Capítulo Seis

Recuerdo que no está editado conforme al primer libro y seguramente haya errores :9


Pese a las palabras de Kier, no se va. Sigue quieto, observándome en silencio, fijándose en mi rostro y la expresión de mi cara, lo que me pone de los nervios. ¿Qué es lo que pretende? Aunque a saber, por mucho que haya pasado tiempo aquí retenida sigo sin saber qué le pasa por la cabeza a Kier, es demasiado inestable.

De tanto en tanto con su dedo índice recorre partes de mi cuerpo, empezando por mi cara y bajando poco a poco, llegando a mis caderas, aunque se centra en mi cuello, que lo recorre de arriba a abajo y lo roza más de una vez con la uña, arañándome. Sé que no pretende hacerme daño, porque si fuera así estaría ya muy malherida, pero con ese simple contacto me estremezco y la mayoría de veces hace que mi vello se erice por el temor a lo que puede hacer. No me gusta tenerlo tan cerca de mí, me altera, no me gusta. Y él lo sabe, por eso lo hace. Se divierte de verme así, se divierte de provocarme ese tipo de emociones.

Intento mostrarme impasible, aunque por mucho que lo pruebe cuando lo tengo cerca, no es que sirva de mucho. Kier nota mis emociones antes de que yo misma las procese, sus sonrisas le delatan. Disfruta sabiendo que me afecta de ese modo, disfruta de que le tenga miedo.

—¿Por qué nunca me torturas tú? —en un arrebato de valentía se lo pregunto mirándole. Mi cambio de actitud le toma un poco por sorpresa, abre de forma los ojos mientras espera que acabe de hablar — Sé que es lo que quieres hacer, castigarme. Crees que lo merezco.

—Querida, no me mancho las manos. Eso es cosa de mis subordinados—se calla y antes de que pueda responderle, me cierra la boca con su mano izquierda—. Sé lo que vas a decir, que son mis esclavos. Para mí son lo mismo, subordinados, súbditos, esclavos... No me importan, son vidas totalmente prescindibles, como si se mueren la mayoría de ellos porque a mí me viene en gana o les mando a una misión en la que sé que no van a salir con vida—sonríe y se le ven a la perfección los dientes, tan blancos que relucen en los que sus colmillos, más grandes que los de los otros vampiros, destacan demasiado—. Volviendo a tu pregunta, ¿quieres que te torture yo? ¿quieres ese privilegio? Porque lo sería, hace siglos que no torturo a nadie... Y sería mucho más cruel de lo que están siendo contigo —suspira y se aleja un poco de mí—. Te lo he dicho más de una vez ya, tu sangre me llama demasiado, si te torturase yo, lo más probable es que estuvieras muerta, que no me hubiese podido controlar, que hubiese caído en la tentación. Y no es lo que queremos, ¿verdad? No queremos que mueras, querida.

—Excusas —cabrearlo es mi mejor opción para que me torture y que suceda lo que acaba de decir. Nada ha cambiado en las últimas horas, ni las palabras de Niels, ni la esperanza que me ha querido dar, ni los nuevos descubrimientos... A pesar de todo eso, sigo creyendo que lo mejor sería estar muerta.

Porque pensando de forma racional, ¿quién me necesita?

Nadie.

Dejando de lado lo que soy, el hada de fuego, y que por mis poderes quizá los reinos de hadas sí necesitan que esté viva para tener una ventaja estratégica contra otras especies o para que gobierne, si omites eso, ¿para qué necesito seguir con vida?

No creo que la gente me eche de menos, a mi madre y a Febe se les pasará con el tiempo, además, sin mí van a estar mucho más seguras, podrán establecerse en el sitio que quieran sin tener que estar huyendo cada poco tiempo, nadie las va a perseguir... porque yo ya no estaré con ellas. Podrán tener la vida que se merecen, una tranquila y sin preocupaciones.

Tanto Matthew como Alex, y el resto de hadas que había conocido en el reino de Lignum, como Andrea, Charles u otros, sabrían seguir viviendo como si nada, tampoco es que hubiera establecido vínculos fuertes con ellos...

Y luego están Blake y Gael...

El primero había cambiado en tan poco tiempo que quizá todo lo que me había dicho en un pasado había cambiado, además, no es que antes de que me capturasen estuviésemos en nuestro mejor momento.

Y Gael... él tiene toda la eternidad por delante, no creo que echase de menos a una persona como yo, una adolescente sobrenatural que nunca ha sabido la verdad de nada y que no sabe qué es lo que quiere o lo que necesita. Dudo que en toda su existencia no haya conocido a mejores personas que yo y que seguramente ya no estén en su vida y las haya olvidado.

—Sé lo que estás haciendo —Kier ríe y me señala con el dedo índice, como si le hubiese dicho algo muy gracioso. Sigue riéndose durante unos minutos, a carcajada limpia—. No te voy a asesinar, Aerith. Quítate esa idea de la cabeza. ¿Por qué quieres morir? Es absurdo.

—Mejor muerta que estar aquí encerrada, y sobre todo, mejor que estar aquí, contigo.

—Eso me duele, ¿no te estoy tratando bien, querida? Sí lo hago, deberías ver cómo trato a mis otros prisioneros, pero claro está, ninguno de ellos es el hada de fuego, la que me traerá a mi hermanito en bandeja. Tienes unos privilegios, siéntete afortunada.

—Estás tan equivocado si crees que Gael vendrá a por mí...

—La que se equivoca eres tú, querida. Tenemos todo el tiempo del mundo, ¿no? A mí no me importa esperar un par de años para que venga a rescatarte, ¿tú qué opinas?

—Que no va a venir —reitero. No será tan estúpido de hacerlo, no va a poder contra la gran mayoría de vampiros que hay aquí. Gael es muy pragmático, estoy segura de que sopesará los pro y los contra de venir a por mí y se dará cuenta de que la posibilidad de éxito es prácticamente nula. No arriesgará su vida por mí.

—Eres tan obstinada... —Kier suaviza la voz y vuelve a recorrer mi cuello con su dedo, aunque esta vez es más como una caricia— Aunque dudo si es que no quieres darte cuenta de la verdad, o que no quieres aceptarla. Quizá una combinación de ambas es la posibilidad más real, eres muy fácil de descifrar. Mi hermanito va a venir a por ti, lo más probable es que sea solo, en un intento de ataque sorpresa para que mis hombres no le detecten. Nadie conoce mejor a Gael que yo, piensa en eso...

—Será por lo mucho que os queréis y os veis...

—Sí, será por eso —Kier vuelve a sonreír—. O quizá es porque vi cómo empezó a tener su propio pensamiento y cómo se iba pareciendo cada vez más a nuestro padre. Siempre voy un paso por delante suyo, querida. Siempre. Son muchos siglos de estar pendiente de él.

—Pero sigue vivo —ahora soy yo la que sonríe para demostrarle en cierta forma que por mucho que lo considere así, aún no ha podido matarlo. Y espero que siga siendo así durante un largo tiempo.

—Y a ti te encanta recordármelo, ¿verdad, querida? Aunque tu carácter me guste, no tolero que nadie me recuerde mis errores, así que tendrás lo que quieres, tortura. Pero no seré yo, alguno de mis esclavos, como tú los consideras, vendrán a cumplir tus deseos. Espero que mi historia te haya resultado entretenida, porque será de lo poco que consiga evadirte de tu dulce realidad —desaparece de mi vista y cuando quiero darme cuenta, está a mi lado, y me susurra en la oreja—, hada de fuego. —Por enésima vez, recorre mi cuello con su dedo, y antes de irse comprueba la máquina que me va inyectando veneno cada poco tiempo, se ríe, y toca algo. Por la manera en la que me siento, sé que ha aumentado todavía más la dosis, si es posible, o ha hecho otra cosa para castigarme por mi insolencia.— Adiós, querida.

Cuando se va, dejándome de nuevo a oscuras y a solas con mis pensamientos, empiezo a procesar todo lo que me ha dicho, a repasar mentalmente la historia que me ha contado, su relato con Gael.

Aunque me cueste, por todo lo que ha pasado entre nosotros dos, sobre todo los momentos en West Salem, ahora entiendo a Gael. Entiendo sus actitudes, sus reticencias, que intentase usarme para sus fines... Porque sé que yo hubiese hecho lo mismo que él.

De un día para otro lo perdió todo, a su madre, que aunque no me lo hubiese dicho Kier estoy convencida de que la quería, a su padre, que era su modelo a seguir, la persona con la que era más cercana y, no solo eso, también perdió a su hermano mayor, el que quizá había sido su ejemplo cuando era más pequeño.

Yo en su lugar me hubiera vuelto loca.

Si la muerte de Hebe ya me afectó de la forma en la que lo hizo, que me volvió mucho más fría, cerrada y desconfiada de lo que ya era, perder también a mi madre y a Febe de la forma en la que lo había hecho Gael, sin previo aviso, por parte de alguien en el que confiabas y creías que nunca te traicionaría y que también quería matarte a ti, me hubiese dejado tan trastornada que quizá ahora sería como Kier, o incluso peor. Probablemente peor.

Cuando me dejaba llevar por lo que sentía, por mis emociones, era una bomba de relojería a punto de estallar, y si me hubiese pasado eso... ya hubiera estallado sin temer las consecuencias.

Ahora todas las conversaciones con Gael que en un principio encontraba banales, para rellenar los silencios, empezaban a cobrar mucho sentido en mi cabeza. La forma en la que recordaba a su familia, la rabia en sus palabras, la melancolía, la tristeza oculta bajo sus ojos grises verdosos...

No pudo despedirse.

Al igual que yo con Hebe.

Tampoco puedo pensar mucho más en ello, un grupo de vampiros interrumpe mi soledad y tal y como me pensaba y como me había dicho Kier, empiezan a torturarme.

Así pasan los días, vampiros que no he visto nunca vienen a torturarme cada poco tiempo, intentan hacerme daño, pero no tienen nada que ver con las torturas de la vampiresa de siempre, de Jake o incluso las mentales a las que me sometía Kier. Son meros aficionados. Pero eso sí, cumplen su función, me torturan, me hacen daño, intentan quebrarme...

Y al ver que permanezco como si nada, empiezan a hacerlo en grupo, sin parar, sin dejarme descanso... Pero no me miran.

Ahí es cuando me doy cuenta de que a esos vampiros, a los que vienen ahora a torturarme, les doy miedo. Y no lo entiendo.

¿Cómo pueden tenerme si ahora solo soy un hada sin poderes? Es como si fuese una humana indefensa.

No les puedo hacer nada, estoy atada y con veneno en el cuerpo que me debilita de tal forma en la que no puedo ni usar mis poderes, es una incongruencia que sus ojos reflejen el miedo.

¿O es que hay algo más?

Siempre puede haber algo más, en la que yo siempre lo desconocía todo. Era una ignorante.

Creo que paso varios días sin dormir, por mucho que cierre los ojos no consigo conciliar el sueño, tampoco sé decirlo con exactitud, hace ya demasiado tiempo que he perdido la noción del tiempo, no sé cuánto tiempo llevo aquí o cuánto hace que llegue.

Solo sé que, aunque no quisiera, Niels hizo que volviese a tener un poco de esperanza. Quise creer en sus palabras, pensar en que me iban a rescatar, que Gael estaba a punto de venir a por mí. Pero fueron pasando las horas... y no pasaba nada fuera de lo normal. Me seguían torturando, privándome de mi libertad y Niels no había vuelto a aparecer.

¿Seguro que estaba de parte de Gael?

Ya lo dudaba. Quizá fue una estrategia más de Kier para quebrarme, otra oportunidad para conseguirlo. Había visto que ya me era igual todo, así que trazó un plan para que recuperase un poco de la esperanza que tenía al principio de estar aquí, la que me convertía en una tonta.

No sé por qué, pero empiezo a reírme sin ningún tipo de razón, de nuevo había vuelto a ser esa misma tonta que se creía que vendrían a por ella. Kier había ganado, de nuevo. Había conseguido que me sintiese todavía peor de lo que ya me sentía.

Sigo riendo con los ojos cerrados, durante unos minutos, hasta que los abro y la veo.

La vampiresa que me solía torturar está delante de mí, observándome, justo como suele hacer Kier, mirarme en silencio sin hacerse notar.

—Y al fin te das cuenta de que estoy aquí —murmura, pero su rostro sigue impasible.

—¿Qué haces aquí?

—Comprobar ciertas cosas...

—¿Y esas son?

—Es curioso que conmigo tengas ese carácter de siempre pero delante de Kier cada vez te muestras más callada.

—Porque ahora me es indiferente, ¿qué haces aquí?

—Ya te lo he dicho, hada de fuego, estoy comprobando ciertas cosas, viendo si los comentarios que hay son de verdad o solo habladurías...

—Kier en ese sentido es mucho más comunicativo que tú, ¿no aprendes nada de tu jefe?

—¿Crees que soy como los vampiros que te están torturando ahora? ¿Un esclavo más de Kier? Para nada, Aerith. Yo estoy muy por encima de eso.

—¿Entonces por qué estás con Kier? Dudo que te tenga en consideración o crea que eres su igual.

—No sabes tantas cosas... Pero tampoco te las diré ahora, el vínculo que hay entre un creador y su progenie es muy fuerte.

—¿Qué quieres? —repito.

—Por tercera vez, comprobar si es verdad lo que me dicen. ¿Quieres saber qué? —silencio por mi parte— Supongo que sí, con el paso de los meses sé más o menos cómo eres, he venido porque los vampiros que te están torturando ahora te tienen miedo, y no lo entendía. Ahora eres un estorbo más que nada, ¿cómo pueden tenerte miedo?

—Yo tampoco lo entiendo —admito—. Quizá es que no están locos como tú o Kier y os tienen miedo a vosotros.

—No, te tienen miedo a ti. Y ahora que te veo lo puedo entender un poco más.

—¿Ah, sí? —sonrío— Dejaos de intentar manipularme, he tenido suficiente.

—Ahora no lo estoy intentando, estoy siendo sincera, te tienen miedo. Y es normal, tu mirada ha cambiado, está mucho más oscura... Veo que has sucumbido a lo que Kier quería, te has dejado llevar por la parte oscura que tenéis todas las hadas, aunque es solo el principio. Por eso te tienen miedo, porque tu mirada expresa todo lo que piensas, y les aterra que puedas hacerles daño aun sabiendo que estás prisionera.

—Si tú lo dices... —no me creo sus palabras. Me sigo sintiendo igual que siempre. Está intentando confundirme. Quizá es su nuevo método de tortura.

—Es muy evidente para mí, he visto la oscuridad de tantas maneras que sé cuándo alguien está sucumbiendo a ella. Y ha sido antes de que Kier siga con sus métodos... ¿qué te habrá pasado?

—¿Entonces qué haces que no informas a Kier? Estará encantado de ver que lo ha conseguido...

—Kier está ocupándose de unos asuntos en cierto reino de hadas, ¿quieres saber cuál? —la vampiresa se ríe— Exacto, el que estás pensando, el reino Lignum. ¿No es ahí donde está tu familia? Quizá Kier las mata, así acabarías por quebrarte del todo. Ahora solo tienes una pequeña grieta, una que poco a poco se hará más grande. Por lo que, al no estar Kier, estoy yo al mando.

—¿Tú? —pregunto sorprendida.

—Sí, yo. Kier sabe que soy su mejor opción, además, soy la persona en la que más confía del mundo.

—¿Estás segura de ello? —rebato. Kier no es del tipo que confía en nadie.

—Cuántas preguntas —ríe—. ¿No te lo ha dicho Kier? Él y yo estamos juntos, al igual que tú y Gael, eso nos convierte en... ¿concuñadas? Es gracioso, ¿verdad?

Niego con la cabeza. Es la primera conversación que tenemos la vampiresa y yo, antes siempre permanecía callada, no decía nada, solo me torturaba. En cambio ahora, parece dispuesta a molestarme con sus palabras. Como si me fueran a afectar... No me importa que esté con Kier, no me importa qué haga con su vida. Quiero estar sola.

—¿Por qué no me dices tu nombre? —intento cambiar de tema.

—Porque un nombre no cambia lo que soy, no me hace más ni menos. Y si supieras mi nombre chillarías pidiendo compasión cuando te torturase, lo que haría que me fuese para no escucharte más...

—Sabes que nunca lo he hecho.

—Cierto, pero a Kier le pediste que te matara, ¿me equivoco? —ella ríe—¿Sabes la rabia que me dio cuando lo supe? Un hada de fuego queriendo morir porque no puede aguantar más estar retenida... es patético.

—¿Me tienes envidia? —me mofo— Es gracioso.

—¿Quieres la verdad? Sí te tengo envidia. Yo nunca quise ser una vampiresa, tampoco es que tuviese otra opción, Kier me salvó la vida, se lo debo todo. Hubiera preferido ser otra criatura sobrenatural, una elfa, un mujerlobo, una bruja... Hasta un hada. Pero supongo que no puedo quejarme, al menos sigo viva.

Ella no puede seguir, porque un estruendo se escucha y todo empieza a temblar.

¿Qué es lo que está pasando?




Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top