CAPÍTULO EXTRA [1]
CAPÍTULO EXTRA
LAS MEMORIAS SE SASUKE
Dolor. Mi pecho dolía. No había tenido tal sensación jamás. Aunque, a decir verdad, una cierta parte me resultaba familiar; ese sentimiento de pérdida que me calaba hasta los huesos y quemaba mi alma, deshaciéndola como si de un potente ácido se tratara.
En mi mente, repetía aquellas imágenes que seguían tan claras como aquella noche; la masacre causada por mi hermano mayor. Mi héroe, pasó a ser mi peor enemigo en cuestión de segundos.
Minato Namikaze ocultó la verdad de lo que realmente sucedía. Después de tantos años cargado de odio, frustración y decepción, tantos años que parecieron un infierno para mí siendo tan solo un niño, supe la verdad.
Itachi era la verdadera víctima. Sin embargo, tal confesión no deshizo mi deseo de venganza. Y, aunque ya no deseaba acabar con la vida de mi hermano, anhelaba ver sangre derramada.
— Sasuke —esa temblorosa voz femenina hizo eco en mi interior, acelerandome el pulso. Ella estaba asustada por lo que podría suceder y francamente, aunque deseaba destruir a toda la aldea, no podía hacerlo. Más que por mi fuerza, por ella. Lo último que yo quería era arrebatarle a su familia, tal y como lo hicieron conmigo.
Así que, no tuve más opciones. Huir era la única salida. Huir aunque significara alejarme de la única persona que me amó y aceptó, dejando a un lado mi apellido e incluso, mi horroroso pasado que hasta que ese día llevaba arrastrando.
Abandonarla me dolió más que cualquier cosa. Ella arriesgó todo mí. Su lealtad, sus amigos y su familia. Yo solo me hice a un lado y aunque sabía que era lo mejor, nunca imaginé que dolería tanto; su recuerdo quemó mi alma, poco a poco. Ahora yo le había traicionado y solo podía pensar en sus ojos azules derramando lágrimas en mi nombre, así como yo lloraba en el suyo.
Quizás ella nunca mereció a alguien tan dañado como yo. Era demasiado para mí. Su amor, sus atenciones y preocupaciones. Todo lo que ella significaba en mi vida, no lo merecía. Yo estaba tan roto y ella tan malditamente dispuesta a apoyarme y a sanarme sin al menos notarlo. Porque ella en ningún momento intentó hacerme cambiar de parecer. Solo estuvo para mí, escuchándome y dándome todo de sí. Su amor incondicional y sus sonrisas me llegaron. Me tocaron hasta el fondo. Rozaron mi zona más sensible y humana. Ya no había vuelta atrás: la quería para mí. Yo estaba irremediable enamorado aunque no lo entendiera; aunque mi alma putrefacta no lo procesara.
Deseé besarla, abrazarla y protegerla en mi pecho. Quise decirle tantas cosas, como que la amaba y que era lo único puro en mi vida. Pero ya era demasiado tarde. Hubiera querido ofrecerle más de mí. Mucho más. Yo estaba bloqueado y ahora era demasiado tarde: le había abandonado, como si todos los años a su lado no me hubieran importado y la verdad era que, de no ser por ella posiblemente yo no lograba sobrevivir a mi infierno. Ella hizo de mi infierno algo más llevadero.
Ver a mi hermano cara a cara desangró mi herida interna. Verlo allí, con la banda reguladora que lo catalogaba como un desertor. Verlo con esa capa que lo distinguía como un asqueroso delincuente, destrozó mi corazón ya hecho añicos.
Posiblemente él se presentó para enfrentarme. Pero yo solo caí sobre mis rodillas y lloré. No, antes de eso ya estaba llorando. Mis lágrimas me habían traicionado y si antes quería matar, destrozar cráneos y romper huesos, ahora solo quería gritar y sacar todo ese dolor que habitaba en mí. Quería sacarlo y enviarlo lejos de mi ser. Estaba cansado de todo. Estaba cansado de ser yo.
Él solo me miraba y de un momento a otro, se arrodilló frente a mí y me tomó en sus brazos, así como cuando yo era un niño pequeño. Me dejó llorar en su pecho, tan cálido y reconfortante como lo recordara.
Entonces lo supe, él tampoco había ido a enfrentarme.
— Quiero morir —mis labios me traicionaron. O mejor dicho: se movieron sin mi permiso, pronunciando algo que francamente, estaba loco por gritar.
Quería morir y acabar con todo el dolor. Pero, una vez más, era lo suficientemente débil como para acabar con mi propia vida. Así como antes, cuando era solo un niño decepcionado y traicionado por su propio héroe.
— ¿Dejarás esperando a la mujer que lleva en su vientre a tu hijo? —su voz sonó suave. No obstante, sus palabras detuvieron mi respiración. Por un momento creí que estaba delirando.
— Itachi... —balbuceé, alejándome un poco para mirarle al rostro—. ¿Qué acabas de decirme?
— Ella está esperando un hijo tuyo. ¿Qué otra razón necesitas para continuar, que esa vida que creaste junto a la mujer que amas?
— Ella debe odiarme. La abandoné.
— Aún puedes regresar, Sasuke.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top