9

Mi madre coloca cuidadosamente sobre mi pelo las flores que sostiene en su mano, concentrada. Frunzo el ceño cuando uno de los tallos de plástico se clava en mi cuero cabelludo y ella apenas vocaliza una disculpa, debido a la horquilla que sujeta entre los dientes.

—Mamá, voy a una fiesta, no a una boda —le recuerdo.

—Eso no quita que tengas que ir guapa —responde—. A ver si así conseguimos que te eches novio.

—No creo que el disfraz de novia muerta ayude demasiado.

Sonríe y me coloca la última horquilla.

—Listo. —Se aleja unos pasos para observar su obra de arte—. Estás preciosa.

—Estás horrible —comenta Tyler, entrando en la habitación disfrazado de zombie. Pongo los ojos en blanco y me levanto, dirigiéndome al espejo, mientras él entra en el baño.

El vestido me llega hasta los tobillos, aunque una rotura en la parte delantera deja al descubierto gran parte de mi pierna izquierda. En el comienzo del velo, mi madre ha colocado las flores, las cuales están comenzando a molestarme ligeramente. Por el maquillaje, he decidido prescindir del azul con el que Paige me aconsejaba cubrir mi cuerpo y únicamente he aclarado mi tono de piel con maquillaje, junto a unas sombras que surcan mis ojos.

—Toma. —Mi madre me tiende una barra de labios rosa—. Le darás un toque más chic.

Sonrío y lo cojo, pasándomelo por los labios. Los frunzo para distribuir bien la pintura y se lo devuelvo. Tyler sale del baño, ajustándose la lentilla de color blanco que se ha colocado en uno de sus iris. Lo observo con los ojos entrecerrados.

—Qué grima —digo, estremeciéndome.

—Voy a llevar a tu hermano a la fiesta y después iré directa a la cena de trabajo —me explica mi madre, colocándose la chaqueta y cogiendo el bolso—. ¿Te traerá Erick?

Me encojo de hombros.

—Supongo.

—Está bien. —Se inclina hacia mí y me da un beso en la frente—. Que te lo pases bien. Vamos, Tyler.

Mi madre sale de la habitación y mi hermano me lanza una última mirada cómplice. Sonrío, porque sé que se esconde tras ella; la chica que le gusta ha aceptado ir con él al baile, lo que supone un gran logro en su etapa puberal de adolescente.

Escucho la puerta cerrarse en la planta inferior mientras me retoco ligeramente el maquillaje frente al espejo. La lluvia cesó la noche anterior, pero la temperatura ha disminuido considerablemente, por lo que me dirijo al armario en busca de una chaqueta. Aunque está completamente fuera del arquetipo de novia, cojo una cazadora vaquera y me la coloco. Me río de mi propia imagen en el espejo y sacudo la cabeza; el día de mi boda, seré la novia más desastrosa que exista.

Mi móvil vibra sobre el colchón y la pantalla se enciende con un mensaje en ella.

                       Estoy frente a tu casa. Erick x.

Me apresuro a recoger todo y a buscar desesperadamente las llaves de casa. Las hallo finalmente bajo un cuaderno del escritorio, guardo el móvil y bajo las escaleras con la mayor rapidez que el vestido me permite. Me aseguro de que todas las luces están apagadas y salgo al exterior.

Distingo los faros encendidos del BMW de Erick y me acerco hasta él, comenzando a tiritar por el brusco cambio de temperatura. Cuando me introduzco en el interior del coche, me recibe un intenso olor a ambientador de limón y colonia masculina.

—Hola, Erick.

—Ally —sonríe él—. Estás guapísima.

—Permíteme que lo dude —río—. Tú también estás muy guapo disfrazado de... ¿Drácula?

Asiente y yo sonrío. Lo observo quitar el freno de mano, poner la primera marcha y pisar el acelerador.

Durante el trayecto, Erick y yo nos dedicamos a comentar los disfraces de las personas que caminan de un lado a otro a nuestro alrededor, desde niños hasta adultos. Los más pequeños cargan con bolsas llenas de chuches y caramelos, mientras que los de edad más avanzada transportan numerosas botellas llenas de alcohol y alguna que otra caja de huevos para lanzar contra las puertas de los vecinos.

Llegamos al instituto pocos minutos después. Mientras Erick busca aparcamiento, observo la decoración del exterior del edificio; han colocado un camino de lámparas en forma de calabaza que sirve como única iluminación hasta la entrada, cuya luz anaranjada da un aspecto considerablemente tétrico al lugar.

Salimos del vehículo y nos dirigimos a la puerta. Nos cruzamos con un grupo de chicos de penúltimo curso, todos disfrazados, que charlan y ríen. Compartimos un saludo y entramos en el interior del edificio. El pasillo está iluminado por una luz verde y decorado con un cartel de bienvenida, junto a numerosos murciélagos de papel que cuelgan del techo.

Erick me lanza una mirada y me toma de la mano, provocando que el corazón comience a latirme más rápido. Aprieto su mano y le miro, sonriendo tímidamente. Él me devuelve la sonrisa, y tengo que hacer un esfuerzo enorme por controlar las ganas de bajar la vista a sus labios.

Llegamos al gimnasio y Erick empuja la puerta con su mano libre. Enseguida la música comienza a retumbar en nuestros oídos y nos vemos rodeados del calor que desprenden los cuerpos que bailan y se mueven en la pista. Erick tira de mi mano y me lleva hasta la mesa colocada en uno de los laterales, donde se encuentran las bebidas. Coge una botella de vodka (que alguien debe de haber traído) y llena dos vasos.

—Toma —dice tendiéndome uno de ellos, alzando la voz por encima de la música.

Niego con la cabeza.

—No bebo alcohol —respondo.

—Venga, ¡es una fiesta! —Me vuelve a tender el vaso.

Me veo obligada a cogerlo, aunque no me molesto en probar el líquido transparente que contiene; tan solo el olor que éste desprende me repulsa. Observo cómo Erick se bebe el vaso de un trago y vuelve a llenarlo.

Una nueva canción comienza a sonar. Mi acompañante me agarra de la mano y tira de mí hacia la pista, mezclándonos con la gente que mueve su esqueleto sin cesar. Erick se pega a mí y comienza a bailar de forma graciosa. Yo me río y me uno a él, contagiándome de la alegría de los que me rodean.

       He said to lose my life or lose my love

      That's the nightmare I've been running from

       So let me hold you in my arms a while

        I was always careless as a child

Él me sonríe y yo le imito. Cierro los ojos para disfrutar más de la música. No he bebido alcohol, pero siento la misma sensación corriéndome por las venas mientras Erick y yo nos movemos al son de la música. Noto su mano en mi cadera, pero no me deshago de ella. Solo siento cómo el calor de su piel sube la temperatura de mi cuerpo.

         Let's grow old together

         And die at the same time

         Let's grow old together

          And die at the same time

—Parece que el novio ha dejado plantada a la novia.

Abro los ojos. El grito de sorpresa que sale de mi garganta se ve silenciado por la música. Sus labios se curvan en una media sonrisa ante mi reacción.

—¿Harry? —medio exclamo.

—¿Allison? —se burla él.

Busco rápidamente entre la gente.

—¿Dónde está...?

—¿Erick? Emborrachándose allí. —Señala hacia la mesa de las bebidas. Me pongo de puntillas para ver mejor y lo diviso justo donde Harry me ha dicho, rellenándose de nuevo el vaso con vodka.

Mierda, es lo único que soy capaz de pensar.

Vuelvo a mirar al chico que tengo delante, resignada.

—Dijiste que no vendrías —le digo. Descubro una tono de reproche en mi voz.

Se encoge de hombros.

—Cambié de opinión.

Observo su sonrisa socarrona, que parece completar su disfraz de pirata. Se aparta el parche que cubre uno de sus ojos y me mira de arriba a abajo, asintiendo con la cabeza.

—Bonito disfraz —comenta. Se coloca de nuevo la pieza de tela negra sobre el rostro y me agarra de la mano, obligándome a bailar con él.

—Déjame —gruño, zafándome de su agarre. Él me mira divertido y yo me aparto de su lado, poniendo los ojos en blanco y dirigiéndome hacia Erick.

—¡Ally! —exclama al verme llegar, claramente borracho. Me rodea los hombros con un brazo, acercándome más a su cuerpo—. Te presento a mis amigos.

Señala al grupo de chicos que tenemos delante, que están igual de ebrios que él. Me veo envuelta en un fuerte olor a alcohol que me provoca arcadas y me revuelve el estómago. Intento deshacerme del brazo de Erick y me separo de él amablemente.

—Voy a buscar a una amiga —aviso, pero Erick me ignora. Aprieto la mandíbula y me alejo de él y sus amigos, aún con el olor a vodka adherido en mi piel.

Me paseo por el gimnasio buscando a Paige, pero no la encuentro por ningún lado. Saco el móvil y la llamo un par de veces. Sin embargo, no contesta. Me dijo que vendría, ¿dónde se habrá metido?

Miro a mi alrededor y comienzo a sentirme agobiada. De pronto, la música y la gente ha dejado de resultarme atractivas y solamente me causan dolor de cabeza. La euforia que he sentido mientras bailaba ha desaparecido por completo, dejando una sensación desagradable de vacío y agotamiento.

Me abro paso entre la gente. Han abierto las puertas de emergencia que dan al exterior, así que salgo a tomar el aire. La brisa fría me araña el rostro y me hiela los brazos. Comienzo a echar de menos el calor que me proporciona mi chaqueta, pero la he dejado en el interior del coche de Erick y no estoy dispuesta a acercarme de nuevo a él en su actual estado de ebriedad.

Marco otra vez el número de Paige. Suenan uno, dos, tres tonos. Espero a que coja el teléfono, pero no lo hace. Maldigo en voz baja y cuelgo, sin dejar de preguntarme dónde se encontrará mi amiga. Tiene que estar por algún lado, porque si no ha venido a la fiesta, me habría avisado.

¿Verdad?

Me froto los brazos con las manos en un inútil intento de entrar en calor y me planteo volver a la calidez de la fiesta, ya que no me queda más remedio que esperar a que Erick quiera marcharse y vayamos en su coche (conmigo al volante, sin duda alguna).

—Ah, estás aquí.

Me giro y encuentro a Erick, con el rostro más colorado de lo normal. Sigue llevando el mismo vaso lleno de vodka en la mano, como si se lo hubiese pegado a ella. Se ha deshecho de su capa de Drácula y lleva la camisa desabrochada, dejando al descubierto un musculoso torso bronceado.

—Hola —murmuro—. He salido a tomar el aire.

Él asiente y se acerca a mí. Me coloca un dedo en la clavícula derecha y la recorre lentamente. Doy un paso hacia atrás, deshaciéndome de su roce. Le lanzo una mirada recelosa.

—Estás muy guapa —dice, arrastrando las palabras. Me rodea la cintura y me trae hacia sí, hundiendo la cabeza en mi cuello—. Y hueles muy bien.

Se ríe, como si acabase de contar alguna broma.

—Erick —consigo decir, intentando separarme de él—. Erick, estás borracho.

—No, ¿por qué lo dices?

No tengo miedo. Lo sé, porque Erick no es el típico chico que te haría daño. Simplemente está borracho y quiere algo más que el simple tacto de su mano contra mi cintura. No va a obligarme a hacer nada contra mi voluntad. O al menos eso quiero creer.

—Por favor, déjame.

—Bésame. —Sonríe tontamente. Acerca sus labios a los míos y yo rehuyo de ellos.

—No, Erick —logro decir con un hilo de voz, ya que mi caja torácica está aplastada contra su pecho.

Y aunque intento separarme de él una vez más, consigue besarme. La boca se me llena de un sabor asqueroso a alcohol y estoy a punto de vomitar. Empujo sus hombros con ambas manos, pero Erick tiene más fuerza que yo y me mantiene pegada a él.

Me siento atrapada.

En ese momento, noto un tirón y Erick se separa de mí bruscamente. Abro los ojos, que he mantenido cerrados en un intento estúpido de deshacerme de la desagradable sensación de sus labios, y me encuentro a Harry, con el ceño fruncido.

—¿Por qué la besas? —pregunta, enfadado.

Lo empuja.

—¿No has visto que quería que la dejaras en paz?

Lo empuja.

—Harry, tranquilo —digo, limpiándome la boca con el dorso de la mano.

Me mira. Sus ojos relampaguean. No entiendo por qué está tan molesto, cuando él seguramente se habrá comportado como Erick en alguna otra ocasión.

—Vete —le gruñe. Mi antiguo compañero de laboratorio se marcha, dando trompicones y sin decir ninguna palabra.

Harry sacude la cabeza.

—Menudo gilipollas.

Me aparto el pelo de la cara y escupo, asqueada, sin lograr deshacerme del sabor a alcohol que Erick ha dejado en mi boca. Escucho cómo Harry suelta una risa y se acerca a mí, colocándome una mano en el hombro.

—Veo que has disfrutado del beso.

—Cállate —refunfuño. Él vuelve a reír.

Cojo aire y me quito el velo, que se ha vuelto realmente incómodo. Harry me observa, con las manos en los bolsillos y las cejas fruncidas.

—¿Se ha sobrepasado contigo? —pregunta, esta vez sin ningún tipo de diversión en sus ojos.

—No, no. Solo me ha besado.

Él asiente lentamente. Suelto un suspiro y lo miro.

—Gracias —murmuro.

Se encoge de hombros y sonríe, provocando que unos hoyuelos aparezcan en sus mejillas. Me dirijo a uno de los sillones colocados en el patio y me dejo caer en él. Harry se acerca con paso lento y se coloca frente a mí, mientras yo llamo a Paige una vez más.

—Maldita sea —digo entre dientes cuando me salta el buzón de voz.

—¿Qué sucede?

—No sé dónde está Paige, y necesito que me lleve a casa —explico. Un pensamiento me viene a la mente y alzo la mirada para clavarla en los ojos esmeralda de Harry—. ¿La has visto en algún lado? —pregunto esperanzada, ya que él llevaba más tiempo en la fiesta que cuando yo llegué.

Sin embargo, él sacude la cabeza y mis hombros vuelven a hundirse. Cierro los ojos y comienzo a darme pequeños golpes en la frente con la mano.

—Mierda, mierda, mierda.

—Oye...

—¿Y ahora qué se supone que voy a hacer? —digo, desesperada—. ¿Montarme en el coche con Erick borracho?

—Allison...

—Dios santo, eso me pasa por ir con alguien con quien no hablo desde hace meses. Seré idiota.

—¡Allison!

Me sobresalto ante el grito de Harry y dejo de hablar. Lo miro, asustada.

—¿Me quieres escuchar? —dice, alzando las manos al aire y perdiendo la paciencia por completo.

—¿Qué sucede? —pregunto, recelosa.

Se lleva las manos a las sienes y cierra los ojos, intentando recuperar la serenidad. Suelta un largo suspiro y vuelve a mirarme.

—Yo puedo llevarte, ¿vale? Me he traído el coche de mi padre, así que no tienes nada que temer.

Lo observo con los ojos entrecerrados.

—¿Y tú qué ganas con ello?

—Dios mío, ¿por qué tienes que dudar de todo lo que hago? —Sacude la cabeza—. Yo también quiero marcharme de esta fiesta. Eso es todo.

Asiento lentamente.

—De acuerdo. —Me pongo de pie—. Voy a buscar a Tyler.

—Espera —me detiene.

Se quita su chaqueta de pirata y me la coloca sobre los hombros.

—Ten cuidado —sonríe—. No quiero tener que salvarte de otro borracho besucón.

Busco a mi hermano entre la agobiante multitud de la fiesta. Lo encuentro sentado en una de las gradas, con un vaso de refresco en la mano. Está charlando con una chica de su edad, que debe de ser aquella por la que va suspirando en cada esquina. Sonrío y los observo durante unos instantes antes de acercarme.

—Hola, chicos —los saludo, sonriente, interrumpiendo su conversación. Mi hermano se gira al verme llegar y me lanza una mirada de enfado—. Tyler, nos tenemos que ir.

—¿Qué? Pero si acabo de ver a Erick con sus amigos. ¿No te vas a quedar con él?

—Es una larga historia —suspiro, poniendo los ojos en blanco al recordar lo sucedido hace unos momentos—. ¿Vamos?

Mi hermano mira a la chica durante unos instantes, pensativo. Entonces, dirige la vista de nuevo hacia mí y niega con la cabeza.

—Me quedo un rato más —afirma.

—Pero mamá...

—Tranquila —me interrumpe—. Llegaré a tiempo.

Lo observo, pensando si debo dejarle solo o no. Por un lado me fío, pero por otro no quiero que le suceda nada.

Cierro los ojos y suelto un largo suspiro.

—De acuerdo, está bien —digo. Mi hermano esboza una amplia sonrisa y yo se la devuelvo, mirando a ambos—. Que lo paséis bien.

Encuentro a Harry apoyado en el todoterreno negro de su padre, esperándome. Está intentando introducir sus rizos castaños bajo el pañuelo que cubre su pelo, aunque sin éxito. Alza la mirada cuando me oye llegar y me sonríe.

—¿Y tu hermano?

—Ligando —respondo.

Suelta una risa y entramos en el coche. Harry arranca el motor y saca el vehículo del aparcamiento.

Durante el trayecto no hablamos demasiado. Me quedo observando las luces de la ciudad a través de la ventanilla abierta, mientras Harry canta una canción que suena en la radio y que me es totalmente desconocida. Debo reconocer que tiene una voz bonita, y que no resulta desagradable oírle cantar. Es más, me gusta.

Los últimos acordes de la canción se mezclan con la siguiente, y Harry pega un volantazo.

—¿¡Pero qué haces!? —grito, con el corazón latiéndome a mil por hora debido al susto.

—¡Es la canción! —exclama, subiendo el volumen de la radio—. ¡Tenemos que bailarla, tenemos que bailarla!

Harry pone el intermitente y cambia de carril, pegándose a la acera. Entonces, detiene el coche y se baja rápidamente de él, dando la vuelta a éste y abriendo mi puerta.

—¿Qué diablos haces, si se puede saber? —pregunto, con la voz del cantante retumbando contra los cristales.

—¡Sal! —me dice por encima de la música—. ¡Tenemos que bailar!

Tira de mi brazo y me saca medio a rastras del coche. Estoy a punto de gritarle qué pretende, pero me obliga a callarme, cubriendo mi boca con su mano.

—Por favor, baila conmigo.

—Harry...

—Me debes un baile —dice, esperanzado.

Lo miro a los ojos. Quiero negarme, pero no puedo.

No puedo.

Se toma mi silencio como una afirmación a su petición. Coloca su mano cuidadosamente en mi costado y coge la mía con la otra. No soy capaz de hablar, porque me he quedado embobada con el verde de sus ojos; nunca los había visto tan brillantes.

Miro hacia el coche, concentrándome en la música. Harry parece darse cuenta.

—Elton John —sonríe—. Es mi cantante favorito.

—No sabía que te gustase ese tipo de música —murmuro.

—Hay muchas cosas que no sabes sobre mí, miss América.

Da un paso hacia delante, obligándome a mí a dar uno hacia atrás. No se me da bien bailar, pero aun así, consigo seguir sus movimientos fácilmente.

        And I can't explain

        But it's something about the way you look tonight

        Takes my breathe away

         It's that feeling I get about you deep inside

Levanta mi brazo y me hace girar. Suelto una risa, y cuando vuelvo a encontrarme con su rostro, me doy cuenta de que una amplia sonrisa se ha extendido por sus labios, enseñando unos dientes blancos y alineados.

Un coche toca el claxon cuando pasa por nuestro lado y ambos soltamos una carcajada. Me doy cuenta de lo ridículos que debemos de parecer, bailando una canción lenta en una solitaria calle, disfrazados de pirata y novia muerta.

Durante el resto de la canción seguimos bailando en silencio, con la suave voz de Elton acompañando nuestros movimientos. Los ojos de Harry siguen clavados en los míos, y los míos en los suyos. Su mano sigue en mi cadera, colocada suavemente, sin aprovecharse del roce. Su tacto es tan ligero, que incluso puedo sentir la electricidad que su piel irradia, haciéndome cosquillas.

La canción finaliza y me hace girar por última vez, aunque esta vez la vuelta es un poco más torpe que la anterior. Nos reímos y Harry me acerca a él. Nuestros rostros quedan separados por apenas unos milímetros; solo he vivido esta situación cuando me encontré con él en el pasillo, cuando acercó tanto su nariz a la mía que hasta podía ver las motas que adornan sus ojos verdes.

Pero esta situación es diferente.

Nos quedamos en silencio, observándonos el uno al otro. La sonrisa de Harry se desvanece poco a poco de su rostro y solo me queda su mirada para intentar averiguar lo que está pensando en este momento, pero no lo consigo.

Frunzo los labios. Lo miro unos instantes más antes de echarme a reír y separarme de él, deshaciéndome de su tacto.

—Reconozco que ha sido un buen baile —digo, divertida—. Cada día me sorprendes más, Styles.

Él sonríe, aunque esta vez sus hoyuelos se mantienen ocultos. Se acerca al coche y me abre la puerta, señalando el interior con una mano para indicarme que entre. Lo hago.

Espero a que Harry se monte y nos ponemos en marcha de nuevo, esta vez con la radio en silencio y con el único sonido del aire que entra por la ventanilla.

Llegamos al barrio minutos después. Harry aparca el coche frente a mi casa, cuyas luces están apagadas, y me apeo de éste. La temperatura ha bajado unos cuantos grados más, así que me cierro la chaqueta, tiritando. Me dirijo hacia mi puerta y Harry me sigue, en silencio, con las manos entrelazadas a su espalda. Busco las llaves y consigo, a pesar del tembleque de mis dedos, abrir la cerradura.

Entro para refugiarme en el calor de la casa y me giro hacia Harry. Me doy cuenta de que únicamente lleva una fina camisa blanca, así que me quito la chaqueta y se la tiendo. Él la coge y se la coloca rápidamente.

—Gracias por traerme.

—Ha sido todo un placer —sonríe.

—Buenas noches, Styles.

—Buenas noches, miss América.

Levanto la mano en señal de despedida y cierro la puerta, desapareciendo con ella la débil sonrisa en la que estaban curvados los finos labios de Harry.


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