Capítulo 14
Jack quedó en buscarme al día siguiente para irnos juntos a la Universidad. Estuve a punto de negarme cuando propuso llevarme, pero una idea se me cruzó.
Quiero saber cómo será su reacción cuando le diga que, en vez de irnos en su viejo honda, nos iremos en mi vehículo de dos ruedas.
Anoche después de terminar la película Jack me ayudó acomodar el mueble de la sala y lavar las tazas en donde comimos, increíblemente respetó las distancias y me dijo que nunca en su vida había llorado tanto por una desgraciada película turca.
Sus esmeraldas estaban rojas como tomates al igual que toda su cara, sinceramente le afecto mucho, no espere que lo hiciera, pero dicen que esa película hace llorar hasta las piedras.
Jugó con mi perrito Benji antes de irse y nos despedimos chocando las palmas y chocando los puños como parte de nuestro patético saludo.
Hace mucho no compartía con alguien una tarde de películas, mucho tiempo. Había olvidado como se sentía y no negaré que me gusto, fue agradable y confortable. Solía hacerlo mucho con con mi mejor amiga. Pero todo eso se acabó para mí desde esa noche, todo cambio desde hace cinco años.
Mis padres salieron más temprano a sus trabajos, me pareció oírles comentar que tenía una reunión en la firma y no iban a llegar temprano a casa.
Estaba dándole de comer a Benji cuando el timbre sonó tres veces con mucha insistencia. El canino ladra dando un saltico de emoción y corre hasta la puerta moviendo la colita alegremente.
Niego observando cómo se coloca solo con la llegada del inepto. Antes de ir abrir me dirijo a mi habitación para buscar mi bolso de salir y las llaves de la casa.
—¿Estás jugando verdad? —me mira atónito cuándo le confieso que mi bicicleta será nuestro medio de transporte el día de hoy —. Allí no cabemos los dos.
—Claro que sí.
—No puedo trasladarme allí.
—¿Qué tiene de malo?
—¿No le ves lo malo?
—No la verdad, no.
Se ríe.
—Si quieres puedo buscar mi bicicleta e irnos juntos a la universidad.
—Te da vergüenza ¿verdad?
Levanto una ceja.
—No, no es eso —hace una pausa y se queda pensado —. Al menos que yo maneje, porque yo tengo tres cosas que van a salir lastimadas si me voy sentando allí y no quiero arriesgar la vida de nuestros futuros pequeños.
—Bien —dije resignada a punto de reír.
****
Jack manejaba mientras yo iba sentada en la parte en el tubo que él no podía estar, me sostenía firmemente del volante y miraba los alrededores de la cuidad. El aire movía las hebras de mi cabello y por las mangas de mi suéter se colaba al levantarlas , el clima estaba nublado casi oscuro, como si quisiera llover.
Espléndido y melódico.
Un par de lágrimas escapan de mis ojos al recordar a mi hermano mayor con el tiempo así. Cuando era pequeña por las tardes después de la escuela él me llevaba en su bicicleta montañera a dar vueltas por toda la ciudad de New Jersey.
Luego de recorrer cada rincón, nos detuvimos a comer helados como le decía él, una parada constructiva y allí permanecíamos hasta que se nos hacía muy tarde.
—¿Está todo bien? —pregunta el inepto y me limpio el borde de mi pómulo volviendo de la ensoñación —. ¿Por qué estas llorando? ¿Estas incomoda?
Suspiro profundo.
—Sólo estaba recordando, no me pasa nada.
—Seguro es por la película —intuye genuinamente y suelto una risita sin gracia —. Esta mañana me acordé de ella y comencé a llorar otra vez. Soy un tonto.
—Si es por eso —susurro melancólica.
Jack condujo hasta la zona de las bicicletas y allí nos detuvimos. Todos los que estaban presentes, levantaron sus cabezas y clavaron su atención sobre nosotros como si hubiesen visto algo increíble.
Ruedo los ojos.
Patéticos.
—¿La vas a dejar aquí después de lo que ocurrió la otra? —pregunta mientras se despoja el casco —. Si tú quieres la puedes dejar en mi facultad. Si alguien la toca, se las verá conmigo.
—Wo que chico tan protector —bromeo y se ríe ante mi sarcasmo —. Pero no es mala la idea.
—Conmigo no le pasara nada —asegura.
Doy suspiro.
—Cuídala mucho no tienes idea lo importante que es ella para mí.
— ¿Un amor en el pasado? —elevo mi mirada hacia él y me retracto de confesar.
Tomo su muñeca entre mis dedos, rompiendo un poco el miedo de tocarlo y hago a medias nuestro ridículo saludo.
—Hasta luego.
—La cuidaré como si fuera mi vida —dice confiadamente.
Asisto.
—¿Y mi beso? —hago un ademan con la mano para que se vaya.
Jack se ríe ligeramente hacia un costado dando varios pasos hacia atrás y pierdo su atención girando sobre los pies.
Mis pasos eran firmes y se hicieron lentos cuando la preocupación me invadió. Volví a darme la vuelta y vi como él iba saliendo de mi facultad montado sobre ella, es la primera vez que dejaba mi preciada bicicleta en manos de un desconocido y no estoy segura si él cumpla su palabra de cuidarla.
"Cuídala mucho por favor. Ella es como mi vida"
Le envío al inepto antes de ingresar a mi edificio.
"Tranquila, nadie la va a tocar, el que se atreva lo lamentará ¿Nos vemos hoy?
"Eso espero. No voy estar en el campus"
"¿Y dónde vas estar?"
"Jamás lo sabrás"
"Jajaja ¿Por qué me escribes por mensajes? Agrégame al WhatsApp es gratis o desbloquéame"
"No"
"¿Tienes miedo que te mande cosas indebidas?"
"No quiero tener ineptos en mis contactos"
"Hahaha. Algún día me vas tener en tus contactos"
"Anda estudiar mejor. Adiós"
"Yo siempre estudio, y, por cierto, ¡Éxitos en tu examen!"
"Gracias"
Termino primero que todos y me retiro del salón luego de entregar con orgullo mi examen. Sacudo la cabeza para sacar de mi mente como todos me miraron con recelo en el instante que me puse de pie. Pude percibir su disgusto sin haber hecho contacto con nadie. El ambiente en mi salón no siempre es armonioso como se pinta, por suerte yo siempre me mantengo lejos. Para evitar tragos amargos.
Me encamino hacia el campus y me detengo a medio camino recordando que ese no era el lugar al que iba, se supone que es la biblioteca donde debo ir. Niego internamente y me doy la vuelta sobre los talones.
Tenía que leer una clase y allí se encontraba el libro que necesitaba.
—Hola Melina.
Suspiro pesadamente.
—Hola.
—¿Cómo te fue en el examen? — pregunta en un tono serio, Florencia.
—Bien.
—¿Te puedo hacer una pregunta? — sostiene mi codo para que deje de caminar y se coloca al frente.
—¿Qué quieres? —pregunto obstinada.
—¿Por qué eres así conmigo? —reclama —. Me tratas como si yo te hubiese hecho algo o como si me tuvieras rabia.
—Soy así con todos — aclaro—. Ahorita no me estás haciendo nada, pero sé que después de unos meses si lo vas hacer. Conozco las de tu tipo.
—¿Por qué piensas así Melina? — se muestra ofendida.
—Las chicas, así como tú que parecen no romper un plato aparentan lo que no es— sus orbes se abren sorprendidos—. Son las que te sonríen de frente, pero por detrás te están apuñalando.
—Yo no soy así —la miro con ironía—. Solo quiero ser tu amiga.
—A mí no me interesa ser amiga de nadie y por favor no me molestes más—suplico cansada.
Ingreso al salón y busco los puestos de arriba los de siempre, lejos de todos.
Florencia se queda allí bajo el umbral de la puerta con la vista dirigida hacia mí y giré mi rostro hacia la ventana para ignorarla. Limpio los costados de mis ojos con las yemas de mis dedos y saco los audífonos de mi bolso.
¿Ser mi amiga? si claro.
Escucho la voz del profesor a la distancia y con mucha pereza me incorporo lentamente del escritorio. Chequeo el puesto de al lado y noto que Florencia no está allí. Rastreo el salón y la veo sentada entre los primeros puestos platicando con Ámbar y otros dos compañeros.
Los amigos no existen, son solo mascaras.
Steven el amigo del inepto me sonríe cuando coincidimos las miradas. Él estaba como a la mitad de las sillas y de pronto se colocó de pie. Llego hasta mi lugar y se plana en frente de mi campo visual.
—Te mandó Jack. Quiso dártelo en el campus, pero no te encontró allí así me lo dio a mí para que te lo entregará —no sabía que estaba hablado hasta que deja encima de mi escritorio un osito pequeño envuelto en papel transparente color rosa.
Steven se larga a su puesto y casi ignoro la tarjeta. Pero quería saber que había escrito el idiota del inepto dentro de la tarjeta.
De: Jack Grey.
Para: El Angel antipático.
"Entre tú y yo hay un metro de distancia, pero entre mi corazón y el tuyo no existen las medidas"
Con cariño Jack xox
—Por favor jóvenes hagan silencio y presten atención este tema es importante y de esto habrá un examen —impone el profesor molesto. Todos comenzaron a molestar después de sacar tarjeta de color rosa —. Dejen a la joven tranquila y señorita Wells por favor guarde eso no estamos en San Valentín.
Dos horas después me encaminaba hacia la facultad del inepto y me encuentro de frente con sus amigos.
Sus colegas.
—Hola —me saludaron en coro con inmensa alegría —¿Cómo estas cari? —dice Esther—. Por cierto, que lindo suéter.
—Gracias.
—Jack nos comentó que estabas en un examen, ¿cómo te fue? —ese era Eldrik.
—Supongo que bien, no lo sé —contesto cortante, tan propio de mí.
—Tú bicicleta es preciosa—expresan admirados.
—Está bien cuidada —detalla Esther.
—Es muy especial ¿verdad? —Jev se coloca a mi lado y trata de tocarme, pero lo evito alejándome de un salto. Me mira curioso cuando Jack lo aparta de mi con un brusco empujón.
—A no hermano buscaste la tuya.
—Yo no soy de nadie y tampoco soy un artículo para decir que soy tuya —protesto enseguida.
—¡Muy bien dicho! —me felicita Esther, se viene para chocar las manos y me alejo nuevamente —. ¿Quieres ir a comer con nosotros? ¿Te gusta la pizza?
—No, no quiero, gracias.
—Vamos Melina —me anima — . ¿Prefieres ir a una fiesta?
—Ella no le gustan las fiestas —interfiere Jack.
—¿Enserio?
—Las odio.
Todos se miran extrañados.
—Si vas a la mía, te van a encantar.
Hago otra negación.
—Oh, vamos cari.
—Si no quiere ir no la obliguen, déjenla en paz.
Esther hace un puchero y me siento respaldada por el capullo, apostador.
—Está bien cari, no hay problema — evado el beso que intenta darme ¿Está chica no puede estarse quieta? —. Hasta pronto cari.
Me separo del grupo al visualizar mi bicicleta, olvidamos los modales y camino hasta ella dando pasos alargados. Siento alivio en mi cuerpos al ver que aun sigue con vida. Unos pasos se detienen cerca de mí y no necesito ser bruja para adivinar de quien se trata.
—Que buena actuación ¿eh?
—¿Cuál actuación?
—La de tus amigos, son sorprendentes. Listos para Hollywood.
—A ellos le has caído bien, es todo, deja de pensar que te apostamos ¡Basta! —protesta exasperado.
—No puedo dejar de pensarlo.
—Deberías.
—Quisiera pero es imposible —blanquea los ojos.
—Inténtalo.
—Ajá.
—Enserio, deberías hacerlo porque no te apuesto.
Iba a seguir discutiendo pero prefiero guardar silencio. Le di un pequeña mirada de soslayo y me acerco a agarrar el casco.
—¿Lista?
Me lo coloco.
—¿Te gustó mi regalo? —inquiere con interés y al momento de responder una chica aparece de la nada y lo besa en frente de mis ojos.
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