CAPÍTULO EXTRA [2]
CAPÍTULO EXTRA
LOS BRAZOS DE PAPÁ
Aquella tarde cuando Sasuke regresó a casa después de tres meses ausente debido a una misión de alto rango —de la cual yo no sabía absolutamente ningún detalle—, nuestra casa se llenó de alegría. Los pequeños echaron de menos a su padre tanto como yo extrañé a mi esposo. Esos tres meses resultaron ser los más largos de toda mi vida. Posiblemente estuviera exagerando, pero así era como me sentía.
En nuestro rol de padres, él era una pieza clave. Decir que dependes de alguien en definitiva es un punto extremista. No obstante, su presencia en mi vida como madre, me llenaba de fortaleza.
Cualquiera hubiera pensado que después de tres meses fuera de casa, Sasuke y yo tendríamos un encuentro del tipo caluroso y ajetreado, pero en cuanto entramos a nuestra habitación luego de cenar y acostar a los niños, ninguno de los dos mostró demasiado interés en ir más allá de los besos y caricias que entre sábanas nos proporcionábamos. Bastaba con tenerle entre mis brazos y sentir sus besos sobre mí. Bastaba incluso el mirarle a los ojos. Tan solo con eso yo era feliz. Con tenerle muy cerca de mí.
Decir que nuestra relación era perfecta, sería una total, absurda y mediocre blasfemia. Nuestra historia jamás fue perfecta y eso la hizo especial. Cada tropiezo, cada resbalón y cada lágrima derramada nos dejó una enseñanza. En nuestra juventud, yo me sentía totalmente atada a él porque sentía que debía protegerle y brindarle ese apoyo que nadie se atrevía a darle. Ahora, siendo adultos, entendí qué era realmente el amor. El amor es superar todas las barreras y aprender; tomar estas enseñanzas y llevarlas a la vida diaria. Sí, estaba enamorada de Sasuke Uchiha en ese entonces. Pero, indiscutiblemente, ese hombre me había enamorado una vez más años más tarde. Aun estando casados, lo seguía haciendo y muy a su manera.
— ¿Está todo bien? —musité, hundiendo mis dedos en su cabellera negra—. Me refiero a... —no culminé la frase.
— ¿La misión? —me respondió él con su acostumbrado tono de voz; profundo y monocorde—. Supongo que sí.
— ¿Supones? —cuestioné, enarcando una ceja. Me sentía preocupada. ¿Por qué tanto misterio con la susodicha misión? Honestamente, me tenía los nervios de punta.
— Kakashi me ordenó volver a casa —exhaló, dándose un estirón para rodearme con sus brazos y hundir su nariz entre mi cuello—. Así que, aquí estoy.
Yo sabía que él me ocultaba algo. Tal vez no deseaba preocuparme. Así que lo dejé pasar.
No quería arruinar el momento.
— Te extrañé —musité, aferrándome a él.
— Yo también —sentí sus labios sobre mi cuello y luego, dirigirse a mi mandíbula y por último alcanzó mis brazos.
Bueno, tal vez sí tendríamos un encuentro caluroso y ajetreado.
— Extrañé esto —gruñó, bajando directamente a mis pechos cubiertos y apretándolos entre sus manos.
— ¿Extrañaste mis senos? —solté entre risas, solo para desviar la punzada de excitación que sus caricias enviaban a mi cerebro.
— ¿Me extrañaste a mí? —curioseó, metiéndose entre mis piernas y chocando nuestras frentes. Noté sus ojos cerrados y también, su respiración agitada.
— Cada minuto —le respondió, rodeándole con mis extremidades—. ¿Lo dudas?
— Un poco —noté el humor en su voz y eso me relajó. Una vez más, besó mi boca y sin detener los besos, se encargó de arrancar mi ropa interior.
— Espera —de un suave empujón alejé nuestros pechos y me estiré hasta la mesita de noche—. No quieres más bebés, ¿o sí? —alcancé un preservativo del cajón y se lo lancé.
— Uno más —dijo como si no fuera la gran cosa.
Pero, antes de que yo pudiera responderle, escuchamos unos pasos aproximarse. No tardamos ni un segundo en reconocer de quién se trataba, por lo que en ágiles movimientos regresamos a nuestras prendas de vestir y fingimos estar dormidos.
En cuanto la puerta se abrió, la voz de nuestra hija menor resonó en la alcoba.
— ¿Papi? —se aproximó a la cama y aunque mi esposo luchó arduamente para no ceder ante el llamado de la pequeña, sus esfuerzos fueron en vano.
— ¿Sí? —tomando asiento, Sasuke alzó la pequeña y la sentó en la orilla de la cama.
Nuri no dijo ni una palabra. Sus ojos hablaban por sí solos.
— ¿Quieres dormir en los brazos de papá? —le pregunté.
— ¡Sí! —chilló, dando un respingo y quedando atrapada entre los protectores brazos de su papá en cuestión de segundos.
Yo sabía cuánto había extrañado Nuri a su padre. No hubo un solo día en el que no me preguntara por él y siempre me pedía que por favor, le dejara jugar con el tomate gigante de su papá.
¿Tomate gigante?
Regalo de navidad por parte de los niños; un enorme tomate de peluche.
— Papá te echó de menos —susurró él, recargándose en la almohada y cerrando los ojos.
— Tú también echaste de menos a papá, ¿verdad que sí, cariño? —le animé a hablar.
— Sí —respondió nuestra hija, sin alejarse ni un centímetro de su papá—. Mucho.
— ¿Y a mí no me extrañaste, papá? —todos saltamos en la cama cuando Misuke se lanzó entre nosotros, rodeándome a mí con sus brazos—. Siendo así, dormiré con mamá.
— ¿Cómo van los entrenamientos, hijo? —le preguntó Sasuke.
— ¡Súper, papá! —eufórico como de costumbre, Misuke me soltó y tomó asiento—. Tío Itachi me enseñó técnicas increíbles de nuestros ancestros. ¡De los Uchiha! Entonces, he sido el primero de la clase.
— Tendremos un enfrentamiento para medir tus capacidades.
— El idiota de Boruto cree que puede superarme —continuó nuestro hijo—. Pero, ¿quién se cree mi primo?
— No puedes dejarte vencer por Boruto Uzumaki.
— Vamos, Sasuke —lancé un golpe pequeñito a su frente—. ¿Le inculcarás a nuestro hijo esa tradición de Uzumaki contra Uchiha?
— Tío Naruto es bastante bueno, pero nadie supera a mi papá.
— Papi —ahora se trató de nuestra pequeña, quien también había tomado asiento—. ¿Yo también seré fuerte?
— Mi hija será la kunoichi más fuerte de todas las aldeas —le aseguró él con firmeza.
— Seremos los mejores, hermanita —dijo Misuke—. Yo te ayudaré.
— ¡Yupi! —después de su gritito, Nuri volvió a recargarse con su padre.
Misuke bostezó y regresó a mis brazos.
— Es hora de dormir —dije, abrigándonos.
— Buenas noches mamá y papá —se despidió mi niño, cerrando los ojos.
— Buenas noches, hijos —en unísono, respondimos Sasuke y yo.
— Gracias por volver —le dije a mi esposo, mientras me disponía a dormir.
— Siempre volveré a mi hogar —finalizó él, esbozando una sonrisa.
Así fue como después de tres largos meses de ausencia, nuestra hija menor durmió en los brazos de papá y yo recordé viejos tiempos con mi pequeño ninja, quien descansó muy cómodo y calentito entre los brazos de mamá.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top