Capítulo Siete

Recuerdo que es un capítulo no editado según los cambios hechos en los otros libros. 


No decimos nada ninguna de las dos, el estruendo que ha habido nos ha dejado a las dos sorprendidas, aunque de inmediato la vampiresa intenta disimular su gesto, no quiere demostrarme que no se esperaba lo que ha pasado, quiere seguir con su posición de superioridad delante de mí, o la que se cree que tiene. Es su manera de demostrarme que tiene el control. Pero no lo tiene. Ella no es Kier. No ejerce ningún tipo de influencia por su presencia como lo hace él.

¿Qué es lo que debe haber pasado? Lo primero que se me pasa por la cabeza es que han venido a rescatarme, pero sé que es imposible, así que lo descarto igual de rápido que lo he pensado. Pueden ser muchas otras cosas, desde que Kier ha regresado y esa es su manera de decirme que ha vuelto, o incluso que otro prisionero se ha conseguido liberar o escaparse... Hay tantas opciones que estoy convencida de que no han venido a por mí, ha pasado demasiado tiempo...

Me quedo callada durante unos minutos, expectante, intentando saber si la vampiresa que tengo delante hace algún gesto o pequeño movimiento que muestre sus intenciones, quizá es todo una trampa, otro juego de Kier para desconcertarme todavía más, no me resultaría extraño, es lo que él hace, lo he aprendido con el tiempo. Sí, debe serlo, me convenzo a mí misma, solo me queda esperar a que aparezca o la vampiresa se ría, es lo que han hecho siempre, jugar conmigo.

No obstante, de nuevo hay otro gran estruendo, mucho más fuerte que el anterior, tanto, que hace las paredes y el suelo tiemblen, como si se tratase de un terremoto. Dura uno segundos que se me hacen eternos donde si no fuese porque estoy atada, hubiera acabado en el suelo. Es tan intenso que la máquina a la que estoy conectada, la que me va inyectando veneno cada pocos segundos, se mueve de tal forma que con un solo movimiento que haga se va a desconectar.

—¿Estás provocando tú esto? —intenta saber la vampiresa mientras coloca bien la máquina, no se quiere arriesgar a que ya no tenga esa ponzoña en el cuerpo. Es gracioso, no entiende por qué los otros vampiros me tienen miedo pero se asegura de que el veneno siga teniendo ese efecto en mí— Si es así, detenlo.

—¿Cómo puedo hacerlo? —rebato—. Estoy atada, no puedo moverme y te has encargado de que el tubo que me va inyectando el veneno, el que hace que no pueda usar mis poderes, siga en mi brazo, los anula. Además, soy el hada de fuego, ¿recuerdas? Solo puedo hacer fuego.

—Sabes a lo que me refiero... —lo dice con tanta calma y sonriendo que parece que no esté diciendo nada importante, pero sé que hay una amenaza bajo ese tono.

—De hecho, no —rebato yo también y esbozo una pequeña sonrisa sin mostrar los dientes.

Otro estruendo, aunque este viene acompañado de mucho ruido, y de gritos llenos de dolor. ¿Qué es lo que está pasando? Porque ya no me puedo hacer ningún tipo de idea.

Pocos segundos después un par de guardias entran en la mazmorra y le susurran algo a la vampiresa, si no estuviera tan debilitada hubiera podido escucharlo, las caras de esos vampiros son todo lo contrario a los de ella, parece grave por cómo miran de un lado a otro y, sobre todo, evitan mirarme. La expresión de ella cambia de inmediato cuando los escucha, primero frunce el ceño para luego reír a carcajada limpia.

—Me lo suponía —dice mientras sigue riendo—. Es todo una maniobra de distracción. No hay nada fuera de lo normal, según lo que me han dicho, así que debe serlo... —parece que intenta convencerse a sí misma antes que a mí— Vosotros quedaos aquí, no vamos a dejarla sola, que es justamente lo que él quiere —quizá por mi cara de incredulidad, o porque quiere generarme más dudas, se acerca a mí y sonríe con la misma sonrisa de locura que tiene Kier—. Gael ha venido a por ti, hadita. Mucho ha tardado. Ya me estaba empezando a preocupar.

—Mientes —murmuro.

—No, no lo hago. Todo lo que acaba de pasar es su manera de decirnos que está aquí, quiere llamar la atención para que vayamos a por él y de ese modo tú quedes sola y así poder venir a por ti sin llamar la atención. Es una pena que su plan vaya a salir mal y lo vaya a atrapar. Kier va a estar orgulloso de mí.

Se va de la habitación haciendo uso de su velocidad sobrenatural dejándome en compañía de esos guardias, que al principio son solo dos, pero a medida que pasa el tiempo van viniendo más.

¿Tantas medidas de seguridad para qué? Sigo atada y tan débil que no puedo hacer nada, sigo siendo una presa fácil para que hagan conmigo lo que quieran. Sin embargo, los guardias no se acercan a mí. Mantienen la distancia como si fuese capaz de hacerles algo e intentan no mirarme, y cuando lo hacen, es de reojo y lo más breve posible.

Suspiro de forma exagerada y veo que algunos incluso se sobresaltan por ese gesto tan simple, ¿son recién convertidos? Porque dudo que un vampiro experimentado se asuste con algo tan sencillo. ¿O es que no soy consciente del efecto que tienen mis acciones? No lo entiendo, tampoco intento hacerlo. Ahora solo puedo pensar en Gael.

¿Es cierto que ha venido a por mí?

Es estúpido si lo ha hecho, van a atraparle. Él solo no va a poder con toda la seguridad que hay aquí, por mucho que sea un vampiro gobernante y tenga muchos años de edad. Además, no tiene sentido, ¿por qué va a arriesgar su vida por mí? Ha hecho lo que Kier quiere, ha caído en su trampa.

Aunque una parte de mí sigue sin creerlo, a Kier le encanta jugar conmigo de ese modo, hacerme creer cosas que no son para reírse. Debe ser otra táctica que tiene para acabar de romperme, la vampiresa lo había dicho, ya había cambiado aunque no me diese cuenta, mi parte oscura ya había despertado, ahora solo quedaba que se apoderase de mí tal y como Kier quería, y haciéndome creer que venían a rescatarme era su forma de potenciarlo. Me daba esperanza para luego arrebatármela de golpe...

Niego con la cabeza mientras empiezo a reírme, lo que hace que los guardias me apunten en un primer momento con sus armas, pero al ver que solo me estoy riendo sola, las bajan. Lo más probable es que piensen que me he vuelto loca al llevar encerrada tanto tiempo o por las múltiples torturas que he sufrido, en parte tienen razón, aunque me estoy riendo porque por una vez, estoy siendo más lista que Kier, no me creo su absurdo plan. No me creo que hayan venido a rescatarme.

Sigo riéndome durante un período de tiempo que se me hace muy corto, no obstante, cuando veo que uno a uno los guardias van cayendo al suelo desplomados dejo de hacerlo, algo está pasando delante de mí y ni siquiera me he dado cuenta. Tampoco lo han hecho ellos, que intentan luchar contra el aire, expectantes, pero no pueden hacer nada. Acaban todos en el suelo, quizá inconscientes, quizá muertos... no es que me importe mucho, si los han asesinado serán unos cuantos vampiros más muertos, no los iba a echar de menos.

Cuando ya no queda ninguno en pie, me pongo en alerta, aunque no va a servir de mucho, lo que sea que ha noqueado a los guardias va a hacer lo que quiera conmigo, estoy atada. Así que solo me queda esperar a que la persona que ha hecho esto haga acto de presencia y me diga qué es lo que quiere, y no tarda en hacerlo.

Es Gael. Tengo a Gael delante de mí.

O es lo que me quieren hacer creer.

Tiene el rostro lleno de manchas de sangre, aunque no es suya, o es lo que parece ya que no tiene ninguna herida en la cara que sea visible. Su barba no está para nada arreglada, lo contrario a mi recuerdo, tampoco es que tenga un buen aspecto, es peor del que recordaba, está desaliñado y su camiseta rota hace que me preocupe de inmediato por si le han dañado de algún modo.

Creo que ha perdido un poco de peso, aunque no estoy segura, y aunque parezca imposible, aparenta más edad de la que recordaba, su ceño fruncido tampoco ayuda a que lo recuerde de otro modo. Desde el momento en el que me ha visto sus ojos no han podido ocultar lo que está pensando y siente, está muy preocupado.

Cada vez las ilusiones son más reales, Kier sabe lo que hace, no tenía tan nítido el recuerdo de Gael hasta que lo he tenido aquí, aunque sea falso.

—Aerith... —la voz grave de Gael retumba en toda la estancia. Aunque esté pasando solo en mi cabeza, escucharlo de nuevo hace que todo mi cuerpo se estremezca. Lo había echado de menos.

No digo nada, me limito a observarlo, intentando memorizar bien sus facciones para que en el momento en el que Kier decida romper la ilusión tenga algo a lo que agarrarme, el recuerdo de Gael.

Al ver que no digo nada se acerca a mí, tanto, que puedo ver a la perfección sus ojos verde grisáceos que me encantaban y en los que me había perdido más de una vez. Pero hay algo nuevo, las ojeras que los adornan de forma sutil, haciendo que parezca más humano de lo que alguna vez lo he visto. Sé que está expectante, espera que haga o diga algo, es lo que el Gael de verdad haría... pero permanezco callada.

—Veo que no ha dejado nada al azar —murmura rellenando el silencio y lo primero que hace es sacarme el tubo que me inyecta el veneno para luego romper la máquina—. ¿Mejor? —sigo en silencio, no quiero darle esa satisfacción a Kier de parecer desesperada— Que no hables empieza a preocuparme, Aerith.

—No tengo nada por decir...

—¿No? —Gael abre un poco los ojos sorprendido— ¿Por qué no?

—Déjate de tonterías —río—. Sé lo que es esto, Kier. Es una ilusión, otra de las tuyas. Sé que Gael no está aquí. Que es todo un juego para ti, hacerme creer que ha venido a rescatarme para quebrarme. Siento decir que no te creo, que sé que es todo falso.

—Aerith, no es mentira. Estoy aquí —intenta convencerme—. Soy real.

—Eso es justamente lo que diría en una ilusión —río y eso hace que Gael frunza todavía más el ceño—. Kier, de verdad, rompe la ilusión.

—No es ninguna ilusión —asegura Gael y empieza a mirar las cadenas a las que estoy atada—. Confía en mí.

—No confío en nadie —gruño—. ¿Para qué me vas a desatar? ¿Para que cuando crea que pueda ser libre todo se desvanezca sin que pueda hacer nada? No, gracias. Prefiero seguir aquí.

—¿Qué te han hecho? —susurra y no sé si es mi impresión pero hay un momento en el que se le rompe un poco la voz.

—En todo caso, qué me has hecho tú, Kier. Deja la ilusión, esta vez no lo vas a conseguir.

—¿Por qué no me crees cuando te digo que no es una ilusión? —murmura y rompe la cadena que me retiene el brazo izquierdo— No lo es. Estoy aquí de verdad.

Suspiro, si Kier quiere jugar, vamos a hacerlo. Le haré creer que he caído en su ilusión para que acabe cuanto antes. Tener a Gael aquí, aunque sea una ilusión, me está generando demasiados emociones, unas que creía que había conseguido erradicar.

—Si fueras real, has venido a una trampa —confieso—. ¿Eres consciente de eso?

—Lo soy —rompe la cadena del otro brazo—. Pero no me importa. Tenía que venir a rescatarte. No me lo perdonaría si no lo hubiese hecho.

—¿Del mismo modo que no te perdonas no haberte dado cuenta de que Kier iba a matar a vuestro padre? —hablo— Por eso estabas tan atormentado con tu pasado.

—Te lo ha contado... —afirma. Ni siquiera lo pregunta, da por hecho que Kier me ha contado la verdad.

—Lo ha hecho, me mentiste, de nuevo —reitero—. Sé que no va a servir de nada contarte esto a ti, porque eres una ilusión, pero tengo que decirlo... Esta mentira no me duele —admito—. Te entiendo. Yo hubiera hecho lo mismo. Aunque...

—¿Aunque qué, Aerith? —intenta saber mientras sigue rompiendo las cadenas que me sujetan.

—Podrías habérmelo dicho... Sin embargo, ya es tarde para eso.

—Debería haberlo hecho. Pero cuando estoy cerca de ti a veces me cuesta pensar con claridad. Además, no sé cómo vas a reaccionar la mayoría de veces —al dejarme libre por fin estoy a punto de caerme, llevo días atada, no me noto la piernas y creo que no van a ser capaces de soportar mi propio peso. Estoy demasiado débil. Y Gael lo ve, me sujeta de inmediato evitando mi caída—. Te tengo.

—Otras veces has dicho que soy fácil de predecir...

—En cierto modo, sí. Eres complicada a tu manera, Aerith. ¿Puedes andar?

—Eso deberías saberlo tú, no deja de ser una ilusión...

—¿Sigues con eso? —en un ágil movimiento me alza entre sus brazos, me está llevando— Soy real, Aerith. Y he venido a rescatarte.

—¿Por qué? —pregunto con la esperanza que tenga una respuesta clara.

—Siempre haces la misma pregunta, y yo siempre te respondo con la misma respuesta. Sabes el motivo, Aerith.

—Nunca lo dices en voz alta...

—Porque hay cosas que no son necesarias que se repitan en voz alta cuando los hechos las demuestran —sonríe y empieza a andar para sacarnos de ahí.

—Ojalá fueras real... —susurro y sonrío. Al menos algo bueno estaba sacando de esta mentira, ver a Gael.

—Lo soy —asegura—. ¿Qué es lo que te han hecho? —murmura en voz tan baja como si le costase pronunciarlo.

En un suave gesto me acaricia la mejilla, deleitándose en ello, lo hace tan despacio que las sensaciones que me provoca se transmiten por todo mi cuerpo. Es una acción tan simple pero que llena de forma rápida el vacío que hay en mi interior. Sus ojos me miran de forma tan fija que quiero perderme en ellos, justo como lo he hecho en tantas otras ocasiones. Esa simple mirada expresa mucho más de lo que él nunca dice con palabras, hay tanta emoción debajo de sus ojos, tantas emociones...

Nunca antes en una ilusión de Kier he visto tantos sentimientos, tanta verdad, que no sé por qué, pero quiero creer que es verdad. Que de verdad está a aquí, que Gael es real.

—Te he echado de menos —las palabras salen antes de ni siquiera pensarlas—. Te he echado tanto de menos, Gael.

—Y yo a ti, Aerith —él sonríe y yo también lo hago.

Empieza a acercarse para besarme, animado por mis palabras, pero cuando está a escasos milímetros de mi boca, levanta la cabeza de forma rápida.

—¿En serio? —Niels ha entrado en la estancia— Estamos todos luchando contra los malditos vampiros del loco de tu hermano y tú, en lugar de rescatar a Aerith, quieres besarla.

—Como siempre, tan oportuno —gruñe Gael, aunque sé que no está molesto—. ¿Por qué nos interrumpes?

—¡Porque no es el momento, genio! —rebate Niels aguantándose la risa— Entiendo que os habéis echado de menos y esas cosas tan... de parejas. Ya tendréis tiempo luego, ahora huid de una maldita vez. No creo que los lobos consigan ganar más terreno, al igual que las hadas que han venido, ya han hecho lo que debían, crear una distracción.

—Te encanta interrumpir —ríe Gael—. Pero tienes razón, tengo que poner a Aerith a salvo.

—Exacto, tienes que poner a tu hada de fuego a salvo —repite Niels y me mira—. Te lo dije, ¿no? Gael era mi mejor amigo, estaba de su lado. No te estaba dando falsas esperanzas...

—Niels...

—Sí, marchaos de una vez. Os voy allanando el camino.

A su velocidad vampírica, Gael nos aleja a ambos de la estancia que ha sido mi hogar durante tanto tiempo, todo lo que veo ahora es nuevo, aunque no me extraña darme cuenta de que estaba en lo más profundo de ese sitio, no paramos de subir. Y por fin, después de tanto tiempo, puedo ver el exterior a través de las ventanas.

Es de noche, no hay ninguna nube en el cielo, se ven a la perfección todas las estrellas y la luna, que está llena.

Voy a salir de aquí, por fin voy a ser libre.

Pero esa idea se me va al ver que al final del pasillo que está recorriendo Gael hay una persona. La vampiresa de siempre está ahí, con los ojos rojos y un hilo de sangre que le recorre la boca.

Sin previo aviso, Gael se queda quieto. Deja de correr. Y observa a esa vampiresa de forma fija. Lo que hace que ella empiece a reír, se está divirtiendo. Por fin, después de un largo silencio, es Gael el que habla.

—Carlin.




Elisabeth Olsen como Carlin Zoruak





Alba fue dejando pistitas, aunque algunas ya fueron pistazas y algunas sí que las pillasteis :P

Muchos besos xx

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top