Capítulo Veintiuno
RECUERDO QUE NO ESTÁ EDITADO :)
No me equivocaba al pensar que habría demasiada tensión. Desde que me subí al coche hasta que los demás lo hicieron pasaron varios minutos en los que quise quemarlos a todos por hacerme esperar por una tontería. No sé qué pretendían Gael y Blake, porque es más que evidente que era algo de ellos dos. Se quedaron en silencio, mirándose, o mejor dicho, retándose con la mirada. Me había cansado de la situación, no podía más, así que cerré los ojos y esperé.
—¿Te has dormido? —Will ha abierto la puerta de atrás y se ha sentado detrás. Al ver que no le contesto me toca el pelo para llamar mi atención. Han pasado los años y veo que sigue siendo tan inquieto como cuando lo conocí— Sé que no lo has hecho, soy un hombro lobo, ¿recuerdas? Escucho tu respiración, si estuvieras dormida estaría mucho más relajada.
—¿Quieres que use también mis habilidades sobrenaturales? —rebato sin abrir los ojos.
—Pues podrías hacerlo para que nos vayamos ya.
—Si están discutiendo, no los escucho. Ni quiero hacerlo.
—Ya, a mí también me aburren. Me sorprende que Zara esté intentando poner paz.
—Lydia me dijo que tu hermana ha cambiado mucho...
—Sí. Gabriella y Zac la consideran más una madre que una hermana mayor. Al igual que un poco todos los hermanos pequeños. Yo incluido. Supo llenar ese vacío tan grande —se calla y no me hace falta tener los ojos abiertos para saber que le cuesta hablar de esto—. Nuestro padre estaba ausente, más pendiente de...
—De mi madre —completo por él.
—Iba a decir fantasmas del pasado, pero sí, tienes razón. Estaba pensando más en tu madre que en lo que había pasado, en cómo había perdido a su mujer o cómo le habían arrebatado el poder. Luego te raptaron y recuerdo que todo era muy tenso.
—¿Cómo se vivieron esos momentos? —De nuevo la curiosidad me puede. Nunca lo supe, tampoco lo pregunté. Aunque para esos tiempos estaba retenida, lidiando con mis propios demonios, en una celda encerrada intentando no romperme y darle esa satisfacción a Kier. Unos problemas que por mucho que pase el tiempo, que no puedo olvidar— Quizá no te acuerdas, eras pequeño. Además, no estabas ahí, os fuisteis por vuestra propia seguridad.
—¡No era tan pequeño! —protesta y se ríe. Está intentado quitar la tensión y lo agradezco. Abro los ojos para captar mejor su expresión, no quiero que se me pase nada por alto— Y sí, tienes razón, en el momento de la batalla no estuve ahí. Volvimos unos días más tarde, cuando todo estaba un poco más controlado.
—¿Dónde estuvisteis? —Aunque para mí no había pasado tanto desde esos momentos, ya que el tiempo transcurrió de forma distinta para mí que para ellos, parecía una eternidad y poco importante aquello— ¿A un reino de hadas?
—A los que no éramos hadas, es decir a mi hermanos pequeños y a mí, no nos dejaron saber nunca a dónde íbamos, nos bloquearon esa parte de la memoria.
—¿Y no dijiste nada?
—Brandon lo hizo, pero ¿quién nos iba a hacer caso? Lo importante era que estábamos a salvo.
—A él no lo vi en el poco tiempo que estuve en vuestra casa —comento—. ¿Está bien?
—Él y Daniel apoyan por completo a Blake. Creen que ha llevado la manada a un punto más allá, justo lo que necesitaba. Todo lo contrario que Zara y yo, que creemos que el fin no justifica los medios. A Carol no la cuento porque dice que no le importan estas cosas y los mellizos son demasiado pequeños para decidir por sí mismos.
—¿Tanta división hay? —susurro al ver por el retrovisor que Zara se está acercando.
—No lo sabes bien —comenta ella que parece que me ha escuchado. Se sienta al lado de su hermano y me mira—. Debería haber hecho lo mismo que tú, sentarme y dejar que se matasen entre ellos dos.
—Luego tendrías que haber puesto orden al desastre —ríe Will—. Y odias hacerlo.
—Ya, calla, enano.
Poco después Gael se sube también al coche y sin decir nada lo arranca para iniciar el viaje. Zara y Will mantienen una conversación entre ellos, aunque principalmente se lanzan bromas y me doy cuenta de que tienen una muy buena relación. No la había visto nunca decir esas cosas a Blake en el pasado, ni intentarlo. Tenían un tipo de relación totalmente distinta y al verla pienso de inmediato en Febe, ¿cómo estará? Por lo que sé, está bien. No obstante, ¿seguirá viéndome de igual forma? Porque no sé si podría soportar que sus ojos me mirasen llenos de culpa o reprochándome cosas que ya hacía yo misma.
—Aerith.
Abro los ojos, porque desde que Gael ha empezado a conducir los he mantenido cerrados. No me interesa saber por las zonas que pasamos o la velocidad a la que va, ni siquiera me interesa nada que no sea el objetivo final del viaje, ver a mi hermanas. Solo quiero llegar lo más pronto posible y ver a Febe. Zara es la que me ha llamado, se mantiene mirándome, seria, con sus ojos marrones examinando mi reacción.
—¿Qué quieres?
—Sé que no es el mejor momento, y dudo que tengamos uno mejor, o a solas.
—¿Crees que Blake o el señor Fitzgerald la dejarán sola? —ríe Will— Sabes que no.
—Podéis llamarme por mi nombre, la formalidad no es necesaria —intercede Gael y me mira por el espejo interior en un gesto cómplice.
—Ya, por eso lo digo. No la dejarán sola —Zara se encoge de hombros, se da cuenta de que Gael me está mirando, intenta disimular una carcajada y sigue—. Quiero pedirte perdón.
—¿No llega un poco tarde? —rebato.
—¿Tuve la oportunidad de hacerlo antes? —Ahí me ha pillado, tiene razón así que me callo— Empezaré con la verdad, que es lo que más te gusta, sigues sin caerme bien. Creo que nunca seremos amigas de hecho...
—Curiosa forma de disculparte —la interrumpo.
—¿Ves? Por eso no me caes bien. Te crees el centro del mundo, aunque lo hagas de forma inconsciente o las personas te pongan en ese lugar sin que lo quieras. Y eso cuando te conocí me dio muchísima rabia. Todo lo que hacía mi padre era para que tú estuvieras bien, para su plan maestro de comprometeros a ti y a Blake, que resultó mal, como bien sabes. Después Blake se volvió idiota, y te culpé a ti.
—No le pedí a tu hermano que hiciera nada de lo que hizo.
—Lo sé, ¿quieres dejar de interrumpirme? —suspira— Eras el blanco fácil, a quien cargar mis inseguridades y temores porque sabía que no me harías nada.
—Confiaste demasiado en eso...
—No, sé cómo eres, o lo sabía al menos. También creía que no me harías nada para no perjudicar a Blake por toda vuestra historia. No sé. No actué bien, soy consciente de ello. Y quiero disculparme por mis actitudes de niña pequeña.
—Pero has dicho que no te caigo bien ni que creas que seremos amigas —repito porque no entiendo que me pida perdón para luego decirme eso, es una contradicción.
—Mira, tu actitud me parece de lo peor que tienes, ¿de acuerdo? —Se aparta el pelo de la cara y sigue, parece que no puede parar su verborrea— En parte la entiendo, pero otra gran parte de mí, no. Sí, tu vida ha sido complicada por las decisiones que han tomado los demás por ti y por la carga de tu poder al ser el hada de fuego. Si pienso hace que empatice contigo, es más, creo que hubiese actuado igual o peor. Sin embargo, sé que hay más. Mucho más. Hiciste cosas de las que tú te quejabas y por ello mucha gente sufrió.
—¿Crees que no soy consciente? —susurro lleno de rabia. Me estoy cabreando y aprieto en un puño la mano izquierda. Gael me ve y empieza a acariciarme esa mano con delicadeza, calmándome— Me arrepiento de muchas de mis decisiones porque sé que lo hice mal. Mi hermana murió porque fui una idiota capaz de ver más allá de lo que yo quería.
No entiendo a Zara, nunca lo he hecho en realidad. Se disculpa pero me juzga al mismo tiempo por lo que me ha pedido perdón. Puede haber madurado, porque es innegable que lo ha hecho, la Zara que yo conocí nunca hubiera reconocido que se había equivocado y menos se hubiese disculpado.
Aunque no comprenda su actitud, sus palabras han dado donde más me duele, el tema de mis errores. Los que cometí y convirtieron mis decisiones en daños irreparables. No solo estaba el tema de mi hermana, había tantos...
—Eso sí que no te voy a dejar decirlo —gruñe Gael—. Tú no tuviste nada de culpa en la muerte de tu hermana. Nada.
—No me harás cambiar de opinión, Gael —aparto la vista molesta—. Y no necesito que intercedas o hables por mí. Soy capaz de hacerlo por mí misma.
—Estoy de acuerdo con él —ahora es Will el que habla—. Nadie te culpa de ello. Todos los que estaban ahí piensan así. El único culpable es Jake y su obsesión con el poder.
—¿Incluso Febe? —pregunto en un susurro lleno de miedo. Cuando la vi por última vez quizá era demasiado pequeña para poderlo pensar con claridad. Podía haber cambiado de opinión a medida que creía.
—No te culpa. Lo hemos hablado más de una vez, es muy comunicativa con ese tema.
—¿Lo es? —sonrío porque es todo lo contrario a mí. Yo casi nunca hablo de mis sentimientos.
—Sí, al principio tenía dudas sobre si mencionarle ese tema por las cartas que nos escribíamos, fue ella quien lo hizo, quería saber si pensaba aún en Hebe.
Eso me hace pensar de inmediato que quizá esa pregunta es más que eso, que hay algo importante. Quizá Will era otro Lycaon que habría tenido esas tonterías lobunas con alguna de nosotras. No me atrevo a preguntarlo, la respuesta puede no gustarme y no tengo ganas de pagar mi frustración con Will. Así que vuelvo a cerrar los ojos y desconecto.
Puede que pasen horas estando así o simples minutos, no lo sé, estoy en un estado de consciencia-inconsciencia en el que me entero de casi todo pero hay cosas de las que no.
—Tenemos un problema —la voz de Niels resuena por todo el coche, por lo que abro los ojos y es de noche, definitivamente me he dormido—. Y no hablo del viaje que me está dando el lobito, porque vaya tela, más pesado no se puede ser.
—Al grano —pide Gael.
—Nos siguen. He podido notar a dos vampiros rastreadores yendo a una velocidad parecida a la nuestra intentando no llamar la atención.
—Ya, yo también los he notado —admite Gael—. Pero creía que los despistaríamos.
—Y lo hemos hecho, varias veces. Pero aquí el lobito dice que huele a muchos vampiros a poca distancia y aunque no me caiga bien, porque no lo hace, sé que su olfato es mucho mejor que el mío.
—¿Eres consciente de que hablas de mi alfa y del líder de mi manada? —gruñe Zara.
—Ya, soy consciente de ello —ríe—. ¿Qué hacemos, Gael?
—¿Tú qué piensas? Me gustaría saber tu opinión.
—Creo que nos siguen porque somos nosotros, geniales y eso, pero no porque estemos con Aerith. Diría que es una casualidad.
—¿Y qué propones?
—Que me aburro mucho. Me apetece un poco de lucha. No sé si a los lobos les parecerá bien, pero conducir se me hace tedioso, necesito arrancar corazones de los secuades de Kier para matar el tedio.
—Tan normal como siempre —eso le saca una sonrisa a Gael—. Bien, lucharemos. Aparca el coche en uno de los claros que hay cerca.
La llamada es interrumpida y alzo una ceja, no creía que aceptase el luchar, o que Blake lo haría, pero al ver la sonrisa de Zara y de Will sé que tienen las mismas ganas de hacerlo que Niels. Y siendo sincera, a mí también me apetece estirar las piernas. Por eso cuando el coche se detiene, me saco el cinturón e intento bajar.
—No, tú te quedas aquí —pide Gael.
—¿Por qué?
—Porque creemos que no saben que estás aquí. No perderemos esa ventaja cuando uno de ellos puede escapar e ir a contarle a Kier que has vuelto.
—Lo sabrán de todos modos.
—Aerith, por favor.
No ganaré nada discutiendo, así que me quedo dentro del coche. Aunque no voy a hacerle caso, no pienso permitir que nadie resulte herido, aunque sea leve, por unos vampiros.
Me siento patética al ver que soy la única que se queda en el coche mientras están todos preparados para un ataque inminente, expectantes. No me sorprende que al primero que intentan derribar es a Gael, intentan, porque no lo consiguen.
El grupo de vampiro es considerable, aparecen de la nada, de encima de las copas de los árboles, de un salto... Y cada vez son más.
En medio de la batalla hay una que parece darse cuenta de que sigo en el coche, ya que intenta acercarse a velocidad supernatural. No parpadeo al mirarla y acaba calcinada en menos de un segundo. Eso llama la atención de todos los que están ahí. Así que me bajo del coche.
—¡Es el hada de fuego! —chilla uno aunque no puede decir nada más, también acaba incinerado.
Al haber estado con Godrik había aprendido a dominar tanto mi poder que con solo miradas o simples gestos podía acabar con la vida de quien quisiera. Y lo hago, sin ningún tipo de remordimiento.
Sé que de reojo Gael y Blake me están mirando actuar, que al primero no le gustará que no le haya hecho caso, pero les estoy ayudando, ¿no? Además, no soy tan estúpida de usar mis otros poderes, tampoco es que me haga falta.
—Vaya, te has vuelto bastante más letal, ¿no? —sonríe Niels— Me gusta.
—Supongo que gracias. Bien, ¿nos vamos?
—Te pedí que te quedases en el coche... —murmura Gael.
—¿Creías que lo haría?
—De hecho, no —alza una ceja—. Al menos no has hecho que llame demasiado la atención. Gracias por ayudarnos.
—¿Es lo único que le vas a decir? —Blake niega con la cabeza y me mira— Sí, eres muy poderosa, siempre lo has sido. ¿Y si alguien ha logrado escapar? ¡Ya sabrán que estás aquí!
—No me importa, Blake.
—Ya, pero a mí sí. Si te expones por ti misma no puedo protegerte.
—¿He pedido que lo hagas? No necesito que nadie me proteja, soy bastante capaz de hacerlo por mí misma.
—Lo es —secunda Niels—. Claramente lo es.
—¡Pero te pones en peligro! Sabía que este era un plan estúpido, que llevar la ropa de él no iba a servir para camuflar tu olor ni nada...
—Muchas quejas y pocas ideas, lobito —Gael lo mira fijamente—. Era inevitable que supieran que ella estaba aquí. Nos ha ayudado. ¿Te has dado cuenta de que hubiéramos tardado mucho tiempo en acabar con todos esos vampiros? Ella lo ha hecho con una simple mirada.
—Eso no es una justificación para que se exponga de este modo...
—Que te importe tanto para que te preocupes así por ella es una de las razones por las que aún no te he matado. Pero hay algo que tenemos que respetar ambos, lo que ella quiere.
—¡Ella no es consciente de lo peligroso que es!
De nuevo están discutiendo. Sin que me importe si me ven o no, me transformo en mi forma de hada y alzo el vuelo para alejarme de ahí. Necesitaba poner distancia entre ellos y yo porque estaba empezando a agobiarme de la situación. Tampoco me alejo mucho, aterrizo en lo más alto de un árbol teniéndolos a simple vista para volver cuando crea conveniente. O al menos hasta que se calmen las cosas.
—Veo que has estado con Godrik, ¿no? Porque la técnica de quemar a tus enemigos con la mirada es suya.
Y sin girarme, hago aparecer fuego con forma para retener a Carlin a mi lado.
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