Capítulo 43
Heaven - Julia Michael. One hour.

Bajo el vidrio de la camioneta y dejo caer la tablet que me entregó Julio para leer la noticia.
La prensa es una mierda y una experta en hacerme enfurecer.
Dicen que fui yo quien cambió la versión de la historia, pero son ellos los que están hablando pestes de mí. No tienen el derecho de hacerlo y mi garganta arde de impotencia.
Es una buena jugada la que está haciendo Rojo Sangre, son los únicos que pudieron dar tales evidencias que fácilmente manejaron a su antojo, pero lo que me molesta es que eso no solo lo sabe el mundo secreto y terrorista.
Lo sabe todo México, y en poco tiempo será una noticia internacional, puede que algunos no le presten atención, pero eso no significa menos daño. Mi móvil no ha dejado de sonar con mensajes de odio y hasta de muerte.
Es perturbador como le creen a ineptos que solo lo hacen por obtener más vistas y seguidores, porque hasta el más estúpido se daría cuenta de que Hot and Spicy fue creado para destruirme.
***
Es el tercer día desde que no sé nada del innombrable, podría saberlo, pero no quiero. El entrenamiento me dejó molida y apenas logró escabullirme unos minutos antes para ir a ver a mi hermana.
Tampoco he dejado de lado las fórmulas, me he estado matando en tratar de descifrar, códigos, patrones y ejercicios para lograrlo. Es un trabajo difícil.
—¡Al fin vienes! —da un gritillo que me hace doler la cabeza.
—Vengo siempre, que seas una holgazana y estés dormida no es mi problema. —sonrío.
Carla rueda los ojos y pide encender el televisor.
Mala idea.
—La Dra. Carvajal no se ha mostrado después de las últimas noticias. —imágenes en donde me estoy subiendo a la camioneta aparecen. —¿Seguirá planeando cómo acabar con más vidas, destruyendo a personas? ¿Estamos frente a una mujer fría y sin escrúpulos...?
La pantalla se queda negra y la habitación en silencio cuando la apago.
Carla no cambia su expresión en ningún momento, al final rueda los ojos y sigue comiendo la simple gelatina que le han traído.
—Porque siempre eres la más famosa. —hace un puchero. —Se supone que soy la mayor, ¿En dónde está mi merecido reconocimiento?
Suspiro cansada.
—Créeme, la fama por este tipo de mierdas no es algo grato. —mastica con lentitud.
—Tienes razón, pero cuéntame, ¿En dónde está el papucho grandulón?
—Se llama Tyler. —aclaro y sonrió divertida al saber que aunque ya sepa toda la verdad no me juzgue. —Y supongo que tiene que estar desayunando.
—Eres una pésima jefa, tienes al pobre trabajando 24/7.
—Yo no...
Callo porque es la verdad, supongo que en el único momento que los agentes descansan es cuando estamos en el cuartel y soy tan cabrona que...
—No sabía que tu trabajo es tan prestigioso que tienes las posibilidades de proteger a Marta a mí y a ti ni se diga. —me encojo de hombros.
Desde la última vez que vi a Marta ella sabe que hay personas siguiéndola y ni aun así se detuvo cuando se prestó para que se traficara droga en el burdel.
—No me subestimes, sé que la carrera es mal pagada en México, pero yo tengo mis secretos.
—¿Y esos secretos incluyen a tu clínica? La última vez que supe de ella fue cuando papá murió, al menos a ti te dejo eso... —no me gusta la tristeza en su voz.
—No seas dramática, la clínica fue lo único que le pude quitar a Marta, sabes que papá nos dejó mucho, pero ella se lo quedó para...
—Alexander, lo sé. —termina. —Sabes, hubo un tiempo en el que se me ocurrió que ni tú ni yo somos sus hijas, solo lo fuimos de papá y que ella se casó con él teniendo a sus dos hijas.
—¿Qué te hizo descartar la idea?
—Somos su maldita copia. —se burla. —Aunque me parezco más que tú, solo mira mis pechos. —se los toca. —Son enormes, tú no te quedas atrás, pero las nuestras son...
—Lo entiendo, no tienes que hacer sentir más a mis tetas, no son enormes, pero los suficientes para mí.
Hablamos un rato más y cuando le digo que acepto las clases de danza, se emociona tanto que termina lastimándose con el catéter.
—Es que duele. —ruedo los ojos mientras se las acomodó de nuevo.
—Nos vemos luego y Carla, tenemos una conversación pendiente que incluye cierto polvo blanco que ahora circula con total libertad en Carvajal Burdel. —su sonrisa se borra.
—Alessia yo...
—Después, voy tarde. —sonrío para que no piense que estoy molesta.
¡Porque estoy furiosa!
Paso las siguientes horas entrando y saliendo del cuarto del placer. Me estoy arriesgando demasiado, lo tengo presente, pero debo avanzar.
No solo por Damián, sino también por mí.
—Doctora, tiene unos segundos. —me detengo ante la voz de Damián.
—No mucho, pero si el suficiente para lo que quieras decirme.
—El Dr. Rubén Urbina ha desaparecido. —me tenso. —Desde el día que tuvieron la discusión en el pasillo no ha venido y tampoco se ha reportado.
¡Mierda, no!
—Yo no tengo nada que ver si es lo que estás pensado. —digo a la defensiva.
—No te estoy acusando, pero tienes que recordar que no fui el único que los escucho, sabes que no iba a pasar mucho tiempo para que en que todo el hospital circulara la noticia, estás siendo perseguida por la prensa, así que no falta mucho para que se den cuenta. —suspira. —pudo haber escapado o Rojo sangre lo capturó.
Los bellos de mi cuerpo se erizan ante la declaración.
Sé que Rubén es parte de ellos, lo sé por qué el video estaba firmado por H.B. y quienes firmaban así era Rojo Sangre. Si censuraron su rostro es porque estaba con ellos, oh...
—Me importa poco. —paso a su lado.
—¿No entiendes la gravedad de la situación?
—Lo que yo crea o no, no es tu problema. —alza el mentón. —¿Por cierto, ahora si me hablas?, porque hasta donde recuerdo era una X en tu vida por hacerte mentir frente a tu amigo.
—Ese es otro asunto...
—Pero aprovechando el inconveniente hay que aclararlo, ambos sabemos como entre a OFR, me ha costado caro. —recuerdo lo que viví en el bosque, las consecuencias y los golpes de Carsten. —Ya he pagado no haberle dicho nada a tu amigo, así que no importa lo que hayas firmado, comunícate con él de inmediato y dile la verdad.
>>Yo se la voy a decir cuando vuelva y no callaré nada, si quieres que por mí se entere de que tú lo sabías es muy tu problema. Feliz tarde. —paso a su lado directo a mi consultorio.
***
Sujeto mi cabello en lo alto mientras me preparo para partir.
No tengo mucho tiempo, ya que en 20 minutos tengo que estar en el cuartel para seguir con los estúpidos entrenamientos.
Hace cinco días los comencé y ya siento las consecuencias en mi cuerpo que me duele desde las piernas hasta los brazos. He observado a los demás entrenar y no son tan estrictos como lo son conmigo.
Me estoy acostumbrando a ese dolor y no sé si es bueno.
Voy al baño y calculo los días, joder esto también ha empezado a doler y mucho.
—Doctora, aquí está su vitamina. —dice Carlos cuando salgo al pasillo.
—Vámonos. —Lo apresuro.
Tomo las vitaminas tomándolas en seco.
—Mierda. —maldice un agente.
Lo veo raro, pero lo entiendo cuando veo a los buitres en la entrada.
—Marcos, date prisa. —dice Julio por el intercomunicador. —La prensa ahora se ha duplicado.
Pongo los lentes sobre mis ojos para evitar bajar el rostro y que los flashes no me cieguen.
Tres agentes me rodean mientras el otro ya está en su lugar.
Doctora denos unos minutos
¿Es cierto que no fue violada y todo fue un show para ganar fama?
¿Qué nos dice sobre sus fantasías?
¿En algún momento nos dirá por qué desaparece tan de repente?
¿A qué se debe tanta seguridad?
¿Se rumorea que su madre está pasando por la peor etapa del cáncer y no se le ha visto cerca? ¿Cómo está su relación con ella?
Mis dientes castañean ante cada mierda que sueltan. No sé cómo demonios saben tanto y si no lo sabes, se lo inventan.
¿Doctora porque de un momento a otro su familia pasa por crisis?
No dejo de caminar mientras las preguntas vuelan.
Se especula que sus constantes desapariciones se deben a sus asociaciones con bandas terroristas, ¿Qué nos dice al respecto?
—Del noticiero Hot and Spicy. —me interceda una periodista. —Doctora Carvajal, sabemos que es buena en lo que hace, pero que nos dice de estas fotos que se filtraron hace unos minutos.
Me da un sobre, pero Julio lo toma y la hace a un lado.
—La doctora está en su derecho de no responder, así que les exijo que se hagan a un lado. —ordenan.
Mi mirada no abandona la de la última periodista que sonríe con superioridad, es del noticiero que saco, es estúpido reportaje y no me agrada.
Logramos llegar a la camioneta y la otra se encarga de hacernos espacio para partir.
***
—Llegas a tiempo, ven te tengo que enseñar algo.
—Si estoy bien, sensei. —me ignora.
Pasamos por los circuitos en los que varios entrenan, pero lo que me enseña es algo que me gusta. Me dice que aún no tocaré un arma de fuego, le divierte lo que he hecho con el bisturí y las navajas.
Así que los entrenamientos son con armas blancas, me llevo bien con ellas y debo admitir que me va de maravilla, pero al final del día el resultado es el mismo.
Mi cuerpo se encuentra pegado al suelo, mi respiración agitada no me deja continuar. Hay una capa de sudor en mi cuerpo y al sentir que el reflector de las grandes lámparas en mi rostro me deja ciega.
—Es todo por hoy. —comenta Yuri.
Me da la mano que muy gustosa tomo para levantarme.
—Ya era hora. —me quejo.
No dejo que responda mientras empiezo a correr hasta llegar a mi alcoba, cierro la puerta a mi espalda mientras saco del cajón la Tablet que me dio Oleg antes de partir.
No me interesa.
Me quiero convencer, pero la verdad estoy un poco ansiosa. Desde que supe que era lo que me dio lo guardé.
Sin embargo, esta mañana antes de que Yuri me llevara con él, vi a Carsten tenso y en medio de gritos ordenó a los mejores técnicos para hackear, no sé que en Colombia para tener los debidos accesos.
El equipo Vyshe se encuentra en esa misión y según lo que escuche, ninguno ha dado señales de vida. De eso ya ha pasado una maldita semana. Una semana sin saber del innombrable, una semana de haber terminado.
Está bien, no es algo relevante.
Enciendo la Tablet que se desbloquea con mi huella dactilar, cuando regrese el innombrable le preguntaré como hizo para conseguirla.
Me enfoco en el aparato, calmando la ansiedad que quiere abordar. Aprieto mis dedos en el aparato y cierro los ojos con fuerza.
Tranquila, todo está bien, él está bien.
Pienso que está fallando al ver todo en tinieblas, sin embargo, segundos después observo varios puntos rojos que enfocan a los cuerpos.
Están a punto de atacar, bien, llegaste a tiempo a la función Alessia.
Con lo poco que me muestra la cámara puedo apreciar que están en el techo, no sé si es del hospital, pues nunca salí cuando estuve en Colombia.
—Atentos. —susurran.
Mi ritmo cardiaco aumenta al escuchar su voz.
—Objetivos en la mira. —arrugo las cejas. —Esperamos su confirmación Superior.
En una esquina de la Tablet puedo ver la silueta de un micrófono apagado y una bocina encendida.
—Mierda. —exclamo al entender.
El innombrable no solo me la dejo para que me permitiera ver desde su posición, sino también escuchar y poder comunicarme con ellos.
—¡Ahora! —ordena.
El sonido es lejano, no se escuchan los proyectiles sino el impacto de los cuerpos contra el suelo.
El color del panorama me confirma que está amaneciendo.
Los hombres uniformados que me llegaron a recoger al aeropuerto y se mantenían en el hospital aparecen en mi campo de visión.
Quieren impedir la entrada, pero Vyshe y los demás son más rápidos y los cuerpos caen cuando los proyectiles impactan contra ellos.
—Te necesitan en la sala de inteligencia. —llega un agente y apago rápido la Tablet.
—¿Es necesario? —cuestiono.
No me apetece moverme de la alcoba.
—Date prisa. —se da la vuelta ignorando mi pregunta.
—Un día de estos me cansaré de ti Bogdánov. —siseo al saber la orden del Gobernador.
Guardo la Tablet en mi camuflado y en mi oído coloco un intercomunicador que venía en la caja junto a otras cosas. Lo enciendo y puedo escuchar las balas y gritos que se desatan en Colombia.
Camino al lugar pendiente de lo que pasa.
—Siéntate. —ordena Carsten cuando llego al sitio.
Señala la silla de su costado.
Hay varios agentes atentos en las pantallas que tienen enfrente. Supongo que pueden ver lo que observaba, pero desde otras perspectivas.
—¿Qué necesita? —inquiero. —tengo cosas que hacer así que te sugiero que seas...
—Atacaron una camioneta en la que pensaron que ibas. —me interrumpe. —Y ya se confirmó que es Rojo sangre, según mis fuentes iban por ti, pero era una de las camionetas que cubre a Carla Carvajal.
Evito hacer algún movimiento y mantengo estable mi respiración para no ponerme en evidencia, se percata de cada detalle para tener algo a su favor, pero pongo todo de mí para que no tenga nada.
Él no puede saber lo que ella significa para mí.
Esta mañana le dieron el alta y le dije a Tyler que fingiera que Carla iba a salir más tarde. Mis sospechas fueron ciertas y Rojo Sangre quiere acabar lo que empezó.
Me hago la estúpida para que no sospeche y no se dé cuenta de que iban por ella y no por mí.
—¿Hay capturados?
—Dos. —responde sin quitarme la mirada de encima.
—¿Quién los interrogará? —necesito verlos antes.
Así como ellos mandan advertencias y amenazas, yo también haré las mías.
—Oleg, ese será el único motivo por el cual regrese luego de acabar con los del hospital de beneficencia. —asiento sin corregirlo.
Carsten está demente si cree que me pondré como una magdalena por una polla, sí es muy buena, pero no para tanto.
Además, sé que miente porque el innombrable tiene muchas cosas pendientes en México.
Iryna fue muy explícita en decirme las misiones de las que está encargado Vyshe, omitió lo de Colombia, pero no importa. Sé que tienen que acabar con Rojo Sangre y desmantelar al burdel.
Me juró que mi hermana no saldría perjudicada y solo espero que vuelvan para que el innombrable me lo aseguré.
Me quedo en la sala y cuando ya no me presta atención, saco de nuevo la Tablet.
Lo que escucho no es alentador y eso sumado a que es similar a lo que se escucha a través de sus pantallas, no ayuda.
—¡Se están escapando! —gritan.
El innombrable se deshace de varios sujetos y cuando creo que ha terminado, saca una navaja y lo siguiente me deja atónita.
—¡Quiero a Pedro vivo! —exige sin dejar de matar a los que se atreven a enfrentarlo.
—Está dejando su marca. —farfulla un agente en la sala.
Despego mi vista de la Tablet y observo como varios de los rostros de la sala están pálidos.
—Tiene mucho de no hacerlo, solo se está desahogando. —dice Carsten con simpleza. —Al parecer México tiene la desgracia de estresarlo. —me mira de reojo, pero lo ignoro.
Vuelvo mi vista a primera fila.
Mete el cuchillo en el pecho y lo baja hasta el abdomen, todos mueren al instante.
La masacre que crea me deja sin respiración, la sangre lo mancha mientras el piso a su paso queda como una laguna roja.
—¡Se llevan a los científicos! —grita Rustam.
Oleg deja de enterrar cuchillo y se apresura a las escaleras.
—¡Adrián! Dámela. —exige.
Se escucha los pasos del tal Adrián supongo a su espalda y cuando llega a la azotea se observan dos helicópteros despegando.
—Solo hay un tiro Oleg, o los científicos o Pedro. —dice Iryna.
—Y con ellos se irá el maldito que dejó libre a Pedro. —hasta yo siento el escalofrío por sus palabras
Adrián le tira una bazuca y no hay signo de una desestabilización por el nuevo peso en su cuerpo.
—Estoy seguro de que será a Pedro. —no volteo ante las palabras de Nikolay.
No sé en cuál va cada uno, pero cuando el proyectil impacta un helicóptero desestabiliza al otro, escucho el grito de una mujer y observo que es proveniente del helicóptero que sigue en el aire.
No, no, no, no puede ser cierto, no ella.
—¡Acábala! —ordena Oleg.
Mi mente trabaja rápido y no pienso antes de encender el micrófono.
—¡No! —grito.
Los de la sala me ven con recelo y los Vyshe se detienen.
Mierda, ellos también me escuchan.
Me doy cuenta de que tengo la opción de que me escuche todos o solo él, lo dejo solo para él.
—Quiero que la traigas a México, Oleg. —su nombre quema en mis labios.
De reojo observo el rostro rojo de Carsten.
—¿Por qué? —inquiere.
Se mueve y me da una mejor vista de la mujer que grita colgada del helicóptero, el Dr. Pedro la trata de sujetar para ingresarla de vuelta.
—Es la madre de Santiago... y fue la que indirectamente me ayudó con las fórmulas para el antídoto de EBÓSIL.
—Solo tenías que decir que porque tú lo decías. —me levanto. —No necesito explicaciones, doctora.
Apago el micrófono quedándome nuevamente como espectadora.
Maldito arrogante de mierda.
Observo la punta de su rifle y posterior el grito del doctor, le pegó en la mano.
La bestia corre mientras el corazón sube a mi boca al visualizar el descenso de Melany, no lo logrará...
La atrapa antes de que toque suelo, lo próximo pasa rápido, pierdo a Melany de mi alcance para observar a varios sujetos armados.
Lanzan algunas bombas que acaban con los últimos.
Los veo salir del hospital para resguardarse con unos objetos que quien sabe de donde los sacaron.
— ¡Hazlos arder! — ordena la bestia.
Se escucha una gran explosión y segundos después todo se queda completamente negro.
—¡No! —grita Carsten.
Lo observo en el momento que tira el intercomunicador de su oído a las pantallas, escucho algunas maldiciones y es ahí que me percato que perdieron comunicación con ellos.
El eco en mi oído a través de mi intercomunicador me devuelve a la pantalla, hay algo tapando la cámara, por lo tanto, al innombrable.
Vamos, sal de ahí, aún hay cosas que resolver.
Espero algunos segundos manteniéndome expectante mientras los de la sala quieren volver a tener contacto con ellos.
—¡Vayan por mis agentes! —exige de la nada.
Sus palabras me sacan un suspiro de alivio y no le pasa desapercibido a su hermano.
—¡Dame eso! —exige con la mano estirada caminando a mí.
Veo de él a la Tablet y me levanto de golpe cuando anticipo sus intenciones.
—Consigue buenos técnicos que arreglen tu sistema. —llevo la Tablet a mi pecho abrazándola como si eso fuera suficiente para que no me la quitara.
—Carvajal. —gruñe.
Ya estoy llegando a la salida cuando escucho sus ladridos.
—¡Es mío, consíguete el tuyo! —devuelvo.
No dejo de escuchar gritos, órdenes, maldiciones y proyectiles en todo el camino.
Llego a mi alcoba y me encierro antes de volver mi vista al aparato, creo que ya todo termino.
—¡Oleg! —gritan con emoción.
¡Mierda, la prometida!
Todo pasa en cámara lenta, reconozco a la mujer y cierro los ojos al no haberlo deducido.
Maldita asiática.
Es obvio que yo la conocía, estuve un mes en Colombia, exactamente en el lugar donde ella junto a otros estaban infiltrados. Sería ilógico no haberla conocido.
Trago grueso cuando la veo correr y engancharse de su cuello, cierro los ojos al ver como la cámara se tapa por su cuerpo.
—Compórtate Young Min. —susurra con desprecio.
Sonrío ante el tono, pero cuando su prometida se aparta mi expresión es de enojo al ver a todos los agentes que me vieron la cara de estúpida.
En un acto impulsivo enciendo el micrófono solo para él.
—Me alegro de que esté de nuevo con su prometida porque estaré ansiosa por recibir esa invitación en la que me vestiré de rojo, al bañarme de su sangre. —se aleja de Young Min, ella arruga las cejas y lo llama sin entender. —Ve con ella y disfruta, pero no olvides que tú y yo tenemos una conversación pendiente.
—¿Ahora si me escucharas? —La rabia es notoria, pero no me intimida.
—Siempre quise escucharte, me equivoqué lo acepto, pero no prolongaré esto.
Ya no hay vuelta atrás.
—Sumasshedshiy, voy a volver y quiero que me repitas todo esto.
—No te preocupes, no me tardaré mucho. —los agentes se acercan nuevamente a él y hablan en coreano. —Tus agentes son una mierda, me engañaron.
—No te atrevas, loca desquiciada. —advierte al anticipar mis movimientos.
Apago el micrófono y lo último se saca una sonrisa pesada.
—Misión finalizada, Superior. —dicen los Vyshe al unísono.
Cierro los ojos con fuerzas porque no estaré tranquila hasta que el último esté bajo tierra y por el momento Pedro y otras dos personas escaparon.
Apago la Tablet y quito el intercomunicador de mi oído cuando su prometida vuelve a estar frente a él dándole una sonrisa, en ningún momento la vi sonreír cuando estuve en Colombia.
De hecho, desde el primer momento me desagrado su presencia.
Ella es una maldita perra que...
—Interesante. —me sobresalto cuando escucho las palabras de Carsten atrás de mí.
—Está invadiendo mi privacidad Gobernador. —expreso molesta.
—No sé como tienes eso en tu poder, pero desde ya te digo que debes entregarlo a la organización. —arrugo las cejas. —¡Dámelo! —exige.
—¿Qué parte de, es mío, no entiendes?
—¿De dónde lo sacaste?
—Fue un obsequio. —me encojo de hombros.
—No me imagino que tuviste que hacer para persuadirlo y lograr que...
Alzo mi mano en rumbo a su rostro para abofetearlo, sin embargo, la acción queda a medias cuando él la toma con fuerza.
>> Cuidado Carvajal, no está mi hermano para que te defienda y si se me antoja te tiro la manada de depravados que hay afuera.
Mi ira aumenta ante sus palabras, pero no me doblego ante su amenaza.
—No necesito de nadie para que me defienda. —alzo el mentón mientras me intento alejar de su toque. —Soy lo suficiente...
Me da una bofetada fuerte que me gira el rostro y me hace sangrar, escupo sangre y la rabia me domina al sentir mi piel caliente y con el relieve de su mano.
—Aprende a callar y a respetar, Carvajal. —alzo el mentón aun sintiendo el indescriptible dolor en mi pómulo.
—Tu teatro está a punto de caerse. —advierto.
—Las de perder...
—No las tendré yo. —lo interrumpo. —Ya me cansé Carsten, estás idiota si crees que dejaré pasar un golpe más. No soy tu juguete...
—¿No? Pero hasta donde tenía entendido te gusta ser la perra de Oleg. —se burla.
Mis ojos arden de rabia contenida.
—Te vas a arrepentir. —aseguro
—No puedes conmigo, Carvajal.
—¡No!...
—¡Aprende a guardar silencio! —grita.
Me toma fuertemente de los hombros y por su fuerza y altura me levantan del suelo.
Muerdo mi labio para evitar gritar ante el dolor que me provoca.
—¡Cerdo asqueroso! —grito aumentando su ira. —Jamás obtendrás mi silencio y sumisión...
Me tira al suelo y me retuerzo de dolor ante el dolor de mi cuerpo adolorido.
—A las malas aprenderás. —me da una patada en el vientre y es lo último que hace antes de salir y tirar la puerta.
Ya no más golpes, ya no más del trato que se me da en este lugar.
Dos lágrimas se deslizan de mi rostro, pero me las quito con odio. Con dificultad me levanto y llevo mi mano a mi vientre mientras camino al baño a tomar una ducha helada.
Con paciencia paso las respectivas cremas y exfoliantes por mi hermoso cuerpo para reducir lo mal que se ve, pero es imposible.
—¡Hijo de puta! —grito al ver mis brazos con sus manos marcadas.
Mi abdomen también tiene un moretón y ni se diga de mi mejilla marcada y mi labio roto.
Mi cuerpo es una obra de arte, pero no un lienzo en blanco dispuesto a ser marcado por golpes.
***
Alzo mi rostro para ver la hora.
—Hora de la muerte 4:30 —digo.
Me arden los ojos por ello no dudo en salir del cuarto del placer, me quito la bata, guantes y gorro. Desinfecto mis manos y cuando estoy lista salgo al pasillo.
Observo a dos mis guardaespaldas dormidos en las sillas.
—¡Doctora! —Me llamó Carlos.
Viene con un café que no dudo en tomar mientras me encamino a la salida.
Al menos a esta hora no tengo que lidiar con la prensa.
Desorientados los agentes me siguen, pero antes de abordar la camioneta ya lista me detengo por un fuerte dolor en mi vientre.
—¿Se encuentra bien? —pregunta Tyler.
Poso mi mano en mi vientre abultado.
No quiero pensar que ha crecido de un día para otro, pero estoy segura de que ayer no estaba así. Llevo mi uniforme más bajo y ruedo los ojos viendo mi pancita.
—Vámonos. —ordeno, sin prestarles atención.
Tyler y Julio no dejan de verme y el primero se vuelve pálido cuando se percata de mi vientre y mi mano sobre él.
>>¿Se te perdió algo? —aparta la vista.
Está amaneciendo y aunque quisiera descansar no puedo, ya que al cuartel entro a las 5 de la mañana y solo me quedan unos cuantos minutos.
Marcos me da mis gotas y recuesto mi cabeza en el respaldo mientras me aplico el lubricante que impedirá que mis ojos se sientan resecos.
Como una barra nutritiva mientras paso mis vitaminas.
—Doctora. —me llaman.
Abro los ojos y me percato que sin querer me quedé dormida durante el transcurso.
—Haz una cita con mi ginecólogo. —le digo a Tyler antes de bajarme.
No lo dejo replicar cuando ya estoy tomando el elevador para ir a los circuitos.
Vaya día de mierda para tener entrenamiento.
—Buenos días. —saludo a Yuri que no se inmuta por mi presencia, ni siquiera me ve y lo agradezco para que no vea el desastre que se ha convertido mi rostro.
—Vete a descansar. —parpadeo. —No habrá entrenamiento hasta mañana.
Lo veo mal, bien me pudo llamar y así ahórrate el viaje y quedarme en el hospital para seguir trabajando.
>>Oleg, Vyshe y los infiltrados de Colombia están a punto de llegar. —explica antes de retirarse.
Me quedo como una estúpida en medio del pasillo para después reaccionar y dirigirme a la alcoba.
Tomo una ducha rápida, me pongo aún más hermosa y aunque lo intente no puedo disimular mi labio partido y el hematoma a un costado de mi vientre. La inflamación de la bofetada bajó, pero en mis brazos no pude hacer mucho.
Pienso que no está mal, al saber lo que pienso hacer.
***
Dos horas después.
—Ahora Julio. —ordeno.
—Si me sancionan será su culpa. —susurra antes de entrar al panel de control, donde se encuentran las personas que supervisan las cámaras de todo el cuartel.
A los pocos minutos los tres agentes salen después de Julio, no sé que les invento, pero los logró sacar, ya que es su misión.
—Marcos, síguelo y no permitas que regrese.
—Tiene 5 minutos antes de que se den cuenta. —advierte y posterior los empieza a seguir a una distancia prudente.
—Carlos en la puerta, cualquier cosa me informas.
—Como ordene doctora. —entro al cuarto seguido de Tyler.
—Un día de estos no llegaré vivo a mi casa, oh lo olvidaba ya ni la recuerdo. —se queja, pero me ayuda a lo que quiero.
Busco las grabaciones de cuando llegue al cuartel buscando a Corazón Oscuro para entregar la USB que mandaba Kim, también lo que pasó dentro del lugar.
No sé con qué objetivo, pero el muy desgraciado grabó cuando estuve en la cabaña en llamas y todo lo demás de ese día y también las tomó de sus archivos personales.
—También quiero que anexes las grabaciones de mi apartamento cuando me golpeaba y cuando me esposaba para dormir. —Tyler asiente y mete todas las pruebas en un solo dispositivo. —No olvides la de ayer. —le recuerdo.
Al parecer el innombrable ordenó que mi alcoba tuviera cámaras y ahora lo agradezco porque es la última prueba.
—Listo. —informa y me da el pequeño dispositivo.
—Vámonos. —antes de levantarme mi vista se detiene en la pantalla que muestra a los que he estado esperando.
Young Min y el innombrable vienen alejados de los demás y se nota que mantienen una acalorada conversación.
—Doctora tiene que salir de inmediato. —salgo después de las palabras de Carlos, pero no dejo de reproducir esa imagen.
La odio y a él más por estar con ella.
Camino como si nada y enciendo mi obsequio, tiene otras funciones, pero me concentro en la cámara.
—He dicho que no Min, deja de insistir porque la respuesta será la misma. —mi pecho se infla al escuchar su voz.
Confirmado, esta más que enojado.
—No lo entiendo, estábamos tan bien y ahora esto. —mis dientes chocan cuando escucho su voz fingida.
Se le da fatal el español, es obvio que no lo domina a la perfección.
Como si se diera cuenta de que estoy escuchando terminan de discutir en coreano y lo odio, también anotó aprender el idioma.
Cuando llega al fondo del cuartel todos se amontonan alrededor de los agentes
Ruedo los ojos cuando las felicitan, y más a Young Min, ridículos, si supieran lo mal que se portó en Colombia no estuvieran así.
Es momento Alessia, sal y brilla.
Llego al comedor que es donde se encuentra, está todo Vyshe, algunos agentes que no conozco y las agentes infiltradas.
Iryna es la primera en verme y se acerca a mí.
—¡Zhoschchiy! —grita viniendo a mi encuentro.
Sonrío y acepto su abrazo, varios se fijan en mí, incluyendo a las agentes infiltradas. Quito la vista de Carlota cuando me sonríe.
Hipócrita.
>>¡Pero qué le pasó a tu rostro! ¡Yuri porque permitiste esto en los malditos entrenamientos! —grita indignada.
El innombrable se pone rojo y me repasa de pies a cabeza deteniéndose demasiado tiempo en las marcas de mi cuerpo.
Su mirada se dirige a su hermano como si supiera que es el culpable.
—Carvajal. —advierte Carsten.
No lo veo, mi mirada está fija en Young Min quien no deja de verme con recelo.
—Estoy bien, no es nada. —le resto importancia.
Sin embargo, Iryna no deja de maldecir a Yuri, quien a los pocos segundos está frente a nosotros.
—¡Todo mundo, largo! —los corre el gobernador.
Vyshe, los Bogdánov y las infiltradas son los únicos que se quedan.
—No fui yo, ayer no estaba así y esta mañana no la detalle al llegar, pero estoy seguro de qué...
—Es tu obligación. —se mete Rustam.
Young Min posa su vista en él, quien está molesto e indignado, pero por verlo a él no se da cuenta de que su pareja se encuentra peor.
El innombrable está a nada de ponerse en evidencia, si dice una palabra no podrá detenerse y los que no sabían lo que teníamos, incluyendo a lo coreana, se darán cuenta.
—Yuri no tiene nada que ver, pero si Vyshe está interesado. —veo de reojo a Carsten y sonrío con superioridad. —Tengo algo que estoy segura, les va a encantar.
Saco el dispositivo de mi bolsillo y lo alzo. Las fosas nasales de Carsten se mueven ante la pesada y furiosa respiración.
—No juegues con nosotros, latina. —no borro mi sonrisa ante las palabras de Min.
—No juego y ser latina no es una ofensa. —sus ojos me aniquilan, pero no bajo el rostro. —Quisiera decir que no estás invitada, pero eres parte involucrada.
—¿¡De qué demonios está hablando!? —inquiere un molesto Caleb hacia ella.
—No tengo idea. —miente, porque sí sabe lo que hizo.
—Puede esperar, las agentes están cansadas y lo menos que se merecen es un merecido descanso. —se mete Nikolay nervioso. —Además, no conoces a las agentes. Deja te las presento.
Luce tan desesperado que tartamudea y casi se cae cuando jala a quien consideré una buena colega.
>>Ella es Jiku, la mejor amiga de nuestro Superior. —la señala.
El ambiente es tenso por donde quiera que lo vean, observo a Jiku y los hilos sueltos cobran sentido.
—Mucho gusto... — alzo una mano deteniéndola.
No hay sorpresa, en ningún Vyshe, observo al innombrable como si necesitara su mirada como una fuerza invisible.
A pesar de tener una cara de perro rabioso, logra cumplir el propósito que no tendría que tener.
—No finjas que no me conoces. —digo a los segundos. —Eres una maldita mentirosa, no es necesario que finjas delante de los demás.
—No entiendo de que me está hablando, yo...
—He dicho que dejes la maldita farsa, Jiku. —los implicados se tensan al saber que no voy a callarme —porque está claro que no eres la Dra. Kim. —se tensa.
Ve a varios, pero su mirada se concentra en quien dice ser su amigo.
—Puedo explicarlo. —el rostro del Superior está rojo cargado de ira al ir comprendiendo.
No es estúpido y no necesita tanto para saberlo. Tiene las manos hechas puños, pero casi todo Vyshe está de esa manera, así que no es tan evidente que le interesó de una forma más íntima.
—No tienes nada que explicarnos Jiku, la agente Carvajal está de salida. —sonrió con superioridad ante sus palabras. —Retírate Carvajal.
—Dinos las cosas de una vez. —se mete la que reconozco como Stefani.
—Acompáñenme. —empiezo a caminar rumbo a la sala de conferencias.
Alzo el mentón al saber que todos me están siguiendo. Poco a poco todos se sientan mientras no dejan de verme.
—Zhoschchiy, no te estoy entendiendo, ¿Viste a Jiku en Colombia, por eso la conoces?. —Nuestras miradas se conectan y asiento.
Disfruto la tensión, curiosidad, rabia y todos los sentimientos que distingo.
—No entiendo por qué la doctora está molesta, la conocimos en Colombia, estábamos infiltradas, fin del problema. —la altanería de Min me está molestando.
Le doy una mirada al innombrable que se ve a punto de asfixiarme si no hablo.
Una mirada de una disculpa que nunca pedí, pero él merece le brindo, la entiende y se tensa con anticipación. A parto la mirada porque tampoco quiero delatarnos.
—Es curioso que lo digas Young Min. —sonrío. —Porque gracias a las botellas infectadas de droga que me diste, estuve a punto de perder la vida.
—¿Qué? —se exalta un encabronado, Superior. —¿Por qué demonios la drogaste Min? —la dureza de sus palabras es un afrodisiaco.
No pueden subestimarme, estoy cansada de que lo hagan, no soy fiel a nadie y cada bofetada le costará caro a Carsten.
—Sabías quien era yo y no me refiero a ser la cura de EBÓSIL. —la enfrento. —Sabías qué gracias al trato que hizo Jiku con Carsten Bogdánov, yo estaría dentro de OFR, y aun así me drogaste.
—¿De qué maldito trato estás hablando? —se levanta, pero Rustam posa su mano en el pecho.
—Todo tiene una explicación, verdad Boginya.
—¿Boginya? No seas ridículo Rustam.
—Young Min. —advierte Iván.
Me divierte, debo admitirlo.
—Habla Alessia, por favor. —sonrío ante las palabras de Caleb.
—Las conozco, a las cuatro agentes. —las repaso. —Y no me importa que sean parte de OFR, el problema está en que me obligaron a estar dentro de su maldita organización.
Es ahí que el caos inicia, hay gritos y reclamos de todos contra todos. No me meto, porque esto es lo que quería ver. Que las verdades salieran a la luz sin la necesidad de tanto misterio.
Tengo tantos problemas en mis hombros que cargar con esto, sería no quererme y yo me amo.
La farsa de Carsten se cae, los puños van y vienen, hay pocos que defienden a su gobernador y cuando Carlota se me viene encima Iryna la toma del cabello y la arroja al otro lado.
Que bueno que la sala de conferencias sea grande.
—No voy a victimizarme. —suelto fuerte y claro para que dejen de pelear. —Porque soy la primera responsable de esto al no hablar de las amenazas con quienes me trataban de proteger.
Siento su mirada en mi cuello, pero no lo veo.
>>Pero tampoco cargare con un secreto que no es solo mío. —sus ojos zafiro me siguen buscando y le devuelvo la mirada, lo siguiente lo suelto sin dejar de verlo. —Tuve un colapso nervioso y estuve a punto de tener un paro cardiaco debido a la droga, sedantes y otros químicos que me dieron, además, me tuve que someter a un proceso en el que tenía que limpiar mi sangre de toda la porquería que me dieron. Curiosamente tiempo después descubri que Young Min le echaba algo a toda el agua que ingería y es por eso que encontraron demasiado en mi sistema, aunque yo la conocí con otro nombre.
La guardia.
—Pero...
—Caleb, me haces los honores. —el mencionado se levanta y toma el dispositivo que mostrará todo en orden cronológico.
Todos se quedan en silencio presenciando lo que prepare. Están concentrados en la gran pantalla, por eso me dedico a ver a la Bestia. Su mandíbula se contrae, respira pesado y hace puños.
Escucha mis gritos en donde estoy en el bosque y su mirada me busca.
—No fue tu culpa. —susurro y sé que pudo leer mis labios.
Niega y ya no aparta la mirada de mí, mientras los primeros golpes en mi apartamento se presencian.
Incluso agregué los días más difíciles con las pesadillas, esposada, sintiendo mi mundo derrumbarse.
El grito desgarrador que solté cuando me dio la patada ayer es lo último que se escucha antes de que el lugar se quede en un silencio perturbador.
—Te lo advertí, voy a matarte. —la bestia se levanta, pero Young Min lo detiene y que lo toque me enfurece.
—Era por la Organización, el problema es que ella. —me señala. —Los está poniendo en contra para...
—No lo justifiques. —se mete Adrián. —lo que hizo no está bien en ningún sentido.
—Una cosa es lo que se hace por y para la organización, pero lo que el Gobernador le hizo a la doctora es un gusto y morbo que da asco. —lo secunda Rebeca.
Hay algo más en su mirada que no logro descifrar cuando todo Vyshe vuelve a discutir.
Rustam se levanta decidido a golpear a Carsten, pero Carlota lo detiene, bueno si es que ese es su verdadero nombre.
Porque la Doctora Kim resultó ser Jiku, la mejor amiga del innombrable y la guardia es la prometida de mi ex amante.
Vaya mierda.
—¡Se está victimizando!
—No lo hago, si lo digo es porque no seré parte de su teatro, odio las mentiras, las aborrezco y si exijo la verdad, voy a ofrecer lo mismo.
—Y para qué, ¿Cuáles son tus intereses doctorcita?
Seguir comiendo al hombre a tu lado.
—No son de tu incumbencia, llegaste tarde para saberlo. Y si me disculpan tengo que ir al hospital, porque yo si trabajo.
—Sí, ve y trabaja para que tengas que darle a tu bastardo. —me detengo y arrugo las cejas sin entender.
Posa su vista en mi vientre abultado. Hoy me puse la básica, pero es tan chismosa que ya no sabe ni que decir.
Todos posaron su vista en mi abdomen y varios se sorprenden, y ven a su Superior, son tan indiscretos, pero por suerte estás detrás de Min.
La bestia se queda atónito sin despegar su vista de ese lugar. Muerdo mi labio.
Poco a poco levanta su vista hasta llegar a mis ojos con la clara interrogante que es innecesaria responder.
—No sabía que a temprana edad te llegó la menopausia y ya olvidaste ciertos síntomas de la menstruación.
No doy más explicación antes de marcharme.
La bomba ya explotó, para muchos no es nada, pero las cosas van a cambiar porque no voy a someterme ante nadie.
***
Dos días después.
Observo mi móvil vibrar con la llamada de Javier. Sonrío porque es el primero en llamar, después de tantos años creo que se merece ese privilegio.
—¿Qué...?
—Guarda silencio y escucha. —me interrumpe. —Hago esto porque Sara ya me dio la autorización, sé que no le agradaría a Matías, pero si yo estuviera en su lugar, aunque no estuviéramos bien, me gustaría que supieras de la decisión.
Las camionetas siguen en marcha y me mentalizo que debo volver a ocupar el mío.
Suspiro y muerdo mi labio al saber que esta llamada no es por mí.
No esperes nada, Alessia.
Guardo silencio mientras escucho el tenso saludo entre Javier y Matías se ponen cómodos y Matías empieza hablar. Tomo una calada de aire ante su declaración.
—Nuestra relación está pasando por una de las vivencias más duras, teníamos planes, ilusiones y... —se quiebra. —todo se desmoronó, fue difícil una primera vez aceptarlo, pero saber por lo que tuvo que pasar Sara está desmoronando mi fortaleza.
Veo la maleza en la ventana mientras mi pecho se comprime de dolor y la culpa vuelve a ser la protagonista de mis demonios.
Por lo que escucho, Sara está descansando. No me imagino como se encuentra ella siendo la que más sufrió por eso... por mi culpa.
>>Aunque Sara no lo haya verbalizado, se que la depresión la está consumiendo, reprimió los sentimientos, pero ahora que ya no debe callar, todo está a flor de piel.
—¿Cómo te sientes tú? —inquiere Javier.
Hay un largo silencio antes de que responda.
—Rabia, me siento con mucha rabia e impotencia por no poder hacer algo al respecto. —suspira. —Quisiera saber quienes son para poder mandarlos a la cárcel, pero amenazaron a Sara y no quiero más persecución para nuestra pequeña familia.
Yo los haré pagar, te lo prometo.
>>Me duele cuando las pesadillas no la dejan descansar, la acompañó y cuando el llanto le gana reprimo mis lágrimas y le repitó que no fue su culpa, lo repitó mientras me aseguro de que se duerma. Solo quiero justicia, pero aunque me duela sé que no la obtendré. —confiesa.
La entiendo perfectamente, las pesadillas se han vuelto mis amigas y es todo un reto sobrevivir a ellas.
—¿Cómo piensas superarlo? ¿Buscar un nuevo embarazo?
Idiota.
Quiero transportarme para darle un golpe a Javier por su imprudencia y falta de coherencia.
—Ambos hemos pedido días de descanso en el hospital. Esta mañana escribimos una carta de despedida para nuestro hijo no nacido, al principio lo dudé, pero siento que es un buen inicio. Nos apoyamos mutuamente, pero vamos a buscar apoyo profesional.
De un momento a otro dejo de escuchar la conversación, para concentrarme en mis pensamientos.
No habrá justicia, pero si venganza.
Me jodieron al meterse con mi hermano, anticipé los movimientos y decidí proteger a Marta y Carla, pero dejé de lado a mis amigos.
Y ahora estoy pagando caro las consecuencias.
Su dolor me motiva para no tener compasión cuando los tenga de frente.
No importa que Matías tampoco se acuerde de mí, primero debe ser él, incluso sobre mí.
***
Llegar al cuartel después de dos días es un poco extraño, no vengo desde que dejé de ocultar ciertas cosas.
Yuri me dijo que me los tomara como un descanso para que mis golpes sanaran, sé que fue una excusa, pero no dije nada porque en ese tiempo no deje de trabajar en el antídoto, también avance mucho en el hospital.
Ya solo me falta pocas cosas para que el regalo esté listo.
Carla y Marta están bien por lo que es una preocupación menos. Hablé con Melany y me agradeció el haberla salvado, fue un poco incómodo como nos conocimos, pero en estos momentos se encuentra con su familia.
—Tengo unos minutos, iré a tomar una ducha. —suelto al ver a Yuri.
—Si claro, los dormitorios están en el otro edificio. —me detiene.
Arrugo las cejas, pero después sonrío.
—Tal Vez para los demás. —sigo caminando. —Alessia Carvajal jamás compartiría dormitorio, por ello está en una grandiosa alcoba.
Camina conmigo mientras conversamos un poco, cuando estoy por entrar a mi alcoba la dé al lado se abre. Me tenso al ver salir a Min, pero más cuando la Bestia sale sin camisa y el cabello mojado.
Me percato de muchas cosas, entre ellas los golpes en su rostro y otros muy feos en su pecho, también que no me ha notado por estar viendo su móvil.
—Superior, Min. Buenos días. —saluda Yuri.
La pareja se percata de nosotros y sus expresiones son un poema, ambos me ven con odio, pero la bestia también con deseo.
Los ignoro y entro a la alcoba para tomar la ducha que necesito demasiado. Las gotas de mis ojos ya se volvieron parte de mi rutina.
Observo la hora y suspiro cansada al no obtener ningún mensaje, no los quiero, pero una vez más me doy cuenta de que estoy sola.
¡Que bien! ¡Hura!
Te odio 20 de septiembre.

—Regresarás a Rusia, fin del tema.
—Pero...
—No tienes nada que hacer aquí, así que vete antes que a las malas te mande junto a tu hermana.
—No me iré sin ti. —se cruza de brazos. —Y aunque no he pedido una explicación, si quiero saber por qué toda la organización tiene a mi hermana como traidora.
—Porque lo es.
No quiero ni siquiera recordar porque está siendo torturada. Me hace tragar hiel de enojo.
—Olegsito...
—Estoy cansado, no he dormido bien en las últimas semanas. —interrumpo. —Retírate y deja de molestar.
No la dejo responder cuando ya me he encerrado en el baño. Dejo que el agua se lleve la suciedad de mi cuerpo.
Los recuerdos vienen de nuevo y arrojo el jabón cuando sus gritos se repiten una y otra vez.
He trabajado demasiado, tengo exactamente cuatro días sin dormir más de una hora seguida, los pendientes se han acumulado y la rabia de hace dos días no ha bajado ni un poco.
Carsten es una mierda, y ni siquiera haberlo dejado en coma me tiene tranquilo. América tendría que hacerse cargo de OFR en su ausencia, pero debido a la lenta recuperación que tienen desde que la loca la enveneno yo estoy a cargo.
Es un peligro para el rumbo de OFR, pero poco me importa.
Aún no puedo borrar los gritos de la loca y eso me enfurece, porque ella es intocable y que mi hermano la haya dañado es otra cosa que no me perdono.
No, no me hagas daño, por favor.
¡AHHH!
¡No me toques! ¡Te odio!
Alejo los recuerdos.
Superior, la alcoba no ha sido desalojada. Mujer de desconocida procedencia usurpando e indagando en el sitio.
—No entiendes Min. —suelto cuando el sistema inteligente me notifica que sigue buscando quien sabe qué.
No la quiero y no estaré con ella solo por complacerla, ni siquiera cuando fuimos pareja me sometí ante caprichos, ahora menos.
No nací para eso.
Me visto rápido omitiendo la básica. Iryna me dijo que tiene un gel para la desinflamación y que el color desaparecerá rápido.
—Que parte de que te largues no entiendes. —me estreso al verla rebuscando entre mi ropa.
—Es que no es justo, dame un maldito motivo. —silencio. —¿He dejado de gustarte? ¿Ya no te parezco atractiva?
—No te hagas esto.
Dice otras cosas que ignoro y la sigo a la puerta sin dejar de ver el móvil que me muestra los datos que mande a investigar.
Hay algo que no cuadra en perfecto perfil de Axel Merino, y lo voy a descubrir.
—Superior, Min. Buenos días. —alzo el rostro para encontrarme con la estúpida sonrisa de Yuri y la indiferencia de la loca.
La repaso queriendo encontrar lo que sé que no hay en su vientre, pero no dejo de pensar en, ¿Qué pasaría si lo hubiera?
Su rostro indiferente es una capa casi perfecta si no la conociera como lo hago. Le molesta la presencia de Min junto a mí, aunque siga de largo sin dirigir la palabra, sé que no le gusta.
El brillo en sus ojos es un fuego que transmite más de lo que hace su sucia boca.
—Al parecer alguien comió alacranes. —se burla Min.
—No sabía que porque estabas aquí, ya lo incluyeron en el menú. —el sarcasmo hace que Min se tense. —Si me disculpa tengo cositas que hacer con mi aprendiz, ya saben estamos en los roles de Profesor/Alumna. —se encoge de hombros.
Entra a la alcoba de la loca dejándome un sabor amargo. Me molesta que insinué cosas que no tendría que afectarme, pero lo hace y él lo sabe.
***
Desde mi oficina observo como la loca interrumpe el entrenamiento para tomar una llamada que la deja pálida.
—Rastrea la llamada. —ordeno.
—Línea fantasma, necesito mínimo...
—No permitiré que le llenen la cabeza de porquería, así que date prisa.
Ya no dice nada mientras sigue moviendo los dedos sobre su ordenador.
—Mierda. —maldice.
No es necesario que me diga algo, sé que la llamada ha finalizado cuando la loca toma grandes caladas de aire.
Yuri se acerca, pero ella rechaza su compañía y se retira.
—No quiero que la dejen sola. —advierto al saber que tiene a la prensa pisándole los talones.
Llegar al cuartel es un difícil trabajo para los escoltas al tener que perderlos. Esta vez no puedo hacer nada porque eso sería hundirla más y confirmar las sospechas.
Ahora sé el nombre del sujeto del rostro censurado y su cacería ya empezó.
—Va para la residencia de la señorita Carla. —me informa Tyler.
—Rustam, Sebastián y Adrián. Quedan a cargo. —suelto antes de marcharme.
Caleb va a mi lado mientras ordena a los Vyshe que siguen y están dentro del Burdel y al rededor de Carla se camuflen a un más, porque la loca los va a reconocer y aunque ya sabe de esa misión no quiero lloriqueos de los, son mi problema no te metas.
Pasa al rededor de dos horas dentro de la residencia y cuando sale tiene el rostro desencajado, hay rabia, dolor y decepción.
Carla también lo olvido.
Ordena ir a su apartamento, saca el diario que hace unos días me dejo viendo rojo por lo que pudieron hacerle.
Alejo los pensamientos, porque en estos momentos no es bueno.
—¿Tienes lo que te pedí? —inquiero a través del intercomunicador.
—Si, ya tengo los documentos, solo para que ella los firme. ¿Sabe aceptar obsequios? Porque se lo comenté a algunas personas y también van a contribuir a la causa.
—Otro día, hoy no. —corto.
Antes que se suba a la camioneta recibe otra llamada que la hace enrojecer de enojo.
—¿Adónde vas? —inquiere Caleb.
Cierro la puerta ignorándolo por completo.
Que se vaya, tengo otros planes y él en ningún sentido está involucrado. Me acerco a ella escuchando parte de su discusión.
—No te atrevas a volver a amenazarla porque no permitiré... Es que no terminas de entender que no estás para negociar, si a mí me apetece te destruyo y... ¡Deja de amenazar!, ya te dije que no hay nadie, estoy sola...
Se da la vuelta y arruga las cejas al verme.
>>Deja de vigilarme, te veo ahí. —corta y suspira cansada como si mi presencia le fastidiara.
Loca, dramática, bipolar, inestable, con pésimas decisiones.
—Así que tienes planes para hoy. —se endereza.
—No es de su incumbencia, Superior.
—Tenemos una conversación pendiente. —le recuerdo.
—Lo sé, pero hoy... no es un buen día tengo que...
—No terminarás el entrenamiento y no iras al hospital, así que porque no dejas tu amargura descansar y me permites invitarte a almorzar. —parpadea sin dejar de verme incrédula.
—Ya te he dicho que las bromas no son lo tuyo.
—No estoy bromeando y ya hace hambre. —suelta una carcajada. —¿Qué? —frunzo las cejas.
—Nada, esto es demasiado normal para ser real.
—Vienes o tengo que obligarte. —me enojo
Es tan difícil saber como reaccionara, porque hago algo se enoja, no lo hago también. Es una mujer demasiado estresante.
—No soy una mujer fácil...
—Ahórrate el drama, no aguantaré más excusas. —se muerde el labio.
—Oleg, hoy no y te prometo que hablaremos, pero hoy...
—Que importa que día es hoy, vamos a ir fin de la discusión. —Sonríe con nostalgia por mis palabras.
Sé el motivo y es por eso que las escogí. Me enfurezco cuando pone más resistencia, pero cuando voy a tomarla para cargarla y que se acabe el drama me detiene.
—Tranquilo machote, puedo caminar y te acepto la invitación, porque ya hace hambre. —repite, y ahí está esa maldita sonrisa que me tiene malditamente idiotizado.
La odio, es una maldita bruja.
—Tienen el día libre. —les digo a los agentes que la cuidan.
—Espera, necesito que hagan algo. —ruedo los ojos al verla ir a la camioneta.
Me subo a mi auto para esperarla con fastidio.
—Ya está todo listo...
—Bájate.
—¿Qué?
—Ella viene conmigo, bájate.
—Pero...
—¿Interrumpo algo? —inquiere la loca.
—He... no nada, yo ya me iba. —se baja.
—Estás seguro, veo que viniste con él. —hace una seña a mí. —¿Quieres que te dejemos en algún sitio?
—No quiere. —me adelanto fastidiado.
¿Cómo que él? Y hasta señalándome.
Aprieto el volante molesto.
Después de una despedida innecesaria nos ponemos en marcha. Nos encerramos en un silencio que poco a poco se vuelve más tenso.
—Entonces... a que se deben tantas atenciones. Porque creo que ya las cosas...
—No lo arruines.
—¿Disculpa? —se indigna.
—Sé lo que has visto, sé lo que estás pensando, también sé que es algo que no te importa y...
—Te equivocas. —la veo de reojo. —Hay algo que he estado considerando. He pensado ciertas cosas de mí, pero viéndolo bien no es así.
Asiento sin responder.
—Deja las aclaraciones para después. No quiero que arruines el almuerzo. —recalco y ella arruga las cejas.
Empiezo a conducir sintiendo su mirada en mi perfil.
No me adelantaré a nada, todo tiene que ser como lo he planeado. Sin tantos rodeos.
—Hay un nuevo restaurante de comida italiana que ha llamado mi atención. —divagó. —Está en el centro, pero podemos ir a otro...
—Iremos al italiano.
—¿Seguro? Porque también...
—Alessia, guarda silencio y disfruta un poco de tu vida sin tener que pensar en todo. —muerde su labio.
Quito la vista de su labio porque soy yo quien quiere tenerlo entre los dientes, saborearlo y delinearlo con rudeza.
Ordenamos una buena pasta y de postre ordeno por ella y es de las mejores decisiones que he tomado, porque la paz y tranquilidad que transmite es un estimulante que estoy dispuesto a repetir.
Hablamos de cosas sin sentido, algo que pocas veces hicimos, hace una broma con decir que es una cita, pero rápidamente se corrige.
Sabemos que temas no tocar hasta que llegue la hora, mientras me concentro en disfrutar su compañía.
—¿Tienes tiempo y ganas de disfrutar? —pregunta con una sonrisa después de ir a algunas tiendas
Trate de fingir que no me estaba aburriendo, pero falle.
Hay un brillo en su mirada que no quiero apagar por lo que acepto todo lo que pide, se está dando cuenta y se aprovecha. Me encargo de cumplir cada maldito capricho.
De estos si estoy dispuesto a tolerar.
—Bien, ¿Y ahora? —cuestiono.
No me presta atención por estar viendo unos volantes. Se lo quito molesto, ya que no me presta atención.
—¡Oye! Dámelo, ya sé donde quiero ir. —asiento.
Nos subimos de nuevo al auto y me da la dirección, pero mi mandíbula se tensa cuando veo el gran letrero colorido.
Aprieto el volante ante los olores fuertes y el ruido excesivo. Esto no me gusta en lo absoluto.
Paciencia, necesito paciencia para esta estupidez.
—Es genial, ¿Verdad? —Pago el parqueo.
—No está mal. —miento.
Pongo los lentes sobre mis ojos y suspiro para lo que me espera.
—Vamos. —me toma de la mano y me jala. Ella también se ha puesto sus lentes y hasta una gorra que al poco tiempo me la pone a mí. —No te queda mal, de hecho se nota que no eres de aquí y eso te hace más atractivo. —asiento sin mucho ánimo.
No se da cuenta de las varias veces que toma mi mano por estar empujando a las personas, pero yo si noto la calidez de su mano apretando la mía.
Contengo el aliento y la tomo de la cintura con posesividad cuando observo a hombres reparándola sin descaro. Ella está afanada en no dejar pasar a nadie en la fila que lo pasa por alto.
Llegamos a la taquilla y me exaspero cuando dice que volverá porque olvido su cartera. Saco mi billetera y le doy una de mis tarjetas.
—Prometo que...
—No importa. —le resto importancia.
Compra demasiados boletos para los juegos mecánicos y me exasperó al saber que esto va para largo
—¿No quieres comer algo antes? —hago tiempo para que se arrepienta y nos vayamos.
Sin embargo, todos los puestos tienen comida chatarra y de procedencia desconocida y no sé cuál ofrecerle. Los olores dulzones y salados me empiezan a generar asco.
—No, si como algo vomitare y no es lo que tengo en mente, quiero ir primero a. —ve a nuestro alrededor. —¡Al barco!
—¡Que bien! —me burlo, pero cuando me mira con curiosidad carraspeo y camino junto a ella.
La acompaño a hacer la fila y cuando está a punto de subir me hago a un lado.
—¿Qué haces? Vamos los dos.
Mis dientes castañean.
No quiero.
—Ok. —respondo.
Las siguientes horas me irrito más, las filas no son largas, pero no me gusta esperar para llegar a nuestro turno.
Cuando no se da cuenta la acerco lo más que se puede a mí. No soporto que la vean con ganas de desnudarla, es todo un reto soportarlo.
Nos subimos a varios juegos mecánicos, cada uno peor que el anterior.
Algo anda mal en mí, porque ya no estoy tan estresado como quisiera y eso me enoja, la euforia y adrenalina está impregnada en mis venas.
Al principio sentí un dolor de cabeza tolerable, pero ahora todo es diferente.
Cuando torturo, ejecuto y estoy en medio de enfrentamientos, los niveles de endorfinas se elevan y provocan placer, felicidad y diversión. Todo por las situaciones estimulantes.
Y es eso exactamente lo que estoy sintiendo, la veo divertirse y tengo que tensar la mandíbula para no acariciar su rostro. En estos momentos no hay ni un gramo de tristeza, angustia o miedo.
Sus niveles de endorfinas también se han elevado y... es agradable y satisfactorio verla así.
—Vamos al último. —señala un juego.
Observo como las personas se caen y rebotan unos entre otros. Arrugo las cejas porque ni loco me subo a esa mierda.
—Estoy cansado, iré por algo de tomar. —se detiene y me da una mirada que no me gusta.
—¿Te estoy aburriendo? ¿Te sientes incómodo?, porque si es así podemos irnos y...
—No. —la corto. —Vamos, se ve agradable. —vuelvo a mentir.
—¡Si! —chilla.
La maldigo internamente y sin que se dé cuenta hago una llamada.
—Quiero que cierren el lugar, de inmediato. —ordeno.
—¿Cuál?
—¡La feria! —digo entre dientes.
—¡Oleg! Vamos, date prisa. —me llama.
Camino en su dirección viendo que a un señor le deja todo lo que ha ido comprando en este lugar, no sé donde va a caber todo, incluso compro para todo Vyshe. Dejo los peluches y bolsas de dulces con el mismo señor que ella.
Esto es horrible.
Cumplo el último capricho y al saber a lo que voy me enojo y esta vez no finjo la indiferencia de toda la tarde. Demuestro mi mal humor, pero no me hace caso.
Nos subimos a la rueda y me sujeto de los hierros de atrás para no caerme.
—Se llama tagada. —informa antes de que el juego empiece a moverse.
—Y no quiero saber por qué. —bufo y ella vuelve a ignorarme.
Cierro los ojos resignado cuando los movimientos se hacen más bruscos.
Ignoro a la loca y sus carcajadas en medio de frases cortadas. Los abro cuando ya no la siento a mi lado y mi sangre hierve al presenciar tan espantosa escena.
¡Qué carajos se cree!
—¿Qué demonios estás haciendo? —me quejo al verla.
Su risa aumenta, pero a mí no me parece gracioso, me enoja ver como tiene una pierna sobre otro hombre.
Cada vez que el juego mecánico se mueve, la loca va más encima de él.
—Es que, no puedo... —calla cuando está a punto de soltarse.
Me suelto de una mano para tomarla de la cintura y ponerla a mi lado.
Como todo el día, no parece negativa a mi toque, por el contrario, pone una mano en mi pecho y vuelve a sujetarse con la otra del hierro a nuestra espalda.
—Esto es una mierda. —vuelvo a quejarme.
Hay personas en el suelo que intentan pararse y otras que se nos vienen encima.
Pateo a un hombre que cae casi encima de la loca. No me gusta este juego, altera mi humor y que ahora su pierna se posa entre las mías me enoja aún más.
Paso los minutos más largos sobre el juego que nunca para. El único consuelo es verla sonreír, aunque hasta eso me molesta porque no es por mí, sino por el movimiento que la pega más a mí.
Creo que debí decirle que no me gustan este tipo de cosas y listo. Sin tantas complicaciones.
***
Vamos en el auto cuando por fin salimos del nudo de mundanos.
Qué fastidio tener que estar empujando a todo el que se atravesara, pero todo fue para que no la tocaran a ella.
—Qué mal que lo hayan cerrado, ni siquiera te dieron el reembolso.
—No importa. —estoy agradecido que se haya acabado.
—Estoy agotada. —bosteza, me quedo unos segundos contemplando su perfil.
A pesar del maquillaje puedo observar sus ojeras, sinónimo de que no está descansado como se debe. He estado siguiendo sus pasos desde lejos y respetando su privacidad, es por eso que sé que no han sido días fáciles.
—Vamos a tu apartamento. —Propongo.
Suspira al saber de qué ha llegado el momento de hablar de lo que hemos estado evitando.
Aún hay rastros de felicidad, pero no todo es permanente aunque quisiera.
—Un pajarito me contó que tienes una casa, ¿Y si vamos ahí?
Lo pienso un poco, Rustam dijo que ya soluciono el problema de Montserrat y el incendio, así que supongo que no hay problema.
—Si es lo que quieres. —asiente.
Creo que más días deben ser, 20 de septiembre. Necesitamos más días sin ella, siendo la exitosa doctora perseguida por criminales y acosada por la prensa y yo el agente con dos organizaciones a su cargo y un arsenal de armas en fabricación.
Menos problemas y más de esto.
***
—Es muy bonita. —comenta insegura.
No respondo, me dirijo al minibar para servir vodka y lo más suave que tengo para ella.
—Ponte cómoda.
Se quita los zapatos y se sienta frente a mí.
—Suéltalo, dime lo que llevas tiempo callando. Dime que es eso tan importante a tal punto de hacerme considerar que me odiabas.
No me gusta el resentimiento en sus palabras, tampoco lo que supuso.
—¿Cómo podría odiarte? Si te odio, pero eso siempre lo has sabido.
—Me odias, te odio, siempre lo hemos sabido, la diferencia es que también nos deseamos, al menos eso creí.
Me desea y termino conmigo porque es una maldita loca.
—Alessia, nunca he dejado de desearte. —confieso. —Mis ganas de follarte en todas las posiciones nunca han cambiado. Si estamos como estamos es porque tú...
—Después, esta es una conversación para después, primero lo crucial.
Evito decirle que esto también es relevante.
—Se trata de tu padre. —se endereza tomando una actitud a la defensiva.
—Oye, ibas muy bien, así que como me lo dijiste hace unas horas. No. Lo. arruines.
—Tenemos que hablar de él, siempre se ha tratado de él.
—Respeta su memoria, no...
—Tu padre biológico está vivo, no es Samuel Carvajal y ahora se encuentra en México.

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