CAPITULO 3


AMELY
Un chillido sale de mi interior, por el loquito del disfraz que viene en mi dirección.
En dos zancadas por el tamaño de mi pequeña habitación y con su gran altura, llega hasta donde estoy y con una mía y de pie sobre mi cama, yo doy un salto para escapar en dirección a la puerta, rozándome sus manos mis caderas al intentar atraparme, provocando que de un grito de miedo.
A la mierda mi cámara fotográfica.
Preservarme primero de un demente que escapó de un manicomio.
Trasero sexy o no.
Mi mente, solo piensa en salir por la puerta a la que corro.
Nunca fui buena en eso, maldita sea.
En correr.
Pero solo son unos metros, me aliento.
Y otro grito, se me escapa al atravesar la sala y no de júbilo, por llegar a esta.
Sino.
Porque, algo chasquea y desgarra el aire por cortar este, con algo tajante.
Para luego, ese algo y de un grueso grosor, envolver mis pies enroscando mis tobillos.
Duro.
Y caliente.
Pero, no de dolor.
Mierda.
Como un dulce escozor...
Por mi propio movimiento de zafar, caigo contra el suelo golpeando duramente mis brazos y parte de mi rostro, contra el suelo en un duro impacto.
¿Pero qué, carajo?
Y volteo hacia él, mientras me lleva por el piso y lucho por huir.
Mis ojos se abren, porque no puedo creerlo.
Mi.Dios.Querido.
Estoy siendo arrastrada por el suelo, por un látigo que el loquito desenfundó de sabe Dios donde y me atrapó por los pies.
Y mis uñas se clavan en el piso en madera intentando frenarme, pero es imposible.
Me muevo.
Lucho.
Y nada.
Como peso pluma, me atrae a él de lo más tranquilo y con otro movimiento certero de su látigo enroscando mis pies y no me pregunten cómo, al llegar hasta él.
Me jala contra mi cama y de un giro llevándose un chillido mío, me encuentro arriba de mi cómodo colchón con sus suaves sábanas y boca abajo.
Y aún, con su látigo presionando mis pies.
¿Cómo, lo hizo?
Y algo pesado, se deposita encima mío.
Es el loquito sentándose sobre mí, a horcajadas y que se acomoda entre mis piernas amarradas.
Siento la presión de sus fuertes muslos apretar las mías, impidiendo cualquier movimiento y una de sus manos, enroscarse sobre mi pelo suelto y lejos de la coleta que me hice para tener mayor acceso, imposibilitando que haga cualquier movimiento mientras la otra retiene mis muñecas sobre mi cabeza.
Quedando fuertemente presionado, un lado de mi rostro contra el colchón.
Todo es silencio.
Mi habitación.
La calle.
Todo.
- Quieta. - Ordena en voz muy baja y sobre su respiración algo irregular, bajo su máscara y la mía muy agitada por intentar escapar, siendo el único sonido entre nosotros.
Santo Dios.
¿Qué va hacer conmigo?
Pero obedezco.
Y un gemido fuerte como lastimero, sale de mi interior.
- No me hagas daño...por favor... - Suplico, cerrando mis ojos fuertemente al sentir que suelta mis manos y de un movimiento, eleva la suya sobre él y contra mí.
Jesús Bendito, él va a golpearme por gritar.
Pero, algo hace que abra los ojos asombrada y ante esa pausa desgarradora.
Porque, en realidad no hay golpe ni agresión.
Solo el dorso de la mano del loquito que lleva guantes, que la pasa de forma suave por mi mejilla.
¿Eh?
Y pestañeo confusa, contra las sábanas.
Él, no me golpeó para callarme.
Y aunque no me muevo, mi rostro por reflejo rechazan su contacto.
Pero sorprendentemente, no por esa caricia.
Sino.
Porque pica, ese lado de mi cara expuesta.
Arde.
Duele.
Mucho.
Y es por el impacto de mi caída brusca contra el piso, cuando me atrapó con su látigo.
- ...hielo... - Solo sale de él, con un tono de voz como esa palabra.
Fría.
De forma seca y sin un dejo de emoción.
Pero que hace un fuerte contraste, contra su pulgar bajo el guante negro que lleva puesto, al tocar con cuidado la zona golpeada por mi mejilla.
Porque, es suave...
Y un jadeo se me escapa al sentir ese dedo, luego descender por la curvatura de mi cuello y nuca, explorando y dibujando de forma lenta el contorno de mi espalda desnuda.
Pero no lucho.
No grito.
¿Santo Dios, que pasa conmigo?
Me convertí en una mujerzuela, porque otra vez me estoy dejando manosear por otro extraño.
Pero, mi cuerpo no responde.
Porque, su contacto es cálido y se siente....bien?
https://youtu.be/lWReiGs4dUk
Su índice, se detiene a mitad de esta.
Donde mi sujetador se une y bajo él, cubre una parte de mi único y pequeño tatuaje que me hice unos años atrás.
Para hacer exactos, el día que falleció Constantine.
Una mariposa.
Mi preferida.
La Argema Mittrei.
Y siento su fuerte mirada, aunque no lo puedo ver sobre ella.
Cavilando.
Pensando.
Y gimo al sentir la liberación de mi sujetador, exponiendo toda la desnudez de mi espalda al caer y hacerse sobre mis lados, por su mano desprendiéndolo.
Humedezco mis labios resecos por la impotencia.
- ...no, por favor... - Ruego al sentir su mano abierta, acariciar la totalidad de mi espalda con la suave textura de sus guantes, libre de esa prenda. - ...te lo suplico...no lo hagas... - Gimo más, al ver con un movimiento lento, se inclina hacia mí.
Y mi cuerpo se entumece de miedo y por su acercamiento.
Cierro mis ojos y una lágrima, brota de mis ojos por la impotencia.
- Quieta... - Vuelve a ordenar y su voz como su aliento tibio, juega entre mi nuca y cuello mientras toma mis manos nuevamente sobre mi cabeza.
Pero, no las cubre con fuerza como antes.
Las entrelaza esta vez con las mías.
Nuestros dedos.
¿Eh?
Para luego, de forma suave inclinarse más.
Y besar...mi tatuaje.
Un solo beso.
Uno solo.
Pero largo.
El calor de sus labios, eriza mi piel y arquea mi espalda por ese contacto.
Húmedo y cálido.
Dulce Jesús.
Esa...esa...boca...
¿Y corrió su máscara, para hacerlo?
- ¿Qui...quién eres? - Murmuro entrecortada.
Sin poder verlo, siento su sonrisa como subiendo su máscara nuevamente.
- Hora de dormir, mariposa... - Responde con su siempre voz baja.
¿Qué dijo?
Y quiero girarme por sobre el colchón, pero no me lo permite, porque su mano libre vuelve a rodear mi cuello con cuidado inmovilizándome.
¿Me llamó como el extraño del callejón, semana atrás?
Y el beso de él y el loquito, golpean mi mente.
Mismo calor.
Misma sensación.
Y misma tibieza.
Como los que mi mente y corazón recuerdan.
Tan iguales a...
- ¿Constantine? - Lloro su nombre, porque mis ojos se nublan de lágrimas, de lo que esta dulce locura puede ser y es tan poco real.
Su pulgar acariciando mi nuca, es su respuesta con lo que dice, pero esta vez en árabe.
- ...farasha lilnnawm...(A dormir mariposa). - Susurra.
Quiero luchar, pero ese dedo presiona bajo mi oreja y haciendo caso omiso a mi reacción de zafarme bajo él, mis ojos pesan por ese toque.
Y yo...veo negro, con su nombre en mi labios...

CONSTANTINE
De un movimiento de mi mano, el látigo se afloja de los pies de Amely y lo guardo bajo mi capa, incorporándome sobre su cuerpo.
Verifico que no hayan quedado lastimados, pasando con suavidad mis dedos sobre esa porción de su piel.
Solo una pequeña marca suave en tono rosáceo, alrededor de ambos tobillos.
Sonrío.
Lindo.
Se queja entredormida y bajo ese sueño inducido por mí, tocando una zona que me enseñó mi maestro en mis años de perfeccionamiento de niño, para ser un guerrero Qurash.
Un Ur de Caldeos.
El de mi pueblo.
Y el de su príncipe.
Su rey.
Mi hermano.
La acomodo mejor sobre su cama y cubro sus pechos ahora desnudos, con la fina sábana para contrarrestar el calor africano.
No son muy grandes.
Blancos y de una redondez perfecta, como el tono rosa de sus pequeños pezones.
Y suspiro.
Perfectos para mí...
Y restriego mi rostro por sobre mi máscara con ambas manos.
Maldición.
Es tan hermosa como molesta esta mujercita.
Niego.
No vayas por ese lado, me repito tomando un tranquilo y profundo respiro.
Saco su cámara fotográfica de mi pequeño morral que cuelga de mí y la dejo con cuidado sobre su mesita de noche, pero guardando el chip de memoria de él.
Lo siento, mariposa.
Pero necesito esta mierda, me digo caminando a el ventanal y cerrándolo con cuidado, para perderme de un salto en la inmensa oscuridad de la noche.

AMELY
Desinflada sobre mi escritorio y hasta de forma aburrida, juego con el pequeño objeto que tengo entre mis dedos, frente a mi computadora en mi trabajo.
Un bostezo muy poco femenino sale de mí, observando la pequeña pieza que encontré junto a mi cama esta madrugada, luego de ese profundo sueño en el que caí por el loquito.
Es como un aro y de un acero especial.
Lo elevo y lo hago girar en mi mano como frente mío.
Parece un anillo, pero su borde de forma puntiaguda y raro diseño labrado de un lado, me dice que no lo es.
Frunzo mi ceño.
¿Para qué mierda, servirá?
Suspiro pensativa, seguido de un resoplido dando un sorbo a mi taza de café ya frío.
No tengo idea, pero tengo que averiguarlo.
Sonrío.
Porque este objeto que se le cayó, me va a llevar al hombre extraño del callejón alias, el loquito del manicomio y que besa como Constantine.
Apoyo mi barbilla en mi puño, volviendo a preguntarme lo mismo que esa tarde.
¿Acaso, será que es?
¿Podría suceder, esa hermosa magia?
El destello del anillo por la fuertes luces que cubren el piso de redacción ante mis ojos, provocan que pestañee mientras siento que este aro o lo que sea, es mi respuesta.
Porque, lo que supuse esa tarde se cumplió.
Volver a ver, al extraño chico de lindo trasero del callejón.
- ¿Ghoro tienes idea, para que sirve esto? - Pregunto a mi compañero de trabajo, que pasa justo con carpetas en mano y por mi mesa de trabajo.
Sus gruesas cejas se elevan, dejando a un lado el papelerío en un escritorio contiguo, para tomar con cuidado el anillo y mirarlo con más detención.
- ¿Dónde, encontraste esto? - Pregunta, sin dejar de mirar con cierta fascinación el objeto ahora entre sus dedos.
- En la calle... - Miento y me parece lo correcto, antes de contar la hazaña de anoche Del.No.Pero.Parecido.Constantine con su látigo y raro atuendo medieval, tipo príncipe de Persia.
Un bajo murmullo sale de él, para luego un encogimiento de hombros depositándolo en mi mesa sin dejar de mirarlo.
Cruza sus brazos sobre su pecho.
- Es un Rammisha...
Arqueo una ceja apoyándome por completo sobre el respaldo de mi silla sin entender, ganándome su risa.
Palmea con cariño mi hombro.
- En tiempo antepasado... - Piensa. - ...milenarios... - Se corrige. - ...fue una pieza utilizado por personas como pesqueros, para desgarrar las grandes piezas que pescaban en el Mar Rojo o mismo Índico, Amm...
Hago una mueca, tomándolo nuevamente.
Pero esta vez, lo deslizo en uno de mis dedos y extiendo mi mano frente a mí, mirándolo y como si fuera una hermosa alianza de compromiso.
- ¿Un arma en forma de anillo? - Pregunto, sin dejar de mirarlo.
Asiente.
- Exacto. Más fácil... - Me mira. - ...de desgarrar sea el cuello del animal cazado o...lo que se pescaba en cuestión, con un solo movimiento rapaz. - Gesticula un movimiento de zarpazo, con una mano en el aire. - ¿Qué vas hacer con él? - Pregunta curioso, reincorporándose y volviendo a sus papeles olvidados.
Me encojo de hombros.
- Quedármelo, supongo... - golpeo mi labio pensativa, con mi uñita pintada de rosa. - ...sería ilógico encontrar su dueño, siendo que lo encontré en la calle, no?
Su turno de arquear su ceja, acomodando mejor las carpetas bajo un brazo.
Lo señala entre mis dedos.
- ...eso es un original Rammisha, Amm... - Prosigue. - ...esas cosas solo se ven por revista o por alguien de gran estatus árabe, descendiente a una rama de linaje que viene de generaciones... - Sonríe. - ...si quieres, puedo estudiar a que dinastía pertenece y devolver...
- ...no Ghoro, gracias... - Interrumpo, poniéndome de pie y buscando mi abrigo del perchero como mi máquina de foto profesional que el loquito, al final no se llevó. - ...todo lo que es historia, me atrapa y más la árabe... - Tomo mi cartera y la cuelgo de un hombro, guardando el anillo en su interior.
Beso su mejilla como despedida, ya que se aproxima el horario del almuerzo.
- ...pero, prometo contarte de él, si lo averiguo y si llegué a su dueño...
El sonido de mis tacos bajos y algo ligero por mi caminata, se siente con cada paso que doy en dirección a la gran puerta de vidrio que da a los ascensores del piso.
Y la voz de Ghoro con mi nombre hace girarme sobre un hombro, en el momento que aprieto el botón llamando al ascensor.
Esta apoyado sobre una pared lateral a metros detrás mío.
Rasca su nuca.
- Eso se ve doloroso, amiga... - Con su barbilla, señala mi mejilla lastimada que cubrí con maquillaje.
Ruedo mis ojos, como restándole importancia.
- ...puerta cerrada en la oscuridad... - Solo digo, justificando mi golpe.
Asiente.
- ¿Cuídate, si? - Me pide y le guiño un ojo divertida y sonrío, mientras se abren la dobles puertas de acero de este, anunciándolo con un bip.
Y como siempre.
Ante esa clásica frase suya y protectora.
Yo solo respondo, con un ademán militar y con una mano elevada en mi sien.
Ríe negando sobre su lugar y yo lo hago también, mientras me introduzco en el interior.
***
Minutos después, una maldición sale de mí.
- Carajo... - Exclamo, bajando de un taxi que estacionado que me deja donde le pedí.
Le hago seña con una mano que prosiga al conductor que bajo una risita, se pierde por el estacionamiento del puerto principal de la ciudad.
Porque, me recibe al abrir la puerta del coche pisando con un zapato, guano de gaviotas que centenares de ellas, vuelan y caminan sobre el muelle pesquero.
Miro toda la zona, mientras limpio con un pañuelo descartable la porquería que cubre mi tacón, apoyada en un parante de madera y lo tiro en un contenedor próximo, mientras camino por el lugar y acomodando mejor mi cartera que cuelga de mi hombro.
Y resoplo, viendo el predio marítimo haciendo caer mis hombros.
Mierda.
Esto es enorme y va ser como buscar una aguja en un pajar.
Saco el objeto del loquito de un bolsillo y lo miro.
Resoplo.
Ghoro dijo que era utilizado por pesqueros y siendo un país donde su base económica es la pesca como el cultivo de perlas y el petróleo.
Aprieto el anillo, contra mi pecho.
- Este lugar, me tiene que conducir a su dueño... - Murmuro decidida y caminando en dirección al gran muelle.
Donde están y aparcan centenares como uno al lado del otro, barcos de diferentes diseños e índole y tamaños.
Aunque, tenga que revisar uno por uno, yo te encuentro...
Le prometo para mí, a ese dulce milagro que se parece y besa igual...a Constantine.
*Rammisha: es una especie de daga tipo anillo, que es utilizado tanto para el desgarro de la pesca en masa grande, como casería de animales de gran porte. Utilizado posteriormente y perfeccionando su diseño, para la utilización en guerras y como defensa de un guerrero contra su rival.
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