Capítulo Veinte

Recuerdo que no está editado :)


En estos momentos me gustaría poder decir abiertamente lo que quiero, decirle todo lo que pienso con respecto a él. Pero no puedo, por mucho que lo intente, no me sale nada, no todavía. Siempre he sido demasiado reservada para esas cosas, nunca me ha gustado expresar lo que sentía. Ya fuese por miedo, por protección o por mi forma de ser. Me costaba mucho admitir mis sentimientos por otras personas o decirlos en voz alta, pocas veces les había dicho a mi madre y a mi hermana que las quería, cuando eran lo más importante de mi vida.

Ahora es uno de esos momentos que no me gusta ser así, me gustaría decir esas palabras que siguen retenidas en mí, incapaces de salir, o al menos algo relacionado a ello, que él sepa, al menos por mi boca, que una parte de mí no puede dejar de pensar en él y que lo necesito en mi vida..

Sin embargo, me quedo callada, todavía con la mano de Gael cogida, reteniéndolo sin saber por qué. Pidiéndole con la mirada lo que ni yo misma sé, esperando que el tiempo no pase más rápido de lo que ya hace.

Gael me mira y alza la mano que le tenía cogida para acariciarme con suavidad la mejilla. Se ha vuelto casi una costumbre que haga ese gesto. Aunque por mucho que lo haga no acabo de acostumbrarme a lo familiar que me resulta su toque o lo que esa simple caricia me provoca.

Sonríe de esa manera que pocas veces hace, no se le ven los dientes pero sé que no la está forzando. No dice nada, no me presiona más, todo lo contrario, se va dejándome sola. No es que quiera estarlo, todo lo contrario, pero los dos sabemos que necesito un tiempo para mí en este momento para reflexionar y, sobre todo, procesar todo lo que ha dicho.

Sé que va a estar aquí, en el apartamento, que no me va a dejar completamente sola, sin embargo, me está dando intimidad.

Estoy frustrada conmigo misma, por mi falta de decisión en esto, por no poder decirle a Gael que si tengo un futuro, porque sé que tengo una diana en la espalda y seré un objetivo claro en esta guerra y mis probabilidades son bajas, quiero que él éste en futuro, a mi lado.

¿Tan difícil es decirlo?

Para mantenerme ocupada y no quedarme quieta en medio del salón sin hacer nada, empiezo a vagar por el apartamento hasta que acabo en la sala en la que estábamos los dos antes de que vinieran a hacer la reunión.

Me acerco mejor al mapa para examinarlo con calma. Hay muchas zonas que no conozco, pero que destacan por el solo hecho de estar coloreadas en rojo. Eso es que han sido atacadas por vampiros, por lo que Kier consideraba que era un peligro, o simplemente estaban en su contra. Hay demasiados campos abiertos, demasiadas batallas que aún Kier no ha ganado, pero que eventualmente lo hará, la balanza está a su favor.

Entre tanto color voy a cada uno de los cuatro puntos que señalan los reinos de hada.

Aunque intente apaciguar mi rabia no puedo evitar que mis manos acaben llenas de fuego al ver que el reino Lignum, mi reino, el de mi familia, en el que pasé un año de mi vida, está señalado como territorio de los vampiros. Salvatore ha conseguido lo que quería, seguir gobernando.

Pero el precio ha sido demasiado alto.

¿Le compensa haber vendido a su propia especie para seguir estando en el poder? Es absurdo. Si tanto le importaba, si me hubiera dicho las consecuencias que habría por haber tomado el cargo que me correspondía, no lo hubiese hecho. Me hubiera mantenido al margen, o eso creo ahora, porque la mayoría de cosas las había hecho porque no encontraba algo justo, había sido impulsiva.

¿Se sentiría culpable? ¿Sería capaz de mirar a los familiares de las hadas que murieron por su culpa como si nada?

No puedo reprimir una carcajada llena de rabia al pensar en todo ello y en Salvatore. No me olvidaba de él. Lo tenía muy presente. Era otra de las personas de las que me vengaría, lo tenía muy claro. Salvatore no seguiría estando en el lugar en el que estaba como si nada, yo me ocuparía de ello.

Intento calmar todas emociones negativas que tengo y controlo mi respiración para hacerla más calmada. Una vez que lo he conseguido me fijo en la distancia que hay desde West Salem hasta el reino Evighet, no sé cuánto tardaríamos en llegar o cómo, porque se suponía que yo debería notar la magia de mi especie y saber con exactitud el lugar en el que estaba. Pero ¿y si no era así?

Niego con la cabeza, no puedo dudar, no ahora. Mi hermana y mi madre estaban ahí, tenía que confiar en mi poder para encontrarlo, no podía rendirme antes de tiempo.

Hay una cosa que sí tengo clara y que aún no se la he dicho a nadie, cuando sepa que mi madre y Febe están bien, me iré. Aún no sé a dónde, ni cómo, pero me iré. No quiero quedarme mucho tiempo en el mismo lugar que mi familia para no ponerlas en más peligros de los que ya están. Solo necesito asegurarme de que están bien, a salvo.

Y quizá verlas por última vez, porque si me voy, es para empezar a cobrar mi venganza. Hacer sufrir a todos aquellos que lo considero. Jake, Salvatore, Carlin y Kier.

Me será igual ir sola, ir a una misión suicida, pero todos ellos pagarán.

Estoy un poco más observando el mapa, intentando grabarlo en mi mente de alguna forma para cuando me fuera sola tener algunos puntos de referencia. Le haría una fotografía con el teléfono que me había dado Lydia, pero no sé dónde lo he puesto y dudo que me durase mucho un objeto así en posibles batallas.

Después de memorizar a mi manera lo máximo posible me centro en observar el arsenal de armas que sigue teniendo Gael. La primera vez que estuve aquí no sabía para qué servían la gran parte de ellas, ahora es todo lo contrario, sé cómo se usan y cómo hacer el máximo daño posible.

Sin miedo cojo una daga muy bonita que se hace ligera al tacto. Tiene un equilibrio perfecto entre su peso y la altura, me gusta. La sigo examinando y sé que cuando tenga que hacer que mi fuego tome forma de arma me servirá de referencia.

Estoy tan absorta mirándola que cuando escucho un ruido mi primer insisto es lanzar esa daga en la dirección del ruido. Gael se aparta justo lo necesario para que la daga acabe al lado de su oreja derecha sin hacerle daño.

—Venía a avisarte de que esas armas son peligrosas, pero veo que sabes usarlas...

—Sí. He aprendido mucho —murmuro sin querer mencionar que es gracias a Godrik, sigo molesta porque no me dijo el tiempo que estaba pasando mientras me entrenaba. Maldito Tark—. Espero que para el viaje vayamos bien preparados.

—No te preocupes por eso.

—Sí lo hago. ¿Acaso pretendes hacer este viaje, que según vosotros es muy riesgoso, sin llevar armas?

—No he dicho eso. Estaremos muy preparados, sé lo peligroso que es el camino. Aunque mi intención es que no tengamos que luchar con nadie.

—Eso es casi imposible...

—Lo sé —suspira—. ¿Quieres tomar un baño?

Alzo una ceja ante ese comentario. ¿Ha ido con doble intención? Él se da cuenta de mi interpretación y no lo niega, solo alza un poco la comisura de sus labios y aunque intenta reprimir una carcajada no lo consigue. Segundos después me uno a esas risas y durante unos instantes estamos así, riendo sin ningún tipo de preocupación.

—¿Contigo? —no sé qué me pasa por la cabeza para decir eso, me sorprendo a mí misma y también a él, que abre un poco los ojos.

—No estaría nada mal. —De nuevo nos reímos a carcajadas y me gusta estar así, tranquilos—. Sé que necesitas descansar y creo que un buen baño relajante te iría bien.

Me muerdo el labio en un intento de ganar tiempo porque no sé qué decir y tener esta conversación me está poniendo nerviosa, ¿hace cuánto que no tengo un momento para mí en ese sentido? Maldición, me gustaría tomar ese baño. Gael al ver mi expresión empieza a andar y le sigo. No va muy lejos, en su misma habitación hay otra puerta.

—No sabía que a los vampiros les gustaba tener tantos lujos —me mofo al ver bien la habitación—. Aunque nunca he sabido si necesitáis bañaros, ya que sois inmortales y esas cosas...

—Te sorprendería saber lo que hacemos y lo bien que se nos da todo —él me sigue el juego—. Puedes usar lo que quieras. Como ya te dije, siéntete como en casa.

—¿Y la ropa? ¿Quieres que salga desnuda? —¿De dónde ha salido este lado atrevido? Me sale casi como de forma natural.

—Por mí encantado —se pasa la lengua por su labio superior y luego niega con la cabeza—. En la habitación en la que estás durmiendo el armario está lleno de ropa.

—¿Tienes ropa de mujer en tu apartamento? —y ahí está de nuevo un sentimiento extraño que no sé cómo calificar.

—De hecho, es ropa que compré para ti.

—¿Por qué?

—No lo sé ni yo —admite—. Me gusta hacer cosas humanas cuando tengo tiempo, es una manera de no perder lo que soy supongo. He ido renovando ese armario cada cierto tiempo. Sabía que volverías, Aerith. Siempre confié en ello. Nunca perdí la esperanza.

—No sabía que tardaría tanto...

—Lo importante es que ahora estás aquí. Y antes de que te des cuenta tendrás a tu familia delante de ti. Tengo que irme un momento para acabar de preparar el viaje de mañana, ¿te molesta?

—Estaré bien, Gael.

Asiente con la cabeza y desaparece por lo que aprovecho para ir a mirar ese armario y niego con la cabeza, esto es exagerado. Cojo lo primero que encuentro y preparo la gran bañera. Me meto en ella y entre tanta burbuja me relajo, incluso me pongo a practicar con mi elemento. No sé cuánto tiempo estoy metida en la bañera, en el momento en el que el agua empieza a enfriarse la caliento de inmediato para estar más tiempo.

Pienso mucho en la actitud tan desenfadada que he tenido antes. Yo no era así, no hacía esos comentarios. Pero con Gael me había salido de forma natural. Había conseguido que actuase sin pensar, y eso solo ocurría cuando me dejaba llevar, que solía ser cuando algo no me gustaba. Y pese a que me haya sorprendido de actuar así, me gusta. Me siento... joven, sin presión. Solo viviendo como una persona normal, sin más preocupaciones.

Cuando vuelvo a la habitación en la que estoy durmiendo el cielo vuelve a estar oscuro, el tiempo de nuevo jugando en mi contra. No sé si habrá vuelto Gael o no, tampoco me he preocupado por ello. Miro la cama, y solo sé que no quiero estar sola. Me pongo a vagar por el apartamento y lo encuentro, en su habitación acabando de preparar las cosas.

—Creía que estarías dormida —murmura—. Espero que no te importe que haya decidido qué ropa tienes que llevar. Es por una cuestión de aroma, llevarás ropa que previamente hemos llevado Niels o yo. Tranquila, está limpia. —No digo nada, solo lo observo. No sé cómo pedirle que quiero dormir con él—. Aerith, ¿puedo pedirte algo? —asiento de forma sutil— ¿Quieres dormir conmigo?

—¿Qué? —no me esperaba para nada eso.

—Ayer cuando estuve a tu lado también me dormí. Hacía años, o mejor dicho, siglos, que no dormía tan bien. Sonará egoísta, pero quiero volver a descansar de ese modo.

Aunque sé que una parte de lo que dice es cierto, sé que también lo dice para que yo no me sienta incómoda al pedírselo, porque yo a su lado me había sentido a salvo. Le ayudo a acabar de preparar lo necesario para el viaje y sonrío al ver que sabe la ropa que me gusta llevar, me conoce. También veo que hay todo tipo de armas.

Una vez está todo preparado nos metemos en la cama y antes de que él pueda acomodarse me acurruco a su lado. No decimos nada, no hay mucho más por decir hoy.

Así nos mantenemos hasta que nos despertamos al día siguiente, yo aún abrazada a él. Niels nos está esperando en el garaje delante de un coche. Se saluda con un gesto de cabeza con Gael y se sube a ese coche. Gael y yo hacemos lo mismo, hasta que llegamos al punto acordado. Blake ya está ahí, quieto. Will y Zara están hablando entre ellos mientras otras dos personas están detrás del alfa.

—Hueles a él —es lo primero que dice Blake al verme.

—¿No es de lo que se trata? —dice Niels y empieza a mover cosas del maletero del coche de Gael al suyo— Tiene que pasar desapercibida. Que hayas olido el aroma de Gael es mejor que el suyo propio.

—Zara podría haberle dejado ropa.

—Aerith tiene su propia ropa y está contenta con ella —hablo de mí misma en tercera persona—. ¿Vamos?

—Iré con Aerith —afirma Blake.

—No, no lo harás —dice Gael—. Y no es por ninguna teoría que pienses. Se trata de tener una visión estratégica. En el caso que ataquen nuestro coche y estemos heridos tú podrás protegerla y ponerla a salvo, que es de lo que se trata. Irás con Niels y tus secuaces lobos.

—¿Y nosotros? —habla Will mirando a su hermana.

—En mi coche. Sois el futuro de la manada de West Salem, tampoco podéis ir juntos.

—Qué previsor —se mofa Blake.

—Estratega, se le llama ser estratega —sonríe Gael.

Y como no tengo más ganas de escuchar discusiones estúpidas me subo al coche y cierro la puerta. No me hace falta ver el futuro para saber que esta tensión no será buena.




muchos besitos, si queréis hablar conmigo podéis hacerlo por instagram y para novedades o cuándo subiré en mi canal de difusión de whats

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