Capítulo 2
On My Way -Farruco, Sabrina. One hour.

La puerta del jet se abre y nos indican que podemos salir y cada uno lo hace. Al llegar a la pista me quito los lentes observando mejor los colores sobrios del lugar, todo es perfecto y...
—Ya me dolía el trasero, los asientos son cómodos, pero 32 horas es demasiado. —se quejó Hugo.
—Tenemos algunas horas de diferencia así que son tipo 8:00 de la mañana. —comenta Lucas, viéndome con una sonrisa.
Creo que a ese chico le gusto porque no es normal que me vea con algo más que no sea admiración.
—¿Alguien más tiene hambre? —pregunta Sara metiéndose en su camino.
Los ignoro como si no vinieran conmigo porque ya parecen unos mocosos en excursión. No serán de mucha ayuda, sin embargo, es una experiencia inolvidable que se han ganado.
—Se pueden callar, ya parece que nunca salen. —gruño.
—No salimos. —dicen al unísono como si fuera lo más obvio.
Así pasan discutiendo en lo que trato de no prestarles atención mientras nos acercamos a las camionetas negras que nos indican.
Observo como se baja una persona de cada una, el porte de ambos es alta con las facciones rusas que los caracterizan.
—Buenos días, soy Yuri Bogdánov. —se presenta uno de los hombres con un perfecto ruso, le calculo unos 24 años.
Es guapo he de admitirlo y sus ojos azul oscuro son muy llamativos.
—Buenos días. —respondo en su mismo idioma. —Soy la Doctora Alessia Carvajal.
Presento a mi equipo de trabajo y no pasó por alto las miradas entre Sara y Yuri. En una camioneta llevan a Lucas y Hugo y en la otra Sara y yo.
El trayecto es interesante, es la primera vez que vengo al país y estoy impresionada por la belleza que lo acompaña.
—Cuénteme doctora Carvajal, es tan buena como dicen. —sonrío y me la devuelve por el espejo retrovisor.
—Mis méritos hablan solos, señor Bogdánov. —asiente satisfecho—. Esperamos que con su madre sea igual.
—Le voy a pedir que no me diga señor, ese título déjelo para mi tío y mi padre, para mí, Yuri está bien, y Raisa no es mi madre, es mi abuela.
—No lo sabía. —me sincero he ignoro lo primero.
No se me da bien tutear a las personas, eso les haría pensar que pueden hacer lo mismo conmigo.
Muchas personas han comentado que los humos se me elevaron y estoy bien con eso, no me interesa lo que digan los fracasados.
A las pocas horas llegamos a una casa que más bien parece una fortaleza, desde afuera se ve muy grande, tiene muro a su alrededor que no permite visualizarla a fondo.
Hay un gran portón negro en el que nos detenemos, Yuri pide que abran y si desde afuera se siente grande adentro es gigante, tiene un sendero que nos lleva hasta la que distingo es la entrada principal, en donde esta el señor que ordena sacar nuestras maletas y acomodarlas en las habitaciones de huéspedes.
—Buenas tardes, Francis Müller. — se presenta mientras nos lleva a la sala, la casa por dentro es aún más hermosa, tiene toques modernos y delicados que la hace perfecta.
Mis acompañantes están con la boca abierta a punto de babear, les hago una seña y se recomponen, pero no quitan la cara de tontos.
—Buenas tardes, soy la doctora. Carvajal y estoy a sus órdenes. —me presento al ver a la Señora rubia, tiene algunas canas que la hacen ver elegante.
Desde lejos se ve su porte autoritario y que sonría me incomoda.
—Hola linda, los estaba esperando, pasen, en unos momentos estará servida la mesa y espero que sea de su agrado. —asiento.
Me alegro de que uno de los castigos de mamá haya sido ir a clases de ruso, si no estaría muerta de la vergüenza.
—Se lo agradezco señora Bogdánov, sin embargo, antes me gustaría revisarla para dar mi propio diagnóstico. —asiente y subimos las escaleras hasta llegar a la tercera planta, entramos a un cuarto y me emociono al observar que está lleno de aparatos altos en tecnología.
—Impresionante, ¿Cierto? —finjo una sonrisa.
Le pido unos minutos para tomar una ducha y cambiarnos, lo que es un poco estresante, ya que por su cultura solo hay un baño en cada planta.
Media hora después ya estamos todos nuevamente en el cuarto del placer haciendo todos los estudios posibles, le sacó sangre para hacer distintos exámenes, no me convence y hago más pruebas de todo tipo.
¡Dios mío! ¿¡Donde rayos ha estado la Señora!?
No quiero alarmarme, pero todo es tan confuso que me estresa, jamás había visto o escuchado algo sobre lo que tiene. Tengo dudas, muchas dudas porque no me estoy sujetando de nada.
Lo que pienso es simple lógica y no algo sólido.
No quiero fallar.
No debo fallar.
Hago más estudios y la respuesta es la misma, nada, tiene alteración en el pH de algo desconocido. Todo su cuerpo está mal, pero sé que está en la sangre.
Su caso es algo desconocido por lo que no me rindo y paso toda la noche y madrugada estudiando los análisis. A las nueve de la mañana me encuentro irritada, la investigación que hice no me da nada.
Las horas siguen pasando en lo que pido no me interrumpan, es por ello que le atribuyo el estrés a la satisfacción de Yuri al saber que no hay nada.
No puede estar feliz de que no encuentre nada.
Él me dijo que tengo la autorización de su familia para intentar cualquier cosa, eso me pareció absurdo, pero no dije nada.
Hay algo que sigue sin cuadrar.
Cuando estoy por pedir ayuda encuentro algo, diminuto no comprobado, no obstante, confío en que funcione.
Hago un informe basándose en esa vaga alternativa y una semana después de llegar a Rusia ya he armado el protocolo.
—Que funcione. —cierro los ojos cuando el cansancio me vence.
Me quedo dormida con la satisfacción que lo he conseguido, pero es Yuri quien me despierta.
—Doctora, sé que es imposible y la familia valora todo su esfuerzo. —arrugo las cejas recomponiendo de inmediato—. Entendemos que no hay nada que...
—Lo tengo, sé como ayudarla. —lo interrumpo.
—¿Qué? —se levanta anonadado como si no creyera en mis palabras.
El color desaparece de su piel y lo dejo balbuceando algunas palabras mientras voy por mi equipo he informo a la señora Raisa. Estoy eufórica por lo que no pierdo el tiempo.
Yuri regresa informándome que un equipo especializado me acompañara y no pongo resistencia, pero hay algo que debe quedar claro y es que el metro es mío.
—Disculpe Doctora, pero no entiendo ni madres de todo lo que se ha mencionado desde que llegamos, ¿Puedo sacar mi celular para usar el traductor de Google?
—No es necesario, también hablo español —le sonríe la señora Bogdánov haciendo sonrojar al chico.
Lo ignoro para dirigirme a la mujer.
—Señora Bogdánov no tengo un diagnóstico claro, pero..
—No lo quiero escuchar, solo dígame, ¿Puede ayudarme?
¿Puedo hacerlo? Debo que admitir que jamás había visto algo igual, es extraño más no imposible para mí.
—Señora Bogdánov, confíe en mí. —sus ojos brillan.
Espero que mi teoría funcione.
—Eso quería escuchar, llámame Raisa. —asiento. —Por cierto, quiero invitarlos a un evento mañana, yo no iré, pero sí Yuri.
>>Oleg, mi hijo menor no podrá asistir porque tiene un compromiso muy importante, pero no está muy lejos de aquí.
—Gracias por la invitación, estaremos puntual.
Después de alistar y ordenar la investigación que no dejo que nadie vea, cada quien se dirige a cenar y luego a su habitación.
Duermo lo suficiente y a las siete de la mañana ya estamos de nuevo con la misma rutina preparando todo para el día de la operación. En la tarde decido ir a descansar antes de salir como loca.
***
Los toques en la puerta me despiertan al tener un sueño liviano.
—Doctora, la estamos esperando. —veo la hora y me doy cuenta de que dormí 6 horas después del almuerzo.
Me levanto rápido y me dirijo a la puerta.
—Vayan ustedes, los alcanzaré luego. —indico mientras me dejan la dirección.
Me voy directo al baño para tomar una rápida ducha, busco algo decente que ponerme.
—Al parecer Zule estará despedida. —pienso en voz alta.
Antes en mi afán no había detallado el contenido, pero ahora observo que aparte de mis uniformes unos pantalones y playeras, lo demás nada llega más abajo de mis rodillas, la lencería es una talla menor a la mía y...
No tendrá aguinaldo.
Ya voy tarde así que no lo pienso tanto antes de empezar a vestirme.
Me contemplo en el espejo y me aplico un poco de maquillaje para resaltar mis ojos oscuros, tomo mi abrigo y decido caminar, según lo que mencionaron, el lugar está a media hora.
Uno de los hombres me lleva y la calle está abarrotada de carros y más gente, es por ello que decido caminar las pocas cuadras que faltan.
Pasan los minutos mientras sigo sin encontrar el sitio que me mencionaron, a lo lejos visualizo a unas chicas que estoy segura de que les dará hipotermia con esos vestidos que no dejan nada a la imaginación.
El mío tampoco, pero el abrigo lo nivela, me acerco a ellas para ubicarme.
—¿Disculpen, saben dónde queda el...?
—Te estábamos esperando. —me interrumpe—. Llegas 10 minutos tarde.
—¿Qué? —inquiero incrédula.
No entiendo de qué habla.
—Date prisa que nos están esperando. —No me queda tiempo de contestar porque me jalan a un bar con luces extravagantes.
Alguien va a morir.

Como odio a las personas, si Iván a parte de ser uno de mis mejores no fuera mi amigo estoy seguro que no estaría en este sitio que aunque muy exclusivo, no termina de agradarme.
Raisa es otra que no deja de joderme y quería que fuera a un evento de los que me dan jaqueca, ponerle una excusa no me resultó difícil, ya que no sabe lo que hago desde que tengo 8 años y todo se fue a la mierda.
Por medio de Yuri me enteré de que hace más de una semana llegaron los que van a tratar de salvarla.
Eso es imposible y me parece estúpido que haya dado una esperanza en donde no la hay.
El doctor Ávalos se encargó del personal que vendría y por su bien espero que cumplan con su trabajo y que Raisa de esa operación salga en una camilla cubierta con una sábana blanca.
Es la única salida.
Necesitamos una buena coartada para que nuestro apellido no se vincule con OFR.
ORGANIZACIÓN DE LA FUERZA RUSA.
—¡Oye, amigo! ¿Dónde están las chicas? —inquiere Iván, el culpable de que esté perdiendo el tiempo en una estúpida despedida de soltero.
Espero que pueda soportar a Iryna porque si no estuviera junto a los mejores agentes hace mucho la hubiera matado.
Como me estresa.
—Van a venir en unos momentos relájate, porque si estás así ahora no imagino cómo estarás cuando te cases. —responde Rustam—. Pobre de ti al tener que soportar a Iryna.
Todos sabemos que debe estar mal de la cabeza si quiere casarse con la rusa.
—Aún no puedo creer que te vayas a casar, ¿Dónde está mi amigo que le gustaban las fiestas, alcohol y sexo? —señala Damián con una voz de despecho, es mexicano y por cuestiones de trabajo se mudó a Rusia hace unos 7 años, aparte de ser el hijo menor del doctor Rodrigo Avalos.
—No me miren de esta manera, no voy al matadero, simplemente me casaré con la mujer de las torturas. —se queja Iván—. Además, Oleg también se va a casar y no están de dramáticos.
Ruedo los ojos ante la ridícula conversación
—Bueno si nos ponemos a pensar el más loco es Oleg, mira que comprometerse con... con, ¡Con ella!
—Oye a nadie le agrada la prometida, pero no seas descarado que odio más los castigos que impone Oleg, que a ella. —Ya me están cansando—. Al menos no está cerca.
Ellos mejor que nadie saben que el distanciamiento de mi prometida es por el bien de todos, hasta de ellos.
A lo lejos escucho los gritos provenientes de las 7 Stripper de la organización 2 Para Rustam 2 para Damián 2 para mí y una para Iván, las inspecciono y son 6 rubias con ojos de distintos tonos de azul, altas con un cuerpo de modelo que caracteriza la belleza Rusa.
La otra mujer es de cabello negro azabache, que mira todo con desagrado, la piel es de un tono bronceado que a la vista se ve suave, tiene un hermoso cuerpo que notó aún bajo ese gran abrigo que lo cubre.
Sigo analizando cada detalle porque no recuerdo haberla visto en entrenamiento.
Las chicas se sientan una en cada pierna de mis amigos y yo me quedo como estúpido en el sillón individual, al parecer el que se quedara con una soy yo, y con la mojigata rabiosa.
Maldita loca.
—Acércate que no te estoy pagando para que te quedes parada toda la noche. —me molesto.
Tiene la mirada indescifrable, pero poco después empieza a caminar.
Aparte de ser un agente de OFR, es una stripper y tengo que hablar con su líder inmediato debido a su indecisión al inicio, si esto fuera una misión desde ya estaría en desventaja.
Dejo el recordatorio para después y me concentro en su caminar.
Se quita el abrigo dándome un espectáculo de su cuerpo voluminoso en las partes adecuadas, la jalo para sentarla junto a mí, sin embargo, lo que hace es poner cada pierna a mis costados sentándose en mi regazo.
—Así que una despedida de soltero. —susurra—. ¿Quien es el idiota que se va a amarrar?
Es obvio de que no es Rusa, su figura y su acento me lo confirma.
—¿No lo sabías? —niega y la veo serio.
Ellas sabían a lo que venían y saben quienes somos, por lo tanto, me parece ilógico su comentario.
—Lo importante es que estoy aquí ¿Cierto? —asiento esperando el fallo—. Y dígame Señor ...
Sabe que soy el Superior Supremo de OFR.
¿Quién mierda eres, loca?
—Dime Oleg. —Se tensa al escuchar mi voz sobre su cuello —. Y tú ¿Cómo te llamas?
Analizo sus facciones para indagar en qué escuadrón está. Es posible que sea de los nuevos y por eso no la reconozca, aunque ella sí debe hacerlo y fingir que no me molesta.
—Alessia. —responde.
Me toma del cabello y me jala hasta quedar topado a su frente mientras mis manos van a su cintura.
Latina.
—Alessia, ¿ya tomaste algo o quieres que te pida un trago? —Hago la pregunta fundamental, es evidente que los agentes tienen prohibido el consumo de alcohol en ciertos casos, este es uno de esos para ella.
Baja sus manos hasta mi miembro sin una pizca de vergüenza, veo a mis lados y mis amigos están siendo atendidos muy bien por las agentes.
—Mi intolerancia al alcohol es pésima. —asiento.
Mi miembro está recobrando vida por las caricias que le da la pelinegra.
>>Además, mañana tengo que trabajar.
Como debe ser.
Sin pensarlo bajó a la mujer de mi regazo para ir a una de las habitaciones que tiene el club de Iván.
—¿Qué le gustaría hacer, Oleg? —pregunta al llegar.
Mi nombre en sus labios se escucha muy sexy.
—Lo que quiero es follarte. —aclaro sin rodeos.
La jalo a mí y empiezo a bajar la cremallera de su vestido, pero en ese momento me empuja y caigo en la cama, me sostengo con mis antebrazos y observo lo que hace.
Empieza a mover las caderas al ritmo de la música que se escucha desde afuera, sus movimientos son sensuales y me molesta que me tengan embelesado.
Me incomoda la presión de mi pantalón en mi polla así que bajo la cremallera para que tenga más espacio.
Poco a poco va bajando su vestido moviendo su cuerpo al ritmo de la canción, dejándome apreciar su hermoso cuerpo cubierto por unas diminutas bragas.Relamo mis labios mientras observo sus pechos, que son dos hermosos manjares de un tamaño medio.
Se acerca y siento cómo se hunde la cama por su leve peso, coloca las piernas a cada costado mientras lleva sus manos a los botones de mi camisa.
—Me parece que tienes demasiada ropa. —señala.
Posa sus manos en mi pecho y las sube hasta mi cuello.
Me apodero de sus labios mientras ella termina de quitarme la camisa y la tira al suelo.
—Deja el juego. —me separo.
Intercambio roles quedando su cuerpo bajo el mío, llevo mis labios a los suyos en un beso desesperado que ella responde con las mismas ganas llevando sus manos a mi cabello para profundizar el beso.
—Me parece que alguien está apurado y ... —No la dejo terminar porque me vuelvo adueñar de sus labios sintiendo corrientes que van directo a mi polla.
Con manos ágiles me quita el pantalón y le ayudo en el proceso, la vuelvo a besar porque su boca me parece demasiado adictivos.
Mantengo las palmas de mis manos a los costados haciéndolas puño. Joder. Me restriego en su vientre, pero se aleja y me deja escuchar un leve jadeo que me prende.
Muevo mi pelvis como si la estuviera follando, ella muy gustosa alza sus caderas recibiéndolas. Mi respiración se altera, el nudillo de mis puños se vuelve blanco con la fuerza ejercida en ellos.
—Deja de contenerte y fóllame de una vez. —gruñe.
Sus palabras no hacen más que robarme el poco control que tenía sobre mi cuerpo, llevo mis manos a sus pechos apretandolos, provocando más jadeos
Deliciosa.
Mi cuerpo se mueve por sí solo y ella se acopla al ritmo adquirido, en un solo movimiento quitó su sostén dejándome ver sus pechos. Me relamo los labios y sin pensarlo me apodero de uno de sus pechos llevando mi mano al otro para darle la misma atención a ambos.
Bajo mi mano por su vientre sintiendo como se estremece ante mi tacto, separo mi boca de sus pechos al sentir algo metálico entre mis dedos, me alzo observando un piercing en su ombligo.
Sensualidad y perdición hecha mujer.
Mi mirada se encuentra con la suya, sus ojos brillan de lujuria mientras se remueve exigiendo más.
No se lo niego y sigo bajando mi mano hasta meterla entre sus bragas, al llegar siento su humedad sobre mis dedos.
Deliciosa Sumasshedshiy.
Acaricio su clítoris de arriba hacia abajo provocando que arquee su espalda, la acción me permite llevar su pezón moreno a mi boca.
Le doy una leve mordida mientras me tomo el tiempo consintiendo su clítoris hinchado para después seguir mi recorrido y meto dos dedos en su coño chorreante.
Sus caderas se alzan ansiando aún más, esa es mi señal para proseguir, por eso me separo de ella.
—Pero... —intenta protestar molesta.
—Silencio. —demando.
Su mirada lasciva se queda a la expectativa de mis acciones, con mi mano libre alcanzo un preservativo que había colocado con anticipación sobre el colchón.
Coloco el preservativo sobre mi miembro viendo como su vista está fija en lo que hago, se saborea el labio mientras se abre de piernas para mí.
Así no, Sumasshedshiy.
Jalo sus piernas y no la dejo procesar porque la levantó de la cama y de inmediato enreda sus piernas en mi cintura.
Puedo sentir su humedad chorreante, por ello me apresuro hasta empotrarla contra la pared.
—Oleg. —gime por la brusquedad.
—Esto se arreglara con una buena cogida. —muerdo su labio.
De una estocada entro en su interior. Gime mientras yo me tenso al sentir su estrechez maltratando mi miembro. Tiene cerrados los ojos y me quedo así por unos segundos dejando que se adapte a mi tamaño.
—Muévete. —ordena a los segundos.


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