Capítulo 5

Esa noche tuve un extraño sueño. Me encontraba en una ciudad hermosa de casas blancas y altos edificios de arquitectura muy elaborada y hermosa. La temperatura era perfecta y el sol, o mejor dicho, la luz, pues no veía ningún sol en el cielo, bañaba todo a su alcance con una suave luz anaranjada que me hacía sentir reconfortada. Inspiré y dejé que aquel aire puro llenara mis pulmones. Había un familiar olor a humedad y árboles, como en un bosque, que trataba de ubicarse en mi memoria, pero no lo lograba. Era extraño porque a pesar de que sentía que realmente estaba ahí, mi mente sabía sin duda alguna que estaba soñando.

Pasé junto a un espectacular bosque de secuoyas gigantes. De ahí venía el olor. Mi corazón se aceleró al pasar por allí pues mi subconsciente recordaba ese lugar de algún modo. Cuando las vi tuve la sensación de que me saludaban y me echaban de menos. Había una especie de vínculo de amor entre esos árboles y yo.

Entonces me di cuenta de que junto a mí caminaba un chico al que no reconocía, pero estaba muy cómoda con él. De nuevo aquella extraña sensación de familiaridad que no podía explicar. Era muy alto, con el cabello oscuro. Tenía la piel clara y una sonrisa que reflejaba la felicidad que sentía al estar conmigo. El sentimiento era mutuo. Sus ojos eran muy claros y pequeños, llenos de vida y me miraba con dulzura. Estábamos agarrados de la mano y conversábamos con naturalidad. No podía decir exactamente de qué hablábamos, pero sabía que me sentía muy feliz por poder caminar a su lado. Eso me hizo estremecer pues me sentí como si le echara de menos.

Al llegar a nuestro destino, había alguien esperándonos allí. Era Caleb, pero esta vez no había nada parecido a lo que me había hecho sentir cuando estaba en mi cuarto. Sólo era Caleb, mi amigo Caleb.

Parecía triste. Algo le había ocurrido. Me preocupé por él y me acerqué rápidamente.

—¿Qué ha pasado?— pregunté impaciente.

—Ya nos han dado los resultados... lo siento, de verdad— empezó diciendo con esfuerzo, pues un nudo en la garganta le impedía hablar.

—¿Y qué han dicho?— inquirí temerosa.

—Me temo que no son buenas noticias— miró al muchacho que estaba a mi lado y en seguida agachó la mirada.— Ambos seremos guardianes. Tus guardianes. Él partirá dentro de poco— señaló a mi acompañante con un movimiento de cabeza—, pero a mí me reservarán para el momento de tu viaje.

Sin darle la oportunidad de seguir hablando, me giré hacia mi acompañante que esquivaba mi mirada.

—¿Lo sabías?— pregunté triste.

—Sí —contestó. Su voz era profunda y suave.

—¿Cuándo te marchas?— empecé a sentir que la frustración tomaba cuenta de mí.

Guardó silencio. Sólo levantó la vista del suelo para lanzar una mirada de reproche a Caleb.

—No me lo puedo creer— mi mundo se desmoronaba y una gran tristeza me invadió.— Nos dijeron que siempre estaríamos juntos, ¿por qué han hecho esto?— empecé a llorar.

—Tranquila, no llores, por favor— El joven me abrazó y secó mis lágrimas. —Ten confianza. Nosotros no sabemos por qué, pero seguro que ellos tienen un plan para cumplir con sus promesas. Seguro que ésta es la mejor manera.

—Yo estaré aquí para cuidarte hasta que llegue el momento de tu partida— intervino Caleb— mi misión será como guardián incorpóreo e incluso en la tierra, estaré siempre a tu lado.

—¿Qué? Tú, ¿incorpóreo? ¿Por qué?— preguntó mi acompañante alarmado.

—Lo ignoro. Ya sabes que sus decisiones no se cuestionan.

—Pero esto no es justo... ellos dijeron que...

—¿Y qué es justo, según tú? ¿Crees que yo he pedido esto? ¿Crees que yo quiero este tipo de misión?— Caleb alzó la voz un tanto irritado.

—Al menos él estará a mi lado, mientras estoy hundida en la más grande miseria echándote de menos— susurré con los ojos inundados de lágrimas. La mirada de mi acompañante se suavizó y de nuevo me abrazó, besándome en la frente. Me sentí segura y feliz. Como si fuéramos capaces de superar cualquier prueba, juntos o separados.

—Lo siento tanto... —susurró en mi oído.

—Oh, Leví...— le abracé, esta vez con más fuerza.

Él me agarró de las mejillas y secó mis lágrimas y luego miró a Caleb. Al principio sus ojos estaban llenos de rabia, pero se fueron suavizando poco a poco.

—Sé que cuidarás de ella. Gracias.

—Lo haré.

—Amira —ahora, el joven alto se volvió a dirigir a mí, pero usó otro nombre distinto al mío, un nombre que ya había oído antes —,nunca olvides que, no importa el tiempo que pase en la Tierra, tú siempre serás mi razón de ser.

Se acercó a mí y cuando sus labios estaban a punto de tocar los míos, un ruido insoportable me sacó del sueño.

PI-PI-PI-PI PI-PI-PI-PI PI-PI-PI-PI...

Sobresaltada, me levanté de mi cama y apagué el despertador. ¿Qué había sido eso? ¿Leví? ¿Acaso era...? No, no podía ser.

Mi corazón todavía latía con fuerza. Fue como haber vivido un dejavú. Algo que siempre había estado ahí y que, no sabía cómo, lo había olvidado.

Y Leví... ese Leví que me había salvado del taxista, ese Leví que era compañero de instituto... ese Leví era... mi amor. Me sacudí el pelo intentando despertarme del todo y sacar todas aquellas historias de mi cabeza. Eran los sueños imposibles de una mente atolondrada y afectada por todas las cosas que había vivido en los últimos días... a menos que... Recordé haber pedido a Caleb que me mostrase cómo era aquel otro mundo. Tal vez había sido él, pero si había sido así y todo era verdad...

—Maldita sea, voy a llegar tarde.

Di un salto de la cama, me duché, me preparé y en menos de treinta minutos estaba llegando al instituto. No podía parar de dar vueltas al sueño y a todas las cosas que me habían dicho. Me sentía como en una especie de trance, esforzándome por asimilar las cosas que me habían pasado.

—Angie, te noto distraída. —observó Elisa al verme llegar.

—No he conseguido dormir bien. Sólo estoy un poco cansada— traté de evitar las preguntas de mis amigas. Yo misma no era capaz de asimilar o entender lo que estaba ocurriendo, ¿Cómo iba a explicárselo a ellas?

—¿Acaso el chico imaginario de ayer te está dando dolores de cabeza?— se rió Sarah. Era cierto que, el día anterior, intentando consolar a Sarah, le había hablado de Caleb, pero qué lejos estaba entonces de la realidad.

Sin embargo, algo llamó mi atención.

—Sarah, ¿Estás mejor?— pregunté extrañada por no haber escuchado el nombre de Dan en el tiempo que llevábamos juntas.

—¿Mejor de qué?— me preguntó inclinando la cabeza hacia un lado. —Si lo dices por lo de mi padre, ya te he dicho que me da igual lo que haga.Lo tengo más que superado.

—Pero, ¿Qué hay de Dan?

—¿Dan? ¿El chico nuevo? ¿Qué pasa con él?

La observé unos segundos, buscando algún guiño que me indicara que estaba fingiendo, pero no fue así.

—Nada, nada... Olvida lo que he dicho. Vamos a clase.

Cuando llegamos, Dan ya me esperaba para sentarnos donde siempre, en la primera fila y detrás de nosotros, Sarah y Elisa. Miré de reojo a mi amiga, pero sonreía hablando con Elisa, sin dedicar ni una mirada a Dan.

Él dio un par de golpecitos a la silla que había reservado para mí y me aproximé.

—¿Qué demonios ha pasado con Sarah?— susurré mientras me sentaba a su lado.

—Le hemos borrado la memoria— Él también susurró.

—¿Qué? ¿Cómo...?— pregunté escandalizada sin saber cómo terminar la pregunta. Se me hacía imposible que alguien fuera capaz de hacer olvidar algo, y más, algo que había hecho sufrir tanto a mi amiga. ¿Qué pasaba con esa gente que no paraba de manipular recuerdos? —¿Eso es lo que me harías si no paso la prueba que queréis hacerme?

Dan suspiró y sonrió mirándome con indulgencia.

—Primero, eres la persona que buscamos. Segundo, pasarás la prueba. Tercero,si todo lo demás falla, sí, seguramente te borraría también la memoria.

Me estremecí. Todo estaba tomando un matiz extraño. ¿Y si no podía confiar en ellos?

—Me estás asustando.

—Esa es la razón por la que se borran los recuerdos innecesarios sobre nosotros y que pueden ser una fuente que atraiga energías negativas.Una mente mortal que no está preparada para ciertos conocimientos puede ser fácilmente desequilibrada y, por tanto, atraer huestes de desterrados.

—¿Eso le pasaba a Sarah?

—Sí, más o menos. Por cierto, hablando de romances,— esta vez Dan se acercó más para susurrarme al oído. —¿Qué ha pasado entre Leví y tú? Últimamente está más cara de palo de lo habitual.

El recuerdo del sueño de la noche anterior vino a mi mente y me enrojecí tras lo cual, Dan dejó ver una pequeña sonrisa de satisfacción por haber descubierto algo.

—Lo sabía. Habéis tenido un lío, ¿verdad?— se rió.

—¡No! —exclamé roja como un tomate. —No creo que sea algo tan simple.

—Tampoco es tan complicado. No pensé que él sería de esa clase de chicos, apenas os conocéis— se rió.

—¡Te he dicho que no es eso!

—¿Qué es entonces?— insistió sin perder la sonrisa pícara.

—No... no sé cómo explicarlo.— Yo misma no lo entendía y no creía ser capaz de decirlo en voz alta hasta que no estuviera segura.

—¿Lo dejaste por otro? Eso explicaría el resentimiento. Leví es de los que se toman las cosas demasiado en serio.

Recordé que en el sueño, Leví miraba a Caleb furioso al principio y luego resignado.. ¿Y si...?

—Si te soy sincera, no lo sé.

—Entiendo.

—¿Lo entiendes? Pues explícamelo, porque yo estoy muy confusa.

—Claro, tranquila. Estará bien. Yo hablaré con él.

El profesor de historia del arte entraba por la puerta, cuando recordé la palabra que me había dicho mi abuela el día anterior.

—Dan, ¿Tú podrías decirme qué significa Ba... taunti?

Abrió los ojos sorprendido para luego sonreír ampliamente. Sin decir nada, sacó su teléfono y escribió en él. No pude ver qué ponía o para quién era, pero escribía de una forma muy efusiva.

—Lo sabía. Sabía que eras tú.

—¿Pero qué significa esa palabra?

—Ya lo sabrás en su momento.

Fruncí el ceño un poco molesta. De nuevo esas palabras. ¿Cuándo iba a llegar el momento de decírmelo todo?

Cuando la clase terminó, Dan se disculpó y salió de la clase, tras lo cual, Sarah y Elisa se sentaron a mi lado.

—Angie, —empezó diciendo Sarah mientras se mordía el labio inferior con una sonrisa ansiosa. —No digas nada, pero creo que le gustas a Dan.

—¿Qué? —me sorprendí. Dan había dicho la verdad, No recordaba absolutamente nada.

—Hoy se os veía muy cercanos. Hacéis una pareja preciosa, además, te vendrá bien desconectar un poco de los estudios y tu abuela. —en sus ojos casi podía ver reflejados todos los castillos que había construido sobre Dan y yo. Negué espantada. No parecía la misma persona que el día anterior lloraba desesperada por tener el corazón destrozado.

—No digas tonterías, Sarah. Sólo se ha sentado a mi lado— respondí cortante. No soportaba que me avergonzase así. Me recordaba a mi abuela intentando buscarme novio.

—Está bien, tú te lo pierdes. Si no lo quieres para ti, tal vez debería intentar ver si soy su tipo— dijo guiñando un ojo.

—Sarah, por favor...— se rió Elisa. —¿Tan pronto has olvidado a Joel?

—¿Joel?¡No se acuerda ni de que existo! No me ha llamado ni una vez en toda la semana. Creo que debería pasar página de una vez y buscar en nuevos horizontes. ¿Quién sabe?

A segunda hora, Dan faltó a clase. Tal vez estaban preparándose para lo que iba a ocurrir en el recreo. Sentí un cosquilleo en la boca del estómago al pensar en lo que podría pasar cuando me hicieran esa prueba. ¿Qué me iban a hacer? Mr. White había dicho que tal vez me daría dolor de cabeza. Estaba un poco asustada, tenía que admitirlo.

El timbre marcó el cambio de asignatura. Al ser de inglés, teníamos que cambiar de clase. Mucha gente aprovechaba los cinco minutos que teníamos para llegar hasta allí y conversaban en los pasillos, pero yo fui directa al aula. No tenía ganas de hablar con nadie y mucho menos de escuchar las conversaciones banales que podían tener. Me adelanté a mis amigas y me detuve en la puerta de la clase, tomé aire y lo eché despacio. Ahora no sabía cómo actuar ante el profesor de inglés.

Al abrir la puerta encontré que dentro sólo estaban Mr. White y Dan conversando con otro chico alto.

Como si de una aparición se tratase, identifiqué al misterioso Leví de mi sueño y me quedé paralizada, mientras mi corazón bombeaba sangre como un loco. ¡Era él! ¡Y estaba ahí mismo! Era quien me había salvado del taxista. Era quien casi me besó en ese sueño... era él.

Sin querer, llamé la atención de los tres hacia mí y, al principio sorprendidos, luego sonrieron, todos menos Leví.

—Hola, lo siento, no quería interrumpir.— comencé a irme, pero al darme la vuelta, Dan corrió y me agarró de la mano.

—Espera ahí, jovencita. Tú no vas a ninguna parte.

Sus palabras fueron ásperas, no estaba acostumbrada a oírlo hablar así y me asustó. Tiró de mí y me llevó hasta donde estaban los demás.

—Dan, no la asustes— se rió Mr. White.

—Es que me gusta hacer estas cosas dramáticas— se rió.— Le da más emoción.

Miré a Leví de reojo, pero su mirada estaba muy lejos de la que yo recordaba en el sueño. Su ceño estaba fruncido y sus ojos entrecerrados. No me gustaba cómo me miraba. Quería desaparecer. ¿Qué demonios ocurría con él?

—De todas las personas que hay en la faz de la Tierra desde que poblamos este planeta— dijo de repente— ha tenido que ser ella.

Ambos, Mr. White y Dan, se quedaron perplejos, pero no más de lo que lo estaba yo.

—¿A qué ha venido eso?— preguntó Dan sorprendido.

Leví comenzó a caminar hacia la puerta para marcharse, pero Mr. White lo llamó y se detuvo justo cuando iba a abrir la puerta.

—No permitas que tus problemas particulares afecten a tus responsabilidades— le reprendió. No parecía que fuera la primera vez que le decía aquello.

—Lo sé.

Salió de la sala sin dirigirme ni una mirada más. Sólo quedó el resentimiento hacia mí, pero no podía imaginar el porqué. ¿A eso se refería Dan cuando preguntó qué había pasado entre nosotros?

Jake y Dan me miraron y justo cuando éste iba a decir algo, empezaron a entrar compañeros de clase. Quizá en otro momento.

Pasé toda la hora evitando la constante mirada de Mr. White, que me dio la sensación de que se divertía con la situación. ¿O acaso era sugestión por todo lo que estaba pasando?

—Ángela, por favor, —dijo Mr. White antes de que saliera de la clase. —Me gustaría hablar un minuto contigo, ¿Puede ser?

—Sí, claro— contesté nerviosa. Me preocupaba lo que podría querer decirme. ¿Y si me borraba la memoria porque pensaba que no le gustaba a Leví?

Cuando hubieron salido todos los alumnos, se aproximó a la puerta y la cerró.

—Usted dirá— dije mientras me apoyaba en uno de los pupitres de la primera fila intentando parecer relajada, pero tan nerviosa como una gelatina en la mano de un abuelo con párkinson.

—Imagino que esto te está agobiando un poco. Normalmente estas cosas vienen con preparación y entrenamiento de muchos años, pero en tu caso tuvimos que hacer una excepción..

—¿Una excepción? No quiero ser una excepción. Quiero mi vida de antes... —murmuré cabizbaja.

—Eso es imposible, me temo. — se sentó en una mesa que había a mi lado y suspiró. —Voy a ser franco contigo, tal vez más de lo que debería. Los desterrados te han estado buscando para destruirte desde que naciste, por eso has permanecido oculta, incluso para ti misma.

—¿Destruirme? —sentí un escalofrío de miedo. —Espere, eso son palabras muy fuertes. ¿Por qué?

—Eres alguien especial. Tu misión es importante y puede que acabe declinando la balanza de la victoria a nuestro favor.

—¿Una misión? ¿Qué tengo que hacer?

—Nunca se habla de ello, sólo hasta después de haberla cumplido. Vivimos de manera que estamos preparados para lo que pueda ocurrir, y para que todo suceda como debe ser. Saber cuál es nuestra misión tal vez nos haga actuar de un modo diferente y echar a perder las cosas.

—No sé si lo entiendo muy bien... Estoy harta de no entender nada.

—No seas impaciente. Estas cosas no pueden darse a conocer todas seguidas, o podrías desencadenar sentimientos negativos que...

—Lo sé, que son como un imán para los desterrados— le interrumpí. Él me miró con compasión.

—Sé que esto no es fácil para ti, pero créeme, estarás bien. Poco apoco se irá haciendo más fácil. Anímate.

—Gracias—me esforcé por sonreír hasta que él me dio una palmadita en la espalda satisfecho. Me despedí de él y me disponía a ir a la siguiente clase.

—Por favor, no dejes de acudir a tu cita después del intervalo de descanso— me dijo justo antes de salir.

—Sí, profesor.

Los pasillos ya estaban vacío, todos estaban en el patio, almorzando, haciendo deporte. Me disponía a salir para encontrarme con mis compañeras. El eco de mis propios pasos mezclado con el silencio me hizo estremecer. Era como un instituto encantado. Pasé por debajo de una ventana abierta que me echó un chorro de aire fresco. Casi grité del susto al creer que era un desterrado.

—¿Estás bien, Ángela?—la voz de Caleb me asustó, consiguiendo hacerme gritar.

—¡Por todos los cielos! No me hagas estas cosas... —exclamé nerviosa.

—Estoy percibiendo pensamientos negativos en tu mente.

—¿Negativos? Eso es una forma muy suave de decirlo. Estoy fatal. Nada es como creía que era. Estoy confundida, preocupada, asustada y... me duele el corazón, aunque no tengo muy claro todavía porqué, porque resulta que no recuerdo nada y nadie me da explicaciones porque si no, atraeré desterrados.

Caleb agachó la mirada y se detuvo.

—No era mi intención confundirte con el sueño que te mostré anoche, sólo conceder tu deseo de saber cómo era tu vida antes de nacer aquí. No creí que Leví reaccionaría así al verte, aunque, pensándolo bien, era de esperar que pasara algo por el estilo.

—Bien, pues lo ha hecho y no tengo ni idea de por qué me odia tanto.

—No te odia... aunque yo sí podría explicar por qué se comportó así —su expresión se veía tan triste como en el sueño. Guardé silencio esperando a que continuara, pero no lo hizo.

—¡Angie! —La voz de Sarah resonó en el espacio de aquel pasillo grande y vacío y la miré sobresaltada.

—Después hablamos— susurró Caleb en mi oído y acto seguido se fue por las escaleras.

—Te estamos esperando afuera... ¿Se puede saber quién era ese? Vaya confianzas, ¿no?

—¿Qué? ¿Le has visto?— pregunté sorprendida.

—¡¡Como para no verlo!! Es un bombón de chocolate blanco— mi amiga serió de su propia broma, pero yo no cabía en mí de alegría. Alguien más había visto a Caleb. Ya no era algo exclusivo de mi cabeza y estaba segura de que no me había vuelto loca.

Cuando terminó la hora del recreo fui temerosa al despacho de Mr. White sin tener muy claro a lo que me exponía. Por fin realizaría esa dichosa prueba, para tener certeza de que yo era quien buscaban.

Al abrir la puerta del despacho de Mr. White, de nuevo estaba acompañado por Dan y Leví. Sin embargo había cierta agitación entre ellos. Algunos objetos estaban en el suelo y, entonces fui consciente de que había un compañero de otra clase acorralado en una esquina. El ambiente era tenso y cargado y empecé a sentir un miedo irracional.

—¡Angie! Has venido...— Jake miraba a los otros dos jóvenes nervioso. —Me temo que la prueba va a tener que volver a posponerse.

—¿Qué pasa? ¿Por qué?

—No te preocupes. Está todo bajo control. Tal vez Leví podría acompañarte fuera. Me temo que ahora no es un buen momento.

Leví lo fulminó con la mirada.

—Prefiero que no. De momento que sea Dan quien la acompañe.

Me entristecí al oírlo decir aquello. ¿Hasta ese punto le desagradaba? No tenía idea de dónde venía aquel desprecio, pero ni siquiera yo misma era consciente de cuánto me dolía. Algo dentro de mi corazón se afligía hasta lo más profundo. Un dolor más allá de un simple rechazo. Como si el espíritu dentro de mí sufriera por algo que yo no terminaba de comprender.

—¡Yo iré!— exclamó Dan presuroso mientras golpeaba a su amigo en el brazo. Éste protestó, pero no demasiado, como si supiera que merecía la represalia.

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