07.
EL HOGAR DE ACOGIDA
Dejó el bolso a los pies de la cama que le habían asignado, también se quitó la chaqueta que acomodó con delicadeza al lado de su equipaje. El señor Oscar, jefe del hogar, la había recibido con amabilidad mientras tenía una pequeña conversación con Ruth, de servicios sociales. Poco a poco, recorrieron el lugar; se trataba de una casa amplia de dos plantas. En el primer piso, se encontraba la sala principal —donde había un par de sofás—, la cocina, el comedor, el lavadero y dos baños, uno a cada extremo. En el segundo, había tres habitaciones medianas. Una, la principal, la ocupaba Oscar y su esposa, Isabella. La segunda, que estaba en medio, era para los varones. Había dos camas deshechas y un montón de objetos en el piso, incluso ropa. Oscar frunció el ceño ante esa imagen y se apresuró a cerrar la puerta. La tercera, destinada a las chicas, también tenía tres camas de hierro. Dos se encontraban ocupadas —era evidente por los objetos personales que había encima—, así que Becca tomó la última, que se encontraba en un rincón contra la pared y cerca de la ventana. También había desorden, pero no tanto como el cuarto de los chicos.
Becca no estaba acostumbrada al desorden. En Sion Creek, siempre mantenían los espacios perfectamente pulcros y organizados.
—Uhm, niña. Siéntate —indicó Oscar tras ingresar a la habitación—. Ahora que Ruth se ha ido, te explicaré cómo son las reglas.
—Claro —respondió expectante y se sentó sobre la cama. No le parecía mal que hubiera reglas. De hecho, en Sion Creek existía un reglamento que seguían al pie de la letra.
—Debés seguir cualquier orden que te demos, sin cuestionar. No puedes traer a nadie a esta casa. No puedes hablar con nadie más sobre lo que pasa aquí. Todo lo que suceda en este sitio queda aquí dentro. ¿Está claro? —ella asintió—. No puedes salir y regresar a cualquier hora. Las ocho de la noche son el límite —indicó con seriedad—. Tendrás que ir al instituto. Trae buenas calificaciones o tendremos problemas con servicios sociales, ¿de acuerdo?
—Sí, señor.
—Cualquier regla que sea rota amerita un castigo.
—Lo entiendo —aseguró. En Sion Creek también existían los castigos. No era algo nuevo.
—Otra cosa más, ¿cuántos años tienes?
—Dieciséis, señor.
—Tendrás que buscar un empleo —ordenó sin rodeos—. Mi esposa y yo nos esforzamos mucho para traer dinero a esta casa, así que todo lo que ganes deberás colocarlo en la caja de ahorro común. Sin dinero, no habrá comida. Espero que lo puedas comprender, jovencita.
—S-sí. Es que... Es... —titubeó—. Nunca... Yo nunca he tenido un empleo —admitió—. No sé dónde debería buscar uno —su pecho se encogió.
Oscar puso una media sonrisa irónica.
—¿Y qué pretendes que haga? ¿Quieres que salga por la calle a pedir un empleo para ti? —largó una risa sarcástica—. Tendrás que hacerlo por ti misma. Busca algo, no lo sé. Arréglatelas. Pero asegúrate de traer dinero, ¿quedó claro?
—Sí, señor.
El hombre se retiró dando un portazo. Becca permaneció en silencio en la habitación vacía. Las paredes eran de un blanco amarillento, los pisos eran de cerámica oscura y había un armario de madera antiguo al que le faltaba una puerta. Debido a eso, pudo observar una estantería libre y supuso que sería su espacio. Sin embargo, Becca no quiso desempacar lo poco que tenía. No se sentía cómoda, al contrario, no encajaba ni siquiera un poquito en ese lugar. El ambiente le causaba escalofrío, no podía entender exactamente por qué. En su interior tenía la intuición de que se encontraba en el sitio equivocado.
Se acostó en la cama, miró hacia la pared y cerró los ojos. El señor había dicho que tenía que ir al instituto. Ella nunca había ido a uno, en Sion Creek las educaban en casa. También le había ordenado buscar un empleo, lo que le provocó un miedo e incertidumbre terrible. ¿Cómo lo conseguiría? ¿Qué pasaría si no traía dinero al hogar? Su corazón se encogió en su pecho y la boca de su estómago dolió de ansiedad. Se puso a llorar contra la almohada, intentando comprender el cambio repentino que ella misma causó en su vida.
«Nunca debería haber llamado a la policía» pensó, culpable.
«Es un castigo de Dios por haberlo desobedecido».
Estaba segura de que se debía a eso. Lo que la hizo sentir sucia e impura. Entonces, hundió la cabeza en la almohada y empezó a llorar. Quería regresar, pero jamás le perdonarían haberse ido de aquella manera. Nunca lo harían. Quizá tan solo debió casarse con Él, eso le habría dado una vida mejor aunque en aquel entonces no supo verlo.
«Soy una tonta. Perdóname, señor».
🤍🏀🤍
Escuchó un golpe fuerte en la puerta. Luego, se abrió.
—Eh, no pienses que vas a pasarte todo el día en la cama —pronunció Oscar—. ¡Levántate! Este lugar es un chiquero. Ponte a limpiar —ordenó—. Ya te indiqué dónde están los productos de limpieza.
—Sí —se quitó las lágrimas de prisa y se levantó, todavía angustiada—. En el lavadero. Iré a por ellos —se apresuró.
Aquello no le pareció malo. Estaba acostumbrada a mantener la limpieza en la casa; en Sion Creek se turnaban para trapear, barrer, lustrar muebles, lavar cristales o cualquier tipo de tarea doméstica que requiriera atención. Iban rotando, por lo que todas aprendían a realizar cada actividad. Se dirigió al lavadero, tomó un balde, le puso agua y líquido para pisos. Después, subió a la habitación, recogió cada objeto del piso y comenzó a trapear. A pesar de que el cuerpo aún le dolía —se estaba recuperando de un montón de golpes y heridas— puso la mente en blanco y trabajó en automático. No pensar en nada era la mejor opción.
—¿Y esta quién es? —cuestionó una voz femenina. Becca se giró, vio a una chica de su edad parada en el umbral de la puerta. Era alta, robusta y la observaba con recelo. Detrás, se asomó otra, algo más bajita y delgada con el cabello corto—. ¿Quién eres, eh?
—Oh, lo siento. Becca. Soy Becca.
—¿Qué estás haciendo en mi habitación?
—Yo... Limpiaba —titubeó con el trapeador aún en la mano. Los pisos aún estaban húmedos pero a la chica no le importó. Caminó sobre ellos—. Soy nueva.
—Nueva. Ah, sí. Claro —puso una sonrisa burlona, se quitó la mochila que traía en el hombro y la arrojó sobre la cama—. Soy Alexa —se presentó—. Ella es Jhena.
—Hola —saludó Becca con una sonrisa débil.
—Vaya, ¡trajiste cosas nuevas! —fue directo hacia el equipaje que yacía en la cama—. Veamos qué tienes —lo abrió—. Aquí lo compartimos todo, ¿sabías eso?
—Uhm, no pero... También compartía las cosas en mi antigua casa.
—Ah, bien. Al menos no tendrás que acostumbrarte —dijo mientras revolvía el interior del bolso. Sacó los vestidos, arrugó la nariz y los arrojó al piso. Inspeccionó la ropa interior, que también dejó en el piso y luego se fijó en el sweater beige, que desechó de inmediato—. ¿De dónde saliste? Parece ropa vieja. Luces fatal.
Becca observó con tristeza sus pocas prendas de vestir sobre el suelo mojado. Contuvo las ganas de llorar.
—Alexa, creo que ya deberías... —Jhena intentó detenerla, pero la contraria hizo caso omiso.
—¿Y esta chaqueta? —la recogió asombrada. Inconsciente, Becca dio un paso hacia delante.
—Es mía.
—Dije que aquí lo compartimos todo, ¿no escuchaste?
—Sí, pero... Pero fue un regalo.
—¿Y qué? —se mofó con burla. Observó el interior de la chaqueta, la tocó y leyó el interior de la etiqueta—. Es de buena marca. Podría obtener una buena cantidad de billetes por esto.
—No, no. Por favor —imploró Becca que trató de quitársela—. Es mía. Puedes... ¿Puedes dármela, por favor?
—Oh, ¿vas a ponerte a llorar, bebé? —se burló. De un simple movimiento, tomó a Becca del cabello y la estampó contra la pared—. ¿Quieres la chaqueta? Bien. Arrodíllate y pide por favor.
—Alexa, ya es suficiente.
—Cállate o te tocará a ti.
Becca tragó saliva. Sumisa, se arrodilló sobre el suelo frío y permaneció con la mirada baja.
—Por favor, Alexa, ¿puedes devolverme la chaqueta? —pidió entre lágrimas.
—Aquí tienes tu estúpida chaqueta, imbécil —arrojó la prenda sobre ella. Seguido, sujetó el balde con agua sucia y lo arrojó completo sobre Becca—. Aquí mando yo, ¿está claro? Si mañana se me antoja usarla, te la quitaré. ¿Escuchaste?
—S-Sí. Escuché —contestó entre temblores. El agua helada le causó un frío incesante.
—Así me gusta —masculló—. Oh, por cierto... Bienvenida al hogar, Becca.
🤍🏀🤍
Si la historia te gusta, me ayudaría mucho que me dieras estrellitas, comentarios y la recomiendes a otras personas :).
Recuerda añadir la historia a tu biblioteca y seguirme en mi perfil, así no te perderás de ninguna novedad u aviso importante.
Gracias por la lectura y el apoyo.
Para más información sobre la novela, búscala en las redes:
Instagram: serielakeville / evelynxwrites
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top