Capítulo 9

God is a woman - Ariana Grande. One hour.

Han pasado cuatro horas desde que me llevaron a la estación de policía en los que no he parado de caminar de un lado a otro, intentando calmar el nerviosismo que surge de pronto en mi sistema.

Ya pasó mucho tiempo y no quiero estar aquí.

—Vas hacer un hoyo en el suelo. —señala la morena que fuma un cigarro.

¿Cómo lo consiguió?

—¿Cómo puedes estar tan tranquila? —Se encoge de hombros y aplasta la cabilla.

Ella ya estaba aquí cuando llegué y aún así, parece que el lugar no le afecta tanto como a mí.

—Mañana me pasarán a la cárcel de máxima seguridad. —la inspecciono con determinación—.Soy Mónica. —Me tiende la mano.

—Alessia. —respondo el gesto—. ¿Qué hiciste, para ser un peligro ante la sociedad?

Se sienta y cruza las piernas.

—Le di un té de hierbas a mi novio que lo mató al instante. —asiento ante su declaración—. En la autopsia no se detectó, pero las cámaras me descubrieron.

La serenidad con la que habla es impactante y la acción que realizó un poco escalofriante.

Me encanta esta mujer

—Eso es...

—Es lo mejor que pude hacer. —asiento intentando comprender.

—¿Por qué lo hiciste?

—Llevábamos 2 años en una relación estable, pero no sana. —La escucho con atención—. De un momento a otro fue una dependencia de la cual ninguno quería llegar a una solución que nos ayudará a mejorar.

No sé si lo que hizo fue un acto de valentía sabiendo que era su dependiente, o muy estúpida por asesinarlo y no simplemente dejarlo.

La dependencia es un tema serio de tratar y si no es con especialistas es muy probable que se maten en su propia burbuja de miseria.

No puedo opinar al respecto.

—Interesante. —comento—. Y este té...

—Es letal, de hecho no es lo único con lo que trabajo, mi abuela era una curandera y desde entonces me obsesioné con las hierbas. —sonrío a mis adentros—. Trabajo con muchas para distintos fines.

—¿Qué tanto?

—Tan poderoso para doblegar hasta al más inteligente. —interesante—. No solo es bebido, también inyectando, en aromas, lo que puedas imaginarte.

—Si algún día necesito desaparecer a alguien creo que te buscaré para que me ayudes.

—Te estaré esperando, ahora sabes donde encontrarme.

Y si que lo haría, no ahora, pero cuando la necesite sí.

—Tú, ¿Por qué estás aquí?

—Le destruí la cara a la ex de mi amigo, que es la prometida de mi amante. —Le resto importancia.

Se ríe y no es una sonrisa fingida, es una carcajada que al poco tiempo me contagia.

—Vaya chica, tu si tienes serios problemas de autocontrol. —Me invita a sentarme junto a ella, lo dudo, pero al final lo hago—. Que hizo tu amante cuando se enteró.

Lo pienso un poco y cuando estoy por responder somos interrumpidas por el oficial que golpeó los barrotes de la reja.

—Alessia Carvajal, tiene visita. —informa abriendo las rejas para sacarme, pero antes de eso me ponen unas esposas como si fuera una criminal.

Esto es estresante y denigrante.

Me trasladan a una sala de interrogaciones, lo sé porque ya una vez estuve detrás del vidrio negro por un caso especial que llegó al hospital

¿Por qué me trajeron?

Solo le destroce la cara a Mariana. Ruedo los ojos al recordarlo.

Pasa un buen rato en el que no veo movimiento de nada, estoy sola en una sala blanca que cuenta solo con una mesa y dos sillas.

Mis manos están sobre la mesa aún esposadas y muevo mis dedos sobre la misma. —Sudo—. Sigo con el movimiento ignorando el fastidio que provoca la situación.

Abren la puerta y entra un hombre de traje negro que se sienta frente a mi y me tiende un celular en mi oído.

Lo miro incrédula y él gruñe con enojo.

—Habla. —exige. Con un poco de inseguridad por la situación lo hago.

—¿Quién diablos eres tú? Quiero un abogado porque no pienso hacer nada sin él. —me quejo y puedo escucho la respiración al otro lado de la línea.

—Seré breve. —Es lo primero que dice. Su voz es gruesa y me estremezco cuando escucho su risa. —Me sorprende que no haya acatado mis órdenes. —Me tenso—. No te preocupes, si colaboras no habrá más muertes que lamentar

Recuerdo las notas y una misma dirección en cada una.

>>¿Cómo está su madre? La pobre estaba deshecha con la pérdida de su hijo, pero a ti te perdí de mi radar, ¿Dónde has estado?

Los sucesos de esa noche vienen a mi mente abriendo la herida que aún no está del todo sana.

—Fuiste tú. —murmullo furiosa.

Se vuelve a reír de forma maniática provocando que se ericen los vellos de mi cuerpo.

—Claro que no. —Escucho como le da una calada a lo que supongo es un puro—. Fuiste tú, tú lo mataste Alessia, pero tranquila si colaboras no tendrás que matar a nadie más.

—¿Qué quiere de mí?

—Tu hiciste algo y yo quiero que lo repitas porque eres la cura. —corta dejándome con varias preguntas.

El hombre de traje se retira y me quedo de nuevo sola en una sala que de pronto se vuelve pequeña, las paredes se cierran lentamente mientras mi respiración se agita por falta de oxígeno.

Como diablos soluciono esto, no confió en la maldita seguridad de mi país.

¿Qué hago?

Me dirijo al auto, no sin antes dejar a Mariana en la ambulancia, ¿Qué diablos ha pasado entre ellas para que Alessia actuará de esa forma?

Me molesta no saber lo que está pasando, porque al parecer lo sabe Matías y el padre de su hijo, debo admitir que me sorprendió verla en su lado maternal.

Pero me prendió admirarla como una fiera.

Por un momento supuse que era un estúpido arranque de celos, pero luego comprendí que ellas ya se conocían y tenían cuentas pendientes, cuentas que deseo saber.

No fue necesario decir nada a los doctores, ellos sabían que yo iría por Alessia, y ninguno se interpuso.

Uno de mis agentes con profesión en derecho estaba en la ciudad, y lo mandé al lugar en donde tienen a la maldita Sumasshedshiy.

Las actitudes de Alessia me han disgustado, pero le di su tiempo, sé que presionando, no lograré que hable, e incomodarla no está en mis planes.

Por motivos que desconozco la suspendieron al igual que a Matías. No me dio explicación y evité indagar con mis contactos.

La última vez que estuvimos juntos propuso ser amantes, debo admitir que creí que ya lo éramos.

En otra situación no hubiera dudado en ignorar el término, pero ella me pone las cosas difíciles.

Pasé días enteros estresado sin poder concentrarme, odiando a la doctora por ser tan impredecible a tal grado de no poder sacarla de mi mente.

Que este involucrada en uno de mis casos no tiene nada que ver con mis deseos de tenerla cerca. Por un momento lo creí, pero al analizar la situación me di cuenta de la verdad.

Es ella.

***

Llegó a la estación en el momento que mi abogado sale junto a Alessia. Su rostro está contraído en una seriedad no típica en ella.

Ve a todos lados con un leve nerviosismo que trata de ocultar asintiendo a lo que le dice el abogado.

—Buenas noches. —Saludo.

Ambos se voltean.

—¿Oleg? Qué haces aquí. —El abogado le explica—. Interesante. —Susurra con una leve sonrisa que borra a los instantes.

—Te llevaré a casa. —asiente acompañándome al auto.

Me despido del abogado, luego me reuniré con él.

Le abro la puerta para que suba y doy la vuelta para hacer lo mismo, sumergiéndonos en un enorme silencio.

No se tiene que tener dos dedos de inteligencia para saber que algo la mortifica y no solo es el incidente de hace unas horas. Algo más le sucede y averiguaré qué es, estoy seguro de que tiene que ver con la suspensión.

Espero que no tenga que ver con EBÓSIL.

—No sé tú dirección. —Mi voz la hace salir del trance y se apresura a dármela.

Cuando llegamos ella sigue en el mismo lugar y me empieza a hostigar su actitud, llevó mi mano hasta su muslo y es cuando reacciona.

—¿Quieres pasar?

Lo dice con una inocencia no típica en ella, sin dobles intenciones, lo sé porque lo veo en su expresión.

—Claro. —respondo sin gana.

Subimos hasta su piso viendo los números pasar hasta llegar al suyo, ella busca algo en su cartera sacando un juego de llaves.

—Hasta que te dignas en aparecer picarona. —dice la voz de una mujer—- Pensé que me dejarías abandonada con tu bebé y te quedarías para siempre con Javier.

La mujer sale y se sorprende al verme en el umbral de la puerta junto a Alessia. No puedo evitar fruncir el ceño por la mención del doctor que conocí está tarde

—Zule te presento al señor Bogdánov, Oleg ella es mi amiga, Zuleyma. —nos presenta.

De manera descarada baja su mirada a mi entrepierna para después ver a Alessia, sin una pizca de vergüenza.

El carraspeo de Alessia la trae a la realidad.

—Mm sí, claro... —tartamudea—. mucho gusto, yo soy Zule... y pues —Suelta una risa nerviosa—. ¿Sabes? Olvide ir a recoger la ropa de... me voy. —Sale como una bala, pero antes grita—. Dale comida a tu bebé, está en su cuarto.

¿Otro bebé? Creo que ha faltado la comunicación entre nosotros.

¿Cómo diablos no me dice que tiene dos hijos? Este es el momento en el que me cuestiono el porque no quise investigarla.

No quiero invadir su privacidad.

Me recuerdo, consciente que es lo primero que debía hacer, pero en su lugar cuando encontré su información la deseche y guarde para que nadie la tenga. Todo lo que deseo saber lo obtendré porque ella me lo dirá.

—Siéntate, ¿Quieres algo de tomar? —asiento, tratando de entenderla.

—Lo más fuerte que tengas. —Necesito algo para bajar el trago amargo que me causa.

Tuerce los labios.

—No suelo beber, pero tengo vino, ¿Está bien? —confirmo

Va a la cocina y regresa con una botella de vino y dos copas.

La abre, pero su móvil la interrumpe, duda, pero al final me pasa la botella y continúo el trabajo.

Habla unos minutos con su hijo para luego finalizar la llamada.

—Me quieres contar que paso. —rompo el silencio.

—Oleg, agradezco que hayas pagado la fianza, pero es algo de lo que no me gusta hablar. —se sirve más vino—. Si Mariana no te lo ha contado es porque no le conviene, yo lo único que te puedo decir es que te alejes de ella.

No entiendo por qué de su actitud a la defensiva, me molesta.

—Dame un motivo más sólido que solo palabras vacías. —Se acerca al sillón grande en el que me encuentro y se acuesta dejando su cabeza en mis piernas.

—Odio a Mariana, la aborrezco con todo mi ser, detesto su maldita existencia y daría lo que fuera por... —calla.

Con sus palabras no hace más que intrigarme.

—Para que Alessia. —insisto.

—Confórmate con saber que voy a disfrutar cuando ella muera, y te prohíbo que indagues más sobre el tema. —Saboreo el rencor de sus palabras.

Aunque no esté de acuerdo, voy a respetar su silencio, Mariana es una agente y podría obligarla a que me diga que es lo que pasó entre ellas, sin embargo, no lo haré.

—¿Y sobre lo otro? —me refiero a porque está suspendida.

No me agrada la idea de que eso la haya tenido casi un mes incomunicada.

—Estoy molesta, si no es una cosa es otra. —me ignora mientras bebe—. Todo el mundo me culpa de la muerte de mi hermano. —Sigue bebiendo.

No entiendo de qué demonios habla, ¿Cuál hermano?

>>Y ¿Sabes que es lo peor? Que es cierto. —suelta con odio—. Maté a mi hermano Oleg, sé que no podía hacer algo más, pero siento algo en mi pecho que me dice que no fue suficiente.

No puedo evitar torcer mis labios porque nuevamente la maldita doctora me está sorprendiendo.

—No te mortifiques. —reprendo.

—Murió en mis manos. —lágrimas cargadas de odio se alojan en sus ojos—. Mi madre siempre me ha odiado, pero con esto aún más. —hago puños—. Dijo que para ella estoy muerta, y aunque eso es suficiente para odiarla, no puedo...

Me estresa todo esto, todo su ser emana odio y dolor.

Las lágrimas no abandonan sus ojos, puedo sentir su repulsión y aunque no conozco a su madre, ya la odio por el simple hecho de hacer sentir mal, a la mujer con la cabeza en mi regazo.

Se levanta de forma torpe, dejando la botella en el suelo para subirse con piernas abiertas en mí regazo.

Me toma de la cara y junta su frente con la mía.

Su respiración se mezcla con la mía, embriagándome con la esencia que despide su cuerpo.

>>¡Joder! No tienes idea de lo que sentí esa noche. —suelta—. Soy una hija de puta, pero, sé con quién serlo, y estoy segura de que no la haría con alguien que amara. ¿Sabes lo insuficiente que me hace sentir mi madre? Desde pequeña me he esforzado, pero no es suficiente. —Me jala de la camisa mientras mantengo mi rostro sereno procesando sus palabras.

Trato de alejarla, pero me lo impide.

—Alessia, cálmate y...

—¿No me estás escuchando? —inquiere molesta.

—Lo hago. —respondo—. Pero me gustaría que me lo dijeras sin tener que estar al borde de la histeria.

Su ceño se frunce ante mis palabras, recorre mi rostro y observo como su enojo crece al no encontrar nada.

—Olvídalo. —rueda los ojos.

En un acto de enojo estampa sus labios contra los míos, en un beso lleno de ira y rencor, en otro escenario no me molestaría corresponder, pero ahora no.

Con cuidado la aparto viendo sus ojos que siempre deslumbran seguridad ahora enrojecidos con esa llama chispeante que hace unos minutos descubrí.

Su mirada emana fuego, deseo, odio y oscuridad. Me atrae más de lo que me gustaría admitir.

Se ve hermosa, aunque en estos momentos no se sienta bien consigo misma, es por ello que necesito darle su espacio.

—Tengo que irme. —suelto.

Aún está sobre mi regazo manteniendo la distancia que yo estipule

—Quédate. —ordena.

Sus manos en mi pecho hacen puños mi camisa.

—No puedo. —arruga las cejas—. Necesitas estar sola para pensar en eso que te mortifica, mi compañía no es lo mejor en estos momentos y lo sabes. —asiente entendiendo mi punto.

Se baja con cuidado de mi regazo para poder levantarme y cuando estoy a punto de marcharme, me topo con su mirada cargada de eso...

Me encanta, pero no continuaré hasta estar seguro de que es eso lo que quiere.

Me atrae su rudeza, su carácter fuerte y decidido, su seguridad al actuar. Sé que es algo que puede darme, pero no en estos momentos.

En estos momentos Alessia Carvajal es un manojo de sentimientos y no es lo quiero de ella.

—Nos vemos después.

Asiento y me dirijo a la salida, pero me detengo al recordar lo que iba a decirle hace unos días.

—Se aceptó la petición que solicitaste. —arruga las cejas—. Puedes continuar con el ascenso. —Su rostro se ilumina.

Se endereza y sonríe con suficiencia antes de hablar.

—No esperaba menos. —expresa con superioridad.

—Por lo que escuche, sé que abra competencia. —comento.

Su mirada me da a entender de que es algo que no le afecta.

Me gusta.

—Oleg. —Se acerca a mí—. No hay nadie mejor que yo, para esto. —Me jala a ella para estampar sus labios.

La intento alejar, pero se aferra a mis hombros con fuerza.

Baja sus labios por mi mandíbula hasta llegar a mi cuello donde aspira y se relaja cuando siente mi esencia. Muerde y chupa mi cuello haciendo que gruña.

Sé lo que hace y aun así no me molesta.

Se separa de mí y en su mirada veo lujuria con un toque de oscuridad que aún no se va del todo.

—Vete. —Intento protestar—. Quiero descansar como lo insinuaste, pero eres demasiada tentación para un alma que lleva días de abstinencia.

Tenso la mandíbula.

—Me voy porque ya no quiero estar aquí. —aclaro.

—De eso no tengo duda.

Alessia carga con demonios, pero no necesita ser salvada, es lo suficientemente fuerte para manejar sus emociones que tan mal le hacen.

Es por eso que me voy.

***

—¿De donde vienes? —inquiere Rustam al verme.

Lo ignoro y me siento en la mesa frente a Caleb que ya me tiene la información que solicite.

—Traficantes de droga, su negocio parece sencillo, pero es extenso. —inicia—. En cada club, bar, discoteca... burdel, hay al menos una persona que vende la sustancia.

—¿Qué tipo?

—Cocaína.

Me sigue dando la información y poco a poco planeamos cual será el primer lugar que visitaremos.

—¿Adrián y Ryan ya están en México? —cuestiono.

—Solo Adrián, Ryan viene la próxima semana. —asiento—. Pero hace unas horas llego Rebeca.

No me conviene retrasar las cosas así que irá la pareja.

—Adrián y Rebeca se infiltraran en el club más alejado de la capital. —informo—. Y me traerán a quien lo distribuya.

Caleb toma notas mientras Rustam no deja de observarme.

—¿Dónde estabas? —repite.

Lo veo mal.

—Que te importa.

—Tienes un chupón en el cuello. —me enderezo—. Y tu prometida no está cerca.


Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top