68. Final


IRÉ HACIA TI


Cuando la oscuridad te impida ver el camino y no quede nadie a tu lado, iré hacia ti. Cuando el mundo se vuelva tormenta, no hará falta que me busques, yo iré a tu encuentro. Aun si el destino nos separa, estaré ahí, pase lo que pase — «I Will Come to You», Hanson.

—¿Rebecca Larsen?

—Sí. Soy yo —se puso de pie de inmediato.

—Parece que es tu turno. ¿Tienes tu identificación? —sonrió la recepcionista.

Becca le entregó el documento.

—Perfecto, señorita. ¿Sabes adónde ir?

—No —contestó nerviosa.

—Tercer piso. Pasillo F, octava puerta a la derecha. Puedes usar el ascensor —señaló el artefacto.

—Muy bien. Gracias —caminó directo al botón, lo tocó un par de veces, pero las puertas no abrían y su paciencia escaseó. Subió las escaleras tan rápido como su cuerpo se lo permitió. El sonido de la suela de sus zapatillas golpeando contra los escalones se oyó durante todo el trayecto; aquel sitio era demasiado tranquilo y silencioso. Su respiración se tornó agitada cuando llegó al tercer piso, pero aquello no la detuvo. Empezó a leer los carteles con diversas indicaciones; ansiosa y desesperada, se llevó por delante a un par de personas de las que se disculpó apresurada, esperando no haber causado ningún daño significativo. Algo aturdida, leyó «Pasillo F» y se colmó de emoción mientras tomaba esa dirección. Naturalmente, los ojos se tornaron húmedos y se quedó sin aliento cuando, frente a la octava puerta, lo contempló de espaldas.

—Colton —expresó, conmocionada—. Eres tú.

Giró tras oír su voz y la observó con la misma ternura de siempre. Los ojos le brillaron y, por primera vez —luego de seis semanas—, sonrió de verdad. Su cuerpo estaba hecho de alivio, amor y un fuerte sentimiento de pertenencia; todo correspondía a ella. Becca también sonrió de verdad por primera vez —luego de seis semanas— e, incapaz de mantener la distancia, corrió hacia él hasta atraparlo en un fuertísimo abrazo.

—Hola, Becky —su voz estaba inmersa en emoción—. Mi Becky.

—Hola, Cole. Mi ángel —lo abrazó aún más fuerte. Aspiró su aroma y le acarició la nuca. Respiró aliviada—. No puedo creer que realmente estés aquí.

—Estoy aquí, preciosa —pronunció tras encontrar sus ojos—. Dios, nadie puede imaginar lo mucho que te eché de menos —su expresión se deshizo en un beso deseado con intensidad. Al instante, se acoplaron al ritmo, se reconocieron, se dejaron llevar como solo dos personas que se conocen realmente bien lo harían.

En aquel fatídico episodio, Colton sufrió un colapso cardíaco tras disputar una intensa carrera ante el vehículo de Joseph Warren. Disputa que ganó, pero que acabó con el muchacho siendo reanimado y derivado de urgencia al hospital. Ante la gravedad del cuadro, sus padres decidieron trasladarlo a un centro médico especializado en rehabilitación cardíaca —a ciento ochenta kilómetros de la ciudad— con una excelente reputación. La primera semana, permaneció en cuidados intensivos hasta que lo estabilizaron. Luego, pasó por una operación en la que le insertaron un desfibrilador automático debajo de la clavícula izquierda, aparato que detecta irregularidades y da una descarga eléctrica si el corazón se detiene. Días después, ingresó a la fase de rehabilitación y se enfocaron en su recuperación física; estaba aprendiendo a lidiar con el estrés mientras se educaba acerca de su condición. Por la complejidad del caso, solo podía recibir las visitas de sus padres, que rentaron un apartamento a unos metros del centro para mantenerse cerca. Finalmente, había llegado a la fase en la que los médicos autorizaron otras visitas; de forma paulatina, sin agobiarlo. Colton eligió a Becca. Y allí la tenía. Entre sus brazos. Aferrada a su cuerpo. Fundiéndose el uno en el otro.

—No quiero separarme de ti nunca más —sollozó, conmovida.

Él la besó en la coronilla y la balanceó suavemente hacia los lados, haciéndola sonreír.

—No lo harás —prometió—. Después de todo lo que sobrevivimos, no hay forma de que puedan separarnos.


🤍🏀🤍


El centro médico poseía un extenso jardín donde los internos podían realizar paseos tranquilos o respirar un poco de aire fresco. Colton entrelazó su mano con la de Becca y la guió a través del espacio natural; todo el tiempo le acarició los nudillos con el pulgar y no perdió la sonrisa. Aún le quedaban dos semanas de recuperación, aunque el reencuentro estaba dándole la energía que necesitaba para completar su estadía con éxito. Una grieta en su corazón se borró al verla tan sana. Segura. Libre.

El último recuerdo que tenía de ella era entre sus brazos, inconsciente, pidiendo desesperado un poco de ayuda. Luego, su mente se tornó negra y no conseguía recordar nada más hasta cinco días después, cuando despertó en el centro invadido de cables y aparatos.

—Pensé en ti. Apenas abrí los ojos, lo único que quería era verte —dijo con sinceridad—. Mis padres no me lo permitieron. Me internaron aquí, prácticamente incomunicado, ni siquiera me dieron el móvil.

—Trataban de hacer lo correcto —dijo comprensiva—. Los dos estaban aterrados, Cole. Lo estábamos todos, en realidad. Nadie... Nadie quería decirlo en voz alta, pero existía la posibilidad de... ya sabes. Perderte —su voz tembló. Ni siquiera podía imaginarlo—. Tus padres siguieron las instrucciones del equipo médico al pie de la letra.

Los profesionales habían sugerido extrema tranquilidad, lo que implicaba desconectarse de los problemas del mundo real y enfocarse por completo en la fase de recuperación. Hasta ese momento, Colton no había afrontado su problema con la seriedad que correspondía. Siempre creyó que podía manejarlo, que lo tenía bajo control. El golpe fue duro, pero, en un punto, necesario.

—Sí, pero te alejaron de mí.

—Y lo entendí —aseguró—. Tus padres fueron atentos y generosos conmigo. Me prometieron que sería temporal. De hecho, tu mamá me llamaba cada día para contarme las novedades —extendió una mano libre para acomodar su cabello con ternura—. Y funcionó. Mírate. Estás sano y salvo, Cole.

Lo contempló como si aún no pudiera creerlo.

—Tengo un motivo suficiente para estarlo.

—¿Retomar el equipo escolar?

Negó.

—Tú.

Al instante, tiró de su mano llevándola nuevamente hacia el interior del recinto. Becca lo siguió entre risas, preguntándose por qué de repente actuaba como un loco.

—Ey, ey, ¿qué pasa?

—Dejamos algo pendiente en esa fiesta. Lo recuerdo demasiado bien —murmuró al mismo tiempo que ingresaban a su habitación. Cerró la puerta y acorraló a Becca contra una pared, dándole el beso que anhelaba desde el momento en el que abrió los ojos después de sufrir un colapso—. ¿Por dónde estábamos?

Ella sonrió a mitad del segundo beso.

—Por la parte en la que te recuerdo que debemos ir con calma. Aún estás en recuperación —expresó con dulzura, dejándole besos pequeños alrededor de la mandíbula. Ella ansiaba el contacto tanto como él, pero no podía olvidar que aún tenía que cuidar cada movimiento.

—No puedo tomarme nada con calma después de seis semanas sin verte —justificó—. Es más, tengo algo para ti —dijo e inspeccionó el bolsillo del pantalón de chándal hasta encontrar lo que necesitaba—. Ten. Lo escribí para que lo leas cuando regreses a casa —le entregó una hoja de papel doblada en cuatro partes—. Ahora, dame tu mano izquierda.

Becca guardó el papel en el bolsillo de su chaqueta y extendió la mano, repleta de confusión.

—¿Qué estás planeando, eh?

Colton sacó un anillo plateado adornado por una mariposa violeta y se lo colocó en el dedo anular.

—Quiero que cada vez que veas este anillo, recuerdes que quiero casarme contigo algún día.

Deslizó una sonrisa inevitable.

—¿Estás bromeando? —preguntó, emocionada—. Cole, ¿estás hablando en serio?

—Lo sé. Lo saqué de una golosina de la máquina expendedora, pero te prometo que en cuanto salga de aquí te compraré uno decente con brillos y diamantes —aseguró entre serio y divertido. La sonrisa de la chica se amplió. Estaba maravillada a pesar de que fuera un simple anillo de juguete—. Una vez dijiste que el casamiento es importante para ti, ¿no?

—Sí. Lo es —reconoció entre lágrimas—. En mi mundo, el matrimonio temprano era normal, pero aquí... Apenas estamos en el instituto. Y tú... se supone que tú tienes un futuro brillante por delante.

—Y tú también.

—Irás a una universidad reconocida y te convertirás en alguien importante. Se supone que eso es lo que harás.

—Los dos tendremos un futuro brillante. Juntos —de los ojos de Becca fluyó una catarata de lágrimas—. No tenemos que hacerlo de inmediato, ¿está bien? Simplemente tómalo como una muestra de lo mucho que significas para mí. Piénsalo, ¿sí?

—Bien. Aunque... En realidad no tengo nada que pensar —pronunció convencida—. Durante todo este tiempo dudé de muchas cosas acerca de mi vida, pero lo único de lo que siempre estuve segura fue de ti, Cole.

Él acercó la mano hacia su boca y dejó un beso en los nudillos mientras la veía a los ojos. Luego, admiró el anillo que él mismo había colocado en el dedo anular.

—Tú eres lo único que quiero en esta vida, Becky —musitó con seguridad al mismo tiempo que quitaba las gotas de agua salada que corrían por sus mejillas—. Ey, preciosa. ¿Estás bien? ¿Dije algo malo?

Becca negó tragando la angustia acumulada que cortaba su garganta.

—Es que tuve mucho miedo, Cole. Los primeros días sin ti fueron espantosos. Tenía pesadillas religiosamente cada noche. Me despertaba a mitad de madrugada creyendo que te había perdido —confesó con la voz afectada—. Los días sin ti se sintieron como una tortura —lo contempló liberando su tristeza y suspiró de alivio.

—Nunca me vas a perder, Becky —ella confió en la honestidad que reflejaba su mirada—. Iré adondequiera que estés para estar contigo. ¿Está claro?

—Está claro.

—No tengas miedo, ¿sí? —la atrajo hacia él y destruyó la distancia, estrechándola contra su pecho. Aspiró el dulce aroma que desprendía su cabello y dejó un beso en la coronilla—. Siempre estaré ahí para ti, siempre te protegeré.


🤍🏀🤍


«Colton cree que tengo un futuro brillante», repitió en su mente mientras ascendía al autobús que la llevaría de vuelta a casa. Maggie o cualquiera de sus amigos podría haberla llevado en auto, pero se había propuesto hacer cosas nuevas por sí sola. Aprender. El mundo era un sitio peligroso, pero podría sobrevivir si contaba con el conocimiento y las habilidades suficientes. Ahora podía verlo con más claridad porque, una vez, Colton le devolvió la esperanza.

Verlo fue como respirar aire puro en medio de una tormenta de humo tóxico. De pronto fue consciente del procedimiento automático que hacían sus pulmones. Respiró. Respiró de verdad. Sintió que estaba viva.

Tras acomodarse en una butaca al lado de la ventana, cerró los ojos y revivió los segundos antes de despedirse, cuando la abrazó contra su pecho —nunca se cansaría de aquellos abrazos, jamás tendría suficientes, siempre querría más— y le acarició el largo cabello. «Les pedirás a los chicos que te cuiden, ¿sí? Shep y Julian». Ella asintió. «Lo hacen», aseguró. «En un par de semanas estaré ahí para hacerlo yo mismo». «No puedo esperar. Nada se compara a ti, Cole».

El autobús se puso en marcha, suspiró y fijó la vista en el anillo que ocupaba su dedo anular izquierdo. Sonrió para sí misma y, al mismo tiempo, recordó el papel que su novio le dejó en un bolsillo. Lo encontró de inmediato y se topó con la excelente caligrafía de Colton —¿cómo era posible que lo hiciera todo bien?—. Su corazón se derritió. Él había escrito una carta.

Becky:

No he dejado de pensar en ti desde que abrí los ojos después del accidente. Le pregunté a mis padres por ti unas cien mil veces, me dijeron que estabas bien, sana y salva en casa, y no sabes el alivio que sentí. Era todo lo que deseaba mientras corría tras ese auto, pidiendo con todas mis fuerzas que se detuviera para sacarte de ahí y tenerte conmigo. Les exigí verte, pero me dijeron que tenía que enfocarme en mi recuperación, que el episodio había sido extremo y tenía que tomarme en serio esto de mi enfermedad. Lo hago. Pero no puedo evitar pensar en todas las cosas que ocurrieron, ¿sabes? Es un entramado un poco irónico y maravilloso, al mismo tiempo, porque no te habría conocido si no hubiera estado yendo a ver un médico a escondidas por el dolor que sentía en el pecho después de jugar básquet. Recuerdo que Shep me lo exigió hasta que decidí ir a ese hospital, y ahí estabas. En medio de la calle, asustada. En ese entonces, también corrí hacia ti. Ni siquiera te conocía, pero ya me tenías pensando formas de mantenerte a salvo. Me acerqué para sacarte de ese lío y recuerdo el peso de tus ojos sobre mí. Me mirabas como si fuera un ángel. Había asombro en tu mirada, pero también había miedo. Me pregunté si existía alguna manera de quitártelo todo.

No sé cómo hice para dejarte en el hospital ese día; la verdad es que no quería dejarte ahí sola y te juro que busqué la excusa ideal para acompañarte, pero todas me hacían sonar como un acosador, así que dejé que el destino siguiera su curso. No sabes cuánto me iluminé cuando te vi, días después, en los pasillos de Lakeville. Intentaron alejarnos, pero las circunstancias siempre nos encontraban juntos.

Tu llegada a mi vida se sintió como darle la bienvenida a la primavera. Siempre tienes una sonrisa para todo, eres optimista y ves el mundo de una forma tan pura que es contagiosa. Cada vez que hablas, no puedo dejar de mirarte y pensar que quiero quedarme el resto del día escuchándote. Es el efecto que tienes sobre mí, Becca Larsen. Me tienes completamente poseído por tus encantos. Sí. Pusiste mi mundo de cabeza, literalmente. Por muchísimo tiempo creí que el básquet era lo más importante que tenía y todo giraba en torno a eso, hasta que apareciste y lo cambiaste todo. Entendí que el deporte era solo una meta en mi vida; tú, en cambio, me recuerdas que tengo una vida y que vale la pena vivir cada segundo. Tú eres la prueba. Has pasado por tanto y, aun así, nada fue suficiente para quitarte la fe. Te admiro profundamente por eso.

Descubrir el mundo a tu lado ha sido lo mejor que me pasó, Becky. Lo quiero seguir descubriendo contigo, si es posible, para siempre. Espero que sepas que lo primero que haré, apenas deje este lugar, es ir hacia ti.

Con amor, Cole.

PD: Tenemos demasiadas cosas para hacer, en cuanto salga de aquí, claro. Dile a Shep que también lo quiero y lo echo de menos, al igual que a todos, en realidad. Aunque a ti te amo y te echo de menos muchísimo más, en cantidades que ni siquiera puedo expresar.


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