CAPITULO 7

MATILDA

Jadeo.

Lo hago y totalmente sin mi permiso, sobre mis brazos elevados a mis lados y por sentir como asegura más el cinto que retiene mis muñecas atadas a algo suspendido del techo, ya que y sin ver por su gorra de lana gris tapando mi visión y por más que meneo mi rostro para poder hacerlo, siento que me retiene inmovilizándome desde mi lugar, mientras percibo como Santo se aleja.

Reitero, no lo veo.

Pero totalmente, siento su mirada escanéandome desde el punto de la habitación donde se encuentra y hasta la fuerza de la misma, resbalándose en cada parte de mi cuerpo hasta mi cintura y caderas.

-¿Tienes miedo? - Me dice suave y en mi oscuridad.

Niego confundida y bajando mi vista, porque siento que así, estoy más alerta con mis demás sentidos.

Ya que, absolutamente todo es sentir.

Estoy vestida, pero paradógicamente, me siento desnuda.

Y aunque no estoy suspendida en el aire, siento que mis pies apenas me sostienen del piso.

El escozor del cuero de su cinturón atando mis manos, comienza a picarme esa porción de mi piel.

Y pese a que duele, no lo sufro.

Más bien, su sensación libera algo de mi cuerpo alarmando de forma indefinida como placentera, ante lo expectante a ocurrir en cualquier momento y eso reseca mis labios, obligando a humedecerlos con mi lengua.

- No lo tengas, Matilda. - Me pide, percibiendo que con pasos lentos regresa hasta donde estoy y creo que se detiene frente a mí. - No voy hacer nada que no me permitas... - El contacto de su mano acariciando el largo de uno de mis brazos extendidos, sigue hasta abajo para llegar a mi rostro y con gentileza, tocar mi mejilla. - ...quiero entregarte mi 100x100, pero te vuelvo a preguntar... - Me dice. - ...me darás el tuyo?

- ..sí... - Titubeo, pero lejos de mentir por más temblor en mis labios.

Más bien y como momentos antes se lo había confirmado, cierto nerviosismo a su entrega y este mundo.

- Bien... - Es solo su respuesta, percibiendo que me rodea y trato de seguirlo, mirando por mis lados ciegos con mis otros sentidos.

- ¿Sabes lo que es el BDSM? - Me pregunta desde mi espalda.

- Sí, vi películas y leí algo de los libros que me diste en la biblioteca. - Le recuerdo.

Siento que se sonríe.

- Bien... - Vuelve a repetir.

Camina otra vez y lo sigo con mi rostro ciego hacia un lado.

- Esa disciplina proviene de la reina madre de todas y época Victoriana. - Su voz, ahora suena a mi costado. - El Spanking. Método de origen inglés y sexual, relacionada con la flagelación como actividad sexual, donde y mediante castigos físicos se obtiene placer, bajo el dominio y control, englobando comportamientos sexuales no convencionales, cual una de las partes toma el papel de dueño... - Susurra cerca de mi oído. - ...mientras la otra, asume el de fémina y cual, siempre es importante que recuerdes Matilda, que todo lo que se practica, es porque ambas partes han accedido a ello. ¿Comprendes que es solo una elección sexual y no un mal?

Afirmo, procurando procesar todo, bajo la guía de solo su voz y el aroma de su perfume.

Huele tan bien y eso llama a cada jodida parte de mi cuerpo, que, inconscientemente me muevo por un dulce escalofrío y más ante ese involuntario movimiento, por la tibieza de sus labios cuando se pegan en mi cuello, besando mi pulso y uno de sus brazos rodeando mi cintura sobre su mano abriéndose en mi vientre, mi cuerpo responde más a él y al calor de su pecho desnudo pegado a mi espalda.

- Vuelvo enseguida, Matilda... - Murmura en mi piel y sobre mi ceguera, yo entrecierro mis ojos para sentir más, ese beso en mi cuello. - ...prometo devolverte los dos orgasmos que te negué y mojarte de tal manera... - Rodea mi barbilla con sus dedos para frotar mi labio inferior con su pulgar, obligando a mi rostro a girar a su voz. - ...y llenarte de mí, que no podrás pensar en nada más como recuperarte en días. - Me augura, bajo ya mi falta de aliento y respiración entrecortada.

Me suelta suave y siento que caminando, se aleja.

Sin saber, si al baño u otra habitación.

Minutos, cuales la expectativa en mi eterna oscuridad, provoca que mi excitación aumente retorciéndome atada desde mi lugar y causando que el cinturón, duela como tire más de mis muñecas unidas.

Pero esa lesión y con todo esta escena, cual cierta vergüenza me domina, a la vez me estimula, humedece y agita por querer más.

Sus pasos regresan, pero ya no hay sonido de zapatos, cuando se los puso para invitarme a la habitación.

Parece descalzo.

Y lo compruebo, cuando su mano me saca con cuidado la gorra de lana gris e intento pestañeando, acomodar mi visión a la tenue luz que hay.

Una cálida y proveniente de lámpara de pie de un extremo, mientras veo como Santo se pone la gorra de fino material lana.

No solo volvió a descalzarse, también se mudó la ropa, cambiando sus jeans por uno suelto en tono gris igual que la gorra, pareciendo del género lino por su delgada caída, liviandad, comodidad y atada en con un fino cordel bajo su vientre.

- Hoy solo voy a introducirte en el tema. - Me dice. - Pero, será tarea de casi todos los días, Matilda. - Su expresión hace que se me escape una risita.

Una nerviosa.

Pero la silencia con su dedo en mis labios negando, mientras su otra mano del elástico trasero de su pantalón negro y espalda, saca lo que parece una fusta.

Y me asusto.

Mucho.

- Santo... - Gimo sobre mis manos retorciéndose sobre mi cabeza y al cinturón.

- No tengas miedo al flogger... - Me pide. - ...te prometo que lo único que vas a sentir duro, es la fuerza de mis palabras, la estimulación y cada centímetro mío dentro tuyo... - Me promete con su voz como sus pupilas, profundas y solo lleno de satisfacer mis necesidades.

Vuelve a ponerme la gorra y bajarla hasta el nivel de mis ojos.

- Te lo saqué para que te familiarices al verme de nuevo, pero lo que quiero, es que hoy no me veas... - Y otra vez, solo escucho su voz. - ...solo necesito que me sientas, Matilda... - Y sobre un ligero beso en mi sien y por sobre la gorra.

Mierda.

Todo comienza...

Su mano libre de esa cosa, recorre un lado de mi silueta.

Lento, tranquilo y como intentando memorizar sus yemas el contorno de mi cuerpo.

No siento nada.

Más, que solo su respiración y el tacto de su mano que no me abandona, produciendo ciertos cosquilleo y que reacciono en un costado por la suavidad de él.

- Shuu... - Me ordena ante eso, con su voz grave y profunda que no me ayuda a relajarme mucho, sin dejar de inspeccionar y ahora tomándome por atrás, causando que su erección golpee en mi espalda como advertencia. - No hables nena o el castigo será peor. - Murmura tras mí y con su mano en la ondulación de la misma hasta bajar al contorno de mi trasero, para luego subir a la altura de mi hombro y por adelante, sus dedos trabajen en cada botón de la camisa veraniega que llevo, para abrirla hasta descubrir mi sujetador por quedar abierta de par en par.

Siento que se aparta para caminar un poco y poder observarme a placer y eso, provoca que mi corazón de un vuelco de inquietud por no poder hacer nada, no ver y tan expuesta como atada.

Por eso, respiro hondo y suelto el aire lentamente, anticipándome a lo que está por venir y notar bajo su orden ahora que me descalce como él, seguido a sus dedos desabrochar mi pantalón y bajármelo, continúo a mi braga.

- ¡Santo! - Niego, sacudiendo mi cabeza y quiero volver a hacerlo por vergüenza, pero mi reproche fue cambiado por su fuerza, seguido a un grito de placer.

La primera por sus brazos tomando mis piernas para rodear su cuello de golpe, descubriendo que él está de rodillas.

Y el grito.

Uno mío, al atraerme más hacia él en esa postura montada a sus hombros y abriendo mis labios vaginales, para penetrarme con su lengua y boca con fuerza.

Colgada y arriba de Santo, mis terminaciones nerviosas florecen y aumentan, sintiendo el sonido mojado de mi humedad y su lengua alimentándose de ella y como barre mi interior sediento por más y chupando mi clítoris.

Dolor y placer por su sensibilidad me abruma, soltando otra exclamación.

Más bien, un fuerte jadeo por más doloroso que es, pero necesitando mucho más y el ritmo de mi cadera a sus penetraciones orales lo acusa, mientras a duras penas puedo mantener mis piernas abrazada a su cuello, por el inminente orgasmo que me amenaza.

Pero Santo suelta mi centro empapado mordiendo suave mi clítoris, seguido a soplarlo para subsanar ese dolor como calmar mi antelada corrida, bajándome con cuidado hasta ver que mis pies tocan la alfombra.

Me lleva contra él y puedo sentir, que está tan sudado y excitado como yo, porque solo con el contacto de mi cuerpo, su pene reacciona duro y eso, me hace gemir fuertemente y contra su pecho, porque necesito que este dentro mío.

- Aún no quiero que te corras, Matilda... - Murmura, tan agitado como yo. - ...prometí darte el orgasmo de tu vida... - Me aleja. - ...y eso va ser cuando yo lo diga, mi musa... - Ese apodo, sale de sus labios. - ¿Estás lista? - Y esa orden, es un magnetismo para mí.

Uno muy poderoso que termina de secuestrar y alejar el miedo que tenía como parte de mi voz.

- ...sí... - Logro decir bajito y sin comprender, porque mi corazón late así, tanto de amor por él, como a la promesa que va a cumplir, sobre mi espacio personal que totalmente es suyo, ya que toma y absorbe todo de mí.

Hasta mi oxígeno por estar solamente enfocada en Santo, bajo mi ceguera y la mano que, aún sostiene esa cosa.

Toda la habitación huele a nuestro sudor, propia excitación, como a su piel y la mía.

He inhalo una respiración muy necesitada, tragando con fuerza y procurando controlar mi jadeos.

Y con ello.

Entrega su primer golpe, recibiéndolo mi trasero desnudo.

El sonido desgarra el aire y jadeo con mi cuerpo hacia adelante por el impulso, sintiendo que mis nalgas arden.

Un escozor que ante el segundo azote y bajo otro gemido de castigo, las tiras de cuero que sobresalen de su punta, juegan al pasar por mi entrepierna, rozando en mi clítoris y causando que grite.

Pero, no de dolor.

Si no, de atención.

Ya que y locamente con su toque se hinchó más de dolorosa excitación, activando la humedad cremosa que ya jugaba dentro mío y esta, se dilatara y comience a sentir como se hacía camino en parte de mis muslos.

El tercero fue lo mismo y por la excitación de su contacto al sentir ese dolor infligido, gemí duramente y casi cayendo, pero sosteniéndome el cinturón que ata mis manos, sin aliento y con mi cuerpo luchando violentamente, entre el placer de aceptar esto y ese dulce dolor castigador.

Y volví a gritar violentamente, cuando la base de la fusta con sus tiras trenzadas de varias bocas, con un movimiento por su mano y hacia arriba, elevaron mi sujetador exponiendo mis pechos para recorrer de la mano de Santo, su desnudez que y ante su duro contacto, se perfilaron de excitación mis pezones, para luego azotarlos.

Picó.

Dolió, no voy a mentir.

Pero también, mojó más mi entrepierna llenándome de ese calor de necesidad, exclamando que me atienda y deseando que me haga correr sea con sus dedos, pene o lo que fuera.

Yo, necesitaba algo dentro mío, cuando otro latigazo golpea con sus trenzas mi centro palpitante y eso hace que mis piernas se aflojen por temblar y por mi peso, caiga y sea, solo sostenida por el cinto.

Pero Santo aferra mis caderas flexionando las suyas y me obliga alzándome a rodear con mis piernas su cintura, mientras suelta el flogger.

Desliza dos de sus dedos dentro y poco a poco se hace camino a mi interior, mientras su otra mano sostiene mi cuello por estar dolorosamente excitada como necesitada de él dentro mío y acabe con mi necesidad.

Más cremosidad y humedad empapan sus dedos, mientras me penetra con ellos, saliendo y entrando de mí.

Siento que se sonríe.

- Estás lista... - Me dice, percibiendo que busca un condón de un bolsillo trasero, lo abre escupiendo el envoltorio, seguido a deslizarlo por su miembro.

Para luego besarme, cual y como agua, bebo de sus labios que tanto me urgía sentirlo, llevándonos ello a potenciar la confrontación por poseernos.

Siento como sus labios marcados, colmados e hinchados por la excitación, profundizan en los míos, mientras nuestras lenguas se unen más y aflojando el cordel de su pantalón, me levanta más para llenarme de él.

Sus labios lamen los míos para bajar a mi cuello y me echo hacia atrás, cuando comienza a moverse dentro mío.

Empuja su pene hacia dentro y fuera, sobre uno de sus brazos extendido para desatarme, que al sentirse libres y por tanta exigencia, caen pesados bajo nuestro y sin control.

Pero logro rodearlo para poder como él, tocarnos cada centímetro de nosotros y perdiéndonos el uno por el otro, mientras me lleva alzada y con fuerza hacia la puerta y su madera retumba con fuerza por nuestro peso.

Su boca ahoga mis gemidos al comenzar a aumentar sus penetraciones y empujando más mi humedad y su mano es dura mientras se aferra de mi pelo, saliendo y entrando más duro y más rápido.

Y gemimos los dos cuando suelta mi cabello como sacando su gorra para que pueda ver, para tomar mi cadera con sus dos manos y me obliga con mucha fuerza a sentir su profunda penetrada, causando que ahogue otro grito y más, cuando queda así por varios segundos de golpe sin moverse y con todo su pene hinchado y latiendo en mi interior, tan profundo que me hace temblar y aflojar las piernas.

Sus labios palpitantes y mojados me besan, mientras poco a poco y lentamente se desliza hacia afuera despacio y con el único propósito que sienta cada centímetro de su longitud y lo grande que está por mi culpa.

Cada tatuaje que ahora puedo ver de su bíceps como antebrazos, brillan de sudor y la gloria de su torso desnudo, firme y caliente, bajo la dureza de su pene otra vez enterrándose dentro mío, haciendo que sucumba en esta droga sexual.

Entregarme.

Más en mi punto justo y sensible mío.

Cuando su boca se llena de uno de mis pechos y su lengua, se alimenta de mi pezón succionando.

Amamantándose con necesidad y sin dejar de empujarse y pulsándose en mi interior.

Y me estrecha con fuerza abandonando mi pezón, cuando me ordena que me corra.

- Hazlo, Matilda... - Jadea y mi sistema se estremece ante el sonido de su orden.

Ya que su voz es como siempre profunda, pero a la vez suave.

Y me monto más fuerte a él y con ello, mi mundo se inclina a su eje tomando mis labios, cuando grito mi orgasmo que me consume.

Santo gruñe bajito y me sigue, jadeante y agitando su cuerpo.

Nuestros clímax nos golpea juntos y ambos gemimos de placer, mientras nuestros cuerpos se aprietan alrededor del otro y nos estremecemos cubiertos de sudor y de respiraciones fuertes.

Y para mi asombro, el mío colma de mucho líquido, mojando no solo nuestra unión y mi entrepierna.

También sus muslos y bañando parte de su bajo vientre.

Sus empujones ahora son lentos y suaves mientras se viene, derramando toda su eyaculación.

Puedo sentirlo en mi interior por más condón.

Líquido y tibio como fue el mío.

Me estrecha contra su pecho.

- Envuelve bien, tus piernas en mí... - Me pide y con la poca fuerza que me queda y así, lo hago.

Al igual que mi rostro agotado sobre su hombro.

Mis ojos pelean por cerrarse.

Pero Santo me lo dijo y ese orgasmo líquido, fue mi advertencia.

Que iba a tener uno que no podría pensar en nada más, como recuperarme en días.

También.

Me lleva en sus brazos y abre la cubierta de su cama para recostarme con él con cuidado, atrayéndome a su pecho y eso hago, abrazándonos los dos rendidos y muy cansados.

Que me había dejado en claro, tres cosas.

*Él era mi amo, pero también mi pareja.

*Era un hombre y yo su mujer.

*Y que esto era sexo duro, pero amor también.

Y por eso, mi corazón latió más por él...







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