Capítulo I

A veces, las personas creen que el tiempo puede arreglarlo todo.

Que los errores se olvidan.
Que las heridas sanan.

Pero hay cosas... que no desaparecen.
Solo aprenden a esconderse mejor.

Para cuando Sonic cumplió catorce años, ya no quedaba mucho de lo que alguna vez fue.

Nexum seguía en pie. Los Portadores seguían entrenando para convertirse en Centinelas. Y los Supremos del Destino....... continuaban observando en silencio.

Todo seguía su curso.

Excepto él.

—Sonic, ven a desayunar —dijo su madre desde la cocina, intentando mantener un tono suave.

No hubo respuesta.
El silencio en aquella casa no era reciente.... pero sí cada vez más pesado.

—Hijo... —insistió esta vez su padre, con una firmeza que no lograba ocultar la incomodidad—. No es una petición.

Pasos.
Lentos.
Arrastrados.

Sonic apareció en el marco de la puerta sin mirar a ninguno de los dos. Sus ojos, antes llenos de vida, ahora parecían vacíos... distantes.

Como si estuviera en otro lugar.

—No tengo hambre. —Su voz fue fría. Cortante.

Y sin esperar respuesta, se dirigió hacia la puerta.

—¡Sonic! —la voz de su hermano mayor, Manic, rompió el silencio, cargada de molestia de la rutina diaria—. Solo queremos hablar.

Pero él ya se había ido.

Y como siempre... no volvió la mirada.

Hubo un tiempo en el que esa casa estaba llena de risas.

Yo lo sé... porque él también lo sabía.

Pero ese tiempo..... ya no existía.

—Discúlpenlo, ya saben cómo es —dijo su hermano mayor, sin parecer realmente preocupado por la situación.

—Solo es rebeldía, hijo —añadió su padre sin mucho interés.

—No, amor... no es eso —intervino su madre—. Creo que fue nuestra culpa que esté creciendo así. Nosotros le hicimos ver que su poder era peligroso desde... ese día.

—Pero eso no fue su culpa. Solo hicimos lo correcto.

Lo correcto...
Sí, claro.

No tienen idea de lo que están diciendo.

—Ve a clases, Manic. No querrás que se te haga tarde.

—Sí, papá. Nos vemos en la tarde. —Corrió hasta alcanzar a su hermano menor—. ¡Sonic! ¡Espérame!... Oye, no tienes por qué portarte tan grosero con nuestros padres.

—No sé de qué me hablas —respondió Sonic en voz baja, casi como un susurro.

—Sí, claro —dijo con ironía—. Ellos solo quieren lo mejor para ti. Quieren verte sonreír... ser feliz. ¿Es tan difícil?

—Sí...

Eso bastó para encender la furia del mayor.

—¡¿Por qué eres así, Sonic?!

—Siempre he sido así.

—Eso no es cierto. No solías ser así.

—Es verdad... ustedes me volvieron así. —Y probablemente me volveré peor de lo que soy. —pensó.

—No sé ni por qué me tomé la molestia de hablar contigo. Nunca cambiarás. Como sea... te veo después de clases, hermano.

El azul no respondió.

Se limitó a observar la entrada de la preparatoria. Soltó un suspiro largo y pesado, quedándose inmóvil durante unos segundos.

Aquellas palabras... seguían ahí.
Marcadas.

"Todos se volverán en tu contra."

Desvió la mirada un instante, como si intentara ignorarlas... pero era imposible.

Finalmente, volvió a mirar al frente y, sin decir nada más, entró.

El día transcurrió... ¿normal?
No exactamente.

No hubo dificultades para Sonic.
Sus maestros y la mayoría de sus compañeros lo admiraban por ser alguien tan dotado y poderoso.

Pero él los ignoraba.

Sentía que no merecía ese aprecio... ni esa admiración.

Era el miedo lo que lo hacía sentir así.

Aunque, claro... también estaban aquellos que no lo admiraban.

Los que susurraban.
Los que envidiaban.
Los que hablaban a sus espaldas.

..........

—Cariño, por favor... solo te pido paciencia. Es lo único que necesita Sonic en este momento.

—Elena, amor mío, compréndeme —respondió su padre—. Ese chico últimamente está siendo muy grosero con nosotros. ¿Crees que se merece eso?

—No... pero debemos pasar más tiempo con él, conocerlo mejor... —insistió ella con suavidad—. Te aseguro que todo mejorará en esta familia.

—Está bien... pero no prometo nada, cariño.

Sus hijos habían vuelto.

—Bienvenidos, la cena casi está lista —dijo su madre con un tono dulce—. Sonic, queremos hablar contigo... ¿podemos?

—Eh... supongo que sí.

Manic los dejó a solas.

—Tu padre y yo hemos decidido llevarte de viaje a la playa —explicó ella—. Queremos pasar más tiempo contigo... conocerte mejor.

El azul se limitó a suspirar.

—Gracias, pero no es necesario. No me gusta la playa.

Era mentira.

—Sonic —intervino su padre con voz seria—. Nos gustaría verte salir más. Siempre estás en tu habitación. Ni siquiera sales con tus amigos.

—No tengo amigos —respondió—. Y no quiero ser grosero, pero no quiero pasar tiempo con ustedes. Me gusta estar solo.

El silencio invadió la sala.
Pesado. Incómodo.

—No cenaré con ustedes. Comí algo de camino aquí. Iré a mi habitación... buenas noches.

Sin esperar respuesta, se encerró una vez más.

Sus padres suspiraron.
Ya esperaban esa reacción... o tal vez simplemente se habían acostumbrado a ella.

El reloj marcaba las nueve de la noche.
La habitación del erizo permanecía iluminada.

¿La razón?

No había tareas.
Nada que hacer.

Excepto dibujar.

El silencio le resultaba cómodo.
Las luces de la ciudad, su única compañía.
Un cuaderno abierto.
Un lápiz en mano.
Y un boceto que ya parecía repetirse una y otra vez.

Un caballero.
Siempre el mismo.

—Hola... —la voz de su madre lo sacó de sus pensamientos—. Supuse que tendrías hambre.

Dejó un sándwich sobre la cama.

—Es tu favorito. Mantequilla de maní y jalea.

No lo era.

—Gracias, mamá.

Ni siquiera la miró. Su atención seguía fija en el cuaderno de dibujo.

—Es muy lindo... —dijo ella, acercándose un poco—. ¿Quién es el caballero? ¿Algún conocido?

—No lo sé... pero siempre aparece en mis sueños. Supongo que lo vi de niño... y desde entonces se quedó en mi mente.

Hubo un breve silencio.

—Sonic... —dudó un instante—. Discúlpanos por cómo te hemos tratado desde... aquel día.

Las palabras cayeron de golpe.
Sonic dejó de dibujar.
Su mirada se perdió en la nada.

—Eso pasó hace muchos años, mamá.

—Pero fue por eso que ahora eres así.

—No fue por eso.

—¿Entonces qué fue?

El recuerdo apareció.
El accidente.
Ese momento que jamás podría borrar.

—Olvídalo.

Su madre no insistió.

—Descansa, hijo.

La puerta se cerró suavemente.
El silencio volvió.

—Solo intento protegerlos... —susurró al vacío—. Sé que no debo acercarme a nadie. A quienes me admiran... siempre termino dándoles la espalda.

Apretó ligeramente el lápiz entre sus dedos.

—Supongo que ya deben ignorarme...
supongo que ya deben odiarme por ser así.

Muchos lo hacían.
Pero no todos...
No todos eran iguales.

Especialmente él.

[.....]

Como todos los días, el erizo azul se encontraba en la parte superior de un tejado, contemplando la ciudad.

Desde ahí, Nexum parecía tranquila.
Lejana.
Casi ajena a todo.

El viento movía suavemente sus púas mientras él permanecía en silencio, disfrutando de ese breve momento de paz.

Era lo más cercano que tenía a estar... solo.

—Hola, Sonic.

Su tranquilidad se rompió.
No necesitó girarse para saber quién era.

—No pensé encontrarte aquí —continuó el erizo azabache, tomando asiento a una distancia prudente—. Imaginé que estarías en clases.

—Terminé una hora antes mis actividades. —Su voz fue neutra. —Tendré que buscar otro lugar para estar solo.

—Comprendo —respondió Shadow con una leve risa—. Yo suelo venir aquí para relajarme. Las clases son agotadoras.

—Es lógico —replicó Sonic—. Además de las clases normales, también tenemos entrenamiento para controlar nuestros poderes. Todos lo sabemos, Shadow.

Hubo una pequeña pausa.

—¿Sabes mi nombre? —preguntó, sorprendido.

Sonic desvió apenas la mirada.

—Llevamos seis años en las mismas clases. Además, eres mi compañero de combate. Claro que sé quién eres.

Shadow parpadeó, ligeramente desconcertado.

—Pensé que no me conocías... eres bastante popular.

Sonic soltó una leve exhalación.

—No soy popular. Que tenga poder no significa nada.

No lo miraba.
Ni siquiera un poco.

—¿Sabes lo que dicen de ti? —preguntó Shadow con curiosidad.

Sonic respondió sin dudar.

—Que soy alguien frío. Que alejo a todos porque soy un peligro.

—Eh... no —respondió incómodo—. En realidad, te admiran. Por tu disciplina... tu fuerza. Incluso los más pequeños te ven como un ejemplo.

Sonic dejó escapar una leve risa sin humor.

—¿A pesar de mi pasado?

—Manic me contó lo del accidente —dijo con cuidado—. Todos entendemos que fue algo de niños. A muchos nos han pasado cosas así.

El ambiente cambió.
El viento ya no se sentía igual.

—No —murmuró Sonic, bajando la voz—. No como la mía.

El silencio se hizo más pesado.

—Ustedes no vivieron lo que yo viví.

Shadow no dijo nada.

—Después de ese día... —continuó Sonic, con la mirada perdida— mis padres me prohibieron acercarme a ellos. A Manic... a todos.

Apretó ligeramente los puños.

—Ni siquiera podía hablarles. —Una pausa. —Y era entendible.

Sus ojos se endurecieron.

—Soy una amenaza.

—No lo eres —respondió Shadow con firmeza—. Solo fue un accidente.

—No tiene caso hablar de algo que no saben. —dijo en su mente.

Sonic se puso de pie. —Ya me voy. Tengo cosas que hacer.

Shadow lo observó levantarse.

—Creo que es la primera vez que hablas tanto con alguien —dijo con una ligera sonrisa—. Eso significa que soy especial.

Sonic lo miró de reojo. —No te creas tan importante. Esta será la última vez que hablo con alguien. No quiero relacionarme con nadie.

—No seas así —insistió Shadow, levantándose también—. Apuesto a que, en el fondo, quieres tener amigos... dejar de estar solo.

Antes de que Sonic pudiera alejarse, Shadow tomó su mano.

Todo se detuvo.

El aire.
El momento.

Todo.

—Suéltame.

Su voz fue baja.
Pero peligrosa.
Shadow obedeció de inmediato.

—No vuelvas a tocarme —añadió Sonic, girándose apenas—. A menos que quieras recibir un golpe.

Y sin decir nada más...
Se fue.
Dejándolo atrás.
Solo.

[.......]

—¿Y cómo les fue hoy?

—Todo bien, mamá —respondió Manic—, pero las próximas semanas serán difíciles. Tendremos entrenamiento y prácticas profesionales... tal vez incluso los fines de semana.

—¿Y tú, Sonic? —preguntó su padre.

—Lo normal —respondió, seco.

—Vi que estabas con Shadow en el techo de la preparatoria —comentó Manic.

—Solo coincidimos mientras descansábamos.

—También vi que tomó tu mano... ¿quieres hablar de eso?

—No pasó nada —replicó con frialdad—. Y ya le advertí que no vuelva a hacerlo.

—Con esa actitud jamás tendrás pareja.

—Y no la quiero. No me interesa nada de eso.

—Eso dices ahora, hijo —intervino su madre—, pero espera a que te enamores y...

—Ya terminé —interrumpió—. ¿Puedo irme?

—Sí... —suspiró, agotada—. Solo deseo que encuentre la felicidad algún día.

Sonic no respondió.
Se levantó y salió del lugar.
Sin embargo, no se fue del todo.

Oculto detrás de una puerta, se detuvo.
Había escuchado.

—"Solo deseo que encuentre la felicidad..."

Sus ojos se endurecieron levemente.

"Y yo deseo que nadie se entrometa en mi vida."

Se marchó sin hacer ruido.

Con el paso de los días, Sonic siguió siendo el mismo.

Distante.
Frío.
Inalcanzable.

Pero había algo diferente.
O alguien.

Un erizo azabache que, por alguna razón, parecía decidido a no dejarlo en paz.

Al principio, eran coincidencias.
Encuentros casuales en los pasillos, en los entrenamientos... incluso en los descansos.

Pero con el tiempo...
Dejaron de ser coincidencias.
Shadow siempre estaba ahí.
Intentando hablar.
Intentando acercarse.

Y Sonic... siempre lo evitaba.

Esa cercanía comenzó a irritarlo.
Especialmente cuando la preparatoria entera empezó a notarlo.

Y con ello...
Las burlas.
Los comentarios.
Las miradas.

—¿Cuándo piensa dejarme en paz? —murmuró para sí mismo, claramente molesto.

—Cuando tengas un amigo.

Sonic giró la cabeza con fastidio. —Pierdes tu tiempo, ¿lo sabes? —dijo, sin ocultar su molestia.

—Tal vez —respondió con calma—, pero no es aburrido.

—Agh... —Sonic desvió la mirada—. Si te considero como un amigo, ¿prometes dejarme en paz?

Shadow soltó una pequeña risa.

—Buen intento, Sonic... pero no. Intenta tener un amigo de verdad. Así será más fácil relacionarte con los demás.

—Jamás.

—Sé que tienes miedo de que alguien salga lastimado —continuó—, pero así es la vida. Vivir es arriesgarse a sufrir.

Sonic guardó silencio.
Por unos segundos.
Demasiados.

—¿Puedo pedirte un favor?

—Claro —respondió Shadow, casi con entusiasmo.

—Déjame en paz.

El ambiente se tensó.

—Entiende algo —continuó Sonic—. No quiero tener amigos porque no los necesito. No necesito a nadie más que a mí mismo.

Shadow frunció el ceño.
Ya estaba harto.

—¡Oye! Sé que no quieres lastimar a nadie —alzó la voz—, pero eso no es motivo para alejar a todos de ti. Lo que haya pasado en tu niñez no debe definir tu futuro.

Sonic no respondió.
Pero escuchaba.

—¡Ten la valentía de enfrentarlo y seguir adelante! —Hubo silencio. —A menos que... —Shadow lo miró fijamente— seas un cobarde incapaz de dejar atrás el pasado.

Eso fue todo.
No dijo nada más.
Simplemente se dio la vuelta... y se fue.

Dejándolo solo.
Otra vez.

Pero esta vez...
El silencio no era igual.
Dentro de Sonic, algo se agitaba.

Voces.
Pensamientos.
Recuerdos.

Pero ninguno se atrevía a salir.
Como siempre.

{......}

—¿Por qué tu hermano se fue a su habitación sin siquiera saludarnos? —preguntó su padre, claramente molesto.

—Está harto por el chico que pasa todos los días con él —respondió Manic—. Me sorprende que pueda soportar su pésima actitud.

Había cierta satisfacción en su tono.

—Tal vez sea un tonto —murmuró su padre, restándole importancia.

Mientras tanto...

En su habitación, el erizo azul intentaba relajarse.

Pero era inútil.
Su cabeza dolía.
Demasiado.

Las palabras de Shadow seguían repitiéndose una y otra vez en su mente, como un eco imposible de silenciar.

Cobarde...

Sonic cerró los ojos con fuerza.
Aunque le doliera admitirlo... sabía que no podía hacer nada.

Nadie entendía.
Nadie sabía la verdad.

Ni Shadow.
Ni su familia.

Nadie conocía la razón real de lo que era.

—Solo soy así para protegerlos... —susurró al vacío.

Su voz apenas se sostenía.

—Soy un peligro... no quiero que nadie más salga lastimado.

Apretó la almohada entre sus brazos, buscando algo...

Cualquier cosa.

—¿Es tanto pedir que lo entiendan...?

Pero no hubo respuesta.
Nunca la había.

Se aferró con más fuerza a la almohada, como si pudiera encontrar en ella algún tipo de consuelo.
Pero no lo había.
Y nunca lo habría.

Porque ese tipo de consuelo...
no estaba hecho para alguien como él.

— Nuestro Final —

Si no es mucha molestia, ¿podrían seguirme en mi cuenta de Instagram?
Es para un deber de la Universidad :( necesito seguidores para mi proyecto.

Me pueden encontrar como: moonlitstudio.art

Se los agradecería mucho ^^
En fin, que pasen un lindo fin de semana. Los quiero ^^

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