Capítulo 3
In the end -Linkin park. One hour.

Mi estadía en Rusia ha estado muy agitada he de admitirlo y no solo por mi trabajo.
El día de la fiesta me molesté cuando me llevaron las rusas, sin embargo, al ver la escena no me fue difícil atar cabos.
Pude haber hablado e irme, pero no lo hice y no me arrepiento. Fueron unos excelentes orgasmos los que tuve con el ruso.
Cuando él fue al baño a deshacerse de uno de los condones aproveche para salir de esa habitación sin ser vista y sin dar explicaciones.
No dudo que se pueda repetir con otro Ruso, amo el sexo y no me voy a cohibir al momento de disfrutarlo.
Paso cada maldito día lleno de estrés y si está es la manera en cómo sobrellevar la carga, lo voy a disfrutar así como lo he hecho siempre.
Por otro lado, la operación de Raisa es algo que me tiene muy inquieta, no sé qué rayos es la composición química que ha alterado su sistema. Los daños al momento son pocos, sin embargo, si no actúo de inmediato la muerte es lo próximo que se tendrá.
Lo que creí que era la respuesta fue un error y me alegré de darme cuenta a tiempo. Desde entonces no he parado de trabajar siguiendo las mismas bases porque sé que está en la sangre.
Hay algo ensuciando su sangre, pero lo único que encontré es algo desconocido en su cabeza y me estoy arriesgando al tomar esa vía porque mi investigación es buena, pero sigue siendo insuficiente para algo certero.
—Por el momento me concentraré en lo que ya sé. —comento en voz alta consiente de que estoy sola.
A los minutos llega Lucas a notificarme un cambio.
—Doctora, la estamos esperando para iniciar, dijo la señora Raisa que no esperaremos a nadie. —asiento ambos nos encaminamos al lugar en donde pasó por todo el protocolo de higiene.
Observo a mi alrededor supervisando que esté todo acomodado para empezar mientras tanto, Sara me coloca la lupa quirúrgica de casco.
Hugo se encarga de rapar el cabello de Raisa mientras los otros se colocan en sus puestos. Hay más personas en el cuarto que estarán pendientes de cada máquina.
Pero como lo ordene, ninguno podrá ver lo que hago en sí.
A demostrar porque soy la mejor.
***
Llevo 6 horas y aún no encuentro lo que creó buscar, evito estresarme sabiendo que esto puede tardar más según lo estipulado.
Visualizo la máquina que tengo enfrente y analizo un pequeño tejido que estoy segura no debe ir en ese lugar. Es como un tumor de unos dos centímetros.
Lo contemplo desde otro ángulo para estar segura.
Eso no es un maldito tumor.
Sé que no tiene que estar ahí por lo que no dudo en extraerlo.
—Vamos, ven con mamá. —lo tomo con una pinza de Kocher y lo saco colocándolo en una bandeja de aluminio.
Es como si fueran coágulos de sangre rodeados de un tejido que desconozco.
Hay más y esto cada vez se está poniendo peor, Lucas se encarga de secar el sudor de mi frente y luego vuelve a su sitio. Pasan dos horas más hasta que al fin creo haber hecho lo necesario.
¡Diablos! Eso fue fuerte.
—Quiten separadores. —ordeno. —Quiero un porta agujas. —me lo pasan y sigo con mi trabajo.
Tiempo después salgo con Sara para observar si llegaron los familiares, me quito la bata quirúrgica que estaba con sangre al igual que los guantes, desecho la mascarilla y salgo al pasillo solo con mi uniforme y el gorro.
—¿Cómo está? —Yuri es el primero que se da cuenta de nuestra llegada, a su vez se paran otras tres personas Francis, un Señor que no conozco y ¿Oleg?
¿¡Qué mierdas hace él aquí!?
—La operación fue un éxito, se extrajo un tumor benigno de 2 cm, lo seguiré analizando porque nunca antes había visto uno de esos y al ser el primero necesitará una ardua investigación. —miento—. Ella está descansando, la pasarán a cuidados intensivos y se estará monitoreando por las próximas 24 horas para evitar convulsiones.
Me siguen haciendo preguntas las cuales respondo con toda la profesionalidad. Oleg no ha dicho ni una palabra, su semblante está serio y me gustaría saber qué es lo que está pensando.
—Estuve hablando con los antiguos doctores que llevaban el caso y su probabilidad de éxito era de 0.0% al desconocer el caso —me miran con cautela. Aunque no observe a Oleg siento su mirada sobre mí—. Yo lo aumenté a un 90% y espero que en 24 horas sea un éxito de un 100%
No sé si estoy paranoica, pero logró ver un poco de molestia en el sujeto que no conozco. Preocupación en Francis y nerviosismo el Yuri.
—Gracias Alessia, eres un ángel. —halaga Yuri quien finge su emoción.
Hasta el más idiota se puede dar cuenta que nadie está feliz porque Raisa se esté recuperando ¿Por qué?
—Alessia, la doctora Alessia Carvajal. —mi nombre en los labios de Oleg se escucha demasiado con su acento.
—Sí, he estado hablando con ella...
—En tan poco tiempo y ya te hiciste amiga del personal. —comenta, pero no hay burla, de hecho todo lo que dice es tan frío que me intriga.
Maldito Ruso.
—Señor Bogdánov, yo no soy parte de su personal, he venido por la señora Raisa nada más. —alzo el mentón viendo como se tensa y hace puños sus manos.
Un carraspeo me hace quitar la vista de él, para ver al otro hombre que también es atractivo, pero hay algo en él que no termina de agradarme, creo que es la forma inquisitoria con la que me analiza.
Lo ignoro y después de aclarar todo y verificar nuevamente a la paciente, el mismo señor que no conozco es el primero en retirarse, al parecer es el padre de Yuri y hermano de Oleg.
Sin nada más que hacer en el sitio, con Sara nos encaminamos al cuarto donde está Raisa; luego de recibir el resumen por parte de Lucas, decido ir a descansar no sin antes hacer una llamada.
Necesito despejar mi mente unos momentos.
—Hola guapa, ¿Ya me extrañas?
—Hola, la operación salió bien. —se acerca al armario dejando caer la toalla, observo su trasero duro y definido, pero solo por unos instantes porque se pone una pijama—. ¿No tendrías que estar en el hospital?
—Me suspendieron. —dice mientras se acomoda en la cama—. Se murió el hijo del doctor de pediatría, mientras yo estaba de guardia, el personal es poco y llevaba 54 horas entrando y saliendo del cuarto del placer.
—Puedes tener más horas y aun así no dormirte.
—No me estás ayudando. —me encojo de hombros.
—Todos los días mueren miles de personas. —bufa—. Un muerto más no hace la diferencia.
—¡No es un muerto más! —se exalta—. Es el hijo del doctor de pediatría, que en mi internado fue mi jefe.
—Bueno, pues yo me folle al hijo del jefe. —decirlo en voz alta es aún más perturbador.
Matías hace una gran O para después verme con picardía.
—A ver guapa, como que te lo follaste. —asiento—. Quiero detalles sucios y con todo el drama.
—Te lo resumiré en que no tenía ni idea de quién era cuando follamos, lo descubrí hace unos minutos.
—¡Ay dios mío! Estoy a punto de sufrir un infarto. —ruedo los ojos.
—No seas dramático. No fue para tanto. —vuelvo a mentir.
El sexo con el ruso es increible.
—Mujer, como me vas a decir que no es para tanto, ¿No sientes la oportunidad de la situación?
—Lo que yo siento es la gravedad de la situación. —sobo mis sienes.
—Comértelo todos los días mientras sigas en sus tierras no es grave. —se rasca la barbilla. —Descríbelo, quiero saber si hace dudar mi heterosexualidad.
Lo pienso un poco ¿Será buena idea?
—Es alto 1.90 aproximadamente. Cabello claro, muy claro, creo que es un rubio bonito, unos impactantes ojos color zafiro, tiene la barbilla marcada junto a una barba definida haciéndolo ver más atractivo.
Cierro los ojos mientras lo recuerdo.
>>No olvidemos mencionar que el cuerpo lo tiene trabajado y mis manos se ven pequeñas cuando toco su... —me callo y observo a la pantalla con mi amigo mordiéndose el labio ocultando su sonrisa.
—Mujer tú lo que has descrito es al amor de mi vida.
—Tonto.
Los hombres son guapos, inteligentes, atractivos y muchas cosas más, sin embargo, en mí sigue estando esa espinita que me recuerda que cuando se lo proponen pueden ser una mierda.
Prueba de ello es lo que pasó hace algunos años con Rubén Urbina y los otros.
—Mi carrera está en un hilo si él habla. —me estreso.
—No hablará, eso te lo puedo asegurar.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? No lo conoces, él es. —lo pienso—. Es muy serio, tiene ese aire que te promete frialdad, su mirada hace intimidar a cualquiera.
>>Yo no soy cualquiera, pero su presencia muestra autoridad y...
—Ay mujer deja de torturarte. Si mis cálculos son correctos yo soy el tío solterón, pero no quiero estar viejo y que me digan abuelo.
—¡Te estás escuchando! —me enojo—. Te estoy contando mis preocupaciones y tú estás pensando en un puto feto.
—Más respeto mujer. No le digas feto, porque son bebés.
—Mientras no haya formación son fetos. —rasco mi barbilla—. Me pregunto dónde estabas en las clases de... —me hace callar.
—Lindura lo que tú tienes que hacer es ir a su habitación, seducirlo y... —dejo de prestarle atención cuando escuchó ruidos afuera.
—Te llamo luego. —No espero su respuesta.
Salgo de la habitación y camino lento por el pasillo. Escucho el chillido cuando abren el cuarto en donde se encuentra la señora Raisa.
Me acerco más y veo a Hugo tirado en el suelo. —mierda—. Me apresuro a su sitio y me calmo cuando le tomo el pulso y descubro que solo está inconsciente.
A corto los pocos pasos al cuarto y contemplo a un hombre vestido todo de negro con un pasamontaña, está demasiado cerca de Raisa y lo que tiene en sus manos me enoja.
Desgraciado.
Me costó mucho este trabajo para que llegue otro y lo arruine, observo a mi alrededor buscando algo con que atacarlo.
Visualizo lo que parece una lámpara de mesa, sé que no ayudará mucho, pero es lo único que hay, la tomó y entro al cuarto.
Camino con sigilo para no ser descubierta.
El hombre está de espalda por lo que tomó impulso para golpearlo, pero él es más rápido y cuando se voltea me tira al suelo.
¡Hijo de puta!
Su cuerpo se impulsa para quedar sobre el mío. Su anatomía me asfixia mientras una corriente recorre mi cuerpo cuando sus manos enguatadas me toman de los brazos descubiertos.
—¡No! Suéltame, ¡Quitas tus asquerosas manos de mí! —grito furiosa.
Su toque me enoja, es un toque que no soporto.
Me retuerzo tratando de salir de su agarre y al no lograrlo por obvias razones empiezo a gritar.
—¡AYUDA! —grito—. ¡Ayudenme...!
No puedo terminar de pedir ayuda cuando el hombre me tapa la boca con su mano y con la otra me sujeta del cuello y me levanta.
Voy sintiendo como me estoy quedando sin oxígeno, pataleo y le pego con las manos, pero no logró nada, ya que me triplica en peso, estatura y fuerza.
¡No me vas a matar, idiota!
Siento las paredes encogerse a mi alrededor mientras el aire me falta.
No va a vencerme.
No dejo de patalear queriendo soltarme, todo intento parece insignificante y lo detesto.
No me volverán a doblegar, ¡Nunca más!
Me tiene topada a la pared en la que se encuentra una mesa con implementos quirúrgicos.
Con mis últimas fuerzas logró tomar un bisturí, levanto mi mano aún costado de su abdomen. Una lágrima se escapa de mi rostro enrojecido.
—Vas a morir... —grito bajo su mano.
No lo pienso tanto, se lo entierro con las pocas fuerzas que me quedan y no siendo suficiente la saco para volver a introducirla, pero logra detenerme.
Me suelta de inmediato gritando unas maldiciones en su idioma.
Linda voz, lastima que se metió con la doctora equivocada. Doy bocanadas grandes de aire tratando de recuperarme, pero es imposible.
Alcanzó a visualizar a Oleg y es lo último que veo antes de entrar en una oscuridad profunda.
No sé qué mierdas paso y no logro descubrirlo, por ahora...
***
A lo lejos escucho unas voces, pero no logro distinguir lo que dicen.
Poco a poco las voces se hacen más nítidas y al estarlo me enojo por mi estado y posición.
—¿Qué pasó con el hombre? —indago cuando logro incorporarme.
El cuello me duele y mi garganta la siento seca.
Vaya fuerza del maldito intruso.
—Se revisaron las cámaras y nos dimos cuenta de que intentaron matar a mi madre. —informa el padre de Yuri.
Me enfoco en su rostro, quisiera encontrar la mentira, pero lo único que visualizo es la seriedad.
—Si no hubiera sido por ti, Raisa hubiera muerto, ya que se encontró una jeringa que causaría la interrupción repentina de la respiración, provocando de inmediato un paro cardíaco. —aclara Yuri.
Volteo a ver a su padre que se ve un poco irritado, de los Bogdánov que conozco Yuri es él más espontáneo por lo que no me es difícil deducir que algo no me están diciendo, lo sé por sus expresiones.
—Le enterré el bisturí en el abdomen al hombre. —analizo lo que pasó—. ¿Qué hay del señor Oleg? —Recuerdo ver su silueta.
—Cuándo él ingresó y trató de ayudarte, pero un hombre lo sorprendió por atrás dejándolo noqueado por el paño que colocó en su nariz. —responde Yuri—. Él fue el que se llevó al que te atacó, cuando salieron se activaron las alarmas y fue cuando despertamos y los encontramos a ambos inconscientes.
—Doctora, dadas las circunstancias todos tendrán que ser investigados incluyéndose. —sentencia el Ruso mayor.
Asiento consciente que eso es lo mínimo que deberían hacer.
—No tengo problemas con eso Señor... —dejo la oración en el aire.
—Carsten Bogdánov. —ninguno extiende la mano.
Nos quedamos contemplando, cada uno con sus cuestionamientos.
Lo único que observo en Carsten, es crueldad.
***
Estoy que muero de sueño, pero desde el susto de la madrugada estoy segura de que nadie ha podido dormir.
Son las 4 de la tarde y me encuentro en un cuarto haciendo el chequeo de rutina a la señora Raisa.
—Todo en orden doctora. —comenta Lucas lo evidente.
—Pueden ir a descansar. —ordeno.
Después de darme las gracias los tres se dirigen a sus cuartos asignados.
—Tú también deberías ir a descansar. —ruedo los ojos.
No lo veo sabiendo quien es.
Continúo acomodando algunos documentos de mi investigación, camina hasta quedar frente a mí y es entonces que alzo el mentón encontrándome con unos ojos claros intimidantes.
—Lo haré luego, por el momento tengo cosas que hacer.
Me levanto para alcanzar un documento demasiado importante que no debe ser visto por nadie más que yo. Alza una ceja cuando mi cuerpo queda demasiado cerca del suyo.
La diferencia de estatura es notoria, sus ojos se posan en los míos, pero no son del azul zafiro que me tiene intrigada.
Alessia deja de pensar en estupideces.
Doy vueltas bajo su atenta mirada, pero tenerlo cerca me impide hacer ciertas cosas porque me niego a que lea algo de lo que hay en los sobres de manila.
Pasa el tiempo y cada vez me estreso más. Me siento y colocó la palma de mis manos en mi rostro.
—Alessia tienes que relajarte. —siento como se sienta a mi lado—. Oleg se está haciendo cargo de la investigación y al no encontrar nada está como loco gritando a todo mundo.
Estoy estresada, curiosa, agotada y molesta por todo, incluyendo lo que sentí con la cercanía del sujeto, pero no me arrepiento.
Yuri cree que estoy mal por ello cuando mi estado no tiene nada que ver con sus pensamientos.
—¿Sabes? —Ignoro lo que me dice. —Convivo con la muerte de las personas a diario y saber que con mis acciones provoque la de él no me hace sentir ni un poco mal. —confieso—. Nadie se mete con mi trabajo, nadie tiene que atreverse a arruinar lo que hago, Yuri.
No miento al señalar que el trabajo que realice a Raisa es lo más arriesgado, peligroso y difícil que he hecho. Que un pelele la quiera matar es una patada directo a mis ovarios.
—¿Qué te parece si esta noche tú y yo salimos para que olvidemos nuestras penas? —ignora mis palabras.
Levanto mi rostro y puedo ver los ojos del hombre que nos observa desde el umbral de la puerta.
Su mirada es intensa, la pupila de sus ojos brillan de enojo cuando se posan en la mano de Yuri sobre mi rodilla. Me remuevo incómoda. Yuri se da cuenta de la presencia de su tío y la quita sin afán.
—Doctora Carvajal. —me saluda—. Yuri, te esperan en el despacho con los investigadores.
No sé, si son cosas mías, pero siento que Oleg le dice algo con la mirada y el otro asiente.
—Con permiso. —se retira dejándome con el espécimen ruso..
—Doctora, quiero pedirle una disculpa por los inconvenientes que se presentaron en los que se vio afectada. —alzo una ceja.
No comenta nada sobre lo que pasó hace unos días e internamente agradezco su discreción.
—Son situaciones que se salen de nuestro alcance señor. —comento—. No es su culpa.
Mantengo mi ética profesional alrededor de diez minutos en los que le hablo de la situación de la señora Raisa, por parte se mantiene serio atento a lo que digo.
—Se tendrán que quedar por 25 días más. —agrega. —Por sus honorarios no se preocupen que nosotros nos haremos cargo.
Bien, porque no pienso quedarme a regalar mi trabajo.
***
Los días después del atentado, no se logró descubrir quienes fueron los que ingresaron y eso tiene de mal genio a Oleg.
Eso quiero suponer.
Apenas cruzamos palabra y es algo que agradezco.
Cuando es la hora de comer todo parece una tortura, contemplo la comida del menú sin saber lo que es.
—Señora Raisa me alegro de su buena recuperación.
Hablamos un poco, pero me aburro y busco la única excusa.
En dos días regresamos a México y hoy Yuri nos llevará al bar de un tal Iván, decidimos aplazar la salida por los acontecimientos que estaban sucediendo.
Por otro lado, la señora Raisa en un mes estará perfecta si sigue con los cuidados que indiqué a su enfermera.
Me preparo para salir usando un conjunto de lencería roja, voy con la intención de follar algún Ruso. Mientras me proteja no veo nada malo al disfrutar de mi sexualidad.
Me coloco un vestido negro manga larga que se ciñe como una segunda piel a mi cuerpo, llega a medio muslo con pedrería que lo hace ver sexy, incluyendo la abertura que tiene en la espalda.
Me aplico maquillaje y luego calzo mis tacones, tomó el abrigo y salgo de la habitación para encontrarme con los chicos.
—¿Va a salir? —indaga Oleg mientras me inspecciona de pies a cabeza.
—Sí, permiso. —Le paso a un lado, pero me toma del brazo impidiendo mi salida.
Su toque me incomoda y por ello me suelto con brusquedad. Se queda quieto por unos segundos observando mi brazo, sube su vista a mi rostro como si me estuviera analizando.
—¿Está segura que es una cirujana? —no me ofende su pregunta.
Por mi cuerpo y todo lo que dicen que represento siempre recibo comentarios fuera de lugar como ese.
—Ya lo he demostrado y la verdad me decepciona su comentario. —alzo el mentón.
—Si la decepciono es porque en algún punto se ilusionó, además me ha demostrado ser otra cosa. —me tenso, es la primera vez que toca el tema—. Tenemos que hablar sobre ello.
Sonrío consciente de que eso no pasará.
—No tengo nada que hablar con usted. —me mira serio—. Buenas noches, Señor.
***
Dos horas después de llegar al mismo club que conocí a Oleg me encuentro borracha.
Mi tolerancia al alcohol es mínima y no bebí porque quisiera emborracharme, las borracheras no me traen buenos recuerdos.
Odio y maldigo a Yuri porque es el causante de mi estado, en mi jugo iba poniendo cantidades mínimas de alcohol, no lo descubrí hasta que ya era demasiado tarde.
Justo ahora estoy en medio de la pista bailando con Lucas, a mi lado están Sara y Yuri, Hugo se fue hace unos minutos con una bella Rusa.
—Iré a traer algo de tomar. —grita mi acompañante sobre la música dirigiéndose a la barra.
Sigo bailando aun cuando siento unas manos en mis caderas, sin voltearme me sigo moviendo y cuando me jala a su pecho no dudo en restregarme en su entrepierna, su mano se posa en mi cintura y estoy a punto de voltearme, pero me presiona más a su cuerpo, su mano sube hasta posarse debajo de mi pecho.
Siento su respiración sobre mi cuello y luego deja un beso, su respiración sube hasta el punto que muerde el lóbulo de mi oreja.
—Hizo un gran trabajo doctora Carvajal, pronto tendrá noticias de nosotros. —susurra.
Deja un beso en mi sien antes de retirar su contacto, me volteo, pero ya no hay nadie ¿Qué fue eso? El alcohol me hace alucinar.
***
Intento llegar a la habitación, pero que las puertas se muevan no me ayuda.
A tropezones abro la primera habitación que no tiene llave, estoy segura de que no es la mía, pero es lo que menos me importa, se siente un olor a perfume de hombre muy exquisito
¡Yo conozco ese aroma!
Me tiro en el colchón sintiendo la suavidad del mismo mientras me dispongo a dormir. Mi propósito es interrumpido al momento que abren la puerta.
No tengo energías para abrir los ojos, solo escucho el choque de labios, susurros y risas, poco a poco se acercan y de paso se desnudan de forma torpe según lo que escucho.
Se tiran en la cama de golpe, acción que me hace caer al suelo.
Gimo de dolor por el golpe.
—No se preocupen, estoy bien. —anuncio..
Nadie responde, pero tengo demasiado sueño para levantarme así que decido dormir en el duro suelo de madera.

¡Spoiler!
—Es usted muy ardiente, Oleg.
Levanta su pelvis para que lo sienta aún más. Dejo salir un jadeo volviendo a unir nuestros labios mientras subimos de temperatura.
—No más que usted, doctora.

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