Capítulo 45

Sia - Elastic Heart feat. Shia LaBeouf & Maddie Ziegler. One hour


No se logro, pero soy generosa ♥

1/2

Me sigo sintiendo desorientada, pero eso no impide que me marche de enfermería. Cierro la puerta de mi alcoba y me quito la bata que le robe a un agente que amenacé con el primer bisturí que encontré.

No me querían dejar salir por órdenes de su Superior y mi crítico estado. Me descompuse en segundos porque a mí nadie me va a prohibir nada.

No soy una prisionera.

Sin embargo, lo que me dijo un agente con intención de amedrentarme, lo que hizo fue llenarme de satisfacción porque al final desenmascarar al Gobernador si tuvo frutos.

Ninguna acción que he realizado no ha sido planeada con antelación para mi propio beneficio, y si lo solté en ese momento es porque quería que se arrepintiera de todo lo que ha hecho en mi contra.

Carsten Bogdánov se encuentra en coma, provocado por la golpiza, no me dijeron quien fue, pero no es difícil sumar dos más dos conociendo el temperamento de mi bestia.

—Yo me encargo. —dijo Damián interrumpiendo mis pensamientos y ganas de asesinar a los agentes— Puede que te sientas mareada, pero pasara no te preocupes.

—¿Qué me hicieron? —Cuestioné molesta y su mirada fue suficiente para deducirlo.

Odio que me hayan sometido y aún más que me hayan sedado

—Oleg se encargó de que el sedante no fuera algo que te provoque un paro cardiaco o te llevara a un colapso. —fueron las palabras de Damián antes de decirles a los agentes que me dejara ir.

Da igual de qué sedante fuera, el punto es que lo hicieron en contra mi voluntad, yo no necesitaba ayuda, aunque en estos momentos que me estoy desvistiendo y visualizo mi cuerpo lastimado lo pongo en duda.

—Joder. —me quejo.

Los mareos han incrementado, me duele la cabeza, las piernas y los brazos. Tomo una ducha y me encargo de revisar el trabajo que realizaré.

Lo hago en automático porque esto ya se está haciendo una estresante costumbre.

—¿Quién? —inquiero cuando tocan la puerta.

—El amor de tu vida. —ruedo los ojos y le digo que puede pasar.

—¿Qué quieres? ¿Te mando tu tío a supervisar que estoy bien? —me cruzo de brazos molesta.

Me ignora y recorre mi cuerpo sin limitarse.

—Creí que terminarías peor, no cualquiera termina con una manada de depredadores y sale como tú.

—Estoy fea, tus intentos de halagos disfrazados no sirven. —señalo.

—Tenemos conceptos diferentes de la palabra belleza. —me siento en la cama y él hace lo mismo en el sillón de un costado—. Ahora quiero que me expliques por qué demonios lo hiciste.

Suspiro y traigo a mi mente las amenazas y sin quererlo también todo el día de ayer y lo feliz que fui momentáneamente.

—Da igual ni siquiera yo lo sé, la adrenalina del momento fue mi mejor amiga. —me encojo de hombros.

Pero las contradicciones me carcomen al recordar la pirámide de cuerpos.

—¿Cómo te sientes al respecto? —suspiro.

Sé por qué ha venido y sinceramente no tengo cabeza para mentir.

—No lo sé. —confieso—. Cuando lo hice no tuve dudas de lo que estaba haciendo, pero después cuando la euforia pasó sentí terror de mí porque jamás se me cruzó por la mente que fuera capaz de hacerlo.

—¿Te arrepientes?

—No. —aseguré de inmediato—. No es nada en comparación a lo que me han hecho y aunque quisiera no puedo arrepentirme.

—Muy bien, pero por cualquier cosa te recomiendo que busques ayuda. —arrugo las cejas—. No es algo común en tu vida hacerlo y no quiero que mi mejor estudiante sufra el síndrome del soldado.

Ya lo hago, incluso desde antes.

—Las pesadillas son un recordatorio de lo que me han hecho, en cómo ha afectado y de que aún no los echo pagar.

—No sé cómo tomarte tus pensamientos, te admiro y de la misma manera me das miedo porque eres parecida a ella.

Otra vez con sus malditos misterios.

—Quiero saber quien es ella. —sonríe

—Es otro motivo por el que estoy aquí, me iré por dos semanas, no habrá entrenamientos obligatorios, aunque no significa que dejarás que tu cuerpo se enfríe, ahora más que nunca tienes que estar alerta.

—Bien, ¿Y eso que tiene que ver con ella?

—No tendría que decírtelo, pero cierta persona quiere algo para ti y ella lo hará, de hecho lo que tienes ahí. —señala el obsequio que me dio la bestia antes de ir a Colombia—. Lo hizo ella.

Mi cabeza da vueltas.

—¿Quién es ella...?

—Ágata. —me interrumpe—. Ágata Bogdánov.

Dice un par de palabras más, pero yo no dejo de pensar en esa mujer y porque se toma las molestias de cumplir los caprichos de Oleg.

¿Quién es Ágata Bogdánov en la vida de Oleg?

***

Ya vestida me dirijo a cumplir algunas cosas que me ordenó Yuri, me dijo que descansara, pero como es evidente me negué así que es eso lo que me tiene haciendo algunos papeleos.

En mi brazo derecho tengo una venda porque una bala me paso rozando, en mi pierna derecha tengo 2 y agradezco que ninguna haya entrado en mi piel, aunque creo que de esas si quedara marca y lo odio.

Odio que mi cuerpo se empiece a llenar de ese tipo de marcas, no me gusta.

Pero como nadie me mandó y fui por mi propia voluntad, no me quejo.

Mi labio que estaba ya lastimado ahora lo está aún más y en el inicio de mi cabello tengo una herida de dos centímetros que necesito puntada, por eso, cargo un esparadrapo.

En fin, me veo como si me arrolló un auto.

—Busco al equipo Vyshe, ¿Sabes donde se encuentra? —le pregunto a Martina quien viene saliendo del edificio principal.

A estas alturas no considero que trabaje en la administración, pero no comento nada.

—Atrás del edificio de los dormitorios hay unas casetas frente a la cancha, ahí puedes encontrarlo. —informa.

—Gracias. —me mira atónita, pero después sonríe y sigues caminando.

Yo sigo el mío, sintiendo las pulsaciones de mi pierna. En dos horas tengo que estar en el hospital y tengo miedo que los puntos se abran al estar tanto tiempo parada, dentro del cuarto del placer.

A lo lejos visualizo la gran cancha y en medio se encuentra una pareja, no les pongo atención y en lugar de atravesar, rodeo la cancha yendo por el pasillo.

Escucho voces conocidas, alzo el rostro y mi sangre hierve al ver a la bestia con Young Min, ellos son la pareja. El rostro de Oleg se encuentra rojo y sus expresiones me confirman que están discutiendo.

Quisiera alegrarme, pero con solo verlos juntos se revuelve el estómago.

Sigo caminando porque que estén discutiendo no va a evitar que cumpla mis obligaciones.

—¡Ya te lo dije maldita sea! No tiene caso que sigas insistiendo.

—Pero Oleg, dame un motivo más sólido, necesito saber por qué demonios terminaste conmigo. —me detengo.

Mi ritmo cardiaco aumenta ante sus palabras, escucho un carraspeo y al girarme observo que es todo el escuadrón de Vyshe.

Me hacen una señal y de manera sigilosa me acerco a ellos, desde nuestro lugar no somos vistos, pero si los podemos ver a ellos.

—Ya no te amo Min, no siento nada por ti y es injusto que sigamos juntos si ya no hay amor. —sonrío.

—No lo entiendo, te escucho y no te entiendo. Estuvimos separados, lo sé, pero estaba en una misión, lo sabes y me parece...

—Hay alguien más en mi vida. —La corta.

Rustam posa su mano en mi hombro, pero soy incapaz de verlo. Mi mirada no abandona a Oleg, la siente y por un segundo que parecen horas nuestras miradas se conectan.

La aparta para que ella no se dé cuenta de nuestra presencia.

La conversación de hace unas horas retumba en mi mente, pero no quiero asociar nada.

—Vaya, decir que tenías una amante era mejor que simplemente dejarme.

—No tengo a una amante. —me enderezo.

—No me mientas, si hay alguien más y desde que pise México terminaste conmigo significa que tienes una amante.

—Ya dije mis motivos, así que es mejor que dejes las cosas por la paz.

—¿Quién es la puta que sabiendo que eres un hombre comprometido decidió acostarse contigo?

Yo mi ciela.

—Eso es lo de menos.

—Mira nada más como te dejo. —Trata de tocar su cuello e internamente sonrío por saber lo que ha visto.

—Basta Min.

—No, ahora te atienes a las consecuencias. Me dijiste que me estás cambiando por otra, así que tengo derecho a estar así.

No la está cambiando por otra, porque yo no estoy esperando a que esa relación termine para estar con él.

En mi mente hay una parte que se siente feliz, pero otra está corriendo alejándose de estos problemas. Min no me agrada, ha hecho cosas que me perjudicaron, pero eso no significa que quiera buscar problemas con una de las mejores agentes.

Además, aunque mi papel fue el de amante, no quiero que me asocien con su ruptura.

Soy demasiado celosa, posesiva, orgullosa para que me tilden de adjetivos que no aceptó.

Ya no.

Hace meses le dije a Oleg que no era una amante conformista y no era porque quería que terminara su compromiso, sino que era sobre la comunicación, pero es mentira.

—¿¡Que se supone que hacen ustedes aquí!? —salgo de mis pensamientos cuando nos señalan.

Nadie luce preocupado por que Min nos haya descubierto, y yo menos. Estoy despreocupada por lo que pueda suceder.

—Esta es nuestra zona Min, que estés gritando tus problemas frente a nosotros, no es nuestro problema. —se jacta Caleb.

Por lo poco que he visto puedo notar que no le agrada.

—¿Y tú? —me señala.

—Tenemos cosas que hacer, la que está de más no es ella. —se adelanta Iryna.

—Tranquila Young Min, sé que no te agrado, y es menor mis problemas —aclaro—. Tú tampoco me has agradado y aunque no te odio, no puedo decir que eres de mis personas favoritas.

Se acerca a mí y no paso por alto la venda en su muñeca.

—¿Qué quieres decir?

—Andar matando a las personas que crees que se meten con tu pareja no es algo sano. —finjo indignación—. ¿Tu pareja sabe que mataste a una doctora porque pensaste que se acostaron?

Retrocede viendo con odio.

Las personas a mi alrededor se sorprende y Oleg está a poco de explotar.

—¿De qué estás hablando?

—Pregúntale a tu amiga Jiku, ella sabe toda la historia. —me encojo de hombros despreocupada.

—Te gusta ver las cosas arder. —alza el mentón—. Aunque opino que lo haces porque tienes tan poca vida propia que le gusta mendigar...

—La que se está humillando por un hombre no soy yo.

Me repasa y noto cierta chispa de rencor.

—No sabes lo que es que te abandonen y aferrarte a lo único que te ofrece la vida.

Finjo que sus palabras no tocan una fibra sensible.

—¡Ya basta! —se mete Oleg enfurecido—. Min, te vas en estos momentos y tu Carvajal, ponte a hacer algo. —demanda.

—Como ordene, Superior. —Me doy la vuelta ya harta del drama.

El equipo ya se está dispersando cuando ella vuelve a hablar.

—내가 가진 가장 신성한 것 앞에 내가 가장 사랑하는 것을 빼앗아간 여자를 파멸시키겠다곸 틄쳸 틄.

Iryna que es la que se encuentra más cerca se tensa y le responde en el mismo idioma, no pregunto que dijo por qué no es algo que me interese.

***

—No tenías que venir. —me dice Damián al verme.

—Tengo obligaciones que no se cumplirán solas. —paso a su lado.

Veo lo que tengo que hacer y desde ya me pongo a diagnosticar, hago exámenes, plaquetas y todo lo necesario para que todo sea perfecto. Horas después me voy al cuarto del placer en el que disfruto hacer mi trabajo.

—Doctora, afuera se encuentra la prensa. —sobo mis sienes ante las palabras de Julio.

El agente de nacionalidad dominicana espera respuesta

—Dile a Marcos que lleve la camioneta a la entrada menos transcurrida. —asiente.

Se retira y aprovecho los minutos para recoger todo lo que tiene que ver con las fórmulas. Hago la llamada que necesito para avanzar.

Aless, estaba esperando tu llamada. —responde Melany.

Confío en ella luego de la investigación, hasta podría decir que en algún momento podremos llegar a ser amigas.

—Tuve algunos inconvenientes, pero necesito que nos reunamos. —Escucho el llanto y el alboroto de niños.

Me parece bien, pero en estos momentos estoy con mi hijo ¿Sería mucha molestia pedirte que pases por la casa de Javi y me traigas algunas cosas? Lo siento, pero desde que me reencontré con mi hijo no quiero separarme de él.

—No te preocupes Melany.

Me dice que es lo que quiere y mandó a Carlos por las llaves, me dijo que Javi está descansando y no lo quiero molestar.

Le llamo a Axel y quedamos de vernos en esta semana, recibo una de Vilma y mientras espero a Carlos la tomo.

—Doctora, que bueno que responde. —suspira—. Llevo varios días intentando comunicarme con usted y...

—Vilma, confío en ti y en mi amigo, mi clínica no puede estar en mejores manos.

De eso le quería hablar. —su tono me pone alerta—. El Dr. Rivera renunció a su puesto, no pude convencerlo de quedarse, lo siento.

La noticia es como un balde de agua fría.

—¿Cómo qué renunció? Y porque no me lo notificó a mí. —me altero.

Puede que me odie con razones válidas, pero no pensé que fuera al grado de renunciar a...

Como lo sabe también soy agente de segundo grado de OFR. —si la he visto algunos días con el escuadrón de México—. Eso me toma cierto tiempo, pero no significa que abandone mi trabajo.

—Antes que sigas hablando. —me levanto—. ¿Matías dejó algún recado?

No doctora, por lo que sé, él ya no se encuentra en el país. —respiro pesado—. Se fue junto a Sara y por lo que me comentó, es definitivo.

Me siento de golpe cuando mis piernas fallan.

Se fue, se fue por mí.

Lo dañé tanto que estar incluso en México lo afecta.

—Ok, conseguiré a alguien para que haga su trabajo, por cualquier cosa me tienes informada.

Como ordene doctora. —cuelgo.

No puedo ahogarme en mis pensamientos porque me hablan de que está todo listo para partir.

—Despistamos a la prensa, pero hay alguien dentro que nos delató. —pienso en el enfermero que me vio raro.

Camino rápido y al final casi corro cuando veo a los buitres venir por mí, subo a la camioneta cuando ya hay varias cámaras intentando captar algo.

—Vámonos. —ordeno.

Se ponen en marcha y a los minutos llego a la residencia de Javier. Me bajo y abro la puerta.

Escucho seco en la pared y todos mis sentidos se ponen alerta.

No van a joder a mi otro amigo.

Los sonidos se hacen cada vez más nítidos y maldigo por no portar mi arma.

—Vigilen los alrededores. —susurro a los agentes que entraron.

—Copiado.

Tyler se queda conmigo y saca el arma, pero de pronto se detiene y es entonces que también lo entiendo.

Mierda, no otra vez.

Ya sabiendo a lo que me enfrento sigo caminando hasta llegar a la puerta semi-abierta... me quedo perpleja ante la imagen.

Observo la espalda morena que se balancea en movimientos suaves, unas manos la toman de su trasero para guiar el ritmo.

—Me gusta, así señor... —jadea mientras se arquea—. Soy completamente suya, tome todo de mí.

Doy dos pasos atrás ante la impresión de ver a la niñera de Santiago cabalgando a Javier.

—¡Oh por Dios! —me cubro la boca.

—Amo el sabor de tu piel. —gime mi amigo mientras toma entre sus labios su pezón. —Me encanta saborearte, niña malcriada.

Los gemidos aumenta junto al choque de sus cuerpos.

Me alejo del lugar y camino para tomar lo que vine a traer.

—¡Ahhh! —los gemidos me ponen nerviosa y furiosa—. Señor...

—Calla mocosa. —los azotes la hacen gritar y a mí me dan retorcijones.

Intento ignorarlos, pero es imposible. Están siendo demasiado ruidosos, ella es ruidosa y casi me tropiezo con un harón cuando la escucho llegar al clímax.

—Ven aquí, abre la boca de niña malcriada y trágatelo todo. —gruñó.

Salgo de su casa con mi humor destrozado.

No me importa a quien se folla, pero si lo hará tiene que dejar claras las cosas con Melany.

—Doctora...

Alzo la mano callándolo e ignoro su tensión.

—Ni una palabra de esto, quedan advertidos. —los señalo.

Nadie dice nada mientras nos dirigimos al lugar en donde se encuentra Melany.

—¿No tuviste problemas? —inquiere luego de saludarnos.

Muerdo mi lengua.

—Estoy segura de que no me noto. —asiente.

Ve con desconfianza a los agentes que cuidan a su hijo. Ella está entrenada para una guerra y sumado a su instinto de madre no quiero saber cómo se siente.

>>Julio y Carlos no le harán daño, te lo aseguro.

—No quiero que vuelvan a alejarme de mi bebé.

Y no lo harán.

—Necesito mostrarte algo. —cambio de tema—. Los patrones que señalas son un poco confusos, pero con ayuda de información que robe pude descifrarlo llegando a crear las fórmulas.

Le entrego los informes que analiza con atención.

—Necesitamos un laboratorio con todos los implementos para hacer las respectivas pruebas. —suspiro—. Tengo dinero ahorrado y puedo pedirme a mi esposo...

—De ninguna manera. —interrumpo—. Puedo hacerme cargo de todo sola, no es necesario su ayuda, solamente necesito que me des una lista de todo lo que se necesita, junto a un presupuesto.

—¿No estarás pensando en montar tu propio laboratorio? —asiento—. Es imposible, necesitas permisos y aunque los tuvieras, se necesita de inversionistas. Quizás se lo puedas comentar a la organización para la que trabajas, para que sea...

—No. OFR está fuera de esto. —establezco—. No quiero compartir lo que tengo con nadie y tampoco quiero que te sientas obligada a ayudarme.

—Estoy interesada en acabar con los fundadores de EBÓSIL tanto como tú. —dice de inmediato—. Ellos también destruyeron mi vida.

No indago a fondo en el tema porque aunque suene egoísta no quiero saber sobre sus problemas. No quiero más cargas, suficiente tengo con lo que me acabo de enterar de Javier.

—Entonces no cuestiones mis decisiones, por el momento dime lo que necesito, mientras antes mejor. —ordeno.

Cruzamos un par más de palabras y nos despedimos. Vuelvo al hospital y por el resto de la madrugada y la mañana me meto de lleno en hacer lo que amo.

No he vuelto al cuartel aunque debería según lo que me advirtió Yuri, pero hacerlo es ver a Oleg y no es algo que me interese.

Tengo mucho que procesar y tengo que dejar que se calme.

Por el momento ni siquiera él se soporta y no tengo tiempo para aguantar el mal humor que le he ocasionado.

***

—Doctora, hemos llegado. —me despierta Marcos—. ¿Necesita algo más?

Me estiro en el asiento y salgo para descansar en mi suave y cómoda cama. Los últimos rayos del sol chocan con el edificio, a un costado se encuentra una grúa y me alegro al ver que están dejando mi auto en la acera del edificio.

—No Marcos, pueden ir a descansar. —me ve dudoso—. Que los demás...

—Tenemos órdenes directas de no perderla de vista. —suelta Tyler al bajar de la camioneta—. No correremos con el riesgo de que vuelva a cometer otra locura.

Mis sienes palpitan.

—Da igual, no quiero ver a nadie. —paso le largo—. Tienen prohibido tocar mi auto. —advierto al ver a Carlos dirigirse a él.

Mañana pienso usarlo y no se me apetece caminar más para hacerlo. En estos momentos pago por no hacerlo.

El cansancio me está matando.

—La señorita Carla dijo que viene en unas horas. —informa Marcos al subirse al elevador conmigo—. Puedo decirle que estará indispuesta.

—No quiero ver a nadie, eso también la incluye, pero yo me encargo.

Entro a mi apartamento y la nostalgia me invade a no tener a mis cachorros.

¿Qué estarán haciendo? ¿Los tratarán bien? ¿Les darán su comida como les gusta?

No pude decirle a Oleg que les gusta que su cama tenga una mantita peludita.

—Esto no tiene que ser uno de tus problemas Alessia. —me reprendo.

Tomo una ducha y me pongo ropa cómoda para ponerme a trabajar. Saco mi laptop y reviso los informes que me ha estado enviado Vilma.

Todo en mi clínica va perfecto y me alegro.

Reviso también los informes de la farmacéutica y como lo había anticipado las ganancias son estupendas, en un par de meses recuperaré la inversión y espero que no sea demasiado tarde para comprar la propiedad.

También tengo que crear mi propio laboratorio y al ver el dato que me manda Melany me dan ganas de gritar.

Mierda, eso es mucho dinero, dinero que en estos momentos tengo invertido.

—Bueno, tengo que ver de donde lo saco.

Me voy a la cama y cierro los ojos tratando de dormir, pero la acción es imposible. Mi mente va a mil por hora y mis pensamientos son cada vez más destructores.

No quiero dormir aun porque sé que las pesadillas me harán compañía.

Pienso en Matías y...

Tic tac doctora, el tiempo corre y le queremos dar un adelanto. Él será el primero, siempre será él.

Recuerdo una de las primeras amenazas dándome cuenta de que todo tiene sentido, esa advertencia me la dieron minutos antes de que Oleg me llamara porque Matías había tenido un accidente.

Tengo que encontrar las notas que guarde, allí puedo encontrar pistas de cuáles serán sus próximos movimientos.

Me levanto de la cama y me pongo a buscarlas, sin embargo, me detengo al encontrar mi diario.

Recuerdo haber dicho que lo leería luego y... creo que ahora tampoco es el momento indicado, pero la curiosidad me mata.

Empiezo a ojear sin entender muchas cosas.

No recuerdos haber escrito la mayoría, pero es mi fea letra de cuando tenía cinco años y más.

Me duele, no me gusta. Ellos dijeron que me iba a gustar, pero son unos mentirosos porque no me gusta. —¿Qué no me gustaba?—. Mami dice que tengo que ser una niña obediente, y no me gusta desobedecer porque, sino, mi hermanita se lleva golpes muy feos.

A mi hermanita también se la llevan al cuarto de esa casa con luces bonitas, pero huele feo. Ella siempre sale llorando y le ruega a mami que no me hagan lo mismo. No me gusta que le dejen la piel roja, a mí no me la dejan de ese color, pero al verla en su piel me enoja.

Levanto el rostro sin creer en mis propias palabras, pero son mías y... simplemente me niego a que lo que estoy pensando sea cierto.

Paso algunas páginas sin leer, queriendo buscar otra cosa, pero es imposible.

Escuche a mami decirle a uno de esos hombres que soy una bastarda, y que nosotras pagaremos por sus pecados.

Tomo una bocanada de aire tratando que el nudo en mi garganta se vaya.

Quiero que papi no se vaya, cuando él se queda en casa todo es diferente, cuando él se queda mami no nos lleva a ese lugar ni dice que tengo que tocar ni dejar que me toquen.

—No. —murmullo.

Llevo una mano a mi boca mientras las lágrimas se alojan en mis ojos. Me quedo sin respiración al seguir leyendo.

—No, no, no. —me niego a creerlo.

Vuelvo a pasar varias páginas más y por la fecha descubro que ya tenía seis años.

Mami ya no nos lleva a ese sitio, ahora nos quedamos en casa, pero no me gusta. Ya descubrí porque la piel de mi hermanita se ponía roja. Me duele cuando me pega, dice que no tengo que llorar, pero me duele demasiado.

Mi hermanita se mete y dice que me deje y que se desquite con ella. Me amarra en una silla y se la lleva a ella al cuarto oscuro bajo la casa. Lloro cuando escucho los fuertes golpes con la vara, ella no llora hasta que ella se ha ido, porque si llora le pega más fuerte.

Cada letra es una puñalada que me desarma.

Las marcas rojas duelen mucho, después se hace de otros colores más oscuros y cuando los toco duelen, no me gusta ver mi piel, ni la de mi hermanita de colores porque eso significa dolor y no quiero.

No quiero que haya dolor, no quiero lágrimas... no quiero marcas en mi piel.

Mi piel es bonita, yo soy una niña muy hermosa, más que las niñas de mi escuela, pero con eso se vuelve fea y yo no quiero ser fea.

Hago puños llena de impotencia y la rabia me invade.

Mami dice que no tengo que decir nada y mi hermanita dice lo mismo, porque quien paga las consecuencias será ella.

A mí no me gusta decir mentiras, pero tampoco quiero que ella se meta en problemas por mi culpa. Por eso guardo silencio, mis únicos gritos de ayuda son los colores feos de mi cuerpo..., pero nadie los ve.

Nadie impedirá que mami siga marcando mi cuerpo.

Marta es la peor persona que existe, ya estaba decepcionada de ella, pero con esto...

Las lágrimas siguen el mismo recorrido hasta que ya no puedo controlarlo y grito. Grito hasta sentir mi garganta arder. No veo con claridad, solo sé que estoy herida.

—¡Me dañaste Marta! —grito mientras araño mis brazos—. ¡Me vendiste! ¡Nos vendiste!

Me ahogo con las palabras que grito. Mi barbilla tiembla cuando contengo las maldiciones, pero mi cuerpo me traiciona.

—¡Doctora! —llaman la puerta—. Abra por favor.

Niego sintiéndome sucia. Nuevamente, estoy sintiendo mi cuerpo sucio, como si no lo cuidara como lo más sagrado.

Lástima que solo yo lo veo de esa forma.

—¡No te lo voy a perdonar! —repito mientras pequeños flashbacks me invaden.

Mis manos tiemblan sin saber por qué había olvidado parte de mi niñez. Las lágrimas siguen cayendo cuando siento sus manos en mi cuerpo. No, no es verdad.

Despeja tu mente Alessia.

Cierro los ojos, he ignoro los gritos de los escoltas. Ahora me va a escuchar.

Con el cuerpo tembloroso tomo mi celular y las llaves de mi auto que no sé en qué momento volvieron a mí.

Camino por el apartamento sintiendo las miradas en mi rostro lloroso y lleno de rencor.

—Iré en mi auto, no tardaré en regresar, así que no quiero que sean dramáticos. —advierto—. No quiero que informen de mi estado, a nadie. —recalco por si no entendieron.

Entro al ascensor y se cierra antes de permitir que alguno entre conmigo. Retrocedo hasta chocar con la pared al verme.

—¡Dios mío! —cubro mi boca y en lugar de regresar y arreglarme sigo llorando.

Mis ojos se encuentran inflamados de tanto llorar y dejo que todo el dolor que siento salga. Me veo demacrada de todo lo que he acumulado.

Los espasmos me mueven cuando vuelvo a gritar hasta caer de rodillas.

—Esto te supera incluso a ti, mamá. —limpio mis lágrimas con odio para llamarla.

¿Qué quieres ahora asesina? —es lo primero que dice al responder.

Muerdo mi labio cuando la rabia me invade.

—¡La asesina eres tú Marta! —salgo en busca de mi auto—. Tú eres la asesina porque no pensaste en nadie más que no fueras tú, cuándo dejaste que se robaran mi inocencia. —chillo.

Un auto derrapa en la acera y no me sorprendo al ver a la Bestia.

Sigo caminando, pero él se mete en mi camino y me toma pegándome a su cuerpo. Con mi mano suelta hago puño su camisa.

Querida ¿Si estás tomando tu medicación? Oh eres tan ilusa que la abandonaste. —lloro ante su cinismo.

—Sabes lo que hiciste, permitiste que me tocaran. —susurro y puedo sentir los músculos de Oleg tensarse—. Tanto que me criticas, pero tú...

—Yo soy peor que tú, te dije que no ibas a superarme niñita. —tiemblo de rabia y cuando quiero separarme sus brazos me aprietan con más fuerza.

—Te odio.

Lo sé, no es la primera vez que me lo dices. —se burla.

Cada palabra es una puñalada que se entierra en lo más profundo.

—Te vas a arrepentir...

No tengo tiempo para llantos de niña caprichosa.

—¡No te atrevas! —grito, pero ya es demasiado tarde.

Sigo retorciéndome en sus brazos al sentirme asfixiada.

>>Va a escucharme, ella va a escucharme. —lucho.

—¡Alessia, ya basta! —me reprende.

Cegada por el dolor, ignoro todo pensamiento de razón. Lo golpeo incontables veces hasta que deja que me suelte.

—No lo entiendes, nadie me entiende. —señalo. A pasos apresurados me acerco a mi auto y lo desactivo.

—¡Espera!

—Hablamos después Oleg...

Su cuerpo me rodea mientras una fuerte explosión nos empuja varios metros por el aire. Durante segundos que parecen horas me aferro a él hasta que caemos y me cubre para no lastimarme en el pavimento.

El fuerte estruendo me deja con un intenso y chirriante sonido en mis oídos. Me quejo queriendo que se vaya, pero es imposible.

Tratan de tocarme, pero me alejó haciéndome un ovillo, cuando doy un manotazo me alarmó ante el quejido.

Abro los ojos y me cuesta adaptarme a la oscuridad cuando mi mirada se encuentra la suya, observo fuego, un fuego que se ve tan real que me confunde.

—¿Qué, se supone que...?

La sirena de la ambulancia me aturde y cuando me giro observo mi auto en llamas.

—Vamos, levántate. —me giro y veo su mano.

La tomo y me ayuda a levantarme, hay algo raro en su postura y cuando la descubro me enojo.

—Subamos, te ayudaré con eso. —señalo su hombro.

Tomo su mano y me giro rumbo al ascensor, pero me detiene y me hace girar para escanearme.

—¿Estás bien? —me estremezco—. ¿Quiero saber qué te paso? No voy a permitir.

Llevo mi índice a sus labios.

—No quiero hablar de eso ahora. —su semblante furioso incrementa ante mi negativa—. Vamos. —susurro.

Aún me siento aturdida y dolorida, pero ahora no debo concentrarme en eso.

El sonido de varios autos estacionándose me detienen y cuando me doy cuenta de que se trata me maldigo.

—Camina delante de mí. —ordena—. No pueden verte destruida Sumasshedshiy. —asiento.

Caminamos rápido mientras los bomberos, la policía y la presa salen al ver el caos.

—¿¡Doctora Carvajal, se encuentra bien!?

Sueltan una ráfaga de preguntas que me enfurecen y agradezco que los agentes los dejen afuera. Lo menos que quiero es tenerlos irrumpiendo en mi hogar.

—Puedo hacerlo solo. —se suelta de mi agarre mientras se acomoda.

Hay un hilo de sangre bajando de su frente y otro de su brazo.

—Sé que puedes, pero lo haré yo. —establezco—. Sin protestas Bestia, nadie te dijo que vinieras así que sin quejas. Ya hablaré con los chismosos que tengo como guardaespaldas.

Me siento frente a él y reviso la postura, no dice nada cuando lo muevo un poco.

—No dijeron nada. —lo escaneo—. Si vine es por eso. —señala los documentos que dejo aun lado—. No es necesario que te diga que eres una imprudente.

—A otra con tus regaños Oleg.

No lo dejo responder cuando en un ágil y preciso movimiento llevo el hueso a su lugar.

—¡AHHH! —grito.

Escucho el sonido de mi hueso volver a la posición indicada.

—¡MIERDA! —me quejo. Gruesas lágrimas bajan de mis ojos ante el dolor de todo.

Me alejo de él cuando el sonido me recuerda lo que viví en el bosque.

Limpio sus heridas y cuando el alcohol hace contacto con su piel lastimada no se inmuta, ni aunque lo presione.

—Sumasshedshiy, si quieres hacerme sentir dolor, estás usando la técnica incorrecta. —la sequedad de sus palabras me enoja.

—A estas alturas dudo que haya algo que te produzca dolor. —se queda en silencio.

—Pero tú sientes y demasiado al parecer. —le doy la espalda—. ¿Qué fue lo que te hizo perder el control?

No lo exige, aunque eso es lo de menos. Da igual, quiero que lo sepa.

—Marta es la peor madre que existe, ya lo sabía y no es algo por lo que deba sorprenderme. —me irrito.

—¿Y por eso saliste...?

—No estuvo bien, no necesito que me regañes. —me mira mal—. El resto ya lo sabes, así que vete, voy a descansar. —lo corro.

Voy a mi habitación y al ver el diario me acerco y empiezo a arrancar las páginas, la puerta se abre, he ignoró su presencia.

Ya no hay lágrimas ni gritos, todo se reduce a rabia e ira.

Sus manos se posan sobre las mías deteniendo mis acciones. Tiemblo de enojo y su calor se siente bien, pero no quiero sentirme bien de esta manera.

—No te hagas eso Sumasshedshiy. —susurra en mi oído—. Eres mucho más que esto.

Lo soy y nadie dirá contrario.

—Dije que te fueras, quiero estar sola. —repito más calmada—. No te quiero tener cerca, sabes que te deseo, pero en estos momentos y con todo lo que está por venir no es conveniente.

—Tú no sabes eso. —gruñe.

—Vete Oleg.

Quito sus manos y sin voltear a verlo me encierro en el baño, abro la ducha y dejo que el agua se lleve el dolor.

No más caídas, no puedo permitirme que cada estocada me derribe. Mi armadura no debe tener ninguna abolladura.

Me quedo parado observándola.

Como la detesto.

Me siento en su cama y recojo cada pedazo de hoja manchada de lo que llevó a explotar.

Cuando abrí el diario hace un tiempo lo sospeche, pero que ella lo confirmara es una puñada en mi tórax que me está matando lentamente.

Por al menos dos horas escucho el agua caer y minutos después la veo salir. Huele delicioso, su piel morena tiene matices rojos por haberla restregado con demasiada fuerza.

También puedo ver los estragos de su absurda pelea junto al atentado de hace unas horas. Aún no la perdono y la excusa de entregar los documentos solo fue un pretexto para verla.

Se fue del cuartel y sabiendo las locuras que ultimadamente está haciendo no quiero correr riesgos.

—No quiero verte Oleg. —vuelve a correrme.

—Y yo no quiero que me hables, loca insensata. —respondo.

Me mira mal al saber que así como ella no quiere verme, yo tampoco.

Ya no.

Me quedo con los agentes y al ver las cámaras de seguridad me percato de que la grúa que trajo su auto fue un integrante de Rojo Sangre. Le entregó las llaves a recepción y personal del servicio lo llevó a su habitación.

Le doy cacería al sujeto y horas después lo encuentro en un antro.

—Ya me cansé de ustedes. —me quejo mientras pido lo que necesito para marcarlo—. Son una plaga de ratas que merecen ser exterminadas.

El material se calienta e Iryna se encarga de romper su camisa con la navaja, hiriéndolo en el proceso.

—Solo a una basura como tú se le ocurre siquiera pensar en atentar contra ella de una forma tan tonta. —se burla Rustam.

—El objetivo no era matarla. —confiesa—. Sabemos que esa bomba es detectable...

Golpeo su rostro ante el recuerdo. Cuando vi la luz roja y a la loca en esa dirección me descontrole, ante lo que pudo suceder.

—Continúa. —lo invito sin dejar de preparar el material.

—El prestigio de la pe... de la doctora está en un hilo, puede que las autoridades no hagan nada, pero que tenga a las personas en su contra va a llevarla a la ruina.

—Por eso la prensa llego en segundos. —saboreo las palabras.

—Rojo Sangre encontró su otro punto débil y no se cansará hasta verla en el suelo...

—No lo conseguirán. —establezco.

Antes de que vuelva a hablar, el material lleno de miles de voltios quema su pecho y el hedor a carne quemada se dispersa en la bodega.

—¡Ahhh! —chilla.

Sigo presionando hasta verlo sangrar.

No es nada en comparación a lo que se merece. Rojo Sangre está a punto de caer, sin embargo, llevaré a su líder hasta el final.

—No lo quiero vivo. —le advierto a Sasha.

—Oye, ¿Qué hay de mí? —se queja Iryna cruzada de brazos.

—Tú te vienes conmigo. —sonríe.

—Me divertiré con él y le haré pagar que se haya atrevido a atentar en contra de la doctora. —asiento ante el entusiasmo de la griega.

Me devuelvo al cuartel, pero antes dejo a Iryna en otro lugar para que se ponga en contacto con Jiku, necesitan ponerse de acuerdo con las nuevas torturas que implementaran contra Mariana.

Quiero que sufra, pero aún no es hora de su muerte, eso lo decidirá la loca.

***

—América ya se encuentra bien y le ordena volver, ha supuesto. —me informa Martina.

—Muy bien, Sebastián vas a seguir sus rastros. —ordeno.

Parte de Vyshe se encuentra reunido en la sala de conferencias.

—El sistema que diseñe ya se encuentra en cada uno de los dispositivos, no hay manera de que vuelvan a hacer fraude. —secunda Caleb.

—¡Ya lo tengo todo! —entra Iryna seguida de Valeria—. La información se confirmó y solo necesitamos un excelente plan para que cada establecimiento sea desmantelado al mismo tiempo, y así no tengan tiempo de escapar y poner a los demás en sobre aviso.

Sobo mis sienes

—Rustam necesito que traigas de los países más cercanos a mis escuadrones.

—¿Bajo qué asunto? No podemos levantar sospechas porque descubrirán que te estás adueñando de la organización

—No te daré nada masticado, ¡A nadie! Así que cada unos se las arreglará porque en una semana no quiero a nadie de Rojo Sangre respirando. —doy un golpe a la mesa—. Si en Vyshe se encuentran los mejores quiero que me lo demuestren.

Nadie dice nada.

—Como ordene Superior. —es Iván quien responde.

América se hace cargo del puesto de Carsten y eso me permite respirar nuevamente.

***

—¿Hay noticias de Yuri? —le pregunto a Rustam.

—No, pero hay algo que quiero mostrarte. —se acerca y me enseña su laptop.

Son imágenes que han captado cámaras de seguridad. Reconozco al hombre y me levanto sin entender como es que hasta ahora se ha dejado ver.

—¿Qué hace Dmitry en Alemania? —inquiero enfurecido.

Aprieto el aparato en mis manos ante los recuerdos. Reconozco la propiedad.

—No lo sé, tu padre... digo, el señor Dmitry desde que desapareció nunca se había dejado ver, nadie entiende por qué ha salido hasta ahora.

Sigo pasando las imágenes y la otra me hace tensar.

—Quiero que tripliquen la seguridad de Alessia. Nadie se acerca en un radio de 1000 kilómetros sin que yo no lo sepa.

—Oleg...

—¡Ahora! —ladro.

Salgo de mi oficina con la imagen de Dmitry en la recepción del hospital y se dejó captar por las cámaras porque a su espalda se observa la silueta de la doctora.

Dmitry ya me jodió una vez con Ágata, no voy a permitir que lo vuelva a hacer.

Me niego a permitir que siquiera la vea.

¿Qué se supone que planea hacer?

20 años antes.

Visualizo mi pastel de cumpleaños, hay ocho velas sobre el pastel y el color blanco hace que me dé dolor de estómago.

—Los niños de allá. —Observo a mamá que señala a los amigos de Yuri—. Estoy segura de que serian unos buenos amigos, ¿Por qué no les das una oportunidad?

Frunzo las cejas.

—No me agradan. —me encojo de hombros.

—A ti nadie te agrada, por eso eres mi niño amargado, por cierto, has visto a tu hermano, ese jovencito no se manda solo, solo porque ya es papá, se cree independiente, pero mientras no se comporte como uno no.

Le digo que no y se va en busca de su chico frío, como ella lo llama.

Sigo caminando y al ver adultos que ni siquiera conozco me enojo, son compañeros de trabajo de mamá y de Dmitry.

Yo no pedí una fiesta, las odio, pero mamá lo quería hacer y son pocas veces las que le digo que no.

Veo a Dmitry y me siento a su lado, también se encuentra tenso.

—Debiste convencer a tu madre de que no hiciera esta estupidez. —guardo silencio—. Tenía una misión muy importante Oleg y por esta estupidez estoy perdiendo mucho dinero. —me mantengo calmado, porque él es capaz de detectar cualquier tipo de emoción.

—No sé por qué no fuiste, mamá no pidió que te quedaras, ella nunca se mete en tu trabajo. —toma mi barbilla para que lo vea.

—En algún momento entenderás que no es necesario que una mujer habrá la boca para ordenar. —arrugo las cejas—. Yo haría todo por tu madre.

Se levanta y sin importar que mamá esté hablando con mi tío, él la toma de la cintura y la jala para besarla.

No entiendo muy bien lo que dijo.

Minutos después él se aleja a hablar por teléfono, los fuegos artificiales inician y con eso me aburro más y entro a nuestra casa para encerrarme en mi habitación.

El ruido afuera incrementa y odio que sean tan escandalosos porque hasta siento que las paredes de la casa se mueven.

Me levanto de la cama para observar por la ventana el alboroto y al hacerlo me asusto al ver a las personas disparando y matando a los invitados.

Abro la puerta de vidrio para salir a mi terraza.

—¡Mamá! —grito al verla luchar contra cinco personas.

Los agentes de la organización que lidera Dmitry salen y en poco tiempo hay un enfrentamiento.

—Mi niño...

La distracción que le provoco a mamá es suficiente para que los hombres la dobleguen.

—¡Papá! Se llevan a mamá. —vuelvo a gritar al ver como la arrastran.

Dmitry deja de luchar y saca su arma disparándole a las personas, los demás hacen lo mismo, pero nos ganan en números.

Corro a mi closet y saco la escopeta de caza, apunto a los sujetos que se llevan a mamá y disparo. Los tiros los alertan, pero no dan en donde estoy porque me oculto.

Vuelvo a disparar, pero grito cuando me dan en el hombro. Cuando descubro a mi atacante me grabo el rostro del joven delgado, es mayor que yo por poco. Y su sonrisa burlesca es lo último que veo de él.

Los pasos en la casa se hacen más nítidos.

—¡Escóndete Oleg! No dejes que te toquen mi niño...

—¡Mamá! —grito cuando le disparan.

Empiezo a gritar al ver la sangre manchar su vestido blanco. Corro al laboratorio de mamá y me meto al cuarto que es impenetrable.

Dejo de escuchar, pero no puedo evitar que las lágrimas provocadas por el dolor sigan saliendo.

El cuarto es lo suficiente grande y con todo lo necesario para subsistir, también tiene una pared de vidrio blindado que da al cuarto secreto que se accede desde el laboratorio de Dmitry.

Ese tendría que ser el escondite de Carsten, pero al único que veo es a Yuri. Me molesta no poder hacer algo por él, pero se las arregla solo.

***

Los días pasan, pero mantengo la calma. Cuando las cosas se mejoren mamá abrirá la puerta, así como abrieron la dé al lado hace unos días. Estoy seguro.

Sin embargo, eso no sucede durante los siguientes dos meses. A estás alturas mi desespero por salir me está ganando.

He podido controlar las calenturas, pero estoy seguro de que he pescado una infección, me logre sacar la bala, pero las curaciones no son las adecuadas.

Sigo esperando hasta que ya no puedo más y caigo sobre la alfombra.

***

Los pitidos me despiertan y poco a poco abro los ojos sintiéndome desorientado en el cuarto blanco.

—No pude hacer nada, se la llevaron, pero no voy a descansar hasta que ese infeliz pagué por haberla secuestrado, se tenían que llevar a Raisa, pero se llevaron a mi mujer. —las palabras de Dmitry son lejanas, pero lo suficientes claras para que algo dentro de mi duela.

No lloro, me dan el alta y no hablo con nadie, no es como si ellos lo intentarán, todo se resume a largos silencios y órdenes sin parar.

Hay muchas personas dentro de nuestra casa que no paran de entrar y salir, me escabullo al despacho de Dmitry donde se encuentra hablando por teléfono con sus subordinados

Me quedo viendo una de las pantallas y es el joven que me disparo.

—Pedro Marín. —dice mi tío a mi espalda—. El hijo del hombre que ha secuestrado a Ágata. —el entendimiento llega rápido

Asiento y me prometo destruirlo con mis propias manos.

***

—No te quiero cerca de mis hijos. Vete Ágata. —ordena Dmitry.

Quiero salir de mi escondite y decirle que no quiero que se vaya, pero Carsten me obliga a quedarme quieto.

Aún no entiendo lo que sucedió. Mamá logró liberarse y soy el único feliz. Después de que todos trabajaron duro en dar con ella... ahora nadie la mira.

Llegó hace unas horas, estaba golpeada de todo su cuerpo. Tuve que controlar las lágrimas al ver que nadie hacia nada. La ayudé a sentarse y le di un vaso de agua.

A nuestro al alrededor estaban varios miembros de la organización que lidera Dmitry, sin dejar de verla con algo que no pude descifrar.

—Te equivocas Dmitry, tú no me echas, porque soy yo quien me voy. —se notaba la convicción—. Me voy porque no puedo soportar verte.

Una leve pisca de dolor pasa por el rostro de él, pero se recompone y alza el mentón.

—En mis planes no estaba entregarte...

—Mientes, lo sé todo, ya no finjas que te importo porque no te lo creo.

—Te acostaste con él...

—No voy a darte explicaciones, me largo y te advierto que si a mis hijos les llego a ver un solo rasguño por tu culpa. Voy a matarte.

—No me amenaces Ágata, recuerda que si te dejo ir y no te mato en estos momentos es porque en algún momento te amé. —mamá sonríe.

—Alardeas de ser un macho alfa, pero no eres capaz de matarte. Muy Gobernador de OFR. pero la mancha de no matarme no se borrará jamás.

Sale y sin importar lo golpeada que esta no cojea, se va para su habitación y saca su pasaporte. Rápidamente, entro y abro la otra gaveta.

—Mi niño...

Las lágrimas bajan por su rostro al ver lo que hago.

—¿Nos vamos? —pregunto.

Se arrodilla delante de mí abrazándome. El nudo en mi garganta crece, pero respiro varias veces para no llorar.

—No puedo llevarte, tienes que quedarte con tu padre...

—No me quiero quedar con él, me iré contigo. —señalo—. No puedes irte sola, tengo que cuidarte mamá.

Muerde su labio.

—Hagamos una cosa, me iré yo primero y después vendré por ti, te lo prometo. —niego.

—No quiero que te vayas sola, los hombres malos pueden venir.

Lleva su índice tembloso a mis labios.

—Soy Ágata Bogdánov, yo nunca estoy sola mi niño, además, no lo harán porque yo tengo algo que ellos quieren y solo lo conseguirán matándome, pero saben que antes de hacerlo los voy a matar a ellos.

—Los mataré por ti. —aseguro haciéndola tensar, pero niega tomando mis mejillas con sus manos lastimadas.

—Escúchame bien Oleg, no importa que las pruebas estén en contra de las personas. No juzgues sin saber los motivos.

Dice más cosas que no logro comprender, al final sé que no puedo hacer nada. Debo apoyarla y saber que la esperaré.

—Te amo mamá.

—Y yo a ti mi niño amargado.

Aunque no lo quiero soltar, lo hago, toma el pasaporte de mis manos y lo vuelve a guardar.

No toma nada más y sale con la espalda recta, en la planta baja nos encontramos a los agentes, bajan el rostro al verla pasar sin importar el gruñido de Dmitry.

No vuelve a ver a nadie ni siquiera a mi sobrino de cuatro años que la llama.

Afuera una camioneta la espera y cuando se marcha me quedo alrededor de dos horas viendo por donde se fue.

—No va a volver Oleg, nos abandonó, así que ve acostumbrándote.

No lo veo y evito responder.

Mamá no me abandono, sé fue por algo de peso y voy a descubrirlo.

Los meses pasan y ella no vuelve, pero no me enojo por romper su promesa.

A la única persona que no juzgaré será a ella, porque de los demás no puedo evitarlo.

Actualidad.

Mantengo en mi puño la medallita que compro para mí en ese cumpleaños, pero nunca me dio.

Cuando se fue de la propiedad su organización fue la única que estuvo para ella y cuando se recuperó la hizo crecer con sus creaciones, pero con la única persona que ha decidido tener contacto es con Yuri.

Años después descubrí porque no volvió y quien pagó mi enojo fue Dmitry, porque él la vendió.

Dmitry permitió que esos hombres entraran ese día a llevarse a Raisa, pero se llevaron a Ágata sin saberlo y hasta el momento no lo saben.

Pocas personas saben de ella.

Cuando Ágata después de las torturas a las que fue expuesta les dio información por su vida y la nuestra... la soltaron, pero su esposo la vendió dando información clasificada de su trabajo.

La volvieron a torturar hasta sacarle todo lo que sabía de EBÓSIL, ella es la única creadora, pero fueron otros científicos los que culminaron el trabajo, aunque se les salió de manos y la cura que había creado Ágata fue descartada.

Cuando obtuvieron lo que quisieron de ella hicieron las peores cosas con su cuerpo. Hasta que un día logró escapar, pero Dmitry con su ego pisoteado no la escucho y eso jamás se lo perdonaré.

Se lo dije cuando estuve a punto de matarlo, pero Carsten lo defendió, también le disparé a él porque lo sabía y de igual manera no hizo nada.

Mi hermano supo antes que yo lo que le había pasado a nuestra madre y prefirió creerle a Dmitry antes que a ella, por eso lo detesto.

—Permitió el sufrimiento de Ágata. —siseo entre dientes.

Daño a mi madre, una mujer intocable y jamás voy a perdonarlo.

No quiero que se acerque a Alessia, porque Dmitry lo destruye todo.



***

¿Se imaginaban porque Alessia ama su cuerpo y siempre lo cuida como lo más sagrado?

Ahora saben que lo que paso con Rubén es un plus ante eso.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top