CAPITULO 7

CALDEO


https://youtu.be/dskUQQ7qdNs

Un hilo de sudor atraviesa sobre un lado de mi ojo derecho cerrado, haciéndose camino por mi rostro transpirado a mis labios y con que su salinidad prueben ellos.

Pero, no dejo que eso me desconcentre, desde mi postura en el centro del campo de cañaveral.

Silencio.

Mucho, pero mucho silencio.

Solo el sonido del suave roce de los altos cañaverales que me rodea, meciéndose al compás y entre sí, por el cálido y suave viento, agolpa mis sentidos bajo el sol africano despejado y limpio sobre este campo.

Nada más.

Mi entorno silencioso, es tranquilidad y reposo.

Mi hábitat desde que nací.

Refugiándome en él, cuando lo necesitaba.

<< No hables, Caldeo... >> Me decía Lála.

Y como ahora, ese silencio me protege.

Y me enseña...

Como mis maestros.

Los sentidos.

A la espera y alerta.

Concentrado desde mi lugar, sin ningún movimiento.

Estático.

Pero en posición con mis piernas a medio flexionar y el filo de mi sable entre mi manos, siendo una extensión mía cruzando su duro y filoso acero, frente a mí.

Y...parte de mí.

Una última respiración interna concentrado doy, empuñando más mi arma entre mis manos.

Cuando, todo comienza y abro mis ojos...

Sobre movimientos y como si cuatro aguas de Moisés se abrieran de los tupidos cañaverales, marcando los puntos cardinales a mi alrededor.

Salen de este, ese número de hombres con su vestimenta como Kafhiyyé negros cubriendo sus rostros y con armas blancas en manos.

Para atacarme sin piedad.

La hoja de mi sable corta el aire, cuando detengo los dos primeros frente a mí y chocando los suyos con el mío por la fiereza de sus fuerza, provocando un destello incandescente por el sol.

Suficientes segundos para con un giro y flexionado, empujar con la fuerza de el a uno y con un pie al otro, haciendo una distancia convenientes en su retroceso.

Para voltearme al tercero y luchar contra su espada.

Logro divisar al cuarto viniendo a mí, por la espalda, pero esquivo su ataque agachando y deslizándome por abajo de mi oponente frontal y tomando su posición, lo empujo para que ambos colisionen.

Me vuelvo a los dos primeros usando como escalón y punto de lanzamiento, la espalda del tercero para elevarme por el aire y sobre un medio giro en mi salto y de mi mano libre del sable, sacar a un lado de mi traje una pequeña hacha de mano.

Que con movimiento diestro y certero.

Surca el aire veloz girando y de forma limpia este, para liberar de la mano de mi oponente la espada que empuña, despojándolo de su arma, que se clava con su punta en el suelo y a metros nuestro.

Y un grito guerrero en nuestro dialecto sale de él viniendo hacia mí, como los tres restantes.

Sonrío, bajo mi Kafhiyyé oscuro que cubre la totalidad de mi rostro.

Y elevando sobre mí, el sable entre mis manos y de forma vertical los espero, derrapando por abajo de dos y esquivando sus embestidas.

Me giro y golpeo a uno, con la base de mi sable en su rostro de forma dura.

Porque en esto, el correr de sangre no entra en juego.

Por ahora...

De un movimiento, utilizo como escudo a uno para que reciba por mí, el puño de su compañero y adversario mío, dando en el blanco en su quijada, desmoronándose sobre mi e inconsciente, cae con su peso muerto y sobre nosotros.

Pero un sentido me traiciona colapsado por la lucha, a que otro me tome por atrás con un golpe certero de un pie y con su abrazo atacante y por la fuerza de este, nos tumbe al piso húmedo y fangoso por los regadíos de la cosecha de temporada, peleando.

Pero suficientemente resbaladiza al tacto de la textura del traje que llevo especial, como guantes y botas, para deslizarme sobre ella y por abajo de mi enemigo.

Y utilizándolo a mi favor para zafar de él, con un golpe de puño en una zona de su cuello específico, lo inutilizo quedando tendido sobre el piso induciendo su desvanecimiento.

De un salto esquivo el tercero, guardando mi sable en la funda que llevo en mi espalda, pero recibo del cuarto su golpe en mi mandíbula sin piedad.

Pero la adrenalina, corre por mi venas.

Y el calor de mi batalla se confunde con el ardor de él y alimentando más, mis ganas de pelear.

Con una media sonrisa de satisfacción, barro con la punta de mi lengua el pequeño hilo de sangre que delata mi herida a un lado de mis labios y bajo mi máscara.

Para luego, devolver potente y con otro golpe de puño mientras lucho con él.

Su brazo libre enrosca mi cuello y utilizando su propia espada, me asfixia para interferir mi respiración por mi espalda.

Jadeo y ambos escupimos salivas por la dura pelea.

Forcejeamos.

Lucho por liberarme con mis manos envolviendo su sable, atrapando mi cuello y utilizando todas mis fuerzas mientras su compañero sin tregua, viene otra vez a mí.

Y no lo pienso dos veces.

Sostenida por el acero de esta que cruza mi cuello, con mis manos apretadas y envueltas en él.

Elevo mis pies para empujarlo logrando que retroceda y con mi bota, patear fuertemente su rostro, causando que tambalee sobre sus pasos retrocediendo y trastabille, cayendo sobre los cuerpos inertes de sus compañeros en el piso.

Intento tomar todo el oxígeno, que pueden acaparar mis pulmones.

Para que con una última fuerza desgarradora y un grito de pulmón de mí, inclinando mi cuerpo hacia adelante y con un envión de fiereza, logro mi objetivo.

Que el último guerrero utilizando mi espalda como punto de partida, gire su cuerpo en el aire y caiga sobre mí y delante de mí, de forma pesada y bruces contra el suelo.

Suficiente tiempo, para desenfundar mi sable con ambas manos y con un pie apretando su rostro contra suelo con brutalidad, apoyar la punta y el filo de esta, para reposar en su yugular amenazante.

Mi jadeo y el de mi último agresor tirado contra el fangosa y húmeda tierra bajo mi pie por la dura lucha, se siente bajo nuestras máscaras.

Solo se escucha las respiraciones aceleradas por el esfuerzo de ambos, sobre la agitación y adrenalina que todavía colma en nuestros cuerpos agotados y bajo todo este campo de cañaverales testigos de esta batalla.

Pero las palmas de unas manos, aplaudiendo de forma lenta y pausada, interrumpe sobre nosotros a modo felicitación.

Es Cabul desde su rincón alejado, dando por terminado el ejercicio y mi adiestramiento.

Y sonrío, mientras aflojo tanto la presión de mi pie como la punta de mi sable, que amenaza el cuello de mi oponente.

Para luego con un ademán de mi mano y sobre la de mi guerrero tendido en el piso, la tiendo para entrelazarlas y poder ayudarlo a ponerse de pie, palmeando su hombro en agradecimiento una vez parado frente mío.

Cual con una reverencia a mí, se aleja como el otro para ser atendidos por demás hombres de Cabul, que están verificando la inconsciencia del par desmayado.

Cabul eleva sus dedos como seña a un sirviente, que me alcance una botella de agua helada, mientras guardo mi sable en mi espalda y camino hasta donde está.

Bebo de ella sin piedad, sediento por la lucha y a mitad de ella, haciendo a un lado mi Kafhiyyé para atrás colgando de mis hombros, tiro el resto del líquido vaciando esta, sobre mi rostro descubierto, sudado y caliente por el sol.

- ¿Zajati? (¿Mi mujer?). - Solo pregunto, mientras nos hacemos camino por el sendero a un lado de los cañaverales y en dirección al puesto, secando la transpiración como restos de agua de mi rostro, con el dorso de una mano y aún, llevando el guante.

- En el palacio, despidiendo malikat jamal al kiram Amely...(a la honorable señorita). - Responde una vez llegando y con otra seña de su mano en alto, pedir a un sirviente que abra la puerta por nosotros.

Y respiro aliviado por ello.

Porque mi cachorra, no sospecha nada.

El puesto queda a una docenas de kilómetros del palacio.

Nadie a ciencia cierta, sabe lo que es.

Más que un pequeño establecimiento de construcción de la época de mis ancestro en diseño, pero con ciertas reformas y modificaciones actuales, que fue utilizado por mi gente para la cosecha y producción de los cultivos, hasta hoy en día.

Como fachada.

Situado estratégicamente, en el centro de un campo artificial de hectáreas de cañaverales.

Pero con un fin a tras fondo de eso por décadas.

De un campo de entrenamiento por generaciones, para la formación de guerreros sangre Qurash hijos de Abrahám.

La orden, de los elegidos de fuego o corazón.

Pequeña y anónima legión, de una veintena de hombres seleccionada por el señor de honor, sobre hijos varones de nuestro pueblo, desde su nacimiento para ello.

Como al hijo primogénito varón, nacido en la realeza.

Al Sayyid del pueblo.

El entrenamiento de Los Ur de Caldeos de cada generación nacida.

Siendo mito o leyenda popular para la sociedad y el mundo.

Pero realidad y secreto de nuestros aguerridos, bajo la promesa del blasón de nuestra tribu y clan milenario Baru Hashim.

Con un destino.

El respetar, difundir la palabra y enseñanza de mis antecesores.

Como lo hizo mi hermano querido.

El bienestar.

La paz.

Y cuidado de nuestra gente.

Nuestro pueblo.

Mi pueblo...

Un pueblo en un continente, de muchos países en crisis como guerras civiles.

Pero el nuestro, manteniéndose leal a nuestras convicciones y promulgando la paz en el Medio Oriente y el mundo.

Suspiro una vez dentro, despojándome de todo lo que llevo puesto con ayuda de Cabul.

Por este secreto que guardo.

Mi adiestramiento diario por horas desde su madrugadas y hasta el ocaso, desde que asumí.

En honor a mi hermano Constantine, que lo fue.

Como por mi gente, mis antepasados y su sangre corriendo por mis venas con orgullo.

Y mis labios se tensan en una fina línea, al recordar mi otro motivo de todo esto.

Para vengar con la muerte.

Al ladrón que robó el traje Qurash de guerrero fuego como sus armas, hace poco más de tres años desde la habitación ancestral, cuando noté su desaparición.

Mis manos se hacen puños.

Porque era.

El que pertenecía a Constantine...

Maldito jodido.

Nunca se supo cómo.

Como tampoco, cuando.

Por más diestras investigaciones de nuestro leal Cabul y sus hombres.

Días.

Meses.

Y hasta años sin encontrar indicios de él.

Pero marqué mi venganza contra ese bandido, señalando su muerte anunciada sobre mi piel y como última tinta sobre él, con un último tatuaje sobre mi pecho y del lado del corazón.

Proclamando justicia en nombre de Constantine a ese ladrón, por manchar nuestra sangre y linaje, como la memoria de mi hermano con su saqueo.

Con un enfrentamiento a muerte con él...

Algún día no muy lejano, jurándolo.

Hago girar el aro que aún llevo en mi labio inferior con mi lengua, deshaciéndome de la pechera de mi traje como guantes, armas y máscara.

Uno que mandé hacer respetando el diseño milenario de mi orden, que fue robado y perteneció a Constantine.

Pero mi elección, fue otro color.

El de mi hermano con su oscuridad y negrura.

Simboliza lo que fue y me relató Cabul, con cada día de duro y fuerte entrenamiento, cuando acepté esto y a él, como mi maestro.

Con cada una de sus palabras.

Cada una de sus historias Qurash.

Y bajo su suave como tranquila voz sobre mi adiestrándome, que escuché con atención mientras aprendí nuestras destrezas con cada entrenamiento.

Que Constantine, fue.

Un gran guerrero, de nuestra África nocturna.

Con la fuerza de la luna llena surcando las noches.

La fiereza corriendo por sus venas de las costas del Índico desafiando los acantilados en la oscuridad.

La destreza sigilosa de los lobos como los coyotes corriendo por el desierto iluminada, solo por esta.

Y el ataque e ímpetu asesino, de un ave rapaz nocturna con sus garras a la caza de su víctima.

Yo soy, mi África de día.

Como su sol, su vegetación árida y la arena que gobierna como cubre sobre nosotros.

Guardianes que vigilan y amparan a su pueblo.

Y como el color de mi traje.

Color desierto y nuestro astro rey...

Miro la mesa con un gran mapa extendido de nuestro país, marcando zonas específicas con resaltador rojo echo por mí, formando un perfecto pentágono por mis cruces.

Cinco marcas.

Elevo mi vista, a la pared de su lado.

Donde pequeños recortes de periódicos fijos en él, tapizan casi su totalidad.

Con imágenes.

Comentarios de testigos.

Y el detalle de las hazañas delictivas, que hizo en estos años.

El ladrón, del traje de mi hermano...

Hazañas.

Y arrugo mi ceño por eso, sin dejar de observar con detenimiento cada hoja de periódico pegada para luego, las cinco ubicaciones del mapa donde siempre fueron sus ataques o embestidas.

Que y pese a infringir la leyes de mi pueblo y su parlamento.

Fueron siempre.

Para detener un atraco clandestino en zonas portuarias o a mitad de la carreteras de viaje o robos a mano armada a mi gente en zonas urbanas.

Pero...

Llevándose con ello.

La vida de los agresores y bandidos, bajo el filo de los dos sables sin piedad y haciendo justicia propia con la sangre de ellos.

Despego la única imagen de la pared, donde la crónica de unas pocas semanas atrás, además de relatar el suceso de este personaje, logró capturar de forma borrosa pero rápida.

Una foto de él.

Es a la distancia.

Casi intangible por la oscuridad de esa noche.

Pero, una imagen al fin.

Donde muestra a este ladrón, bajo el fuego incipiente de un bar de mala muerte incendiándose y según testigos del lugar, de sacar entre sus brazos a mujeres que trabajaban en él de dudosa procedencia, hasta la llegada de los bomberos arribando a la zona.

Para luego, huir del lugar.

La imagen solo capta su escape entre la multitud abarrotada curiosa en la calle frente a las dotación del par de camiones de bomberos y coches policiales, como con el incendio haciendo estragos esa vieja edificación.

Y a él.

Saltando luego de trepar con agilidad, desde una azotea de un edificio aledaño.

Observando.

Todo desde su altura.

Mimetizado entre la oscuridad de la noche con el traje de mi hermano, con el humo abarrotando y devorando todo el lugar, producto del fuego.

Enmascarado y con los sables cruzados sobre su espalda.

Fijo, mi vista en él.

Pese a la poca calidad y lejanía de la foto.

Toda su altura y porte.

Denota, fuerza en ímpetu como entereza.

No es un bandido cualquiera con suerte.

Hay entrenamiento.

Disciplina y destreza.

Como un Qurash.

Pero, sin los principios y códigos de este.

Porque asesina sin piedad con su acero a cada culpable que atraviesa en sus hechos.

No deja testigos como pruebas.

Y no perdona sus muertes.

Pero sí, al inocente.

Como testificaron algunos clientes que lograron escapar de sus manos y las prostitutas del lugar, que fueron salvadas por él.

Y las pericias.

Donde afirma que el incendio fue provocado, como las muertes degollando el cuello de sus víctimas por su justicia a hombres de dudoso y oscuro perfil prontuario que se encontraban en el nefasto lugar.

Incluyendo el locatario.

Encontrándose su cuerpo calcinado, luego de detener el fuego.

Aún amarrado contra su silla por cuerdas, en lo que fue su oficina de tratos y negociaciones.

Todo fue planeado por él.

Pero, sobre esa carnicería humana que fue esa noche como otras que desbarató.

Se pudo descubrir, que bajo la fachada de ese antro de mala muerte.

La prostitución que se regía, era ilegal.

Donde un par de menores, fueron rescatadas de procedencia Checoslovaca de las fauces de esa gente.

Y donde los pocos salvados, mandé a encarcelar.

- ¿La shay' baed? (¿Todavía, nada?). - Solo pregunto.

- No Sayyid... - Solo responde Cabul, ante ello silencioso.

Como siempre.

Y la ira me embarga, por la impotencia de la poca noticia de su jodido paradero o identidad, provocando que arrugue el corte del periódico entre mis manos.

Y con eso.

La única imagen, de él capturada.

- Refuerza las investigaciones, Cabul. - Ordeno con ambas manos apoyadas sobre la mesa y mirando con más detención el mapa.

Resoplo.

- Este puto asesino... - Mi dedo recorre los lugares marcados en rojo y lo detengo en un punto.

En el puerto principal.

- ...tiene que aparecer... - Golpeo contra este, señalando. - ...Quiero más hombres aquí, abarcando todo... - Estrecho mis ojos para focalizar, todo el tamaño que ocupa en el papel. - ...la zona es grande dividiendo la mercantil y exportadora, con la pesquera y bajos recursos... - Donde Amely, fue atacada por las gaviotas.

Haciéndome preguntar.

Por segunda vez.

¿Qué diablos, hacía ahí?

¿Y en esa zona inhóspita y desapacible parte del puerto?

¿Dónde solo se ve, la parte gris del trajín diario y crudo de un pescador?

Fotografías para su colección personal, dijo.

Dudo.

- ...la crueldad a veces va de la mano con la iniquidad, Sayyid... - La voz reposa de Cabul, me saca de mis dudas con Amely.

Su mirada no está en mí, pero su voz, sí.

Ya que, su cuerpo como ojos están en la ventana que, aunque permanece cerrada y se puede oír como apreciar donde colina más abajo.

Una docena de guerreros Qurash, ordenados y bajo el mando de otro, practican movimientos de ataque con disciplina y sincronización desde sus lugares, bajo exclamaciones en nuestro dialecto de guerra.

- ...la clemencia hace puro el corazón, de un aguerrido con sed de sangre y venganza... - Prosigue.

Lo miro fijo.

Acaso.

¿Me está pidiendo, que le dé el perdón al ladrón?

- ¿Me estás pidiendo, indulgencia por él? - Mi puño va a la mesa con dureza. - ¡Deshonró a mi hermano, Cabul! - Grito.

Y mi brusquedad no lo inmuta.

Su siempre calma, irradia su semblante y ni se voltea para mirarme.

Como tampoco para contestar.

- ...solo mi Sayyid, espero... - Ladea a penas su rostro, para que nuestras miradas se nivelen.

Los míos, estrechos y furiosos.

Y lo de él, con su tranquilidad sabia y llenos de historias de mi pueblo.

- ...que la clemencia llegue a su espíritu, cuando por sed de venganza...lo enfrente a él cara a cara ese día... - Finaliza.

¿Triste?

Y carajo, porque no lo entiendo...

AMELY

- ¡Listo! - Me aplaudo feliz, terminando de teclear e introduciendo el pendrive al puerto de mi PC, para adjuntar las imágenes que capturé con mi máquina fotográfica y anexarlo a la información escrita por Ghoro.

Orgullosa, me deslizo sentada sobre mi silla y con sus rueditas, al otro extremo de mi box por un sobre de papel madera y poner el contenido, una vez guardado el trabajo y etiquetarlo con su nombre.

Suspiro satisfecha, por mi logro laboral y releyendo su membrete.

Ya que, saldrá como primera plana en la edición especial del domingo en el periódico, mi trabajo y el de mi compañero como equipo, tras cuatro meses de investigación y con la ayuda de antropólogos a cargo de su descubrimiento, a pocos metros de las pirámides de Egipto.

Para ser precisos, sobre el perímetro de la impactante Keop's.

El descubrimiento de ese milagroso cuerpo humano milenario y que data de la época A.C.

Y digo asombroso hallazgo, tras siglos de su muerte y entierro.

No solamente por permanecer y pese a las unidades geocronológicas de nuestras eras, casi con su cuerpo sin haber recibido los estragos de sus centurias y descomposición.

Y donde los estudios, demuestran.

Que era hombre.

En realidad un joven, no más de sus 30 años.

Con su piel tan blanca como su pelo y pareciendo hasta en un punto, color plata.

Sino.

Por ese impactantes par de extremidades extras y que sobresalen de él.

De su espalda.

Y que bajo una ardua investigación de ADN.

Estudios, minuciosos osarios y pericias científicas por expertos.

Que afirman y contactan de forma unánime con el sello de las diferentes universidades del mundo, que fueron partícipe en esta investigación.

Que son parte de él.

Que nos hace replantear, tanto a esta sociedad frívola y carente de esperanza como emoción.

Como al mundo católico y los credos de otras religiones.

Que los ángeles, existieron en alguna de estas eras creadas por Dios.

Sonrío, acariciando el sobre entre mis manos.

Y por lo tanto.

Si el mito que corre bajo el dialecto antaño y milenario oriental, por boca de viejos pueblerinos del lugar, herencia folcklórica de sus antecesores.

Que relatan con fe.

Y yo suspiro por ese milagro.

Porque yo, sí, creo.

Y mis fotos como investigaciones científicas, lo avalan.

Y con ello, su noticia está dando que hablar por televisión y recorriendo el mundo, por la revelación arqueológica del siglo.

El descubrimiento.

Que la leyenda de Caín.

El ángel caído.

Y el primer cupido de Dios...

Existió.

Deslizo mi silla hacia atrás, para ponerme de pie y hacerme camino al piso de edición y dejar el sobre.

No quiero perder tiempo.

Dos días pasaron de que vi a Constantine.

Y uno, que me despedí de Jun, Caldeo y me pequeña Sabanna de su palacio, para volver a la capital.

Necesitaba regresar como entregar mi trabajo antes de la fecha prevista, para poder aprovechar estos libres y regresar para mi reencuentro, con el enigmático chico del disfraz milenario y muertito en vida que amo.

<< Para hacer esto conmigo, deberás seguir al pie de la letra todas mis instrucciones, mariposa...>>

Me dijo luego de ese sexo descontrolado y matarnos a polvos entre la espesura y negrura de la vegetación del Edén, del inmenso jardín del palacio.

Explicándome en detalle y como si fuera una cría de 5 años, con su siempre calma exasperante y sin dejo de emocional tan él, mientras nos vestíamos, mi itinerario para llegar a nuestro punto de encuentro 96 horas después.

A la cuarta ciudad más grande de Irak y al Noreste de Bagdad, su capital.

Tiempo suficiente.

Para organizarnos.

Él.

Con sus contactos, paradero y ese plan de vida que tiene y no tengo idea que es, pero acepté.

Y yo.

Mi trabajo y travesía hasta allá.

Un ferri me cruzaría por el Mar Rojo, hasta pisar continente Asiático.

Para ser precisa.

Arabia Saudita.

Donde hombres a cargo de Cabul me arribarían, para llevarme hasta el aeropuerto internacional Rey Abdulaziz de Yida.

Y un vuelo me llevaría a mi destino final.

La ciudad más antigua según la historia, con asentamiento humano permanente desde el S. XXIII A.C de dicho país.

Erbil.

- ¿Debo agradecer o preocuparme, por... - Ghoro formula, elevando ambas manos y dedos tipo comillas en el aire, al cruzarme saliendo de la edición. - ...tu otra vez salida sorpresiva y darme una minis vacaciones, hasta el fin de semana? - Caminando a la par mía por el corredor, poniendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

Busco el abrigo de mi silla y cuelgo mi cartera como cámara fotográfica atravesándola sobre mí, para luego besar su mejilla.

- ...gracias a ti... - Le guiño un ojo. - ...tuviste mucho que ver Ghoro, adelantando el informe así podía terminar el mío...

Me acompaña a la salida.

- No fue nada, ya que tengo mis asuntos personales que atender. - Se encoge de hombros, abriendo la puerta de salida por mí. - Solo perdí mi día libre, tipeando sin parar en la máquina de escribir... - Bromea.

Me desinflo.

- ¿En serio? - Le digo apenada.

Se ríe sobre la puerta abierta y niega divertido.

- Nahh...solo unas horas, nena... - El bullicio de la ciudad metropolitana, con su típica música de bocinazos y el intermitente tráfico de coches inunda el lugar, parados donde estamos. -...nada que un trago los dos y cual espero más adelante, lo resuelva... - Acota.

Debería, alertarme eso de un hombre.

Pero viniendo de Ghoro, nop.

Ya que muchas veces lo hemos hecho, pasando nuestras horas primetime laboral hasta pasada la media noche por las investigaciones de nuestros trabajos asignados.

Sea en su casa o en la mía.

Bajo los peldaños, sonriendo y retrocediendo sobre mis pasos, para no dejar de mirarlo y elevo mi mano como juramento.

- Prometido, Ghoro...

Suspira apoyado en ella, pero dando paso a gente con su ingreso.

- ¿Puedo preguntarte, dónde vas ahora?

Dudo.

Pero no veo, el sentido ocultárselo completamente.

Sabe de mi adicción por El Medio Oriente y fotografiarla.

Su cultura.

Gente.

Y por ende.

Paisajes como zonas.

- Un vuelo a Arabia Saudita... - Niega divertido. - ...para llegar a Erbil... - Su sonrisa desaparece, al escuchar esto último.

- ¿Erbil, Irak? - Repite serio.

Hago seña de alto a un taxi sobre la acera, acomodando mejor mi abrigo y cámara fotográfica de mi hombro. 

- ...dicen que es hermosa, en esta época sus paisajes...

Santo Dios.

Que mentirosa soy, porque no tengo idea que mierda de vegetación como geografía tiene y muerdo mi labio, porque Ghoro me mira poco convencido.

Creo.

Suelto una risa nerviosa.

- ...como sus antiquísimas arquitecturas Asirias y Persas... - Prosigo y agradezco que el dichoso taxi, se detuviera y por googlear en mi horario de almuerzo, dicho lugar por un rato.

- ¿Amm?

La voz de mi compañero, me detiene a medio abrir la puerta del pasajero.

Lo miro.

Aún sigue, sobre la puerta de entrada al periódico.

- ¿Si?

En sus ojos oscuros, hay cierta preocupación profunda o parecido.

Lo presiento y me maldigo, por eso.

Porque soy muy mala mintiendo también, como para ocultar cosas.

- ¿Cuídate, si?

Asiento y me obligo una sonrisa por su siempre palabras de cuidado, sobre mi persona cuando nos despedimos.

Y como tal, le respondo igual que siempre.

Con mi mano en mi sien, tipo saludo militar.

Y logro mi objetivo.

Que se sonría y un suspiro de alivio se me escapa, una vez dentro del coche apoyando toda mi espalda de forma agotada, contra el respaldo mientras se interna entre el tránsito y las calles.

Mierda.


LA REINA MADRE

Mis altos y elegantes tacos en tono mora, resuenan con cada paso decidida que doy sobre el piso lustroso, luego de bajar de mi coche abriendo para mí, el chófer sobre la gran entrada del hotel cuatro estrellas donde me alojaré por tiempo indeterminado, hasta que la transacción esté hecha en esta ciudad y donde, me reciben dos de mis hombres a los pies de las escalinatas.

No puedo evitar, no mirarme reflejada una vez dentro sobre unos inmensos y cristalinos vidrios que separan los ambientes del hall principal y sector fumadores, de esta prestigiosa cadena hotelera al pasar.

Devolviéndome, una imagen de mi persona que años atrás.

Nunca lo hubiera creído.

Pensado.

Por lo que me convertí...

No espero a mis hombres saliendo del ascensor, cuando sus puertas en acero y madera lustrada, se abren en el piso 70.

El Penthouse.

Solo elevo dos dedos, como seña a que aguarden en la puerta de mi habitación vigilando, cuando las abro y me introduzco en el interior.

Mi cartera tipo sobre de Gucci en blanco, vuela al sillón más cercano una vez dentro y con ira.

La rabia me puede.

Y abofeteo sin piedad al idiota que tengo en frente y a la espera de mi llegada de América, con el periódico de semanas atrás de procedencia Africana que llevo en mi otra mano.

El ruso trastabilla de pie por mi golpe directo a su mejilla, provocando que vuelque algo del contenido ámbar de su vaso de whisky importado, que lleva en su mano.

- ¡Necesito, más! - Grito sobre su rostro, directa y señalando el periódico que por el golpe, yace en la hermosa alfombra turca en tonos azules del piso. - ¡Quiere, más! - Vocifero indignada, corrigiéndome.

Camino sobre mi lugar pensativa, ante su silencio.

Y elevo un dedo sobre mi uña perfectamente pintada con esmalte y a tono con mis zapatos de diseñador en su dirección, pero sin mirarlo.

- Tú, eres el pasaporte escarlata de la hermandad. - Lo miro. - ¡No se pueden perder, Mijhail! - Vuelvo a gritar. - Está furioso por esas pérdidas... - Camino al mini bar.

También, necesito un trago.

- ...él, está furioso... - Aclaro y finalizo sin nombrarlo, poniendo una medida con hielo.

El sorbo de mi whisky bebiéndolo, se mezcla con su chasqueo de lengua negativo y sus pasos, viniendo hacia mí.

La aspereza su mano recorre uno de mis brazos desnudos, del fino vestido sin mangas que llevo puesto.

Y cierro mis ojos, por ese contacto y los recuerdos que me agolpan por ello.

Desagradables, pero fructuosos recuerdos...

- Ese hijo de puta, la cagó por segunda vez...pero, no más...- Acota sin dejar de acariciar y dibujar con sus dedos, el contorno de mi brazo.

Lo miro por sobre un hombro.

- ...sé, que está a nuestro acecho. Pero, voy averiguar quién es mi reina... - Me promete llamándome como me gusta.

Porque, soy la reina de todo esto.

Como siempre fui.

- ...ya tiene, sus horas contadas... - Augura sonriente.

Y yo lo hago también, dando otro sorbo a mi trago.

- Lo quiero vivo, ruso... - Ordeno. - ...necesito ver su rostro y mirada detrás de esa máscara, cuando lo traigas a mí...

Porque, quiero conocer al que está detrás de todo esto.

Al hombre.

Que está arruinando, lo que tanto sacrificio me costó estos años.

Mis ojos reposan con ira y venganza sobre el periódico a medio abrir, que quedó olvidado en el suelo.

Donde muestra como primera plana de este y tapa, bajo un título sensacionalista.

La única imagen capturada de este misterioso hombre enmascarado, luego del incendio de uno de mis prostíbulos.

Un fuego, provocado por él.

Y con este, llevándose la vida de algunos de mis hombres, como clientela de elite y aunque, la foto es algo borrosa desde la distancia como altura que fue tomada.

Todo él.

Es porte.

Masculinidad e irradia macho con ese traje medieval que protege su identidad.

Estrecho mis ojos sin dejar de mirar y notar que bajo ese traje gladiador.

Hay un cuerpo privilegiado.

Trabajado y sensual.

Y que, bajo mi odio y desdén que me colma este nuevo enemigo anónimo.

También hay excitación, provocando latidos orgásmicos y llenando de humedad mi entrepierna de puro placer, en solo imaginar lamiendo la sangre de sus heridas por la lenta muerte próxima y oscura que tendrá, bajo mi dominio y su sumisión.

Y por la sensación que me embarga, desde que apareció con su foto en la portada.

Presentir.

De que lo conozco de mi pasado.

¿Pero, quién?

AMELY

Deslumbrada.

Así estoy.

Y lo demuestro con cada disparo consecutivo, de mi máquina fotográfica entre mis manos.

Que, pareciendo turista idiotizada.

No paro de sacar fotos a esta hermosa ciudad que por solo minutos, arribé en ella antes de mi vuelo rumbo a Erbil.

Desde la parte trasera del coche que asignó Cabul a sus hombres para trasladarme, no dejo de admirar lo que fue, la antiguamente Mesopotamia como la imponente cadena montañosa Zagros que velan tras ella.

Sus grandiosos paisajes arquitectónicos, reconstruidos luego de guerras internacionales por décadas, la hicieron renacer como un ave fenix.

Y con ese dejo aún, de historia arcaica que sobrevuela entre su gente, proclamada como la cuna de la civilización y por ende, el nacimiento de sus escrituras bajo los imperios Sumerios, Acadios y Macedonios.

Me roba con cada kilómetro que rueda el automóvil por sus calles, exclamaciones de asombro y admiración desde mi asiento y sin dejar de mirar, todo maravillada y casi colgada de mi ventanilla baja y la conducción silenciosa, de los hombres de negro en su asiento de conductor y pasajero.

Todo es mágico para mí.

Su cultura musulmana.

Edificaciones.

Arquitectura.

Colores.

Paisaje.

Y gente.

Horas después de mi vuelo y ya, sobre la ciudad de Erbil.

Me dirijo con otro taxi a mi punto de encuentro, abriendo el papel con la dirección.

Una pequeño hotel antiguo en su fachada como interior.

Donde una anciana con los años de la edificación y la misma Mesopotamia, me recibe.

Para luego, con pasos arrastrados y temiendo por su avanzada edad, que desfallezca con cada paso exigido al subir las escaleras hasta el tercer piso, me conduzca a la habitación.

Entregándome antes de su reverencia de despedida y una vieja sonrisa que encontré familiar, un papel prolijamente doblado de su viejo delantal como las llaves de esta.

Cierro la puerta tras mí y dejando mi mochila con las necesarias pertenencias para mi estadía, sobre la cama de dos plaza, mientras observo que la habitación es más grande en tamaño de lo que parece.

No ostentosa.

Más bien, con lo justo y necesario.

Y mis hombros se desinflan por notar que Constantine no está.

Pero todo el interior de esta, grita su nombre y personalidad habitando en ella.

Ya que sobre la habitación dispersas, hay prendas de navegador pesquero solitario, como un viejo bolso marinero, muy cargado en su interior por el tamaño y sobre un rincón alejado en una pared.

Un desgastado y antiguo catalejo llama mi atención sobre la única y mediana mesa, con solo dos sillas antiguas pero cuidadas.

Me deshago de mi chaqueta por más comodidad y por el cierto calor que llena mi pecho, al prestar más atención sobre lo que desplega y casi, abarcando toda su superficie además del aparato.

Ya que, hay papeles desordenado amontonados como un par de marcadores.

Y un gran mapa con la zona Norte de África e Irak.

Como en detalle de su propio puño y letra, de anotaciones en su dialecto que no logro descifrar por su intangible letra, con flechas sobre El Mar rojo, el Mediterráneo y alrededores.

Pero algo, llama más mi atención y frunzo mi ceño por ello.

Con mi mano, corro la pequeña montaña de papeles, haciéndolo a un lado por lo que cubren bajo ellas.

Y un grito ahogado sale de mí, por tapar mi boca y no asustar a los demás que se hospedan y solo nos divide, las finas paredes que separan esta, de las otras habitaciones.

Son fotografías.

Miro de a una las primeras de casi la docena que son, mientras me lleno de preguntas.

¿Pero, cómo?

¿Cuándo?

Y en qué momento, Santo Dios?

La respuesta no tarda en llegar, cuando a mi mente viene.

La noche que ingresó por mi balcón, al dormitorio de mi departamento.

Y mis ojos vuelven a las cuatro primeras fotos.

Porque, son mías.

Las tomé momentos antes de llegar a mi casa esa misma noche.

Al lugar y comensales, comiendo a las afueras del elegante restaurant de camino a mi casa.

Pero, lo que me alerta es que una.

La de dos hombres exquisitamente vestidos de traje para esa ocasión.

Porque, Constantine hizo un duplicado.

Más bien, uno de ella con zoom en su mano derecha de uno de los tipos.

Una mano que reposando en la fina copa de vino púrpura y que lleva un anillo de escudería con diseño raro a mi entender y poco legible por tal aumento en su meñique.

Dejo caer de forma pesada mi cuerpo, en la primer silla llena de dudas y perpleja.

¿Acaso, Constantine estuvo observándolos todo ese tiempo?

Mi mirada baja a las fotos, nuevamente.

Suspiro.

¿Entró a mi habitación, para robar la memoria de mi máquina?

¿Era ese, su objetivo?

Pero no puedo seguir sacando más conclusiones.

Por la curiosidad ante el peso de las demás fotografías, que siguen entre mis manos.

- Maldito cuatrero, de fot... - Resoplo haciendo a un lado las mías, para ver las otras, pero el ahogo de otro grito reprimido, se apodera de mi impidiendo terminar mi oración.

Mi boca cae.

Y mi voz, no llega.

Congelándose a mitad de mi garganta, por el inmenso escalofrío que recorre y cubre mi espina dorsal.

Porque, con cada foto y que una tras otra, empieza a llenar mis ojos con imágenes captadas de puntos diferentes geográficos de lo que parece África o Asia.

Como viejas construcciones del desierto del Sahara tomadas desde su exterior y de depósitos de mala muerte, de alguna ciudad o pueblo recóndito.

Y de lo que parece las restantes, del interior de los famosos antros rojos como llaman aquí, a lo prostíbulos y cabaret.

Estas son estremecedoras.

Por lo dudosas forma de su objetivo tomadas cada una de ellas.

Posición.

Distancia.

Como si el que lo emite, lo hiciera refugiado desde su posición y precaviendo, no ser visto con su acción.

Incógnito.

Mostrando la vida nocturna del lugar, siendo casi intangible la visión de ellos por la oscuridad de las mismas tomadas.

Pero en su apogeo en sus noches de pecado capital.

De clientes.

Como ramera o fulana del lugar.

Donde la lujuria.

Gula sexual.

Pereza a la decencia.

Vanidad.

Y avaricia a su propio deseo sexual mezquino como dominante, predominan con cada foto que veo y de cada cliente, consumiendo al producto.

Mujeres jóvenes.

Casi niñas.

Y las meretrices.

Disperso todas la fotos sobre la mesa y una al lado de la otra, para una mejor visión y muerdo mi pulgar, mirando en detalle cada una de ellas analizando.

O lo intento.

De los burdeles.

Esas mujeres.

Y cada cliente, fotografiado con ellas.

Mis ojos van luego a esas diferentes construcciones ajadas, con camiones estacionadas a la espera de un algo, con ciertos hombres sobre ellos.

Para después a la del desierto, en alguna zona desapacible y poco urbana.

Con esos mismos camiones e iguales hombres vestidos.

En su permanencia y como también a la espera de algo.

Para luego a mis fotos con la de ese hombre, que captó el interés de Constantine.

Un extranjero por su etnia.

Tal vez nórdico, por piel como rasgos y pelo tan claro.

Pero que indiscutiblemente, hay vínculo y un nexo con las demás fotos.

¿Pero, cuál?

Miro la hora de mi reloj pulsera.

Va ser una hora de mi llegada al hotel y resoplo por eso y la ausencia prolongada de Constantine.

Y porque, también soy muy mala para sacar conclusiones mientras camino en dirección a la única ventana de la habitación y que da la a la calle.

Hago a un lado sus cortinas claras para ver sobre ella.

La noche, ya se adueñó de sus calles y cielo.

Recordando el papel que me entregó la anciana, lo saco del bolsillo trasero de mis jeans.

La letra intangible de Constantine sobre ella, me ordena que lo espere y no me mueva hasta su regreso.

La arrugo entre mis manos.

- ¡Pendejo prepotente! - Chillo entredientes, caminando desesperada sobre mi lugar ardiéndome la cara, por el mensaje de su mandamiento glacial y que hacer.

Me apoyo sobre la mesa cruzada de brazos y golpeando insipiente con dedo, mis dientes frontales pensativa y deliberando.

Por el rabillo del ojo, caigo nuevamente al mapa de Erbil.

Sobre un lateral superior en grande y letra de él, dice Mwkf Shark.

¿Parque de Shark?

¿Eso es un lugar?

Y con mi pregunta, ojeo el mapa.

Y la respuesta está en el centro de la ciudad, señalando su ubicación con negro.

Acaso.

¿Está ahí, ahora?

Y las dramáticas fotos que vi, vienen a mí.

Cada una como las mismas mías.

La de ese hombre del anillo raro, como la de los prostíbulos en su interior, saqueando sexualmente a esas mujeres.

Y la de esos camiones como gente de dudoso proceder y ejecución, sobre esas edificaciones en ruinas olvidadas, como a la espera de algo o de alguien.

O...mucho, de esos alguien.

Sacudo mi cabeza, rascando mi pelo chillando frustrada y sin saber que hacer con una lucha mental, deliberando en seguir acatando la orden de Constantine en esta espera exasperante y comiéndome los nervios, pensando si está en peligro o no.

Pero la objetividad no me nacía y empecé a odiar cada metro cuadrado de estas cuatro paredes.

La habitación como el hotel eran pintoresco.

Lindo.

Lo reconozco.

Pero pasando poco más de una hora encerrada, ya lo sentía como un jodido basurero.

- ¡A la mierda! - Exclamo, cambiando mi blusa que llevo puesta por algo de mi mochila más cómodo.

Busco una camiseta sin mangas deduciendo, que será una importante caminata hasta ese parque y con este calor nocturno mientras me la pongo y cuelgo sobre mí, la cámara fotográfica haciéndome camino en dirección a la puerta.


                   CONSTANTINE


https://youtu.be/ZVo4jeO-YTQ

Una vieja música árabe proveniente de algún puesto de venta regional, golpea el lugar mientras camino entre la gente.

No podía esperar a la mariposa y su llegada, pero 'um (madre) en su hotel, cuidaría de ella hasta mi regreso.

Las cosas se habían adelantado y complicado jodidamente.

Replanteándome mi puta decisión, de si fue buena idea que Amely, fuera parte de toda esta mierda.

Gruño por lo bajo por ello y con cada paso que doy, buscando algo que llame mi atención de parte de ellos entre el público.

Porque, ya notaron mi presencia y mi fin en todo esto, la hermandad Escarlata con su pasaporte y bajo la órdenes de la reina madre.

Que alertas.

Están adelantando la transacción de su productos y venta.

Y por eso.

Esta reunión inesperada en el Parque Shark a estas horas de la noche, que mi informante me dio.

Astutos, reconozco acomodando mejor mi gorra de beisbol sobre mis ojos, para luego con las manos en los bolsillos de mis viejos jeans y con la mirada baja, eludo la gente para no ser reconocido, mientras camino por el atestado parque lleno de ellos y como uno más.

Tanto de turistas como aledaños del lugar.

Sus grandes fuentes de agua centrales iluminadas por sus luces estratégicas como reflectores, dan al apacible y enorme plaza, la imagen perfecta de una postal, bajo la noche estrellada con su clima cálido del estío y con su antigua, pero digna fachada de admirar de vieja construcción de edificio como galerías, coronando ellas y a la época de lo que fue en la historia musulmana en su mayor porcentaje.

Como también la gran ciudad turística que es y antiguamente conocida con su nombre arameo, Arbela.

Reconocida por la Unesco, como patrimonio de la Humanidad años atrás.

Donde la multitudinaria gente extranjera disfruta de sus paseos y compras, como el sabor y colectividad de sus comidas y bebidas.

Una ciudad logística como su país para ellos por su multitudinarios lugares, para pasar desapercibido en su negociaciones.

Siendo estratégico Irak, para tales.

Que luego de su guerra.

Una coalición multinacional invadió esta, principalmente por norteaméricanos y británicos.

Su conflicto como daño colateral a causa de ello, es para los Escarlatas, trascendente y a favor.

Ya que con el aumento de la violencia civil.

Política desglozada y la ejecución del ex dictador Saddam Husein.

Lo convirtió en un país inestable y con una democracia parlamentaria, compuesta por más de una docena de provincias bajo su control.

Convirtiéndose en estos años, en su punto mayor de envíos de sus productos.

Lo que llaman.

Pétalos rosas.

Asco.

Y por ende.

La facilitación por la manipulación de tantas manos extrajeras.

Tanto del acceso y traslado por mar.

Como la de sus aeropuertos internacionales, para el uso de sus rutas aéreas.

Elevo mis ojos al gran reloj estilo Big Ben en su diseño de un punto del lugar.

Sin dejar de buscar y notando, tanto que la noche está avanzando como y que, se llena cada vez más de gente con cada minuto que pasa.

Alqaraf...(Mierda).

Maldigo por lo bajo.

Mala señal, Constantine.

Cruzo el único acceso de paso con tráfico de coches, esquivando estos como las enormes fuentes, para dirigirme al edificio frontal e introduciéndome en un lateral y sobre un lado ajeno a la vista pública y escalar la pared de esta, para llegar a su altura máxima de pisos y acomodando, mejor el bolso que cuelga sobre mi espalda.

Su azotea oscura y flexionado sobre ella, me da un perímetro más amplio de visión a todo lo que es el predio turístico y comercial con sus movimientos y gente.

Froto mis labios pensativo, focalizado y sin dejar de mirar todo.

El bullicio alegre de la aglomeración, invade mis sentidos.

Porque la postal del lugar, irradia.

Arte.

Cultura.

Y ciencia.

De nuestras historias ancestrales de este viejo continente, reflejada en este mundo actual que ahora y disfruta de ella.

Descuelgo mi bolso que cruza mi pecho y espalda, para dejarlo contra el suelo y en la oscuridad que me encuentro, abrirlo y sacar las cosas de su interior.

Porque, bajo esta maravilla histórica y de mentes iluminadas, creándola siglos atrás.

Con sus colectividad y linaje.

Como la que corre por mis venas y mi país.

La Qurash.

Detrás de todo ello, hay oscuridad.

Sombras.

Una que cubre esta era en que vivimos, que lejos del orden y la sabiduría que nos otorga.

Encubre una verdad que oculta.

Camufla.

Y silencia.

La verdadera realidad, detrás de todo esto.

Con traiciones, secuestros y asesinatos si se requiere.

Por el secreto.

Uno que se resguarda, con la propia sangre de su juramento a una hermandad.

Una cofradía, bajo personas titulándose iluminados, por sus altos cargos como poder que legislan.

Sea políticos o comerciales.

Dominando parte o total del mundo.

Y donde el peligro abunda como dominan, bajo el mando.

De los Escarlatas.

Cubro sobre mí, parte de mi traje guerrero como guantes y máscara.

Ajustando con precaución sus cinchas como armas.

Una hermandad que debo abolir.

Y me juré, bajo la perdida y sacrificio de mi propia familia.

Por el bienestar de ellos.

Y mi pueblo.

Pueblo, que guía mis valores.

La justicia y el honor Qurash.

Una justicia que es mi faro y se conduce, con mis sables llevando escrita la sangre de los enemigos, que la corrompan y la atraviesen estas.

Para la destrucción total de ellos.

Y de todo lo que amenace, el bienestar de la humanidad...

Salto a la azotea siguiente, camuflado con mi traje y mimetizado entre la negrura como poco iluminación de ella.

Cuando distingo entre la atestada aglomeración de gente al ruso.

Y mi media sonrisa nace bajo mi máscara, agazapado sobre mi lugar y altura.

Recorro su perímetro, intentando localizar más de sus hombres.

Los de su calaña no se manejan solos.

Hay un regimiento detrás.

Ocultos como yo, resguardando su persona y seguridad.

Putos cobardes.

Y sonrío más al notar una docena de ellos.

Que de forma civil y esparcidos sobre la distancia, pero manteniendo su espacio personal merodean y vigilan el lugar.

Mientras su jefe, intercepta el encuentro con otro hombre estrechando ambas manos.

El mismo de la noche en el restaurant.

Varcovich hoy no lleva sus costosos trajes europeos como tampoco su interlocutor.

Y con ayuda de su origen Eslavo y atuendo de camisa de estampas multicolor, pasa tranquilamente desapercibido como un viajero o turista más, en una conversación amena con su compañero.

Estrecho mis ojos.

Pero no, para mí, ruso...

Los sigo saltando los obstáculos del techo y escondido desde mi altura, hasta donde se detienen a discutir y negociar.

Sobre una de las mesas al aire libre de uno de los bares que componen este enorme parque.

Luego de ser atendidos por la camarera del lugar con sus pedidos, retoman su conversación y notando que con disimulo y por abajo de su mesa.

Intercambian bolsos que llevan cada uno.

Pero algo llama mi atención y una maldición, se escapa de mi labios y en voz alta.

Jodida mierda hermosa, metida y desobediente que no hace caso.

Exclamo.

Al notar a Amely siendo llevada pero con disimulo, por uno de sus hombres hasta ellos.

Y dejo caer mi cabeza hacia atrás mirando el cielo nocturno, porque no lo puedo creer, maldita sea.

¿Fue capturada?

Y ambas manos paso por mi rostro semi cubierto, de forma lenta negando lo que está sucediendo.

Vuelvo mi vista a ellos.

Alkaraf...

Porque sí, ocurre.

Pareciendo emitir, para la vista de los demás engañando, como una dulce parejita de enamorados extranjeros siendo abrazada por el tipo y sobre ella, preguntando y consultando algo con el mapa, que lleva la mariposa entre sus manos al ruso y el otro hombre.

Mi sangre se coagula al notar su cuerpo cubriéndola él y tensarse, ante la mano de este que la envuelve más, recorriendo el suyo desnudo por la camiseta sin mangas que lleva puesta, luego de susurrarle algo al oído que la hace estremecer.

- Abn aleahirat, la tajiru ealaa lms laha...(Maldito hijo de puta, no te atrevas a tocarla). - Murmuro, poniéndome de pie.

Y a la mierda todo...

Sobre el alfeizar del edificio y en posición.

Me lanzo de su altura.

Y con giro por el aire, para equilibrar la caída.

Aterrizo, preciso entre la gente y atestado de turistas.

Conmoción invade el lugar por mi presencia oscura, bajo mi traje y ocultando mi rostro en mi máscara, atrayendo la atención de todos y como la media docena de hombres de seguridad del lugar, viniendo a mí.

Que sorteo y esquivo con golpes certero de puños tranquilo y dejándolos tendidos sobre el piso, ya que ellos no son nada para mí, haciéndome batalla mientras camino a mis objetivos.

El revuelo colectivo y disturbio aumenta por toda la gente, corriendo y dejándome libre el camino al ver que desenfundo mis dos sables de mi espalda con el sonido de sus filos al rozarse y me hago paso ante el ruso, sus hombres y mi mariposa entre ellos, mirándome suplicante.

Dilatando mi corazón como mis latidos, al verla asustada.

Y provocando, que mi pecho se expanda más por ese jodido sentimiento que lucho y niego.

Pero, ganando este.

Y ya...no me importa nada.

Ignoro los gritos alarmantes de todos ante mi presencia.

Solo, focalizo, en mi Argema Mittrei entre ellos intentando huir, aprovechando la estampida de toda la multitud corriendo por escapar, para luego ver más hombres de Varcovich aparecer delante mío y hacerme frente interceptándome.

Sonrío bajo mi máscara y en posición, haciendo girar mis sables entre mis manos y frente a mí, causando que destellen sus filosas hojas por las luces del lugar y jueguen, encegueciendo los ojos de los hombres de seguridad del ruso.

Y me lanzo sobre ellos.

Ya voy por ti.

Mi descarriada, mariposa desobediente...









































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