no muy grato para mí, ya que seguramente Brad se encontraría ahí. Pero aun así acepté el ir y pasar ese día con ellas.
Al llegar a mi apartamento la llamada de Stephany me saco de trance. Sin embargo colgué la llamada entrante. No quería hablar con ella, pues la última vez que nos habíamos visto, la forma en como tomó las cosas fue de la peor manera.
Volví a la oficina recordando el sobre que me había dado William. Rebusqué entre los cajones del escritorio y después lo abrí. Estaba nervioso, no quería pensar mal de nadie, pero las dudas de la enfermedad que tenía Brad estaban vigentes y no las dejaría pasar. Abrí el sobre de un tirón y comencé a leerlo, y efectivamente. Su estadía en ese lugar era por el consumo de drogas y entre otras sustancias. Seguía sin fiarme del todo por él. Me recosté en la silla cerrando los ojos. Mi mente voló a Hanna otra vez. Ese último día en el que visualicé a Samadhi por esas cámaras.
Decidí bañarme y arreglarme para esta noche e ir a casa de mi padre. Aún estaba a tiempo, apenas eran las cinco de la tarde y hoy no tenía mucho que hacer, y tomando en cuenta que Samadhi en estos momentos se encontraba en casa con su madre, me reconfortaba simplemente el hecho de saber que no estaba sola. Tomé las llaves del coche y me dirigí a casa de mi padre. Tenía que ir, no quería volver pero, esa presión en el pecho me invadía aún por dentro el querer saber qué hacía Hanna cuando vivía ahí.
Al llegar, esperé a que el personal de la entrada abriera el portón eléctrico, pues hace años que me había deshecho del control remoto que me permitía la entrada. Al abrirse estacioné el coche cerca de la entrada. Bajé del mismo.
Visualicé mí alrededor. Seguía igual que siempre, los jardines y la fuente que ahora se encontraban sin agua, pero limpia, seguían ahí. Tenía poco más de un año sin venir aquí. Después de que me mudé cerca de la casa del abuelo, mi padre se opuso ante mí cuando él declaró en su testamento que yo mismo formara parte de su empresa, la misma que con la ayuda de mi padre habían fundado. Me opuse, sin embargo no dejaría pasar la oportunidad simplemente por joderle un rato a mi papá.
Abrí la puerta y el silencio reinaba en el lugar. Subí las escaleras cauteloso. Seguramente ya sabían que había llegado, pero como era mi costumbre, no saludaría. Me adentré a mi habitación que seguía igual y salí de ella en menos de unos minutos. Di tan solo dos pasos y ahí estaba la puerta de Hanna, justo en medio de la mía y la de Brad quedando al final del pasillo. La abrí con nerviosismo, hace mucho que no me metía en ella, desde su partida de hace cuatro años. Según Rachel, con quien no siempre hablaba pero me mantenía al tanto, decía que mi padre nunca la había abierto y que solo el personal de limpieza era quien la mantenía sin polvo y nutria los muebles de madera para que éstos no se desgastaran con el tiempo.
Me adentré en ella y el perfume que desprendía cayó de lleno en mis fosas nasales. Era el aroma de Hanna, ese fastidioso aroma que nunca me gustó: dulce. Siempre se lo decía, sin embargo, sabía que era su colonia favorita. La cama seguía igual a como la dejó ese día, ordenada con las sabanas dobladas y las almohadas empalmadas como a ella le gustaban. El armario seguía en las mismas condiciones, después de cuatro años seguía desordenado, pues ese día la cazadora que ella llevaba no la había encontrado. Mi padre no había cambiado ni movido absolutamente nada. La televisión donde pasábamos horas viendo películas cuando pequeños estaba ahí, la alfombra color morada yacía aun sobre el suelo, y las cortinas del ventanal que te dirigía a un pequeño balcón seguían igual.
Un nudo en la garganta se adueñó de mí, para después sentir las lágrimas recorrer sobre las mejillas. No había llorado su muerte en cuanto me dieron la noticia en aquella cama de hospital cuando desperté del trance en el que estaba. No había estado jamás en mi vida tan frustrado por encontrar a mi hermana. Solo me quedé en el suelo sin siquiera poder moverme. Tardé cuatro días en poder mover una parte de mi cuerpo, pues éste se había paralizado por el golpe en la cabeza. «Tuvieron un accidente», decía William lamentándose por la pérdida de Hanna.
Me esperaron esos cuatro días para sepultar a mi hermana. Ni siquiera me vestí de negro como los demás, si no de azul, algo inusual pero así alguna vez me dijo ella quería que me vistiera en su funeral.
Me senté en la orilla de la cama viendo el pequeño estante donde se encontraban algunas fotografías de ella, William, Samantha y yo. Los cuatro juntos. Ella y yo solos en un día soleado por la playa, otras cuantas con Leonard quien en su momento fueron los mejores amigos, y otras cuantas con los demás.
—Es extraño tenerte aquí — la voz de Rachel se escuchó tras de mi —, sabes, a pesar de que fue un tiempo tan corto en el que convivimos, creamos un pequeño vinculo juntas. Me contaba sus problemas, bueno, algunos.
Limpié las lágrimas en mis mejillas y me levante de la cama. Di un suspiro y saludé a Rachel. Ella me estrechó entre sus brazos. La mirada de Rachel me oprimió el pecho, pues era triste. Los ojos estaban rojos como si hubiese estado llorando también.
—¿Pasa algo Rachel? — le pregunté, pero negó.
—No pasa nada hijo, me alegra tenerte aquí, ¿quieres algo de comer?
Verla en ese estado hizo que accediera a decirle que sí. No quería quedarme para no tener que encontrarme con mi padre pero lo haría. Asentí y le dije que en un momento más bajaba a la cocina. Rachel asintió y su mirada cambió un poco a la anterior.
Caminé hacia el armario de Hanna y me adentré en él. Visualicé el desastre que había dejado ese día y sonreí. Extrañaba a mi hermana, y sabía de sobra que le hubiese encantado tener a Samadhi como cuñada. Comencé a recoger la ropa empolvada que en todo este tiempo no había sido movida de su lugar. No la sacudí, simplemente la moví. El pequeño armario y cajoneras estaban igual, en color negro como le gustaba a ella. Al alzar una remera vi como una pequeña fotografía doblada caía al suelo. Sin pensarlo la levanté y por alguna razón me congelé. Tragué duro, no sabía que mierda pensar ante lo que mis ojos veían. ¿Qué escondía Hanna en realidad? ¿Por qué ella tenía una fotografía de Sam?
Sin pensármelo dos veces la guardé en el saco que llevaba puesto repasando por mi mente la fotografía de Samadhi en el centro comercial. El temor en mi creció. Bajé al primer piso dirigiéndome a la cocina. Rachel se encontraba sirviendo comida en dos platos, me senté en uno de los taburetes que yacían frente a la pequeña isla de mármol.
—¿Y mi padre? — pregunto por mera curiosidad.
—Está en su oficina, te vio llegar y se encerró en ella — responde Rachel, quien toma asiento en frente a mí —¿Quieres comer aquí hijo? Si gustas podemos ir al comedor...
—No, aquí está bien Rachel no te preocupes — asintió a mi respuesta y los dos comenzamos a comer.
No me había percatado que la comida preparada por Rachel era lasaña, mi favorita. Pero mi mente divagaba y se dirigía a donde mismo a todo momento. La fotografía de Sam. Necesitaba saber más, mucho más del porque toda esta mierda nos perseguía ahora. Tal vez si hubiésemos investigado a fondo años atrás, nos habríamos dado cuenta que alguien había atentado contra nosotros dos, porque no solo iba Hanna en aquella motocicleta. También iba yo. Me parecía ridículo hasta cierto punto pensar en eso, ¡Joder!
—Y Brad... ¿Cómo se encuentra? — le pregunté a Rachel. No podía dejar pasar la oportunidad. Ella esbozo una sonrisa.
—Brad — dio un suspiro con melancolía —él... se acaba de mudar a un departamento cerca de la playa — anunció.
—¿A sí? — me hice el desinteresado, sin embargo le pregunté donde se encontraba ubicado.
—Cerca de la casa de tu abuelo Clark.
Interesante...
Al terminar de comer ayudé a Rachel a fregar los platos. La veía decaída y por un momento me preocupo. Quise preguntarle pero sabía que su respuesta sería la misma de hace un rato. Le hice saber que la vería el día de hoy por la noche en la casa del abuelo y ella asintió mientras me veía salir de la casa. Sentía un nerviosismo por aquella cena que, para ser honesto no quería asistir si mi padre se encontraría ahí. Sin embargo deseché ese pensamiento, pues al tratarse de él iría aunque no me lo pidiera.
Ya en el coche me adentré a la carretera. Tenía que ver a Sam. Tenía esa necesidad de besarla y estar de nuevo con ella. Después de por lo menos media hora lo más, llegue a su casa. Estacioné afuera el coche, salí de él y mientras le llamaba esperé a que bajara. La vi sonriente mientras se encaminaba a la puerta principal del portón, lucia divina con un vestido de manga larga en color vino ajustado al cuerpo y unas medias negras que me volvía loco por querer arrancárselas. El cabello ondulado y castaño desprendía ese aire sensual que había en ella. Samadhi simplemente es perfecta. La perfección andante en mi cabeza.
Salió a la acera sonriente. Sin dudármelo ni un segundo más me abalancé sobre ella y la besé. Su habitual sabor a labial de cereza me excitó y me llevó a querer mucho más de ella. La tomé de la cintura y metí mi lengua en su boca para saborear aún más su sabor. Soltó un gemido y terminó por volverme loco. Me encontraba ansioso.
—No podemos aún Clar — me dice con dificultad para respirar. Compartíamos el mismo deseo por los dos. Le di un casto beso en los nudillos.
—Te ves demasiado sexy Stone — gruño y después le doy una vuelta sin soltarla de la mano. Me sigue el juego y después me da un casto beso en los labios.
—Siempre lo estoy Johnson, no te equivoques — confirma enarcando una ceja.
Su respuesta me hace reír. Por supuesto que siempre lo estas nena.
—¿Nos vamos? — Sam asiente. La tomo de la mano y le abro la puerta del auto.
Al subir, recuerdo de nuevo esa fotografía que llevo en el saco. En algún momento tengo que guardarla en otro lado. Enciendo el coche y nos adentramos a la carretera para ir a la casa de mi abuelo. Por un lado me agrada la idea de que vuelva a ver a Samadhi a mi lado. Muchísimas veces hablé con él y todas él mismo quiso hacerme entrar en razón para ir y buscar a Sam. Pero por supuesto, mi orgullo pudo más.
Al llegar la tomé de la rodilla acariciando después su muslo. Me fascinaba la reacción de Sam cuando lo hacía. Bajé del coche y abrí su puerta. La tomé de la mano y nos encaminamos a la puerta, pero otro coche entrando por los portones de la mansión hizo que nos diéramos la vuelta. Lo que más nos sorprendió fue ver a Sony y Brad entrar por esa puerta.
¡Alguien está de vuelta, y no soy yo! 😱
¡Les AMO INFINITO MIS PERFECCIONISTAS!
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