Capítulo 16

Dark Horse -Katy perry.

Sigo sintiendo extraño quedarme con Alessia después de follar, a excepción de Young min, es la única con quien lo hago.

La sensación es extraña, pero no incomoda, de lo contrario no lo hubiera pensado dos veces antes de marcharme, así como en otras ocasiones anteriores.

Despierto con su fragancia impregnada en mi cuerpo. Quedó tan cansada que por unos momentos olvido lo sucedido.

Lo que me confesó no hizo más que despertar mi ira, tengo una idea de quienes pueden ser, pero me niego a revelarlo sin tener la certeza de eso.

Fueron varias horas de sexo en las que aprovechamos para reclamarnos todo, dijo que no le importaba, pero sé que si no aclaraba las cosas el ambiente estaría tenso.

Luego de duras embestidas y fuertes orgasmos llegamos a la conclusión de que no nos importa las cosas irrelevantes como lo es mi prometida. Ambos estamos conformes con lo que hacemos así que ya no hay problemas.

Omitimos hablar sobre lo que ha descubierto sobre Raisa, eso es un tema para hablar sin estar en su interior.

Así que por lo que cabe, nuestro entorno vuelve a ser el de antes.

Sucio y morboso.

Paso mis dedos por su espalda trazando figuras que estoy seguro no puede descifrar.

—¿Tienes hambre? —cuestiona aún sin levantar su cabeza de mi pecho.

En algún momento de la madrugada terminamos en su cama.

—Nunca pierdo el hambre. —está por levantarse. —De ti. —aclaro.

—En eso coincidimos. —Se vuelve a recostar no sin antes mover su cuerpo hacia arriba para morderme el labio inferior.

Atrapo el suyo antes de que se aleje, suelta un gemido por el dolor de sus labios lastimados, debo admitir que no intente contenerme y cada vez que podía los apresaba entre mis dientes. Alessia no se quedo a tras porque siento una leve grieta en mi labio inferior.

—Ahora me quieres explicar eso de, ¿Olessia? —inquiero.

Sonríe, pero a mí no me parece gracioso, es ridículo.

—Eso es fácil. —Se levanta poniéndose a horcadas sobre mí, con su exquisito sexo desnudo en mi abdomen. —Estamos en la era Olessia porque mientras disfrutemos el placer que tenemos al lado de otro, el mundo que se joda.

Ruedo los ojos al interpretar sus palabras, es una maldita Sumasshedshiy.

—Tus caprichos causarán daños colaterales. —informo deleitándome con su imagen por unos segundos.

—¿Te importa? —indaga.

—Sumasshedshiy. —Pongo mis manos atrás de mi cabeza para tener mejor visión de la mujer sobre mí.

—Quizá. —le resta importancia. —Pero no olvides que eres tú el que está en mi cama.

Lleva sus manos de mi pecho hasta subirlas a mi cuello en donde ejerce más presión de la necesaria.

—No empieces algo que no vas a tolerar. —recrimino.

—Que aguafiestas. —Se queja. —No serias bueno como sumiso.

Retira las manos de mi cuello sustituyéndolas con besos húmedos que se dirigen a mi boca. Al llegar la apreso entre los míos empezando una guerra de poder la cual nunca acaba, solo crece.

—Tu eres la pésima sumisa. —La bajo un poco hasta que su sexo queda sobre el mío.

No pierde el tiempo porque al instante empieza a restregarse.

Loca descarada.

—¿Te molesta? —Cuestiona con la respiración un poco agita.

El roce de sus movimientos me está dejando el miembro mojado por sus fluidos.

—No. —poso mis manos en su cadera. —Me excita.

Entro de golpe a su interior dejándola sin tiempo para responder. Tenso la mandíbula al escuchar los sonidos exquisitos que salen de su boca cuando empieza a moverse.

Observar su boca tan apetecible me incita a apoderarme de sus labios, rojos e hinchados.

Se mueve como loba en celo causando las sensaciones satisfactorias que me enloquecen y disfruto que provoque.

El sexo sin compromiso es de lo más exquisito, nunca lo comprendí hasta que decidí probarlo. Alessia es todo lo malo que se siente tan bien.

Somos el analgésico más satisfactorio y peligroso.

***

—¿No tienes algo mejor? Sin ofender. —Frente a mí tengo un plato de lo que dice es Pellizcadas.

Lo que tuvimos hace unos momentos solo fue un polvo ya que Alessia tenía hambre, y no de mí, no sé cómo sentirme al respecto.

—No te quejes, yo tuve que tomar sopa Shchi no me gusto, pero tampoco me queje. —Sigue dando vueltas en la cocina ignorando mi petición.

Me siento en el desayunador de su cocina observando cada movimiento.

Es fácil descifrar a las personas, pero ella lo hace tan complicado que muchas veces he pensado en alejarme, sin embargo, con todo lo sucedido es mejor tenerla cerca.

A estas alturas ellos ya deben saber de nuestra cercanía y por lo mismo Alessia tiene que estar vigilada siempre.

—¿Qué lleva? —Cuestiono viendo mal lo que tengo frente a mí. Se da la vuelta viéndome con una cara de falsa indignación.

—En Rusia no preguntaba qué comía y respetaba su gastronomía. —arrugo las cejas. —¿Adivina qué Ruso? estas en México por lo tanto respetas nuestra gastronomía y comes el punto medio entre la quesadilla y el sopeo o sea Pellizcadas.

—¿Con las manos? —No me parece bien, veo como se soba las sienes y cierra los ojos.

No eres la única molesta, Alessia.

—Oleg no te pasara nada si la tomas con las manos. —Me estresa, si hubiera sabido que esto pasaría si me quedaba a desayunar con ella, ya no estaría aquí. —Tómala y come, usar tenedor para comer las pellizcadas frente a un mexicano es un insulto.

No muy convencido empiezo a comer. Alessia se sienta a mi lado y me distraigo viendo la trayectoria de sus piernas que no cubre una camisa de hombre de procedencia desconocida.

Descarada.

—No está mal. —Comento después de unos segundos.

—Agradece que no te dejé morir de hambre. —Susurra.

Pasan los minutos en silencio en los que cada quien come. Cuando me siento lleno lo dejo.

—¿No vas a terminar? —Ve mi plano de reojo sin dejar de comer del suyo.

—Estoy satisfecho. —Me encojo de hombros.

Veo como me da una mala mirada, desde su taburete se gira y yo hago lo mismo para quedar frente a ella.

—Primer acto para detestar a una persona es eso. —señala el plato.

—He dicho que estoy satisfecho Alessia. —reitero fastidiado.

Hace puños, observo ese movimiento con atención.

Llevo mucho analizándola y de lo poco que sé es que ella es como una dinamita sin mecha, explota con pequeñas cosas, es por ello que admiro todo su autocontrol.

Todos sus movimientos son calculados para no dar ningún paso en el limbo.

—Termina tú comida Oleg. —Veo el plato y luego a ella. —¿Sabes la cantidad de niños en México que cada día se van a dormir sin tener nada en su estómago?

—¿Y? —Su rostro empieza a tomar un tono carmesí.

—En esta casa no se desperdicia la comida. —Veo al perro que salió no sé de dónde. —Scott no tolera las grasas así que ni lo pienses.

Como la odio.

—Si tanto piensas en esas personas porque no haces algo por ellos. —Me ve indignada. —¿Te sientes mejor al saber que tú, si comes y ellos no?

—No hables sin saber. —Su voz suena irritada. —Hago lo mejor que puedo por las personas yo...

Guarda silencio y aunque lo odio no digo nada para evitar más dramas innecesarios, termino lo que quedaba en el plato bajo su atenta mirada.

Su móvil empieza a sonar y se levanta buscando de donde proviene el sonido, hasta que lo encuentra atrás del sofá a la segunda llamada.

—No contestes. —demando.

Me ve raro con una estúpida mueca de incredulidad.

—Es mi jefe. —Justifica obvia.

—Con más razón. —Le quitó el móvil. —Estás conmigo, ¿Dónde quedo los demás que se jodan?

—Cuando te conviene si lo aceptas. —Se indigna. —¡Maldito Ruso! Dámelo.

Lo levanto y por obvias razones no lo alcanza.

Se me viene encima y me besa mordiendo mis labios con su crudeza, se lo devuelvo con más intensidad mientras siento su sexo desnudo en mi pierna.

Se lanza y me toma de cuello para profundizarlo.

De un momento a otro se separa y la veo con molestia y frustración. Se baja y alza la mano mostrándome su móvil.

—Maldita sigilosa. —reprocho.

Contesta y empieza una conversación con Daniel. Me bajó el bóxer y empiezo a acariciar mi miembro, Alessia traga grueso al ver el movimiento de mi mano.

Continua la conversación, pero después de unos segundos los efectos de mis acciones pasan factura. No pierde su vista de mi miembro y en un acto involuntario se relame los labios.

—Emm.. sí, sí estaré ahí. —No dejo de masturbarme para que vea de lo que se pierde. —Claro yo. —Hace una lucha por no tartamudear. —Yo, estaré a las cuatro, no se preocupe que le avisare al doctor Rivera y al doctor Borja. —Corta acercándose a mí.

—Déjame hacerlo. —exige pero se lo niego. —¡Maldito Ruso! yo también quiero tocarte.

—¿No que estabas muy ocupada? —alzo una ceja sin dejar de tocarme.

—Ya no. —Responde.

—¿Soy tu segunda opción? —

—Si. —Se sincera. —Así como yo lo soy de ti, Oleg Bogdánov

Sin invitación alguna sigue el movimiento que estipule, la dejo hacerlo por sí sola sintiendo el placer que me provoca.

***

—Ya te dije que no quiero que vayas. —Es la única mujer que le importa una mierda tenerme en su cama y aun así querer irse.

—Tengo que hacerlo. —Me ignora.

—No vayas y ya. —Tanta urgencia por irse me da jaqueca.

No me agrada la idea que ande sola por las calles cuando sabe que hay personas acosándola.

Recordarlo me enoja porque es una maldita irresponsable, sabe que está en peligro y le importa una mierda.

Lo único que me reconforta es que al salir de aquí ya hay alguien que la siga, ella me está obligando a usar herramientas que jamás creí necesitar.

Está bien que sea una mujer independiente, pero eso no significa que esté de acuerdo en que salga como si nada hubiera pasado.

Detrás de las amenazas hay un trasfondo y según lo que me comentó esto comenzó en Rusia por lo que es claro que, el que Raisa viva nos perjudico peor de la manera estipulado.

—Hay una oferta jugosa de la que me quieren hablar. —No me agrada esa oferta, sé que está bien en donde está ahora.

Empiezo a entender cuando sus acciones son demasiado obvias. Me enojo al saber el rumbo de la situación.

—Creo que fui claro ayer cuando te dije que si estoy contigo nada va a pasarte, pero si tu sola te arriesgas atente a las consecuencias. —establezco. —No tengo problemas en que los enfrentes si es lo que quieres, pero tienes que tener contigo las herramientas que deseo darte.

—¿Crees que aceptaría algo que me pondría en peligro? —ignora lo último.

Si lo creo.

—A veces dudo de tu inteligencia. —La veo serio, parpadea rápido tratando no sé de qué.

Niega y al final se ríe bajando el rostro.

—En varias ocasiones has remarcado mi inteligencia, ¿Lo dices por compromiso?

—No, pero no me gusta que te arriesgues cuando sabes de las amenazas. —la veo mal.

—¿Sabes qué? Mejor me voy para no arruinar lo que hasta unos momentos era perfecto.

—¿Soy perfecto para ti Alessia? —arrugo las cejas.

Llevo mi mano a su barbilla y la levanto. Me quedo admirando sus ojos oscuros que hacen la combinación perfecta con su piel bronceada.

—No dije eso. —Frunce el ceño y me aparta la mano. —Si le bajaras un poco a tu soberbia y posesividad fueras perfecto. —Se queda pensativa. —Pero como sé que eres un posesivo de mierda no me queda más que aguantarte.

—Qué bueno que lo tengas claro. 

Tuerce los labios maquillados de color rojo para disimular lo que hice.

—¿Te parece si nos vemos en la cena? 

—Me parece bien, necesitamos aclarar sobre esa oferta en la que por su seguridad no estoy de acuerdo.

—¿Tengo otra opción? —cuestiono.

Se acerca a mí y se pone de puntas, en ningún momento hago el intento por bajar la vista.

Me toma del cuello ejerciendo presión para que lo haga.

—No. —asegura. —Quiero y vamos a cenar juntos. —establece.

—Aparte de loca, caprichosa, ¿Algo más? —ruedo los ojos.

Al final bajo el rostro encontrando una sonrisa de suficiencia.

—¿Te molesta? —Se burla.

—No. —La pego más para que sienta mi bulto en su vientre. —Me excita.

—A ti todo te excita.

—No todo. —Se aleja para ir por sus llaves y meterlas a su bolso. —Solo las locas caprichosas.

Se acerca y me da un beso. Lento y suave. Es nuevo, pero se lo respondo de la misma forma. Es extraño, extrañamente agradable.

—¿Qué fue eso? —Cuestiono cuando nos separamos.

Se encoge de hombros restándole importancia.

—Cierra bien cuando te vayas.

Se va dejándome en el vestíbulo de su apartamento solo con un bóxer y miles de escenarios para poner a volar mi imaginación.

—Maldita Sumasshedshiy. —Hablo en voz alta al quedarme solo.

Me cambio y me voy a mi casa a las afueras de la ciudad, hago las llamadas necesarias, en el trayecto enterándome de las cosas que están pasando.

Es bueno saber que no tengo toda la carga sobre mí y que Carsten ya está en camino.

***

Al poner un pie en el cuartel puedo percibir las miradas en mi cuello, todos vieron la manera en la que traje a Mariana y es probable que no se sientan cómodos teniendo en la base a un hijo de puta que llevaba casi a rastras a su cuñada.

Se quitan de mi camino y dejan de hablar al saber que pueden tener una sanción si siguen con mariconadas.

—Superior, hay noticias de...

—Ahora no Caleb. —lo corto.

Sigo de largo con rumbo a mi oficina, sin embargo, cuando estoy por entrar me detiene la agente que es mi nueva secretaria.

Algo bueno de OFR, es que no hay nadie del personal que no este capacitado.

—Superior, Nikolay lo busca.

—¿Me busca? En qué momento le guardé las pelotas que no me di cuenta.

Martina se sonroja mientras posa su vista en la puerta.

—Lo espera dentro.

Hago puños al saber que lo ha dejado entrar.

No sigo perdiendo mi tiempo y abro la puerta de golpe. Me enfurezco al ver a mi primo sentado en mi silla.

—¡Baja los pies! —grito.

Se exalta y baja los pies del escritorio. Sonríe como si no hubiera cruzado la línea.

—Que gusto verte Oleg...

—Superior Supremo, para ti Nikolay. —recalco. —No sé que demonios haces aquí, así que habla para que vuelvas a Rusia, porque en México no te quiero.

—Ya le suplique a Carsten, no hagas que lo haga contigo. —suspira. —Llevo años sudando por la organización, pero ya me canse que me den novatadas.

—Es lo que te mereces, no pidas lo que no te has ganado.

Sigue molestando al grado de hartarme.

—Hay agentes hereditarios como nosotros y de segundo grado, sé que dentro de la organización no hay ningún tipo de discriminación respecto a eso. —inicia. —pero soy familia de fundadores, ¡Necesito un poco de apoyo de mi familia! Creo que si fuera un agente de segundo grado de esos que entran porque tuvieron algún percance que los obligó a estar dentro sería más importante.

>>Iván es un agente de segundo grado porque en una misión de OFR, se realizo en su bar hace algunos años y es por ello que él es , y aun así es parte de tu mejor equipo. —se indigna.

—Nikolay, yo no soy el segundo al mando de OFR, por herencia. —aclaro. —me he matado y sudado sangre para lograrlo, si no te has superado es porque piensas que obtendrás cosas por un apellido. Sabes lo que se tiene que hacer para ganar respeto, pero no haces nada para intentarlo.

—No me dan una oportunidad.

—No te has ganado una mierda. No pidas nada porque no te lo daré.

—Eres un puto egoísta.

—Y aun así estas rogando una oportunidad. —se tensa.

—Muy bien, creí que podría convencerte sin tener que jugar sucio. —me da un sobre.

Lo abro y no puedo evitar arrugar el papel en mis manos al leer la información que me da. Lo veo mal al saber que ya tiene el permiso de Carsten para tener un puesto más importante.

Según ellos me están jodiendo, sin embargo, a la primera falla él estará fuera y no me importará compartir sangre al momento de jalar el gatillo.

>>Por favor, te prometo que no voy a defraudarte. —lo miro mal.

—Una oportunidad Nikolay. —sonríe satisfecho. —Desde ya te digo que es lo más importante para OFR, así que no lo arruines. —se endereza.

Si un puesto importante quería lo tendrá, pero pobre de él si hace algo mal.

—Puedo con ello. —lo observo aun dudando. —Vamos Oleg, sabes que soy de los mejores, el problema es que no me dan las oportunidades para demostrarlo.

—Si fallas considérate muerto. —aclaro. —No hay segundas oportunidades así que te exijo que demuestres lo que tanto alardeas.

—¿Qué tengo que hacer? —me ignora.

—La maldita sombra de una persona. —frunce las cejas. —No te acercaras a ella, solo velaras por su seguridad desde las sombras. Le tocas un cabello y estarás fuera de mis filas, ¿Entendido?

Se mira dudoso poniendo mi paciencia en evidencia.

—¿A quien tengo que cuidar?


—¿Colombia? —repito incrédula.

La llamada de mi jefe fue para ponernos al tanto de una oferta de trabajo que en mi caso sería exquisita para el proyecto que tengo presentar para el ascenso.

—Es solo por un mes para que se adapten. —explica Tobar. —Si no les gusta, no lo toman y ya. Pero si les agrada el ambiente pueden regresar.

—A mí me interesa. —Opina Matías viendo las instalaciones, en el folleto que nos han mostrado.

—Es bueno un cambio de aires. —Javi es el único que no le ha tomado importancia a tan jugosa oferta.

—A ver si entendí. —Me paro caminando por la oficina. —El Hospital de beneficencia de Colombia, recluta a los mejores doctores de todo el mundo para ayudar a las personas de su región. —asiente.

Eso es ridículo.

—No tiene sentido. —Veo a Javier que piensa lo mismo. —¿Para qué lo hacen? Si es solo para personas de la región no tiene sentido que vayan los mejores de todo el mundo.

—El sueldo es exagerado. —Matías baja el folleto para ver a Tobar. —Porque los salarios serían tan buenos si se supone que es un hospital de beneficencia.

—Quizá solo es por llamar la atención. —Tobar le resta importancia. —Recuerden que al ser de beneficencia hay muchas empresas, marcas, y políticos que lo patrocinan, para así tener una justificación de un posible lavado de dinero.

—Odio la corrupción. —Pienso en voz alta, ellos asienten estando de acuerdo conmigo.

Para corrupta conmigo vasta y esto que no siempre.

Me vuelvo a sentar al sentir un dolor a un costado de mi vientre.

—Sigo sin estar convencido. —reitera Javier. —Solo tengo la curiosidad de si en verdad el hospital es como lo pintan. —Le resta importancia.

Sé que no quiere ir, más sabiendo que la madre de su hijo está en ese país. Cuando se dé la oportunidad hablaré con él más a fondo del tema.

¿Qué quiero saber exactamente?

—La decisión está en ustedes. —informa Tobar, pero se enfoca en mí que he sido la más interesada en esto.

—¿Cuándo dice que tendremos que viajar? —Sigo con mi interrogatorio.

—En una semana. —indica.

—Muy bien. —Me levanto ignorando el malestar. —Entonces confirme los tres puestos.

—Creí que querías ascender a directora de cirugía. —tuerce los labios.

No le daré explicaciones a ninguno por el momento.

—Aún lo quiero. —aclaro. —Pero también me interesa apoyar al hospital de beneficencia en Colombia. —miento.

Me importa una mierda ayudar, me pagarán el doble de lo que gano en México, y esto es que mi salario es muy jugoso, sin embargo, necesito invertir en algo con urgencia.

No soy una maldita pobretona, pero necesito que las cosas se calmen.

Tengo amenazas en mi cuello y no me quiero arriesgar en poner en peligro a los que quiero, aunque las últimas palabras de mi madre fueron que estoy muerta para ella, la amo, la amo por el simple hecho de ser mí madre.

Con Carla tengo mucho de no tener contacto, pero sigue siendo mi hermana y de igual manera no quiero que salga perjudicada por mis problemas.

Según lo que entendí el hospital es una fortaleza impenetrable.

Lo que necesito en estos momentos.

Además, quiero hacer que el ruso me desee más, mucho más.

***

—Alessia te llaman en el cuarto dos. —Me informa Rubén al pasar por mi lado.

—¿Qué tengo que ver yo en medicina general?

—Averígualo. —le resta importancia siguiendo por su camino.

En estos momentos quiero descansar, pero no puedo y el paracetamol ya no me sirve.

Luego descansas, Alessia.

—Dime. —suelto cuando estoy en el cuarto dos.

—¿Qué hace aquí doctora? —Se sorprende al verme.

—Me dijeron que me necesitaba. —Observo el pequeño cuarto, tiene todo lo necesario, pero no deja de ser pequeño, al menos para mi gusto.

—Yo no lo hice doctora. —Me ve alarmada.

Trato de respirar al darme cuenta que solo fue un acto estúpido por parte de Rubén

—No importa. —comento. —¿Qué hará? —Me acerco cuando me da el expediente.

—Solo es un dolor de estómago. —Tuerzo los labios.

—¿Le hizo radiografías? —niega. —¿Qué espera?

—Solo es un dolor de estómago. —reitera. —Nada de que alarmarse.

Veo al hombre en la camilla, su rostro esta pálido aparte de tener una cara de dolor.

—Haz las radiografías. —Me dirijo a la puerta para irme. —No es un simple dolor de estómago. —Finalizo.

Le doy una última mirada al paciente para después irme. A veces dudo de como las personas logran graduarse sin saber lo básico.

Mi rutina esta aburrida, no hay casos nuevos por lo que camino por los pasillos.

—¡Doctora, espere! —Me detengo.

Arrugo las cejas al observar al hombre que me alcanza.

—Dr. Avalos, ¿Sucede algo? —Damián luce alterado.

—Mi padre quiere hablar contigo. —informa.

¿Desde cuándo me tutea? Que me acueste con su amigo no le da el derecho de hacerlo.

Caminamos por los largos pasillos blancos.

—¿Por qué no se comunicó él conmigo? —inquiero.

Lo piensa mientras no deja de contemplarme como si quisiera leerme.

—Es complicado. —Se rasca el cuello dándome una exquisita vista de sus brazos y abdomen trabajado.

Mis hormonas andan un poco alteradas.

—¿Porqué? —cuestiono

—No está en el país por el momento, esta con Iván y...

—Entiendo. —Lo corto. —¿Cuándo regresara?

—En una semana. —Tuerzo los labios. —¿Sucede algo? —Se detiene y se gira, hago lo mismo para verlo de frente

—En una semana me voy de México. —explico. —Tengo trabajo en Colombia.

Palidece de inmediato.

—Colombia —repite anonadado. —¿Oleg lo sabe? —Lo veo extrañada.

—No, ¿Y qué tiene que ver Oleg en esto?

***

¿Dudas?

@yilianna04 besitos ♥

¡Spoiler del extra!

Señor Javier. Veo a Berenice que esta frente a mi comiendo su helado. Puedo hacerle una pregunta.

Si. acepto viendo como pasa su lengua por la bola de su helado. Trago grueso, pero niego cerciorándome que Santi este bien.

—¿Qué edad tiene? La veo serio.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top