Ilusion
Al otro día, conduzco hacia mi trabajo y cuando estaciono el coche cerca del instituto, bajo del auto y veo a Constanza bajando de un coche. Puedo ver a Eugenia frente al volante y me da una mirada seria antes de irse al trabajo, no me dio ninguna oportunidad para que pueda hablar con ella después de todo lo que paso.
Suspiro y entro lentamente al instituto, Constanza y yo nos chocamos, sonrió y la saludo con afecto. Pensar que está niña es su hija... tengo tantas sensaciones al verla, es como si sintiera una gran fuerza dentro de mi.
–Buenos días Constanza.
–Buen día profe, ¿Cómo esta? –Sonríe.
–Muy bien, gracias. ¿Vos como estas?
–Bien, me quede pensando en lo que me dijo sobre el problema de mi personaje. Creo que hare que la lastimo la persona que ella amaba.
Trago saliva y asiento lentamente.
–Si quieres hacer eso, esta bien. –La observo con seriedad.
–Es la mejor opción que tengo y se me ocurrieron algunas ideas con ese tema.
–Me alegro mucho Constanza, ¿puedo darte mi número así me llamas cuando me necesites?
Sus ojos azules se abren por mi pregunta y me mira con sorpresa, tiene esa expresión tan idéntica a su madre.
–Puedo dar el teléfono de mi casa.
Me dicta su número y yo hago lo mismo, ella no anota en su celular y lo guarda en su mochila.
–Muchas gracias profesor, que tenga un buen día.
–Igualmente. –Sonrió.
Después de hablar con ella, subo las escaleras y entro rápidamente al aula. Me quedo sentado mirando la pantalla de mi celular, agende el número de teléfono de su casa y me perdí en mis pensamientos, tengo tantas ganas de llamarla, pero se que ahora es imposible. ¿Qué hará cuando escuche mi voz? Lo más seguro es que me corte y seguiré insistiendo, más ahora que sentí su fuego interno mientras la hacia mía. No se cuanto más va a durar estando así, negándose a lo que siente. ¿Cuándo se dará cuenta que todo lo que le digo es verdad? Mi corazón nunca miente y ella tiene que sentirlo, lo habrá sentido cuando estábamos cerca. Tiene que darse cuenta que cada día me estoy muriendo sin poder estar con ella.
Todo ese tiempo como misionero me ayudo para darme cuenta que todo lo que tenia no valía la pena sin ella, no quería ser sacerdote, no quería nada, solo soñaba en poder regresar, volver por ella, pero cuando lo hice la realidad era otra.
No me importa esperar una eternidad por ella, se que no será nada fácil después de lo que desate en ella y me jure enamorarla de nuevo, se que ella me perdonará cuando vea que siempre fui sincero cuando le decía cuanto la amaba, la sigo amando con locura desde el primer día.
Mis pensamientos cesaron y los estudiantes entraron, me pongo de pie y agarro la tiza. Estuvimos un tiempo corrigiendo la tarea en clase y luego explique para que puedan entender mejor. La clase paso volando y también el día laboral. Junté mis cosas y me fui de allí rápidamente. Entro a mi auto y manejo hacia mi casa.
Cuando regreso a mi casa, estoy comiendo un poco de pasta y corrijo algunos exámenes. El timbre suena haciéndome asustar y miro a la puerta. Me pongo de pie y camino hacia la entrada. Al abrir la puerta miro con sorpresa a Eugenia y mi corazón golpea con fuerza, lo que provoco que pestañe varias veces para probar que fuera real y no una ilusión, Dios, que sea ella por favor. Trago saliva al darme cuenta que es ella y casi no puedo hablar por lo nervioso que me siento. Nunca pensé que ella estaría aquí.
–Hola Rafael. –Habla con seriedad. –¿Me dejas pasar?
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