Capítulo III
—¿Mi futuro cambió, Suprema? —preguntó el cobalto con una leve esperanza.
—Lo lamento, Sonic —respondió la amable dama—. Nada funcionó. Algunas cosas han cambiado, pero son insignificantes. Tu futuro sigue siendo el mismo.
La frustración se apoderó de ambos. Era lógico; eso significaba que todos estos años habían sido en vano. Necesitaban encontrar una solución cuanto antes.
—¿Cree que algo pueda cambiar si tengo amigos? —preguntó el azul.
—No perdemos nada con intentarlo. Podría funcionar —respondió Vanilla con un leve suspiro—. ¿Cómo has estado? ¿Tu herida ya sanó?
—Así es. Descansé tal y como lo ordenó la "Vitalista" —respondió con sarcasmo.
Sonic todavía recordaba perfectamente cómo aquella Suprema, disfrazada de Vitalista, lo había ayudado unas semanas atrás. Vanilla siempre había estado allí, observándolo desde las sombras y apareciendo únicamente cuando realmente era necesario.
—Me alegro, pequeño Sonic —dijo ella con ternura—. Vuelve aquí en unos meses. Solo así sabremos si funcionó.
—Sí, Su... Vanilla —se corrigió con una leve sonrisa—. Volveré aquí en tres meses.
✦ . ★ . ✦
—¡¿Se puede saber dónde estabas, Sonic?! —gritó su madre.
Era casi igual que cuando era pequeño.
—Toma —dijo el cobalto mientras le entregaba una bolsa. Seguidamente, caminó hacia su habitación.
—¿Qué es esto, Sonic? —preguntó su madre, confundida por la situación.
—Un regalo. Solo acéptalo.
El azul entró en su habitación y volvió a encerrarse.
—¿Y este idiota quién se cree para hablarte así? —murmuró su padre entre dientes, claramente molesto por la actitud fría de su hijo.
La eriza mayor abrió la bolsa y su rostro se llenó de una alegría inesperada.
—Es el vestido que quería desde hace meses —dijo emocionada—. Iré a darle las gracias.
—Será mejor que no lo hagas, mamá —la detuvo su hijo mayor—. Si se encerró en su habitación fue por algo. Además, ya sabes cómo se pone cuando invaden su espacio.
—Acepta el regalo, amor. Después de todo, es el primer regalo que recibes de él —dijo su esposo con total seriedad.
La adulta abrazó la bolsa con cariño. Una sonrisa se dibujó en su rostro al tener entre sus brazos aquel pequeño detalle de su hijo.
Nadie lo entendía, pero Sonic estaba dispuesto a hacer lo necesario para cambiar su futuro.
Incluso si eso significaba cambiar su forma de ser desde cero, aprender a ser más amigable y tratar de abrirse un poco más con quienes lo rodeaban.
El tiempo se le estaba acabando. Solo deseaba que sus esfuerzos dieran frutos.
......
Habían pasado tres meses desde su último encuentro con la Suprema.
Sonic había vuelto a aquel lugar, y tanto él como Vanilla mantenían la esperanza de que sus esfuerzos finalmente dieran resultado.
Desgraciadamente, las pocas cosas que cambiaban en la vida del cobalto no eran lo suficientemente importantes. No servían para cambiar su destino.
Aquello no era nada bueno.
Pero todavía tenía tiempo...
O eso era lo que ambos creían.
—¿Qué más puedo hacer, Vanilla? —preguntó el erizo con desesperación.
—No te rindas, azul. Aún tenemos tiempo, pero... si durante estos meses nada cambia, ya no habrá nada más que pueda hacer por ti —respondió la amable dama con esperanza en su corazón.
Después de todo, ella era la única que podía ayudarlo.
—Bien... Vendré cada mes. Tal vez funcione si sigo haciendo lo mismo.
—No le cuentes esto a nadie, pequeño. Solo tú podrás cambiar tu vida.
Sonic asintió en silencio.
No sabía cuánto tiempo le quedaba, pero estaba dispuesto a intentarlo una y otra vez.
Después de todo, esta vez no quería aceptar el futuro que le habían mostrado.
Quería cambiarlo.
(.....)
Sonic se encontraba en la azotea de su escuela, pensando e ideando una manera de cambiar su destino.
Fue entonces cuando sintió una presencia detrás de él.
—Hola... No pensé que vendrías aquí —habló aquel erizo—. Hace mucho que no estabas aquí.
—Quería estar solo... Me gusta estar tranquilo conmigo mismo —respondió con calma.
—Entonces me iré. No quiero molestarte.
—Puedes quedarte —respondió el azul con rapidez—. No eres una molestia, Shadow. Al contrario... Gracias por haberte acercado a mí. Sin ti nunca habría tenido la oportunidad de tener amigos. Gracias por eso.
Sonic mostró una leve sonrisa al azabache.
Aquel erizo se quedó impresionado por sus palabras. Sonrió ante aquel comentario y, después de unos segundos, decidió complementarlo.
—¿Y cómo piensas agradecérmelo?
—¿Disculpa? —preguntó el azul, confundido.
—No me conformo con un simple "gracias"... ¿Qué te parece si salimos después de clases? Solo nosotros dos —propuso.
—¿Lo dices en serio?
—Te espero en la esquina de la calle. Si no llegas... bueno, ya verás de qué soy capaz.
Sin siquiera darle la mínima oportunidad de responder, el erizo se marchó inmediatamente del lugar, dejando al azul con la palabra en la boca.
Las horas de clase y entrenamiento pasaron muy rápido. El azul solo suspiraba, exhausto, pues todavía tenía un asunto pendiente que resolver.
—Hermano, ¿te encuentras bien? Te ves algo raro y pálido —preguntó Manic.
—Sí. Es solo que unos chicos me invitaron a salir y estoy algo nervioso... Jamás he hecho este tipo de cosas. No sé qué hacer exactamente.
—¿De verdad?... ¿Y qué haces aquí, niño? Ve y diviértete. Deja que todo fluya con naturalidad. Y no te preocupes, yo les diré a nuestros padres.
—Okey... Nos vemos, Manic.
Sonic caminó hasta la dirección acordada.
—"Mmm... ¿Por qué este tipo de cosas me pasan a mí? ¿Estará bien salir con él?"
Las inseguridades nuevamente aparecieron en su vida, pero desaparecieron inmediatamente en cuanto él apareció.
—Hola. ¿Qué le dijiste a tu hermano? —preguntó el azabache con tranquilidad.
—Le dije que unos chicos me invitaron a salir. No quiero que me interroguen en casa.
—Descuida, no lo harán. Hay que irnos antes de que nos vean.
Y así fue como empezó todo...
Es decir, su primera salida con alguien que no lo veía como un bicho raro y peligroso, sino como un amigo de verdad.
Todo había salido bien en aquella salida. Sonic ni siquiera podía imaginarlo; no podía creer lo que acababa de vivir.
Al fin tenía una pequeña esperanza en su vida...
Y esa esperanza se convirtió en algo importante.
O, mejor dicho....
En alguien.
—Es la primera vez que te veo reír y sonreír de esa forma, azul. Me gusta eso de ti.
—Gracias, Shadow. Me divertí mucho hoy. Fue algo... nuevo e inesperado. Gracias por eso —dijo con total gratitud y honestidad.
Por desgracia para el azul...
—¿Sonic?
—M-Manic... ¿qué estás haciendo aquí?
Lo habían descubierto.
—Eso debería preguntártelo yo. Pensé que saldrías con unos "amigos" —dijo con seriedad—. ¿Qué haces con él a solas?
—No te incumbe. Y, además, ¿no se supone que deberías estar en casa?
—Mamá me envió por unas cosas. Y no cambies el tema, niño.
—Digamos que lo obligué a tener una salida conmigo, Manic —el azabache finalmente intervino—. Me lo debía, pero no es nada de lo que estás pensando, en serio.
—No quiero imaginar la reacción de nuestros padres si te hubieran descubierto. Menos mal que fui yo... Bien, no diré nada, siempre y cuando me digas toda la verdad.
—Olvídalo. No te diré nada sobre mi vida —respondió el azul.
—Entonces no cuentes conmigo.
—Bien. Entonces yo le diré a papá la vez que te escapaste de casa para ir con tu novio —dijo Sonic, sonriendo ante aquella confesión.
—No te atreverías, Sonic.
—¿Quieres apostar?
—Oigan, tranquilos —intervino Shadow—. Creo que lo mejor es dejarlo así y que ambos vayan a casa. ¿Les parece bien ese acuerdo?
—Eso creo —contestó el mayor—. Camina, Sonic.
—Lamento esto, azul —dijo Shadow con vergüenza.
—Descuida. No creo que diga nada —respondió Sonic mientras miraba a su hermano con cierta burla—. Gracias por lo de hoy. Me divertí. Adiós.
Y caminó con destino a su hogar.
Manic observó cómo su hermano menor se alejaba y luego dirigió su mirada hacia Shadow.
—Jamás te creí capaz de ver a mi hermano con otros ojos, Shadow.
—No me gusta Sonic. Solo quiero que mejore su vida, nada más.
—Lo mismo decía mi pareja sobre mí, y míranos ahora. Estamos por cumplir ocho meses de noviazgo —dijo con una sonrisa.
El azabache se quedó callado ante aquel comentario.
Sus sentimientos por el cobalto aún eran confusos. Él no lo veía de esa forma...
¿O sí?
[.....]
—Y eso me gané por salir con él —murmuró el azul mientras se dejaba caer sobre su cama.
Su celular vibró. Al ver el contacto en la pantalla, contestó con tranquilidad, o al menos con la que podía reunir en ese momento.
—¿Tuviste problemas con tu hermano? —preguntó Shadow al otro lado de la llamada.
—No. Manic se quedó callado, y menos mal, porque ya tenía un plan en su contra —respondió Sonic con una leve risa.
—Menos mal. No quería causarte problemas con tus padres... Por cierto, hace poco Manic me preguntó si querías salir con nosotros mañana por la tarde.
—¿Manic quiere salir conmigo? —preguntó, confundido—. Eso suena más a una especie de trampa. Olvídalo, no iré con ustedes.
—Vamos, será divertido.
—No, gracias. Si salí contigo hoy fue más por obligación que por voluntad... Mi respuesta es no.
—Ya será para la otra, supongo —rio suavemente.
—Oye, ¿qué habría pasado si no aceptaba salir contigo? —preguntó con curiosidad.
—En realidad, nada... Fue lo único que se me ocurrió para que aceptaras salir conmigo —respondió entre risas.
—Eres un i... —Sonic se detuvo antes de terminar la frase—. Olvídalo, ya no importa —dijo mientras intentaba calmar su ira—. Nos vemos en clases.
—Descansa, azul.
La llamada terminó.
Al principio, Sonic creía que había sido un error guardar a Shadow entre sus contactos. Sin embargo, con el tiempo, ese pensamiento se fue desvaneciendo poco a poco.
La cercanía que tenía con aquel erizo azabache comenzaba a volverse algo natural. Hablaban todos los días y, poco a poco, el azul empezó a ver a Shadow como un verdadero caballero; alguien que incluso podía plasmar en sus propias pinturas y bocetos.
Quizás él era a quien tanto había soñado y anhelado.
Después de todo, sin la ayuda del azabache, Sonic no estaría viviendo aquella nueva vida. Una nueva oportunidad.
Pero una parte de su ser no estaba completamente segura de querer acostumbrarse a ella.
Su futuro todavía no había cambiado.
Sonic lo sabía perfectamente: si quería comenzar una nueva vida, tenía que cambiar su futuro.
✦ . ★ . ✦
—Ya voy —dijo el cobalto mientras abría la puerta de su casa.
Al hacerlo, se llevó una sorpresa.
—Hola, azul.
—Hola, Shadow... ¿Qué haces aquí? —preguntó, extrañado.
—Pasaba por aquí y quería invitarte al parque. ¿Qué dices? —preguntó con entusiasmo.
—Mmm... Claro. Solo dame un minuto. Eh, disculpa.
El cobalto cerró la puerta, dejando al azabache afuera.
Shadow apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando comenzó a escuchar algunos sonidos provenientes del interior de la casa. Su atención se enfocó en un grito de aquel adulto, el padre de Sonic.
—¡No me respondas así, niño! ¡Hey! ¿A dónde vas, mocoso?
—¡Voy a salir! ¡¿No es lo que tanto deseas que haga?! —los gritos se hicieron cada vez más fuertes—. ¡Adiós!
El azabache se apartó lo más rápido que pudo de la puerta.
Unos segundos después, el cobalto salió. La gran frustración que llevaba dentro era evidente en su rostro.
—Vámonos, Shadow —dijo mientras comenzaba a caminar sin siquiera mirarlo a los ojos.
—Lo lamento —dijo el erizo—. No quería causarte problemas en tu casa.
—¿Por qué lo dices? ¿Por la pequeña pelea con mi padre? —preguntó con sarcasmo—. Descuida. Ya estoy acostumbrado a esas peleas con él.
El azul suspiró con verdadera frustración.
—Solo no preguntes y, por favor, disculpa esa escena que escuchaste —dijo con más calma—. ¿Y entonces? ¿Ocurre algo en el parque o solo querías conversar? —cambió de tema inmediatamente.
—Quería hablar contigo... Y también quiero hacerte una pregunta, pero no es necesario que la contestes ahora.
—¿Es importante?
—Para mí sí lo es —respondió con una sonrisa.
El azabache tomó aire antes de continuar.
—Me preguntaba... si podrías darme una oportunidad de ser tu novio.
—¿Eh?
La pregunta tomó completamente por sorpresa al azul.
—Desde hace unos meses me has empezado a gustar y, en verdad, quisiera que me dieras una oportunidad de ser tu pareja.
Sonic permaneció en silencio durante unos segundos.
—Shadow... no sé qué decir.
—Como dije, no es necesario que respondas ahora. Podría darte unos días para que asimiles la situación.
—Claro...
El azabache recibió una llamada de su familia y tuvo que atender por razones obvias.
—Voy para allá —dijo después de colgar—. Debo irme. Es mi familia —sonrió—. Solo quería que supieras lo que siento por ti. Y, en serio, me harías muy feliz si me dieras una oportunidad.
Shadow comenzó a alejarse.
—Nos vemos, azul.
—Adiós, Shads —respondió Sonic casi en automático.
El azabache se marchó, dejando al cobalto completamente inmóvil.
Su mente todavía intentaba procesar aquella declaración.
Shadow le había confesado que le gustaba.
Y ahora Sonic tenía que decidir qué hacer con aquello.
{.....}
El cobalto apenas podía pensar en algo que no fuera aquella declaración del azabache.
No podía evitar admitir que sus sentimientos eran mutuos.
Sin embargo, tenía miedo.
Tenía miedo de que aquel erizo algún día llegara a temerle por su gran poder y terminara alejándose de él.
O, peor aún...
Que terminara traicionándolo.
Su hermano entró a su habitación sin tocar la puerta, algo a lo que el azul ya estaba acostumbrado.
—¿Y cómo te fue? —preguntó el mayor—. Espero que haya valido la pena, considerando la pelea que tuviste con papá.
—Bien... Manic, ¿cómo fue tu primera declaración de amor? —preguntó Sonic.
—¿Mh?... Pues estaba demasiado nervioso, a pesar de estar enamorado. Pero diría que desde aquel día Scourge y yo hemos tenido una relación realmente increíble y honesta.
—¿Scourge es tu primera relación? Creí que habías tenido más —dijo con sorpresa.
—No. Él es mi primera pareja —respondió con felicidad—. ¿Por qué me preguntas eso?... ¿Acaso Shadow se te declaró?
—Sí —respondió Sonic sin mirarlo.
—Vaya... —dijo Manic, sorprendido—. ¿Y qué le dijiste?
—Nada. Me dio unos días para pensarlo.
—Mmm... Ya sé. Ven, Sonic.
El mayor tomó asiento en la cama del cobalto.
—Háblame de Shadow.
—¿Y para qué quieres que haga eso? —preguntó, confundido.
—Quiero ver tus expresiones. Así sabré si estás enamorado o no de Shadow. Así que háblame de él. Dime lo que piensas.
Sonic permaneció en silencio durante unos segundos.
Quizás, en el fondo del corazón de su hermano mayor, había cierta muestra de afecto hacia su hermano menor. Solo que casi nunca la mostraba o simplemente no sabía cómo hacerlo.
O quizás todavía no había aparecido el momento adecuado.
—Bien... Shadow es muy amable, atento y observador. Diría que es realmente un erizo muy bondadoso. Gracias a él tengo una amiga y logré salir un poco de mi zona de confort. Es muy agradable —dijo mientras recordaba todos los momentos que había compartido con él.
—Ajá... ¿Y qué más? ¿Cómo te sientes cuando estás a su lado?
—Pues... me siento en calma. Me da una tranquilidad inmensa estar junto a él, ya sea en momentos de entretenimiento o durante una simple plática.
Manic sonrió levemente.
—Mamá comentó que, desde que empezaste a acercarte a él, tus dibujos y pinturas se asemejan a un caballero muy parecido a él. ¿Cierto?
—Así es. Lo dibujo muy seguido. Ni siquiera lo pienso; diría que ya es algo muy natural para mí. Además, he soñado con esa figura desde que soy pequeño —respondió con sinceridad y una leve sonrisa en el rostro.
—Gracias por decirme eso, Sonic.
El cobalto bajó la mirada.
Por primera vez, decirlo en voz alta hacía que todo pareciera mucho más evidente.
—Creo que... sí me gusta mucho Shadow —dijo finalmente con una sonrisa.
—Lo sé, hermanito. Eso se nota. Solo quería que aclararas tus sentimientos y pensamientos —rio suavemente—. Pero bueno, al final, la decisión de ser su pareja o no es solo tuya. Descansa, azul.
Manic salió de la habitación.
Sonic permaneció sentado sobre su cama, mirando uno de sus bocetos.
—Tal vez... Shadow es con quien siempre soñé —susurró con una leve sonrisa mientras sostenía el dibujo entre sus manos.
✦ . ★ . ✦
Los días pasaron.
Fueron exactamente cinco días en los que Sonic estuvo pensando en aquella declaración.
Finalmente, tenía una respuesta clara sobre sus sentimientos.
—Hola, azul. ¿Listo para los próximos entrenamientos? —preguntó el azabache mientras se preparaba para sus clases.
Sonic respiró profundamente.
—Estuve pensando sobre tu pregunta, Shadow... y finalmente tengo una respuesta —dijo con tono nervioso.
El azabache lo observó con atención.
—Me he dado cuenta de que tengo sentimientos hacia ti. Solo que no me había dado cuenta antes... —continuó Sonic—. Sí quiero ser tu pareja.
Shadow sonrió con felicidad.
—Gracias por darme una oportunidad, azul.
Lo abrazó emocionado.
—Te prometo que serás feliz a mi lado. Te quiero mucho, Sonic. Lo digo en serio.
Y así ocurrió.
Su primer amor.
Su primera felicidad después de tanto tiempo.
Finalmente, Sonic era feliz.
Los días pasaban volando. La vida solía ser así; uno casi nunca se daba cuenta de lo rápido que transcurría el tiempo.
La vida de Sonic era magnífica. Su noviazgo con el azabache iba bien. Salían juntos a diferentes lugares, confiaban el uno en el otro y compartían entrenamientos tanto dentro como fuera de su preparatoria especial.
Incluso se habían presentado oficialmente ante sus respectivas familias.
Claro que, como ya se imaginarán, la familia del cobalto no recibió muy bien la noticia.
Sin embargo, la familia del azabache lo recibió con los brazos abiertos. Lo consideraban parte de su familia.
Lástima que el padre del cobalto no hiciera lo mismo que ellos.
Pero eso no era lo más importante para el azul...
Al menos, no ahora.
Todavía tenía un asunto muy importante que atender.
✦ . ★ . ✦
—¿Estarás bien volviendo a tu casa solo? —preguntó el azabache—. Aún tengo tiempo. Puedo acompañarte hasta tu casa.
—Descuida, voy a estar bien. Además, tu madre te llamó hace poco. Ve con ella, podría ser una emergencia. —se acercó y besó su mejilla.
—Está bien. Pero si me necesitas, puedes llamarme. Nos vemos pronto, azul. —Le dio un breve beso y, sin decir más, se marchó.
El cobalto comenzó a caminar en dirección contraria a su hogar.
Tenía que ir a un lugar.
Pero no a casa.
Sonic debía encontrarse con la única persona que realmente le había ofrecido ayuda durante toda su vida.
Vanilla.
Sin embargo, había algo extraño esta vez.
El lugar de encuentro era completamente diferente a los anteriores.
Llegó hasta un viejo y abandonado lugar. A simple vista, parecía una casa que llevaba muchos años sin ser habitada.
Algo no pintaba bien.
—¿Vanilla? ¿Se encuentra aquí? —preguntó mientras entraba en la casa.
—Pequeño Sonic. —La dama se hizo presente desde el interior. —¿Nadie te siguió? —preguntó con cautela.
—No. Tuve mucha precaución.
—Menos mal. Está prohibido traer a un Portador o a un civil aquí —dijo con seriedad.
—Si está prohibido, ¿por qué me citó aquí? —preguntó confundido—. ¿Tiene algo importante que decirme?
—Así es, pequeño.
La voz de Vanilla sonaba apagada.
—Lo lamento tanto, Sonic. No puedo cambiar tu futuro. Es como si, de alguna manera, ya estuviera destinado a suceder. En serio lo siento, pequeño.
Vanilla inclinó la cabeza en señal de disculpa.
—¿Qué? No, no puede ser. Debe haber una solución, Suprema. Lo que sea, por favor.
Sonic comenzó a suplicar desesperadamente.
—Lo lamento mucho, Sonic, pero ya no puedo hacer nada por ti. Te he dado soluciones que hemos utilizado durante siglos. Jamás habían fallado hasta ahora —dijo con firmeza.
El azul no podía creer lo que estaba escuchando.
—Incluso rompí las reglas por ti. Nosotros solo tenemos permitido intervenir directamente una vez en la vida de un Portador, pero no me parecía justo que alguien tan poderoso e inocente como tú terminara de esa forma... En verdad lo lamento.
—No... No, no, no. Tengo que cambiar mi futuro. Por favor... Aún debe haber algo que hacer.
Todo ese tiempo había sido en vano.
Todo lo que el azul había intentado hacer para cambiar, tener una vida mejor y escapar de aquel destino parecía haber sido desechado.
Una pérdida de tiempo.
—Espere... U-usted dijo que mi vida terminaría de una manera trágica cuando cumpliera veinticinco años, pero nunca me dijo cómo sucederá. Quizá, si me muestra eso, pueda hacer algo para...
—Sonic, no puedo hacer eso —lo interrumpió con voz apagada—. Ese don solo les pertenece a los Supremos. No podemos compartirlo con nadie. Solo nosotros podemos ver el futuro de alguien... Incluso rompí esa regla cuando nos conocimos por primera vez.
—¿Qué puedo hacer ahora? —preguntó devastado.
Vanilla lo observó en silencio durante unos segundos.
—Sé feliz durante el tiempo que aún te queda de vida. Después de todo, ya sabes lo que pasará. Es lo único que puedo decirte, pequeño.
Sonic bajó la mirada.
—...No tengo otra opción, supongo.
Después de unos segundos, levantó la cabeza.
—Vanilla... Gracias por todo lo que hiciste por mí. En verdad te lo agradezco.
El azul abrazó a la coneja adulta. —¿Nos volveremos a ver? —preguntó con tristeza.
—No, pequeño. Este es nuestro último encuentro.
Vanilla correspondió el abrazo.
—Sé feliz, Sonic. Disfruta cada segundo de tu vida. Fue un gran honor para mí tratar de ayudarte. Lo digo con sinceridad. Para mí... tú eres un pequeño guerrero fuerte e invencible.
Las despedidas suelen ser realmente difíciles.
Y esta no fue la excepción.
Como si se tratara de una madre y su hijo, ambos se despidieron entre lágrimas y abrazos.
Aquella dama solo quería salvarlo de su cruel destino...
No logró hacerlo.
Y esa decisión tendría un precio mucho más alto de lo que Sonic jamás podría imaginar.
✦ . ★ . ✦
—¿Te divertiste haciendo de heroína, Vanilla?
Una figura salió de las sombras en cuanto la dama se quedó completamente sola.
Vanilla no pareció sorprendida.
—No me arrepiento de mi decisión, Gran Supremo —afirmó.
—¿A pesar de que eso te llevará a la muerte? —preguntó la figura—. Me es imposible imaginar que alguien tan importante como tú intentara detener los planes de todos los Supremos.
—La vida de un ser vivo no es un espectáculo del cual podamos divertirnos mientras lo hacemos sufrir.
—Lo hemos hecho siempre. No sé por qué te molestas —respondió mientras reía levemente ante aquella confesión.
—Así es. Incluso yo me vi involucrada en esos planes, pero lo que hicieron con la vida de este erizo me parece realmente decepcionante y desagradable —dijo con molestia—. Se supone que somos una guía y una esperanza para quienes nos necesitan. No somos monstruos que juegan con la vida de alguien.
—Se supone... Tú lo has dicho.
La figura permaneció en las sombras.
—¿Lista para enfrentar las consecuencias de tus actos?
—Así es, señor.
—¿Unas últimas palabras, Vanilla?
La dama cerró los ojos.
En su mente apareció el pequeño Sonic que había conocido años atrás.
"Pequeño Sonic, cuídate mucho. No sabes las desgracias que te esperan en la vida."
Y sin darle ninguna oportunidad de defenderse, el Gran Supremo acabó con la vida de Vanilla.
Su cuerpo cayó al suelo.
La única Suprema que realmente había querido una vida mejor para todos los seres vivos había sido asesinada por desafiar las reglas que durante tanto tiempo había seguido.
Y con ella...
También desaparecía la esperanza de un mundo mejor.
La única fe que Sonic tenía...
Le había sido arrebatada.
- Nuestro Final -
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