Capítulo 15


Mi boca se  de impresión al ver como la chica besa los labios de Jack y él no hace nada para impedirlo. Nada. Estaba paralizado y sus manos quedaron suspendidas en el aire mientras ella, con su gran boca, devora sus labios sin vergüenza o pudor.

Una llama dentro de mi me presionaba el pecho. Por un instante quería separarlos, empujar a la mujer que estaba quitándole el alma y darle puñetazo cómo el que le di la primera vez que me besó. En verdad quería hacerlo pero me contengo y solo le digo antes de alejarme.

—Sabes donde vivo — levanto mi voz — . Por favor llévala a mi casa.

—Espero... —exclama —.¡Ángel!

—Déja esa cosa y vente conmigo — le dijo ella despreciable.

—Suéltame — escucho como se queja — .Me debo ir. ¡Melina!

Chisto los dientes y acelero mis pasos, no quería oírlo ni verlo. Tengo demasiado enojo dentro de mi y tristeza, y otra cosa más que no pienso mencionar.

—¿Te vas a ir por la cerda?

—Ni siquiera te conozco.

Suelto una risita irónica.

—¡Melina!

Escucho sus pasos acercarse a gran velocidad.

—¡Espera!

—Por favor llévala a mi casa — cruza la bicicleta en medio de mi camino y casi me estrello con ella. Lo miro enojada.

—Sube.

—Vete con tu novia — intento no sonar molesta.

—Ella no es mi novia — explica —. Ni siquiera la conozco.

—Si como no.

Me mira divertido y eleva una ceja.

—¿Celosa? —lo miro sarcástica.

—Ya quisieras.

Se ríe.

—Por favor Ángel créeme —suplica—. Esa chica no es mi novia, ni siquiera la conozco.

Lo escrudiño con la mirada y se ríe.

—Hablo enserio. Se me apareció de la nada y.... joder ... créeme por favor.

Lo miro y detallo  su cara. Sus labios y alrededor de ellos estaban manchados de labial. Se parecía al Joker, pero un Joker estúpidamente sexy. Hago una negación y suspiro mirando al cielo, él seguí allí de pie esperando mi respuesta.

—Bien — dije al fin haciendo que sonría feliz.

—Solo mira como me ha dejado—protesta quitándose la mancha de pintura que le quedó en sus labios por culpa de la rubia.

Ruedo los ojos con fastidio pero una parte de mi estaba aliviada que.... la dejará.

—Y tú molestísimo —sueno sarcástica.

— ¡Por supuesto! —expresa aparentemente indignado —. La única boca que quiero recibir besos es de la tuya.

—Soñar no cuesta nada —vacilo, ignorando que se me han contraído las mejillas.

—En mis sueños besas más allá de mis labios —hago una mueca de asco y estalla a carcajadas —. Eres una mal pensada.

—Tú eres el que tiene esa mente podrida — lo acuso abochornada, seguía riéndose —. ¿Vas a ir por la rubia?

Suspira y lo miro atentamente.

—Me quedo con la morena.

—Tú te quieres ir con la rubia, lo sé— suelto un gritito ahogado cuando me toma de la muñeca y me arrastra hasta su pecho.

—Siempre serás tú, bonita, no hay nadie más que me interese.

—Te estás perdiendo — digo con dificultad,  mis ojos se agradan cuando se acerca y me congelo en el sitio —. De muchas cosas por andar conmigo.

—Al contrario, estoy viviendo muchas cosas a tu lado.

—¿Te quieres ganar un puño? —levanto el puño nerviosa, intentando alejarlo de mí viendo que acortaba más la distancia entre nosotros.

—Quiero ganarme tu confianza —musita observando mis labios —. Luego vendrán los besos y muchas cosas más—me guiña el ojo perversamente y bajo la cabeza ocultando mis mejillas.

Dios estuvo cerca, mi corazón se va salir en cualquier momento.

—¿Lista para irnos? —no respondo y me subo a la bicicleta. Cruzo una pierna con la otra y me agarro firmemente del volante.

—Estaba linda rubia ¿no? —comento con intención, esperando que me diga lo contrario.

¿Para qué estoy haciendo esto?

—No me pareció.

—Ajá —mira para ambos lados antes de tomar la vía.

—Solo tengo ojos para ti.

—Hasta a mí me provocó darle un beso—confieso y suelta una sonora carcajada cerca de mi oído —. Me vas a decir que no te pareció preciosa.

—¿Y para qué quieres saber si me pareció linda o no?

—Para que hagas una comparación y veas de lo que te estás perdiendo por andar con una mujer como yo.

—No hay comparación —dice por encima de mi oído, casi sobre mi hombro —. Estar contigo es mucho más divertido y placentero que un polvo con esa rubia.

—Si tú lo dices.

Sonrío satisfecha dentro de mí.

—¿Quieres helado? — sacudo la cabeza y lo miro.

—....No.

—¿Por qué?

—No puedo — pauso —. En realidad no debo.

—¿Estas a dieta?

—Si, exactamente.

—¿Y dieta para qué? —cuestiona incomprendido —. Eres perfecta así, no necesitas nada más.

Aclaro mi garganta.

Y reprimo una sonrisa.

—Eh... — vuelvo a raspar mi garganta —. Acaban de llamarme cerdo.

—Lo dice porque ella es un saco de huesos, tú en cambio tienes unas curvas que provocan morder —gruñe.

Rio por lo bajo.

—Porque soy un cerdito.

Se ríe de mi mal chiste.

—Es enserio Ángel, te ves preciosa así, no necesitas nada para llamar la atención.

Sí, claro y por eso tengo tantos pretendientes.

—¿Y quién dijo que yo estaba a dieta para impresionar?

—Eh...

Que tonto.

—Yo estoy haciendo esto por mí, no por nadie más.

—Vaya —expresa admirado—Me gusta como hablas, así deberían hablar todas las chicas—zarandee mi mano cuando me percato que la suya estaba sobre la mía, él la aparta y la sensación se quedó allí —. Pero un helado una vez a la semana no hace daño. Vamos tengo ganas de uno.

—Es que no debo, la doctora me lo prohibió — digo preocupada pero con el deseo latente.

—¿Estás haciendo ejercicios?

—...Si.

—En el ejercicio matas todas esas calorías — soluciona fácil —. ¿Qué dices? Muero por un helado.

Suspiro y vacilo antes de tomar una decisión.

Él tenía razón una vez no hace daño perdería todo lo que comí haciendo mis ejercicios, además he tenido ganas de comer helado desde hace tiempo.

Jack celebra cuando acepto y nos dirigimos a una heladería.

—Si no llego a cumplir la meta que me dijo la doctora te mato —advierto de forma amenazante antes de bajarme de la bici.

—No te preocupes Ángel, no pasará nada —afirma.

La gente nos miraba con extrañeza cuando ingresamos a la heladería distanciados uno del otro. Jack había encontrado una cinta métrica de esas de costurera y antes de entrar me pidió que tomara un extremo para medir la distancia que le había impuesto.

Fue inevitable no reírse de esto, la cara de las personas eran un poema cuando sus miradas recaían hacia abajo.

—Si te pasas un centímetro te robo un beso — me advierte juguetón.

—Y si me besas te rompo la cara.

Estalla a carcajadas.

—Odiosa, hermosa, inteligente y agresiva—cuenta con los dedos —. Adoro las chicas rudas.

¿Debería sentirme agradable por esto?

No, no debería.

Pero en el fondo dentro de mi hay un gusto culposo.

—Buenas tardes —saluda al joven que estaba del otro lado del mostrador, tenía el cabello rojizo y pecas en toda su cara, otro Weasley.

—Hola —saludo tímidamente, mirándonos a ambos. Luego pasa su atención en mí y se queda allí por varios segundos hasta que alguien raspa su garganta.

—Por favor dos helados de un sabor—el inepto me mira —. Te prometo que la próxima serán con más sabores.

—No importa.

—¿Qué sabor quieres? —miro todos los sabores que estaban frente a mis ojos. Todos me hicieron agua la boca.

—Vainilla —digo y cambio de opinión al instante —¡Fresa!

—Fresa para la señorita—le indica al chico pelirrojo y decido jugar con su paciencia.

—Cambié de opinión—digo de repente —. Me gustaría mejor de chocolate.

—Chocola...

—¿Esto es oreo? —lo corto antes que de la orden y apunto el cristal.

—Si.

—¿Será que elijo oreo? —murmuro pensativa y me quedo así unos largos minutos —. Hay tantos que no sé qué elegir.

—Es difícil lo sé —dice la voz del inepto, me quedo otro rato más impacientando a ambos hasta que decido por el helado de oreo.

—Me das dos del mismo sabor por favor —le pide al muchacho que me lanzo una fría mirada —. Si quieres toma asiento mientras pago.

—De acuerdo —dije girándome sobre los pies y ubico rápidamente una mesa vacía.

Me acerco a ella y me siento en una de las sillas a esperar.

Jack estaba pagando los helados y lo observo discretamente. Desde lejos impactaba su indiscutible atractivo. Las chicas que estaban comiendo helado desde las otras mesas no apartaban sus miradas de él, incluso las pille tomándole fotos.

Rio por lo bajo.

Una corriente recorre por todo mi sistema cuando me pilla observándolo. Disimulo, pero no sirvió de nada. Jack me guiña el ojo y sonrie de costado como respuesta que me había visto.

Finjo demencia.

Regresa a la mesa con los dos helados y estira el brazo para entregarme uno. Sin levantar mucho la mirada, lo recibo y siento un cosquilleo en el estómago cuando arrastra la silla y se deja caer.

El olor de su fragancia me llega hasta las fosas nasales.

—La próxima salida te prometo que serán de más sabores.

¿Próxima?

—Deliciosos ¿verdad? —asisto con la boca llena de helado mirando el costado de su hombro, evadiendo su penetrante ojos, es muy intimidante — .Háblame de ti. Hemos compartido poco. Pero me gustaría saber más. Sé que no te gustan las fiestas sin embargo no sé qué más te gusta o que preferencias tengas.

—¿Y para que quieres saberlo? — inquiero intrigada.

—Para conocernos mejor — responde con obviedad.

—¿Y qué quieres saber?

Sube y baja los hombros.

—Cosas simples— explica —. Empecemos con los colores, ¿cuál es tú color favorito?

—Amarillo.

Miento 1.

Mi color favorito es el rosa.

—Mi preferido es el color negro—
le di una mirada fugaz a su vestimenta, ahora entiendo porque viste de negro casi todo el tiempo, sin embargo, hoy no usa ese color, tiene una camisa verde que combina con sus ojos.

—¿Cantante favorito? —continua. Entre abro los labios para responder y me interrumpe— .No me digas, Shawn Mendes.

—¿Y para qué me preguntas si sabes que esa va ser mi respuesta? — lo miro ilógica.

—¿Solo escuchas a ese artista?

—Hay más pero él es mi favorito.

Niega mientras le da una buena lamida a su barquilla. Las chicas que estaban a nuestro alrededor no le apartaban la mirada, estaban hipnotizadas.

—No sé qué le ven a ese tonto— comenta con la vista en otro lugar, ajeno a lo que estaba provocando con su forma de comerse la barbilla —. Tiene más dientes que una pelea de perros y es todo cabezón, es tan simple.

Alce ambas cejas con ironía y quito la mirada cuando me capta pero no sé da cuenta.

—¿Simple? — repito, mi corazón es un romolino —. Shawn es el hombre más perfecto del mundo.

Refunfuña.

—Apuesto que si se baña  — lo enfrento.

—Normal.

—Acabas de decir que es perfecto.

—Eso no cambia nada, además yo no solo lo admiro por el físico, también por sus canciones —aclaro —. Canta muy bello y escribe hermoso, las letras te llegan hasta lo más profundo del alma.

—Si eso piensas.

—Son mis gustos no los tuyos —digo a la defensiva y se ríe —. ¿Y tú cuál es tu cantante favorito?

—No tengo uno en específico— confiesa —Pero me gusta mucho la música de Steven wonder, Elvis Presley, Bon Jovi, Coldplay. Sabes. Música de verdad—lo miro fulminante, sabía que eso me molestaría — . También me gusta Sam Smith.

—Sam Smith es lo máximo.

—¿Te gusta? —dice admirado.

—Lo amo —confieso abiertamente.

—Pensé que te gustaba solo Shawn.

—También me gusta Bruno Mars —admito y me dedica una sonrisa.

—Tenemos algo en común, por lo menos en la música —comenta alegre, y no lo apruebo —. Quizás algún día podamos ir a un concierto juntos, sería genial y te dedicaría todas las canciones o mejor dicho un concierto entero —arrastra su mano hasta la mía y la meto debajo de la mesa antes que logre si quiera rozarme.

—¿Tienes hermanos? —otra pregunta, seguimos con el juego, está es de parte de mía.

Antes de escuchar su  respuesta lo miro aprovechando que se ha distraído y sonrio. Vuelvo a mi posición inicial cuando noto que va hablar

—Yo tengo dos — sonríe de punta a punta— . Eva y Nix, pero ella está en Canadá.

—¿Tienes otra hermana? —formulo sorprendida —. ¿Eres el mayor?

—Soy el del medio —explica y hago una mueca, dicen que el hermano del medio es el ignorando de la famila —. Sigues ¿Tienes hermanos?

—Tenía un hermano — menciono—. su nombre era Finn.

—¿Dijiste tenías?

Asiento con pesar.

—Él... murió.

Sus ojos se amplian sorprendidos.

—No debí hacer esa pregunta — se disculpa, estaba apenado.

—No pasa nada. Estoy bien— dije haciendo una negación y seque las lágrimas que estuvieron a punto de salirse. Jack me observa y abre los labios para decir algo pero lo interrumpo para seguir con el juego —. ¿Comida favorita?

—¿Segura quieres seguir?

Asisto.

—Si, no te preocupes.

—Disculpa —musitó suplicante.

—Estoy bien.

—...Me gusta la pizza — prosigue.

Sonrío un poco.

—A mí también. Con mucho queso y jamón.

—Me encanta ese tipo pizza—lo miro incrédula, con los ojos medios cerrados—. ¿A qué cosa eres alérgica? Yo lo soy al polvo, desinfectantes, el humo y la canela.

—¿Canela? —me burlo.

—Suena gracioso —dice riendo también, intento no mirar su sonrisa, pero es demasiado sexy como para ignorarla. Lo odio —. No querrás verme cuando me hincho.

Rio maliciosa, claro que me gustaría verlo hinchado.

—También soy alérgica al polvo, los desinfectantes, el humo y la picadura de abeja —continúo.

—¿Es enserio? —me mira impactado.

—Una picadura y estoy muerta—digo con un poco de humor, sus cejas se elevan.

—¿Y te han picado?

—Gracias al cielo no.

—Cuídate de ellas Ángel—dice modo protector.  Las personas pasaban por nuestros costados se quedaban viendo cinta métrica reposaba sobre nuestra mesa —. ¿Puedo hacer otra pregunta?

Me acomodo sobre la silla lista para la siguiente pregunta. Me estaba gustando esto. Conocer más del inepto pesado y pervertido,  me esta agradando mucho.

—Las heridas de tus muñecas—menciona despacio y siento que el aire se corta—. ¿Tú... te autolesionas?

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