Septem
Jin no estaba muy seguro de lo que eso significaba, por lo que se propuso visitar a su rey luego de finalizadas las clases.
Empujando ésta situación al fondo de su cabeza, el castaño se concentró en otra que estaba sucediendo frente a sus ojos, y tenía que ver con su amigo bajito y de cachetes redondeados. A veces no entendía a Jimin; siempre que alguien habla de Taehyung, él se desespera, y si él mismo lo hace, es para insultarlo. Sin embargo, estaba siendo testigo junto a Hoseok, de como su castaño amigo y el niño de cabello azul estaban tragándose mutuamente debajo de las gradas del gimnasio. Tanto él como Hobi con sus mejores caras de póker. Sobre todo Hobi, que tiene que escuchara ambos despotricando sobre el otro.
— Y... ¿Cómo vas con el profesor Min?— Comenzó Jin, luego del acuerdo silencioso entre ambos de abandonar el gimnasio.
Seamos sinceros, hacía realmente días que conocieron al de ojos almendrados, pero el chico tenía ese no-sé- qué que te hacía confiar plenamente en él. Tanto que Seokjin ya estaba enterado de su situación a fondo, así como la de Minseok y Jimin. De igual forma, ellos sabían sobre Chaeyoung. Pero Jin jamás dijo nada sobre Jungkook, ya que ni siquiera él sabe qué es lo que siente.
— Lo mismo de siempre, teniendo que morderme la lengua cada que mi madre habla sobre lo guapo, educado y caballeroso que mi profesor de historia es.— Admitió a la vez que rodaba sus ojos.
— Yo realmente no sé cómo podría aconsejarte, pareciera que todo ya está jodido. Se jodió cuando tu madre quedó flechada con el profesor Min.— Ver el semblante culpable de Hoseok lo obligó a continuar.— Hey, no es tu culpa; sabes que tarde o temprano tu madre vendría por algún motivo al colegio y lo vería.— Pausó al recordar algo importante.— ¿Qué sucedió en la cena?—
— Ay, fue lo más incómodo que me sentí en toda mi vida. Solo imagina estar en mi situación: la persona que te mueve el mundo entero está en tu casa, compartiendo mesa contigo, y tienes que soportar que tu madre le esté coqueteando sin saber absolutamente nada de tus sentimientos. —Ante la idea, Jin quiso, <se esforzó>, por pensar en una situación similar con Chae. Pero la cara de ésta se mezclaba con las masculinas facciones del rostro de Jungkook, por lo que decidió dejar de imaginar.— Pero cambiemos de tema; escuché que ahora le perteneces al Rey de Picas, eh.— Apoyó su comentario con un movimiento pícaro de cejas.
— Realmente eso me tomó por sorpresa, creo que iré a preguntarle a mi Rey sobre eso al fin de las clases.— Dando por terminada la conversación, se separaron para dirigirse cada uno a sus respectivas clases.
Ninguno vio que alguien seguía a Seokjin.

El chico de cabello negro ébano miró paranoicamente para cada lado, escondido detrás de la puerta de su despacho. Minseok suspiró pesadamente.
— ¿Sabes? Eres la Pieza Reina y yo tu secretario, nadie pensará nada extraño por verme salir de tu oficina.— Terminó de vestirse con un puchero inconsciente en sus labios, y partió del despacho rumbo al baño de ese piso, sin siquiera saludar a Sehun; estaba demasiado sensible, como cada vez que tenía sexo con el chico pálido. El rubio realmente quería llamarlo "Hacer el Amor", pero eso implicaba amor de ambas partes, y en esa relación de encuentros sexuales, solo él amaba.
Caminando despacio y con la mirada clavada en sus pies, Minseok escuchó susurros de risas que provenían de algún lugar, probablemente del armario del conserje del tercer piso.
Con cuidado de que sus pasos no se escucharan, se pegó a la puerta del armario, intentando escuchar lo que sucedía. Ese era su pequeño secreto: era tan chismoso como una anciana. Aunque él era conocido como el de los chismes reales, el único que no exageraba lo que tenía que contar.
— ¡Hey!, Ya quédate quieta, Rosé.— Minseok abrió los ojos grandes ante el descubrimiento de la hermana del Rey de Picas y su amiga dentro de un armario tan poco espacioso, sabiendo, pero no queriendo aceptar el significado de ésto.
— Ya, Jennie. Pero no puedo estar quieta si me tocas así~.— Exclamó Chaeyoung con apenas algo de aliento. Bien, a la mierda, no había forma de negar que sucedía algo entre ambas, menos cuando se comenzaron a escuchar los inconfundibles sonidos de un apasionado beso.
Jin no estaría feliz con eso, pero debía saberlo.

Luego de que la campana sonó, dando por finalizada la última clase del día, Jin salió disparado hacia la Sala Real de Picas, pero solo se encontró con Jennie, quien se veía algo agitada. Ésta le dijo que Jungkook se había marchado exactamente al término del horario estudiantil, ya que tenía mucho papeleo adelantado. También le dijo que podría encontrarlo en el estacionamiento si se apuraba, razón por la cual el castaño se encontraba corriendo por los pasillos para llegar a tiempo hasta suRey.
Tuvo suerte, Jungkook estaba por poner en marcha en coche cuando alcanzó a golpear la ventanilla de copiloto. El pelinegro la bajó.
— Kim, ¿Sucede algo?— <Dios, ¿Acaso es un delito pensar que era probablemente el hombre más sexy solo porque alzó una de sus perfectas cejas?>
—Emm, si. Y-yo quería... humm, quería preguntarle acerca de algo que me dijeron hoy, ya que no entiendo muy bien qué significa.— <Bien, al menos lograste formular la frase. Ahora deja de actuar como un idiota, Jin.>
<Oh, mierda,sonrió. No me permito permitirle ver que su sonrisa con aire de superioridad me hizo dudar hasta de mi apellido.>.
—Sube, Kim. Te llevaré hasta tu casa, y ya que estamos, hablaremos de eso.— Jin quiso rechazar la oferta por humildad, pero supo reconocer la orden de su líder, por lo que abrió la puerta y se adentró al coche.
Jungkook estaba a punto de encender el coche cuando detuvo sus movimientos en seco, su vista fija en la ventana del pasillo que daba al estacionamiento.
Cuando el de ojos almendrados se percató de ésto preguntó si todo estaba bien, pero el pelinegro le quitó importancia al asunto, y comenzó explicarle el motivo de su decisión.
— Era un trueque, ¿No? Protección para ti, a cambio de que me ayudes con lo de la muerte de Byun. Que un Rey proclame a alguien como suyo hace que el resto de los reyes deba informar a sus jugadores que no deben tocar a esa persona, porque eso llevaría a una guerra de conocimiento público entre facciones. Una guerra pública entre facciones nunca es buena, por lo que nadie realmente quiere una.— Explicó el chico con ojos ónix.
Jin le prestó la mitad de la atención. Eso era bueno, porque le bastó para entender lo que explicó su Rey. Lo malo era que la otra mitad de su mente quedó perdida en el olor a vainilla y canela quehabía dentro del coche, y 'Crazy in love', de Sofía Karlberg, sonando en la radio no lo ayudaba.
Si se es plenamente sincero, por muy inocente que se sea, todos <ola mayoría, al menos> los adolescente que padecen de hormonas alborotadas tienen alguna que otra fantasía. Bueno, Jin tiene dos, y la segunda tiene que ver justamente con esa canción y con ese olor.Y que la persona que le hacía dudar sobre su orientación estuviera a su lado en un espacio TAN cerrado <que se note que comenzó asentirse claustrofóbico>, lo estaba haciendo sudar frío.
No pudo detener su mente cuando su fantasía comenzó a tomar lugar en el asiento de pasajeros: la chica que usualmente carecía de rostro, ahora tenía sospechosamente facciones iguales a las suyas, y el cuerpo femenino y de bonitas curvas reemplazado por el suyo propio. Volvió a intentar detener sus pensamientos cuando vio adónde se conducían, pero era muy tarde; el cuerpo que solía pertenecerle en su fantasía ahora le pertenecía a su líder, su líder moviéndose sobre él.
Seokjin escuchaba lejanamente la voz de Jungkook, y se forzó por prestarle atención, ya que su abrumada mente logró registrar palabras importantes, hasta que logró armar una frase en la que el pelinegro hablaba de quien el creía, era el principal sospechoso.
— Si, claro.— Fingió que siempre estuvo siguiendo toda la conversación. Jungkook paró de hablar y lo miró.
— ¿Está todo bien, Kim? Te noto algo ruborizado...— El castaño comenzó a reír para aligerar el humor en el ambiente, pero solo logró hacerlo más incómodo.
Este, yo... creo que se me bajó un poco la presión, es todo. No comí muy bien ésta mañana, el viaje en auto me revolvió un poco el estómago. Pero estoy bien, gracias.- Se dedicó un aplauso mental, ni él sabía que tenía ese As bajo la manga.
— Bueno, entonces te recomiendo descansar.— Con un movimiento elegante, parqueó el coche junto al cordón de la casa de Jin.— Te necesitaré mañana, así que descansa lo suficiente. Nos quedaremos hasta tarde en la biblioteca. — Seokjin asintió y se bajó del coche con una despedida.
El castaño respiró unas cuantas veces en el mismo lugar, mientras veía cómo su torturador se alejaba por la calle, conduciendo su máquina de tortura. El aire fresco en el rostro y la sensación de libertad le hicieron sentir que retomaba el control sobre su cuerpo,por lo que decidió que era tiempo de entrar a casa.

Seokjin era una persona de sueño ligero, por lo tanto fue obvio el hecho de que despertara incluso con las cuidadosas caricias de las suaves manos de su madre.
— Vamos, Jin. Debes levantarte. Un amigo tuyo vino a buscarte, dijo que quedaron en que pasaría por ti y desayunarían en la cafetería del colegio.— Exclamó su madre, depositando un amoroso beso en la frente de su hijo.
Solo recordar todo lo que dijo e hizo hace tan solo unos días lo hizo sentir como una mierda, pero se convenció a sí mismo que era por ella que mantenía en secreto el amorío de su padrastro.
Aún así, Jin se levantó y se vistió rápidamente, recién cayendo en cuenta de que él no había planeado ningún desayuno, en ninguna cafetería de ningún colegio, con ningún amigo. Eso olía a Jungkook.
Cuando bajó las escaleras, se encontró con la escena bastante peculiar de su hermanito tratando de intimidar a un chico de cabello gris, a quien reconoció como uno de los chicos que estaba sentado en la mesa de Jungkook ese día en la cafetería. <Amigo de mi Rey,no problema para mi.>.
— ¿Entonces no vienes para tratar de cortejar a mi hermano?— Yeonjun con cierta desconfianza
— Aw, que tierno, ¿Intentas proteger a tu hermano? ¡Muero del amor!— Medio dijo, medio chilló el grandote, a la vez que apretaba las mejillas del menor. Era una masa de músculo aparentemente fibroso que medía cerca de dos metros de alto, pero parecía tener una debilidad por las cosas tiernas. O personas, como su baby brother.
— Bueno, ¿Hola?— Jin casi suelta una carcajada al ver el cambio de expresión tan repentino en el rostro ligeramente moreno.
— Correcto, Jin. ¿Nos vamos? La cafetería se comenzará a llenar dentro de algunos minutos.— Seokjin captó el tono de le decía que siguiera la farsa del amigo y la cafetería, por lo que así lo hizo, despidiéndose con un ligero grito de su madre, que se encontraba en la cocina.
— Yeonjun, ya me voy. Saluda—. El castaño pudo jurar que las pupilas del grandote se volvieron un par de corazones, pero le quitó importancia cuando vio la carita roja de su hermano al haber sido llamado "tierno" nuevamente.
<Yo no soy tierno, tonto>. Pensó el pequeño con el ceño fruncido y un pucherito, mientras veía partir el coche donde su amado hermano y el mastodonte se acababan de subir.

Ah, me re fui a la mierda con el tiempo que demoré en actualizar. So sorry, tengo problemas con mi perra computadora que no se quiere conectar a Internet desde el inalámbrico. Y no sé muy bien cómo, pero logré pasar el Wi Fi de mi casa desde un USB de mi cel hasta la computadora. Soy una chica tecnológica.
Bueno, no. Pero acá está la actualización, y y estoy escribiendo el siguiente cap. No prometo nada, pero puede que vaya a subir un maratón de 3 o 5 caps éste finde.
Buena vida, bye.
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