»Capítulo doce.
Nico intentó obtener información sobre su hermana el día en que fue a ver películas en casa de Parker, pero no consiguió mucho. Solo pudo oír a Ned burlarse de su amigo por estar, aparentemente, embobado con una chica mayor que no se fijaría en él de la misma forma.
La pelirroja sonaba muy intocable, por todo lo que dicen sobre ella, entonces... ¿Cómo es que Peter consiguió acercarse? ¿Acaso sucedió algo más de lo cual no estaba enterado?
Apartando su debate mental para enfocarse en lo que hacía, apretó los dientes mientras avanzaba hacia el monstruo. Su espada se elevó por sobre su cabeza antes de ir a acabar en el cuello del oponente, cortándolo en segundos, para luego admirarlo convertirse en cenizas que se retiraban con ayuda del viento. Le había dado pelea, pero al final no tardó tanto, era una suerte.
Porque moría de hambre.
Guardó la espada y se secó el sudor de la frente con la muñeca, avanzando hacia el lugar donde lanzó su chaqueta marrón. Nico sabía que estaban a punto de entrar en invierno, y que el frío ya se hacía notar, pero la pelea hizo que su cuerpo entrara en calor. Ahora que el viento fresco lo golpeaba suavemente, pensó que lo mejor sería abrigarse para evitar un resfriado.
Rebuscó dinero en su mochila, festejando en su interior porque tenía lo suficiente para comprarse comida chatarra como cena. No dudó a la hora de dirigirse hacia el enorme cartel en forma de una M amarilla. Ya era tarde y casi no había fila en el lugar, por lo que consiguió rápidamente una hamburguesa con papas fritas para llevar.
Mientras caminaba hacia alguna plaza para poder cenar, las calles estaban aún un tanto pobladas, por diversas personas que iban de lado a lado, cada una en su mundo. Nico no comprendía que estuvieran tan enfrascados en sus smartphones, ¿qué era tan interesante como para estar horas y horas sin soltarlo? Él no tenía uno de esos, y al ver la manera en que los atontaba, tampoco le daban ganas de tener uno.
No es como si pudiera tenerlo, de todas formas.
—Papá, estoy bien —la voz de una chica hizo que levantara la cabeza y dejara de saborear su cena para mirar al par que caminaba, saliendo del interior del parque y dirigiéndose hacia la salida—. Solo me alteré un poquito y dije tonterías.
Ambos eran de rasgos asiáticos, y podría decir que el hecho de tener los rostros tan pálidos no era por su procedencia. Cuando se posaron bajo un farol, se pudo apreciar perfectamente una fina capa de sudor en sus rostros.
— ¿Tonterías, Nayeon? Dijiste que debías estar muerta —Su padre le miraba con una seriedad estremecedora, y al parecer el hombre no había notado la presencia del joven a solo unos metros—. Tomé el primer vuelo desde Corea luego de escuchar tu mensaje, y cuando vuelvo a casa no estás allí, sino en un parque en medio de la noche.
—Quería despejarme —balbucea ella.
—Vamos a casa —da como último veredicto antes de que siguieran con su camino.
Nico se llevó una papa a la boca mientras entrecerraba los ojos, la chica le parecía conocida, ¿tal vez la vio en el colegio? Era lo más probable.
Se planteó la idea de pasar por la casa de Irene a echar un vistazo antes de ir a dormir, sonará raro, pero a veces se quedaba mirando el lugar a lo lejos mientras pensaba en una forma para acercarse a ella. Ahora que tenía a Peter, esperaba que ese chico sea de alguna ayuda, puede que funcione como un puente.
Luego deshacerse de la basura, caminó con parsimonia hasta el otro lado del parque, ya que aquella salida le quedaba más cerca de su destino. La noche era fresca, a lo lejos se podían escuchar los automóviles recorriendo las calles, ruidosos con sus repentinas frenadas y pitando sin parar, pues todos deseaban llegar a casa ya. Nico en parte disfrutaba del ambiente, hacia que se sintiera normal, pero a la vez deseaba volver al campamento, donde solo se preocupaba por los ruidosos campistas y los grillos.
Hasta entonces no se había detenido a pensar en el hecho de que si Irene iba con él, compartiría la cabaña con esa chica. ¿Cómo debería sentirse con ello?
Hizo una mueca y sacudió la cabeza. No quería pensar en eso ahora.
Una vez estuvo ante el gran río de asfalto, sus ojos observaron hacia la cima de los edificios para admirar el cielo nocturno. Unas fugaces sombras moviéndose por encima de ellos hizo que se pusiera tenso, con la mano temblando ansiosa por armarse con su espada.
Odiaba a los estúpidos monstruos.
Una vez más estaba moviéndose entre las calles de Nueva York, siguiendo a las sombras que saltaban de edificio en edificio, todo hasta llegar a la parte más oscura de la ciudad. Solo pudo chasquear la lengua mientras se giraba mirando atentamente a su alrededor.
— ¿Dónde habrán ido a parar? —la voz jadeante de un chico le dio la señal para esconderse tras un contenedor de basura—. Porque no lo imaginé, ¿verdad?
Apenas se movió, solo para ver quiénes era, la voz le parecía conocida. Y sus ojos se abrieron un poco más de lo normal al ver a un tipo en traje, bajando en compañía de una muchacha, ¡de una telaraña!
Es Spiderman, se dijo. ¿Y la otra quién es?
—No, no lo imaginaste. Yo también lo vi —La otra sonaba entre fastidiada y algo preocupada.
... ¿Esa era Irene?
Vio un mechón ondulado de cabello pelirrojo, Nico creía fervientemente que esa chica era su hermana.
Una gran capa rojo sangre se cernía sobre ella, y un cubrebocas negro que ahora se encontraba bajo su barbilla parecía ser utilizado para ocultar su identidad. Hasta ahora Nico no había visto a Irene haciendo lo suyo, tal vez él mismo se negaba a acercarse lo suficiente para lograr ver algo, porque aún tenía cierto debate moral al respecto; pero ahora que la veía así, tan imponente y seria, un escalofrío inexplicable le recorrió la espalda.
—Creo que los perdimos —Spiderman volvió a hablar, y Nico se encogió de nuevo para evitar ser visto.
—Pues debemos a encontrarlos de nuevo —Ella subió el cubrebocas, y luego se acercó al lado derecho del superhéroe—. Vamos.
Sujetándola de la cintura con un brazo, el chico arácnido se elevó con ayuda de una telaraña, hasta posicionarse de nuevo en la cumbre del edificio. Así se perdieron de vista del semidiós, quien soltó el aire contenido en un corto suspiro, quedándose mirando al cielo sin ninguna idea cruzando su mente.
Si hasta trabaja con Spiderman, y se encarga de proteger Queens, ¿cómo se supone que la convenza de ir con él, para su propia seguridad? Ya puede oírla decir que ella sola se hará cargo como de todo lo demás, que no lo necesita. Seguro será muy obstinada, y tan solo pensarlo hace que se arrepienta de haber aceptado esta misión.
Unas pisadas lo alertaron, por lo que se levantó de inmediato y todos sus músculos se tensaron al ver a su nueva compañía.
—Nico Di Angelo —lo nombró una de ellas, dejando de avanzar, instando al par tras ella a hacer lo mismo.
—Cazadoras de Artemisa —dijo en el mismo tono—. Lo siento, no sé sus nombres.
Quién parecía ser la líder, una joven de tez morena con dos largas y ajustadas trenzas que llegaban a su cintura, hizo el amago de rodar los ojos, pero se contuvo.
—Soy Sasha Dumont —se presentó a sí misma, luego a sus acompañantes—. Ella es Elena Phillips, y ella Gabriela Sarmiento.
Señaló al par de castañas que la acompañaban, estas solo permanecieron con sus expresiones de perros guardianes, escrutando a Nico de pies a cabeza. Eso hizo que se preguntara si acaso solo sentían recelo por ser hijo de Hades, por ser Nico Di Angelo... o tal vez por ser un chico.
—Un gusto, ¿a qué se debe la repentina reunión? —inquiere alzando un poco las cejas, ahora había una explicación al extraño sentimiento de estar siendo observado desde que salió del McDonald's.
—Esa pregunta se parece a la que tenemos para ti, ¿qué haces en Queens? Debiste llegar al campamento hace semanas.
Esas chicas realmente se habían preparado muy bien, hasta sabían que apenas volvía de una misión en Colorado cuando su padre le dijo sobre Irene.
—Comiendo hamburguesas, pero eso ustedes lo vieron.
— ¿Durante tanto tiempo? —Sasha alzó una ceja durante dos segundos, luego se cruzó de brazos recargando el peso de su cuerpo en una pierna—. Mira, Nico, sabemos que estás aquí por Irene, y te recomendamos que te des por vencido. No creo que tu hermana se tome muy bien la noticia que tienes para darle.
— ¿Y sí va a tomarse bien que alguien más haya elegido su destino? —contraatacó, bufando—. No tengo nada en contra de tu señora, pero no estoy muy de acuerdo con toda esta situación en específico.
Guardó las manos en sus bolsillos, caminando hacia el medio del callejón y admirando durante unos segundos el pequeño pedazo de luna que se lograba ver en lo alto del cielo. En realidad, le frustraba pensar en que Artemisa hizo de su hermana una máquina de venganza, la intención era buena, pero Irene se convirtió en esto sin haberlo elegido.
—Ya veremos lo que sucederá en cuanto cumpla la mayoría de edad y sea momento de elegir —dijo la cazadora, mirando al cielo de la misma forma que Nico—. Nuestra señora tiene mejor verba que tu padre, podrá convencerla.
—Por algo yo estoy aquí.
—Es lo mismo, llevas tanto tiempo y siquiera he visto un solo acercamiento —Esas palabras hicieron que volteara a verla, ella lo observaba con suficiencia—. No creo que logres más avances a este paso, no tienes ni idea de cómo hacerlo.
Entonces, dando por terminada la conversación, las tres se giran mientras Sasha deja una pequeña despedida flotando en el aire. Nico observa con una mueca sus espaldas alejarse, ese trío ya se había ganado su apatía en solo unos minutos.
Y cuando el farol tras él se apagó, dejándolo completamente a oscuras, Nico notó que tenía algo con lo cual podría acercarse a la pelirroja.
Porque la única otra persona que comprendería por todo lo que pasa Irene como hija de Hades, es Nico. La única persona que puede decirle lo que se siente estar tan cerca de la muerte es él, y además es capaz de enseñarle que aquello no es el final de su potencial.
Si no puede acercarse siendo un chico normal del instituto, tendrá que hacerlo siendo un raro semidiós.
***
La otra, quien se encontraba junto a una fogata y aparentaba ser más joven, se volteó a verla un par de segundos después de que la llamada por mensajería de Iris iniciara.
—Mi señora —dijo mientras se inclinaba, posando una mano en su vientre.
—Buenas noches, Sasha —recibe un cálido saludo—. ¿Tienes algo que reportar?
Mientras vuelve a incorporarse, asiente con la cabeza un par de veces.
—Nico Di Angelo está intentando acercarse a Irene por órdenes de su padre.
Artemisa apretó con labios con disgusto, luego suspiró haciendo un gesto con la mano.
—Lo sé, ya tuve el agrado de discutir con él.
—De todas formas, permítame decir que no tienen la oportunidad de llevársela —se apresura en comentar, un poco extasiada—. Su ofrecimiento, es por mucho algo realmente honorable.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de la diosa, quien ahora no la miraba, pero sabía que la joven cazadora tenía sus brillantes ojos puestos en ella. Sasha no sabía cómo se habían dado las circunstancias, y si por si acaso lo hacía, al no estar en el puesto de Irene no es capaz de comprender lo que se sentiría.
Pero tenía tiempo para pensar en la manera de convencer a Irene de unirse a ella, su cumpleaños era en la próxima luna ella. Faltaban exactamente dos semanas y media para ello.
—Sasha, tengo una misión para ti —esas simples palabras causaron que los vellos de la chica se erizaran—. Sea como sea... asegúrate de que Irene nos elija a nosotras.
—Por supuesto, mi señora. Pondré todo mi empeño en ello.
Tan rápido como la llamada terminó, Sasha respiró hondo mientras sonreía. Ya sabía la mejor manera para hacerse notar por Irene Miracle en el primer intento.
Y eso implicaba usar una máscara la siguiente noche.
***

¡¿NO SE VE HERMOSO?! Los hice para intentar animarme a escribir, y me enamoré completamente :'3
Ahora se añade un nuevo personaje, y al fin me decido por la trama, que he estado tanto tiempo en tentando a ciegas. Y alguien dirá que estoy añadiendo demasiados personajes... pero solo tienen protagonismo los que están ahí arriba, y todos de alguna forma irán girando alrededor de Irene.
Una es la pelirroja que quiere, pero no quiere morir. Quien, por cierto, de alguna forma es el jodido centro del universo en esta historia, ahre.
Luego está el chico que nada más quería hablar con su crush, pero terminó yendo tras una red de trata de blancas.
La chica que murió, pero no, y que puede hacer más de lo que cree.
El semidiós que se debate para qué aceptó la misión mientras come en McDonald's.
Y la cazadora que está más que dispuesta a hacerlo todo para enorgullecer a su señora.
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