Capítulo 46
The one that got away - Katy Perry. One hour.
2/2 ♥
Quiero muchos comentarios, no sean tacaños porque no se le van a caer los dedos.

Suspiro y continuó haciendo cuentas.
El laboratorio me está quitando años de vida, pero por el momento ya tengo algo que va a servirme.
Me acabo de tomar el medicamento para el dolor muscular, sin duda mi cuerpo se está adaptando de una mejor manera a estar expuesta a tanta mierda.
No quiero que Marta interfiera en vida, así que decido no pensar en como la voy a destruir.
Sigo revisando hasta que me cae la llamada de Axel.
—¿Quieres explicarme por qué demonios tienes a un anillo de seguridad mejor que el del presidente? —es lo primero que dice.
—Eh, ¿Cómo estás para empezar? Por lo visto demasiado pendiente de mi vida. —arrugo las cejas mientras me sirvo un vaso de Vodka, beberé la reserva que tengo para Oleg.
Al menos en esto lo tendré presente.
—Estoy en la primera planta del...
Empiezo a toser interrumpiéndolo cuando el alcohol me quema.
No sé cómo le puede gustar esta mierda. ¡Es feo!
—¿Qué se supone que haces allí? —me irrito.
—Tengo dos días de intentar comunicarme contigo y no respondes.
—Ajá ¿Y?
—Tenemos cosas de las que hablar, el señor Martinez ya se comunicó conmigo, ya está todo listo y el traspaso a tu nombre es legal.
—Quien demonios es ese señor y porque se hizo ese traspaso. —sigo bebiendo.
—Es a quien le compraste la propiedad hace unos días. —me atraganto—. Ya llevé la copia al ministerio público, solo hace falta que digas lo que quieres hacer con él.
Mi mente trabaja rápido.
Yo no he comprado nada.
—Le diré a los agentes que te hagan pasar. —informé antes de cortar—. Yo no tengo un anillo de seguridad. —susurro mientras me pongo mis sandalias.
La pijama que cargo es un conjunto de pantalón flojo y una blusa de tirantes.
Me ha visto incluso desnuda, pero eso era antes, por lo que decido ponerme una bata para que no se noten mis pechos.
—¡Marcos! —le hablo al agente que se ha quedado conmigo.
—Doctora.
—Abajo se encuentra el Licencia Merino, déjalo pasar y... —mi boca se abre al ver al agente sin camisa y en un pantalón de pijama que deja ver la V marcada en su...
Carraspeo y me doy la vuelta para volver a tomar mi vaso y seguir bebiendo.
Pasan unos minutos hasta que el timbre suena, el agente abre y cuando me doy la vuelta puedo ver el desconcierto de Axel al ver al agente.
—Retírate. —señalo la habitación continua.
—Si necesita algo estaré cerca. —asiento mientras Axel acorta los pasos.
Doy otro gran trago sintiendo como se revuelve mi estómago.
—Ahora si dime, como es posible que... —mis ojos se abren de manera exagerada cuando me toma el rostro y estampa sus labios contra los míos.
Los mueve con desesperación acunando mi rostro para profundizarlo, no abro los labios y cuando muerde mi labio para que le dé acceso, el shock desaparece y trato de alejarme.
Las cosas han cambiado, Axel.
Sin soltar el vaso lo empujo fuerte para alejarlo.
—Como te he extrañado. —confiesa mientras besa mi cuello—. Te deseo Aless, vuelve a ser mía.
Mi respiración se agita al sentirme confundida, la sensación de sus manos en mi cintura me gusta, sus labios se sienten bien, pero...
—¿Estás ebrio? —murmuré—. La última vez que nos vimos dijiste estar arrepentido de lo que tuvimos, pero con esto te contradices.
Se ríe mientras se separa de mí.
—No, pero por lo visto tú sí. —señala mi vaso—. Sigo pensando que es un error.
—Entonces no lo hagas. —me encojo de hombros—. ¿Quién crees que soy? Soy una dama que merece respeto, no seas ordinario. —finjo indignación volviendo a llevar el vaso a mis labios.
—No puedo evitarlo, el día de la cena me controlé, pero ya no más.
Le doy una mala cara y termino el contenido. Me sirvo más y le doy uno a él.
—Eres raro he de admitirlo. —lo invito a sentarse frente a mí—. Tus sentimientos o ganas de follarme es lo último que me importa, así que mejor explícame como es eso del traspaso.
—Está mal, no lo volveré hacer. —dice para sí mismo.
Supongo que si está ebrio.
Me empieza a explicar, pero es poco lo que entiendo. Tiene que repetirme algunas cosas hasta tres veces para entenderlo. Pide ir al baño y cuando le digo en donde es, me quedo bebiendo rememorando momentos.
A los minutos vuelve, pero hay algo que no está bien. Abre la boca, pero me adelanto.
—No me siento bien. —lo interrumpo y él arruga las cejas.
—Te ves fatal.
—Gracias.
—Que le paso a tu rostro, los hematomas se ven raros. —me enderezo—. No es que te diga que...
—Si no te gusta mi apariencia puedes guardarte los comentarios. —parpadeo cuando la silueta de Axel se torna borrosa—. Y no estamos hablando de eso, así que para que quede claro, yo no he firmado nada, por lo tanto, la propiedad no es mía. —señalo con fastidio.
—Alessia, yo mismo vi los documentos. Tu firma está en ellos, pero si quieres lo podemos llevar a una prueba.
—Si y...
Dejo de hablar al recordar que Oleg me hizo firmar un documento sin siquiera leerlo.
Estúpida, eres una estúpida Alessia.
>>No te preocupes, ya lo recordé.
Fueron los malditos papeles que me hizo firmar en mi cumpleaños.
Desgraciado.
—¿Estás segura? —asiento molesta—. ¿Quieres que llame a alguien? No te veo bien y no confío en las personas que te cuidan. —ruedo los ojos.
—Nos vemos mañana. —lo corro al hartarme.
Se levanta y me quedo atónica al ver a Oleg en el pasillo.
—¿Qué sucede...?
—Te juro que él ya se iba. —señalo a Axel, pero Oleg frunce las cejas y ve con desconfianza al lugar que señalo.
Ya se enojó otra vez.
No se le pasa una cólera, cuando ya tiene otra.
No puedo permitirlo.
—Alessia, creo que deberías...
—¡Cállate Axel! —grito y me dirijo otra vez a la Bestia—. Él me beso, pero yo no le respondí, además, ni me gusto.
Me levanto y me mareo cuando camino.
>>Como te puedes tomar esto. —termino el quinto vaso, pero me lo quita antes de que se me caiga.
Mueve los labios, pero lo ignoro y empiezo a reclamarle.
—Te llevaré a tu cama. —no reconozco la voz, pero asiento y lo empiezo a maldecir cuando recuerdo lo que ha hecho.
—Yo puedo hacer las cosas sola, ¿Sabes? No es necesario que intervengas tantas veces. —Mi lengua se siente rara y estoy segura de que no hablo con claridad—. Sé que no te importa, pero a mí sí.
Me tira en la cama y quita mis sandalias junto a mi bata. Lo escucho suspirar.
>>No me siento bien. —repito.
—Descansa. —se despide.
No quiero que ande de amargado, a sí que antes que se retire lo tomo del saco y lo acerco a mi boca.
Lo beso y puedo sentir la tensión en su cuerpo que solo dura unos segundos porque después toma mi cintura y lo profundiza.
Bien, se calmó.
—Mañana me voy a arrepentir porque no quiero seguir haciendo esto contigo.—confieso con molestia, pero en lugar de apartarse se sube a horcadas—. Ya no estás molesto, así que vete.
Las cosas siguen turbias y no quiero que nos confundamos por un rato de placer.
No me hace caso, sigue besando mi cuello y aunque me gusta, no lo quiero de esta forma.
Young Min se fue, pero yo no soy ningún remplazo.
No hay retorcida relación, por lo que tampoco hay sexo, y no cambiaran ni aunque me esté muriendo de celos al verlo con otras.
—Eres hermosa, así como lo recuerdo y está mal. —susurra sobre mis labios.
Empieza a tocar mis senos suavemente y ... de pronto su cuerpo desaparece de mi alcance.
—¡Retírese! —gritan—. Es un desgraciado, como se atreve a aprovecharse de la doctora.
Me cubro con la almohada cuando los gritos aumentan.
Odio el alcohol.
***
Me duele la cabeza, sigo sin quejarme, en su lugar tomo una pastilla.
—Bájense. —ordeno—. Nada de esto se lo dirán a su Superior. —advierto a los agentes que irradian malas vibras.
Tyler está molesto, esta mañana me mostró las cámaras y me maldije por las cosas que hice. Nada se hace ebrio.
Tengo suerte de que prefirió hablar primero conmigo que con Oleg, no sé cómo se tomaría que lo haya confundido y alucinado.
—La culpa no fue solamente suya. —no respondo a sus palabras, simplemente le vuelvo a exigir que me deje sola—. Como ordene doctora. —murmura no conforme.
Axel no tuvo que seguir mi juego cuando estábamos en mi cama, pero yo tampoco debería de querer lo mismo con Oleg ni tratar de manipularlo con sexo.
Me desea, lo deseo, pero en estos momentos las cosas no están bien entre nosotros.
Ambos estamos solteros y no hay impedimentos para iniciar nuestra retorcida relación, sin embargo, antes hay situaciones que quiero resolver.
Cuando eso suceda veré si aún hay posibilidades de ejercicio sano del que tanto nos gusta.
—Lo siento. —es lo primero que dice Axel al entrar y sentarse a mi lado.
Lo cité en un lugar no tan concurrido, pero no quiero arriesgarme a bajar y que alguien que no deba me vea con él.
—Te corrí y seguiste sobre mí. —comento sin ninguna emoción—. ¿Hubieras continuado si Marcos no hubiera llegado? —es algo que me ha mantenido pensativa desde que me entere.
Se queda en silencio por unos momentos y después suspira.
—Sé que está mal, pero si el escolta no hubiera interrumpido, no hubiera parado. —sus palabras me afectan—. Entenderé si quieres...
Llevo mi dedo a su labio silenciándolo.
Observo su boca, no me apetece probarlos, ayer incluso bajo efectos del alcohol no me gusto, pero quiero probar algo.
—Necesito algo y tú vas a facilitarlo para mí. —susurro.
Sus pupilas se dilatan y traga grueso.
—Lo que quieras, pídeme lo que quieras. —sonrío acercándome un poco más.
—En la base de datos privados del Estado se encuentra la vinculación y los tratados que tienen con OFR. —se tensa—. Y tú, mi querido Axel, vas a conseguirlo para mí.
Parpadea y se retira para repasar mi rostro.
—Alessia...
—No soy estúpida y me ofende que a estas alturas aun lo pienses. —sonrío—. No sé como lo has hecho, pero saber de las personas que me cuidan, no preguntar por ellos e invadir mi habitación para conseguir información no es algo muy normal para un simple civil.
—Puedo explicarlo.
—Eso hubiera sido lindo antes, ahora me da igual, sé que sabes de OFR y Rojo Sangre porque le has dado información de mí a las personas para quien trabajas.
Se remueve incómodo, pero lo sujeto del cuello de su traje para detenerlo.
—No estoy en tu contra y jamás haría algo para perjudicarte.
—Lo sé Axel, confío en ti y porque creo conocerte sé que serías incapaz de venderme.
Nos quedamos en silencio mientras analiza lo que le he dicho. No es tan inteligente porque no se le ocurrió que así como tengo personas que me cuiden, también un muchas cámaras en mi apartamento.
Mientras yo seguía emborrachándome como una despechada, él fue a mi habitación a buscar, no sé que, encontró las amenazas e hizo la llamada informando la situación.
—¿Esto es un chantaje? —inquiere a los minutos.
—Podría ser. —me encojo de hombros—. Eres abogado y trabajar con alguien con un poco de poder debe servir para lo que pido, ¿Oh no puedes?
—No necesitas chantajearme o intentar manipularme para conseguir lo que quieras. —soltó irónico—. Las cosas entre nosotros nunca han sido de esta manera y me molesta que ahora solo trates de utilizarme.
—No se me apetece buscar a otra persona, ¿Lo harás sí o no Axel?
—Haré lo que quieras, pero no te confundas conmigo.
—No eres el único que puede poner el mundo a mis pies.
—No pondré lo que ya es tuyo.
Y solo mío.
—Sal de aquí, tengo cosas que hacer. —lo suelto y trato de alejarme, pero él me lo impide.
Pude haberlo evitado, quitarme o simplemente mandarlo al carajo, pero en su lugar acepto el beso.
Suave y perezoso, no despierta nada, ni siquiera cuando me toma de las caderas para subirme a su regazo para sentir su excitación.
Lleva sus manos a mis muslos sobándolos mientras poco a poco mete sus manos bajo mi falda. Revuelvo su cabello y lo jalo para que no se dé cuenta de mis intenciones.
—Es suficiente. —sigue besando mi cuello.
Me remuevo un poco incómoda y maldigo cuando jadea y con un poco más de fuerza me presiona contra su pene.
—He dicho que es suficiente Axel, saca tus manos de ahí. —digo en un tono más alto.
Bufa, pero después de darme una palmada en el trasero, se marcha y promete hacer lo que le he pedido.
Los agentes entran y ni siquiera hago el intento de dirigirles la palabra. Estoy feliz porque ahora tendré acceso de la ubicación exacta de Axel, supongo que en algún momento me servirá.
Con lo que descubrí y no negó, no puedo permitir que me vea la cara, confío en él, pero no en quienes sean con los que trabaja.
***
Nuevamente, me reuniré con Melany, y está vez será en la casa de Javier, eso me recuerda de que no he hablado con él sobre lo que vi.
—¡Tía Ales! Viniste, penshe que ya no me quelias y pol eso no me...
—Clara que te quiero. —detengo sus palabras—. ¿Está tu mami?
Me señala la cocina y cuando llego la veo comiéndose la boca de mi amigo. Ruego los ojos y carraspeo.
Se separan y ella sonríe.
—No tengo mucho tiempo, ¿Podemos hablar, a solas? —ninguno pasa por alto que estoy ignorando a mi amigo, pero no dicen nada.
—Sígueme. —nos lleva al salón—. ¿Ya tienes lo que se necesita? —parece sorprendida.
—Aún no, pero hay una persona que conozco que puede ayudarnos, quizá no en el ámbito científico, pero si en uno casero eficiente.
—Nada casero es seguro y me sorprende que lo propongas siendo una doctora.
—Es casero, pero ella los ha hecho y prueba con personas, si lo asociamos con bases científicas podemos hacer grandes cosas. Quiero descubrir que contienen las plantas que utiliza y hacerlos más eficientes.
—¿Qué tienes en mente Aless? —sonrío.
—Si voy a tener un laboratorio, no será únicamente para EBÓSIL, estamos en una etapa que gana quien tiene más poder y mejores armas, pues quiero mis propias armas letales. —parpadea confusa.
Le explico un poco y al final asiente.
—Es tu iniciativa, tu laboratorio, así que no puedo oponerme, sino apoyarte. Llama a tu contacto y si es posible nos reunimos por la tarde.
Evito decirle que en ningún momento fue una propuesta, sino una información. La decisión desde hace unos días estaba tomada.
—Se reunirá contigo lo antes posible, no puedo darme el placer de perder tiempo, pero no hoy. —aclaro—. Primero la tengo que sacar de prisión. —sonrío dejándola muda.
***
Observo a América hablar con Oleg.
Me da igual de que ya esté devuelta. Por medio de Carlos me enteré de que ya tomo el mando de OFR.
—Superior, el nuevo cargamento de armas ya está en camino. —me escabullo con sigilo para escuchar.
—Bien, que lo resguarden en los contenedores del sur. —responde tajante—. No quiero errores, ese cargamento vale demasiado, viene desde Rusia exclusivamente para el ataque.
—Yo misma he planeado la ruta, no abra errores. —una idea cruza por mi mente—. Necesito consultarlo con los Superiores inmediatos, necesito que estén de acuerdo con...
—No hablarás con nadie, se supone que eres momentáneamente la máxima autoridad, ¿Por qué vas a preguntar si están de acuerdo?
—No hacemos nada sin que la mayor parte de los Superiores inmediatos estén conformes, son las reglas.
—Ten criterio propio, si confías en tu estrategia solo es informarlo, no pidas permiso y si lo harás al único que se lo pedirás es a mí.
Un hijo de puta, qué rico.
—Que el Gobernador no este en este momento no significa que pueda sobrepasar mi autoridad.
—Solo por nombre, ambos sabemos que el poder lo tengo yo. —se jacta—. Sin embargo, por el momento quiero mantener apariencias.
Hablan de otras cosas.
—Regresaré a Rusia, hay problemas con los subordinados.
—Si, cuando Vyshe y yo hayamos terminado la última misión que nos ata a México, también regresaremos a nuestra base.
Me tenso y retrocedo.
Oleg se voltea y me ve. No hay nada más que indiferencia y no me agrada.
Camino a ellos como si nada.
—Me alegro de que ya esté bien, Vice-Gobernadora. —finjo interesarme.
—Ajá. —bufa al descubrirme—. Me retiro, estaré pendiente de la carga Superior. —se retira.
No me ando con rodeos y cuando estoy dispuesta a hablar me doy cuenta de que la Bestia ya se fue.
¿Qué le pasa?
Corro hasta meterme en su camino.
—Necesito hablar contigo.
—No tengo tiempo. —pasa de largo.
Me quedo petrificada ante su respuesta, a mí al rededor hay agentes pendientes de mí y sin querer quedar como una estúpida me vuelvo a meter en su camino.
—Superior, es una emergencia. —se me queda viendo y tarde me doy cuenta de que me está dando permiso. Me enderezo ante lo frío de su mirada conmigo—. Hay una persona que se encuentra en la cárcel de máxima seguridad de México y necesito que la saque.
—No.
—Pero... ¿Por qué? —me quejo molesta.
—Porque no quiero.
—¿Qué bicho te pico Oleg?
Sigue de largo dejándome con la boca abierta.
Infeliz.
Vamos Alessia, piensa.
Recuerdo a sus subordinados y rápidamente me dirijo a las cabañas frente a la cancha.
—Buenas tardes. —saludo, ignorando el hecho de que Rustam está guardando su móvil mientras una sonrisa adorna su rostro.
Unos solo asiente y otros si me responden.
—Necesito su ayuda, ¿Quién quiere el privilegio? —sonríen y no puedo evitar que se ericen mis bellos cuando la mayoría son siniestras.
***
—Esto es raro. —comenta Rustam desde el asiento trasero.
—Nadie te obligo a venir.
—No iba a permitir que saques a los presos más peligrosos como si nada.
—Sí, sí. —veo otra vez por los binoculares.
Estamos esperando su salida.
—Está firmando unos documentos, no tarda en salir. —informa Caleb en el copiloto.
Está frente a su laptop moviendo los dedos para abrir las puertas por las que ella está saliendo.
—No fue fácil hacerla pasar como una abogada que necesitaba información de un cliente. —se queja Sasha.
—Pero nada es imposible para nosotros. —dice Iryna mientras se lima las uñas.
Ella es la que ha hecho el trabajo sucio, bueno todos, pero ella es la que ha asesinado a demasiado personal para poder sacarla sin hacer tanto escándalo.
—Ya viene. —vuelvo mi vista a la salida.
En efecto la veo y Tyler le abre la puerta de la camioneta. Se sube sin preguntar, consiente de que alguien la quiere fuera, pero no es momento para hacer preguntas y lo sabe.
Cuando ya todos están abordo, Tyler se pone en marcha y yo lo sigo.
Mis escoltas van con ella y la única razón por la que me dejaron conducir la otra camioneta es porque 4 Vyshe están conmigo.
—Pero nada de esto fuera posible sin la ayuda de Oleg... —freno haciéndolos quejar.
—¿Qué?
—La tarea nos la dio Oleg, segundos antes de que tú acudieras a nosotros. —responde Caleb—. ¿No te lo dijo?
Finjo una sonrisa pero no respondo.
¿A qué estás jugando Bogdánov?
***
—Ya está conmigo, se quedará en la casa a las afueras de la ciudad que compraste. —me informa Melany.
Ya le dije exactamente para qué quiero a Mónica y será Melany quien se lo diga para que empiecen a trabajar.
—Muy bien, recuerda que ni una palabra por el momento de mí.
—Lo sé, tengo todo bajo control, no te preocupes. —corto.
Veo mi móvil con otro mensaje de Carla. Desde hace unos días ha estado insistiendo con lo mismo y ya me estoy cansando.
—Ya salió la noticia de los asesinatos y la presa que se suicidó. —notifican los agentes.
Bien pensado.
—Ella es una mujer que puede acabar con todo lo que quiera, así que necesito que la vigilen, pero tienen prohibido dañarla.
—Como ordene Doctora. —se retiran dejándome sola en mi consultorio.
Saco de la gaveta el móvil que tengo desde hace mucho en mi poder. Cuando me golpearon en el parque fue parte de lo que me dieron y es hora de hacer uso de él.
Por lo que se es indetectable, así que eso es perfecto.
Llamo al único número que está guardado, pasan unos segundos hasta que responden. De la misma manera como cuando estuve detenida, la respiración es lo único que escucho.
—Tengo algo que te interesa. —la fuerte carcajada es lo que me recibe, pongo atención y me percato de algo que no me di cuenta antes. La voz es sintética, robotizada a tal manera de parecer natural.
—¿Qué puedes tener tú que quieras entregarme? Te quiero a ti Carvajal y no creo que esta sea una llamada para entregarte.
No, no lo es.
—Hay un exquisito cargamento de armas que puede ser de Rojo Sangre. —pasan los segundos.
—Te escucho.
—En 104 horas OFR recibirá un cargamento, será transportado en cuatro camiones de carga pesada. —le doy los detalles de que contiene—. Viene de Rusia, sacado de los exclusivos laboratorios Bogdánov, lo que significa que nadie tiene algo como eso.
Nada que sea bueno para OFR es bueno para mí, e independientemente que Carsten se encuentre en coma, cumpliré mi palabra de destruirlo.
—Supongo que estará demasiado custodiado.
—Como debe ser, no hay nada de lo que sorprenderse, pero la organización no está pensando en que van a robarlos, y esa es su ventaja.
—¿Qué quieres a cambio?
Y aquí viene otro motivo por el que hago esto.
—Quiero que me des a Rubén Urbina. —la línea se queda en silencio—. Sé que es parte de tu organización y que en estos momentos lo tienes contigo. —muerdo mi labio—. Lo quiero a él, vivo. —remarco.
Suspira y ya me imagino como disfrutaré acabando con el violadorcito.
—Hecho. Pero que te quede claro, que esto no tiene nada que ver con lo que en realidad quiero.
—Sigue soñando. —cuelgo.
Muy bien, la primera parte ya está hecha. Falta lo peor.
***
—Carla, si entiendes que no quiero hablar con esa mujer. —me estreso—. Por mí que haga lo que quiera, pero no permitiré que entre en mi vida.
Melany finge no escucharme mientras lee algunas cosas.
—Por favor, no seas una burra, ya te dije que está arrepentida. —muerdo mi lengua para contener el veneno.
Mi hermana puede decir lo que quiera, pero el cuento de madre arrepentida no me lo trago.
Durante estos días he estado ignorando lo que descubrí para no desviarme de mis planes, pero con Carla no puedo evitar recordar.
Marta es una desgraciada que arruino no solo mi vida sino también la de mi hermana y que la defienda me molesta.
—No iré a verla ni hoy, ni mañana, ni nunca deja de insistir.
Vuelve a lo mismo y si no fuera ella ya la hubiera mandado a hacer algo productivo.
No sé que con que ha envenenado su cabeza, pero conmigo no lo lograra.
Le repito al menos unas cinco veces más de distintas maneras que se olvide de que la escucharé. No se queda satisfecha, pero le digo que estoy por entrar al cuarto del placer y por fin dejamos el tema.
Me dirijo a Melany y empezamos a hablar del motivo por el que nos hemos reunido.
—¿De dónde la sacaste?
—Eso es lo de menos. —respondo—. Necesito con urgencia que hagas un duplicado de mi sangre.
—¿Qué?
—Quiero al menos 2 litros.
—¡No soy Dios!
—Pero ya lo has hecho. —se endereza—. Hace años fingiste tu muerte, por eso Pedro dejo de buscarte. Un cuerpo estaba bañado en tu sangre, pero no supiste esconderte porque te encontró.
—Como lo sabes...
—Ser esposa de Javier y que gracias a eso tengo los documentos que dejaste antes de irte con Pedro te da cierto grado de mi aceptación, pero no iba a permitir que trabajaras para mí, sin saber nada de ti.
—Me investigaste. —susurra y puedo notar su nerviosismo.
—No diré nada, puedes estar tranquila.
Al menos Charly, el joven que conocí en Colombia, se encuentra a salvo.
—Necesito una muestra de tu sangre, además, cierta maquinaria para trabajar.—cambia de tema.
—Ya me encargué de eso, he alquilado un laboratorio, solamente para un mes, así que hay que aprovecharlo porque...
—Como demonios lo conseguiste.
—Soy dueña de la mitad de la mejor farmacéutica de México, de algo tiene que servir. —me encojo de hombros.
—Eres dueña de...
—¡Melany!
—Entendido me callo, ¿Algo más?
—¿Qué ha hecho Mónica? ¿Hizo lo que pedí con urgencia?
—No sé cómo conoces a alguien como ella, pero da miedo. Ya tenía algo así, solo modifico para que no sea mortal, solo le conseguí lo que pidió. —me gusta la eficiencia—. Ya lo tenemos y se inyectará en las balas.
Evito estremecerme, no quiero que eso haga la mínima de daño y espero que Mónica haya sido consiente cuando decidió que fuera en balas.
—Muy bien. —le entrego una dirección—. Al salir de aquí recoge lo que hay allí y lee las instrucciones. No quiero que nada salga mal. En la noche te llamaré para hablar con ella.
—Ok.
Me saca una pequeña muestra de sangre y se la lleva mientras yo me quedo en el hospital, aquí es el único lugar en el que soy yo misma.
El cuarto del placer es el único sitio en el que soy feliz y por ningún motivo me alejaré.
Aunque mi estadía en el mejor hospital de México está por caducar.
***
—Hola. —responde—. No sé quién eres, pero gracias por sacarme.
Paseo mis dedos sobre la foto de quien se está robando mis pensamientos.
—Un gusto volver a hablar contigo. Sigo sin necesitar un té para desaparecer a las personas.
La línea se queda en silencio.
—La chica con problemas de autocontrol. ¿Qué sucedió con la prometida? Al final tu amante la dejo y siguió su corazón o se quedó con las ganas de ti. —sonrío ante el recuerdo.
—Es una larga historia, la mujer a la que golpeé ya no es un problema y con respecto a él... las cosas están por ponerse feas.
Seguimos hablando y le exijo que me explique lo que hará. Me asegura de que no habrá problemas y solo me queda esperar de que nada le pase a Oleg.
Oleg... paso mi pulgar por el contorno de su pecho. La abstinencia me ha hecho volver a ver las fotos que nos mandamos al inicio.
Mis planes eran masturbarme, pero encontré las que me mando cuando se estaba ejercitando y en su lugar me quedo a adorarlo.
Paciencia Alessia.
***
—¡Carla! —me altero.
—Inténtalo, por favor. —suspiro—. Solo escúchala y después si quieres finges que está muerta.
—Para mí lo está.
—No seas dura con ella.
Odio que Marta esté manipulando a mi hermana, porque es obvio que desde que sabe que descubrí las asquerosidades que nos hizo de niñas se ha acercado a ella.
Pensó que yo le envenenaría la cabeza y se adelantó con quien sabe qué mentiras.
—Muy bien. —acepto.
Si Marta quiere humillarse no le quitaré las ganas.
Si quiero poder avanzar con lo importante, ella tiene que entender que desde hace mucho está muerta y que los muertos no reviven.
Cuando yo los entierro no hay poder humano que los devuelva a la vida... a mi vida para ser exactos.
—Carlos, preparen las camionetas. —demando.

Paso el dispositivo por mis manos sin poder sacar de mi mente la imagen de la loca a horcadas del abogado.
Mi mandíbula duele de lo tenso que se encuentra.
Bebo Vodka para bajar el nudo de rabia que tengo atorado.
Los juegos y estupideces de Alessia me están cansando. Ya me dijo que no quiere estar conmigo, así que no tengo nada que me ate a México.
La deseo como no he deseado a nadie, pero no voy a atarla a mí... voy a torturarla a mi manera hasta hacerla explotar en éxtasis de placer.
—Superior, la doctora en horas de la mañana recibió una llamada de...
—Dejen de escuchar sus conversaciones. —me enojo—. Les pagó para que la cuiden, no para que sean chismosos.
—No fue mi intención escuchar. El punto es que su hermana le dijo que la madre está sufriendo.
Esa señora ya me hartó, de esta semana no pasa.
>> hoy fue su última quimioterapia y desea hablar con sus hijas. —espero que no sea una tonta—. En estos momentos la estamos esperando porque iremos a su casa. —mis dientes chocan.
Con el rostro ardiendo salgo ladrando al que se me atraviesa.
***
Aparco en la acera ignorando a mis agentes que también acaban de llegar, la loca me lanza una mirada de advertencia al verme seguirla y escabullirme por la puerta trasera.
Que se joda, si no quiere verme que cierre los ojos y listo.
—Ya llegó la última. —sonríe la señora al ver a Alessia—. Siéntate, cariño.
Me quedo oculto con la posibilidad de intervenir si es necesario.
—¿¡Qué le hiciste!? —grita al ver a su hermana llorando como una magdalena.
Qué fastidio.
—Tranquila cariño, solo se puso nostálgica.
Sus palabras de madre arrepentida no me convencen y espero que a la loca menos.
—Marta, no...
—Soy tu madre cariño. —reprendió—. Dame un abrazo lo deseo como no te lo imaginas. Creí que iba a morir y... no puedo resignarme a perderlas.
Sigue hablando, pero el semblante de Alessia no cambia, su madre llora arrepentida por todo lo que ha hecho y cada cosa que menciona me enfurece más.
>> Cariño, dame una oportunidad de...
—No puedo perdonarte y jamás voy a darte una oportunidad.
—Hija. —se sorprende sin terminar de entenderla.
Hace tiempo Alessia confesó que su único talón de Aquiles era su familia, pero le dejó claro a la mujer que se hace llamar su madre que ella ya no lo sería.
Renunció a verla como una y lo que sucedió hace unos días no será una recaída en su fortaleza.
No me decepciones, loca insensata.
Con el conjunto médico que luce, se muestra tan imponente que me prende.
Maldita bruja, algo me ha hecho, no tengo dudas.
—Ya no te quiero, creí que te había quedado claro la última vez que nos vimos. —alza el mentón—. Tus falsas lágrimas no van a convencerme.
>> Una mentirosa sabe reconocer a otra, y tu función de madre arrepentida no me la trago.
—Eres una mal agradecida, jamás debí tenerte. —me tenso—. Sabía que solo serías un estorbo...
Se calla ante la mirada incrédula de Carla.
>> Lo que quiero decir es que, soy tu madre Cariño, cometo errores, pero...
Alessia alza la mano callándola.
—Si es esto lo que tenías que decirme me voy. —se levanta—. Vámonos Carla, deja de mendigar el amor de alguien que no puede amar.
El rencor con el que lo dice, me llena el pecho.
—Ella dijo que me quiere, Aless por favor...
—¡Te esta manipulando! No le creas Carla, ella es una experta en engatusarte deja de...
—¡No soy una niña! —grita.
—Entonces no te comportes como una.
Su hermana retrocede y la ve con resentimiento.
—Déjala mi amor. —Marta abraza a su primogénita—. Ella no me quiere, no podemos forzarla.
—Pero...
—¡Por Dios! —se estresa—. ¿Después de todo lo que ha pasado, aun puedes confiar en ella? Es el peor ser humano, un ser despreciable.
—Todos merecen una secunda oportunidad. —la defiende.
—¡Exacto! Y yo ya le di más de una y cada vez termina herida y lastimada, lo sabes así que no te hagas la ignorante. —confiesa—. Me arrepiento de una de ellas, pero ya no más, no mereces ni un gramos de mi atención.
El destello de éxtasis en su mirada me es suficiente para saber que lo esta disfrutando.
>>No caigas en su juego, no quiero que salgas lastimada, suficiente con todo lo que ha hecho y no voy a permitir que te utilice, eres más que esto Carla y los sabes.
—No puedo creer que...
—No voy a discutir contigo por culpa de ella. Piensa en los malditos días que pasaste cuando saliste de casa, recuerda el calvario y la agonía, no hagas que lo que hiciste se vaya a la basura por ella.—la señala de forma despectiva.
>>Superaste esta etapa no recaigas y recuerda la mujer empoderada en la que te convertiste.—silencio—. Nos vemos luego. —se da la vuelta en busca de la salida.
Hago lo mismo y cuando llego al patio de al frente me detengo al no ver a ningún escolta, llevo mi mano al arma y...
—Dices que no eres una asesina, pero bien que mataste a tu hijo, vi las noticias, todo el mundo las vio y sabe el tipo de persona que eres. —Marta a seguido a la loca y se pone a decirle mierda cuando su otra hija no escucha—. Todo lo que tocas lo destruyes, ¿También alejaste al ruso?
—No es tu problema.
—¿Ya descubrió lo ruin que eres? —continua—. Es eso verdad Cariño, nadie te soporta porque eres una bastarda.
—Detente...
—Estas manchada, cada parte de ti esta sucia porque eres una bastarda. —la toma de brazo evitando que se marche—. Todo lo que salga de ti estará manchado con solo venir de ti.
—Cállate. —susurra con odio.
—Estás sola, pero cuando quieras a alguien lo condenaras así como yo te he condenado. —mi pecho se comprime al entender—. Aunque lo intentes, nunca podrás librarte de mí.
>> Recuérdalo bien, porque en cada desgracia siempre estaré yo. —rabia es lo único que observo en Alessia. —. Así como siempre lo he estado.
—No. —se jala para zafarse, pero que la señora la sujete con más fuerza me toca las pelotas.
—Te creía más inteligente, pero no lo eres. Eres la misma mocosa estúpida. —doy dos pasos al frente y tengo que detenerme ante la mirada que me lanza la loca—. Ni siquiera Tobar pudo cumplir su palabra y lograr que te mataran.
—Mientes...
—Siempre he sido yo cariño. —quito el seguro—. Si no te destruyó lo que te provoque en tu niñez, pensé que Rubén lo haría, pero como los demás él también falló.
Se logra zafar y se aleja viéndola con resentimiento.
>> Eso tampoco funciono y al ver que eras una excelente cirujana me contacte con Tobar para que te mandara a Rusia por la paciente con EBÓSIL, sabía que podrías con ello y así te ganarías que Rojo Sangre quisiera tu cabeza.
—Te detesto. —gruñe y yo no puedo estar más de acuerdo con ella.
—Dame las gracias cariño, yo fui la que impidió que H.B. se diera cuenta de quien eres. Necesitaba que tu solita te metieras en su boca, así que nuevamente hablé con tu jefe y te mandó a Colombia, al epicentro de EBÓSIL. Tenías que demostrar lo que sabías hacer para que mi hijo se deshiciera de ti.
—¿Tu hijo? Alexander murió. —suelta con un tono amargo
—No hablo del hijo que me mataste, sino de mi otro hijo. —desgraciada—. En ese tiempo yo me puse mal y no lo pude poner en sobre aviso, y cuando me di cuenta ya estabas devuelta en México, así que una vez más te libraste, quise atentar una vez más, pero me enteré de que ya te habías aliado con OFR así que las cosas se complicaron.
—¿Cómo es que sabes todo esto? —inquiere entre incrédula y furiosa.
—Yo siempre estoy un paso delante de ti, cariño. —sonríe con suficiencia haciendo que la loca se envenene—. Tus otras desgracias si fueron por tu cuenta, pero ten por seguro que mi hijo va a encontrarte y va a matar.
—Eres increíble. —niega mirándola con rencor.
—Cuidado cariño, porque ya le di toda la información sobre ti y en estos momentos mi hijo ya está planeando como capturarte
Alzo mi arma apuntando a su cabeza, pero antes de que la bala la atraviese, la palma de Alessia ha impactado en su rostro.
—¡Me vendiste, volviste a hacerlo Marta!
La mujer finge caerse y llora. Observo la prensa bajarse de una furgoneta y no pienso tanto.
Me pongo la capucha de la sudadera para que no me reconozcan y tomo a la loca.
—Qué demonios...
—La señora alerto a la prensa, no te resistas. —calla y su cuerpo se pone rígido cuando las cámaras nos siguen.
—¿Doctora, porque ha agredido físicamente a un civil?
—¡Hija, por favor no te vayas! ¡No me dejes! —grita la mujer aumentando el morbo de la prensa.
Llegamos rápido a mi auto y la introduzco en su lugar. Empujo al camarógrafo de mi camino, pongo el auto en marcha mientras las cámaras están en las ventanas lanzando más preguntas.
Su rostro es inexpresivo y no me hace falta preguntar para saber lo que está maquinando.
Por el resto del camino ninguno inmuta palabra. No la molesto porque aunque quisiera no la puedo forzar a que se abra.
Cada vez las circunstancias están obligándola a cerrarse y odio que eso me incluya, con la misma intensidad que odio que me importe.
No es mi maldito problema.
Mil veces me ha corrido y siempre estoy cuando no me necesita, pero de todas formas trato de ayudar.
Es suficiente.
Suspiro con cansancio y eso parece traerla de regreso.
—Pedro es el hijo de Marta. Por lo que dijo ya debe tener un ojo sobre mí y no es conveniente que te vea cerca, ellos aún no saben que eres parte de OFR. —muerde su labio—. Oleg es mejor que ya no...
—Otra vez te vas a alejar para que no me dañen. —me burlo—. A estás alturas la única que no se decide, eres tú.
Se tensa entendiendo perfectamente a lo que me refiero, pero como siempre lo evade.
—¿Sigues enojado por lo que le hice a Rojo Sangre?
—Si, y no solo por eso.
—Pues yo también estoy enojada contigo.
—Que bien.
—¡Pero no quiero que tú estés enojado! —bufa ante mi indiferencia.
—No te veo enmendando errores. —abre la boca—. Y no lo harás porque tú nunca los cometes, ¿No es así Alessia Carvajal?
—Me está cansando tu actitud de mierda.
Y a mí me estás cansando tú.
Guardo silencio y ella hace lo mismo por el resto del camino.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top