Capítulo 41


Only love can hurt like this. - Paloma Faith. One hour.

—Doctora, en recepción se encuentra los doctores Matías y Javier junto a Sara Müller. —veo como los agentes se bajan haciendo el debido protocolo. —Matías se encuentra demasiado alterado, así que le recomiendo que...

Me bajo de golpe ignorando sus sugerencias que al poco tiempo se convierten en gritos.

Poco me importa sus palabras, mis amigos me necesitan y no voy a darles la espalda. Necesito que se alejen de mí, no quiero exponerlos a mis desgracias ni a dramas innecesarios, así que terminaré con esto de inmediato.

Mientras más me acerco a recepción, los gritos de mi amigo son más nítidos. Me alarmo y camino más rápido llegando a ellos.

—Tienes que calmarte, sé que hay una explicación. —pide Javier. —¡Por Dios, es Alessia! ¿Cómo puedes pensar algo así?

Trata de calmarlo, pero es imposible. Matías camina de un lado a otro, ignorando las palabras de Javier.

—Matí. —poso mi mano en su hombro y su reacción es inmediata.

No estoy segura si fue mi voz o mi toque lo que hizo que se volteará y me mire con odio.

>> ¿Qué sucede...?

—¿¡Cómo pudiste hacerme esto!? —grita. —Yo siempre he confiado en ti, ¡Eras mi amiga, maldita sea!

Doy dos pasos atrás cuando se acerca de forma violenta, su mirada me transmite la decisión y evito demostrar mi incredulidad ante lo que planea.

—No cometas una locura. —pide Javier al ver como acorta la distancia, con sus puños cerrados.

—Matías, detente. No estoy entendiendo nada. —se detiene y parpadea, dándose cuenta de lo que estuvo a punto de hacer.

Maldice mientras retoma la camina de un lado a otro, se jala algunos mechones de su cabello sin dejar de llorar.

—Matías, respira y tranquilízate porque así como estas no lograras nada. —Las palabras de Javi son en vano.

Su rostro se encuentra rojo mientras gruesas lágrimas bajan por sus mejillas.

—Matí...

—¡Joder! —grita.

Le da una patada al sillón de enfrente. Me sobresalto y analizo el escenario tratando de entender qué demonios está pasando.

>>Te lleve a mi casa, comiste en la misma mesa que mi familia, ¡Te he ayudado siempre, Alessia! —se altera. —Trato de entenderte, lo juro, ¡Pero no puedo!

Retrocedo, cada palabra es más fuerte y me angustio al no entender que pasa, necesito saberlo para poder calmar su dolor. No me gusta que sufra, lo detesto.

—¡Matías cálmate! —exige Javier. —Vamos adentro, deben hablar, pero este no es el lugar.

— ¡Joder! ¿Tienes una idea de lo mal que me sentí por ti, cuando supe de tu violación y las amenazas de ese maldito? —parpadeo rápido e intento calmar mi respiración. —Me metí en peleas por ti, he sido sancionado por ti, ¡He hecho muchas cosas porque eras mi amiga Alessia!

Nunca ha sacado el tema de mi violación y me tortura que lo haga ahora, porque eso solo me confirma que las cosas no terminarán bien.

—Esto suena como un reproche. —vacilé tratando de suavizar la voz. —Matí, tienes que calmarte y...

—Sufrí contigo cuando no pudimos hacer justicia, siempre he estado contigo, aun cuando no has sido una buena amiga. Entiendo tu carácter, conozco tu pasado, pero no estoy dispuesto a cargar con tus problemas. —trago grueso. —No me lo merezco, sé que no me lo merezco, Alessia.

Sigue gritando maldiciéndome y acusándome de ser la peor amiga. Trato de entenderlo, mi mente no deja de trabajar, pero no consigo nada.

Su rostro contraído de dolor es un puñal que no sabía que podría afectarme. No puedo respirar bien.

Tengo y necesito centrarlo, porque de este modo no podré hacer nada.

—Cálmate y dime que es lo que te tiene de este modo. —pido entre dientes.

—¡Es que tú no lo entiendes Alessia! Todo esto es tu culpa. —respiro hondo.

—¿Qué es mi culpa?

—No te hagas la inocente porque no voy a creerte. —trato de acercarme, pero su mirada es una clara advertencia de que no lo haga. —¡Mis desgracias tienen tu maldito nombre!

—No te entiendo y es mejor que...

—¡Cállate! Eres una mala amiga, eres... —se detiene y me hubiera gustado que terminara. —Me has quitado lo que más he amado. —chilla.

Ya no puedo fingir tranquilidad, ni siquiera indiferencia. Sus palabras me están sobrepasando de una forma aterradora.

Fingir se me da bien, pero no con él, no de esta manera cuando dice que soy la culpable, no cuando sé que algo malo ha desatado lo que siente.

—¡Tranquilízate, joder!

Mis palabras lo hacen tocar fondo y tengo miedo de lo que pueda hacer.

—¿¡Cómo mierdas quieres que me calme!? ¿Cómo podría estar calmado y no devastado? Porque así me siento. —su mirada se contrae de dolor.

—Explícate...

—Me mataste un hijo, Alessia. —me interrumpe. —Un hijo. —susurra.

Doy dos pasos atrás ante su declaración. Sus labios siguen moviéndose, pero soy incapaz de escucharlo.

No mate a su hijo, no soy una asesina, no...

Capto el movimiento de Sara y ver su rostro bañado en lágrimas me da las respuestas.

—Tienes que escucharme, todo tiene una explicación. —con rabia limpia sus lágrimas.

Cierra los ojos mientras calma su respiración, cuando los abre ya no hay odio, solo dolor.

—Te quiero Alessia, pero no sé si en algún momento pueda perdonártelo.

No me acerco porque en estos momentos él está vulnerable y cualquier paso en falso lo dañara.

Ahora lo entiendo.

—No quiero que me veas como la mala, la apoyé, pero fue ella quien quiso abortar.

Retrocede con incredulidad.

—¿De qué aborto estás hablando? —cuestiona con dolor.

—Nunca aborte, doctora. —susurra Sara. —No pude y días después quise hablar con usted y decirlo, pero nunca tenía tiempo, siempre me esquivaba y llego un momento en el que desistí de intentarlo. —llora.

Paso mi mano por mi cabello mientras les indico a los agentes que no se acerque más, ellos se encargan de que los residentes tomen otras vías o simplemente retenerlos.

Observo como Sara intenta seguir hablando, pero el ataque de llanto no la deja, Matías la abraza mientras le susurra unas cuantas palabras que no hacen más aumentar el llanto.

—No. —gruño cuando Javier intenta abrazarme.

Mi cabeza da vueltas y me ordeno mantenerme serena para entender que demonios está pasando.

¿Si no me odia por acompañar a Sara a abortar? ¿Por qué me acusa de matar a su hijo?

—Dijeron que estuve presente mientras se operó a la Sra. Raisa Bogdánov. —me enderezo. —Quisieron que les diera información, pero en repetidas veces les dije no sabía nada.

Mierda, esto tiene que ver con EBÓSIL y los responsables pueden ser Rojo Sangre.

—Yo sabía que Sara quiso abortar. —suelta mi amigo de pronto. —Pero en ningún momento me dijo que tus sabias de eso. —más dolor en su mirada y todo por mí. —estábamos en un mal momento y el proceso de reconciliación fue devastador, enterarme de que pude no conocer a mi hijo, fue algo que por días no me dejo dormir.

Se detiene para soltar el aire y esos segundos los siento eternos mientras la angustia me invade.

>> Sin embargo, a pesar de entender a Sara, no pude aceptar la idea de mi vida sin ese ser. —suspira. —No tienes idea de lo feliz y frustrado que me sentía cada vez que lo recordaba, feliz por que no lo hizo, pero frustrado porque estuvo a nada de hacerlo. En muchas ocasiones quise decírtelo, pero nunca había un buen momento. Luego paso lo del viaje a Colombia.

Mi rostro se vuelve inexpresivo, ocultando ese malestar en la garganta que me provocan sus palabras.

>>En una de las llamadas que le hice a Sara, me comento que el embarazo ya se empezaba a notar, ¿Tienes idea de lo feliz que me sentí? Quería gritarlo, me sentía el hombre más afortunado, por lo mismo, me aguante la euforia para que lo vieran con sus propios ojos.

Ve a Sara y ella con un asentimiento continúa.

—Desde que regresamos de Rusia empezó el acoso, tuve miedo, pero cuando traté de sacarles información a mis compañeros internos, me di cuenta de que era la única, así que decidí callar. —muerde su labio.

Aguanto mi respiración sin terminar de digerir cada palabra que sale de sus labios.

Pongo todos los escudos posibles, porque este tormento es algo que no estoy dispuesta a sufrir, al menos no quiero que ellos lo noten.

Porque desde que vi el estado de mi amigo, el dolor se metió en cada poro de mi piel. Cada lágrima derramada es una daga que se incrusta muy dentro de mí.

>>Cuando se fueron a Colombia el acoso incremento, no me sentía segura en ningún lado, y un día, simplemente paso. —arruga la camisa de mi amigo.

No me da la cara, y esto cada vez se vuelve peor. Mis nervios me quieren jugar una mala pasada, pero lo controlo. El muro creado de dolor y rabia lucha por agrietarse, pero pongo todo mi esfuerzo para que no se derrumbe.

Vuelvo a respirar, consciente de que este no es momento para un ataque y lo estoy sintiendo. Sin que lo noten, llevo mis manos atrás de mi espalda y las hago puños, para que no vean el temblor en mis dedos.

¿Qué es exactamente lo que paso?

—¿Sabes lo difícil que fue sonreír y ocultar el dolor cuando vi a Sara en el aeropuerto? —más lágrimas bajan de sus ojos. —Nadie lo noto, pero yo sí. Lo primero que vi fue su vientre, y encontrarlo plano me rompió. Sonreí e hice como si nada pasaba, cuando yo sabía que sí había pasado.

Cierro los ojos recordando que antes de irnos vi a Sara con las caderas un poco más anchas, pero no le tome importancia.

>> Me trague mi dolor porque no los quería hacer partícipes, corrí a ella y susurré que todo estaba bien, ambos fingimos estar bien cuando por dentro nos estábamos desmoronando. —alzo el rostro por dos segundos para ahuyentar lo que no deseo que vean.

No te quiebres Alessia.

Lo vuelvo a ver y no sé si mi rostro indiferente, lo anima a continuar.

>>Creí que lo había perdido, y cuando en la soledad de nuestra habitación se lo pregunte, ella me lo confirmo y la impotencia que sentí fue devastadora. —sonríe con nostalgia. —Pero esa no fue toda la historia, y la conocí hasta hace unas horas. —me da un sobre de manila que ya ha sido abierto.

Muerdo mi lengua y hago acopio de todo el control que me ha costado forjar y tomo el sobre. Mis manos dejaron el leve temblor, pero puedo percibir que están heladas.

No dejes que se den cuenta de que te afecta, Alessia.

Saco el contenido, pero no lo veo al estar al reverso, esa es mi oportunidad para levantar el rostro a la pareja que llora por un hijo, no nacido.

—Me mataste a mi hijo Alessia. —susurra con dolor. —No sé quién no merece al otro, pero te aseguro que en estos momentos no quiero verte. —mi ritmo cardiaco aumenta.

Me odia, y odio que me duela su rechazo. No quiero no merecerlo, no quiero ver el contenido y confirmar que me he ganado todas sus lágrimas.

>> No puedo ni siquiera aceptarlo, ¡Mi hijo, joder! Lo amé desde el momento que supe de él y no solo fue una, ni dos veces que sufrí la perdida. Me siento destrozado, no estoy bien y me cansé de fingir que si lo estoy.

El ambiente se ha tornado tenso, todo está impregnado de su dolor e internamente ya sé por donde va esto. Al principio lo quise ignorar, pero desde que EBÓSIL entro a la conversación, sé que es mi culpa.

Ve digiriéndolo, Alessia.

—Vámonos. —pide Sara en un susurro.

Matí me observa, sus ojos rojos son un puñal en mi tórax, respiro hondo mientras vuelvo a bajar la vista y giro el contenido.

Siento estremecer a Javier a mi espalda cuando visualiza lo mismo que yo.

¡Oh por Dios!

Sara se encuentra en una cama, amarrada a los barrotes de sus extremidades. La ira e impotencia se juntan en segundos en mi pecho.

¡Hijos de su puta madre! 

Sigo observando las imágenes, cada una es peor que la anterior y no sé si es el shock que me tiene perpleja y evita el temblor en mis manos. Lo que observo altera todo de mí. 

¡La jodieron! ¡Jodieron a mi amigo!

He indirectamente también me han jodido a mí. Con esto me están dando en un punto sensible que ni siquiera yo conocía.

Es más de lo que imagine, simplemente han sabido llegar a mí, para que me duela de esta manera tan arrolladora.

¡Cabrones de mierda!

Ella usa un camisón blanco, pero a esas alturas ya es más de un tono carmesí, odio lo que estoy viendo. Se está desangrando...

Le provocaron un aborto. Obligaron a Sara a perder a su bebé, un bebé que mi amigo esperaba con mucho amor, y simplemente... ya no está. Duele, mi pecho duele ante lo que mi amigo y su pareja están sufriendo.

Las próximas imágenes son peores, hubo humillaciones y me cuesta mantenerme de pie con la última imagen.

—Yo...  —carraspeo.

Las palabras no salen de mis labios mientras no dejo de ver esa última imagen que me paraliza.

—Perdón Alessia, no debí gritarte. —sus hombros pierden fuerzas. —Ya había sufrido dos veces por lo mismo, la primera cuando me enteré de que Sara intento abortar, y la segunda cuando supe que lo perdió, ya estábamos tratando de superarlo, pero esto es algo para lo que no estaba preparado.

No puedo decir algo, me cuesta verlo a la cara, soy consiente de que si hablo, no seré capaz de mantener mi rostro inexpresivo ni siquiera la frialdad en mis palabras, porque me mata lentamente seguir fingiendo indiferencia, mis muros están a nada de derrumbarse.

Esto se está saliendo de mis manos, yo... yo no puedo permitir que sigan dañando a los míos.

>> No sé que es lo que te está pasando, y de todo corazón espero que nada malo te suceda, sin embargo, si quieres hablar con alguien. —se detiene. —Estoy seguro de que Javier no tendrá problemas en escucharte.

Javier no tendrá problemas en escucharte.

Las palabras se repiten en mi cabeza una y otra vez.

Él no quiere verme y pesa aceptar que está en todo su derecho. Jamás lo obligaría y ahora sé que quien no merece al otro soy yo.

Yo no merezco a un hombre como Matías, él es demasiado bueno para la mierda de persona que soy.

Empiezan a caminar dejándome con los peores pensamientos.

>> Te quiero Alessia, solo deja que... solo deja que me calme.

No lo retengo, dejo que se vaya mientras proceso la información.

—Vete. —espeto entre dientes.

Lo escucho suspirar, pero no es necesario una palabra más para que Javier se retire.

Me quedo en el pasillo unos segundos más, pero cuando he tomado una decisión me doy la vuelta y abordo una de las camionetas.

Mi ritmo cardiaco es un asco, mis pensamientos me están consumiendo, todo lo que oculte con mucho esfuerzo, ahora me lo trago porque no es momento de derrumbarme, la sensación me provoca una acidez que ignoro.

No soy la víctima, pero si soy una culpable, sin embargo, aunque suene poco, para mí es suficiente castigo cargar con su dolor.

Me merezco cargar con el dolor que sin quererlo les he provocado.

Pero las cosas no quedaran así, quien llorara lágrimas de sangre, serán ellos. Ellos pagarán por todo lo que me estoy tragando y por todo lo que la pareja está sufriendo.

—Doctora. —me interceda Tyler seguido de Marcos.

—Al cuartel, de inmediato. —ordeno.

No dicen más mientras las camionetas se ponen en marcha.

Toda esta mierda ya me canso y si antes tenía la convicción de solo forjar mi armadura, ahora necesitaré un ejército al cual liderar, porque la lista de mis enemigos crece cada día y no permitiré que me destruyan.

Están atacando a las personas que más quiero, los están haciendo cargar con mis pecados. Ya lo había anticipado y por eso decidí alejarme de ellos, pero fue demasiado tarde.

Lograron llegar a los que no protegía y mi error lo estoy pagando caro.

Vuelvo a observar la última imagen.

De la sangre hay escritas nueve palabras que definen mi destino.

El tiempo se terminó Carvajal, vamos por los tuyos.

***

El viaje lo siento demasiado corto, en ningún momento mi mente dejo de trabajar. Me siento como la peor persona y repudio, que lo soy ante los ojos de mi amigo.

Estoy perdiendo todo lo que me importa. Poco a poco.

Tranquila Alessia, harás que paguen por lo que hicieron.

Me convenzo mientras observo los muros del cuartel.

Al llegar y pedir la identificación nos abren el portón, entran las camionetas y se paran en una gran entrada, antes no pude detallar muy bien.

El sitio se ve muy sofisticado, la estructura es de colores neutros, me introduzco al ascensor para llegar a la ciudad subterránea que nunca deja de sorprenderme.

Al dar unos cuantos pasos la voz de un agente me detiene.

—Agente Carvajal, luce usted muy bien. —distingo la burla. —Sin duda no hay mentira en lo que se dice.

Quiero replicar, pero un cuerpo se mete entre nosotros. Observo a Tyler con la clara intención de interrogar, pero él es más rápido en hablar.

—Necesito hacer unas cosas, en unos minutos Carlos y Julio se reunirán con usted. —asiento mientras lo veo irse a otro edificio. El agente que me hablo de igual forma desapareció.

Sigo caminando y mi sangre hierve al escuchar las morbosidades y denigración que dicen de mí. Espero que se callen, porque en esos momentos tengo la sangre caliente y no voy a tolerar más.

—Qué hermosas piernas las que estoy viendo, sin duda es mi día de suerte porque dormiré caliente. —continúan.

Dos amenazas en un día de parte de Rojo Sangre, me quitaron a mis perros, me gane el odio de mis amigos, no quiero más mierdas. Sé que puedo soportarla, pero no quiero hacerlo.

En estos momentos no hay un muro que controle a Alessia Carvajal, en estos momentos soy la Sumasshedshiy de la que tanto habla Oleg, una que no le importara que la vean como la peor persona

No me importa lo que ellos piensen de mí, ellos no me importan a mí y es motivo suficiente para sacar mi rabia.

Sin dejar de caminar paso mi vista por cada rostro que me insulta, porque me encargaré de que no vuelvan a hablar, estoy más que dispuesta a cortarles la lengua después de hablar con el Gobernador.

No es momento para discutir Alessia. Centrada y concentrada en lo que en verdad importa.

Quiero disfrutar cuando tenga sus órganos en mis manos, pero si me detengo ahora, no les daré el dolor que se merecen. Que no lo haga en estos momentos, no significa que soy benevolente ni...

Un agente toca mi culo y lo altera todo.

—¿Es que nunca han visto a una mujer? —la sonrisa de uno en específico me cabrea. —Este no es el mejor momento, así que les exijo que cierren la boca, no voy a meterme con ustedes, ustedes no lo harán conmigo.

Están sudados por lo que deduzco, vienen de algún entrenamiento.

—Eso se llama respeto y aquí se gana.

—Soy conocedora de la ridícula norma, pero me importa poco. —alego.

—Nos faltaste el respeto en una ceremonia que es muy especial para nosotros. —me ignora. —perdiste la oportunidad de obtenerlo, así que mejor ve abriendo las piernas y no exijas nada.

No solo perderá la lengua y que esté deteniendo mi paso solo me reitera, de que no se me antoja controlarme y que me importa poco lo que provoque con mis palabras y mi actitud.

—Las piernas las abrirá tu hermana cuando el enfermo de tu amigo la duerna con estupideces. —ya no quiero que guarde silencio, quiero que diga todo lo que quiera, porque con la ira en mi interior no me es imposible devolver cada palabra.

El agente ve de reojo a un hombre.

Ingenuo.

—Vete, porque si no quieres ganarte el respeto, no sobrevivirás aquí.

Sus palabras arañan la oscuridad que está al borde de colapsar.

—Y sigues con el mismo cuento del respeto. —reprocho.

—No puedes vivir sin el respeto, pero no le podemos tener respeto a la puta del gobernado, que él, al cansarse, pasara a ser la puta de nosotros...

—Retira las palabras. —siseo furiosa. —No soy la puta de nadie que te quede claro.

No soy la puta de nadie.

—¿Te duele la verdad?

—Me molestan las insinuaciones, que es diferente.

A nuestro alrededor ya se han unido varios agentes.

—Puta, eres una maldita puta. ¡Miren, ella es la nueva puta de OFR! —grita aumentando mi ira.

Él no ruega tu control Alessia, destrúyelo.

—Tampoco creo que sea la cura. —alzo el mentón. —Nadie lo confirmo, así que no creeré en palabras dichas por...

—Cállate o no respondo. —amenazo. —No eres más que yo, ¿Si captas?

—No y...

Otro a mi espalda toca mi culo, me doy la vuelta, pero con el que discutía toma mi brazo y es eso mi detonante.

Cierro mi puño y giro para encajarlo en su mandíbula, toma mi muñeca antes de golpearlo, alzo mi rodilla queriendo golpear su entrepierna y otra vez prevé mi movimiento apartando mi pierna.

—Nos salió ruda la putita.

¡Destrúyelo!

Nos hace caer al suelo y rodamos dos vueltas antes de parar y quedar él sobre mi cuerpo, apresando mis muñecas con fuerza y entrelazando nuestras piernas, de una manera que él tiene el control.

—¡Te vas a arrepentir cabrón! —exploto y no me siento ni un poco mal.

He permitido que la ira, el dolor y rencor se apodere de mí, así que hago todo lo que puedo y más para que valga la pena exponer que no soy solo palabras, que de la misma manera que no me importo exponerme en su ceremonia, tampoco me importa pelear con uñas y dientes.

Pero no tengo la suficiente fuerza para apartar al agente y eso solo me enfurece a un más.

¡No te rindas!

Me retuerzo queriendo salir, doy todo de mí y en un momento busco a mis guardaespaldas, pero no los veo.

—¡A la gatita le gusta rudo!

—¡No me digas así imbécil! —grito al que lo haya dicho, porque odio el término desde esa noche.

Todos los agentes a nuestro alrededor solo se ríen y apoyan a su compañero.

—¡Vamos, domina a la gatita, Steven!

Parece que me están doblegando, pero no lo han logrado, y aunque no lo quiero, ni lo necesito, sé que nuevamente nadie me ayudara.

No quiero la ayuda de nadie, puedo hacerlo sola, pero eso no significa que no me atormente la idea de que nadie haga el intento de quitar a Steven de mí.

—¿Ahora ya no eres tan ruda, cierto? —se burlan.

—No tienes idea en el problema que te has metido. —gruño sin dejar retorcerme e intentar zafarme de su agarre que es demasiado fuerte.

¡No más golpes y maltratos a mi cuerpo!

Me ha costado recupérame y no estoy dispuesta a terminar peor.

Pataleo y cuando le doy un cabezazo, suelta una muñeca, para rápidamente posarla en mi cuello queriendo asfixiarme. La desesperación quiere dominarme, pero mis ganas de no rendirme son más grandes.

Siento mi rostro caliente y al tener una mano suelta aprovecho para sacar la navaja que había visualizado en su camuflado.

¡No pueden pasar sobre mí sin tener consecuencias!

Sin pensarlo tanto, encajo la navaja en su abdomen con fuerza. Demasiada fuerza cargada de desprecio, dolor y furia.

>> ¡Hija de puta! —maldice en un alarido, aun sin soltarme del cuello.

Son segundos los que pasan para sentir como su sangre me baña. Quita la mano que aún mantenía en mi otra muñeca y la lleva a su abdomen después de que ya la he sacado.

—Te lo advertí, imbécil. —murmullo. Abre grandes ojos cuando vuelvo a meter la navaja y la retuerzo en su interior.

De su boca sale sangre que cae sobre mi cuello.

—¡Ahhh! Maldita sea.

¡No estoy satisfecha!

Escucho murmullos y maldiciones para posterior el cuerpo de mi atacante es levantado por dos de sus compañeros, pero antes de que se lo lleven este me suelta del cuello que ya había perdido fuerzas.

—Te dije que ibas a arrepentirte y ahora sufrirás las consecuencias. —sus ojos brillan ante las lágrimas.

Todo pasa en cuestión de segundos, ya no hay halagos ni denigración, ahora se resume en gritos, horror y sangre.

Me levanto rápidamente al ver a tres agentes venir a por mí. Encajo nuevamente la navaja, ahora en su hombro y en ágiles movimientos la bajo hasta llegar a su muñeca.

Suelta el grito desgarrador que me recuerda a los que yo solté en el bosque, con la diferencia de que él si se los está ganando.

—¡Está loca! Miren lo que hizo. —sonrío ante la sangre que derrama.

—¡Hablabas de respeto! ¿¡Vas a respetarme ahora o necesitas más!? —le grito.

Sonrío sintiendo la adrenalina corriendo por mis venas, deseo más de esto.

Lo necesito.

—¡Dios mío, mira lo que has hecho!

—Van a sancionarte, ¡Está prohibido este comportamiento si no es en entrenamientos!

—¡Que alguien la detenga!

Ahora si quieren orden y justicia, pero cuando era yo la que estaba siendo dañada, nadie movió un dedo.

—¡Steven, por Dios! ¡Que alguien haga algo ya! ¡Por favor, muévanse! —suplica, quien supongo es su amigo.

Ya otros escuadrones se han reunido al ver el alboroto y están atendiendo al agente. Grita maldiciones. Su brazo está en carne viva mientras de su abdomen sale cantidades de sangre.

Tiene los minutos contados si no hacen algo ya, y me siento orgullosa de ser quien lo ha provocado.

—Para lo que me importa su absurda política. —siento ojos en mí, ahora esa mirada es con más intensidad de hace unos minutos, pero no la busco, para mantenerme alerta.

El pasillo blanco ahora se ha convertido en una laguna roja, quien distingo es el Capitán de su escuadrón, pide explicaciones, pero nadie se atreve a señalarme, despejan el paso y su vista se posa en mí y en la navaja ensangrentada en mi mano.

—La cura. —dice con desprecio.

—Diría a sus órdenes, pero no soy una lame botas y sus agentes son unos inservibles necesitados de compañía femenina. —me burlo sin dejar de experimentar el éxtasis de lo que he provocado.

No hay ni un ápice de remordimiento, la busco, pero es imposible. No siento culpa, porque lo deseaba. Aunque ningún agente de OFR, tiene algo que ver con lo de Matías, las otras amenazas y todo lo que me atormenta, necesitaba desahogarme.

Necesitaba liberar un poco de todo eso que hay dentro de mí, y no hay mejor manera de la que hay frente a mí.

El Capitán no vuelve a decir nada, únicamente se encarga de llevar a su agente a recibir ayuda, los agentes se dispersan cuando ven al hombre que hace que mi respiración se agite.

¡Ay Dios mío! Eran sus ojos los que sentí.

—Superior Supremo. —saludan los agentes.

Abro la boca ante el gesto y el poder que tiene la bestia sobre ellos. Solo basta su presencia para tener a todos a su merced.

Pasa su vista entre todos observando el caos que he creado, como pasa siempre, mi mirada lo llama, pero estoy más que segura de que ya antes me había visto, sentí su mirada antes de encajar la navaja.

Es algo enfermizo que pueda sentirlo, pero lo hago y me gusta.

Por lo mismo agradezco que haya confiado en mí, para salir del problema en el que me había metido. Una corriente recorre mi espalda al saber de qué presencio como ataque al agente.

 Pudo detenerme desde el primer ataque, pero no lo hiso, no me detuvo por que a él también le gusta que haga este tipo de cosas, pero...

Trago grueso sin poder descifrar su mirada.

Vete Alessia, esto no terminará bien.

Observa mi mano y hay un brillo en sus ojos, sin embargo, que su mandíbula esté tensa y sus cejas fruncidas no da buena espina.

—¡100 vueltas alrededor de la cancha, ya! —demanda. —Tres vueltas al circuito dos y el que se detenga inicia de nuevo.

Doy un brinquito ante el tono, ¡Demonios, no te prendas ilusa!

>>Cuando terminen quiero verlos a todos en la zona 0. —en ningún momento deja de verme. —Despídanse porque no verán la luz del día en mucho tiempo. Si es que se ganan volver a verla. —se tensan ante lo último.

El aire se torna pesado cuando estos salen y no lo pienso tanto antes de huir en busca del otro Bogdánov.

No necesito más, ha sido suficiente por un día. Las emociones no son buenas si se mezclan con éxtasis y en estos momentos tengo mucho de ella, por lo tanto, dudo de mi cordura.

Camino ligero, pero la maldita bestia me detiene y me apresa junto a la pared.

—Tenemos que hablar, dije que iba a llamarte, pero me alegro de que te hayas tomado la molestia de venir. Al parecer también te interesa. —su tono demasiado duro me prende. —Ya no vas a huir de mi Alessia.

Me paralizo ante todo lo que él representa, pero algo que me dolió demasiado, llega a mi mente como una maldita bomba.

—Me quitaste a mis perros. —me quejo. —Te los llevaste de mi lado...

—No estamos hablando de ellos, así que ahórrate el drama. —me interrumpe.

Mis dientes chocan cuando le quita peso a lo que los perros significan para mí.

—¡No es drama! Es que tú siempre haces lo que se te da la gana sin importar lo que yo... —callo.

No puedo abrirme, no puedo darle ese poder, porque si lo hago estoy perdida.

—Estarán mejor conmigo, fin de la discusión.

—No es así de sencillo, fui clara esta mañana, si no son míos serán nuestros y voy a permitir que...

—Al parecer estás urgida con tener algo de ambos. —me paralizo.

Miles de escenarios pasan por mi mente, pero los detengo de golpe ante un mareo.

—Hijo de...

Me estremezco cuando se acerca demasiado y su fragancia me inunda y corta mis palabras. Me remuevo incómoda por lo que su cercanía provoca en mi vientre.

—Dije que dejaras el drama, ahora ven conmigo y terminemos con esto de una buena vez. —muerdo mi lengua.

—No tengo nada que hablar contigo, quítate. —Me remuevo entre sus brazos logrando que abra una puerta y nos introduzca en ella. —perdiste tu oportunidad de hablar hace unas horas...

—¡Ya basta, Alessia! Te considero una mujer madura e inteligente, así que compórtate como tal. —lo veo en medio de la penumbra. —Dije que tenemos que hablar.

—¡No! —me suelta y en lugar de alejarme, llevo mis manos ensangrentadas a su camisa. —No vamos a hablar porque ya dije lo que tenía que decir. Ya no vamos a follar porque me he cansado. —niega atrayéndome nuevamente de la cintura.

—Estás malditamente loca, deja de pensar en tu calentura de una buena vez.

—Desgraciado...

—Luego y si aún quieres, te follo de todas las maneras posibles.

—¡Desgraciado! Eres un manipulador de lo peor, te odio tanto.

—El manipulador en este cuarto no soy yo Sumasshedshiy. —me tenso. —Deja el maldito drama, sé que estás caliente, siempre te calientas después de la ira, además, no es un secreto que me prende verte en acción.

—¿Qué? Te estás burlando cierto. —su rostro frío no cambia en ningún momento. —Sé que no quieres follar conmigo, así que deja de calentarme.

—No estoy en plan calentarte, solo hace falta mi presencia para que te excites, así que no me culpes de tu obsesión conmigo. —alega.

Todo me da vueltas. Sus palabras nuevamente me están confundiendo. Mis suposiciones eran ciertas, Oleg no desea hablar conmigo por lo que le dije en el bosque.

No va a juzgarme, lo veo en su mirada, ha cambiado de como la recuerdo, ahora el anhelo es superior y lo malo es que no es el único. Yo también lo deseo con más intensidad.

Buena parte de mis pesadillas se debieron a mis pensamientos, no a mi realidad con él. Quise creer lo que me convenía, pero tarde me doy cuenta lo equivocada que estuve.

Creo conocerlo y es estúpido lo que supuse, me odio por eso y estoy segura de que el sentimiento perdurara por mucho tiempo. Sonrío internamente por no haberme dado cuenta de lo que pasaba frente a mí.

Recuerdo las palabras de Carsten cuando quiso chantajearme con Oleg, también recuerdo lo que acaba de pasar con Matías y las advertencias que no dejan de llegar.

Es por ello que no voy a permitir que nadie se acerque demasiado a mí, ni siquiera él. No le pondré a Oleg un punto rojo en su frente.

Suspiro cuando de nuevo me convenzo de que alejarnos es la mejor decisión.

—No vamos a follar Oleg, nuestro momento ha llegado a su fin.

—Alessia...

—Quise convencerme de que nuestra retorcida relación era lo que nos complementaba, pero me equivoque. —muerdo mi labio. —No podemos seguir juntos.

—La ira te ha afectado de otra manera esta vez...

—No intentes convencerte ni convencerme de lo contrario, sabes que no me harás cambiar de opinión. Olessia, simplemente no funciono. —me encojo de hombros.

—Retira las palabras.

—¡He dejado de desearte Oleg, entiéndelo! No causas nada en mí, y no se me apetece forzar las cosas, porque hasta yo sé cuando se toca fondo.

—¿Es porque no estuve contigo después de que te dañaran? —mi pecho se comprime. —Si no lo hice fue porque lo que necesitabas era espacio para sanar a tu manera, lo entendí desde la primera vez y respete tu decisión.

>>En este tiempo me he encargado de buscar a quienes te dañaron y no descansare hasta que todos hayan pagado por haberte dañado. —respiro pesado. —Nadie puede ponerte un dedo encima sin quedar impune...

—¡No digas estupideces! Esto se trata solo de mí. No busques explicaciones porque no las encontraras.

Sus expresiones cambian drásticamente al ver la seriedad en mis palabras. Su barbilla tiembla de ira contenida.

—¿¡Entonces dime por qué mierdas estás terminando con...!?

Guarda silencio y sonrío porque sabe que es poco inteligente lo que está haciendo. Siempre fui la amante y en ningún momento quise cambiar de papel.

Él sabía que nunca sería más, desde el primer momento estuvimos de acuerdo, hasta ahora.

—Ya no ansío tu toque, no anhelo tu mirada, no codicio tu presencia. —alzo el mentón. —En ningún momento fuiste indispensable, pero ahora la pasión que nos unía ha desaparecido.

Cada músculo de su cuerpo se encuentra tenso, su mirada lucha con callarme y decir que miento.

>> Mi interés por ti se ha esfumado, te veo y mis deseos insanos han muerto. No hay complicidad entre nuestros cuerpos y...

—¡Cállate! Y deja de decir tantas sandeces. —Lleva sus labios a los míos, pero giro el rostro antes de que sus labios me provoquen desfallecer en sus brazos. —Mírame y dime que ya no me deseas. —gruñe contra mi rostro.

Fijo mi vista en la suya.

Estaría ciega si no deseara nada de él.

—Ya no te deseo Oleg Bogdánov.

Algo dentro de mí se rompe cuando las palabras abandonan mis labios. Mantengo la serenidad en mi rostro y algo en suyo cambia.

Me duele estar terminando con nuestra retorcida relación, pero me dolería más si por mi culpa él sale afectado.

Es lo mejor.

Cierro los ojos cuando lo siento separarse de golpe. Su lejanía provoca un vacío en la boca de mi estómago.

Pasan algunos minutos en los que solo nos dedicamos a observarnos, al final él deja salir un suspiro lleno de mucho que no estoy dispuesta a analizar.

—No sé por qué este cambio, no voy a rogarte porque si lo has decidido, es por algo y me gustaría saber que es lo que paso para tu cambio.

Muerdo mi labio sin dejar que un silencio me deje al descubrimiento.

—Pasaste tú siendo tú, nada que no se entienda.

La mentira sale perfecta, pero para eso volví a levantar mis muros. Desde hoy mis muros estarán incluso para él, quien era la única persona con la que no me importaba que me viera en cualquiera de mis facetas.

Me sentía orgullosa de que apreciara aún las que me hacen un ser malo y detestable.

Ahora fingiré hasta con él.

La bestia es inteligente, no le quitaré créditos, es por eso que no deja verme analizando cada gesto de mi rostro.

Con él es difícil mantener cualquier papel y el olor a sangre impregnado en el lugar no ayuda a mi cordura, pero nada es imposible.

—Con esto solo me queda claro que las Sumasshedshiy como tú...

Dejo de escucharlo cuando algo capta mi atención.

Las Sumasshedshiy como yo, ¿Cuántas más hay?

Me enojo al pensar en eso y para que no me descubra, decido que ha sido suficiente por hoy.

—¡Oleg, ya no te deseo! Entiende de una puta vez que no quiero seguir contigo. —grito.

Se tensa y niega mientras da otro paso hacia atrás. La distancia y que esté aceptando esto como toda persona debería hacerlo me enoja.

Ni él ni yo somos normales y que solo yo me esté comportando como la inmadura me hace rabiar. Ahora que lo reflexiono mejor, durante este tiempo ha sido él el maduro y yo la dramática, bien, pues seguiremos con lo mismo.

Con la diferencia de que ya sé la verdad.

—Lo he comprendido, Alessia. —acepta. —Ya no cogeremos, pero en primer lugar no era de eso que quería hablar contigo, sin embargo, que hayas dejado en claro nuestra situación facilita en como decirlo.

Suspiro y evito rodar los ojos porque mi tortura fue una burla, acaba de confirmar que nuestra retorcida relación nunca fue el problema.

Mi deseo por él crece al ver sus facciones duras. Mete sus manos en sus bolsillos mientras yo no sé qué decir.

—Hablamos luego. —intento pasar por su lado, pero antes de llegar a la puerta esta se abre por la intromisión de Damián.

—Alessia. —se sorprende al verme, pero su mirada cambia a una de aflicción cuando ve a su Superior. —Te necesitan en el campo, el Capitán pide explicación por el que todos sus agentes siguen en el campo.

—¡Fuera de aquí! —lo corre la bestia.

—Alessia, el gobernador lleva horas intentando localizarte. —lo ignora y la acción hace enfurecer a Oleg.

—Entendido...

—Das un paso más y te atienes a las consecuencias de tus acciones por insolente. —me estremezco. —Esto no se trata sobre nosotros.

Lo sé, pero acabo de terminar algo que no quería que se terminara, así que como imaginaras, hablar contigo no es lo que deseo hacer.

Pienso, pero no lo digo. Muerdo mi lengua mientras frunzo las cejas y lo veo con lo que quiero suponer es molestia.

Observo como Damián se remueve incómodo y baja la cabeza antes de retirarse.

—Hablemos luego y... —fallo en mi intento de persuadirlo.

La comunicación siempre es la base de una relación. —cita mis palabras y el mero significado de ella me hace sentir aún más mierda al ser consciente de todo lo que callo. —Y no solo de las relaciones, doctora.

Pasa por mi lado alejándose y verlo me devuelve el aire que me faltaba.

No desfallezcan, mantén tu palabra sobre alejarte.

Espero y luego si consiga hablar con él, porque debo admitir que tanta insistencia me tiene intrigada.

¡Diablos, ahora seré yo la que lo busque!

Que bien Alessia, dices que debes alejarte y resulta que ahora más que nunca estarán cerca.

En estos momentos mi pecho sangra por muchas razones, pero como siempre, debo callar y ocultarlo.

No es sano, pero sé que no podré ser feliz mucho tiempo y eso me enfurece, porque en el fondo deseo ser feliz.

***

—Llegas tarde. —sisea el Gobernador cuando entro a su oficina. —Y no solo eso, también atacaste a uno de mis agentes dejándolo gravemente herido.

Me siento frente a él.

Antes de verlo encontré a Tyler, no le dije todo lo que quería, pero al menos consiguió un poco de ropa limpia.

Ya luego me las desquitaré y escucharé lo que muy preocupado insistía en decir.

—OFR no es como cualquier otra organización, pueden tener el mayor rango jerárquico y no los respetaran si antes no se lo ganan. —explico lo que ya sabe. —Yo no soy tolerante y si en lugar de respeto causo miedo, seguiré con la misma estrategia hasta conseguir que todos se dobleguen a mí.

No le voy a decir que lo ataque porque algo dentro de mí dijo que lo atacara y todo se debió a que decidí no tener el control, me tacharía de loca y solo me gustaba que una persona lo insinuara.

—Las cosas no se hacen así. —me encojo de hombros. —además, por mucho que lo intentes, no lograras que alguien se doblegue ante ti. Eres la cura de uno de entre miles de casos que están en nuestras manos, eres importante, pero no indispensable.

Sonrío al escuchar las mismas palabras que mi ex jefe en Colombia, el Dr. Pedro Marín, dijo, cuando tuve el accidente con el paciente, él pensaba que era irrelevante entre los mejores doctores que tenía, sin embargo, de ellos soy la única que puede con EBÓSIL, ese es su karma por quitarme méritos.

¿Cuál será el Karma de Carsten al no creerme suficiente?

>>Ya tienes el uniforme de ceremonias, ahora te entrego el de entrenamientos. —me das dos conjuntos de camuflados y un par de botas negras. —no creo necesario darte el de combate porque no estarás en uno, no por el momento.

Asiento sin inmutar palabra.

—Necesito saber el horario de los entrenamientos, así podre modificar y acoplarme a ellos. —aunque no me guste. —No tendrás más flexibilidad por mi parte, porque lo que paso en el bosque no te lo perdonaré Bogdánov, fui clara al decirte que con eso perdiste antes de iniciar, si creíste que te daría lealtad, fallaste, lo único que obtendrás de mí será el conocimiento que sé de EBÓSIL, te lo dije hace semanas y si seguiste con la idea de entrenarme y acepte fue porque gracias a sus mentiras estoy en peligro y no quiero ser vista como la víctima.

Su mandíbula se tensa mientras las venas en su cuello y frente se marcan.

>>Creíste que ibas a doblegarme, pero solo amentaste mi odio a ti. —asiente. —Me trataste de peor, pase noches esposada a la cama porque no querías que en otro ataque matara a tus agentes, me golpeas y no fue una ni dos veces, así te conformaras con lo poco que me esforzaré.

—El primer mes estarás de las 0500 a las 1500. —me ignora y arrugo las cejas haciendo cálculos. —Los siguientes meses te necesito completa, el tiempo dependerá de ti al esforzarte. —asiento.

Ese mes me será suficiente para pagar el regalo de Damián, muy costoso que me va a salir, porque si pensaba trabajar el doble por los entrenamientos, ahora me esforzaré el triple.

También me encargaré de que se arrepienta de no aceptarme como jefa en cirugía.

No solo seré la mejor en otro hospital, sino que será mi hospital y la mayor competencia.

Son las 1900 así que ya termino mi horario. —observo mi reloj y digo la hora militar. —Así que ya me ire...

—Ve a vestirte porque te presentaré ante la persona quien será tu encargado. —me corta.

Nos quedamos viendo por unos segundos, pero al final me levanto y me retiro sin solicitarlo como me lo explico Nikolay.

***

El uniforme es feo, bueno, quizás no es feo, simplemente a mí no se me ve bien, es dos tallas más grande y sé que Carsten tiene mucho que ver.

Al menos las botas, si son de mi talla, son igual a las de Oleg, y debo admitir que ambos nos vemos estupendos con ellas.

Me pongo la parte baja del camuflado y lo ajusto a mi cintura, como no seré el hazmerreír de nadie, me quedo con el sostén deportivo negro con un sexy escote en la espalda.

Podría ponerme la básica negra que si la introduzco no se notaria, pero no lo haré porque quiero mostrar un poco de piel. Me hago una coleta y salgo como la Diosa que soy.

No seré la víctima de mi propia historia, seré la Reina del imperio que estoy creando y que hará caer a todo aquel que se ha atrevido a dañarme.

Y aunque tarde, no me cansaré hasta verlos a todos en el suelo, suplicando algo que jamás obtendrán.

Rubén Urbina y los dos más que siguen vivos, por participar en mi violación.

Los creadores de EBÓSIL, convirtiéndome en la cura y poniéndome en el ojo de aquellos que anhelan lo que solo yo sé.

Rojo Sangre por matar a mi hermano, matar al bebé de mi amigo y por todas las amenazas que incluyeron una golpiza.

Nikolay y Carsten Bogdánov junto a todos los que fueron partícipes en lo que me paso en el bosque.

Mariana, si aún sigue con vida por dejar que me violaran y por casi matarme al exponerme ante una víbora letal.

Ellos y todos los que se quieran sumar rogaran piedad, pero no tendré compasión.

Puedo verme como una doble moral, pero a estas alturas nada de eso me importa.

Jamás voy a justificar nada de lo que he vivido. No minimizaré ningún indicio de violencia, porque nunca creeré que lo que he pasado me ha hecho fuerte.

Yo no pedí ser fuerte, no de esta manera.

Eso no significa que no buscaré venganza, sé que está mal, pero no se me apetece seguir ningún pensamiento lógico.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top