Capítulo 9
Entramos a la camioneta y me mira con una sonrisa.
–Me llena de felicidad que me hayas invitado a pasear, hace mucho tiempo que no salia y la pasaba tan bien.
Tomo sus manos con amor y el corazón está que se me explota al sentir la suavidad de su piel.
– Haría cualquier cosa por hacerte feliz, cualquier cosa.
– Eres tan dulce, tan tierno conmigo.
Sonríe con ternura y besó sus manos, ella se merece cada muestra de afecto y mi ternura.
– Mereces todas las atenciones Bella.
Nuestras bocas están tan cerca mientras nos miramos. Mis labios están secos y los mojo cuando observo sus labios, muriéndome por besarla. Solamente bastaron unos pocos centímetros para terminar de una vez por todas con la tortura y así lo hice. Junte mis labios con los de ella y mis brazos la rodean, protegiéndola de cualquier peligro.
La beso apasionadamente. Mi lengua recorre el interior de su boca, bebiendo de ella e Isabella gime en el beso.
– Leandro.
Escuche su nombre mientras sigo besándola y en pocos segundos siento como me agita suavemente.
– Leandro. – Vuelve a llamarme la atención.
Caigo a la realidad y automáticamente me doy cuenta que solamente fue mi imaginación y trago saliva.
– Lo siento. – Nervioso.
– ¿Estás bien? Te note un poco perdido. – Ladea la cabeza. – ¿En qué tanto piensas? – Se ríe. – Espero que no te esté aburriendo.
– Eso nunca, es una bendición poder compartir una salida contigo.
Conduzco hasta su casa y llegamos enseguida, estaciono el coche y la ayudo a bajar. Aprieto sus manos con suavidad y me derrito al verla tan radiante.
– Muchas gracias por todo, por la ayuda y la salida.
– No hace falta que me agradezcas Isabella, estoy a tus pies.
Beso sus manos con delicadeza y de un segundo a otro, la siento temblar un poco y me sorprendió esa reacción, trago saliva al notar que ella contiene la respiración.
– Hasta mañana... si quieres que empecemos mañana, claro.
Asiente lentamente y se aleja un poco.
– Claro que sí, me ayudaría un poco a despejar mi mente.
Asiento mientras sonrío y doy un paso hacia atrás.
– Cuidate mucho. – Le digo.
– Vos también.
Narra Isabella:
Leandro se fue de la casa, entró al comedor y no dejo de pensar a la descarga de emociones que senti cuando beso mi mano. Trago saliva y entrecierro los ojos.
– Se la ve tan bien, señora.
Me asusto al ver a Florencia y me quejo.
– Ay me asustaste. – Suspiro.
– ¿En que pensaba? – Me mira con una sonrisa.
– Nada, la pase muy bien con Leandro y a que no sabes, le gusta pintar y quiere enseñarme.
– Le hará muy bien que haga esa actividad. Además la pasa tan bien con el señor Alvear. Vela mucho por su bienestar.
– Es un buen amigo. – Tranquila. – Y por suerte salio todo muy bien con el abogado, me ayudara y si Dios quiere, estaré divorciada de Juan. Ahora me dare una ducha y estare un rato leyendo en mi habitación.
– Está bien señora, vaya. Llameme si necesita algo.
Asiento y subo las escaleras de inmediato.
Entro a la habitación y busco la ropa antes de darme un baño. Sin embargo, me siento sobre la cama y me muerdo los labios al recordar la sensación que senti cuando sus labios tocaron mi piel. Cierro los ojos al sentir ese cosquilleo extraño que senti en ese momento, tiemblo por un momento al tener en mi mente su sonrisa mientras me miraba con esa sonrisa llena de ternura.
Abro los ojos de inmediato y, al darme cuenta de lo que estoy pensando, me golpeo la frente suavemente.
– Mira las estupideces que piensas Isabella.
Me reto de inmediato y trago saliva.
– No es más que un amigo.
Me cruzo de brazos, negandome a tener pensamientos así de Leandro. Minutos después, me pongo de pie y entró al baño.
Más tarde, estoy acostada en la cama con mi libro en las manos, leyendo con tranquilidad cuando mi celular empieza a sonar. Agarro el señalador y lo dejo en la página correspondiente. Reviso el celular y veo que es un mensaje de Juan, lo leo y respiro de alivio cuando me escribe que vendrá más tarde por el trabajo.
Eso significa más tiempo de paz para mi y apoyó la cabeza en la almohada mientras me pongo a pensar en cómo fui capaz de meter a Leandro en esté problema.
Leandro es amigo de la familia y si se llegan a enterar que me está ayudando con el divorcio la parte de la culpa recaerá sobre él y no quiero eso. La amistad que tiene con Santiago irá cuesta abajo y la culpable de todo seré yo.
Respiro hondo al pensar en ello pero no puedo dejar que la culpa o el miedo me detenga, tiene que haber alguna manera para que Leandro pueda salir librado de está situación.
Me siento sobre la cama y pienso en lo que tengo que hacer.
Narra Leandro:
Al otro día, estoy en el trabajo y me siento tan ansioso por lo de hoy. Estaré de nuevo con Isabella y la sola idea de pasar otro momento con ella mi corazón se llena de felicidad.
Santiago me está mostrando los planos pero estoy tan distraído que ni le hago caso.
– ¿Se puede saber en qué estás pensando? – Me mira con curiosidad.
– Perdón, estoy distraido. – Sonrió suavemente. – Me tengo que ir dentro de un rato.
– Últimamente estás saliendo bastante. – Sonríe. – ¿Estás viendo a alguien?
No digo nada, mi amigo se sienta arriba del escritorio.
– Además tienes una cara de feliz cumpleaños. – Bromea. – Dale Lean, decime quien es la chica. ¿La conozco?
Mi cara se pone roja por los nervios y vaciló unos segundos.
– No... prefiero mantenerlo en privado. – Suspiro.
– Pero te gusta mucho, mira como te pusiste.
¿Gustarme? La amo con toda mi alma y aunque haya pasado el tiempo, este amor sigue siendo parte de mi y se que nadie será capaz de apagarlo.
– Me gustaría quedarme un poco más pero ya me tengo que ir. Regresaré después del almuerzo.
– Está bien. – Riendose. – Y no te rindas.
Salgo de la oficina de mi amigo y me apuro en salir de la empresa. Tengo pensado en llevarla a mi casa ya que ahí están las cosas que necesito para enseñarle.
Ya tengo mi casa ordenada y oculte los cuadros que tengo de ella.
Subo a mi camioneta y pongo en marcha el motor antes de salir del estacionamiento.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top