4
Luego de acomodar las bolsas de compras, se instalaron en la habitación de Gulf. Acostados en la cama y apoyados en la pared, mirando la película de Ratatoille.
Mew prestaba atención. Entregado a la historia a pesar de no reírse en los momentos cómicos.
Gulf sí se reía y a veces se cubría la boca con vergüenza.
En sus momentos de risa, Mew volteaba a verlo. Oírlo reír era mágico y hermoso. Lo hacía sentir en paz.
En uno de esos momentos, Gulf se inclinó, a pesar de saberse la peli de memoria, y se mordió los dedos de la emoción.
Eso le pareció tierno.
Terminando la película, Mew sintió un leve peso recostarse en su hombro. Al mirar, Gulf había apoyado la cabeza en él, dormido con una expresión tranquila.
Mew se inclinó con cautela, y al verlo tan sereno, quedó hipnotizado por su belleza.
Volvió a apoyarse en la pared, dejando que los créditos rodaran en la pantalla. No se atrevió a moverse; quería que Gulf descansara.
Y como si hubiera sido invitado al mismo sueño, cerró los ojos también, apoyando el mentón con suavidad sobre su cabeza.
Gulf solía pasar las noches en camas ajenas, con rostros pasajeros… pero esta vez, dormía junto a alguien que lo protegía incluso de sus pesadillas.

El sol ya había salido. Gulf despertó poco a poco, sin darse cuenta de que, durante la noche, había abrazado a Mew. Al levantar la vista, se sorprendió de verlo aún dormido.
Mew parecía en paz. Y aunque no sonreía, se le notaba feliz.
Gulf esbozó una sonrisa silenciosa y, con delicadeza, salió de la cama.
Mientras tanto, Mew seguía atrapado en un sueño: uno de aquellos recuerdos que aún latían con fuerza. Estaba en Irak, junto a su compañero Naphat, sentados en la parte trasera de un vehículo militar.
—¡Mira arriba, Mew! Esa nube parece un elefante, ¿a qué no? —Naphat reía, buscando alivio para sí mismo y para los demás soldados.
Mew alzó la vista, escudriñando las nubes. Pero para él, todas lucían iguales.
—Hay una con forma de rosa —dijo al fin, siguiéndole el juego, sin cambiar su expresión seria.
—¡Esa parece un pene! —rió Naphat.
—Y aquella, una casa —añadió Mew.
Ese fue uno de los pocos momentos realmente alegres que compartió con él.
El recuerdo que lo visitó en sueños terminó en un pitido agudo que lo despertó.
Con la mirada buscó la cálida presencia de anoche, desaparecida en el día. Aliso el edredón como si acariciara al fantasma buscado.
Caminó a la estancia y lo encontró en la cocina.
Ajeno al proxeneta, estaba concentrado en hacer el desayuno. —Sí. Esto le gustará. ¿O no? — Murmuró para sí mismo. Pocas veces lo pensaba, pero esa vez era inevitable. Gulf le parecía adorable, y cuánto más lo conocía, más dulce se volvía la vida.
—Buen día. ¿Qué haces?
—¡Despertaste! Buen día, Mew. Sólo hago el desayuno. Tostadas francesas con huevo frito.
—¿Hiciste esto para los dos?
—Claro. ¿O no te gusta?
Gulf le extendió un plato con dos tostadas francesas que servían de ojos y un huevo frito que formaba una sonrisa.
Mew apenas comía entonces no estaba acostumbrado a esto.
—Me gusta. — Admitió con cautela, tomando asiento.
Gulf también tomó asiento, frente a él. —Buen provecho, Mew. ¿Te gustó la película de ayer?
—... Es una película bonita.
—¿Verdad? ¿A quién no le gusta Disney?
Rió de los nervios. Mew comió tranquilamente y succionó el sirope en su pulgar.
«Se ve sexi haciendo eso. Ojalá tuviera sus labios en otro lugar...» Pensó Gulf.
—Por cierto, ¿Nunca sonríes? — Gulf le preguntó.
Mew levantó la mirada del plato mientras masticaba. —Siento felicidad, sólo olvidé cómo expresarla.
—Ya veo. Este mundo es experto en matar las emociones. Sobre todo la felicidad. Te entiendo. Pero algún día, quiero verte sonreír. Así: bien en grande.
Gulf retrocedió las comisuras con sus dedos y agrandó los ojos. Pero durante el ejemplo, estalló en risas.
Mew tragó grueso ante el inevitable, pero repetitivo pensamiento: «Este hombre hace mi corazón latir con furia.»
Mew recibió una llamada y sacó el teléfono. Era la madame. —Regreso ahora.
—Ok.
En cuánto dejó la mesa, Gulf miro el plato y sonrió. Era la primera vez, que el proxeneta no dejaba sobras en el plato.
«Le gustó lo que preparé.» Pensó.
•••
Fueron a un muelle, por petición de la madame, y vieron el lujoso crucero en el que andarían. Z estaba al lado de ellos, sentado de piernas cruzadas sobre su maleta.
Habían más compañeros alrededor y Mew los vigilaba a todos.
—Me pregunto si tendremos que hacer una orgía. Pidieron a muchos de nosotros. Pero al menos nos van a dejar quedarnos una semana. — Z repasó, con una sonrisa.
—Ustedes avísenme si uno se pasa de raya. Lo arrojaré al mar si tengo que hacerlo. — Mew dijo, colocándose las gafas de sol.
—Qué heroico. Es estimulante. — Z halago, suspirando enamorado.
Gulf lo ojeo con recelo.
El crucero se detuvo frente a ellos, expandiendo la emoción en los chicos.
Quién les dio la bienvenida fue un hombre vestido de Sheriff. Les deseaba un buen día y les besaba los nudillos. Así hizo de uno en uno hasta que le tocó a Mew.
—Yo soy el proxeneta. — Mew recalcó.
El viejo lo miró con los labios en sus nudillos. Ya era demasiado tarde para retractar el beso.
—Perdóneme. No lo sabía.
Mew retrocedió la mano y entró al crucero.
El sheriff se les quedó viendo a los objetivos. Ya los tenía en dónde quería, sólo debía hacer las cosas funcionar, para hacerlos pagar.
Más adelante había un grupo de hombres esperando a los servidores.
Para ser un crucero enorme, sólo había una gran banda de hombres. Eso le pareció extraño.
Los chicos se relajaban y conocían a los hombres que pidieron sus servicios.
—Cuidado, chico. Tenemos toda la noche para eso. — Z regañó a uno de ellos por agarrarle la nalga y retiró esa mano.
El sheriff posó al lado de Mew, palmeando su hombro. —Tus chicos son lindos. ¿Tú eres el que los protege?
—Sí. ¿Conoces a los hombres que vienen contigo?
—Así es. Son mi equipo de toda la vida. Hacemos todo juntos. Mis muchachos querían divertirse y pensé, ¿Por qué no? Sexo y diversión, hermano.
—El sexo sin razón no me es divertido. — Mew cortó abruptamente. Removiendo la mano del sheriff de su hombro. —Voy a ubicarme.
Mew se alejó en busca de su habitación. El sheriff dejó de sonreír y gruñó, irritado por su actitud.
Mew encontró su habitación por el número de la llave y entró. Depositó su maleta en la cama, pensando en acomodar la ropa. Pero mientras, se quedó pensando en la pandilla de hombres. ¿Realmente estaban a salvo aquí? ¿Le harían algo a Gulf? Debía recordarse que ya no estaba en Irak: no había por qué entrar en pánico.
No paraba de pensar en Gulf sonriendole a uno de los hombres.
Ya lo había visto hacerlo antes. ¿Por qué ahora pensaba en eso?
Alguien entró sigilosamente en la habitación y le inyectó una jeringa al cuello. Ejerciendo fuerza para vaciar el contenido.
Mew lo golpeó al voltear. El hombre cayó entre gruñidos y él se quitó la jeringa.
—¿Un suero? — Murmuró.
Agarró la jeringa como una navaja, se arrodilló, y le explotó un ojo al hombre. —¿Qué quieren hacer con los chicos?
El hombre no paraba de gritar por el ojo.
Mew lo sacudió aún más fuerte antes de amenazar único ojo.
—Te pregunté algo.
—Los quieren para torturarlos. Van a matarlos. ¡Por favor, no me mates!
Mew le explotó el otro ojo y hundió la jeringa hasta tocar el cerebro.
Se levantó y corrió a la puerta. —¡¡Gulf!! ¡Gulf! — Llamó. De repente, su vista se desenfocó y él perdió el balance. Vio al sheriff acercarse. Luego a un soldado de Irak. Y otra vez al sheriff. Hasta comprender, que eran la misma persona combatiendo por permanecer en la realidad.
—Dónde único protegerás a tus chicos, es en tus sueños.
Lo siguiente que sintió fue un agravante dolor en el rostro y una oscuridad abrasadora.
Al despertar, lo recibían gritos amortiguados. Al mirar enfrente, vio a Gulf atado a una silla con un pañuelo en la boca. En ropa interior y con una mera camiseta. Su aspecto quejumbroso lo alteró.
Mew hizo el indicio de lanzarse a él, pero al igual que él: estaba atado a una silla. Con un pañuelo amortiguando sus gritos.
Miró alrededor, furioso, y vio a los demás servidores atados en sillas. Algunos ya estaban muertos.
Z no estaba ahí. Seguramente se lo habían guardado para su disfrute.
—Ya no eres tan rudo, ¿o sí? — El sheriff jugó, amenazando la garganta de Gulf desde detrás. —Lástima que no los protegiste. Pero es la consecuencia de tu acto. Y del tuyo, precioso. — Gulf cerró los ojos ante el repugnante susurro en su oído.
Mew siguió viéndolo furioso. Sentía que el mundo se distorsionaba como un fallo de la realidad. Pero se convencía de no alucinar.
—¿Estás listo para ver cómo torturamos a tu chico? — El sheriff continuó. Desgarrando su brazo con la navaja; creando una línea artificial. Gulf gritó del dolor, bajando la cabeza.
Mew también protestó, incluso si sus gritos eran amortiguados.
El sheriff y los demás hombres rieron.
—Rayos. Sientes su dolor como el tuyo propio, ¿no? — El sheriff le dijo.
Mew no hizo ni dijo nada.
—Debes querer a tus chicos demasiado. El zorro está arriba. Se la pasa bastante bien... Si es que mis hombres no se exceden.
Volvieron a reírse mientras que Mew se rompía los pulgares en silencio. Sólo así saldría de las sogas.
Gulf alzó la mirada con lágrimas en los ojos.
—El chico también debe sufrir, ¿no? Seguro le duele ver al proxeneta sufrir. — Uno de ellos agarró uno de los pies de Mew y con unas pinzas, le agarró la uña del dedo gordo.
Comenzando a alzarla.
Mew grito severas veces hasta que la uña se desprendió con hilos de carne y sangre entrelazada.
Gulf lloró por él, retorciendose.
Los hombres rieron.
—Cualquiera diría que son amantes. Quítale la otra uña. — Rió el sheriff.
Escucharon el quebrantamiento de huesos.
—¿Qué fue eso? — El sheriff preguntó, mirando alrededor.
Mew alzó las manos, ahora libres de ataduras, y robo las pinzas para hundirlas en la boca del hombre, traspasando su cabeza con ellas.
Se levantó, pese al dolor en el dedo gordo.
Todos en la habitación quedaron impresionados. Y el proxeneta devolvió el hueso de sus pulgares a su sitio.
—¡No se queden parados! ¡Disparenle!
El sheriff gritó.
Los hombres sacaron las pistolas y Mew se deslizó de costado, giró a medias y se ocultó detrás de la silla.
Con ella se cubrió el rostro y el abdomen hasta tirarles la silla. Tumbando a varios hombres.
Robó la pistola de uno y le metió dos tiros en la cabeza.
Extendió la mano a la izquierda y mató a otro sin mirarlo.
El sheriff estaba terriblemente asustado y sólo podía amenazar a Gulf de la garganta.
—Qué carajo es él... — Murmuró.
Mew siguió matando a todo el que se interpusiera en su camino hasta quedarse sin balas.
En un mar de cadáveres, sólo quedaban él, el sheriff y Gulf.
—Sólo soy un hombre. Un hombre entre lobos. — Mew dijo.
—No te muevas o lo mato.— El sheriff amenazó.
—Déjalo ir. Aún puedes vivir una vida normal. — Mew intentó negociar.
—Ponte de rodillas. ¡De rodillas!
Mew obedeció sólo para salvar a Gulf.
—¿Sabes por qué hago todo esto? Por el doctor que ustedes mataron. Él beneficiaba a mi grupo enriquecidamente. No tienen idea de lo que nos quitaron.
Gulf agrandó los ojos, sabiendo muy bien de lo que hablaba. Miró a Mew asustado. Pero Mew sólo se sentía angustiado y furioso.
—Él quería matarme y matar a mi chico. No nos dejó de otra.
Ante la explicación, el sheriff chisteó.
—Bueno, ahora yo terminaré lo que él empezó.
Iba a degollarlo, cuando Gulf aventó la cabeza para atrás. Aturdiendolo con un golpe. El sheriff se distrajo y Mew corrió hacia él. Agarró el cuchillo y forcejeó con el sheriff.
El sheriff, aunque no lo pareciera, era listo. Lo piso en el dedo gordo, robándole un grito.
Sacó ventaja para rasgar su abdomen con la navaja y continuó forcejeando con Mew.
—¡Mew, tú puedes! — Escuchó a Gulf gritar, luego de lograr bajarse el pañuelo.
Su grito le dio fuerzas. Mew lo apuñaló justo en el corazón, apoyándolo contra una pared y hundiendo el cuchillo hasta sentir la punta tocar la pared.
El sheriff se quedó helado. Viendo la monstruosa mirada de Mew.
—A ver si el infierno te beneficia como querías.
Después de oír esas palabras, murió en silencio. Sin recuperar los beneficios del pasado ni luchar por los del presente.
Entre respiros agotados, Mew caminó hasta Gulf y lo desató.
—Mew, ¿Estás bien? ¿Te duele mucho?
—Estoy bien. ¿Cómo estás tú...?
Tan pronto cómo lo líberó, Gulf lo abrazó.
Había olvidado lo que era ser abrazado. La bonita calidez que había en el.
Conmovido, lo miró del hombro y desplazó una mano en su espalda.
—Lo siento. Lo siento mucho, Mew.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque te has metido en problemas por nosotros y me duele verte así.
—No es tu culpa. No pienses eso. Y a mí también me duele verte así.
Gulf continuó llorando hasta retroceder y mirarlo al rostro. —Debemos ayudar a los otros y buscar a Z.
—Hagámoslo, Gulf.
Se dedicaron a liberar a los servidores restantes y subieron a buscar a Z.
•••
Z yacía acostado en una cama, sin nada de ropa. Las muñecas cruzadas por una cinta negra atada a la cabecera y sus pies atados de igual forma.
—Vamos aprovechar cada minuto de ti, zorrito.— Amenazó un hombre, semidesnudo.
—Es el peor secuestro que he experimentado en mi vida.
—¿Qué dices, zorro? — Argumentó otro, agarrandolo del mentón.
—Si no pueden ni entender eso, son peores de lo que pensé. — Z volvió a criticar.
—Ya sé cómo darle mejor uso a esa boca tuya. — El hombre dijo, incorporándose para bajarse los calzones.
Cuando de repente, murió de dos balazos en la cabeza. Todos voltearon a la puerta y murieron de igual forma.
Z volteó, conmovido. Y encontró a Mew junto a los demás.
—¡Z! ¿Estás bien? — Gulf corrió hacia él para desatarlo.
—Estaría mejor si no tuviera esta sangre encima. ¿No podían matarlos con ellos no tan cerca de mí?
—Te salvamos, Z. Sólo eso cuenta. — Mew dijo, desatando sus pies.
—Estoy rodeado de anti higiénicos. — Suspiró como damisela en apuros, cerrando los ojos.
Gulf lo abrazó y Z se sentó, riendo en su hombro.
Llamaron a la madame y ella movió sus contactos para rescatar a los chicos del crucero y limpiar los cuerpos.
Luego de eso, Mew fue atendido por los médicos y permaneció en una de las habitaciones del club. Mirando la televisión de la habitación mientras acariciaba el pelaje de Dicaprio y este le lamía el dedo vendado del pie.
Dicaprio asomó los colmillos para morder la venda.
—Eh, no te atrevas. — Mew lo amenazó.
Dicaprio siguió lamiendolo entonces.
El proxeneta siguió viendo el reality de policías en la televisión. Cuando escuchó unos toques en la puerta.
—¿Puedo pasar?
Era Gulf.
—Pasa.
Gulf pasó con una sonrisa. Dicaprio saltó de la cama para apoyarse en él.
—Sólo pasaba para ver cómo estabas. Y cómo están tus dedos.
—Pican un poco. ¿Tú cómo estás de la cortada?
—Estoy bien. No me duele si no la toco.
Se sentó al borde, riendo nerviosamente. Mew asintió, aún buscando heridas en su cuerpo.
—Escucha. Quería agradecerte... Nuevamente.
—Sabes que no es nada. De verdad.
Un repentino beso en la mejilla lo cogió desprevenido. Mew se le quedó viendo, asustado. Gulf sonrió, ahora muy cerca de él.
—El contrato nos prohíbe tener este tipo de contacto físico. — Mew soltó un recordatorio, más para sí mismo.
—¿Un indefenso beso en la mejilla?
Prolongaron la mirada entre ellos; sabiendo que querían más. Querían sentir y hacer más.
Suave y delicadamente, Mew acarició su mejilla. Gulf no se inmutó, esperando a ver en qué resultaba esto.
Mew batallaba si obedecer el contrato o romperlo... Pero todo lo que quería era besar esos labios que lo enloquecían.
Se inclinó hasta probar los labios que tanto quería besar.

—NOTA DE AUTORA; Estaré practicando la escena smut, mis chicos & chicas. ¿Qué les parece la novela hasta ahora? Me apena decirlo, pero, ya estamos en recta final 💔. Los quiero & nos leemos🥰
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