CAPITULO 9

MATILDA
¿La vuelta a mi ciudad?
Oma como opa ante mi sorpresiva llegada, felices y sin dejarme meter bocado de palabras, ellos haciéndolo por mí.
Sea mi querido padre adoptivo, sobre abrazos efusivos y palabras bonitas en recibimientos en llenarme de preguntas, como hasta cuando mis días acá, como voy en el estudio o lo bien que me ve.
Mi oma otra cosa y como toda madre.
Si estuve comiendo bien, que si traje algo de ropa para lavar, que mi pelo más largo me hace hermosa o y ya calzando su delantal de cocina a su cintura, en preparar una de mis comidas favoritas para la cena.
Pasta con abundante salsa y con mucho queso como me gusta, verificando el refri si tiene todo para ello.
Y yo sonrío, bajo esa abundancia de abrumador cariño con mucho calorcito a hogar, entregando a opa mi bolsito de viaje que él mismo quiere llevar a mi habitación.
Una que encuentro como siempre, lista para mí.
Cálida con sus poco muebles, mis docenas de adornos desde niña hasta hoy en día y girando a su ventana de cortinas claras.
Estando o no, siempre abiertas de par en par para que el aire entre e inunde la misma.
Como al salir y para bajar las escaleras, me detengo en la contigua, cual abro apenas su puerta.
La de mi hermana querida, también abierta la suya y llenando de sol como la brisa, esta.
Y solo entro unos breves segundos para tomar asiento en su cama y mirar en su siempre ordenado cuarto, lo que me rodea.
También, pocos muebles más que los imprescindibles al igual que el mío, pero todo en su 100x100 emanando ella.
Focalizo en donde una de sus paredes y porción blanca que deja su ventana y cual, muchas por tener sus años, en tono amarillo sus hojas y mi hermana empapeló con escritos.
En realidad, frases de su autoría como reflexiones y hasta escritos que le gustó de algún conocido.
Otras, solo dibujos que lo hacía muy bien.
Me incorporo para caminar a esa pared, curiosa y cruzada de brazos.
No solo, porque me resulta familiar sin saber el motivo y más, cuando eso estuvo de siempre, pero desde niña y ahora, jamás le presté atención.
Sin ir más lejos y la que tenga hermanas mayores lo comprenderán y por más amor, prohibida la entrada sin el permiso de estas.
Pero frente a esos escritos, noto que hay toda una vida en cada papel que con cuidado mis dedos acarician varios, mientras leo.
Su vida.
Y dándome cuenta que esas simples palabras que Clarita pensaba y transcribía en papel liso o de cuaderno con cada año pegando uno en la pared, derramaba no solo sus pensamiento del momento.
Sonrío.
Sin darse cuenta o no, además relataba su historia de vida.
Muchos lo confirman.
Su estado de ánimo con algunas exclamaciones o no y con eso, dibujos decorando como dando nota de color.
Muchas alegres o divertidas y otro tanto, tristes o delatando por la frase, el comienzo de su tratamiento con su dolor.
Y retrocedo unos pasos para abarcar una mayor visión de su pared tapizada de reflexiones, para con mi móvil que saco del bolsillo, poder tomar lo que más puedo en una captura fotográfica.
Y lo hago en varios ángulos desde mi lugar, en el momento que siento la voz de oma escaleras abajo, llamándome para merendar.
Cosa que obedezco alegre y con un último vistazo de soslayo a la pared en mi carrera, preguntándome por segunda vez, por qué, lo encuentro familiar.
Pero me encojo de hombros bajando las escaleras, ya que el aroma a café con leche, como sola oma lo hace y sus galletas dulces caseras que saca de un frasco, me hacen olvidar de esa curiosidad.
- ¿Sucede algo? - Opa me pregunta al notar una mueca al tomar asiento, mientras agradezco la abundante taza.
Y sus ojos ancianitos como los de oma me miran con preocupación.
Y quiero reír, pese al doloroso tirón de mi entrepierna.
No puedo explicarles el motivo y la causa, se comprende.
- La incomodidad del asiento del colectivo en el viaje. - Me justifico y es suficiente para calmarlos, ya que sobre galletas dulces y tazón de leche los tres alrededor de la mesa, comenzamos un agradable debate de los autobuses, sumado a relatarles mi vida universitaria.
- ¿La espero? - Más tarde el conductor del taxi que me trajo, me dice cuando bajo de él.
Niego y solo asiente, marchándose.
Y aferrando mejor las flores que compré antes, camino lo que queda a pie cuando ingresamos al cementerio.
Un sendero de piedras me guía y otro luego, para llevarme donde descansa Clarita.
Oma me dijo que estuve días atrás y lo verifico, notando su ramo de flores de siempre, descansando a un lado, cosa que todavía están algo frescas.
Pero, también notando al depositar las mías que las acomodo con cuidado en su lápida y limpio con mi pañuelo dejos de hojas que cayeron de los árboles, seguido a tomar asiento al lado de mi hermana, que además otro ramo de flores y de bastante tamaño están del otro lado.
Acusa mucho más tiempo, ya que están resecas pero maravillosamente bien mantenidas pese a eso, cosa que me hace preguntarme, que si nuestra mamá estuvo hace poco, por qué, nos las desechó.
Y miro a mi hermana por eso.
- ¿Tienes un admirador? - Le pongo humor, porque delata que ninguno de nosotros fue por las elección de las flores.
Tomo una hoja que graciosamente cayó sobre mi zapato en ese momento y lo hago como respuesta de Clarita.
Sonrío y juego con ella entre mis dedos.
Seguido a acariciarla, para luego mirar a mi hermana.
- Es imposible olvidarte por todo el amor que nos diste... - Le hablo. - ...lo sientes, verdad? - Le murmuro, buscando nuevamente mi pañuelo que guardé en el bolsillo, sacando primero mi celular para tener más acceso y dejando este, en el césped.
Me limpio una lágrima, seguido a sonar mi nariz.
Río.
- Lo siento... - le digo por eso. - ...necesito contarte algo, pero supongo que ya lo sabes... - Prosigo. - ...de Santo. - Resoplo entre avergonzada, sincera, pero llena de amor por él. - Tu Ezequiel... - Como supe que le decía ella.
Miro todo el lugar.
- ...yo no sabía, Clara. - Niego, procurando no llorar. - Y sé, que desde el cielo lo sabes. - Aprieto mi pecho. - Pero lo quiero mucho e intenté alejarme...lo amo. - Me corrijo. - Y yo, deseo que estés bien...que, que...no sufras y saber que eres feliz con esto... - Un suave llanto me gana, mirando con cariño, pero muchas lágrimas a mi hermana. - ...necesito que tú... - Quiero proseguir.
Pero una cálida brisa circula entre nosotras de golpe interrumpiéndome y nuevamente el árbol de al lado, suelta y haciendo que eleve mis ojos llorosos hacia arriba.
Tres hojas esta vez que se balancean en su caída a donde estamos y sigo con mi vista a ellas.
Para ver como una muy verde en su color, fuerte y simétricamente perfecta de bonita con su redondez, cae apacible para depositarse en la lápida de Clarita.
Continuo.
Mi vista ahora en esas dos hojas restantes.
Que como juntas y hasta pareciendo jugar ambas caen, pero locamente lo hacen arriba de mi celular que momentos antes dejé en el suelo para buscar mi pañuelo.
Y ahora siendo el turno de dejar el pañuelo, voy por esas hojitas que quedaron casi unidas arriba de mi móvil.
Seguido a este sin soltar las hojas, cual bajo el tacto de mi mano la pantalla se enciende pidiendo el patrón de seguridad.
Cosa que lo hago, mientras otra vez mi mano libre limpia mi nariz con el puño.
Y me aparece la galería de fotos, cosa que comprendo, ya que ahí quedó estando en la habitación de Clarita por mis fotos.
Sonrío entre lágrimas, pasando las fotos que tomé.
- Las robé de tu cuarto... - Le explico y hasta dando vuelta mi celular para que vea las imágenes que saqué. - ¿Ves? - Agrando la imagen de una para que vea mejor.
Pero al traerlo hacia mí, mi corazón late con fuerza viendo la misma y notando algo que en su momento no me percaté en la habitación.
Y tengo que hacerle más zoom con mis dedos en la pantalla y hasta acercar mi vista.
Porque...
Porque, sobre las docena de escritos de Clarita con su letra.
Mi Dios.
Y ahogo una exclamación con mi otra mano.
Con su puño y letra, descubro algo que me pulsa en ponerme de pie de golpe.
Y es, que mi hermana escribió tal cual.
Oh, Cristo.
Lo que Santo puso y vi por primera vez en el mural del bodegón y no me gustó, por lo que yo respondí y fue comienzo de nosotros.
Confirmando por el amarillo antaño del color de la hoja, que Clara fue la precursora tiempo antes.
No, Santo.
Él solo lo transcribió después en el mural.
Y mi dedo deslizando algo más la pantalla en la misma imagen, me roba otra emoción.
Porque, descubro que solo reflexiones más abajo y cual, tampoco lo había visto antes en el cuarto.
Otro escrito hay y aunque apenas puedo leer por lágrimas nublando mi vista.
Pero mirando ligeramente hacia ese ramo de flores ya marchita, pero perfectamente mantenidas que no sabía de quién eran.
Ahora sí, sonriendo bajo mi llanto.
Vuelvo a ese escrito que lejos de ser de mi hermana y por el blanco de la hoja, me doy cuenta que fue hace poco.
Yo, reconozco esa letra algo intangible, pero amo.
La de Santo.
- ...él estuvo, no es cierto? - Emocionada a mi hermana querida y comprendiendo ahora el motivo del saludo de oma a él, cuando estaba en el comedor universitario, como también, dónde pasó parte de sus vacaciones de verano.
Visitando a Clarita y mis padres y como me dijo, sanando para entregarme ese %100 para mí.
Las dos hojitas por otra vez esa brisa, vuelan de mi mano, al igual la duda que tenía con mi hermana.
Miro la bonita hoja que sigue sobre su lápida y sonrío más y ya, sin dejo de cualquier vacilación por nosotros tres.
Porque Clara, ya me respondió.
- Te amo... - Le digo, tomando esa hoja para besarla con amor, seguido a guardarla en mi monederito.
Mi hermana, siempre conmigo.
Y sin perder tiempo, me hago carrera a la salida rogando que un milagroso taxi se encuentre y no tenga que esperar por uno.
Pero tal, no hay con cada paso que doy corriendo mientras cada vez se hace más nítido la entrada del cementerio parque.
Sin embargo, no me pongo mal casi llegando.
Pero me detengo un momento para recuperar el aliento, usando mis rodillas como apoyo de mis manos al ver.
Sonrío mucho más y con más lágrimas, siendo el motor para volver a mi carrera.
Al ver a Santo en la entrada de la misma y que al advertirme, separa su cuerpo apoyado a su camioneta.
Y que, no solo vino por mí.
Además.
Que, tanto el muro de reflexiones de la pared de la habitación de mi hermana como el mural del bodegón, cual por eso encontraba familiar ahora comprendiendo.
Están conectados lleno de cariño, gracias a Santo...
Los capítulos que vienen, los dos últimos y con ello, lo que tanta curiosidad tenían.
Lo que decía el mural :)
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