Capítulo 11





Narra Ta:




Pasé la noche más hermosa de toda mi vida, jamás me habían tratado con tanto cariño y ternura, mientras estaban desahogándose en mi cuerpo, y por eso no me importa lo que digan, este hombre es un príncipe para mí. Al amanecer, a penas podía moverme, porque mi espalda estaba fuertemente presionada a su pecho.

No quería despertarlo, parecía decidido a no soltarme, incluso había metido su nariz en mi cuello y debo reconocer que me hacía cosquillas cuando el aire que salía de su nariz, me rozaba. Toqué mis labios, mientras recordaba cada uno de los besos que me dio durante casi toda la noche, y de pronto me asusta, cuando me besó en mi hombro.

- Amo, quiero ir al baño.

- Hmmm. - Gruñe y me aprieta más a su cuerpo.

- Por favor, después ya no me iré. - Dije sonriendo cuando mordió mi hombro.

- Para cuando vuelvas, estarás muy castigado.

Se quejó, pero me dejó ir, por lo que aproveché para correr hacia el baño y poder vaciar mi vejiga, que llevaba al menos una hora suplicando por liberar todo el líquido en mi interior. Finalmente, salgo del baño y veo a mi amo hablando con Boss, parecía que le estaba dando órdenes; sin embargo, al verme, ambos se tensaron y Boss pidió retirarse.

- ¿Pasa algo malo? - Pregunté con una inquietud extraña en mi pecho.

- ¡Ven aquí! - Extiende su mano y me lleva a sus brazos. - Mira esta foto, ¿fue él quién te metió ideas ridículas en la cabeza, ayer? - Me cuestiona mostrándome la foto del chico que vi ayer.

- ¿Qué hará con él? - Mete su rostro en mi cuello y parece coquetear conmigo.

- Debería de follarte duro, por no darme una respuesta. - Entonces se alejó y apretó mi mandíbula, pese al leve dolor, se sentía excitante. - Probemos de nuevo. ¿Fue él a quien viste ayer?

- Sí. - Dije con dificultad antes de que él mordiera mis labios y me soltara.

Me llevó a la cama, donde me puso sobre su regazo, antes de bajar mi ropa interior y dibujar leves círculos en mis nalgas, mi propio pene empezaba a doler, hasta que me dio la primera nalgada. Un gemido de dolor y sorpresa salió de mi garganta, mientras él me decía que la próxima vez que le contestara con otra pregunta, el castigo sería peor.

Pero, ¿cómo algo que me da tanto placer, puede ser un castigo? Porque justo ahora, mientras sus manos dejan mis nalgas ardiendo, también me estoy excitando mucho y deseo ser suyo. Había perdido la cuenta de las nalgadas que me había dado, solo estaba consciente de lo duro que me sentía al frente y lo mojado que escurría atrás.

- ¡Ta! - Mi amo se sorprende cuando me quité abruptamente de la posición en la que estaba y me subí a horcajadas sobre él.

- ¡Hágamelo!... - Susurré al apretar nuestros cuerpos en un abrazo y empecé a restregarme descaradamente sobre su polla. - ¡El castigo estuvo muy rico!

¡Oh, mierda!... ¡Bebé!

Me fascina cuando se expresa así, o me dice vulgaridades, porque me indica que le está gustando mucho lo que hago; y se puso a maldecir aún más, cuando saqué su pene de su ropa interior. Trató de quitarme de encima, pero yo estaba descontrolado por la excitación, tanto que solo lo besaba mientras metía su polla durísima en mi interior.

Tuve varios espasmos al ir incertando poco a poco su dureza cuando bajaba, que me agarré con fuerza de sus hombros, y él apretó mis nalgas, dándome dolor y más placer. Apenas lograba moverme, si no fuera por sus manos que me sostenían y me ayudaban con las estocadas, no me hubiera movido por la excitación.

Salté una y otra vez, disfrutando de sus palpitantes penetraciones, expandiéndome y haciéndome sentir suyo; hasta me creo un desquiciado, jamás había tenido pensamientos tan sucios. Me aferré con fuerza, mientras mi cuerpo exigía más y más placer, deseando que jamás se corra para que no deje de estar así de duro dentro de mí.

- ¡Uhggg! ¡Ta!... Mi bebé, aprietas tan...

- ¡Qué rico, amo!

Él me empujó un poco, por lo que tuve que sostenerme de sus rodillas, con mi amo succionando mis pezones y yo aún moviéndome para seguir follándome a mí mismo con esa inmensa polla. Me corro a chorros en un momento de extremo placer, y fue cuando él también se vació por completo en mi culo.

Poniendo sus manos en mi espalda, me trajo de nuevo a un abrazo y nos besamos como dos amantes dementes por el otro, aún conectados y latiendo suavemente. Es mi primera vez haciéndolo encima de alguien y no creí que sería tan increíble, o al menos me duró hasta que mi amo mordió con fuerza mi hombro.

- ¡Jamás lo hagas encima de mí otra vez! ¡O al menos, no sin mi permiso!

- ¿Acaso no le gustó? ¡Porque yo sentí que sí!

Le cambié el regaño, él quería hacerme ver cómo niño malo por lo que hice, pero correspondió perfecto a todo lo que disfruté sobre su regazo, fue deliciosamente exquisito. Mordí mi labio con sumo placer y luego dejé escapar un suspiro, al sentir como escurría su semen y lo miré con tanta lasciva, como para provocar su lujuria.




Narra Jeff:




Ta se vuelve cada vez más atrevido, provocándome para que lo folle tanto como yo quiera, y lo peor es que le obedezco como si él fuera mi dueño; es que se me pone muy dura con sus acciones. Sin embargo, las siguientes rondas, fueron conmigo sobre él, porque jamás le había permitido a ningún sumiso estar sobre mí, ya que eso les daría el control.

- ¿Entonces, me está diciendo que no puedo volver a cabalgarlo? - Se queja de pronto.

- Ni que fuera caballo. - Contesté indignado.

- Pero a mí me gustó. - Hace un puchero y presioné sus labios.

- Bebé, debemos regresar a Bangkok. Mi negocio aquí ya está terminado; además, no quiero que nadie vuelva a molestarte.

Después de hablar por unos minutos, por fin empezamos a preparar nuestro equipaje para volver a Bangkok, y Ta se sorprendió al ver todas las cosas que compraron ayer en París. Luego de tanto, mi bebé volvió a dormirse en el avión, todo el camino de regreso hacia casa, pero no puedo confesarle el verdadero motivo para volver.

Pudimos haber estado un mes entero en París, sin embargo, considero que han pasado suficientes años de injusticia para mi Ta, y ya que nadie lo protegió antes, yo cobraré venganza ahora. Antes de salir de París, le di la orden a Boss, de que buscara a hombres que tuvieran cargos por violación y que estuvieran dispuestos a ganar una buena recompensa.

- Señor, encontré a muchos y todos están a su disposición. Usted puede escoger a cuántos quiere, porque...

- Los quiero a todos, no importa el costo. Además, diles que deben traer su propia protección, no quiero que queden infectados con alguna enfermedad.

- Sí, señor.

Unos días más tarde, todo estaba listo, follé a Ta durante horas para dejarlo exhausto y que no pudiera saber que salía; en cambio, nos preparamos con mis guardias y subimos a los autos. Me sentí mal por ocultarle a mi bebé lo que haré con todos los que en algún momento lo lastimaron, pero es que por su buen corazón, me pedirá que lo olvide.

Sin embargo, no puedo, jamás podré perdonarlos, ellos lastimaron a un chico tan dulce y no podré perdonar lo que hirieron su hermoso y dulce corazón, por eso debo hacer esto, no hay vuelta atrás. Llegamos a una casa muy hermosa, según la investigación de Mix, es aquí donde vive la primera lacra, es decir, la vecina y el marido de ella.

Tok Tok Tok...

- ¡Ya va! - Se escuchó un grito desde adentro, antes de que saliera una mujer con uniforme de servidumbre.

- ¡Le haré una pregunta y más le vale que conteste con la verdad si quiere vivir! - Esa mujer se puso pálida al vernos a todos afuera de la casa. - ¿Desde hace cuánto trabaja para la señora de esta casa?

- D... Desde que se mudaron, hace como dos años. - Contesta con voz temblorosa.

- Boss, llévala al auto, que no hable con nadie y que preparen esta casa para mi mayor gusto.

- Como diga, señor.

Boss siguió al pie de la letra mis indicaciones, incluso atrapó a la tipeja con su marido y los llevaron a la sala para mi conveniencia, en donde mis subordinados, ya habían colocado papel insonoro por todas partes. Logrando de esa forma, que todo lo que pase en esa sala, nadie más fuera de los que estamos adentro lo vamos a saber.

Miré cada rincón de esa casa, viendo y odiando como lucraron con el dinero de mi Ta para vivir con estos lujos, mientras él se podría en la calle como un mendigo, pudiendo vivir en esta comodidad. Luego, entré en el salón donde los habían metido a ellos, ambos se veían sorprendidos, claro, jamás se metieron con la mafia, pero hay mafiosos en su casa.

- ¿Quienes son ustedes? ¿Por qué invaden así mi casa? - Arremete la mujer en mi contra.

- Muérdete la lengua, maldita. Si no quieres que te la corte. - Dije con voz tranquila. - Hace varios años, ustedes se hicieron cargo de un niño, un pequeño que era hijo de sus ex vecinos y quedó huérfano.

- Nakunta. - Dijo el hombre.

- ¿Dónde está ese pequeño ahora? - Exigí respuestas.

- Escapó hace años, se lo dije a mi esposo, el niño solo desapareció. - Miente la mujer.

- ¿Es cierto lo que dice tu mujer? ¿Eso es todo lo que sabes del niño? - El tipo asiente y me llené de ira. - Entonces, explícame está foto, ¿por qué tiene moretones? ¡Y no te atrevas a mentir! - El tipo se mordió el labio al ver las fotos que tomé de un cajón con llave que tenían arriba.

- Bueno... Yo...

- ¡¿TAMBIÉN TÚ LO GOLPEASTE?! - Le grité.

- No, lo juro por la memoria de su padre, que fue mi mejor amigo. Pero cometí un error, y fue no protegerlo de mi esposa; lo he buscado por muchos años, tengo una investigación detallada, pero cuando ya estoy muy cerca, él vuelve a desaparecer. - Confiesa y es verdad, también vi la investigación.

- Tú, contéstame esto, ¿tu marido pagaba por tus uñas falsas o eso salía del dinero de Ta? - Le pregunté directamente a la mujer.

- Mi marido no tenía dinero y él recibía 50 mil dólares cada dos semanas, era lo que le correspondía hasta que tuviera 18 años y recibiera su herencia millonaria, por eso lo tomé. Además, odiaba a ese mocoso estúpido, porque gracias a que él llegó a la vida de su padre, yo me quedé sin amante, sin ingresos y con un marido que solo servía para sexo. - Sus palabras me hicieron reventar de ira.

- ¡QUÍTALE CADA UNA DE SUS ASQUEROSAS UÑAS! ¡QUIERO QUE SUFRA! - Grité exasperado.

- Pero, señor...

- ¡¡AHORA!!

Me senté cerca, para escuchar sus lamentos y súplicas, mientras disfrutaba de como le arrancaban una a una, todas sus uñas, con una pinza y sin anestesia...

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