Capítulo 8
Apologize - OneRepublic. One hour.

Observo los planos en la mesa, a mi alrededor tengo a los agentes más capacitados.
—Ya no hay más ataques de Rojo Sangre y H.B. no se ha manifestado. —explica Caleb.
Sin hacer mayor escándalo pudimos capturar a los traficantes. La dueña no sé dio cuenta, tal como yo lo quería.
No deseo involucrarla.
—Las agentes en Colombia aún no se han comunicado, por lo tanto, el caso EBÓSIL no tiene un avance. —guardo silencio.
Me acerco a la mesa y hago extender el holograma que me muestra el panorama de un caso distinto.
—Ha llegado información de que atacaran al ministro de salud, él es un agente así que vamos a intervenir, aquí. —señalo un punto y lo agrando—. necesito a tres francotiradores.
Los voy nombrando y cada uno está atento a las indicaciones.
>>No me importa quien muera, quiero al ministro vivo, nos enfrentaremos a la seguridad nacional y a los que lo quieren matar. —muevo el holograma—. Quiero un trabajo impecable, ante el público será un ataque terrorista. Se pedirá un rescate y lo que paguen será un bono para ustedes.
Observo como algunos sonríen ante el incentivo.
***
Tiro el móvil contra la ventana y este se quiebra al instante.
—¿Problemas en el paraíso? —se burla Rustam al entrar.
No respondo, no podría decirle que es el tercer día sin saber nada de la doctora.
Fui al hospital solo para darme cuenta que esta suspendida.
—¿Qué? —inquiero cuando Rustam no quita la estúpida sonrisa de su rostro.
—Te estaba diciendo que...
—Sabes que, mejor cállate. —mi mal humor va aumentando.
Salgo del cuartel dispuesto a encontrarla, pero me detengo justo en el momento que suena el móvil quebrado.
Sumasshedshiy: Deja de estar de dramático, estoy bien.
¡Ya deja de acosarme! Te mandaré algo para que dejes de molestar.
Piénsame.
Mi polla se pone dura ante la imagen que me manda. Es una foto inocente, pero insinuante al encontrarse en una cama inútilmente queriendo cubrir sus bragas con una camisa.
¡De hombre!
Me enojo al saber que no quiere verme y antes de pedirlo me da una absurda explicación
—Al menos esta viva. —murmullo.
Boto el móvil en el basurero mientras me mentalizo que luego averiguaré dónde rayos se ha metido.
***
Los días siguen pasando y sigo sin tener noticias de ella.
—Mariana está afuera. —informa Caleb.
Sobo mis sienes al anticipar lo que su visita significa.
—Dile que no estoy. —me enojo.
—¿Quién no está? —entra la mujer con cabellera roja.
—Tu prometido. —me burlo.
Que mi rostro no muestre nada la hace arrugar las cejas
—No eres gracioso ¿Lo sabías?
No respondo.
Ya llevo casi tres meses en México en lo que Rojo Sangre y H.B. no se han manifestado.
Por un momento tuve la impresión de que el atentado en el que estuvo involucrada Alessia tenía que ver con eso, pero no fue así.
Uno de los tantos informantes que tenemos dio el aviso de ese ataque, pero los desgraciados que están a cargo no fueron.
Es por ello que ya le mande un informe a Carsten para que venga a poner orden, me lo pidió a mí, pero me negué.
Tengo cosas más importantes que hacer, para encargarme de sus responsabilidades.
Estoy encargado de ciertas misiones en México aparte del compromiso que tengo con la junta.
Por lo menos en la última junta hice algo productivo con respecto a la doctora.
—Superior, tiene...
—Ya me cansé. —interrumpe Mariana a mi agente—. Vamos a dar una vuelta y luego regresas a poner en su lugar a estos chicos. —señala al agente que no se inmuta ante sus palabras.
Esta sobrepasando límites.
—Mariana, sal de este lugar. —parpadea—. ¡Ahora! —ordeno.
Como la caprichosa que es sale dando un portazo dejándome con el agente.
—Prosigue. —indico.
Después de varias horas de trabajo decido salir y cumplir un puto capricho de Mariana.
Ahora estamos en un puto centro comercial, por lo que sobo mis sienes mientras la miro mal.
Si ahora no la aguanto no me imagino el infierno que viviré más adelante cuando seamos familia y tengamos que vernos a diario.
—Ahora vuelvo. —la ignoro.
Empiezo a caminar hasta que la veo.
Kryptonita hecha mujer.
Ella es todo lo que no toleran en una mujer, es por eso que me encanta.
Es hermosa, inteligente, egoísta, soberbia, egocéntrica, y la lista de sus cualidades sigue.
—Alessia Carvajal. —saboreo el nombre en mis labios.

Días antes.
El cuerpo me duele, lo siento pesado, pero poco a poco mi sentido auditivo vuelve y lo que escucho no me agrada.
Alessia.
Alessia despierta.
Nena, todo está bien.
Abro los ojos, pero los cierro de inmediato, repito la acción acostumbrándome a la claridad y es entonces cuando lo veo.
Está de pie a mi costado, sus rasgos están más maduros que la última vez que lo vi hace 6 años, mismos años que lleva mi padre muerto.
Tiene el cabello mojado con algunas hebras pegadas a la cara, está usando una camisa blanca que se ciñe a su cuerpo, su iris azul me escanea.
Soy un asco, lo sé. Trato de pararme, pero me lo impide.
—Oye, ¿Qué haces?
Me siento mareada, aturdida y su presencia no me pone las cosas fáciles.
Estoy empapada.
—No tengo nada que hacer aquí. —Mi voz suena ronca y más dura de lo que me gustaría.
El daño emocional que me dejó su partida es algo que me costó superar en estos años, y por lo visto la vida me está castigando, poniendo en bandeja de oro mis putos demonios que salen a la luz.
Me siento débil, quiero gritar, pero no sé si pueda, el ardor en mi garganta me recuerda que ya lo hice.
Mi rostro se endurece en su dirección, el suyo, por el contrario, luce suave y avergonzado.
—No lo digas. —susurra—. Cometí un error al no creerles, y no sabes cuanto me arrepiento.
En sus ojos logro ver sinceridad, sinceridad que yo le demostré hace años y no la valoro.
El nudo en mi garganta es más asfixiante. Respiro hondo para evitarlo.
—Demasiado tarde Javier. —Su rostro no tiene nada de soberbia como en años pasados—. Te lo dije una y otra vez. —niega tratando de acercarse—. Te dije que ella no te convenía, te lo dijo Matías y preferiste creerle a una mujer que acababas de conocer y no a tus amigos.
Estoy molesta, sin embargo, eso no me ciega.
—La vida no me alcanzará para enmendar mi error. —admite.
Son demasiadas emociones las que se están mezclando dentro de mí.
Miles de pensamientos pasan por mi mente como una ráfaga de viento que azota toda la estabilidad que he tratado de formar.
Puedes con esto, Alessia.
No solo se trata de él, también está Rubén, mi hermano, las palabras de mi madre, la mirada de terror que inculcó en el hospital y... Oleg.
Trato de fijar mi atención solamente en la persona frente a mí.
—¿Dónde está ella? —Aunque me duela preguntar quiero saber si aún sigue con la mujer que arruinó nuestra amistad.
Se sienta en el sillón en el que estaba con anterioridad y me señala otro. Con precaución tomo asiento mientras mantengo mi distancia.
—Meses después de lo que me dijeron de Mariana, la descubrí en nuestra cama con un hombre y me confesó que lo que ustedes me habían dicho era verdad.
Jamás me imaginé que una rata como ella tuviera los ovarios para decir lo que en realidad paso ese día.
Un año después de que Javier se marchara vi a Mariana, en el peor escenario de mi vida y por la situación no me puse a pensar que quizá ya no estaban juntos.
—¿Por qué no me buscaste? —indago con amargura.
El saber que Javier sabía la verdad y no me haya buscado me duele aún más.
—Lo intenté. —sacudo la cabeza en negativa—. Me enteré de tu recaída por la muerte de tu padre, pero tu madre me impidió verte.
La mención de mi recaída es un tema tabú para mi madre.
Cuando mi padre murió entre en depresión, no fui a ningún especialista, ya que mi madre se negaba.
Salir de ese círculo vicioso fue doloroso sin ninguna ayuda, lo hice sola con la presión de mi madre.
Eso es lo peor que se le puede hacer a un joven.
Tiempo después cuando estaba en la facultad visité a un especialista y fue la mejor decisión que pude tomar, porque no todas las heridas estaban sanadas y ellos me ayudaron a superarlas.
Pero fue ese año que paso lo de Rubén.
—No lo sabía. —me sincero.
Bajo la guardia porque pese a todo lo que ha pasado hay algo que me dice que él sigue siendo ese amigo, frío y amoroso a la vez.
—Te desconozco Alessia, tienes la misma expresión que el día que partí. —me enderezo—. No veo nada de la mujer exitosa de la que hablan en todos lados. —suspira—. No veo a la mejor doctora de México.
Me río con amargura. Da igual que obtenga la primicia que estará en los noticieros dentro de unas horas.
—Es porque no soy la mejor doctora. —miento—. Soy una asesina, soy la asesina de mi hermano. —No me importa lo que haya pasado en años anteriores, no dejo de querer a Javier, él y Matías son las mejores personas que he conocido.
Sigo hablando con él y me explica todo referente a ella. También siente el mismo odio que yo hacia esa horrible mujer. Después de aclarar las cosas la tensión ha bajado entre nosotros.
Dejo que me abrace mientras me desahogo, le cuento lo que pasó en las últimas 24 horas y con un poco de pesar me da los mejores consejos que tanto había necesitado.
Horas después se escucha el crujido de una puerta, me giro en esa dirección y me quedo atónica con la persona que sale de allí.
—¿Papi? —Un niño de unos 4 años sale con un panda en una mano y la otra está restregando su rostro que aún está soñoliento.
—Él... —Lo señalo con la boca abierta y Javi se ríe de mi reacción. Se acerca al niño tomándolo en sus brazos de cirujano plástico.
Salgo de mi fascinación con sus palabras.
—Aless te presento a mi hijo, Santiago Borja Hernández. —Su parecido es increíble, aunque sus ojos son oscuros quizás saco los de su madr... un momento ¿Y su madre?
—Es hermoso. —Lo cargo con cautela y al niño parece no molestarle—. ¿Dónde está la madre?
—Es una científica, desde hace tres años no sé de ella. —Ve al niño con pesar—. Una entidad que no conozco y no me dijo por seguridad la contrato. No me dijo de que se trataba, pero sé que es algo grabe.
—¿Y si te abandono? —Abre grandes los ojos—. Digo... tienes mucho de no saber de ella.
Le devuelvo al niño y este se acomoda en el espacio de su cuello, quizá se volvió a dormir.
—Ama demasiado a Santi y sería incapaz de dejarlo. —Lleva al niño de nuevo a su habitación de color verde repleta de juguetes—. Ella se había negado a ir para no dejarnos, pero de un momento a otro decidió aceptar. —Sé que no me está diciendo toda la verdad, pero no lo presiono.
Sigo hablando con Javier a quien no le guardo rencor y entre risas llegamos hasta el Alba.
Me cae un correo en el que me notifican que estoy suspendida hasta nuevo aviso. Era demasiado bueno para que me durara para siempre. Tengo que volver a posicionarme en la cima y no lo lograré en mi estado.
Tengo que recuperar todo lo que he perdido.
***
Han pasado dos semanas desde la muerte de mi hermano. Fui al entierro, pero mi madre me echó. Los días los he pasado encerrada en la casa de Javier.
Santiago no es un niño odioso y eso me hace quererlo.
Oleg se enfureció al no tener noticias de mí, por lo tanto, al tercer día le escribí para que dejara de aturdirme.
No le agrado la idea que estaría por fuera, pero cuando traté de explicarle las cosas, obviando lo de Rubén y Javier, no me entendió y se molestó porque no quise que se me acercara.
Ridículo.
Desde entonces no sé nada de él aunque agradezco que respetará mi decisión.
En estos momentos estamos por salir al cine, en el camino nos encontraremos con Matías, está emocionado de conocer a Santi, se volvió loco cuando le hablamos de él.
En la sala me encuentro al niño.
—¿Nos vamos tía ales?
—Sí niño, vamos. —camino y me tenso cuando me toma de la mano.
Aún me sorprendo del hecho que haya congeniado tan fácil conmigo, por lo mismo no me siento incómoda con su presencia.
Nos dirigimos al centro comercial donde encontramos a Matías con un oso de dos metros, Santi sale corriendo cuando el padre se lo permite y Matías sin perder el tiempo lo llena de besos.
Caminamos detrás de ellos quienes llevan la delantera.
—Doctora Carvajal, que sorpresa. —Su voz me hace estremecer.
Me volteo viendo al Ruso fornido e intimidante.
—Oleg Bogdánov, qué gusto verlo. — finjo una sonrisa porque no estoy segura si me agrada verlo justo ahora.
Su mirada pasa de mí a mis dos amigos terminando en Santi que viene llorando a mí.
¿Y ahora que hago?
—¿Qué pasó niño? —cuestiono.
—Él... él niño me pegó. —lloriquea.
Alzo el rostro viendo la incredulidad en el rostro de Oleg, se recompone de forma inmediata poniendo otra vez su rostro inexpresivo.
—No le hagas caso, las cosas no se solucionan con violencia así que ignoralo.
El momento se vuelve incomoda con la mirada de Oleg que no deja de ver a Santiago y Javier que lo observa confundido. Decido presentarlos haciendo la peor incomodidad.
—Papi quiero un algodón. —pide el niño salvandome de decir lo que no debería.
No me gusta la tensión por lo que estoy debatiéndome en hablar, pero no sé qué carajos decir, aparte que tengo unas enormes ganas de besar al Ruso, pero me contengo por mi amigo y porque no sé como están las cosas entre nosotros.
Es cero comunicativo.
—Y ¿Usted qué hace..? —La voz chillona de una mujer me interrumpe.
—¿Dónde te habías metido? Te estaba buscando, tonto. —observo a la mujer que se cuelga del brazo del Ruso, cierro los puños cuando las ganas de golpearla me invaden.
¡Hija de puta!
El cabello rojo lo tiene sujeto en una coleta alta, la repaso llegando a una conclusión ¡Se ve fea! Muy fea, la odio.
Suelta al Ruso, desgraciada.
—No me presenta a su prometida Señor Bogdánov. —Mariana abre los ojos al darse cuenta de nuestra presencia.
Mi voz está cargada de odio contenido a su persona y estoy segura de que todos los presentes lo notan.
Es una situación en la que no me imagine estar, pero no la desaprovecharé para soltar todo mi veneno.
—¿Prometida? —cuestiona un Oleg confundido.
—Perdón. —Finjo inocencia, mientras me acerco lentamente a ella—. Quise decir desgraciada, maldita, manipuladora, egoísta y una vil mentirosa.
Oleg se acerca para impedir que me acerque más, pero Javi lo detiene.
—Alessia yo...
—¡Tú nada Mariana! No sabes cómo te detesto. —Se pone de todos colores viendo a Oleg.
Me considero una persona que sabe mantenerse al margen, pero estoy demasiado impactada para poder controlar mis acciones.
Término de llegar a ella y no lo pienso tanto. Le doy un puño directo a la nariz que de inmediato empieza a sangrar.
Verla duele.
No la dejo recomponerse cuando le doy otro puño en el pómulo que le agrieta la piel debido a mis anillos y el impulso del golpe.
—¡Oleg! Deten a esta loca. —chilla sabiendo lo que le espera.
Una sensación placentera que nunca había experimentado me invade al ver la sangre brotando de su nariz. Sangre que yo he provocado.
Me encanta.
Oleg que se había quedado en shock por mi impulso y se suelta de Javi de inmediato haciendo caer de rodillas a mi amigo en una técnica impresionante y desconocida para mí.
Se va directo a Mariana ayudando y supervisando el rostro de su prometida. Volteo y veo a Javi alejándose para ir en busca de Santi, ya que Matí está a unos pasos.
—Me encargaré personalmente que ningún cirujano te arregle la nariz por ser una... —Se calla al ver el rostro de Oleg—. Por ser una mujer sin sentimientos que separó y dañó la amistad de tres amigos.
No solo eso Matías.
—¿De qué están hablando? —pregunta un irritado Oleg intentando detener el sangrado nasal.
—Que te lo diga tu prometida. —espeto molesta—. Vámonos Matías, no nos juntemos con gentuza.
Me doy la vuelta dispuesta a irme hasta que...
—Señora, queda usted detenida por agresión agravada en vías públicas. —mi rostro se desencaja al ver a los policías que vienen en mi dirección.
—¿¡Qué!? —me exalto.
Me da la vuelta poniéndome las esposas en mis muñecas.
—Tiene derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra . Tiene derecho de tener a un abogado durante su interrogatorio. Si no puede pagarlo, se le asignará uno de oficio.
—¡Por perra! —grita Mariana.
—¡Quiero un abogado! —exijo antes de que me metan a la patrulla.
No alcanzo a escuchar lo que me dice Matías.
Observo como meten a Mariana en una ambulancia, pero Oleg no se va con ella, se me queda viendo y no logro descifrar su mirada.
La patrulla avanza y lo pierdo de vista entre la aglomeración de personas.
Solo a mí me pasan estas cosas.



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