Capítulo 4
Narra Jeff:
Durante el resto de viaje en auto, no pude dejar de comerme los labios de Ta, fue tan alusinante, que hasta pude dejar más marcas en su cuello y sentir su piel arder en mis dedos. Prácticamente, estaba sobre él, deseando que estuviéramos en mi cama y poder atar sus manos que solo me motivan a ser un sádico con su cuerpo.
- Señor Jeff, hemos llegado. - Avisa Boss desde afuera del auto.
- Ven a echar un vistazo a tu nuevo hogar, bebé.
- Amo, ¿esta es su casa? ¿Por qué es tan grande? ¿Cuántas habitaciones tiene? - Sus ojitos brillaron con emoción al hacer esas preguntas.
- Tiene 37 habitaciones, dos living room, 43 baños, 2 cocinas, 2 habitaciones de las 37, incluyen teatros en casa, puedes ir cuando quieras. Tiene 3 sótanos, el primero es para ti. - Sus ojos se abrieron en sorpresa.
- ¿Para mí? ¿Acaso voy a vivir en ese sótano? - Creo que jamás me había reído tanto, como cuando veo a Ta actuar con esa inocencia.
- No dormirás allí, pero si te portas mal, te llevaré a ese sótano y serás severamente castigado, así que pórtate bien.
- ¿Y los otros dos para qué son? - Cambia de tema, esperando que yo no me fije en sus mejillas sonrojadas.
- El segundo es mío, sirve para torturar a todos los que me traicionan o atacan y el tercero, es para que mis guardias le den uso... Pero, ya dejemos de hablar, mañana si amaneces con poco dolor en el culo, puedes explorar todo lo que quieras.
Creí que pondría resistencia como los demás sumisos que he tenido, pero no; fue todo lo contrario, caminó conmigo hasta el ascensor, subimos al tercer nivel de mi mansión donde está mi habitación. Entramos de una vez, de todas maneras, mis guardias no pueden interrumpirme mientras estoy con mi bebé, eso lo saben perfectamente.
No entiendo cómo fui capaz de sobrevivir tres años sin Ta, con esos irresistibles labios, su cuerpo temblando bajo el mío, sus manos haciendo un esfuerzo por sujetarse de mis hombros. Deseaba tanto que este momento llegara, que de una vez empecé a desvestirlo, su cuerpo parecía brillar con la tenue luz de la luna que se filtraba por las ventanas.
- ¡Bebé!... ¡Mi hermoso bebé!... Al fin serás mío... - Sentí su cuerpo temblar al decir las últimas palabras. - ¿Tienes miedo? - Me miró con esos ojitos que podrían ponerme de rodillas y dijo:
- Amo, usted... No me hará daño, ¿cierto? - Agarré su rostro entre mis manos y volví a besarlo como si se me fuera la vida en ello.
- Por supuesto que no, pero me gusta hacer cosas que otros no hacen, ¿estás dispuesto a aceptarme así? ¿Confías en mí? - Titubea por un momento y luego asiente. - Entonces, cierra tus ojos.
Obedeciendo mi orden, cerró sus ojos; fue mi momento perfecto para sacar una venda y colocarla sobre su rostro, teniendo cuidado de no lastimarlo al ejercer un poco de fuerza. A continuación, le di la orden de extender sus brazos y poner sus muñecas juntas; cuando lo hizo, saqué una cuerda para amarrar esas manos que pueden hacerme perder los estribos.
No entiendo porqué beso tanto a Ta, jamás en mi vida he besado a ninguno de mis sumisos para que no crean que tienen el control sobre mí; pero los labios de Ta, siento que son solo míos. Con sus muñecas unidas con la cuerda, solo pudo agarrarse de mi ropa a la altura de mi pecho, sin embargo, al alejarme un poco, me jaló de nuevo.
- Solo usted lo hará, ¿verdad? ¿O dejará que otra persona me toque? - Pude sentir el miedo en su tono de voz, pero lejos de gustarme, me molestó demasiado su pregunta.
- ¡ERES MÍO TA! ¡NADIE MÁS PODRÁ TOCARTE MIENTRAS YO VIVA! - Grité exasperado y lo llevé a la cama, donde terminé de atarlo a la cabecera.
- ¿Amo? ¿Aún está aquí?
No podía emitir ni un solo sonido al ver el espectáculo frente a mis ojos, Ta amarrado en mi cama, con sus ojos vendados, sus labios entreabiertos y listos para ser profanados. Sus esbeltas piernas tratando de sentir las sábanas debajo suyo, sus manos buscando un lugar para sostener, su cuerpo entero era un espectáculo pornográfico.
- ¿Cómo te atreves a ser tan perfecto? - Le reclamé.
- N... No soy perfecto. - Contesta y me sorprendió.
- ¡No debiste contestarme! ¡Jamás mientras estés atado en mi cama, me vuelvas a contestar!
Fui hasta mi armario, donde estaban todos mis utensilios de tortura sexual en caso de necesitarlos como ahora, saqué un fuete, volví a la cama, y lo azoté en su pierna una vez, robándole un gemido de sorpresa y dolor. A pesar de su gemido, no dijo que no lo hiciera, por lo que le di un segundo azote en su pecho, el tercero en su abdomen y así sucesivamente.
- ¿Queda claro que no debes contestarme, bebé? - Besé sus labios y él con jadeos contesta:
- Sí amo, pero tengo sed.
- Yo también, pero de tu cuerpo... - Dije antes de besarlo de nuevo. - ¿Qué te gusta beber?
- Vino tinto, blanco, de cereza. Cerveza, tequila, champán, puedo beber casi de todo. - Entonces, fui por champán a un estante de vinos dentro de mi habitación.
- Abre la boca bebé.
Ta pasa su lengua por sus labios y abre su boquita para darme acceso a ella; después de abrir la botella de champán, la puse en mi boca y fue cuando me incliné para dársela yo mismo. Nuestros labios encajaron a la perfección, él succionó la bebida y luego nos besamos otra vez, antes de tomar otro poco de champán y repetir el procedimiento.
Deslicé mi mano por su piel lentamente hasta llegar a su polla que suplicaba mucha atención, parecía que debía doler demasiado; no imaginé que él también deseara ser mi sumiso. Me levanté de la cama, me quité la ropa y de la mesita de noche saqué un lubricante, el cual apliqué en mi mano y en su culo, por primera vez, estaré allí.
- No seré paciente, ya esperé demasiado... Por favor respira profundo y no te pongas tenso. - Dije mientras hacía círculos en esa parte que tanto deseo.
- AGH... OWWW...
Tal como lo imaginé, Ta se puso tenso y tuve que obligar a mi propio cuerpo para que no fuera una mierda con él, no quiero lastimarlo, pero en verdad añoro esto desde hace tres años. Mi error fue creer que soportaría dos dedos de una vez, y aunque costó que se acostumbrara, se sentía riquísima la forma en que reaccionó.
- AAHH, amo... Más... Algo más grande.
Una sonrisa ladina se dibujó en mi rostro al escuchar su petición, la cual cumplí sin rechistar, solo que por ser mi primera vez con Ta, no puedo dejar que se enferme, así que me puse un condón. El tener a un sumiso que no me reniegue sobre nada, me encanta, por eso no fue necesario motivarme a mí mismo, porque ya venía con dolor de pene desde la limusina.
- ¡Ahora eres mío bebé! - Fueron mis palabras mientras me posicioné entre sus piernas y metía mi polla dolorosamente lento en su interior. - ¡MIERDA, TA!
Jamás tuve un sumiso que apretara tan rico, sentía que podía morir en este momento y sería el muerto más feliz en la historia; disfrutando del interior de mi precioso y perfecto bebé. Ta arquea su espalda y me muestra, sus hermosos y rosados pezones, los cuales no dudé en llevarme entre mis dientes y darles una mordida con intención de causar dolor.
- Ugh... Duele...
- Sí bebé, duele estar fuera de ti... Debí traerte conmigo desde hace tres años.
Mi polla palpitaba en su interior, él apretaba como si deseara más, por lo que empecé a moverme como un desquiciado, arrancándole muchos gemidos de placer y motivación a no parar. Sus manos aún atadas a la cabecera, parecía que romperían la cuerda en cualquier instante, por estar tirando de ella con fuerza por mis embestidas.
- Más duro... Amo, más... - No podía creer lo que escuchaba, por eso, saqué mi pene, agarré su tobillo y lo hice girar sobre la cama antes de elevar sus caderas para exponer ese rico culo.
- Bebé, pareces una puta con ganas de pene...
Pude ver con claridad su entrada palpitando, como si estuviera lista y gritando por recibir mi polla y con mucho gusto vuelvo a entrar en ese culo, pero antes, le di una fuerte nalgada. Esta posición es tan sabrosa, verlo como se retuerce por soltarse, la forma en como intenta mover sus caderas para chocar con mi pelvis y lograr un fuerte impacto entre ambos.
La escena era simplemente erótica, los gemidos eran ruidosos, las penetraciones violentas, mi polla se sentía en la mismísima gloria, mientras él me apretaba duramente con su culo. Me agarré de sus caderas e hicimos que el impacto fuera aún más fuerte, marcando mis dedos en su piel y logrando que cayera acostado por no soportar las penetraciones.
- AAYYY... AMO... ASÍ, NO PARE... ME ENCANTA...
Ta jadeaba y gritaba con sus voz ronca por lo mucho que estábamos disfrutando; seguimos con la forma violenta de entrar y salir de su delicioso interior, el cual ahora me pertenece. Follé a Ta, como jamás había follado a nadie en mi vida entera, lo sentí mío, todo su cuerpo tiene escrito mi nombre a partir de esta malditamente preciosa noche.
Lo tomé fuerte por el cabello para darle vuelta a su rostro y que pudiéramos besarnos nuevamente con total libertad, y empecé a perder el control sobre mis embestidas volviéndome aún más salvaje. Luego, mordí el lado izquierdo de su cuello, creando una bella marca que será visible al menos por una semana completa.
- Vo... Voy a correrme, amo yo...
Antes de poder terminar su frase, Ta, había manchado mis sábanas con su semen caliente y espeso, dejándome ver lo mucho que disfrutó de lo que acabo de hacerle y fue solo el comienzo. Después de la primera ronda, le quité la venda y no fue hasta después de la cuarta, que le quité la cuerda de las manos, y estaba tan agotado, que se quedó dormido a mitad de la quinta ronda.
Tomé a Ta entre mis brazos, para llevarlo al sofá junto a la ventana, lo recosté ahí y me dispuse a ordenar la cama, la cual habíamos dejado como un total desastre y no podíamos dormir así. En cuanto puse las sábanas limpias, me acerqué nuevamente a mi bebé, y pude apreciar perfectamente las hermosas marcas que dejé en su cuerpo.
- Definitivamente, la espera valió la pena.
Esa frase fue solo un pequeño susurró cerca de su oído, antes de volver a cargarlo y llevarlo hasta la cama, donde debíamos descansar en paz, pero un par de horas después, ya no sentí a Ta a mi lado. Me levanté casi de inmediato, busqué por todos lados en mi habitación y luego salí corriendo a buscarlo afuera, él debería estar conmigo en mi cama.
- ¿Señor, qué pasa? - Sale Earth a mi encuentro y recordé que le di la orden de vigilar a Ta.
- ¡¿EN DÓNDE ESTÁ?! - Grité mientras lo arrojaba contra la pared.
- Boss dijo que debía sacarlo... - Se excusa rápidamente. - Me explicó que los sumisos no duermen con usted y que era mi responsabilidad llevarlo a su habitación. - Eso es relativamente cierto.
- ¿A qué habitación lo llevaste? - Me dijo que lo dejó en el piso de abajo, ¿tan lejos está ahora?
- Señor, ¿está todo en orden? - Aparece Boss de pronto.
- Escuchen muy bien ustedes dos... Acerca de Ta, el único que puede tomar decisiones soy yo, ¿entendieron? - Lo dije con calma, pero siempre se percibió mi molestia.
- Sí señor. - Ambos contestaron al unísono antes de que yo me fuera a buscar a mi bebé...
El fuete:

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