Capítulo 1
Dificultades
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Kami
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Después de haber muerto sus padres, Kami se mudó con Jake, su novio. Esa noche los había perdido a ambos. Habían pasado tres años. Jake se había portado de maravilla en todo ese tiempo. Kami a veces se sentía culpable. Seguía viéndose con Mark. Tomó su bolso y salió hacia el restaurante donde Jake la esperaba. Celebraban su quinto aniversario.
*
La semana transcurría lenta. Ese día se había encontrado de nuevo con Mark. Amaba a Jake, sólo no podía dejar a Mark. Él era adictivo, según pensaba ella. Cuando llegó a casa encontró una cena romántica, velas y flores en el departamento.
- ¿Jake? - preguntó Kami cerrando la puerta.
- Por aquí - respondió desde la sala.
- ¿Qué es todo esto? - señaló hacia las flores, velas y la cena.
- Tengo algo que hablar contigo. Estás hermosa, como siempre - Kami sabía perfectamente hacia dónde llevaba todo eso -. Cenemos primero.
Cuando terminaron la cena, Jake habló de lo bien que se había sentido en el tiempo que llevaban juntos. De lo mucho que Kami le gustaba tanto por fuera como por dentro. Le dijo que la amaba y no era para menos. Kami tenía una figura preciosa. Tez clara, ojos ligeramente grandes y de un gris claro. Pelo oscuro liso hasta la mitad de la espalda. Piernas largas y cadera redondeada. Kami se limitaba a mirar esos ojos miel de Jake que denotaban sólo devoción y admiración por ella. Jake era alto, tenía el pelo castaño muy claro y tenía físico de deportista, ya que en su tiempo libre practicaba deportes. Ese día se veía particularmente guapo con una camisa a rayas. Ella había llegado del trabajo en la Editorial, que había estado particularmente pesado ese día. Cuando Kami al fin se decidió a hablar, Jake la interrumpió poniéndose de rodillas a su lado.
- Kami, hemos atravesado mucho juntos, hemos enfrentado dificultades inmensas y hemos salido adelante y quiero seguir haciéndolo el resto de mi vida. ¿Te casarías conmigo?
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Sam
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Sam estaba levantándose tarde por segunda vez en la semana. Cuando se es el jefe se pueden dar ciertos gustos. Eve ya se había levantado, debía estar en la cocina. Sam se dirigió a la cocina y el desayuno estaba ya servido. No encontró a Eve en la cocina, estaba tirada en el piso del baño con un fuerte agarre en su pecho.
- Eve, por Dios, ¿qué tienes? - Eve no respondió - Eve, amor, respóndeme, por favor.
- Está bien, sólo me mareé - respondió con una cálida sonrisa.
- ¿Te duele el pecho de nuevo? - Eve tenía problemas en el corazón. Desde que tenía 19 le informaron que su corazón era muy grande. Cuando Sam lo supo, dijo que era una gran ironía porque Eve, de verdad, era la persona más buena y con el corazón más grande que él había conocido. La cara de Eve se encogió un poco.
- Es algo pasajero, no te preocupes - Eve se levantó y caminó hacia Sam -. Te prometo que iré a visitar al médico hoy - dijo Eve -, hay mucho de esta vida que aún quiero ver.
Sam miró a Eve. Esos ojos eran de un azul tan profundo como el de un lago. Los rizos desordenados le caían hasta los hombros, eran de un rubio satinado casi blanco y Sam pensó que era verdaderamente un ángel. Aún no sabía cómo esta mujer tan hermosa llegó a quedarse con él. La conoció cuando ella entró de suplente de su secretaria en su empresa. Sam era dueño de una compañía que reunía ingenieros, arquitectos y decoradores para ofrecerle a la gente todo en un solo lugar. Sam era alto, tenía el pelo oscuro y un poco largo hasta la nuca y era tonificado no muy musculoso. Eve lo miró y volvió a decir:
- Verás que todo saldrá bien - guió a Sam a la cocina -. Ahora come algo, tienes que trabajar.
- Está bien - se resignó Sam- . Prométeme que, sea lo que sea, me llamarás y me mantendrás al tanto.
- Prometido - Eve se acercó a él y lo besó.
*
Sam había salido intranquilo de casa. No había recibido ni una llamada en todo el día y eso lo preocupaba más. Cuando decidió comprobar el teléfono lo encontró apagado. La batería estaba muerta. Eran las cinco. Aún faltaba una hora para salir e intentó darle carga a su teléfono. Pasada media hora el teléfono encendió. Llamó al teléfono de Eve. Nada. Llamó a la casa. Nada. No atendía a ninguno. Pensó que seguía en el médico o que había salido a dar una vuelta. Se enfocó en unos proyectos y perdió la noción del tiempo. Afuera era de noche cuando su teléfono sonó. Era Eve.
- ¿Señor Allen?
- ¿Sí? - con cada segundo que pasaba, Sam sentía su corazón martillar cada vez más despacio y con menos fuerza. Algo no estaba bien - ¿Le pasa algo a mi esposa?
- La señora Allen sufrió un paro cardíaco - el corazón de Sam se saltó un latido -. Lamento informarle que su esposa ha fallecido.
En ese instante, el mundo se detuvo para Sam, como si todo perdiera el color y la razón de ser. Sam colgó el teléfono. Salió de su oficina como alma que lleva el diablo. Tomó su coche y salió a toda marcha hacia el hospital.
***
Kami
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Kami había pasado más de 20 minutos en el baño cuando Jake volvía a tocar desesperado.
- Kami, abre la puerta, por favor.
- No quiero, vete.
- Kami, por favor. Hablemos como adultos que somos.
En el momento en que Jake le pidió matrimonio, Kami quedó en shock. A pesar de que esperaba la pregunta, no pudo evitar la reacción. Era cierto que ya llevaban tres años viviendo juntos y cinco en su relación, pero Kami no se sentía preparada para casarse, era un gran paso. Además, seguía viendo a Mark con frecuencia y ya se sentía bastante culpable por ello.
- Yo lo siento, Jake - dijo Kami mientras abría la puerta -. Sólo... necesito tiempo para pensar...
Se echó a correr, cogió su bolso, las llaves y se fue.
La carretera comenzaba a subir al momento que escuchaba su teléfono sonar por quinta vez desde que salió del departamento. Comenzó a pensar acerca de todos los años junto a Jake, los días hermosos cuando salían a pasear, los momentos dulces que compartían en su departamento; también recordó las discusiones y las peleas...
La bocina y las luces de un coche la hicieron regresar de sus recuerdos, pero ya era tarde. Había perdido el control del coche y cayó por el barranco.
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