Capítulo II
El breve momento de paz que Sonic encontraba en su habitación fue interrumpido por unos suaves golpes en la puerta.
Su madre.
Siempre cuidadosa.
Siempre intentando no invadir un espacio del que, en el fondo, ya había sido expulsada hace tiempo.
—Sonic... ¿puedo pasar?
El azul dejó escapar un largo suspiro.
Lo último que deseaba era ser grosero con ella.
—Adelante —respondió con una voz tranquila, más serena de lo habitual.
La puerta se abrió con lentitud.
—¿Cómo van las cosas, hijo? —preguntó acercándose unos pasos—. ¿Ese chico aún te sigue molestando?
Sonic alzó apenas la mirada.
—Ah... sí. Pero creo que ya lo solucioné.
Su tono fue calmado, aunque en su mente todavía seguía presente la discusión ocurrida horas atrás.
—No será... —su madre sonrió con cierta picardía— ¿que a ese chico le gustas?
Sonic reaccionó de inmediato. —Para nada. Solo quiere ayudarme a conseguir amigos.
—Eso suena bien.
—No para mí —replicó con frialdad—. No quiero relacionarme con nadie. Quiero estar solo.
La expresión de su madre cambió.
—¿Por qué?
Sonic desvió la mirada. —Por nada en especial.
—Debe haber una razón, Sonic. ¿Por qué no quieres tener amigos?
Y entonces volvió.
El recuerdo.
Ese día.
Aquel accidente que seguía clavado en su mente como una herida que nunca cerró.
Marcado para siempre.
—No es nada —respondió, esta vez con evidente molestia.
Su madre guardó silencio unos segundos.
Sabía cuándo insistir... y cuándo no.
—Está bien, hijo. Baja a cenar cuando quieras.
Se retiró sin decir nada más.
La puerta volvió a cerrarse.
Y con ella, regresó el silencio.
El recuerdo de aquel día lo consumía constantemente. Su mente no dejaba de recordarle que su poder era demasiado peligroso... que él mismo lo era.
Y aun así, seguía resistiendo.
Controlando cada emoción.
Cada impulso.
Cada grieta interna.
Dándolo todo para cumplir con un deber que jamás eligió.
Un deber impuesto desde el nacimiento.
✦ . ★ . ✦
Los días continuaron con aparente normalidad.
Bueno...
Tan normal como podía ser la vida de Sonic.
Shadow ya no le dirigía la palabra desde aquella discusión, y eso no pasó desapercibido para nadie.
Los estudiantes de la preparatoria observaban más de la cuenta. A todos les resultaba extraño no ver al erizo azabache siguiéndolo por los pasillos o buscándolo durante los descansos.
Como siempre, Sonic los ignoraba y seguía su camino.
Los entrenamientos tampoco eran iguales.
Para Sonic, todo seguía siendo rutina.
Para Shadow... no.
Se notaba incómodo en cada encuentro. Sus combates ya no tenían la misma seguridad, ni la misma concentración.
Algo había cambiado.
Y ambos lo sabían.
Un día, las clases transcurrían con normalidad. Los Portadores practicaban defensa personal y combate avanzado bajo la estricta supervisión de los Guías de Dominio.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Incluso para Sonic.
Un instante de distracción.
Solo uno.
Y fue suficiente.
El golpe impactó con fuerza.
Su visión se nubló por un segundo.
—¿Estás bien? —preguntó Shadow, acercándose de inmediato.
—Sí... no fue nada.
Mentía.
Y esta vez era evidente.
La sangre descendía desde su cabeza y también manchaba ligeramente su nariz.
—No lo estás, Sonic. Deja de mentir. —Su voz sonó más molesta que tranquila—. Maestro, lo llevaré con los Vitalistas.
—No hace falta, maestro. En serio, estoy bien.
La sangre seguía cayendo.
Y su orgullo también.
—Shadow, por favor, llévalo —ordenó uno de los Guías de Dominio.
—¡Oye! —protestó Sonic al instante.
Pero fue inútil.
Shadow lo cargó sin esfuerzo, como si llevara un saco al hombro, ignorando por completo sus quejas.
—¡Bájame ahora mismo!
No obtuvo respuesta.
Fue arrastrado a la fuerza hacia la zona médica de la academia.
Hacia los Vitalistas.
Los sanadores de Nexum.
Aquellos que dedicaban su vida a reparar heridas que otros provocaban.
Aunque algunas... jamás podían curarse.
.......
—Listo. Ya estás curado.
La voz pertenecía a una amable coneja adulta, de expresión serena y manos expertas. Sus movimientos eran precisos, delicados... como si estuviera acostumbrada a reparar cuerpos heridos sin alterar la calma de quienes sufrían.
Sonic evitó mirarla demasiado.
—Qué vergüenza... —murmuró el cobalto.
—¿Vergüenza? —preguntó Shadow.
—Todos los Portadores nos vieron... incluso algunos Centinelas.
La coneja soltó una leve sonrisa. —No deberías pensar en eso. Lo importante es que estás bien.
—No era nada grave —replicó Sonic con fastidio—. Están exagerando.
Shadow cruzó los brazos. —Sí lo era.
—En realidad... él tiene razón —intervino la Vitalista con total naturalidad—. Si no hubieras sido atendido a tiempo, esa herida pudo haber afectado tu cerebro de forma irreversible.
Sonic abrió los ojos con sorpresa. —¿De verdad?
—Así es —respondió ella con calma—. De haber empeorado, solo el poder de los Supremos del Destino habría podido revertir algo así.
Hizo una pequeña pausa antes de continuar.
—Pero ya no importa. Estás fuera de peligro. Solo necesitas reposo durante una semana.
En ese instante, la puerta se abrió de golpe.
Su madre entró apresurada y abrazó a Sonic con fuerza.
—¡Hijo! ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Es grave?
—Mamá... no exageres.
Sonic se apartó casi de inmediato, incómodo por la escena. —No fue nada. Estoy bien.
—Así es, señora —dijo la coneja con amabilidad—. Solo debe guardar reposo por una semana. Con permiso.
Y abandonó la habitación con la misma serenidad con la que había entrado.
Shadow dio un paso al frente.
—Señora... lo lamento mucho. No quería que esto le pasara a su hijo.
—Fue un accidente, mamá —aclaró Sonic—. Solo estábamos entrenando.
La mujer observó al azabache con curiosidad.
—¿Tú eres Shadow?
—Sí, señora.
Ella sonrió con calidez.
—Muchas gracias por preocuparte tanto por mi hijo. Me alegra saber que tiene un buen amigo como tú.
Sonic frunció el ceño.
—Vámonos, Sonic.
Y así regresaron a casa.
✦ . ★ . ✦
Horas después, el erizo cobalto permanecía en su habitación.
Descansando por obligación.
Órdenes médicas.
Aunque ya se sentía mejor, no tenía otra opción más que obedecer.
—¿Cómo estás? —Era Manic, entrando sin pedir permiso.
—Estoy bien. No fue nada... pero mamá exageró. Estaba tan asustada que hasta lloró.
—No exageró —respondió su hermano mayor—. Es su deber preocuparse por nosotros.
Luego sonrió de lado. —Por cierto... Shadow quería venir, pero le dije que no lo hiciera.
—Sí. Papá lo mataría. —No parecía importarle demasiado. —Como sea. Mañana volveré a clases. Ya me siento mejor.
—Bien... ¿escuchaste, Shadow? —Manic sacó su celular.
—¡¿Qué?!
Sonic le arrebató el teléfono al instante.
—¿Cómo te atreves a pedirle su número?
Del otro lado se escuchó una voz conocida.
—Lo siento... solo quería saber cómo estabas. Me sentí culpable porque te pasó eso por mi culpa.
Sonic suspiró con molestia. —Fue un accidente. Y más te vale que esto no cambie cómo te tomas los entrenamientos conmigo.
—Descuida —respondió Shadow—. Eso seguirá igual.
—Nos vemos.
Colgó sin más.
Le devolvió el teléfono a Manic de mala gana.
—No vuelvas a hacer eso.
—Perdón, pero Shadow no me dejaba en paz. No sabía qué hacer.
Hubo un breve silencio.
—Casi lo olvido... mira esto. —Le mostró una fotografía.
—¡Borra eso, Manic!
¿Por qué reaccionó así?
Porque en la imagen aparecían él y Shadow en la sala médica... con la Vitalista atendiéndolo mientras el azabache lo miraba preocupado.
—¡Manic, basta! —Su madre acababa de entrar. —Sonic debe descansar. Déjalo en paz.
—Quiere que la elimine, mamá.
Le enseñó el celular.
Ella observó la imagen... y soltó una risa leve.
—Envíamela. Se ven muy lindos.
—¡Mamá!
—Está bien, basta de molestarlo —dijo entre risas—. Manic, tu padre te estaba buscando.
—Agh... qué vergüenza. —decía el erizo azul.
Manic salió de la habitación.
Sonic hundió el rostro entre las almohadas.
—Pero fue muy caballeroso contigo —comentó su madre con una sonrisa suave—. Se preocupó bastante.
—Intentaré dormir un rato.
—Está bien. Volveré en dos horas con algo ligero de comer. Descansa.
La puerta volvió a cerrarse.
Y Sonic quedó a solas.
Otra vez.
Se recostó mirando el techo, respirando con pesadez.
Entonces recordó el accidente de ese día.
Luego, inevitablemente...
El otro accidente.
El verdadero.
—Fue algo similar... quizá fue karma. —Su voz apenas salió.
Aquel día...
Solo era un niño.
No entendía lo que hacía.
Ni lo que llevaba dentro.
Ese día jugaba con su hermana menor, apenas un año más pequeña que él.
Risas.
Carreras.
La inocencia normal de dos niños que aún no conocían el peligro.
Pero Sonic había nacido como Portador.
Y todavía no sabía controlar sus habilidades.
Ni cuándo despertarían.
Todo marchaba bien...
Hasta que ocurrió.
Su pequeña hermana corrió hacia la calle sin darse cuenta de que un vehículo avanzaba directo hacia ella.
Sonic reaccionó por instinto.
Corrió para salvarla.
Y entonces su poder despertó.
Un campo eléctrico surgió a su alrededor como un escudo.
Para él no representó daño alguno.
Para ella...
No fue igual.
El vehículo logró esquivarlos.
Pero el impacto verdadero ya había sucedido.
—¿Hermanita...?
Sonic se arrodilló de inmediato.
La movió con desesperación.
—¿Estás bien?
No respondió.
—¡Mamá! ¡Papá!
No entendía.
Ni siquiera sabía que había activado su poder.
No comprendía lo ocurrido.
Él solo quería protegerla.
[.......]
Todos se encontraban en la sala de emergencias, esperando que todo saliera bien.
El ambiente estaba lleno de tensión.
Nadie hablaba.
Nadie sabía qué decir.
Solo aguardaban.
Finalmente, el doctor salió en busca de los familiares de la pequeña paciente.
—¿Cómo está mi hija? —preguntó el padre, consumido por la preocupación.
El médico bajó la mirada por un instante. —Por favor... vengan conmigo.
Los condujo hasta un espacio privado.
Y allí le dio la peor noticia que alguien podría escuchar.
La noticia que ningún padre debería recibir jamás.
Cuando regresaron, sus rostros estaban descompuestos.
Sus ojos, llenos de lágrimas.
La madre lloraba desconsoladamente entre sus brazos.
—¿Papá...? —Preguntó el pequeño Sonic, confundido al verlos así.
No entendía qué estaba pasando.
Esperaba una respuesta.
Pero no la que recibió.
—¡No quiero que te acerques a Manic! —gritó su padre, quebrado por el dolor—. ¡No volverás a estar cerca de él! ¿Entiendes?
El pequeño retrocedió, temblando.
—N-no entiendo... ¿qué hice?
Su madre alzó la mirada, destrozada.
—¡Mi hija acaba de morir por tu culpa!
Las palabras atravesaron al niño como cuchillas.
—¡Eres un peligro para tu hermano! ¡No volverás a acercarte a él!
Ambos adultos se marcharon hacia la habitación donde yacía el cuerpo sin vida de la pequeña eriza.
Y dejaron atrás a su otro hijo.
Solo.
Llorando en silencio.
Inmóvil.
Las palabras se repetían una y otra vez dentro de su pequeña cabeza.
Eres un peligro.
Fue tu culpa.
—Fue... mi culpa... —Susurró antes de salir corriendo del hospital sin rumbo alguno.
Cuando estuvo lejos, cerca de una zona abandonada, cayó de rodillas al suelo.
Se hizo un ovillo.
Abrazándose a sí mismo.
Buscando un consuelo que nadie le dio.
Fue entonces...
Cuando ella apareció en su vida.
—Eres Sonic, ¿verdad?
El pequeño levantó la mirada con miedo.
Frente a él había una coneja adulta de presencia elegante y expresión serena.
Su voz transmitía una calma extraña.
—¿Q-quién es usted? —preguntó asustado.
—¿Has oído hablar de los Supremos?
Sonic asintió con lentitud. —¿Los que pueden ver el futuro? ¿Usted pertenece a esos poderosos?
La dama sonrió con suavidad. —Así es, pequeño.
Hizo una pausa antes de mirar el lugar.
—Deberías volver a casa. Este sitio es demasiado peligroso para un niño como tú.
El pequeño cobalto volvió a sollozar.
La coneja se agachó a su altura.
—¿Sabes? Yo te conocí cuando eras apenas un bebé.
Sonic la observó con sorpresa.
—Y también vi todo tu futuro.
—¿Mi futuro? ¿Lo dice en serio?
—Sí, Sonic. —Su tono se volvió más grave. —Y necesito que sepas algo importante... el accidente que ocurrió hace poco fue solo el comienzo de tu vida.
El niño guardó silencio absoluto.
—Tu poder seguirá creciendo con el paso de los años. Será algo maravilloso... algo nunca antes visto.
Sus ojos se endurecieron levemente. —Pero también será muy peligroso.
Con un movimiento de su mano, una neblina apareció frente a ambos.
Dentro del humo comenzaron a formarse imágenes borrosas.
Un Sonic adulto.
Rodeado por una tormenta roja y negra.
Junto a él, dos figuras irreconocibles.
Se escuchaban gritos lejanos.
Caos.
Dolor.
Horror.
La visión desapareció en segundos.
—Todos te admirarán por ese poder —continuó la dama—, pero se volverán en tu contra.
El pequeño no podía apartar la mirada de ella.
—Te darán la espalda en el peor momento... y cuando eso ocurra, tu poder se volverá imparable.
Los recuerdos de aquel día jamás se borraron.
Ni la muerte de su pequeña hermana.
Ni la advertencia de aquella coneja.
Ni el miedo sembrado en su corazón.
Desde entonces...
Sonic nunca volvió a ser el mismo.
{......}
Todos tenían la mirada puesta en él.
Algo tan simple como eso bastaba para poner nervioso al azul.
No entendía el motivo.
¿Por qué lo observaban tanto?
Hasta que...
—¡Sonic! —gritó una eriza rosada mientras corría hacia él—. ¿Qué haces aquí? ¡Se supone que deberías estar descansando!
—Nos preocupamos mucho por ti, Sonic.
Antes de que pudiera reaccionar, un zorrito de dos colas lo abrazó con fuerza.
En cuestión de segundos, varios estudiantes comenzaron a rodearlo.
Preguntas iban y venían sin darle tiempo a responder.
—¡Sonic! ¿Estás bien?
—¿No deberías seguir en reposo?
—¿No te estás esforzando demasiado?
Atónito.
Esa era la única palabra capaz de describir lo que pasaba por su cabeza.
Jamás había recibido tanta atención.
—Estoy bien... gracias. Los veo después.
Como pudo, se abrió paso entre la multitud y caminó directo hacia su salón.
—Eso fue raro... —susurró, aún sintiéndose extraño consigo mismo.
No tardó en escuchar pasos tras él.
—¿Estás bien? —preguntó la eriza rosada mientras tomaba asiento a su lado—. Perdona si te acorralamos... pero todos estábamos preocupados. Incluso tuvieron que cancelar las clases ayer.
Sonic desvió la mirada.
—Lamento eso... y bueno... no estoy acostumbrado a estar cerca de tanta gente. —Hizo una pequeña pausa. —Pero agradezco tu preocupación, Amy.
Por primera vez en mucho tiempo, una leve sonrisa apareció en su rostro.
Sacó una pequeña golosina de su mochila, la partió en dos y le ofreció una mitad.
—¿Gustas?
Amy sonrió encantada.
Ambos compartieron el dulce en silencio.
Y, curiosamente...
Fue un silencio cómodo.
Los días continuaron con normalidad.
O al menos, tan normales como podían ser para Sonic.
La diferencia ahora era evidente.
Una eriza rosada comenzó a pasar tiempo a su lado.
Conversaban.
Entrenaban juntos.
Reían de vez en cuando.
Podría decirse que, por primera vez en su vida...
Sonic tenía una amiga.
—Nos vemos, Sun. Cuídate.
—Adiós, Amy. —La rosada se alejó agitando la mano.
—Veo que finalmente tienes una amiga.
Sonic giró la cabeza.
Shadow.
—Ah... sí. Aunque no hablamos demasiado.
—Pero ya es algo. Me alegro por ti.
El azabache guardó silencio un instante antes de continuar.
—Y como prometí... ahora me alejaré de ti.
—¿Qué?
—Es lo que querías, ¿no? —preguntó con una sonrisa traviesa—. ¿O acaso ya te habías acostumbrado a mi presencia?
—Como dije al principio... no te creas tan importante.
Ambos soltaron una risa leve.
Era extraño.
Natural.
—También vine a decirte que deberías buscar otro compañero de combate —añadió Shadow—. No puedo seguir entrenando contigo después de lo ocurrido.
—Solo fue un accidente. No me pasó nada.
—Aun así, tengo miedo de que algo peor vuelva a suceder. —Dio media vuelta. —Es lo mejor para ti.
—No te vayas, Shadow.
El azabache se detuvo en seco.
—No quiero a otro compañero de combate.... Te quiero a ti.
Shadow volteó lentamente.
Ambos quedaron inmóviles.
Sorprendidos.
Especialmente Sonic, quien parecía no comprender ni sus propias palabras.
—D-digo... nadie está a mi nivel más que tú —corrigió apresuradamente—. Por eso no quiero a otro compañero.
Shadow soltó una pequeña risa.
—Gracias por el cumplido, azul. —Se acercó un poco. —Pero piénsalo mejor. Te daré una semana para encontrar un reemplazo.
—No lo haré. —Sonic sostuvo su mirada. —Te necesito.
Por un instante, ninguno habló.
Solo se miraron.
Con una sonrisa tenue.
Con una extraña intensidad brillando en sus ojos.
—C-como compañero —añadió Sonic de inmediato—. Te necesito como compañero.
—Sé lo que querías decir, Sonic. —Shadow sonrió de lado. —Aun así... piénsalo.
Y se marchó.
Sonic quedó inmóvil.
Confundido.
No entendía por qué estaba tan nervioso.
Pero algo sí sabía con certeza.
No quería reemplazar al azabache.
Y no era únicamente por los entrenamientos.
Era algo más.
Algo que todavía no sabía nombrar.
Se quedó varios minutos en la salida de la preparatoria, con la mente perdida en otra parte.
—Hey, hermanito. ¿Te sucede algo? —Era Manic.
—¿En qué tanto piensas?
—En nada. —Ni siquiera lo miró. —Adelántate a casa. Tengo algo que hacer.
—¿A dónde vas? Al menos dime para avisarles a mamá y papá.
—Descuida. No tardaré mucho... una hora, quizá dos. Te veo más tarde, Manic.
—Como quieras. —El mayor se marchó rumbo a casa.
Sonic, en cambio, avanzó hacia lo más profundo del bosque.
Un sitio abandonado desde hacía siglos.
Un lugar prohibido para cualquier mortal.
Mientras caminaba, recordó por qué debía ir allí.
Aquel momento.
El recuerdo que cargaría toda la vida.
✦ . ★ . ✦
El pequeño Sonic lloraba desconsoladamente.
No quería aceptar ese futuro.
No quería que nada de eso ocurriera.
—No ganarás nada llorando, pequeño. —La amable Suprema secó sus lágrimas. —Aún estamos a tiempo de cambiar el futuro.
—¿P-pero cómo lo haré?
Ella extendió la mano y le entregó un pequeño libro.
—Aquí está todo lo que necesitas saber. —Su mirada se volvió seria. —Si cumples cada palabra al pie de la letra... todo cambiará. Y tendrás una vida distinta a la que estás destinado.
El pequeño Sonic la abrazó con fuerza, agradeciéndole entre sollozos.
—Escúchame bien —dijo la mujer con dulzura—. Vuelve aquí cuando cumplas quince años. Entonces veremos si el futuro cambió. ¿Entiendes?
—S-sí... gracias nuevamente, Suprema.
Ella sonrió.
—Vanilla. Ese es mi nombre, pequeño.
Lo abrazó de vuelta.
—Te llevaré a casa... y prometo que haré todo lo posible por ayudarte.
Aquel abrazo fue la primera vez que Sonic sintió que no estaba solo.
✦ . ★ . ✦
Había pasado mucho tiempo desde entonces.
Y ahora esperaba que todo lo que hizo hubiera valido la pena.
Finalmente llegó al lugar.
Un antiguo templo de los Centinelas.
Abandonado.
En ruinas.
Cubierto por el silencio del bosque.
Sonic dio un paso al frente.
—Cuánto tiempo... Suprema Vanilla. —Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Desde las sombras, una figura emergió lentamente.
—Te estaba esperando, pequeño Sonic. —Y ella también sonreía.
— Nuestro Final —
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