Capítulo 38
Humbrella - Rianna ft. Jay. Z. One hour.

Termino de hablar y todos se quedan estáticos sin saber cómo reaccionar ante mi declaración.
Me odian y no me importa.
No veo a nadie, únicamente me concentro en buscar la salida, con cada paso que doy, los agentes se hacen a un lado para darme el paso. Atrás de mí viene Tyler, Marcos, Julio y Carlos, los agentes que elegí para que estuvieran siempre conmigo.
Siento la presencia de Oleg a mi costado y lo ignoro, luego de que se fue a traer el antídoto y dárselo a Damián, se quedó expectante.
También me odia.
Hay tantas cosas que aclarar que hasta enumerarlas me irrita, pero tengo otras más importantes de las que me tengo que encargar.
Las cosas están en una balanza, lo que paso en el anfiteatro han definido muchas de ellas. Las investigaciones siguen y aunque sé quién es el de rostro censurado, no lo diré, dejaré que ellos se den cuenta mientras yo construyo mi armadura.
He sido demasiado benevolente y estoy cansada de que me vean como una débil.
Sé que soy valiosa, siempre lo he demostrado y me molesta que a un lo duden. OFR me subestima, aun sin terminar de creer en mis palabras, porque no me importará llevarlos a la ruina, si con eso yo conseguiré lo que me han robado.
Paz.
Me abren la puerta de la camioneta negra, subo y segundos después lo hace Tyler en el piloto y Julio a su lado.
Los otros van en la camioneta que nos sigue junto a mis perros. Abren las puertas del cuartel y salimos en busca de la carretera en medio de árboles y maleza.
—A donde nos dirigimos doctora. —pregunta Tyler aún molesto. Continuo con mi vista en la ventana.
Lo que acabo de hacer ha marcado una diferencia y sinceramente no me interesa, solo estaré expectante ante las consecuencias.
Siempre me iban a odiar, aumentar los motivos no es ningún inconveniente. La organización es lo peor que me ha podido pasar, desde el maldito viaje a Rusia, mi vida se ha convertido en algo estresante.
Sé que no toda la culpa es de OFR, sé que yo también tengo mucha culpa, sin embargo, hoy me demostraron que prácticamente estoy sola, porque jamás había escuchado tantos insultos juntos, ni después de que el video se mostró.
Por lo mismo, me sentí tan bien disparándole a la rubia, la satisfacción al ver el terror en sus rostros es inigualable.
Ame su temor, disfrute su miedo y me regocije ante su miseria.
Voy a hacer todo lo que este en mis manos para destruirlos y demostrar que en lugar de morbosidades merezco reverencias.
—Vamos al Centro Médico Carvajal. —informo.
Cuando fui a mi clínica por el dolor excesivo en mi pecho, descubrí que un simple empleado se estaba beneficiando del prestigio de mi nombre.
Jamás permitiré que alguien más se atreva a verme la cara de imbécil.
***
Después de una hora más de camino, las camionetas se aparcan en la acera frente a la clínica. No puedo bajar porque tienen que verificar el perímetro, los minutos los tomo para observar el edificio de tres pisos.
La estructura está en perfecto estado, si pasas por la calle y te detienes a verla no dudarías que es una de esas clínicas que la consulta vale la mitad de tu sueldo.
Las personas que lo conocen son afortunadas y se niegan a difundir información sobre el mismo, porque piensan que entre más lo conozcan, menor será el trato que se les brindará. Lo que no saben es que en mis planes nunca estuvo monetizar las consultas.
Hasta ahora.
Desde el de la limpieza hasta el doctor de medicina general es costeado por mí, esto ha sido así desde los últimos años.
Espero no decepcionar a mi padre con mis futuras acciones.
—Es hora doctora. —informa el agente Carlos y posterior abre la puerta.
Antes de salir pongo los lentes sobre mis ojos, Julio me da la mano para bajar y cuando estoy afuera, los rayos de sol se sienten en mi rostro como la energía que no sabía que me faltaba.
Camino a la entrada y cuando lo hago, varios pares de ojos se posan en mí.
Mi pinta no da para el lugar y el que dos agentes me sigan y otros dos se queden en la entrada no ayuda. Ignoro a todos y camino a mi oficina que pocas veces he ocupado.
—Disculpe, señorita... —la de recepción me detiene.
—Dra. Carvajal para usted. —le dice Tyler con un tono demasiado duro.
La enfermera se queda petrificada al escuchar mi nombre.
Sigo mi camino y al llegar a mi oficina la abro. Lo que visualizo me molesta, bajo mis lentes y cuando mi mirada se encuentra con la de él, se para de golpe.
—Doctora, no sabía que vendría. —carraspea. —Puedo explicarlo...
Alzo la mano callándolo.
Frente a mí está el Dr. Moisés Ramos, uno de los que he dejado encargados del lugar, lo he visto solo unas cuantas veces, ya que Matías es el que viene una vez a la semana para supervisar.
Sin embargo, Ramos, como todos los demás, tienen prohibido estar en mi oficina.
—Sal de aquí y reúne al personal más importante de toda la clínica. —demando y este asiente con el rostro pálido.
Los agentes entran y supervisan la oficina para verificar que no haya dejado nada desagradable. Cuando han terminado me dan la señal y camino a la silla tras el escritorio, me siento y recargo mi peso en la misma.
Tomo un largo suspiro sabiendo lo que haré.
No permitiré que nadie pase sobre mi autoridad.
Carsten me dijo como sería mi bienvenida en OFR y al no aceptar ser parte de su payasada me amenazó con mi clínica.
Las cosas no le salieron como él quería y ahora no solo soy la cura de EBÓSIL, sino también la mujer que desestabilizará su sistema.
Mostraré mi autoridad empezando desde mi territorio, para después hacerlo en todas las partes que se me apetezcan.
No más golpes.
No más amenazas.
Ya no más.
—Sin OFR, no eres nadie Carvajal.
Sonrío al recordar al Gobernador, lo odio, lo detesto y jamás olvidaré que se haya atrevido a golpearme, pero lo que nunca perdonaré fue cuando se atrevió a amenazarme con Oleg.
Nadie puede juzgarme y no permitiré que Oleg se convierta en alguien demasiado importante, como para querer joderme.
Poco a poco los doctores empiezan a entrar, unos me miran con admiración, otros con curiosidad, ignoro los que me ven con lástima, sé que es por lo del video. En poco tiempo el video rodó por todo México y el mundo, mujeres han hecho manifestaciones y me admiré el sin fin de personas que acudieron a ellas.
Pero lo que me alegro fue que debido a mi situación, fue dada a conocer la historia muchas, ellas decidieron hablar, lo que por miedo callaron.
Observo a los especialistas más importantes de cada área, maldigo a uno que otro y más al recordar que dos de ellos tomaron una foto al banner gigante que colgaba de mi edificio con capturas del video, ellos las subieron a las redes para tratar de desprestigiar mi clínica.
Jamás me hubiera enterado de lo mismo, pero fue Iryna quien me lo hizo saber. Ignoraré el hecho de que no lo vi porque entre a mi apartamento inconsciente en brazos de Nikolay.
Todos se van a enteran que no pueden ni desprestigiarme ni tratar de robarme, porque lo que tengo no lo he conseguido de la noche a la mañana.
Han sido años duros, llenos de sacrificios.
—Soy una reina creando mi imperio, y no me importan los comentarios de plebeyos, porque sé que en algún lugar hay un rey que venerara a la reina que soy, admirando hasta donde he llegado. —suelto cuando ya están todos. —Doctora graduada a los 19, residente a los 20 y especialista en cirugía a los 23. A tan corta edad he logrado todo lo que me he propuesto, porque creo en mi filosofía y la sigo al pie de la letra sin importar a terceros.
Si me pusiera a pensar en el que dirán los demás, sería un estorbo más, en la corrupta sociedad.
Ninguno me interrumpe, los recorro a cada uno antes de continuar.
>>Como lo saben, el Centro Médico siempre ha estado trabajando de manera gratuita. —asiente. —Y esto finaliza en estos momentos. —jadean sorprendidos. —A partir de hoy, a cada uno se le entregará su nuevo modo de trabajo. Se evaluará la situación económica de cada paciente y de ahí dependerá el costo de consulta como de tratamiento. Los de escasos recursos seguirán con la misma dinámica, pero los demás deberán pagar un porcentaje de 80% hasta el 90% que será lo máximo.
—Doctora. —veo a quien me habla y a regañadientes le doy la palabra. —No sería mejor que aceptara las ayudas de las distintas organizaciones y empresas que quieren contribuir.
Sé lo que me está diciendo y simplemente no lo acepto.
—El Centro Médico no se prestará para campañas de ningún tipo. —aclaro.
—También hay ciertas personas que se quieren asociar. —entrecierro las cejas. —Podría vender cierto porcentaje y luego volver este lugar como uno de las mejores clínicas privadas de México y... —Se calla de golpe ante mi seriedad.
Sin duda es uno de los nuevos y no sabe que compartir esto con alguien más, sería lo último que haría.
—Cualquier duda que tengan pueden hacerla con la Dra. Vilma Salazar. —dicho esto Vilma entra. —Ella será la nueva persona a cargo junto al Dr. Matías Rivera. —Finalizo. —Pueden retirarse.
Así lo hacen, cada uno sale de mi oficina, aunque el Dr. Ramos se queda junto a Vilma que ya se ha cambiado el uniforme de la ceremonia.
Los escoltas ven al doctor con recelo.
—Doctora, me gustaría que me diera unos minutos de su tiempo. —ve por su rabillo. —A solas.
Me recargo en la silla giratoria observándolo.
—Dr. Ramos, usted no solo es sustituido de su cargo. —su rostro palidece. —También está despedido, y por su bien le recomiendo de no cambiarse de domicilio, porque en estos días estará llegando la demanda por robo.
Suelto lo que llevo algunos días guardando.
—No sé de qué está hablando. — es estúpido que lo niegue en mi cara.
—Creo que sí. —recalco. —Su rostro es el que en distintas ocasiones aparece en las cámaras de seguridad, donde se encuentra adueñándose del fármaco como también de implementos quirúrgicos.
—¡Miente! —protesta. —En este lugar no hay cámaras y... —se acerca demasiado a mí y es Julio quien lo detiene.
—Váyase. —ordeno. —Pase por administración, ahí se le dará su liquidación, pero no la carta de recomendación.
No dice nada, se endereza y sale del sitio. Le pido a los agentes que salgan dejándome a solas con Vilma.
—Doctora, quiero decirle que la admiro mucho, y cuando me di cuenta de que era usted la dueña del Centro Médico mi admiración creció. —veo la silla invitándola a sentar. —Créame que así como yo, hay muchas personas de los que usted es un modelo a seguir.
Nada de lo que no esté enterada, la pregunta es ¿podrán?
>>Es increíble que este Centro sea suyo, lo mantenga mejor que cualquier clínica privada y aparte usted costee el salario de cada profesional de la salud y los demás. —asiento. —Ahora entiendo muchas cosas, disculpe que sea chismosa, pero en el hospital se decía que usted ganaba el triple que el mejor especialista y por un momento no lo creí. Pero ahora no solo lo creo, también lo aseguro.
Dejo que siga hablando sobre lo mucho que me admira y sobre algunas ideas que tiene para la clínica.
El trabajo seguirá igual, en ningún área se desestabilizará, y con los nuevos arreglos se manda la circular que todos firman. Los pacientes son informados que únicamente esta semana el sistema estará igual, pero después se implementaran las modificaciones.
Cuando terminamos estamos sobre las tres de la tarde, en el afán que tenía olvide almorzar.
—Sigues sin caerme bien. —ella asiente. —El único motivo por el que te pedí que fueras la encargada del Centro Médico es porque independientemente lo que haya pasado, eres una de las mejores profesionales que conozco. —sonríe. —Esto no tiene nada que ver con el hecho que eres una agente de OFR, quizá muchos confíen en ti por eso, pero ten en cuenta que es la misma razón por la que nadie confía en mí, así que sería irónico que fueran esos motivos.
Debo admitir que me sorprendió que Vilma también sería una agente.
>> Tienes mi número, así que en cualquier cosa sabes como comunicarte conmigo. —parpadea. —Se acondicionará una oficina para ti en este tercer piso, los honorarios ya se discutieron por lo que no tienes que preocuparte por eso.
Los agentes se movilizan a la salida.
—Doctora, sobre eso. —pasa sus manos por su bata. —Estaría bien no recibir los primeros tres meses mi sueldo. Sé que tiene otros gastos y por mí no hay problema... —alzo la mano callándola para que deje de hablar sandeces.
—De ninguna forma. Con eso me estás diciendo que no soy capaz. —niega. —Que no se vuelva hablar del tema.
Nos despedimos y salgo de la oficina.
Si supiera que mi patrimonio económico en mis cuentas de banco supera los 10 millones en cada una, dejaría de hablar lo que no le incumbe. No soy una multimillonaria, pero voy por ese camino. Es por ello que hago una cita con una de las mejores farmacéuticas a nivel mundial.
No es bueno el dinero estancado, este tiene que estar en movimiento para que pueda multiplicarse.
Me vuelvo a poner los lentes mientras camino por los pasillos, los murmullos paran al verme y Marcos se encarga de abrir la puerta cuando me ve. No me despido de nadie y cuando estoy en la calle reviso mi móvil que ya me confirmaron la cita dentro de una hora.
Les interesa tanto como a mí.
Me subo a la camioneta y cumplen con el protocolo antes de ponernos en marcha.
—Doctora, me tomé el atrevimiento de comprar esto para usted. —tomo lo que me da Julio. —No la vi comer, y su doctor dijo que no podía saltarse ninguna comida. —observo al agente que evita mi mirada. —Su cuerpo tiene que recuperar fuerzas.
No digo nada mientras reparo lo que contiene la bolsa, es una ensalada de vegetales con pollo y jugo de naranja. Les indico al lugar que quiero ir y me dispongo a comer.
Agradezco que en esta ocasión, las nauseas no se hagan presente. Las detesto y odio que en los últimos días sean mis compañeras.
Llegamos a las instalaciones de la farmacéutica y el tiempo fue suficiente para que comiera. Como siempre, dos agentes se bajan y cuando todo está en orden me indican que puedo bajar.
Disimuladamente, Tyler me pasa las vitaminas que paso junto al jugo.
—Dra. Carvajal. —me saluda el dueño que ha bajado hasta la portería. —Acompáñeme.
Me pongo a su lado y dos agentes se quedan conmigo mientras mando a los otros al apartamento para que cuiden y den de comer a mis perros.
Entramos a la sala de conferencias donde ya hay reunidas varias personas, nos presentamos y empiezan a mostrarme datos, estadísticas y todo con respecto a la farmacéutica.
La farmacéutica solo tiene un dueño y al parecer él tiene otros planes en mente, por lo que está interesado en vender acciones.
—Quiero el 45% —digo aun cuando no me han dicho el porcentaje que venderán.
Los balances y los cuadres son geniales al distribuir al 75% únicamente en México, no me imagino las ganancias que se reciben tras las exportaciones.
Será una excelente inversión.
—Eso es demasiado. —ríe. —40% me parece una cifra razonable, doctora. —posa sus manos en la mesa de cristal queriendo intimidarme.
—50% y no aceptaré otra oferta. —respondo con una sonrisa desde mi lugar.
Pasan unos minutos mientras él habla con su asesor.
—Bien, pero será bajo mis términos y con una condición.
—Deseo leer los términos y saber de la condición antes de firmar. —establezco.
Aun no he firmado y ya estoy maquinando como diablos, me convertiré en la dueña absoluta.
¡Lo quiero todo!
Cuando estudiaba tenía como uno de mis mayores objetivos tener alguna farmacia, pero una farmacéutica se escucha aún más exquisito.
Me da los documentos junto a los términos, nos despedimos y salgo del sitio.
Tengo el número del abogado en la pantalla, pero dudo en hablar.
Hay miles de abogados, pero necesito a uno de confianza.
¿Qué puede salir mal?
Rechazo la llamada número 10 del día por parte de Oleg y le marco a mí, ¿Ex algo?
—Bueno. —responde al segundo tono.
Quisiera decir que no me afecta, pero estaría mintiendo. Él siempre será alguien especial en mi vida, su perseverancia fue de mucha ayuda junto a mis ganas de no rendirme.
Flashback.
Acabo de salir de mi última sesión con mi psiquiatra, no me dio el alta, sin embargo, me siento como una nueva persona.
Ya no tomo sedantes, hace mucho no consumo antidepresivos, las pesadillas se esfumaron y cuando Axel me da un abrazo no lo aparto. Ya puedo tolerar el contacto físico sin recordar lo que paso esa noche.
Ya no hay ataques de ansiedad y llevo dos semanas sin devolver la comida.
Estoy tan orgullosa de mí.
—Esa es mi chica. —susurra Axel mientras me aprieta más contra su cuerpo.
No puedo evitar sonreír y aspirar su aroma, lo quiero demasiado. Tengo que pasar a recoger unos libros a casa de mi madre y él se ofreció a acompañarme.
Pero como era de esperarse, no es necesario que diga algo cuando mi madre ya me está ofendiendo.
—Hasta que te dignas a aparecer Alessia, y ese quien es, ¿Tu nueva compañía para pasar el rato? No te cansas de ser una maldita fracasada.—paso a su lado e ignoro todo lo que me grita.
Me acusa de algo que no entiendo y cuando llego de nuevo a la puerta me toma del brazo.
Me suelto con brusquedad y la enfrento sin importar que Axel este a mi espalda.
—Ya no sigas mamá, entiende que ya no puedo vivir contigo. —respondo ya cansada. —Te quiero, pero no soporto estar contigo, ¿Tan difícil es que lo comprendas?
La pelea sigue y ya ni se porque me molesto es responderle, cuando se trata de mi madre todo es un caos.
Doy dos pasos atrás al escuchar algo que me rompe.
<<Eres joven y bonita, tú no conoces lo que es el dolor, Alessia>>
—Tienes razón, yo no sé que es el dolor mamá. —confirmo con una sonrisa en mi rostro, me trago el nudo que se forma en mi garganta.
No es el significado de sus palabras lo que me duele, me duele que sea ella quien lo diga.
Siento un apretón en mi hombro y me es suficiente para marcharme.
Durante todo el trayecto a su apartamento pienso en sus palabras ¿No he sentido dolor? Si no es dolor lo que he vivido, ¿Qué es lo que me espera?
En estos últimos meses he cambiado, soy una mierda de persona, pero eso no significa que merecía lo que me paso.
Por eso me prometo no volver a ser la victima ¡de nadie!
Fin del flashback.
—Licenciado, Axel Merino. —saludo.
Alejo los peores recuerdos concentrándome en el hoy.
El silencio que le sigue me hace morder mi labio, sé que es porque ha reconocido mi voz.
— Doctora, Alessia Geraldine Carvajal —saborea mi nombre. —¿Ha llegado tu momento de brillar? Porque recuerdo que me prometiste que estaría cuando tu triunfo fuera inmenso. —suelta con ese tono sexy que me intrigó hace algunos años.
—Yo siempre estoy triunfando Axel, y ahora se multiplicará. —Mi sonrisa durante toda la llamada no se borra, solo aumenta.
Los escoltas me miran mal cuando suelto algunas carcajadas.
—Nos vemos a las 8:00. —confirmo.
Cuando la llamada finaliza mi rostro cambia a seriedad en cuestión de segundos, ¿Qué te pasa estúpida?, son negocios no te confundas.
Al llegar al apartamento y verificar a mis perros me voy a mi habitación y preparo un baño.
Durante una hora paso cambiándome de ropa, pero al final opto por un vestido rojo con un escote en V que se pega como una segunda piel. Me calzo unos tacones de 10 cm y delineo mis ojos.
—Doctora, ¿Va a salir? —pregunta Carlos. Su postura es firme, pero sin verme a mí.
—Sí, dile a Tyler que prepare la camioneta. Nos vamos en media hora. —el agente asiente y se retira.
Me observo en el espejo y por un segundo me imagino que no es Axel a quien veré, aplico un labial rojo en mis labios. Al finalizar quedo satisfecha con el maravilloso trabajo.
Me veo como una maldita reina, y no solo por toda la seguridad que emano.
Salgo de mi habitación cuando estoy lista.
>>Tyler, los perros van con nosotros. —los cachorros corren a mí. —apresúrate.
—No creo que un restaurante sea el ambiente adecuado para ellos. —los señala.
—Al restaurante iré yo. —aclaro con obviedad. — ellos irán al parque porque los llevaran los escoltas, así que organiza como se dividirán.
Hacerle la vida imposible a Tyler no es difícil.
Sigo molesta por muchas cosas y no puedo pasar que mi casa esta llena de cámaras que él mismo puso por ordenes de...
Concéntrate Alessia.
***
Al llegar al lugar y ver lo lujoso del mismo, no es de admirarse conociendo los gustos del abogado.
El asistente me dice que lo siga y así lo hago. Con cada paso que doy me siento tan poderosa de una manera inexplicable.
Me encanta esta sensación.
A lo lejos lo veo y mi corazón se acelera.
—Divina como siempre Alessia. —sonrío.
Se levanta y cuando le doy la mano a modo de saludo, él la toma y lleva sus labios a mis nudillos.
Parpadeo dos veces y luego ruedo los ojos. Me ayuda con la silla y luego se sienta frente a mí.
—Es un placer, verte de nuevo Axel. —suelto con sarcasmo.
—¿Cuántos años han pasado? —inquiere. —creo que son 3, lo recuerdo porque la última vez que nos vimos me mandaste al diablo.
Recordarlo me da risa, no fue la mejor forma.
—No me disculparé por no querer tener una relación. —me encojo de hombros.
—No esperaba una disculpa, no sería sincera. —acepta. —Simplemente, esta tarde cuando me llamaste recordé lo ridículo que fue que yo quisiera más.
Lo observo y no me agrada el arrepentimiento en su mirada.
—No es ridículo que quisieras más Axel, viéndolo desde otra perspectiva, es lógico que quisieras una relación conmigo, luego de un año de conocernos y tres meses de follar. —se sonroja y carraspea.
—Lo siento. —arrugo las cejas.
—¿Por qué exactamente? No creo que sea...
—Nunca debimos acostarnos.
Me quedo en silencio tratando de analizar sus palabras.
—¿Tan mala fui? —inquiero con un poco de nerviosismo.
—Nada de eso, el sexo contigo es lo mejor que me a pasado.
—Y aun así dices que no debimos acostarnos. —sonrío sin gracia.
—Si, no me lo tomes a mal, pero no quiero recordarlo. —lo veo incrédula.
—Creo que la antigua Alessia se sentiría un poco cohibida por tus palabras.
—Si tan solo supieras. —suspira.
—No quiero saber tus razones para tener esos pensamientos, no cuando después de mi violación, fuiste el primer hombre con el que estuve y lo sabes.
Mi primera vez teniendo sexo cuando yo lo quería.
Lo veo tragar grueso ante mis palabras, intuyo que hay algo que no me esta diciendo.
—Es mejor que no lo sepas. —asiento.
Quisiera decir que hay un silencio incómodo, pero no es así. La plática toma otro rumbo y no puedo evitar rodar los ojos.
Siento una mirada demasiado fuerte en mí, pero la ignoro. Sonrío cuando me cuenta una anécdota, sin embargo, la fuerte mirada persiste así que decido buscarla.
Mi sonrisa se borra en cuestión de segundos cuando veo a la bestia a dos mesas de nosotros.
¿Qué hace aquí?
Aun desde mi distancia puedo ver el fuego que emana su mirada, la ira tensando su cuerpo...
Lo dejo de ver y carraspeo mostrándole una sonrisa fingida a mi acompañante.
>>Ahora cuéntame para que me necesitas. —dice luego de unos minutos.
Sin dejar que la presencia de Oleg me nuble la cordura, empiezo hablar del negocio millonario que tengo entre manos, me da sus sugerencias y al revisar e interpretar el contrato, me da el aval para firmar.
Quiero que me acompañe mañana, así que él se queda con el documento.
Dejamos de hablar de negocios y nos concentramos en nosotros.
—Mi vida es normal sin nada que lo altere. —respondo a su cuestionamiento.
No puedo evitar que mis ojos se desvíen a la mesa que comparte la bestia con Yuri. Él me ve y trago grueso con la frialdad que consume su mirada.
—¿Algún pretendiente? —inquiere.
Nuevamente, vuelvo a ver sobre su hombro, siento un extraño calor invadir mi cuerpo.
La bestia bebe lo que intuyo es vodka, su mirada lascivia y morbosa se encuentra fija en mis pechos, me acaloro al imaginar sus pensamientos que no son tan lejanos a los míos, observo en como sus largos dedos sostienen en vaso de vidrio.
Me remuevo incómoda en mi asiento y quito mi vista de él cuando me descubre.
¡Carajo!
—No, ninguno. —respondo segura.
Sin embargo, bebo de mi copa de vino intentando ocultar mi inquietud con la presencia de mi ruso.
La conversación sigue, pero no puedo prestarle atención. No, si la bestia se fija en cada acción analizando mis movimientos.
Mierda, su control y mi autocontrol se están haciendo presente.
Lo único que no puedo ni quiero controlar, son mis pensamientos, y si no los controlo a ellos, es porque en mi cabeza es mi único lugar seguro.
Deseo besarlo.
Ansío tocarlo.
Codicio su mirada.
Anhelo su tanto.
Fantaseo su brusquedad.
Quiero su obscenidad.
Muero por su compañía.
Extraño sus mimos mientras cree que duermo.
¡Joder! Porque las cosas se complicaron, porque fui tan estúpida en acusarlo con intentar matarme.
Me enfurece su indiferencia, pero me trago todo lo que siento, asumiendo las consecuencias de mis acciones.
—Vuelvo enseguida. —digo cuando me levanto y me dirijo al baño.
No lo soporto más, si lo sigo viendo mi mascara se caerá y no quiero que me lea.
Mis pasos son apresurados y puedo sentir su mirada en mi cuello.
¡Joder, no, no, no!
Entro y agradezco que el lugar este vacío, me observo en el espejo y muerdo mi labio para contener las maldiciones que quieren salir.
Mi rostro se encuentra rojo y siento como el vestido me estorba, el calor en mi cuerpo es asfixiante.
Estoy cachonda.
No puedo creerlo, parezco una adolescente que se excita al recordar, porque así estoy. Estoy excitada y aunque quiera, no puedo evitar sentir su toque.
Sus besos, sus caricias, las embestidas, los gemidos, solo fueron necesarios unos segundos para descubrir que todo lo que quise creer no funciono.
Sigo deseando a Oleg y me odio por no poder...
—¡Contrólate Alessia! —me reprendo. —Cumple tu maldita palabras y aléjate de Oleg.
Me convenzo mientras camino de un lado a otro, intentando calmar mis pensamientos impuros junto a las contradicciones.
—¿Interrumpo? —me detengo.
Giro lentamente encontrando a Yuri con una sonrisa en su rostro. Carraspeo mientras veo atrás de su espalda, él alza una ceja al darse cuenta de a quien busco.
—El baño para caballeros es el siguiente. —aclaro.
—Lo sé. —cierra la puerta poniendo el seguro. —Lo curioso es que tú estés en aquí y no al lado de mi tío como lo imagine.
—No sé a que te refieres.—alzo el mentón.
—Creí que el de la negación sería él, pero me equivoque. —arrugo las cejas. —Al parecer no soy el único al que se le frustran los polvos.
—¿Qué quieres? —lo corto.
—Al grano, interesante. Nada importante, simplemente el que vino a tocar los cojones fui yo. —sonríe. —pero es a mí que se los están tocando y no me agrada que la culpable del estado de mierda de él, este cocinando su próximo polvo.
—No creo que sea conveniente que te metas en mis asuntos.
—Si, si, ya me se lo siguiente. No te importa lo que diga la gente, porque tu dejaras de acostarte con quien quieras, cuando quieras. —retrocedo.
—Yo...
—¿Segura que hasta aquí llegó la retorcida relación que mantenías con Oleg Bogdánov?
—No es asunto tuyo. —alzo el mentón ante su sonrisa de satisfacción.
—Un no bastaba, pero no importa. Cuando recibí su llamada supe que algo no andaba bien y al ver su animo de Grinch, me doy cuenta de los motivos.
—No quieras culparme de...
—No te culpo de nada, que Oleg lleve días de insomnio, sin comer como se debe y que nadie soporte su humor, es culpa solo de él al depender de la compañía de alguien más.
Parpadeo y niego ante sus palabras.
—Mientes. —aseguro.
—ty yedinstvennaya, kto mne nravitsya byt' moyey tetey. —abro grandes ojos. —i ya boleye chem uveren, chto ona polyubit tebya.
¿Ella?
No puedo cuestionar porque ya se a dado la vuelta regresando a su mesa.
Lo sigo y logro percatarme que Oleg esta finalizando una llamada.
—¿Todo bien? —inquiere Axel cuando me siento frente a él.
—Si.
Poso mi vista en mi ruso y trago grueso con lo que me transmite su mirada.
—Como te estaba diciendo... —no lo escucho.
La bestia se levanta y se encamina a la salida, agradezco la acción y suelto la respiración que estaba aguantando.
Yuri es un mentiroso y yo una estúpida por dudar. Es obvio que Oleg esta bien.
Mi rostro frente a él no demostró nada, pero por dentro mis pensamientos eran un caos y...
No tan rápido bestia.
—Tengo que irme. —digo sin pensar.
Me despido de Axel y cuando llego a la salida observo como la bestia se sube en un convertible que nunca le había visto y se marcha.
Mierda, mierda, mierda, ¿Y ahora que hago, piensa Alessia?
—Doctora. —me interceda Marcos. —Espere un momento.
Impaciente lo hago y a los segundos llega nuestra camioneta con Julio de piloto, Marcos se apresura a abrir la puerta mientras Tyler me mira tosco.
Supongo que es Carlos quien se quedó con mis cachorros.
—¿Por qué no me dijiste que Oleg estaría aquí? —reclamo.
La camioneta se pone en marcha mientras las cosas no dejan de darme vueltas.
Me mareo y detengo mis pensamientos.
—El jefe es él, quien sabe del otro, no soy yo doctora. —analizo sus palabras.
—Él sabía que yo estaría ahí, ¿cierto? —silencio. —Julio, responde. —me dirijo al otro consiente que Tyler no responderá.
—No doctora. —respiro con calma.
Es absurdo que piense que él sabría mis planes y aun así fuera, no es un acosador, además es lo suficientemente maduro para comprender la situación.
De igual manera yo la entiendo al ser consciente de que no todo gira en torno a mí, aunque a veces así lo quiera.
Me esta odiando, es obvio que lo menos que quiere es verme, por eso se fue del sitio. Mi presencia le da asco y a Yuri le gusta ver las cosas arder.
No puedo perder el control y dejarme llevar por la situación. Respiro y dejo de pensar estupideces para poner los pies sobre la tierra.
Algo fácil y practico.
Llamo su número y sinceramente lo hago por compromiso, no para que responda. Está en su derecho de ignorarme.
Tiene un mes sin verme y de querer hablar conmigo, nos vemos no en el mejor escenario mientras amenazo a su organización y no siendo esto suficiente, me encuentra en un restaurante con un hombre...
—¿Qué necesitas? —responde.
Trago grueso, ¿Por qué me responde? Eso hace que no lo pueda odiar.
¿No puede solo seguir ignorándome, como dentro del restaurante?
—¿Querías hablar conmigo?
Quería, pero al verme ya no. Despierta estúpida.
—Sí. —mierda, porque no sigues el patrón. —Se me acaba de presentar un inconveniente, así que se aplazará. —ni la frialdad en sus palabras me enoja. —Yo te busco Alessia.
¡Cuelga imbécil!
No lo hace.
—Ok. —su respiración agitada me hace cerrar los ojos. —Yo lo espero, Superior...
Cuelgo.
Es una maldita bestia
¡Ódialo Alessia!, él me odia, que yo lo odie a él, favorece nuestro distanciamiento.
Sé que me quiere mandar a la mierda, pero no lo lograra si yo lo hago antes.
***

Horas antes.
Y así como entro, así se marcha.
No puedo despegar la vista del cuello de la loca, baja del estrado y camina con elegancia sin importar lo que dicen los agentes.
Mi mandíbula se encuentra adolorida de tanto contraerla, mi respiración se agita cuando cuatro pelotones la siguen.
—Son los agentes de su seguridad. —aclara mi hermano cuando prevee mis acciones.
Poso mi vista en mi hombro, donde a dejado su mano.
—Me acusas a mí de muchas cosas, pero ten por seguro que yo nunca hubiera permitido que Alessia se expusiera de esta manera. —ignoro el bullicio a nuestro al rededor.
—Le advertí a Carvajal como es OFR, que ella sea una impulsiva no es mi problema. —lo encaro. —Carvajal se acaba de ganar el odio de la mayor parte de OFR por cuenta propia.
—Si actuó de esta manera es por algo. —alza el mentón. —Si me llego a enterar que estas involucrado...
—¿Qué? —me reta —¿Qué harás Oleg, te pondrás en mi contra? —se ríe.
Hago puños y niega cuando mi silencio responde.
—Superior. —giro en dirección de Caleb. —La doctora Carvajal se fue con los agentes que la acompañaban, ¿Desea que hackee la señal?
Observo de reojo a mí hermano.
—No, Alessia Carvajal ya no es mi problema y todo lo que tenga que ver con ella solo le incumbe al Gobernador, quien lidera y es responsable del caso EBÓSIL. —Carsten sonríe mientras el agente me ve anonadado.
Se marcha a calmar el ajolote que dejo la loca mientras 2 agentes van a ver el estado de América.
Sigo de largo a mi oficina sintiendo a tres personas a mi espalda.
Es una maldita loca.
—Superior...
—Retírate Martina. —corto a la secretaria.
Visualizo desde la ventana el desastre de personas que siguen hablando de Alessia. Lo jodió y ahora tengo que arreglar su mierda.
Maldigo mientras abro el holograma.
Esto es lo que yo quería evitar.
Por este tipo de cosas es que la odio, se enojaba conmigo y me exigía una buena comunicación, cuando la primera en hacer lo que se le viene en gana es ella.
Rompió nuestro acuerdo.
La rabia me esta cegando, debo calmarme para poder hacer mi trabajo sin que Alessia salga perjudicada.
—Oleg, te prometo que no me dio tiempo de advertirte. —me giro ante las palabras de Iryna.
—¿Tú lo sabías!? —la encaro. —Si te dejo al frente de Alessia es porque creo que eres lo suficientemente inteligente para saber que esto es la ruina.
Respiro pesado mientras no dejo de verla.
—Carsten me llamó a su oficina hace unas horas. —se remueve incomoda. —Pero lo que él me dijo no es lo que ocurrió.
Sus palabras solo me confirman, que mi hermano esta involucrado en la locura que acaba de hacer Alessia.
Observo que Caleb viene junto al resto de Vyshe.
—¿Dónde demonios esta? —inquiero furioso.
Me mira incrédulo lo que me hace rabiar a un más.
—Ole... Superior, usted dijo que la Doctora ya no es su problema y...
—¡Dame las malditas coordenadas! —exijo al borde de la ira.
Mi cuerpo se encuentra demasiado tenso por todo lo que a pasado.
Todos son unos malditos ineptos que no hacen su puto trabajo. ¿En que cabeza cabe que no quiero saber nada de la loca?
—Oleg cálmate si no quieres que los nuevos descubran. —susurra Rustam a mi lado.
Conozco a varios, pero no me detengo a repasarlos y en esos momentos me importa un carajo que se den cuenta que me follo a Alessia.
Debo encargarme de otro asunto, así que prosigo para poder largarme.
—En los próximos días iremos a Colombia. —explico. —Hay 6 agentes que llevan algunos años en el Hospital de beneficencia, el lugar es para encubrir a EBÓSIL, y nuestro objetivo será destruir el lugar.
Sigo explicando lo que haremos sin dejar de pensar en Alessia.
Aunque quiera no puedo evitar que la rabia me siga consumiendo.
—Será interesante meternos en la misión del Gobernador. —comenta Sasha.
Los demás asiente y eso solo me confirma que su lealtad esta conmigo, porque ninguno estaría tan tranquilo al saber que lo pueden acusar de traición, por lo que haremos.
Ser líder de Vyshe no estaba en mis planes, pero con el ingreso de Alessia a OFR y mi vinculación con PODER, sé que es lo mejor.
—Retírense. —inclinan su rostro y se marchan.
Tres personas quedan en la habitación y veo mal a una cuando no deseo su presencia cerca.
—Oleg...
—Retírate Volkov, si te necesito te lo haré saber. —la mujer me mira con odio, pero lo hace.
—Va para su clínica. —ante el dato de Caleb salgo del cuartel.
Él junto a Ryan me acompañan, el último en un auto aparte.
—No te entiendo, te veo y créeme que no te entiendo. —sujeto con más fuerza el volante ante sus palabras.
—Solo a ti se te ocurre que después de tanto iba a dejar de insistir, Alessia Carvajal fue, es y será siempre mi responsabilidad.
Y mi puto problema.
Guarda silencio al saber que es lo más sensato.
Cada minuto la asfixia es mayor, el desespero es evidente ante las ganas que le tengo.
Verla luego de un mes lo único que hizo es que mis ganas de ella crecieran. Sus labios carnosos invadieron mis recuerdos.
Y mientras ella discutía con América yo la imaginaba de rodillas comiéndose mi verga, sentir el calor de su boca rodeándome mientras sus suaves manos se encargaba de acariciar mis testículos.
Su largo cabello me invitó a sujetarlo con fuerza para follar su sucia boca.
Pero toda fantasía se elimino ante cada maldita palabra que soltó. Carsten sin duda habló mucho con ella y no estoy seguro con que intenciones.
Si ella tiene las posibilidades de crear el antídoto, la voy a apoyar, si quiere ser la única en tener el antídoto, de igual manera la apoyare, pero no voy a permitir que se pierda en el camino.
Ya investigué lo que me hacia falta y ahora más que nunca estaré de su lado.
Sin embargo, eso no quita el enfado y rabia que cargo. Necesitamos hablar y no sé que demonios esta esperando.
El sonido del móvil me hace dar cuenta que nuevamente estoy tenso.
—¿Qué quieres? —cuestiono molesto, sin dejar de conducir.
—Muchas cosas, pero que crees, las estoy posponiendo por ayudarte.
—¿Tienes lo que te pedí?
—Yo también te amo. —gruño. —Estoy en el aeropuerto y no te veo.
Maldigo al saber que lo olvide.
—Estoy ocupado enviare a alguien por ti.
—Te quiero a ti.
—Estoy ocupado. —reitero entre dientes.
—Que curioso. —se ríe. —Yo estaba a punto de acostarme con una hermosa venezolana cuando llamaste y me exigiste volar desde Rusia a México.
—No voy a repetirlo.
—No seas un adulto gruñón, quiero que mi tío favorito me recoja.
—Yuri. —advierto.
—Conseguí lo que me pediste, solo hacen falta las modificaciones que tu harás, pero no me importaría tomar un vuelo y regresar a terminar lo que deje pendiente.
—Voy para allá.
—Mi padre no sabe que estoy aquí, así que espero que seas discreto. —le doy las ordenes a Caleb. —Ya habló conmigo y quiere lo mismo que tú, pero creo que los motivos son distintos.
—Si, y como buen hijo lo vas a averiguar y se lo dirás a tu tío favorito. —suelto sarcástico.
—Oye, eso ya no me gusto. —giro en la primera avenida. —Por cierto, ella... —Corto.
Esas no son cosas para hablar por teléfono, por mucha seguridad que tenga.
—Oleg, Alessia acaba de salir de la clínica y se dirige a...
—Apaga el maldito rastreador, tengo a una persona con ella y será él quien me de la ubicación cuando se lo solicite. —asiente.
Le vuelvo a marcar a la loca y me trago el odio cuando nuevamente no es respondida.
Me estoy cansando de su actitud.
***
—¿Dónde estamos? —cuestiona Yuri al ver el lugar al que lo he traído.
Se trata de una fortaleza insonora.
—Dame lo que pedí. —exijo, ignorando todo lo que me ha dicho.
—Que amargado, ya quisiera yo pedir lo imposible y que me lo den. —lo veo mal.
—¡Dámelo! —extiendo la mano.
Rueda los ojos, pero saca la caja que me entrega.
Observo las dos tablet, con dos cadenas y dos intercomunicadores.
—De seguro no es lo que parece, ¿No es así? —toma una cadena detallándola.
Quito la que cuelga de mi cuello y me pongo la nueva, aparentemente no hay ninguna diferencia.
Enciendo la tablet para probarla.
Hago los cambios correspondiente, ingreso datos y contraseñas para tenerla lista. Pincho mi índice y la gota de sangre ingresa en el aparato.
—¿Qué dijo? —le quito la cadena.
Leo la inscripción de la placa y la guardo en la caja fuerte junto a su juego.
Él sonríe al saber de quien es.
—Quiere saber como estas, te manda saludos.
—¿Cómo esta ella?
—¿Crees que si estuviera mal te hubiera fabricado algo tan complicado en menos de un mes?
—¿Algo más?
—Dice que te ama y espera verte pronto. —me tenso.
Asiento y sigo revisando lo que me mando.
***
—Tengo hambre.
Arrugo las cejas ante las palabras de Yuri. Guardo mi móvil al no tener respuestas de Alessia.
Estoy llegando a mi limite y si en las próximas horas no tengo noticias de su parte, no me importara verme como un maldito cavernícola con las técnicas medievales que ocupare para tenerla.
Necesitamos hablar. Y los motivos han aumentado.
—Ve a comer o pide algo.
—Llevo algunas horas contigo y no te he visto probar bocado. —subo la vista de los documentos y lo veo mal.
—No tengo hambre. —lo corto.
—Me tome el atrevimiento de revisar tu cocina y déjame decirte que no hay nada y tampoco señales de que hayas comprado. —hago puños. —lo que significa de que no te has estado alimentando como se debe.
—He perdido el apetito y deja de molestar. —vuelvo mi atención al informe del psiquiatra.
—Tienes ojeras lo que significa que no estas durmiendo bien, estas estresado, con fatiga... —me duele la cabeza escucharlo. —, ¿Tienes la respuesta o continuo?
—¡Cállate!
—Vamos a comer.
—No tengo tiempo.
—No seas amargado Oleg, ya hice la reservación hable con un tal Tyler y dice que la doctora va a salir a...
—¡No te metas en mis cosas!
—Yesli ty ne poshevelish' svoyey sochnoy zadnitsey, ya skazhu Alessia pravdu.
Lo veo mal, pero no me queda otra que aceptar no por sus palabras.
Con el humor de perros que me manejo últimamente me dirijo al restaurante, y como si no fuera poco, Yuri toma un auto sin estrenar del garaje.
No escucho nada de lo que me dice, estoy demasiado estresado como para entender lo que me dice, sin embargo, su aroma, presencia y todo lo que representa me hace enderezar.
No es cierto.
Me quiero convencer, mientras la veo, pero es imposible, una loca como lo es Alessia Carvajal, no se puede pasar por alto.
—¿Si me estas escuchando? Oleg llevo...
—¡Cállate!
No dejo de ver a la pareja frente a mi y mi sangre hierve al verla tan sonriente. Nunca me a dedicado tantas sonrisas como se las da al imbécil frente a ella.
Se ve tan tranquila y serena que no puedo evitar odiarme por preocuparme por ella. Esta bien, y aunque quisiera alegrarme por ella no puedo, no cuando esta con él y no conmigo como debería.
—Ya entiendo. —se ríe al percatarse de la presencia de la doctora.
Vuelvo a posar mi vista en ella, cuando rueda los ojos y sonríe, pero de pronto ve a todos lados hasta que posa su mirada en mí.
¿Se encuentra feliz doctora?
Aun desde mi distancia logro ver la tención en su cuerpo, ya no hay sonrisas carismáticas, ahora son tensas y no poder repasar cada centímetro de su anatomía me enfurece.
Mientras yo fantaseo en como volver a empotrarla, ella muy tranquila pasa su tiempo con otro.
—La detesto.
—¿A la que te devoras con la mirada? —me enderezo al saber que verbalice mi pensamiento.
Nuestras miradas se conectan en varias ocasiones y quisiera tener su fuerza de voluntad para quitar la mirada, porque no puedo, no puedo dejar de analizar cada acción, gesto, movimiento. No paso nada por alto.
Y mi autocontrol pierde fuerza al ver como el hombre le coquetea, ella no se da cuenta, pero las insinuaciones están y las odio.
Vuelve a verme por lo que quito mi vista de sus tetas a su rostro, se encuentra rojo. Se levanta y pasas a dos mesas de la mía, mi vista la sigue y odio la mirada de Yuri ante el gesto.
—¿Qué? —cuestiono molesto.
—Nada. Vuelvo en un segundo.
No digo nada y arrugo las cejas cuando los del psiquiatra vuelven a llamar.
Leo el informe de Rustam y solo falta ultimar detalles para ir a Colombia. Vyshe esta al tanto de todo así que por eso no me preocupo.
La nueva llamada me hace responder para que dejen de joder.
—¿Qué quieren?
—Superior, ya no sabemos que hacer con la paciente.
—No es mi problema, para eso les pago.
—Superior, la paciente consiguió información de una tal Alessia Carvajal y solicita su presencia antes que...
—Voy para allá. —corto.
Observo a Yuri y no dudo en pagar para largarnos. Alessia regresa, pero no le presto atención.
Me subo a mi auto conduciendo al psiquiatra, a los minutos recibo la llamada que llevo días esperando, pero en estos momentos no.
No deseo hablar con Alessia, pero recordar a PODER me hace cambiar de opinión.
Le respondo y le digo que luego hablaremos. Si deseo hablar con ella, si deseo contarle lo que ocultan, si deseo que que salga de la mierda.
Pero no quiero verla, no en estos momentos.
Pude hacer todo lo que estaba imaginando, pero no le daré ese placer. No le demostraré que no me importa que todo el restaurante sea espectador de como su acompañante caída en el lago de su propia sangre ante mi disparo.
Seria estúpido armar un drama en el que haya reclamos, no somos exclusivos, ¿A donde quedaría mi inteligencia?

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