1.

Cuando un Etéreo muere, su esencia es llevada por las Fenestras a otro Etéreo pequeño e inexperto. En el momento en el que una esencia adopta un nuevo cuerpo, este ralentiza su crecimiento y adquiere unas propiedades... particulares, sí.

No todas las esencias encajan en todos los Etéreos. Por eso las Fenestras tienen que ser rápidas y encontrar un perfil que se adecue a las características de cada esencia. Los Etéreos nunca podemos saber a quién perteneció nuestra esencia antes de entrar en nuestro cuerpo. Pero las características de cada esencia son inmutables, así que adquirimos ciertos rasgos que pertenecían a su anterior dueño. Es extraño, pero así funcionamos.

Al contrario que otras especies, los Etéreos no ocultan a sus hijos su naturaleza. Desde pequeños nos empiezan a preparar para el futuro: nos enseñan la historia de nuestra Inmaterialidad, aprendemos a realizar nuestro cometido para poder estar preparados en el caso de ser elegidos para contener una esencia... Algunos Etéreos nunca llegan a ser elegidos, así que dedican su vida a proteger las comunidades. Son algo así como nuestros guardianes y cuidadores.

Cuando fui elegida por una Fenestra para portar una esencia, tenía dieciocho años. No recuerdo cómo sucedió, ni si me dolió. Me desperté una mañana y lo supe. Se lo dije a mis padres y ellos me llevaron a hablar con el Consejo de nuestra comunidad. El Consejo me explicó muchas cosas y felicitó a mis padres. Sin embargo, que una Etérea sea elegida tan pronto es algo muy raro. Normalmente, las esencias eligen a personas más maduras. Casi siempre jóvenes, pero no tanto como en mi caso.

Desde el momento en el que adquirí mi esencia, empezaron a instruirme para custodiar a un humano. Teniendo en cuenta que nuestra esperanza de vida es mucho más larga, cada Etéreo se hace cargo de varios humanos hasta que muere. Nunca más de uno a la vez.

Una vez acabada mi instrucción, empecé a trabajar como ayudante de Etéreos. Así he pasado los últimos 240 años. Nosotros tenemos una concepción del tiempo distintas a la de los humanos, así que 240 años en nuestra vida es como dos años en la vuestra. Me gustaba ser ayudante de Etéreos: los humanos siempre me han parecido muy interesantes. Trabajé para la misma Etérea todo ese tiempo y ella me explicó las cosas que no entendía. Realmente ser Etérea me parecía un trabajo maravilloso.

Hasta el año pasado.

Cuando me asignaron mi propio humano.

Nunca había estado tan nerviosa como el día en que conocí a Asher. Tenía 20 años humanos, una vida normal y era bastante más alto que yo. Vivía con su madre y no tenía hermanos, pero sí un hámster muy soso que se llamaba Chip. Su padre había muerto en un accidente de tráfico cuando él era pequeño. Los seis primeros meses con él fueron un sinvivir: tuve que aprender toda la historia de Asher, descubrir qué le gustaba y qué no; conocer a sus amigos y a sus respectivos Etéreos. Hacerme amiga de la Etérea de su madre, además de seguirle a todas partes y tomar muchas notas.

Cuando ya conoces a tu humano, no hace falta estar las 24 horas del día pegado a él. Pero a mí aún me quedaba mucho por hacer, así que eran muy pocas las veces que podía dejar a Asher sólo. He de reconocer que, cuando a veces estaba en casa haciendo los deberes, me entretenía jugando con Chip y se me olvidaba un poco cuidar de él. No fueron pocas las ocasiones en las que Asher se marchó a la biblioteca o se fue con sus amigos y no me di cuenta hasta un rato después. Siempre iba corriendo a todas partes para que no se me perdiera.

La primera vez que cogió la gripe, casi me da un infarto. No sabía que hacer, me pasaba los días dando vueltas alrededor de su cama por si le pasaba algo. Un día estaba tan enfermo que pensé que se iba a morir y empecé a llorar desconsolada. Nuba, la Etérea encargada de la madre de Asher, me explicó que a veces los humanos enfermaban pero que eran muy fuertes y que se recuperaban. A partir de ese día empecé a tomarme la custodia de Asher con mucha más seriedad. Si mi humano era tan fuerte como para curarse sólo, yo quería estar a su altura.

Tras el primer año con Asher, seguía siendo un desastre, pero me encantaba mi trabajo. Su mejor amigo tenía un perro grande y con mucho pelo, y cada vez que íbamos a su casa podía jugar con él. Además los Etéreos encargados de sus amigos eran muy simpáticos. Aunque siempre tenía el mismo problema: yo aún era pequeña y nueva, así que por más que lo intentase, no podía estar a la altura de los demás. Lo hacía lo mejor que podía, pero me faltaba práctica. Los otros Etéreos me miraban divertidos cuando me veían ir como loca de aquí para allá. Al principio me sentía un poco intimidada: después empezó a darme igual.

Era una Etérea novata. Muy joven, un poco trasto y demasiado curiosa. La curiosidad no era algo positivo para los Inmateriables: se consideraba una distracción. Yo no podía evitarlo, y me gustaba que Asher también fuera curioso; podía descubrir cosas nuevas a la vez que trabajaba. Mis padres ponían cara de disgusto cuando les contaba cómo Asher y yo habíamos ido a un espectáculo de fuegos artificiales y snos habíamos colado en la zona de encendido de las bengalas o cosas por el estilo. La madre de Asher quería hacer un viaje a algún país del extranjero, y yo me moría de ganas por pasar dos semanas enteras con Nuba y los humanos en algún lugar exótico.

Sin embargo los planes se trastocaron para nosotras. Días antes de que nos marchásemos, se produjo una alerta en todas las comunidades de Inmateriales. Fenestras, Elementales e incluso un par de Rebeldes se presentaron en nuestro hogar. Nuba fue mandada con Asher y su madre para protegerlos durante el viaje y yo tuve que quedarme en casa. Se reclutaron Etéreos para un grupo de investigación en el lugar desde el que se había emitido la señal de alerta. Debido a mi inexperiencia, era imposible que me eligieran, así que tuve que cuidar de los Etéreos más pequeños y hacer turnos de seguimiento del grupo de investigación hasta que mi humano regresara.

Supongo que debí de implicarme más en intentar averiguar lo que estaba pasando. Tendría que haber estado más atenta. Pero yo sólo quería volver con Asher y salir de allí.

Lo que nos lleva a este momento.

Me habían mandado volver con mi humano. Me había quedado dormida y Asher ya se había ido cuando me desperté. Tenía que ir a clase.

Y yo llegaba tarde.



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